Ayer se cumplieron 51 años del premio Nóbel que recibió nuestro compatriota Luis Federico Leloir. Siempre me gusta traerlo del recuerdo porque sueño con que nos siga iluminando para seguir el mejor de los caminos para la Argentina.
Muy lejos de la corrupción que nos envenena. Muy lejos del autoritarismo que nos asfixia, Luis Federico Leloir nos reconcilia con el orgullo de ser argentino. Es el mejor espejo en donde deberíamos mirarnos como sociedad. Para confirmar que no todo está perdido.
El doctor Luis Federico Leloir recibió el Premio Nobel de Química y estamos hablando de un hombre íntegro, que es mucho más que alguien honesto. Leloir era íntegramente integro. Con gente como él y su recuerdo deberíamos integrar una especie de seleccionado nacional que nos sirva como ejemplo para construir un país cada día más íntegro, con ciudadanos íntegros que arrojen como consecuencia inevitable, gobiernos íntegros.
Con perdón por el abuso del juego de palabras le digo que ser íntegros es ser virtuosos, decentes y honrados. Pero además es alguien que tiene actitudes irreprochables, una rectitud casi religiosa, una ética a prueba de todo.
Así fueron el doctor Arturo Illia, el querido René Favaloro y, entre otros Luis Federico Leloir.
Hace 51 años, Leloir estaba en la sala de conciertos de Estocolmo y el rey de Suecia le entregaba el galardón con más prestigio del mundo.
De entrada, permítame que le cuente una anécdota que siempre cuento sobre mi admirado Leloir. Creo que lo pinta de cuerpo entero. Lo pinta como lo que fue: un hombre íntegro.
Escuche, por favor. Le va a levantar el ánimo frente a tanta podredumbre que robó a cuatro manos los dineros públicos y que encima persigue a dirigentes y periodistas honestos.
Escuche, lo que ocurrió con este patriota que ojalá nos sirviera de molde para fabricar las nuevas generaciones.
Un día, una señora muy aseñorada, una médica con la nariz excesivamente hacia arriba, entró al laboratorio y vio a un hombre de guardapolvo gris tirado en el suelo, pintando unas maderas. Creyó que se trataba de un ordenanza y le pidió con cierto aire de altanería que por favor le anunciara al doctor Leloir que había llegado la doctora fulana de tal.
– Mucho gusto, doctora. Yo soy Leloir, encantado. ¿En qué puedo servirle?, le dijo mientras se incorporaba aquel hombre de guardapolvo gris, manos limpias, corazón solidario y cerebro privilegiado.
Era tanta la generosidad y la falta de egoísmo de Leloir que durante mucho tiempo después de su muerte, en el Instituto que lleva su nombre, siguieron descubriendo becas o suscripciones a revistas científicas que él había pagado de su bolsillo sin decirle nada a nadie.
Leloir donó sus sueldos y todos sus premios. Repartió el Premio Nobel, lo compartió como el pan con sus compañeros. La mitad para seguir investigando en el instituto y el resto entre sus colaboradores. Nunca buscó la fortuna ni la gloria fácil. Fue un ejemplo de superación y sacrificio, de búsqueda de la excelencia. Jamás le interesó ser un figuretti ni ostentar nada. Fue una suerte de sumo sacerdote de la ciencia y de la ética pero que tenía una capacidad de comunicación con la gente y un sentido del humor maravilloso. Entendía la ciencia como un instrumento muy valioso para la transformación y el crecimiento social. No como un artículo de lujo o como una medalla frívola para colgarse en el pecho.
Leloir nació francés pero creció y vivió argentino. Fue parido en Paris de pura casualidad. Sus padres habían viajado a dar a luz a la ciudad luz porque su madre tuvo que someterse a una compleja intervención quirúrgica. ¿Lo habrá marcado esto para convertirse en médico más adelante? Era el más chico de los nueve hermanos y ya se destacaba en el colegio primario del estado y por eso en un par de años hizo lo que a los demás les llevaba el doble de tiempo. Fue un Nobel discípulo de otro Nobel. De Bernardo Houssay en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina que él dirigía. Como investigador se perfeccionó en Inglaterra y Estados Unidos y en 1947, comenzó a trabajar en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar donde luego fue nombrado director.
Hoy podría decir que el diario no hablaba de ti, porque casi no sale una línea en ningún lado. Fue el tercer argentino en ser honrado con el Nobel. Su descubrimiento de los nucleótidos, azúcares y su papel en la biosíntesis de los hidratos de carbono lo llevaron a esa cumbre mundial. Justo hoy que estamos con el tema del etiquetado frontal y la alimentación sana.
Voy a intentar ser didáctico y explicarlo en la forma más sencilla posible. Trabajó en el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa y devuelve glucógeno, llamado biosíntesis de polisacáridos. Al año siguiente fue designado presidente honorario del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Leloir siempre se escapó de la notoriedad de las conferencias y los discursos. Tenía la misma humildad de su amigo René Favaloro, con el que trabajó durante años con muchísima afinidad.
Leloir era feroz con su ironía. Varias veces a la hora de agradecer una distinción de las miles que recibió decía: “desearía conseguir un buen laboratorio en lugar de tantos actos y honores”. Una vez frente a una nube de periodistas que lo acosaban por una declaración los paró en seco y les dijo:
– Está bien… voy a hablar. ¿Pero puedo preguntar primero yo? ¿Sí? ¿Cuándo creen ustedes que recuperaré la tranquilidad y la paz que necesito para trabajar?
Si solía disfrutar de la charla con sus compañeros de trabajo a la hora del mate cocido. Para ahorrar, traía frascos de su casa en grandes canastas. Era divertido e insólito en la prolijidad del laboratorio, ver esos frascos de café o mayonesa de todos los tamaños y colores, reciclados como probetas y otros recipientes. Los científicos extranjeros se asombraron cuando vieron que un solvente muy utilizado estuviese almacenado en un frasco de perfume con la etiqueta original de papel y todo que decía: “Flor de Loto”.
Sobre una de las paredes, Leloir tenía pegado un cartel que lo definía todo: “No existen problemas agotados. Solo hay hombres agotados por los problemas”. El facilismo era uno de los enemigos de Leloir. Nada importante se consigue sin esfuerzo y sacrificio. Sangre, sudor y lágrimas para los grandes logros nacionales.
A Don Luis Federico Leloir o al doctor Leloir es alguien que los argentinos tenemos recordar siempre. Sobre todo en estos tiempos de cólera donde dudamos de nuestra integridad y capacidad.
Creo que es alguien para reverenciar.
Para arrodillarnos en el altar del conocimiento y la ética. Recuperar su memoria y ponerlo en los pupitres de los chicos y los estudiantes de todas las carreras. Es una humilde idea. Creo que nos puede servir de estímulo a todos. Para ser argentinos íntegros como él. Solamente con estos cimientos vamos a poder construir el país de nuestros sueños para nuestros hijos. Un país donde haya cada vez menos inmorales como sobran en este gobierno y cada vez más patriotas como Luis Federico Leloir. No parece tan complicado. Debería ser nuestra epopeya colectiva.
Néstor no fue ángel ni prócer – 27 de octubre 2021
El acto de homenaje en la cancha de Morón endiosó a Néstor Kirchner. Pero me gustaría darle otra mirada, mas periodística e independiente.
No quiero faltarle el respeto a Néstor Kirchner porque está muerto y no me puede contestar. No quiero ser ofensivo con su familia que hoy lo recuerda a 11 años de su fallecimiento. Frente al dolor por la pérdida de un ser humano, hay que ser muy prudente. Creo que no hay muerte buena. Y yo no celebro la muerte de nadie.
Pero tampoco quiero dejar de cumplir con mi tarea que es buscar la verdad, siempre desde la mirada crítica hacia todos los poderes. No creo que la desaparición física transforme en ángeles o próceres a las personas que en vida no lo fueron. Y fueron muchas las alabanzas y apologías que, en su afán de transformar a Néstor en un mito, malversaron la realidad.
Tal vez me equivoque, pero no lo veo a Néstor en los homenajes de abajo hacia arriba. Todo lo contrario, lo veo celebrado desde arriba, desde el aparato del estado como fue durante todos estos años. No hay grandes movilizaciones en las barriadas humildes, emocionadas por la ausencia de Kirchner. Es la verdad. La cosa fue de arriba hacia abajo. Impuesta desde el gobierno y no surgió como algo espontáneo del ciudadano de a pié.
Bautizaron “Néstor Kirchner” a todo. Represas, calles, avenidas, plazas y hasta cuestiones más insólitas. Pusieron una estatua de Néstor en Santa Cruz, y hasta entronizaron en el CCK una copia que trajeron desde Ecuador. Le recuerdo que esta última fue retirada del edificio del Unasur por votación de los legisladores ecuatorianos que no quisieron tener un símbolo de la corrupción en su tierra.
No creo para nada en esa idea que algunos quieren instalar que dice que Cristina es mala pero Néstor era bueno.
Por el contrario, creo que ambos formaron un sólido equipo para acumular dinero y poder con una codicia pocas veces vista. Han sumado millones y millones de dólares y cargos en todos los niveles del estado con una obsesión enfermiza. El momento en el que Néstor se abraza enamorado a una caja fuerte y entra en éxtasis, lo dice todo. ¿Se acuerda?
Hay decenas de investigaciones rigurosas de la justicia que prueban la asociación ilícita con la que se enriquecieron, saqueando al estado. Cristina y sus cómplices van a tener que explicar esto en por lo menos 6 juicios orales. Salvo que concreten su plan de poner la justicia al servicio de su impunidad. Están trabajando aceleradamente en eso.
Todo el mecanismo de la estafa, fue idea y dirección de Néstor. Pero, cuando murió, fue Cristina la que heredó la fortuna y continuó con el plan sistemático de la cleptocracia, de los sobreprecios, las coimas y el lavado de dinero.
El robo del siglo comenzó desde el mismo desembarco de los Kirchner en la política santacruceña. Los Kirchner utilizaron varios mecanismos hasta convertirse en la familia que más robó desde el poder municipal, provincial y nacional. El armado que mostró el cuaderno de las coimas es de una precisión de relojería. Pero a gran escala, el latrocinio, tuvo un pico con los tristemente célebres fondos de Santa Cruz. Entre pitos y flautas se hicieron más de mil millones de dólares que se esfumaron en el aire. Nadie vió nunca una boleta de depósito, un papel que demostrara en que bancos estuvo esa fortuna y que intereses recibió. Jamás hubo una rendición de cuentas. Todo fue oscuro y trucho.
Néstor compartió la boleta electoral en siete oportunidades con Menem y lo elogió como uno de los mejores presidentes.
Es cierto que Néstor tenía mayor habilidad que Cristina como caudillo de los punteros políticos. Es verdad que era astuto para mover las piezas de los intendentes y gobernadores y disciplinarlos con látigo o billetera. Era alguien mucho más pragmático en el manejo de los porotos electorales. Pero eso no lo convierte en estadista ni mucho menos. Cristina ha sido mucho más dañina que Néstor en lo económico y en la multiplicación del autoritarismo. Su marido fue prolijo en las cuentas fiscales, en los superavit gemelos y al principio, con Roberto Lavagna, fue cuidadoso de los niveles inflacionarios.
Cristina es peor que Néstor en la construcción política y en la economía. Pero eso no convierte a Néstor en un héroe por más relato que inventen. Los niveles de autoritarismo con intenciones hegemónicas fueron paridos por Néstor y continuados por Cristina.
No creo que Néstor haya sido un santo y Cristina un demonio. Creo que ese matrimonio presidencial es igualmente responsable, de haber instalador el odio y la división entre los argentinos. En el plano de los derechos humanos hay que decir la verdad con todas sus aristas. Ese Néstor que bajó el retrato del genocida Videla es el mismo que ignoró el tema de los derechos humanos durante la dictadura y muy avanzada la democracia, mientras fue intendente y gobernador. Néstor se aprovechó de una nefasta ley de la dictadura y se dedicó a embargar las casas de los deudores como un abogado voraz y usurero.
Comprendo que para muchos jóvenes cristinistas y para Cristina este sea un día más importante que el 17 de octubre. Se cumplen 11 años del fallecimiento del fundador del kirchnerismo que (parafraseando a Lenin) es la enfermedad infantil del peronismo.
Aquel entierro fue una puesta en escena imponente y el mausoleo donde descansan sus restos, todo un símbolo.
Por lo faraónico de ese edificio, al lado de las humildes tumbas de los santacruceños de a pie y porque el que lo construyó y luego lo custodió con seguridad privada, fue Lázaro Báez. Néstor no fue un prócer ni un santo. No volvió pero fue millones. No fue un ángel. Fue relato.
El patético marxismo de Guzmán – 26 de octubre 2021
“Estos son mis principios. Pero si no le gustan, tengo otros”. Una leyenda urbana le atribuyó esta frase al genial humorista Groucho Marx. El volantazo que el ministro Martín Guzmán pegó en su discurso, debe analizarse bajo la lupa de ese patético marxismo tragicómico.
En su desesperación para evitar ser el primer eyectado del gabinete la noche del 14 de noviembre, Martin, cambió sus principios porque no le gustaban al chavismo cristinista. Igual que Amado Boudou en su momento, de pronto, pasó a ser el más revolucionario de los revolucionarios. Este muchacho, está chapaleando sobre arenas movedizas. Por eso, mientras más se mueve, más se hunde. Guzmán aseguró que no va a devaluar, pero acaba de devaluar su palabra hasta el límite de perder la credibilidad. Y eso lo coloca más rápido de la puerta de salida del gabinete. A él lo trajeron para que jugara en otro puesto. Lo compraron como arquero, para que atajara los penales del Fondo Monetario. Pero fracasó gracias a todos los goles en contra que le hicieron sus propios compañeros. ¿Qué hizo, entonces? Dejó el arco y se fue a jugar de centro delantero.
Grave error de un principiante en la política. Era el único que tenía cierta pátina de profesional prudente, racional y capitalista. Era el único arquero de este equipo que está perdiendo por goleada. Para jugar de nueve, Cristina tiene gente mucho más radicalizada y con más trayectoria que Guzmán. Feletti sin ir más lejos. O Boudou, que está en el banco de suplentes y entra en cualquier momento.
Así fue como Guzmán rifó el poco crédito que le quedaba. Hizo un papelón en el papel de izquierdista. Si es peronista, debería saber que el general dijo que “De todos lados se vuelve, menos del ridículo”. Ayer batió todos los records aunque hace varios días que viene sobreactuando camporismo para tratar de que después de las elecciones no lo tiren por la ventana.
Defendió a rajatabla el indefendible control de precios, casi que amenazó a los empresarios con meterlos presos. “Al que no colabore, adentro”, dijo convertido en comisario. Y, en línea con los más totalitarios de sus compañeros castigó al periodismo diciendo que “ladran los perros de la derecha”.
Fue too much, diría Cristina. Pero, jugado por jugado, el ministro calificó a Juntos por el Cambio y a María Eugenia Vidal, de ser “anti argentinos porque están en contra de los intereses del pueblo”.
Ya venía cuesta abajo en su rodada. Como en la batalla naval, lo habían tocado sin hundirlo cuando La Cámpora le dijo que nadie se iba del gobierno sin su autorización y bancaron a Federico Basuado. Fue el comienzo del final. Un ministro como Guzmán no pudo echar de su equipo a un subsecretario de energía eléctrica. Fue desautorizado groseramente. Debería haberse ido en ese momento. Pero se quedó y todo el tiempo fue cayendo más bajo. Pone la cara con el Fondo Monetario y dice que quieren cumplir con los compromisos y todo el elenco estable del cristinismo dinamita esa posibilidad todo el tiempo. Desde Hebe de Bonafini hasta los soldados de Máximo Kirchner, la guardia de Hierro de Cristina.
Triste, solitario y final será la síntesis de paso de Guzmán por la función pública. Salvo que profundice su giro al nacional populismo cleptocrático y patee el tablero con el programa que sueña Cristina. Esto es una reforma agraria, la expropiación de los medios de comunicación (la de los perros de la derecha, sobre todo) y la nacionalización de los depósitos o la estatización de los servicios públicos para controlar tarifas. ¿Estará Guzmán dispuesto a llevarlo adelante si se confirma la derrota electoral que parece que se viene?
Está jugado. Rebautizó el “Salón Rojo” del ministerio de Economía como “Abuelas y Madres de Plaza de Mayo”. Y les hizo un homenaje a Estela Carlotto y Taty Almeida y firmó convenios con ambas agrupaciones cristinistas.
A tono con la situación, Guzmán dijo que “Nunca más a los endeudamientos insostenibles” y recibió un pañuelo de Carlotto que le recomendó que lo saque cuando esté preocupado y le pida ayuda a ellas.
El profesor de Columbia y discípulo del premio Nóbel, Joseph Stiglitz, repitió el insólito argumento de que el “Fondo Monetario financió la campaña de Mauricio Macri”. ¿Con esas falacias pretende frenar la inflación, la pobreza y el desempleo?
Hasta el ex ministro Juan José Llach, reaccionó con un tuit que lo descalifica: “Deplorables las declaraciones de Martín Guzmán, erigiéndose en juez de la argentinidad y acusando a dirigentes de la oposición. Mejor sería para todos, empezando por los más pobres, que Guzmán tuviera un plan económico coherente, del que carece”.
Martín Maximiliano Guzmán todavía no tiene 40 años. Se recibió en la Universidad de La Plata y rápidamente hizo dos doctorados en universidades norteamericanas. Su marxismo patético de cambio de principios, confirmó su ignorancia política que lo lleva a otra frase de Groucho: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”
Así de grave es la situación. A esos infiernos podemos caer.