Veinte años sin el Cuchi – 25 de septiembre 2020

Repudio estomacal y desprecio por la degradación. Eso es lo que sentimos ayer al terminar el programa. Si algo nos faltaba, a los argentinos en general y a los salteños en particular, es comprobar que en una honorable banca de diputados estaba sentado un sátrapa. Ya renunció Juan Ameri, el abusador, acosador sexual de menores, barra brava y dirigente del kirchnerismo salteño. El mundo se indignó por este caso y yo pensé en los humildes salteños de trabajo que sintieron vergüenza ajena por este malandra. Y tuve la necesidad de abrazar a tantos salteños honrados, dignos y trabajadores, que no merecen esta afrenta. Y pensé en homenajear a un salteño que los y nos enorgullece. Justo este domingo, se cumplen 20 años de la muerte de uno de los más grandes artistas populares que dio nuestra bendita Argentina. Recuerdo que aquel día triste me pregunté donde iremos a parar si se apaga el Chuchi Leguizamón, como Balderrama.
Yo estoy construido de varios materiales, como todo el mundo. Uno de ellos son las peñas de la Córdoba combativa de los 70 y los festivales de folclore de Cosquín.
El Cuchi nos honró el alma y nos llenó nuestras neuronas con su talento de bagualas y lamentos. Todavía nos sentimos un poco huérfanos del Cuchi. Pero por suerte está su obra y sigue brillando. Fue el que provocaba a los conservadores de toda laya con su filosa ironía. Nos despertaba con sus sonoras carcajadas endiabladas, como sus ojos, como las aristas de su cara y su barba.
El Cuchi fue uno de los defensores del pobrerío salteño. Era un duende genial que aparecía mágicamente donde se lo necesitaba. Un aristócrata pariente del general Arenales y bisnieto de una criolla que luchó al lado de los corajudos y las corajudas de Martín Miguel de Güemes.
El Cuchi fue capaz de escribir “Chacarera del expediente” y burlarse de su propio oficio, y burlarse de todo.
Solo alguien de su dimensión eterna pudo crear esto…
El pobre que nunca tiene/ ni un peso p’andar contento/no bien se halla una gallina/ ya me lo meten preso./ El comisario ladino/ que oficia de diligente/ lo hace confesar a palos/ al preso y a sus parientes/ Y se pasan las semanas/engordando el expediente/ mientras el preso suspira/ por un doctor influyente/ Amalaya la justicia/ vidita los abogados/ cuando la ley nace sorda/ no la compone ni el diablo/ Esta son cosas del pueblo/de los que no tienen nada/esos que se hallan millones/ tienen la Casa Rosada.
Parece escrito hoy. Aquí aparece toda su rebeldía contra los funcionarios corruptos. Toda la mordacidad de alguien que pese a los antepasados de gran alcurnia jamás se olvidó de ser un ponchito protector de su gente. Para empezar nunca dejó de vivir en Salta. Ese fue su lugar en el mundo y su lugar en la vida y en la muerte. Lo enterraron en el cementerio Santa Cruz, regado por un torrontés que se toma lento y viene en damajuana. Dicen que camino al campo santo recitó con su voz cavernosa a modo de despedida que: “Si nada hay tras de la vida/ iré más allacito cantando/ cuando mi sombra florezca azul/ sus huellas se irán borrando.
Podemos quedarnos tranquilos porque no descansó en paz durante este tiempo de ausencia. El cielo lo estaba esperando para sumarse a una fiesta. El Mono Villegas le hizo un lugarcito en el piano universal del jazz maestro y Manuel Jota Castilla preparó el locro y las empanadas y muchas letras para musicalizar. El Cuchi se llevó una utopía. Alegrarle la vida a Dios por toda la eternidad. Ya lo había escrito cuando dijo:
Pobrecito Tata Dios/ siempre solito y ausente/ se moriría de aburrido/ si no fuera por la gente.
El Cuchi que yo canto, el que hoy le robamos al recuerdo, se fue satisfecho con una sonrisa de vino manso. Por sus armonías que todavía son modernas y transgresoras pero enraizadas a la tierra. Por sus melodías cultas y a la vez populares. Por su sabiduría en el piano y en los consejos. Siempre se llevó la vida por delante. Pateó todos los tableros y desvistió a todos los santos. Fue golpeteo sobre las mesas, madrugadas de seducción y de cuerpos.
Nadie pudo ni podrá domesticar al Cuchi. Siempre rompió todos los moldes y los dogmas. ¿O ustedes conocen a alguien más en el mundo que haya armado un concierto con las maravillosas campanas de Salta repicando y replicando? ¿O la sensata locura de diseñar una obra integral con los 18 sonidos que tienen los gases al escapar de las locomotoras? Hasta le sumó el silbato del tren y el ruido de la marcha sobre las vías. Los trenes del alma le marcaron la vida. Lo sacudían hasta las entrañas. No en vano se sentía orgullosamente hijo del jefe de la estación de tren de Cerrillos. Lo único que le faltó fue querer hacer una serenata con los aromas y los colores de Salta la linda.
No sabemos cómo ocupó sus días vacíos. El Cuchi iba tan a contramano de la pacatería y lo establecido que un día histórico decidió dirigir y arreglar a un dúo que revolucionó el folclore con su forma de cantar cruzado entre falsetes y abismos.
Llamó a Patricio Giménez y al Chacho Echenique y parió el Dúo Salteño, algo así como la máxima vanguardia de la música criolla de finales de los 60. Algo así como los Piazzolas de las vidalas y las zambas, algo así como los Beatles pero de acá.
Así andaba el Cuchi por la vida. Con un poncho rojo en el corazón, como si fuera el escudo protector de un gaucho de Güemes, como su bisabuela o como si fuese el mismísimo Martin Miguel de Güemes para defender a pura palabra y puro teclado las fronteras de nuestra cultura y de nuestra patria que no es lo mismo pero es igual.
Supo cantar en los coros universitarios, ser un profesor muy querido por sus alumnos por su forma campechana de enseñar historia o filosofía, un abogado penalista de los pobres y ausentes, un músico capaz de disfrutar de Los Fronterizos, de Vinicius de Moraes o de Bach y Beethoven a quien llamó con toda justicia : “el músico definitivo”.
Solía inflar su mejilla con el acullico permanente que le hace el aguante de coca a las noches que no encuentran el límite de la madrugada. Solía cocinar como el más experto de los criollos y con esa misma experiencia, sazonar musicalmente “La Cantata Popular de las Comidas” de Armando Tejada Gómez.
Dice la leyenda que nació con una quena en la cuna. Y que a los dos años ya tocaba el Barbero de Sevilla. Escuchaba con esa oreja prodigio a su padre cantar ópera todo el día o a su madre silbar a los pájaros para que acompañaran los vuelos del Cuchi.
Cuchi significa chancho en Quechua. De chiquito le pusieron ese apodo que en Salta habla de picardía y le quedó Cuchi para toda la vida y desde hace 20 años, para toda la muerte.
Tiene un solo disco producido por otro grande como Manolo Juárez. Se murió sin un peso para arreglar su piano oxidado. Dejó 4 hijos que llevan el apellido Leguizamón con la frente bien alta. Murió un día antes de cumplir 83 años.
Se pasó la vida desafiando lo previsible. Levantó polémicas a cada rato con su ingenio y sus definiciones para sorprender como si fuera un Borges de la música de Salta. Tenía una impronta borgiana de verdad, en su aspecto señorial y oligarca, en sus bibliotecas y laberintos armónicos que dinamitaban las rutinas. Y algo mágico que quiero contarle: compuso un tema en sociedad con Jorge Luis Borges. Se imagina: de Cuchi Leguizamón y Jorge Luis Borges un tema llamado; “No hay cosa como la muerte” .Dice en su último párrafo:
-No se aflija. En la memoria/ de los tiempos venideros/también nosotros seremos/los tauras y los primeros.
El ruin será generoso/y el flojo será valiente: No hay cosa como la muerte
para mejorar la gente.
Yo quiero convocarlos porque al igual que La Pomeña, yo sé que…
Viene en un caballo blanco/ la caja en sus manos tiembla/ y cuando se hunde en la noche/ es una dalia morena.
O como Maturana: No me cabe duda que el Cuchi, Dios lo tenga en la gloria y se divierta con él, andará rondando la tierra con toda su tierra adentro y en el vino que lo duerme, dormido llora su pago.
Nosotros también lo lloramos y lo extrañamos.
En el vino que lo duerme/ Dormido llora su pago.

Cristina y Alberto maltratan la democracia – 24 de septiembre 2020

Todos los días el presidente Alberto Fernández se dispara tiros en los pies. Todos los días incinera su capital político en el altar de Cristina. Todos los días, Alberto se desploma en las encuestas. Todos los días, los Fernández maltratan a la democracia pero acusan a los demás de maltratarla.
Las últimas imágenes del naufragio, mostraron al presidente en Entre Ríos, acusando a opositores y medios de comunicación de tener posiciones muy extremas e irracionales que dañan y maltratan la democracia.
Es una mentira absoluta porque, aún los opositores más duros y los periodistas más críticos, no tiran toneladas de piedras al Congreso ni andan con un helicóptero en las marchas como hacía el cristinismo durante el gobierno de Macri.
Pero si el presidente, como gerente de Cristina, se refiere a la pólvora de las palabras, podemos recordarle su propio archivo reciente. Alberto fue el más feroz e irrespetuoso en sus acusaciones contra Cristina cuando era opositor y se paseaban por canales, radio y diarios a los que ahora acusa de mentir.
Yo soy sumamente crítico de Cristina y me enorgullezco de eso. Ya le dije que mi análisis político la define como la dirigente que más daño le hizo a la Argentina y la que más daño le puede seguir haciendo. Pero jamás se me hubiera ocurrido decir lo que dijo Alberto Fernández. Fue despiadado con sus ataques. Alberto fue el que le hizo los reproches más brutales. Lo hizo en casi todos los temas. Nadie se atrevió a calificar a Cristina como “cínicamente delirante”. Según la Real Academia Española. “cínica” es una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descarada y es impúdica y procaz”. Algunos de sus sinónimos son: insolente, caradura, falso e hipócrita. El término delirante se refiere a una fantasía disparatada o a alguna postura enloquecedora.
Insisto: esto no lo digo yo. Lo dijo Alberto. “Cínicamente delirante”, le dijo Alberto a Cristina por televisión en vivo y en directo. Pero por tuit ya había traspasado la línea del machirulo y el buen gusto, cuando escribió que su gobierno era “psicótico” y que ella también actúa como una “psicópata”.
Otra vez el diccionario que encuentra estos sinónimos de psicópata: neurótica, desequilibrada, lunática, demente y loca.
Insisto con la aclaración: esto no lo estoy diciendo yo, un humilde cronista. Esto lo dijo el actual presidente de la Nación.
¿Fuerte no? Agresiones de alto calibre. Otro tuit decía: “No estoy a la altura de Cristina. No suelo vivir en la fantasía de los soberbios. Es penoso como ella somete a las instituciones. A Néstor lo acompañé pero con Cristina es imposible”.
Ayer Alberto dijo que la oposición es muy extrema e irracional. ¿Algún opositor fue más extremo e irracional que él contra Cristina?
Es una entrevista realizada en abril del 2015 para un programa de la televisión israelí, Alberto dijo con toda contundencia y seguridad que nadie cree en la Argentina que Nisman se haya suicidado. Y “que la primera que no lo cree, es Cristina. Ella dijo que lo habían asesinado producto de una “guerra de servicios” pero los servicios de inteligencia están bajo el mando y la responsabilidad del gobierno”. En una postura que hoy adquiere una actualidad impresionante, Alberto se quejaba de que la oposición todavía no le pidió las explicaciones suficientes a Cristina por estos temas tan dramáticos. Trató de tibios a los opositores de aquel momento y trata de extremistas e irracionales a los opositores de ahora. Eso se llama darse vuelta en el aire como un panqueque.
Si hay alguien que maltrata la democracia es Hebe de Bonafini. En su irracionalidad y por boca de Cristina, llamó turros y señores de la muerte a los miembros de la Corte Suprema y en su momento convocó a tomar el edificio donde funciona el máximo tribunal. Los hizo cómplices hasta de los desaparecidos.
Pablo Moyano, el de la dinastía que Alberto puso como ejemplo de sindicalismo, se negó en 5 oportunidades a prestar declaración indagatoria. Está acusado de asociación ilícita con los delincuentes de la barra brava de Independiente y no se lo ve apurado por probar su inocencia. Tal vez crea que ya lo absolvió la historia como Cristina, la jefa del jefe del estado.
Alberto, que como por arte de magia, cambió de raíz su pensamiento, no puede quejarse de que la oposición o el periodismo independiente, pida todas las explicaciones del caso.
Cristina y Alberto maltratan la democracia cuando dinamitan la independencia de poderes y les cortan la cabeza a los jueces que molestan a Cristina en su plan sistemático de impunidad y venganza. O cuando persiguen al jefe de los fiscales para poner un militante de La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina.
Cristina y Alberto maltratan la democracia cuando quieren poner de rodillas a Horacio Rodríguez Larreta y asfixiar económicamente a la ciudad, sólo porque no es del palo y mide mucho mejor que ellos en las encuestas. Le hacen la vida imposible. Le sacaron 45 mil millones de pesos de un plumazo, ahora avanzan para quitarle más fondos todavía, no le dejan dar clases ni en los patios de las escuelas, no le reciben los presos de la justicia de la Ciudad, quieren expropiarle los terrenos transferidos por la Nación donde funcionan las comisarías y como si esto fuera poco, pronto le van a exigir que devuelvan 124 mil millones de pesos que según los K, le dio de más Mauricio Macri. ¿Cuánto falta para que se acaben los buenos modales y Larreta se vea obligado a jugar más fuerte, convocando a una marcha multitudinaria en Plaza de Mayo, por ejemplo?
Por estos mamarrachos, el presidente y la vice tienen más imagen negativa que positiva en todos los informes de las consultoras. Pero el trabajo de “Aciertos” es directamente letal para su actualidad política. Alberto tiene 50,3% de imagen negativa y el 61,7% de los consultados dice que el país avanza en la dirección incorrecta. Y como si esto fuera poco, los tres dirigentes con mayor imagen negativa son Máximo, Cristina y Sergio Massa.
Cristina y Alberto maltratan a la democracia cuando conducen un gobierno mediocre con un gabinete que lo menos que tiene son científicos. Es muy difícil encontrar un ministro que brille por sus iniciativas o por la eficiencia de su gestión. Por eso aparecen datos y no opiniones que son demoledores. La pobreza va a superar el 45% en el segundo trimestre según el observatorio de la Universidad Católica. La desocupación y subocupación afecta a 4 millones y medio de argentinos, el dato más terrible de los últimos 15 años, pese a que por ley están prohibidos los despidos. El dólar blue ya tiene una brecha del 100%, y el presidente se comporta como un comentarista. Como una expresión de deseo, dice muy suelto de cuerpo que debemos acostumbrarnos a ahorrar en dólares. Chocolate por la noticia. Son comentarios de café. Boludeces, con perdón de la palabra. El presidente tiene que generar las condiciones macro económicas para recuperar el valor del peso. Tiene que gobernar. Basta de comentarios livianos. Castiga la meritocracia que es lo único que va a potenciar la igualdad de oportunidades para poder salir de la movilidad social descendente. Insiste con esa idea de que siente culpa y vergüenza por la opulencia de la Ciudad. Presidente: con todo respeto. Tiene que tener una profunda vergüenza como integrante del Partido Justicialista que gobernó los 37 de democracia el distrito de La Matanza conocido como “La capital del peronismo”. Y la provincia de Buenos Aires que estuvo a cargo de su partido 29 años de los últimos 37. Eso le tiene que dar culpa. El partido que dice representar a los más pobres y el pueblo trabajador, los sometió a padecer falta de trabajo, de cloacas, de agua, de seguridad y de dignidad. ¿Y qué me cuenta de las usurpaciones de tierras que se diseminaron básicamente en la provincia y la Patagonia? ¿Y de la cuarentena eterna que resultó ser un fracaso muy doloroso por la cantidad de muertos, contagiados y empresas quebradas?
Y usted siente vergüenza y culpa por la Ciudad. ¡¡Por favor¡¡. Deje de pensar con el fanatismo de la inflamación ideológica y con el librito chavista de Cristina. No son los opositores ni los medios independientes. La democracia es maltratada por ustedes. Cristina y Alberto: Dejen de maltratar a la democracia.

Viajar al futuro con Maldacena – 23 de septiembre 2020

Quiero compartir con usted una gran noticia: es posible viajar al futuro. Pero eso no es todo. El autor de este maravilloso hallazgo, es el científico argentino Juan Martín Maldacena que está a un paso de ser Premio Nóbel.
Se puede viajar al futuro. ¿Se imagina?
Le quiero contar esta historia porque es la contracara de la oscura decadencia que estamos atravesando. Este gobierno nos empuja todo el tiempo al pasado y combate el mérito. Es incomprensible semejante actitud reaccionaria. Y encima se dicen progresistas y gobierno de científicos. Son regresistas o reaccionarios y es gobierno de mediocres. Por eso, creo que esta experiencia nos va a iluminar. Para no perder las esperanzas. Ni en el futuro, ni en el mérito que motoriza la movilidad social ascendente.
El trabajo de Maldacena parece un cuento de ciencia ficción, pero es la más pura realidad. Asegura que es posible que nos encontremos muy pronto con un agujero de gusano que pueda transportarnos a través de nuestra galaxia sin necesidad de nave alguna. Un agujero de gusano son dos agujeros negros conectados entre sí por túneles que tienen un ancho de 10 mil kilómetros, más o menos, el diámetro de la tierra. Estos objetos cósmicos de la física cuántica conectan dos lugares muy distantes en el universo. Pueden estar a miles de años luz de distancia. Dice Maldacena que viajar al futuro es posible sin violar las leyes de la física.
¿Quién es Maldacena? El año pasado, en Italia, el Instituto Nacional del Física Nuclear, le entregó la medalla Galileo Galilei. Dicen los expertos que a los 50 años ya recibió todas las máximas distinciones. Solo le falta el Nóbel. Teléfono para Suecia…
Maldacena es honesto, trabajador, solidario y un genio que no terminamos de reconocer. Pregunte en la escuela de su hijo si alguien conoce a Maldacena y muchos preguntarán en que equipo de fútbol juega. Así nos va. Está muy bien que nos llene de orgullo Lionel Messi y sus gambetas mágicas. Pero también tenemos que emocionarnos y convertir en ídolos o héroes sociales, en ejemplos a seguir, a los Messi de la ciencia.
Por eso no me canso de repetir la epopeya de Juan Maldacena que vivía a la vuelta de mi casa, en Caballito. Lo hago como una suerte de apuesta a la autoayuda. Para levantarnos el ánimo y no permitir que nos ganen los Lázaros, ni las Cristinas.
Juan Martín Maldacena fue el primer latinoamericano en recibir la “Medalla Lorentz” que otorga la Academia Real de Artes y Ciencias de los Países Bajos. Todo el mundo dice que es la antesala del premio Nóbel. Y aportan un argumento numérico: de los 21 científicos que recibieron esa medalla, luego 11 llegaron al Nobel.
Maldacena es un gigante de las neuronas y la materia gris. Lo vengo siguiendo desde junio de 1999. Hace 21 años escribí la primera columna sobre Maldacena jugando con el título de “El Einstein de Caballito”. Medio en broma y medio en serio yo decía que el nuevo Albert Einstein vivía a la vuelta de mi casa.
Usted va a pensar que estoy loco, que se me disparó un chip. Pero le estoy diciendo la verdad y nada más que la verdad. Es más, se lo repito por si no lo escuchó: el nuevo Einstein vivía a la vuelta de mi casa.
¿No me cree? ¿Quiere que le dé más datos? Maldacena apenas tiene 52 años. Nació en Caballito y supo estar en la tapa de varios diarios del mundo porque ganó el Yuri Milner que es un premio a la física fundamental que consta de tres millones de dólares. ¿Escuchó bien? Tres millones de dólares. Le doy un dato para comparar. El premio Nóbel otorga apenas un millón doscientos mil dólares. Otro dato emocionante: gran parte de ese premio se convirtió en una generosa donación para el Instituto Balseiro, a donde vuelve siempre para formar estudiantes. Pero esto no es todo. A los 30 años, Juan, recibió en Budapest uno de los mayores reconocimientos que existen en el campo de la ciencia y fue tapa del New York Times. ¿Qué me cuenta? Podríamos hacer una película titulada: “Juan, de Caballito a Budapest”. O mejor dicho, a Harvard, porque allí en Harvard, en la cumbre de la excelencia educativa se mueve este ex vecino del barrio de Caballito. Es el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard.
Permítame que le cuente esta historia luminosa que nos debería hacer inflar el pecho de orgullo a los argentinos. Es una forma de superar tanta irracionalidad y odio que a veces siembra la realidad cotidiana. Una manera de equilibrar tanta mala nueva. A Juan Martín Maldacena deberíamos subirlo a lo más alto del podio y otorgarle una medalla de oro gigante. Al mérito, por supuesto. Mal que le pese a Alberto. Maldacena es el creador de una teoría revolucionaria que lo convirtió en el niño mimado de la física moderna y en uno de los científicos más populares e influyentes del planeta. Muchas publicaciones científicas se preguntan si no estamos ante la presencia de un nuevo Albert Einstein. Es que precisamente, su gran descubrimiento tiene que ver con ese emblema universal del conocimiento. Juan formuló una nueva teoría que explica mejor como está formado y cómo funciona el universo. Una pavadita, ¿no? Repito: como está formado y cómo funciona el universo. Y yo muchas veces no puedo programar el control remoto de la tele. Esa teoría fue bautizada “La conjetura de Maldacena” y logró unificar trabajos que parecían irreconciliables: la teoría de la relatividad de Einstein y la de la mecánica cuántica. Por eso le digo que el nuevo Einstein nació a la vuelta de mi casa en Caballito. Y porque es profesor en la Escuela de Ciencias Naturales del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo en el que trabajó y murió Einstein.
Hasta los 15 años vivió en Avenida La Plata y Guayaquil. Juan es producto de la movilidad social ascendente de una típica familia de clase media que pudo enviar a su hijo a la universidad. Luis, ingeniero y Carmen, traductora de inglés, los padres de Juan les pudieron dar educación superior también a sus otras dos hijas. De aquel sueño de “Mi hijo el doctor” de Florencio Sánchez a esa utopía del progreso que es que nuestros hijos sean mejores y más felices que nosotros. Juan estudió dos años en Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Y después en nuestra meca científica del Instituto Balseiro de Bariloche. Insisto con esta propuesta: creo que historias como esta merecen ser contadas porque nos ayudan a levantar el ánimo entre tanta basura de inseguridad y mega corrupción con impunidad y el maldito virus. Es como una forma de decir que podemos. Si alguna vez pudimos, podemos. Como dice el lema de la maravillosa expedición argentina de Atlantis: “Que el hombre sepa que el hombre puede”.
Es emocionante recordar cuando recibió el premio “Javed Husain”, en Hungría ante 2.000 científicos, uno más bocho que el otro. Tenía 30 años. Y los más grandes centros científicos del mundo lo querían fichar en su plantel. Solo basta con decir ese apellido y entre los más más destacados intelectuales saben que se está hablando de Argentina. La CNN y la revista Time apostaron a él como futuro líder. ¿Y cuando dio la vuelta olímpica? Se lo trato de explicar con palabras sencillas tal como lo entendí yo que soy un humilde e ignorante mortal. Mi ex vecino de Caballito relacionó y unificó la “Teoría de la Relatividad” que describe el funcionamiento de objetos tan grandes como estrellas, galaxias o el propio universo con la teoría de la mecánica cuántica que analiza el comportamiento de los mundos infinitesimales como los electrones o los Quarks. Hasta ahí llego y no sigo porque me estalla el cerebro.
Juan es católico practicante y fue condecorado por Juan Pablo II igual que el fallecido Steven Hawking, con el que también trabajó y hace años ingresó como miembro a la Academia Pontificia de Ciencias.
Vive entre complejas ecuaciones, moléculas, el cosmos y los agujeros negros. Trabaja en un espacio con 5 dimensiones que se llama hiperbólico. Anota todo en papel y lápiz y la computadora la deja solo para contestar mails y navegar por internet. Pero Juan extraña las montañas de Bariloche que solía escalar, y nuestra música folklórica, con guitarra y bombo. Con sus neuronas Juan supo generar cosas insólitas. En una convención muy importante de estas mentes superiores, uno de la universidad de Chicago, cambió la letra de “Macarena” por “Maldacena”. ¿Se acuerda? “Dale alegría a tu cuerpo Maldacena” y todos se sumaron al coro de la canción más popular de la historia contemporánea en los Estados Unidos y que fue la base de la campaña electoral de Bill Clinton. Dale alegría a tu teoría Maldacena, cantaban los muchachos. Dale alegría a la Argentina, Maldacena, podríamos cantar nosotros en estos tiempos de cólera.
Aunque algún descreído diga: que va a cantar bien Maldacena si vive a la vuelta de casa. Es un Einstein celeste y blanco.
Los que entregan el Nobel ya saben que pueden viajar al futuro.