El golpe sigue golpeando – 24 de marzo 2015

Hoy se cumplen 39 años y, sin embargo, todavía, cada vez que digo 24 de marzo  me estremezco. Veo la noche de la noche. El 24 de marzo es el día más nefasto de nuestra historia. Mire que nos pasó de todo como país, pero no hay nada comparable con el 24 de marzo de 1976. Fue el comienzo del reinado de la muerte. El desembarco del nazismo criollo. La coronación de los sueños de los peores hombres de este país. Querían muertes, torturas, desapariciones, campos de concentración, robos de bebes, violaciones, humillaciones, mutilaciones, censuras, extorsiones, querían todo eso y mucho más y lo lograron. Seguramente todas las sociedades en algún momento de su historia tocan fondo, descienden a los infiernos. Bueno, a nosotros nos tocó el 24 de marzo de 1976.

Ya pasaron 39 años y el teniente general Cesar Milani es un símbolo nefasto. Representa la máxima claudicación en el tema de los derechos humanos por parte del cristinismo. Confirma además, como un círculo vicioso que se cierra, los comienzos del matrimonio Kirchner. Eran dos jóvenes abogados mas preocupados por enriquecerse rematando casas de deudores morosos que por presentar algún habeas corpus por los desaparecidos, como lo hizo el ex diputado Rafael Flores, y otros abogados radicales,por ejemplo. El caso Milani es grave por donde se lo mire y por eso es bueno reflexionar al respecto un día como hoy. Hay que ser muy fanático para justificar lo injustificable con la designación de Milani. Nadie puede explicar cual es el motivo de semejante cachetazo a los que siempre lucharon en contra del genocidio. No se sabe si Cristina sostiene a Milani por capricho, por no dar el brazo a torcer ante los reclamos, porque el general de cuna peronista es la fuente de inteligencia que le viene dando materiales para atacar opositores con carpetas de la vida privada redactadas por espías que violan la ley o porque en realidad, la presidenta sueña con imitar a Venezuela y construir Fuerzas Armadas con la camiseta partidaria. Cualquiera de esas explicaciones es peligrosa desde el punto de vista institucional. Porque demostraría una tosudez autodestructiva gratuita, una utilización de mecanismos prohibidos por la ley de defensa o la destrucción del mayor consenso social logrado en estas tres décadas democráticas: que los militares deben estar afuera de cualquier tipo de politización.

El recientemente fallecido ex fiscal Julio Strassera, el que pronunció aquel histórico grito del “Nunca Mas”, en nombre de todos, denunció que “hay muchos militares presos por mucho menos de lo que se le atribuye a Milani” y que el oficialismo “es hipócrita porque utiliza políticamente este tema”. El Premio Nóbel de La Paz, Adolfo Perez Esquivel y Nora Cortiñas, la titular de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo pusieron el grito en el cielo para exigir que Milani no fuera entronizado, por Cristina, en la cima de los uniformados. No son derechistas destituyentes ni agrocargas.

Hay cuatro testimonios serios de víctimas de la dictadura y familiares de desaparecidos que lo involucran en el terrorismo de Estado en La Rioja y Tucuman.

Sin embargo, Milani está allí. Sostenido por dos mujeres. Cristina y Hebe Bonafini que cree haber descubierto un nuevo Hugo Chávez. El ejército ya hizo operativos conjuntos con La Cámpora y trabajos sociales con Madres de Plaza de Mayo.

Todo está listo para que ese concubinato entre los pañuelos blancos y los uniformes verdes termine en una caricatura cruel de lo que fue el operativo Dorrego en los 70 con el general Harguindeguy y los Montoneros o en una nueva estafa, en forma de pesadilla como la que compartieron Hebe y los hermanos Schocklender.

Pero la figura de Milani no solamente reflotó algunos disvalores de los tiempos de los crímenes de lesa humanidad cuando, según Eduardo Galeano, los argentinos nos dividíamos en cuatro especies: los aterrados, los desterrados, los encerrados y los enterrados.

Florecieron nuevos autoritarismos. Hebe Bonafini se degradó a si misma asegurando que “los medios de comunicación son peor que los militares”. Olvidó al centenar de periodistas desaparecidos. Y olvidó a aquel matrimonio Kirchner que jamás movió un dedo contra la dictadura ni siquiera ya entrada la democracia. Los verdaderos organismos de derechos humanos de Santa Cruz recuerdan que los 24 de marzo,  Néstor Kirchner, ni como intendente ni como gobernador, fueron capaces de hacer por lo menos una misa en recordación de las víctimas. Hoy la televisión camporistas le canta loas a los  Kirchner como luchadores de los derechos humanos y no puede exhibir una sola imagen o texto donde fustiguen al terrorismo de estado y a los criminales de lesa humanidad. Se borraron hasta que llegaron a la presidencia y advirtieron que podían utilizar a Hebe y a Estela Carlotto para colocarles la camiseta partidaria y usarlas como escudo para tapar la megacorrupción de estado que instalaron en la década robada. 

Hoy es fácil cazar dinosaurios en el zoológico. Es cierto que hay 500 condenados y ese es un gran avance. Pero ahora se trata de ancianos que, como dijo Pablo Sirven, alimentan los geriátricos y los cementerios. Había que impulsar el juicio y castigo cuando los militares tenían fuerza y las balas picaban cerca como lo hicieron los integrantes de la CONADEP y el ex presidente Alfonsín con el juicio a las juntas. Esta es la verdad histórica. 

Para el final una utopía. El año que viene se cumplen 40 años y habrá otro gobierno. Será un gran momento para hacer un acto amplio y de todos los partidos, con todos los organismos, para firmar un nuevo contrato democrático que defienda todos los derechos humanos de todos los argentinos sin sectarismos ni odios.

En el día de la Memoria, la verdad y la justicia, todos tenemos que recordar, plantear con firmeza nuestras convicciones y pedir castigo a los culpables. Aquel 24 de marzo, César Milani apenas era un engranaje mas del genocidio que se iniciaba. Hoy es el máximo jefe militar de este país. Néstor bajó el cuadro de Videla y Cristina subió el de Milani. Es un día para pensar en lo que pasó y en lo que sigue pasando. Porque aquel golpe, sigue golpeando.  Como si aquel glorioso Nunca mas se hubiera convertido en un miserable Siempre Menos.