Cualquiera lo puede googlear. Pueden ir al archivo y certificar lo que les digo. Ayer mismo, titulé mi columna con la siguiente conclusión: “Para Cristina, el periodismo es un enemigo”. Fue unas horas antes de que 9 criminales encapuchados arrojaran 8 bombas molotov en la puerta principal del diario Clarín. No hubo heridos de milagro porque, a esa hora, después del cierre suelen salir los compañeros que trabajan ahí. Por suerte no hubo que lamentar víctimas porque pasó raudo y con lo justo, el colectivo de la línea 39 frente al 1.700 de la calles Piedras.
El comunicado del diario repudia esta “violenta intolerancia contra un medio de comunicación” y exige “el urgente esclarecimiento y la sanción a los culpables”.
Está todo filmado y no debe ser muy complicado atrapar a estos terroristas que quisieron prender fuego al edificio.
El gobierno nacional y el gobierno de la ciudad tienen que investigar a fondo para lograr el juicio, castigo y condena a los responsables de este atentado con botellas incendiarias de nafta.
Aquí hay que poner bajo la lupa a dos tipos de violentos y autoritarios. Los autores materiales del atentado y los autores intelectuales, los que generaron el clima necesario que alentó semejante salvajada.
Estos autodenominados anarquistas que arrojaron las bombas, son el brazo urbano de los seudo mapuches. Visten de negro y aparecen escondidos en las manifestaciones para pintar con aerosol contra la iglesia y contra el estado. Son un grupo pequeño, con alto nivel de irracionalidad y baja formación intelectual. No es la primera vez que perpetran ataques con esta metodología. En la sede de la mutual de la gendarmería su actuación fue casi calcada. Botellas de fuego contra una puerta. Un mensaje simbólico y real. La gendarmería es otro de sus enemigos íntimos. Los acusan de haber matado a Santiago Maldonado a quien reivindican como un militante de su agrupación.
En la otra aparición de características similares, aparece el delirio ideológico en toda su dimensión. Tiraron piedras y agredieron la puerta del teatro ND Ateneo durante la presentación del documental “El camino de Santiago”, panfleto dirigido por Tristón Bauer, actual ministro de propaganda y venganza y por Florencia Kirchner. Gustavo “El Gato” Sylvestre levantó uno de los volantes que habían arrojado. Decía lo siguiente: “Venganza por el compañero anarquista Santiago Maldonado, secuestrado, torturado y asesinado por el estado. Repudio a la película “El camino de Santiago por uso de su imagen y activismo en el anarquismo”.
Actuaron frente al teatro que es propiedad de Pepe Albistur, amigo y prestamista del departamento de Alberto, y esposo de Victoria Tolosa Paz.
Para algunas personas, tal vez sea difícil interpretar esto porque el kirchnerismo atacado por los anarquistas de Maldonado, fue clave en el operativo de inventar el primer desaparecido de la era Macri y en intentar elevar a mito la figura del tatuador que se ahogó en el rio.
¿Qué pasa? El pensamiento oxidado del núcleo duro de Cristina está a favor de los falsos mapuches a los que fogonean de todas las maneras posibles. Son cómplices de todos los atentados y ocupaciones de tierras e incendios y cortes de ruta. Les proveen apoyo logístico con Magdalena Odarda a la cabeza, aporte estratégico con ex integrantes del estado mayor de Montoneros como Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja y asistencia legal a cargo de la ministra Elizabeth Gómez Alcorta que fue abogada de Facundo Jones Huala, hoy preso en Chile.
Son muchas las vinculaciones entre el gobierno nacional de los Fernández y los seudo mapuches que no reconocen a la Argentina ni a nuestra Constitución y apelan a formas de insurrección separatista y foquista para lograr sus objetivos.
Carlos Zannini y Juan Cabandié movieron sus fichas a favor de los maputruchos, como les dice Jorge Fernández Diaz. De Magdalena Odarda ya hablamos. Hay que sumarle al encargado de los derechos humanos, Horacio Pietragalla y a varios organismos de ese rubro que fueron cooptados por los Kirchner. Alberto Fernández acaba de aprobar leyes que favorecen sus usurpaciones y que prohíben los desalojos y Aníbal Fernández maltrató a la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras. ¿Se acuerda? Le negó asistencia pese al clamor de la mandataria y la acusó de “no cumplir con sus responsabilidades porque la provincia está a la buena de Dios”.
Alberto, Cristina, y Aníbal son los jefes del apoyo a los maputruchos que ejecuta Magdalena Odarda. ¿O alguien cree que esta funcionaria haría lo que hace sin la venia de la jefa del jefe del estado?
La gran pregunta es porque los anarquistas, maputruchos urbanos atacaron a la película cristinista sobre Maldonado y además, al diario Clarín. Parece una contradicción. El volante que arrojaron en el ND Ateneo lo explica. Los cristinistas se quieren subir a la figura de un mártir como quisieron hacer de Maldonado y los anarquistas no se lo permiten. Los anarcos no quieren a los K porque están en contra del estado y de la Nación. Pese a todo, la ideologitis estalinista de los K los lleva a apoyar todo lo que tenga cierto tufillo a rebelión y por eso la presencia de Perdía y Vaca Narvaja.
Los autores intelectuales del odio que sembraron hacia el periodismo, son claramente Cristina y su banda de Pinguinos Millonarios. Ayer le hice un resumen. Aman las tiranías nacional populistas donde los periodistas son empleados del poder fascistoide. Le conté de los aprietes a la prensa independiente con el cyber patrullaje, los juicios a colegas por pavadas, el haber resucitado la basura de 67 Chorro, las amenazas del censurador y rompedor de diarios en pantalla, Jorge Milton Capitanich. Nadie puede olvidar la ley de medios, la incitación a la violencia que hizo Mario Ishii, aplaudido por el presidente Fernández (“algún día el pueblo se va a levantar contra los medios”).
El clima hostil que están alimentando todos los días. Ni hablar de la amenaza a Nik y su familia. O de la patota que agredió a nuestro compañero Diego Lewen mientras estaba haciendo su trabajo. Recuerdo el intento de encarcelar a Daniel Santoro y Luis Majul, por ejemplo.
O la paliza que le dieron a Julio Bazán. ¿Se acuerda que Juzgaron en una plaza pública al estilo mussoliniano a distintos periodistas, colgaron afiches con sus caras e incitaron a los chicos a que los escupieran.
Las bombas molotov que los encapuchados fueron arrojadas contra todos los que defendemos la libertad de prensa. El cuarto gobierno kirchnerista debería tomar nota y no fomentar una tragedia. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
Para Cristina, el periodismo es un enemigo – 22 de noviembre 2021
Para Cristina y Máximo hay dos clases de periodistas: sus empleados y los enemigos. Esto es así desde la génesis de ese ladri feudalismo nacido y criado en Santa Cruz. La intolerancia, el autoritarismo y la censura están en el ADN del kirchnerismo. Quieren controlar todo para siempre y que nadie los controles a ellos. Y así no funcionan las democracias republicanas. Así funcionan las tiranías nacional populistas como las que ellos admiran y protegen como Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Los para periodistas K, por subordinación ideológica o por dinero, están al servicio de las operaciones y mentiras. Siempre lo estuvieron. Hay un dinero ducto muy generoso que premia a los que se arrodillan ante el altar de Cristina y se convierten en alcahuetes. Siempre fue así. Los casos más emblemáticos fueron los de 67 Chorro, como bautizó Lanata al grupo de tareas de Diego Gvirtz, el jefe de los pauta traficantes. Pero la lista es larga y aparece con toda crudeza en el teléfono de Roberto Baratta, el más grande recaudador de coimas de la historia argentina. En portugués, barata, significa cucaracha, pero eso no es lo importante, porque Baratta le salió muy caro al pueblo argentino. En los chats que mantuvo con Julio de Vido, se observan con claridad muchas de las maniobras tóxicas que le ordenaron hacer a periodistas del palo a los que tratan como empleados. Los más importantes son Roberto Navarro, Víctor Hugo Morales, Raúl Kollmann, Gustavo Sylvestre y Horacio Verbitsky, entre otros.
Es muy triste y degradante para nuestro maravilloso oficio confirmar que los funcionarios más corruptos de Cristina no son sus fuentes informativas, son sus patrones.
Y no tienen estómago ni escrúpulos. Son capaces de hacer y decir cualquier cosa que le pida Cristina y su estado mayor.
Hasta ahí, sus empleados.
Pero como la otra cara de la moneda aparecen los ataques a los periodistas independientes a los que consideran enemigos a destruir. Odian la libertad de prensa. Saben que los medios de comunicación pluralistas y profesionales son un dique de contención al chavismo K y a todo tipo de totalitarismos.
En los últimos tiempos han acelerado a fondo en todos los frentes.
El fiscal kirchnerista Franco Picardi impulsó un ciber patrullaje para identificar opiniones críticas de opositores y periodistas. Una actitud antidemocrática y persecutoria que todavía no fue sancionada como corresponde.
Volvieron a lo peor del pasado. Y sacaron a las redes un escrache sistemático de periodistas bajo el rótulo nefasto de 679. Máximo Kirchner maneja a esos títeres y lo utiliza para vengarse de quienes se animan a criticarlo. En otra época, esas agresiones llenas de falsedades y editadas en forma sesgada, generaban algún tipo de intimidación y, a los colegas menos experimentados, algún nivel de autocensura. Hoy son instrumentos oxidados que disparan balas de fogueo que hacen cosquillas.
La vanguardia censuradora le corresponde a Jorge Milton Capitanich. Su hermano Daniel, embajador argentino en Nicaragua, quiere importar el modelo de Daniel Ortega donde cualquier voz disidente es asesinada o encarcelada.
El Coqui quedó en la historia nefasta de este país cuando apeló a la provocación fascista de romper el diario Clarín ante las cámaras de televisión. Un apriete mafioso en vivo y en directo.
Ya sabemos cuáles son los gobiernos que queman libros o rompen diarios. Ya sabemos quiénes son los que quieren incendiar o destruir las ideas en lugar de debatirlas o rebatirlas en paz. Hace unos días este déspota exigió regular, es decir, censurar a los medios. Apeló a un concepto jurásico en el que ya nadie cree: dijo que la gente piensa lo que el periodismo propone. Hacía mucho que no se repetía semejante burrada desde el poder. El nivel de paternalismo y subestimación de los ciudadanos es atroz. Para Capitanich, el pueblo es tonto y los medios de comunicación llenan el tacho que tienen en lugar de cabeza. Un delirio autocrático por donde se lo mire. Pero esa idea, que tuvo su máxima expresión durante el segundo gobierno de Cristina con la Ley de Medios, está corriendo entre los cristinistas como reguero de pólvora.
Culpar al periodismo es el peor de los caminos. Sacarse la culpa de encima, nunca solucionará los dramas que estamos atravesando.
El clima hostil que están creando contra el periodismo nos obliga a levantar la guardia. Lo digo por todos los ciudadanos. La libertad de prensa no es un derecho de los periodistas, es el derecho que tienen todos los argentinos a ser informados con veracidad y a elegir que periodista o medio prefieren.
Aquella incitación a la violencia que hizo Mario Ishi en un acto fue solo un eslabón más de esta cadena repudiable. ¿Se acuerda cuando dijo que “Algún día el pueblo se iba a levantar contra los medios”?
Todo eso ocurrió ante el aplauso del presidente Alberto Fernández. Ni hablar de la amenaza a Nik y su familia. O de la patota que agredió a nuestro compañero Diego Lewen mientras estaba haciendo su trabajo. Recuerdo el intento de encarcelar a Daniel Santoro y Luis Majul, por ejemplo. Y la serie de juicios de hostigamiento que funcionarios le iniciaron por pavadas a varios periodistas independientes. Ni hablar de la paliza que le dieron a Julio Bazán en su momento.
No alcanzaría todo un programa para detallar la cantidad de agresiones, discriminaciones y aprietes al que Néstor y Cristina sometieron al periodismo.
Expulsaron de los medios del estado todo vestigio de pluralismo y los convirtieron en unidades básicas que adoctrinan todo el tiempo. Juzgaron en una plaza pública al estilo mussoliniano a distintos periodistas, colgaron afiches con sus caras e incitaron a los chicos a que los escupieran.
Delirantes e ineficientes como Axel Kicillof han llegado a decir que los periodistas somos hinchas del Covid y queremos que la gente se muera. ¿Se puede apelar a semejante bajeza?
El líder judicial de este proyecto autoritario, Eugenio Zaffaroni, funcionario de dos dictaduras y dueño de departamentos donde se ejercía la prostitución, llegó al extremo de calificar a los periodistas que no eran de su gusto como “terrorismo mediático”. Otro sujeto de ese palo, llegó a proponer un tribunal para juzgar a los periodistas como si fuéramos genocidas: “La Conadep del periodismo”, vomitó para bautizar su idea. También utilizaron la AFIP y los espías estatales para amenazar y tirar carpetazos contra los que no se subordinaron.
Por eso le digo que con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular. Eso lo juzgará la gente. Pero sin libertad, lo único que se puede hacer es propaganda. Muchos creen que el principal insumo del periodismo son las noticias. Y no es cierto. Nuestro principal insumo es la libertad. Por eso, entre otras cosas, amamos tanto a San Martín. Porque dijo: “Seamos libres, lo demás no importa”.
Un Alfonsín insólito y cristinista – 19 de noviembre 2021
En las redes están muy enojados con él.
Lo llaman “Ricarguito Alfombrín” y lo consideran un traidor al radicalismo. Sin que nadie le pidiera tanto, sobreactuó sus elogios al gobierno de los Fernández. Dijo lo siguiente: “Este domingo han obtenido apoyos mayoritarios las fuerzas neoliberales de la oposición. Para los que soñamos con sociedades + justas, + equitativas + igualitarias, obviamente, esa no es una buena noticia. No son estas las ideas que más contribuyen a ello. Lo prueba la historia.”
En su hilo de Twitter, el embajador argentino en España, Ricardo Alfonsín agregó: “Pero no ocurrió lo que algunos temían y otros, la derecha neoliberal, ansiaba, un triunfo electoral que le permita a la oposición hacer lo que hasta ahora había hecho la COVID: bloquear o inmovilizar la acción del gobierno e impedir que se aplicara su plan económico y social.”
No conforme con esto, se encargó de destacar “el espíritu de diálogo y la apelación a las relaciones patrióticas” que hizo quien lo designó, el presidente Alberto Fernández.
Hace unos días renunció al cargo el doctor Federico Polak, el segundo de la embajada. Argumentó que “no es ético percibir una remuneración sin ser útil al estado”. Trascendió que está muy disconforme con la tarea casi nula que lleva adelante Ricardo Alfonsín.
Es increíble que a esta altura, Alfonsín no registre que la hecatombe económica, la catástrofe sanitaria, la inmoralidad de las vacunas vip y de la búsqueda de impunidad para Cristina y su banda o la inseguridad galopante, es una consecuencia del gobierno de Alberto y Cristina que él representa y del partido que gobernó por más años la Argentina.
Dice que la derecha impidió que el gobierno aplicara su plan económico. Habla de un plan económico que no existe y que nadie vio. ¿Estará viendo alucinaciones? ¿O solo encuentra lo que busca? Porque el discurso agresivo y autoritario y negador del presidente Fernández, para el embajador Alfonsín tuvo un espíritu de diálogo y gestos de patriotismo.
¿Qué le pasa a Ricardito? ¿Estará “percibiendo una remuneración sin ser útil al estado”, como dijo Polak.
Nadie sabe si le piden tanta subordinación y valor para defender a Cristina, o lo hace de puro sumiso a cambio del conchabo que le dieron como embajador en España.
En su momento, Ricardito, defendió a Aníbal Fernández en vivo y en directo en el canal de Cristóbal López donde es entrevistado con asiduidad. El colmo fue cuando dijo que Juntos por el Cambio “quiere que el gobierno haga las cosas mal y, si eso no ocurre, la inventan. Las marchas son por cualquier excusa pero en verdad, es que protestan porque perdieron las elecciones. El radicalismo y el Pro se disputan el liderazgo de la derecha”.
Increíble, pero cierto.
Yo le conté que, en su momento, Luis Brandoni, que venía negándose a opinar sobre el tema, dijo en mi programa de tele, que el hijo del ex presidente “cruzó la raya. Es un error muy grande el que cometió y no está en el centro de sus convicciones, de lo que ha mamado desde que nació. Y me dá mucha pena”.
Alvaro de Lamadrid, el diputado que conoce profundamente la dinastía K, dice que el objetivo es armar una fórmula para el 2023 entre Máximo Kirchner y Ricardito Alfonsín. Incomprensible. Sorprendente. ¿Se imagina semejante herejía?
Ricardito presidió el radicalismo bonaerense durante diez años y tenían apenas 9 concejales en toda la provincia. Fracaso total. Después llegaron Daniel Salvador y Maxi Abad y hoy el radicalismo tiene 6 diputados nacionales, 19 legisladores provinciales, 31intendentes y 500 concejales. Un partido renovado generacionalmente que se puso de pie y es nuevamente competitivo.
La conducción de Ricardito llevaba al radicalismo a la extinción. Y tal vez ese es el mérito que le encuentran los cristinistas.
Se habrán dado cuenta que propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ahora, su nueva jefa política es Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones, populistas autoritarios ni golpistas.
La principal tarea de Ricardito es tirar centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un trabajo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de tiranías violentas. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo.
Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos millonarios, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.
¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?
¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?
Entonces, ¿Por qué lo eligió Alberto? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.