Scola, un espejo gigante – 16 de septiembre 2019

Se lo digo por experiencia. Se lo digo porque lo viví. Cuando un chico de 7 años recibe por primera vez la pelota de básquet, sueña con tres cosas: agarrarla con una sola mano, volcarla y jugar en la NBA. Es lo que le pasó a Luis Alberto Scola en el gimnasio del club Ciudad de Buenos Aires. El chico, asombrado, se sentía más chico todavía en ese templo techado con aros por todos lados. Abrió lo más grande que pudo la palma de su mano y trató de llevar la pelota como quien la lleva con una manija. Esa naranja, rugosa y seductora, se resbaló porque sus dedos todavía eran muy cortitos. No bajó los brazos ni se dio por vencido. Ni aquél día en el que pisó por primera vez una cancha como jugador ni nunca en toda su brillante vida de alta competencia que lo llevó a ser el capitán, el goleador de Argentina sub campeón del mundial en China y a integrar el quinteto ideal del torneo más importante. Aquel pibito de 7 años, ayer quedó consagrado como él mejor ala pivote del mundo. Aquella naranja rugosa hoy parece un limoncito en sus manos como patios y el día que la volcó por primera vez fue en La Pampa, cuando tenía edad para categoría de Mini. Enterró la pelota y rompió el tablero. Los chicos de Independiente de General Pico no lo podían creer. Tuvieron que ir a jugar el partido en otra cancha.
Y el tercer sueño lo concretó el día que ingresó a la máxima liga de las estrellas y fichó para los Houston Rockets, en los Estados Unidos, la cuna de este juego de belleza incomparable.
Los sabios que llevan la planilla o los viejos y geniales periodistas de entonces como Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) de El Gráfico o Estanislao Villanueva (Villita) de la revista Goles, empezaron a tener las primeras noticias: “Parece que Luisito, el hijo de Mario Scola la rompe”, se decía a la hora del Gancia con papitas fritas y aceitunas en los buffet de los clubes de barrio. Luis, hijo de Tigre, como corresponde para la felicitad de su padre, superó ampliamente a Mario. Yo lo conocí y lo entrevisté en mis comienzos en Buenos Aires como periodista deportivo de La Hoja del Lunes. Allá por los 80, Mario Scola jugaba en la selección argentina con monumentos como Chocolate Raffaelli, el Tola Cadillac, el Gury Perazzo, Miguel Cortijo o nuestro Fernando Prato, y digo nuestro, porque el Runcho del Hindú, era el orgullo de los cordobeses.
Eran la aplanadora de un loco extraordinario llamado León Najnudel que nos llenaba la cabeza todos los días hablando de la Liga Nacional, a imagen y semejanza de la NBA. Batalló como un León y finalmente se dio el gusto de ver coronada su obra maestra antes de morir. Pero le juro que el día en que se abrazaron Luifa y Manu yo temblé de emoción hasta las lágrimas y me dije si hay un Dios, está viendo el partido con Najnudel en la platea del cielo.
Tuvieron a Kobe Bryant como testigo privilegiado. Pero ese abrazo de Scola y Ginóbili fue todo un símbolo. Son los dos jugadores más importantes de toda la historia del básquet. Manu cruzó el planeta para ir a ver a sus compañeros de tantas aventuras y desafíos. Es el símbolo de la generación dorada y fue a pasarle la posta a Scola que fue el emblema de esta nueva generación que podríamos llamar “generación de Platino”, como sugirió Guillermo Vecchio, otro de los varios técnicos geniales que dio nuestro baloncesto. Manu fue el acero que se fundió con fuerza a Luifa y ambos, se transformaron en los eslabones más fuerte de la cadena de valor y de valores del básquet nacional.
Scola hizo cosas extraterrestres para ser el faro que iluminó a los pibes. Su viejo dijo que hizo el entrenamiento de Rocky Balboa contra Iván Drago porque no quería ser un referente moral desde el banco de suplentes a los 39 años. Quería ser un general al frente de la batalla. Marcar el camino pero en el terreno y no desde el costado. Para esto cambió su alimentación y de la mano de su preparador físico, Mariano Sánchez, el hijo del Huevo, otro talento, se encerró 14 semanas a entrenar hasta quedar exhausto en un campo de Castelli. Con un frío tremendo ya estaba corriendo a las 7 de la mañana. Dale que te dale. Apretando los dientes. Con su objetivo entre ceja y ceja. Y después Scola se llevó al profe dos meses a China y allí le siguieron dando duro. Abdominales, fintas, giro invertido, ganchito corto, saltar cada vez más alto, volcarla hasta el codo, tirar para tres y meter de a tres. Parecía una escena de locos: Dos personas, un aro y la soledad como hinchada. Horas y horas, días y días. Realmente parecía la película de Rocky. Y como una señal del destino, el otro apellido de Luis Scola, es Balboa.
Luis que es un estudioso del deporte tiene definiciones extraordinarias: dice que: “el trabajo mata al talento cuando el talento no trabaja”. Nació con la fuerza de la superación constante, cree que el éxito es tocar todos los días un techo más alto, superarte hasta encontrar tu límite humano y vaciarte el día del partido. Dejar hasta la última gota de sangre, sudor y lágrimas. Una vez dijo que si un diamante no se pule con el entrenamiento cotidiano queda solo como una piedra preciosa en bruto pero no brilla todo lo que puede. Hay que perseguir tu sueño y tu techo. Ganarle todos los días a vos mismo. Tratar de hacer algo que nunca nadie hizo. Y con esa filosofía de vida logró ser el jugador que más títulos importantes ganó en la historia de la selección celeste y blanca. Sobre su pecho cuelgan dos medallas olímpicas y dos medallas mundialistas.
Hizo lo que nunca nadie había hecho.
A los 39 años, con 2,04 de altura hizo casi 18 puntos de promedio, 8 rebotes por partido pudo recuperar y es el máximo goleador de la historia de los mundiales y el jugador que más partidos jugó en un mundial junto a un brasileño: 41 encuentros de los cuales ganó 32. Un atleta y un ser humano enorme, gigante. El gran capitán, fomentó el juego colectivo y solidario, la capacidad de darle al equipo todo para todo el equipo le dé a uno y juntos al país que representan. Siempre con respeto y trabajo. Jamás tomar el atajo ni ponerle una zancadilla al rival y mucho menos hacer trampa con esa falsa picardía criolla que tanto mal nos hizo. Es un canto a la amistad, a la humildad y todos estos muchachos, están muy lejos del ego insoportable de la frivolidad y las veleidades vedetistas de tantos soberbios que nunca ganaron nada y creen que ganaron todo. Embocaron los mejores valores de la Argentina y eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca.
Aquel gimnasio del Ciudad de Buenos Aires, donde le tomó el gusto a la naranja amiga, hoy lleva su nombre. Homenaje merecido y en vida.
MVP le gritaban sus compañeros que lo adoran. Las siglas en inglés del Jugador Más Valioso. Y Luifa se reía de sí mismo y decía: “MVP, el más viejo player”.
Anoche nos acordamos con mi hijo Diego, que también fue un jugador de básquet del montón, como su padre y su abuelo de un juego de palabras que nos debe guiar siempre a todos. Dice así: “Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para disfrutar: el camino ha sido largo y difícil.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para ayudar a otros: mucho se te ha concedido.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para compartir tu triunfo: quienes te aman, también subieron a tu lado.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para mirar de donde partiste: te juzgarás con menos severidad.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para descansar un poco: hay una nueva cumbre por conquistar.
Ahora todos le ruegan a Luis Scola que juegue un año más para estar presente en los Juegos Olímpicos de Tokio del año que viene. Scola le dijo a Leo Gutiérrez que sí, que no se quiere perder semejante desafío. Lo contó Leo en estos micrófonos. Pero ahora lo va a pensar bien, rodeado de su familia que es el escudo que lo sostiene. Pamela, la mujer de toda la vida, la que conoció en el colegio secundario de Ciudad Jardín y sus cuatro hijos, Tomás, Matías, Lucas y Tiago. Los cuatro varones y el padre ya tienen el quinteto inicial para empezar un nuevo partido en la vida que viene. Tiago ya juega en Ciudad Jardín, de Lomas del Palomar, el club de toda la vida de los Scola. Tiago ya tuvo sus tres sueños cuando le dieron la naranja mágica. La quiere agarrar con una sola mano, la quiere volcar y jugar en la NBA. Nadie tiene escrito su futuro. Cada uno lo tiene que construir. Tiago tiene un abuelo llamado Mario y un padre llamado Luifa que dejaron todo en una cancha de básquet. Ese es su espejo. Un espejo gigante llamado Scola que te permite reflejarte desde muy lejos. Un espejo que nos permite a todos mirar con admiración y respeto lo que un hombre inteligente y corajudo puede hacer. Los argentinos en general, los que amamos el básquet y los que no, podríamos mirarnos también en esa realidad que nos marca una distancia tremenda con nuestra actualidad tan dura y triste. Luis Scola es un ejemplo. De acá a la China.

Grabois, ángel o demonio – 12 de septiembre 2019

Alberto Fernández le dijo anoche a Viviana Canosa que a Juan Grabois “lo demonizan” y que “no es nada de lo que dicen”. El candidato de Cristina confirmó que lo “valora” mucho porque es “un hombre que ha dedicado su vida a ocuparse de los que menos tienen” aunque, aclaró que no “comparte muchos de sus métodos y su léxico”.
Hebe de Bonafini piensa todo lo contrario. En declaraciones radiales caracterizó a Grabois como “un caradura y un tipo bastante desagradable”. Reconoció que tuvo “un disgustillo” con él aunque no quiso aclarar los motivos y lo fustigó por algo muy de fondo: “No me gustan las personas que tienen clientes en lugar de compañeros. Muchas veces la gente, no sabe para va a las marchas. Se preguntan entre ellas y al final, reciben una bolsa de comida”. Cuando los periodistas simpatizantes de Hebe le recordaron que Grabois era amigo de Cristina, ella contestó que no le interesaba, que no juzgaba a las personas por “las relaciones que tienen”.
Entonces, ¿Grabois, es un ángel o un demonio? Los voceros de Alberto le hicieron decir a algunos periodistas que se siente incómodo con sus actitudes pero que no lo van a cruzar con declaraciones de otros dirigentes. Es más, algunos sugieren que se va a callar durante un tiempo y que hasta podría tomarse un tiempito fuera del país. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma? Juan Grabois es la persona que Francisco más quiere en la Argentina. Es como el hijo que no tuvo. El Santo Padre se lo dijo a gente que también tiene mucha confianza y afecto con él.
¿Qué hizo Grabois para merecer estar en el centro del debate político pese a que tiene bajos niveles de representación y una relativa capacidad de movilización?
Sus últimas apariciones estelares fueron de alto impacto.
A través de twitter acusó a “la prensa canalla” de mentir porque, aseguró, que no tuvo nada que ver con la invasión de militantes de la CTEP a más de media docena de centros comerciales a los gritos, con megáfonos y con una actitud intimidatoria. Fue tan así que mucha gente se levantó de los bares y se fue y varios bajaron las persianas por temor a que destrozaran sus negocios. Aclaro que nada de eso ocurrió y que no rompieron nada ni le pegaron a nadie. Solo patearon un par de tachos de basura y repartieron volantes y con megáfonos criticaron duramente a Horacio Rodríguez Larreta.
Todos sacaron como conclusión que Matías Lammens y Alberto Fernández de esa manera no suman ni un solo voto. Por el contrario, creen que esas actitudes patoteras son piantavotos, sobre todo en los sectores medios y moderados.
La CTEP son las siglas de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular que lidera Juan Grabois a nivel nacional y Esteban “El Gringo” Castro. Sus activistas porteños tienen como jefe a Rafael Klejzer que se hizo cargo de lo que pasó en los shopings, pero reconoció que fue un error y que no le avisó nada a Grabois. Es raro porque se trata de una organización muy vertical y que no deja nada librado al azar. Y que esa metodología de ir a provocar a los lugares privados es casi una constante en su trabajo cotidiano.
Asi fue como en su momento rodearon varios countries en la provincia de Buenos Aires o entraron a los empujones a la playa de estacionamiento de Canal 13 y TN. Siempre con un discurso de lucha de clases que no va en línea con la alianza de clases que promueve el peronismo históricamente.
Otro de sus minutos de fama los logró al proponer una reforma agraria con expropiación de tierras para que nadie en la Argentina tenga demasiadas extensiones de tierra. Arrancó proponiendo entregar 50 mil parcelas a campesinos para que la tierra sea del que la trabaje pero no dijo quien decide que tierras serán arrebatadas a sus propietarios. Muchos sugirieron que empezara por uno de los máximos terratenientes de la Argentina. Se llama Lázaro Báez y Cristina lo conoce muy bien. Comparten varios banquillos de los acusados por coimas, sobre precios y delitos. La cantidad de hectáreas de las que se apropió ilegalmente Lázaro es trece veces el tamaño de la Capital Federal. Podría por empezar por ahí. Y cambiar el cantito de “Vamos a volver” por el de “Vamos a devolver”, todo lo que le robaron al pueblo.
Sn embargo, Grabois no cree que Cristina haya robado nada. Dice que es una perseguida política porque está a favor de los pobres y por eso la acompañó en un par de declaraciones testimoniales que Cristina tuvo que hacer en Tribunales como parte de los 13 procesamientos que tiene, casi todos por corrupción y enriquecimiento ilícito. Como si fueran guarda espaldas de la fe, Grabois y Eduardo Valdés, el ex embajador de Cristina en el Vaticano, acompañaron a la ex presidenta a Comodoro Py.
Como si fuera vocero o traductor de Grabois, Alberto Fernández aseguró que no tiene en agenda el tema de la Reforma Agraria pero que “Juan” – así lo llamó –propone una reforma como la que hizo el ex presidente de Brasil, José Sarney y no las que hicieron los países comunistas”
Grabois se abraza y habla en las tribunas con Máximo Kirchner. Logró colocar candidatos de su Frente Patria Grande como la joven estudiante Ofelia Fernández y el economista Itaí Hagman.
También integra su espacio Elizabeth Gómez Alcorta, abogada defensora de los violentos detenidos Fernando Esteche y Milagro Sala y de la familia de Santiago Maldonado quien se ahogó en el río Chubut.
Repito: ¿Grabois es un ángel o un demonio? ¿A quiénes representa? ¿Abre más o cierra la grieta? ¿Le suma o le resta votos a los K en la ciudad y el país?
Hace poco con un tuit, Grabois le recomendó a Florencia Kirchner que se quedara en Cuba y que no volviera porque acá la iban a meter presa para perjudicar a su madre con la que tuvo varias reuniones.
Vamos a decirlo con todas las letras: Juan Grabois es un soldado del Papa y de Cristina. Duerme en Santa Marta y fue asesor de Bergoglio como miembro del Consejo Pontificio hasta hace muy poco.
¿Será una suerte de anticipo de lo que puede ocurrir si gana Cristina las elecciones? Si desde el llano se atrevieron a generar semejantes salvajadas ilegales, uno se puede imaginar lo que sería con Juan Grabois de ministro de Trabajo y esa autocrítica que hicieron los cristinistas de que fueron demasiado blandos y que por eso perdieron el poder.
De todos modos, Grabois es tan incontrolable que, tal como le dije, además de Hebe, desde Julio de Vido a Guillermo Moreno (otro amigazo del Papa) pasando por Horacio Verbtisky fueron muy duros con él.
El reo, ex ministro de Planificación, desde su celda número 5702, módulo 5, pabellón 7 de la cárcel de Marcos Paz le dio con un caño. De Vido lo trató de ser “un vigilante y ortiva que me da asco”. Grabois le contestó: “Ni yo soy vigilante ni vos héroe de la resistencia peronista. Somos millones los que queremos que Cristina vuelva pero sin corruptos”. Más allá del oxímoron, porque Cristina es la jefa de los corruptos, hay que decir que Guillermo Moreno también salió con los tapones de punta contra Grabois. Fue casi una interna vaticana. Y eso que todos, Moreno, el padre de Grabois y el Papa se forjaron en la ideología blindada de Guardia de Hierro, del peronismo derechoso de los 70.
Moreno dijo que Grabois era “un ortiva (palabra de moda) una mala persona, mal compañero y un buchón idiota que no es peronista”. Grabois contragolpeó con ironía “Moreno cacarea como una gallina, pero perdió todas las batallas, perdió contra Clarín, por ejemplo”,
Con Verbitsky la cosa es directamente feroz. Grabois dice que el jefe informal de los servicios de Cristina está bancado “por la Fundación Ford y el British Council” y que es “un botonazo decadente y un gorila mitómano”. Ahí hay mucha bronca porque Verbitsky en su momento, denunció que el Papa Francisco, cuando era Jorge Bergoglio, entregó a dos sacerdotes jesuitas a las catacumbas de la dictadura que finalmente los asesinaron.
Hace poco, durante otro hecho de violencia que protagonizó con los vendedores ambulantes senegaleses tuvo un discurso jurásico y muy poco representativo: “el gobierno creó un clima de odio y persecución contra los trabajadores y los humildes. Está volviendo el fascismo y la xenofobia”.
Se supone que la militancia cristiana de Juan Grabois debería llevar propuestas de diálogo y paz a un polvorín y no antorchas para que todo vuele por los aires.
Yo defino a Grabois como un peronista kirchnerista, chavista y papista pero en la revista de la Universidad de San Martin lo caracterizaron como “de formación marxista con influencias católica y peronista”. Veremos que dice la historia: ángel o demonio.

La patria de Sarmiento – 11 de septiembre 2019

Hoy más que nunca, la figura de Sarmiento y su apuesta a la educación como revolución igualitaria nos ayuda. Es la contra cara de lo que viene mostrando un provocador del odio y la caricatura de la lucha de clases como es Juan Grabois.
Frente a la barbarie de la prepotencia y de la utilización perversa de los más pobres, en lugar de quejarnos solamente, nos vendría bien, sobre todo en este día revisitar la civilización de un prócer que nos puede iluminar el camino cuando muchos no ven la salida.
Domingo Faustino Sarmiento dijo que combatía para “poder escribir porque escribir es pensar y combatir, en consecuencia, es realizar el pensamiento”. Su opinión sobre Juan Manuel de Rosas nos puede servir a la hora de juzgar a todos los tiranos de todos los colores y de todas las latitudes: “Lo que la República Argentina necesita ante todo, lo que Rosas no le dará jamás, es que la vida y la propiedad de los hombres no estén pendientes de una palabra indiscretamente pronunciada o de un capricho del que manda”.
Y finalmente, me pongo de pié por la manera en que con un par de frases, definió casi un plan de gobierno: “Lo primero que debe atenderse en todo el país, es proporcionar a la clase más numerosa y menos acomodada, los medios que llenen sus primeras necesidades, particularmente aquellas que tienen directa influencia sobre la higiene y la salud: el buen salario, la comida abundante, el buen vestir, la libertad ilimitada, educan al adulto más que la escuela al niño.”
Habla de libertad ilimitada, de atender a los más necesitados y de no someterse a los caprichos de los autoritarios. Son los cimientos de la Nación que necesitamos construir. Porque además fue la honradez en persona.
Hoy es el día de Sarmiento, el maestro de la patria y el de todos los maestros con mayúsculas. Maestro de los maestros, como se dice cotidianamente. El talento e inteligencia de Domingo Faustino Sarmiento empujaron la movilidad social ascendente. La prueba es que nació en el Carrascal, un barrio pobre de San Juan, llegó a ser presidente de la Nación y murió a los 77 años tan pobre como había nacido.
Es la gran figura polémica de nuestra historia. Se puede hablar horas de sus grandezas y de sus miserias. No nos alcanzaría todo un año. Solo su obra escrita tiene 52 tomos y más de 15 mil páginas. Se puede decir que fue cascarrabias, mujeriego y que tuvo actitudes francamente discriminadoras sobre todo con los indios y los gauchos.
Durante el gobierno de Cristina, el intelectual camporista Juan Cabandié no anduvo con sutilezas para descalificar a Sarmiento: “Era de derecha”, sentenció. Le faltó agregar: “Como Macri”. Desde Paka Paka lo atacaban como si fuera el diablo. Menos mal que a ningún talibán kirchnerista se le ocurrió declarar de interés público y sujeto a expropiación a la calle Sarmiento para rebautizarla Néstor Kirchner quien nunca escribió un libro y del que se sospecha que tampoco leyó alguno.
Cristina hablaba hasta por los codos. Pero la presidenta y su gobierno en su momento no hicieron un solo comentario ni acto para recordar a Sarmiento. ¿Cómo les explicarán a los chicos porque es el día del maestro? ¿Quisieron borrar de la historia argentina a Sarmiento? ¿Son tan omnipotentes, autoritarios y caraduras?
Pero hoy debo rescatar lo mejor de su luz de educador. Un poema dice que “sembró escuelas como soles a lo largo de la patria”. Su dimensión de estadista lo llevó a fundar 800 escuelas en un país que según el primer censo que el propio Sarmiento ordenó padecía un drama: 7 de cada 10 argentinos eran analfabetos. En 1871, la población de nuestro país era de 1.836.000 personas entre las que se encontraban 194 ingenieros y 1.047 curanderos, por ejemplo. En ese país de la injusticia y la oscuridad, Sarmiento fue el motor de la educación como igualador social y como principal instrumento del desarrollo.
Eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca. Fue el mejor combatiente contra la ignorancia y eso solo lo coloca como uno de los principales impulsores de la democracia y de los derechos de los más pobres. Decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. ¿Se imaginan la aceleración del progreso que eso significó? Cuando asumió había 30 mil y cuando dejó la presidencia ya eran 100 mil los chicos que concurrían a la escuela. Es que eran leyes revolucionarias. Cambiaban la estructura de la sociedad y la hacían más justa y realmente progresista.
Le recuerdo solo algunos de los conceptos y valores que Sarmiento instaló para siempre en el inconsciente colectivo de los argentinos:” todos los problemas son problemas de educación.
Las escuelas son la base de la civilización.” Faltaban 30 años para el 1900 y Sarmiento ya decía que “se puede juzgar el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer”. Fue un verdadero visionario, un genio en su capacidad de enseñanza, un escritor colosal y un combativo periodista y político. Su concepto de educación para el desarrollo se adelantó un siglo. Gran parte de sus construcciones teóricas se siguen utilizando en la actualidad.
No quiso que el saber fuera un privilegio de pocos. Propuso que toda la República fuera una escuela. Apostó al progreso científico, a las comunicaciones. El correo y el ferrocarril en ese entonces eran catalizadores de las mejores ideas y soluciones concretas. Fue un férreo defensor de las libertades civiles y un opositor feroz a los dictadores. “Bárbaros, las ideas no se matan”, dejó grabado por los siglos de los siglos.
En su primer discurso presidencial dijo algo que todavía hoy tiene una vigencia impresionante y que es la síntesis más perfecta de lo que debería ser la política: “el gobierno está para distribuir la mayor porción posible de felicidad sobre el mayor número posible de ciudadanos”. ¿Qué me cuenta? Ojalá fuera el objetivo que guíe a todos nuestros gobernantes.
José Clemente, su padre fue peón de campo y arriero y combatió en las guerras por la independencia junto a Belgrano y San Martín.
Paula Albarracín, su madre, le quiso poner Domingo pero no pudo. Por eso en su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. A los 4 años ya leía de corrido y a los 15, era maestro, tal vez su principal condición que no abandonó jamás. Hasta en la cárcel, mientras fue preso político, se dedicó a enseñar a sus compañeros de celda.
Y luego se convirtió en un monumento vivo a los docentes y no paró nunca de construir bibliotecas populares. El filósofo Tomas Abraham lo definió como el hombre más grande que dio esta tierra. Su himno que es el himno que nos ilumina reclama honor y gratitud para él y lo bautiza como corresponde: Domingo Faustino Sarmiento, Padre del Aula. Si San Martín fue el Santo de la Espada, Sarmiento fue el Santo de la palabra. San Sarmiento de la Educación.