Son la gendarmes ideológico. Los gerentes del modelo. Los dueños de la marca Cristina.
La Cámpora no se rinde ni se resigna.
Pese al rosario de fracasos electorales que tuvo, ya se prepara para dar batalla después del 14 de noviembre. Atacan de nuevo con sus ideas vetustas en contra de los medios de comunicación, los empresarios y el Fondo Monetario.
El video que viralizaron para consolidar su mística militante, dice claramente
que esa deuda no la van a pagar y que los gorilas se quieren matar.
Cristina aparece bailando en el escenario, con el ritmo de los jóvenes y Máximo advierte sobre el acoso del periodismo y el poder económico. Y les comunica al presidente y al gobernador que no tengan dudas, que ellos están listos para el combate.
En forma sigilosa y a paso redoblado, La Cámpora se está quedando con la suma del poder en la Argentina. Tienen un proyecto a mediano plazo y lo cumplen con una disciplina castrista y castrense que transforma la influencia de Cristina en hegemonía territorial y en ocupación de casi todos los cargos del estado.
Se parece a la tácita del
“entrismo” de los Montoneros en los 70. Venían de diversos marxismos pero asumieron que “el pueblo trabajador era peronista” y que su espacio de militancia debía ser el partido del general. Se mimetizaron en el movimiento y por lo bajo criticaban por reformista al “viejo” hasta que Perón los echó de la Plaza de Mayo por imberbes y estúpidos.
Tenían un proyecto de socialismo nacional por la vía de la insurrección armada y llevaron a la muerte a media generación.
¿Se acuerda cuando Cristina, la líder espiritual de estos muchachos dijo que los argentinos se merecían mejores medios de comunicación porque los ponían nerviosos?
El candidato a concejal Julián Álvarez, en el acto de Lanús, fue en el mismo sentido de Cristina en su arenga. Dijo que los medios hegemónicos le meten mierda en la cabeza de los argentinos”. Quien fuera vice ministro de justicia de Cristina también aseguró que “El Fondo Monetario le financió la campaña a Macri”.
Llueven las malas noticias. Hasta Juan Grabois, fuerte aliado del gobierno, dijo que “le hace ruido la fortuna de los K”. El propio Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba, aceleró su postura contra el gobierno de los Fernández y acusó a Cristina de discriminar a los cordobeses con el tema de la tarifa energética. Muchos se están animando. Pero Máximo no retrocede. Ubicó soldados de su ejército en casi todas las segundas y terceras líneas de los ministerios, embajadas y consulados. La mayoría de los consejos deliberantes bonaerenses están muy cerca de su control absoluto y están trabajando en el mismo rumbo en todas las provincias. Son una fuerza poderosa. Con alta capacidad de movilización, con recursos económicos millonarios y con un verticalismo típico de las orga revolucionarias. No dejan un solo sector de la vida nacional sin intentar copar o conducir. Incluso van por la conducción de los movimientos sociales que es donde tienen menos inserción. La bulimia de poder de los camporistas es insaciable. Van por todo, como les recomendó Cristina. Con todos los resortes en sus manos, después será mucho más fácil decidir quién será presidente y la velocidad rumbo a un modelo chavista del que no ocultan su admiración.
Como si fueran un pacman que deglute espacios de poder, cada minuto, meten militantes en los lugares más estratégicos y en donde las cajas de dinero son más suculentas.
Para ellos, el poder debe ser total o no será nada. Eso se llama totalitarismo.
Alerta, alerta que camina, toda La Cámpora por nuestra bendita argentina. Se están quedando con todo.
El Máximo irresponsable está pasando por su peor momento. Y como si esto fuera poco, hace ostentación de una insólita fragilidad intelectual. Su discurso es un aburrido rosario de consignas viejas, carece de la astucia táctica de su padre y de la buena oratoria de su madre. En el tema de la codicia sin límites, es igual a sus padres. Es un millonario que dice combatir a los millonarios.
Máximo, también fue el máximo responsable junto a su cómplice Axel Kicillof, de la paliza que sufrieron en las urnas. Soberbios y escondidos debajo de la pollera de Cristina no le dieron bola a los intendentes, los ningunearon y a la hora de armar las listas, Máximo puso a sus amigos camporistas que, en muchos casos, no los conocía ni su madre. Todo en forma autoritaria. Esta es la lista, porque lo digo yo. Y sanseacabó. Por eso, muchos intendentes en venganza, hicieron huelga de brazos caídos y no llevaron a mucha gente a votar. Es más, dicen que para el 14 van a llevar su boleta local y el tramo de los diputados nacionales lo dejarán a criterio del votante. Defenderán su territorio pero se lavarán las manos de la suerte de lo provincial y lo nacional. Es una forma de pagarle a Máximo y Axel con la misma moneda de la ingratitud y la deslealtad.
Pero también es cierto que sus dogmas ideológicos envejecieron prematuramente, que se convirtieron en burócratas y millonarios en algunos casos y perdieron la rebeldía de la juventud. Salvo un puñado de dirigentes, se manejan casi en la clandestinidad y no tiene cuadros que sean eficientes en la gestión o populares entre la gente. ¿Quién votaría a aparatos como Wado de Pedro o Andrés Larroque, solo por nombrar a los lugartenientes de la Orga?
Todavía tienen una gran capacidad de daño y movilización, pero han perdido encanto seductor y su imagen ante la sociedad es cada día peor. En las elecciones casi todos los candidatos de La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina, fueron derrotados por la realidad y por la oposición. Viven en un frasco, hablan en inclusivo de los derechos de las minorías pero se olvidan del derecho de las mayorías.
Charly, por 70 años más – 22 de octubre 2021
Mañana es un sábado especial para los argentinos que amamos a Charly García. Esta leyenda viva y padre fundador del rock nacional cumple 70 años. Y va a hacer 4 conciertos con la banda que dirige el zorrito Fabián Von Quintiero.
Queremos tanto a Charly. Es cofundador cultural del argentino promedio contemporáneo. Es el responsable de gran parte de lo que somos. De lo mejor de nosotros. De nuestras ilusiones.
No me gusta engañarme a mí mismo. Sé que el Charly de hoy no es el mismo. Que esa cocaína de mierda le fue asesinando neuronas de su cerebro mágico. Que dio una gran lucha por sobrevivir acompañado de Palito Ortega y que pudo lograrlo. Charly está vivo y entre nosotros. Aunque su genialidad aparezca menos o en forma más lenta. Aunque nos provoque alguna hija de la lágrima.
Charly, en realidad Carlos Alberto García Moreno nació acá nomas, en Caballito. Tiene oído absoluto para todo. Se horrorizó cuando la dictadura instaló el terrorismo de estado y fusiló la libertad y a miles de compatriotas. Charly, con una lucidez inigualable, denunció con su melodía que los amigos del barrio pueden desaparecer. Esta columna arrancó con ese hallazgo llamado “Dinosaurios”.
Es el compositor más sui generis que hemos tenido y tenemos. De vez en cuando se asoma a los abismos y tararea la canción para su muerte. Es que nunca aprendió a ser formal y cortes, cortándose el pelo una vez por mes. Charly está zafando como puede.
A veces medio hinchado, otras con la lengua un poco pesada pero mantiene sus rayos de creatividad que dispara de vez en cuando. Hay que estar atentos a esos bigotes bicolores que son su marca en el orillo. Todavía suele pintar mamarrachos pop con pinturas en las paredes y sus uñas de rojo furioso. Say no more, le dice a sus amigos que lo cuidan y lo quieren. Hay que perdonarle casi todo como perdonamos nuestras propias miserias.
Charly tuvo el coraje de hacer pájaros en su máquina y de confesar como conseguir chicas y de escribir que ayer soñó con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión.
Hoy desperté cantando esta canción que fue escrita hace tiempo atrás… y es necesario cantar una vez más. Es nuestro inconsciente colectivo.
Charly es un producto bien argentino. Habla de lo que fuimos y de lo que somos. De nuestra historia y nuestra realidad. Hay por los menos dos o tres generaciones que se formaron, que bailaron y hasta que se aparearon con sus temas. Tiene una sensibilidad especial. Siempre está a punto de caerse y no se cae. Una vez su madre postiza, la Negra Sosa, en un reportaje me dijo, Charly tiene las patitas como alambres y siempre parece que se está por morir. Pero tiene una salud de hierro. Yo que me cuido me voy a morir antes. Ya vas a ver. Y Mercedes tuvo razón.
Charly no se murió a dios gracias. No abandonó. Sigue corriendo como puede la carrera de la vida aunque hubo momentos que su cuerpito flameaba al viento y con apenas 50 kilos. Pero sus teclados levantan vuelo cada vez que los acaricia.
Charly es un muchacho de barrio que se convirtió en una estrella y nos estrelló de frente a una nueva estética. Es un creador nato con esos raros peinados nuevos. Tal vez uno de los artistas más importantes de todos los tiempos. Suele reírse de sí mismo y de sus entrevistadores. Tiene la ironía como herramienta de autodefensa. En un reportaje declaró:
– Soy neurótico, histérico y de personalidad esquizoide.
Siempre está cerca de la revolución porque él fue y es una revolución de la poesía y la melodía. A Charly lo llevamos puesto en nuestra materia gris. Sacamos de la galera una frase, una figura literaria, no quiero exagerar ni pretendo que le den el premio Nóbel pero es una suerte de nuestro Bob Dylan menos politizado. Aunque es un símbolo de paz, de energía rockera que demuele hoteles y hace promesas sobre el bidet. Compuso más de 800 temas, algunas obras de arte y pocas basuras. Es un Dios imperfecto de los escenarios. Un tipo capaz de tirarse a la pileta desde pisos muy altos y bajarse los pantalones para provocar como el buen francotirador que es. Sacude conciencias, rechaza lo establecido, provoca todo el tiempo a los políticamente correctos y eso nos ayuda a madurar y a abrir caminos y cerebros dogmáticos.
Charly cumple apenas 70 y tiene una actitud transgresora de 20 años. Y es un clásico. ¿Alguien duda que debe estar en el altar de nuestros músicos definitivos como Atahualpa, Piazzola, o Mercedes entre otros?
Charly no se miente ni nos miente.
Por eso lo quiero tanto. Charly es un sentimiento. Y una gigantesca ola de talento.
Hace 6 años, estuvo internado en la Fleni, como tantas veces que estuvo internado. Grabó 41 discos y siempre con su altura de 1, 94 metros. A los 2 años se enfermó de vitíligo y los problemas de pigmentación de la piel se quedaron a vivir en su bigote. Una vez dijo que todo pasó por los ataques de nervios que tuvo cuando sus padres se fueron de viaje a Europa y lo dejaron al cuidado de las institutrices. “Tenía 2 años y 32 mucamas”, dijo Charly. En el Instituto Social Militar “Dámaso Centeno” de Caballito estudiaba más a Jimi Hendrix que a San Martín y en el secundario conoció a Nito Mestre y le cambió la vida y nos cambió la vida con Sui Géneris.
En la dictadura le prohibieron dos temas: “Botas locas” y “Juan represión” La censura llegó hasta Montevideo donde también surgían los dictadores y fue preso. Varias veces lo llevaron a las comisarías. Una vez en Mendoza, le golpearon la puerta de la habitación al grito de “Abra, soy policía”. García abrió y le dijo: “Y que culpa tengo yo de que usted no haya estudiado”. Hizo escándalos de todo tipo. Rompió guitarras, rompió las reglas, rompió todo. A Galtieri le cantó casi como un ruego que “No bombardeen Buenos Aires” por la guerra de Malvinas. Y cuando los dictadores de Videla marchaban hacia el poder, el Luna Park se llenó de jóvenes rebeldes de pelo largo que fueron a decirle “Adios a Sui Géneris”. Cantaron canción para mi muerte y fue toda una premonición. A los 5 años ya tocaba a Bach y Mozart en el Conservatorio. A los 12 se había convertido en profesor de “Teoría y Solfeo”. Ganó un Grammy a la excelencia musical y bien merecido estuvo. Charly querido, mañana muchos argentinos que te debemos mucho te diremos “Feliz 70 y por 70 años más”.
Charly no es muy creyente que digamos. Escribió parte de la religión. Y por eso me permito decirle como si fuera el Papa, nuestro sumo pontífice del rock: Charly, rezo por vos. Para que no te mueras nunca. Rezo por vos.
Anti derechos humanos se dice Cristinismo – 21 de octubre 2021
El cristinismo es la enfermedad infantil
del peronismo. Su versión más extrema quedará en la historia como la profanadora de muchos valores que edificaron la mejor Argentina. La honradez, el mérito, la cultura del esfuerzo, la coexistencia pacífica entre diversos pensamientos, el respeto por la libertad de prensa y la división de poderes son solo algunos de los pilares que el kirchnerismo dinamitó.
Los votos castigos en las urnas, están anunciando que mucha gente comparte esta opinión. Pero de todas las violaciones a nuestros pilares de identidad, hay uno que me resulta especialmente imperdonable. Hablo de la obsesión de Cristina y sus talibanes por convertirse en los abanderados y defensores de los que violan a los derechos humanos acá y en el mundo.
En una patética voltereta de la historia, este gobierno está logrando hacer añicos casi al único activo que los argentinos teníamos ante el mundo civilizado. Lamentablemente, nosotros, por diversos motivos no somos muy queridos en otros países. Somos conocidos por defolteadores seriales, por chantas y soberbios y otros mamarrachos. Lo bueno que suelen destacar son nuestros deportistas exitosos y la creatividad individual para resolver problemas complejos. Pero hay algo en lo que éramos campeones del mundo y estos funcionarios que no funcionan nos mandaron al descenso. Casi que nuestro único activo colectivo como país, era la defensa de los derechos humanos. Y el kirchnerismo dio vuelta la taba y poco a poco nos fueron convirtiendo en los defensores de los anti derechos humanos. En un país que legitima y justifica a dictadores feroces y a autocracias totalitarias.
Gracias al regreso de la democracia en 1983 y a su padre refundador, Raúl Alfonsín, nos transformamos en un faro de los derechos humanos. El juicio a las juntas militares y el Nunca Más despertaron admiración por nuestra apuesta como Nación, a la paz y la libertad, a la no violencia y los derechos humanos en todo el planeta.
Era un orgullo saber que en muchas universidades del mundo o en países como Suecia, se estudiaba el caso argentino y servía como ejemplo de lo que debía hacerse para iluminar las zonas más oscuras del terrorismo de estado y apostar a construir una república democrática.
El voto de Carlos Raimundi en la OEA confirmó la estafa política. Esta malversación con tufillo a traición. Raimundi fue presidente de la Juventud Radical y admirador de Alfonsín. Su voto, en nombre de este cuarto gobierno kirchnerista fue a favor de Daniel Ortega y su mafia fascista que metió presos a todos los candidatos que iban a competir con él en las elecciones. Ortega concretó el sueño de todo tirano: afrontar solo las elecciones. Y ganar por paliza, obviamente. Frente a semejante déspota, nos produce mucha vergüenza ajena decir que Argentina, se abstuvo de condenar a ese régimen y de exigir la inmediata libertad de los presos políticos. No les tembló la mano en mancillar la herencia de Alfonsín ni en tirar a la basura ese gran logro de todos los argentinos.
Parece mentira la masturbación ideológica que los constituye. Romantizan los 70. Adoran a criminales como los Montoneros, fogonean a los falsos mapuches que son una nueva forma del terrorismo separatista, no condenan a grupos genocidas como Hamas y se enorgullecen de tener relaciones carnales con Cuba, Venezuela y los aspectos más autoritarios de China y Rusia. No sé que están esperando para invitar a la Argentina al líder del comunismo monárquico de Corea del Norte.
Esta actitud incomprensible no es compartida por líderes de la izquierda democrática y prestigiosa como Michelle Bachellet, Felipe González o algunos del Frente Amplio uruguayo como el fallecido ex presidente Tabaré Vázquez.
En el caso de Venezuela y Cuba, además del cordón umbilical del neo populismo marxista, existe una cadena de negocios espurios que establecieron mecanismos de corrupción entre Hugo Chávez, Fidel Castro y Néstor Kirchner, y sus herederos. Las confesiones del ex jefe de inteligencia venezolano y el rol de Alex Saab, más las precisiones que dio el arrepentido Claudio Uberti hablan de negociados sucios por montañas de dólares. Para muestra basta un botón: Hugo Carvajal, ex jefe de los espías chavistas aseguró que enviaron en valijas diplomáticas 21 millones de dólares para la campaña de Cristina. A eso hay que sumarle las fortunas que robaron con los negociados de la energía, la maquinaria agrícola y la bicicleta financiera de la embajada paralela entre el dólar oficial y el mercado negro venezolano.
Y Caracas, además, se convirtió con el chavismo y Maduro en la cabecera de playa del desembarco de los fundamentalistas iraníes en este continente.
Por eso es tan común encontrar fotos de Cristina con Chávez o Maduro, con Fidel Castro y Daniel Ortega, con Vladimir Putin o de algunos de sus fanáticos, como Luis D’Elía, en Teherán.
Esta actitud, que nos pone afuera del mundo capitalista civilizado y aleja inversiones, tiene su correlato fronteras adentro con la simpatía y protección que la cultura K les da siempre a los delincuentes. El record lo tiene Rafael Bielsa que como embajador en Chile defendió o intentó hacerlo a Jones Huala. El líder de los delincuentes usurpadores e incendiarios está preso por actos terroristas y condenados en todas las instancias. Le recuerdo que fue extraditado a Chile por pedido no de Pinochet ni de Piñera. Fue Michelle Bachellet, presidenta socialista la que se movió para que Jones Huala tuviera juicio, castigo y condena.
En casi todos los casos de crímenes o asaltos, el aparato de jueces, fiscales y abogados de Justicia Legítima se ponen del lado de los victimarios y justifican todo tipo de delitos.
Parece que los que violan la ley y los derechos humanos son los mejores amigos de Cristina. Y encima a eso le llaman progresismo cuando en realidad es regresismo. Es la vuelta a las peores prácticas de los momentos más oscuros.
Cada vez más, cristinismo es sinónimo de apoyo a los antidemocráticos que violan los derechos humanos. Increíble, pero cierto.