Que Dios y San Martin nos ayuden – 16 de agosto 2019

Se vienen tiempos muy complejos en la Argentina. De mucha agresividad y enfrentamiento. Lo menos que podemos desear colectivamente, es que todo se desarrolle en paz y dentro del marco democrático. Aprovechando la fecha de mañana podemos revisitar la figura de San Martín para pedirle que nos ayude. Jugando con las palabras podríamos decir que Dios y San Martín nos ayuden.
Hay que rendirle homenaje a don José de San Martín y a aquellos heroicos mendocinos, sanjuaninos, puntanos y riojanos que pusieron el pecho y se jugaron el pellejo al grito de “Viva la patria”.
Don José de San Martín es, por lejos el argentino más grande de todos los tiempos, el padre de la Patria. Cruzó la imponente cordillera de Los Andes a un promedio de 3.000 metros de altura y con 5.200 soldados llenos de coraje y patriotismo pero con graves dificultades de todo tipo. Fueron constantes los problemas de alimentación, de traslado y de vestimenta que padecieron. Tenían 10 mil mulas, 1.600 caballos, 600 vacas, 22 cañones, 5 mil fusiles, 900 mil cartuchos, 1.100 sables y unos corazones así de grandes. Es que el motor emancipador fue más fuerte. Liberar al continente era una utopía en marcha.
Por eso hoy lo necesitamos más que nunca. ¡Qué bien que nos vendría en estos tiempos de cólera y twitter su sabiduría y su coraje patriótico! Qué bien que nos vendría que bajara del bronce o se escapara de los libros para darnos cátedra de cómo ser un buen argentino sin robar ni perseguir a nadie ni sembrar el odio entre los hermanos. Porque todavía vive en el corazón de los argentinos. Porque todavía lo necesitamos para recuperar la confianza en nosotros mismos.
Hablaba un poquito con la zeta producto de los 25 años que pasó entre españoles y, por pedido de la tropa, no era extraño verlo al lado del fogón, cantando y pulsando la guitarra. Se hacía respetar y ejercía el mando con firmeza porque daba el ejemplo de valentía y como estratega. Pero nadie le quitaba el placer de comer un puchero, charlando con el cocinero sobre los secretos de los aromas y los sabores o comer un asado a cielo abierto en plena cordillera de los Andes. Mientras, la cruzaba en mula, en caballo o en camilla en la más grande epopeya americana que se recuerde. Solía abrir los bailes con el minué porque era un prócer de carne y hueso. Tanto que don José, tenía fama de don Juan.
En Ecuador un monumento muestra la cara más luminosa de la Argentina. En Guayaquil, el glorioso San Martín con Simón Bolívar como padres de la verdadera patria grande latinoamericana que tiene que dejar afuera a los corruptos y los golpistas.
San Martín, al revés de los Kirchner, era austero y honrado hasta la obsesión. Incluso le hizo quemar a su esposa Remedios los fastuosos vestidos de Paris que tenía porque decía que no eran lujos dignos de un militar. Manejó cataratas de fondos públicos y murió sin un peso. En su testamento se negó a todo tipo de funerales. La muerte lo encontró en el exilio, casi ciego, muy lejos de Puerto Madero en todo sentido. Permítame un comentario dolorosamente irónico: igual que ahora, ¿No? Usted me entiende.
Don José de San Martín fue un ejemplo de rectitud cívica en tiempos de traiciones, corrupción y contrabando. Enseñó a no discriminar predicando con el ejemplo: creó el regimiento número 8 de los negros y después les dio la libertad tal como se los había prometido a sus queridos faluchos.
Estamos hablando de alguien que como primer acto de gobierno en Perú aseguró libertad de prensa y decretó la libertad de los indios y de los hijos de esclavos y encima redactó el estatuto provisional, un claro antecedentes de nuestra Constitución tan humillada durante demasiado tiempo. Su gran preocupación fue no concentrar el poder y por eso creo el Consejo de Estado y se preocupó para que el Poder Judicial fuera realmente independiente. Una de las enseñanzas más maravillosas que nos dejó tiene que ver con su rechazo al silencio temeroso generado por todos los autoritarismos: “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que están callados”. Y una de las máximas que le dejó a su hija Merceditas habla de amar la verdad y odiar la mentira.
Por eso, cuando nombro a San Martín me pongo de pié y lo venero. Y creo que hoy más que nunca nos puede servir cómo mensaje de unidad en esta Argentina partida. Porque San Martín vive eterno en el corazón de su pueblo. Grande entre los grandes. Es el argentino más amado por los argentinos.
Qué bien que nos vendría ahora ese San Martín convencido de que la educación era la forma más profunda de soberanía. Decía que la educación era más poderosa que un ejército para defender la independencia. Es que San Martín era un militar y un guerrero de una capacidad extraordinaria.
Pero también un demócrata cabal. El principal lema de la Logia Lautaro que el redactó dice textualmente: “No reconocerás como gobierno legítimo de la patria sino a aquel que haya sido elegido por la viva y espontánea voluntad del pueblo”. Las maestras del primario siempre nos recordaron que jamás desenvainó su sable contra sus hermanos ni por razones políticas y eso que varias veces se lo ordenaron. Disciplina, sí. Obediencia debida, no. En una carta que le mandó al caudillo santafesino Estanislao López que convendría leer en voz alta a nuestros hijos un par de veces al año le dice: “Divididos seremos esclavos”. Justo hoy que estamos tan enfrentados, tan fragmentados como sociedad. Su entrega hacia los demás se puede llevar como bandera hacia la victoria.
Justo hoy que padecemos una grieta, una fractura social expuesta como herencia K que tanto tiempo nos va a llevar cerrar. Justo hoy que toda la mugre de las coimas y la delincuencia de estado aflora a la superficie.
San Martín era el que se bancaba con una valentía increíble su solitaria lucha contra el asma y el reuma. El que se levantaba tempranísimo para poder tolerar sus úlceras gástricas que lo llevaban a fumar opio para calmar los terribles dolores que tenía.
Le sintetizo el tipo de dirigente que nos dejó San Martín con su ejemplo: Respeto por la libertad de expresión, independencia de poderes, austeridad republicana, honradez a prueba de bala, coraje y estrategia y un profundo amor para una patria de todos y para todos.
Y nuestros granaderos aliados de la gloria, inscriben en la historia, su página mejor, dice la Marcha de San Lorenzo. San Martín es el padre de la patria y nosotros, sus hijos, debemos honrar su memoria tratando de multiplicar sus valores y de construir una Argentina a su imagen y semejanza. Llegó la hora de ponernos de pié. Ya pasaron 169 años de su muerte. Tenemos que hacernos cargo y juramentarnos. Es la ley de la vida. Sin nuestro padre tenemos que construir una patria justa para nuestros hijos.
Para reafirmar nuestra identidad y para que siga sembrando utopías libertarias en el seno de nuestro pueblo y por todos los rincones de nuestra bendita Argentina. Para que nos siga uniendo en el medio de tanta división. Porque San Martín es nuestro. Y nos puede ayudar a sacar los mejor de nosotros. Para que nos siga iluminando aún en los momentos más oscuros.

Pasan cosas graves – 15 de agosto 2019

Están pasando cosas graves en la Argentina. No quiero potenciar el alarmismo ni descubrir la pólvora. Pero la devaluación nos hizo más pobres a todos y, sobre todo, a los más pobres. El aumento del riesgo país nos deja afuera de cualquier tipo de ayuda externa. La fragilidad política paraliza casi todas las formas de la producción y el comercio. Y la inflación que venía en curva lenta pero descendente, lamentablemente, el mes que viene va a subir de nuevo. Parece una tormenta perfecta en la que Macri debe moverse como candidato y como presidente inventando caminos que nunca antes se transitaron.
Alberto Fernández en las últimas horas, tuvo algunas actitudes que ayudaron a calmar el billete verde y la ansiedad de los mercados. Ojalá no sea una formalidad o un castillo de arena que Cristina destruya de un solo cachetazo. Veremos. Hoy hay que seguir día a día la temperatura y la profundidad de la hecatombe política y económica que produjeron miles y miles de votos de clase media que castigaron a Macri, que no supo o no pudo desactivar la bomba social y que premiaron a los irresponsables que dejaron ese explosivo debajo del sillón de Rivadavia.
Estas son algunas de las cosas graves que están pasando. Pero no me parece correcto que esos problemas gigantes no nos permitan ver otras dificultades que también nos deben obligar a encender la luz roja. Hay varios temas. Pero hoy me quiero detener en dos: primero, que Alberto Fernández diga que no entiende porque lo asocian a Venezuela y, segundo, que Hugo Moyano diga que Macri se tiene que ir antes de terminar su gobierno.
Hoy, Fernández, contó por radio Mitre, que le pidió al presidente que no insista con compararlo con Venezuela. Dijo que primero, porque eso no es cierto y segundo, porque nada intranquiliza más a los mercados que eso. Con todo respeto creo que si Fernández quiere reposicionarse como un hombre prudente, moderado y pro capitalista debe dejar de mentir sobre algo tan obvio.
En una columna anterior yo titulé que Cristina es Maduro. Y hay decenas de pruebas de las relaciones carnales y corruptas que establecieron primero Néstor con Chávez y después Cristina con Maduro. Florencias Saintout, que está peleando por ser la nueva intendenta de La Plata, desde la conducción de la facultad de Periodismo condecoró a Hugo Chavez por su aporte a las libertades y al periodismo popular. A su lado estaba el profesor de esa facultad, Fernando Esteche que hoy sigue enseñando desde la cárcel por su actitud violenta y patotera. En aquel momento rechazamos el delirio bizarro que fue ese premio a Chávez. Tal vez hubiera sido menos falso si le daban una distinción por su aporte a la recuperación de la memoria de Simón Bolívar o por colocar en el centro del debate la defensa de los más pobres en América Latina. Eso sería polémico y discutible pero tendrían algún tipo de argumentos. Pero darle un premio a la libertad de prensa, en una facultad de periodismo a alguien que censuró, persiguió y encarceló periodistas y que clausuró medios de comunicación es como darle un premio a Ricardo Barreda por lucha favor de la mujer.
Y Florencia Saintout fue candidata en las elecciones para tratar de ser alcalde de la capital de la provincia con la boleta encabezada por Alberto Fernández.
Cristina, que también integra la fórmula con Alberto fue la encargada de condecorar a Nicolás Maduro con la máxima distinción que otorga la Nación Argentina. La embajada paralela tapizada de negocios sucios que hizo Julio de Vido y Claudio Uberti en nombre de Néstor fue durante el tiempo en que Alberto fue jefe de gabinete. Ahora Uberti arrepentido contó esos negociados que le permitieron a los K robarse verdaderas fortunas a costa de ambos pueblos. Y eso sin hablar de Antonini Wilson y la valija llena de dólares sucios o de los prestamos más caros del mundo que nos daba Venezuela o de las bicicletas financieras en el mercado negro que le reportaron 25 palos verdes a Nestor y que los recibió en billetes físicos, contantes y sonantes y que llegaron en un avión especialmente fletado. Y los negociados con la maquinaria agrícola. El jefe de gabinete era Alberto Fernández. No es Macri el que los quiere estigmatizar colocándolos como socios del chavismo. Lo fueron y lo siguen siendo. Si cambiaron de idea y se quieren despegar de esa narco dictadura, Alberto y Cristina podrían emitir un comunicado respaldado (no a Trump) pero si a Michelle Bachellet que denunció más de 6 mil crímenes de lesa humanidad producidos por el tirano de Nicolás Maduro. Pero no dijeron una sola palabra y eso que líderes de su espacio emancipador de la Patria Grande como el propio Pepe Mujica, o el heredero de Lula, Fernando Hadad ya se pronunciaron repudiando a Maduro y su camarilla militar asesina y narcotraficante. Justamente Alberto Fernández se entrevistó con Mujica en su humilde casa y con Lula en la cárcel. Y además tiene excelentes contactos con el Partido Socialista de Chile liderado por Bachellet.
No es Macri el que debe dejar de asociar a Venezuela con el kirchnerismo. Son los candidatos a presidente y vice los que tiene que mostrar distancia y repudiar la violación de los derechos humanos para que creamos que es verdad que cambiaron de idea y no nos quieren llevar a ese lugar nefasto del chavismo K o del nacional populismo.
El otro tema es la desesperación y la ansiedad de Hugo Moyano por zafar de la cárcel. El y su hijo Pablo están muy complicados en varias causas de corrupción tanto en el gremio de Camioneros como en el club Independiente. Eso lo lleva a apelar a cualquier mecanismo antidemocrático para zafar de la prisión. El tema es que se defiende con propuestas golpistas que Alberto y Cristina deberían descalificar públicamente para que no pensemos que ellos comparten su propuesta. Moyano varias veces insultó a Macri pero eso es un delito menor. Promover la destitución de un presidente democráticamente elegido si es un delito mayor. Cuando Moyano dice que este gobierno se tiene que ir sin esperar el resultado de la urnas está fomentando un camino fachista que siempre dio los peores resultados que se miden en muertos y desaparecidos.
Los golpes de estado ya fueron desterrados en este país, por suerte. Pero moverle el piso al presidente para que renuncie, para asfixiarlo en sus recursos y derechos con el objetivo disciplinador que lo vacíe de todo poder político es algo absolutamente repudiable de lo que Alberto y Cristina también deben tomar distancia y condenar.
Pero en ambos temas Venezuela y Moyano, ambos candidatos miran para otro lado y cierran su boca. El que calla, otorga. El que calla es cómplice. Y ni el chavismo ni la violencia camionera sirven para construir una república de consensos y diálogos. Es bueno que Alberto lo sepa.

Las disculpas de Macri – 14 de agosto 2019

El discurso de esta mañana mostró a un Mauricio Macri recuperado del fuerte voto castigo que recibió de muchos de los argentinos de clase media que lo habían apoyado. Esta vez, tenía la mirada clara y sus ideas no se tambalearon contra las cuerdas como en su aparición anterior cuando aún no había superado ni la sorpresa ni la paliza de las urnas. Con el paso de las horas el presidente reflexionó en el buen sentido y se sintió obligado a pedirle disculpas a la gente por los errores no forzados cometidos en la anterior conferencia de prensa donde puso afuera las culpas de todos los problemas y casi no se hizo cargo de ninguna equivocación.
Hoy fue todo lo contrario. Asumió las culpas y reconoció errores. Y no fue formal. Porque dijo exactamente lo que mucha gente estaba esperando. Que había exigido demasiado a un sector de los argentinos que no llegaban a fin de mes o que debieron padecer la desocupación creciente o la falta de rentabilidad en sus pequeños comercios o empresas. Lo justificó por su condición de frío ingeniero siempre atento a las obras y menos sensible a la problemática de la vida cotidiana. Juró que no lo hizo con mala intención. Supuso que los puentes, las cloacas, el agua potable o mejores rutas, le iban a dar una satisfacción a sus usuarios que iba a compensar la caída de sus ingresos y el colapso en sus bolsillos. Pero eso no ocurrió. Ese también es un problema político del Pro y de Cambiemos y no solo del presidente. Como descree de la construcción territorial, de la militancia en los barrios, no construye ese vaso comunicante tan importante para medir la temperatura de los ciudadanos. Un vecino atento y solidario sabe más del dolor de su pariente que tuvo que cerrar el almacén o suspender la medicina prepaga que cien muchachos que navegan las rede sociales. Por suerte todavía el contacto cara a cara y la presencia no fueron reemplazados por la Big Data. No me opongo a la modernidad en la metodología. Creo que suma. Pero creo que todavía en los barrios con más carencias debe ser complementaria con el contacto cuerpo a cuerpo.
Muy pocas fuerzas tienen ese trabajo. Y las encuestadoras recibieron respuestas mentirosas o vergonzantes. Porque un sector respetable de la gente votó en defensa propia y con desesperación. Y no le importó la corrupción o la lucha contra las mafias o la libertad de expresión o las obras de infraestructura. Esos ciudadanos se dieron cuenta que no era correcto aceptar a los ladrones para sacarse de encima a los que los condenaron a una calidad de vida muy precaria. Por eso no se lo dijeron a los encuestadores. Pero a la hora de poner el voto en las urnas solo querían volver a tener trabajo o a abrir el almacén o a que la fábrica vuelva a producir. Y el resto de los problemas los dejaron para resolver más adelante. Lo primero es la heladera. La subsistencia. El comercio que no vende nada, el taxi que no factura para mantener el auto y su familia o el trabajador que pierde el puesto tiene que fijar prioridades y entendió que Macri no estaba pensando en ellos o que sus soluciones tal vez mas de fondo y duraderas, iban a tardar demasiado en llegar.
Macri parece haberlo entendido de golpe. Lo que muchos radicales, la propia Elisa Carrió, y algunos periodistas le venían reclamando para que hiciera mucho antes de las elecciones. Y lo tuvo que hacer de apuro esta mañana. Fue un paso tardío pero es un paso en el sentido correcto. Bienvenido este Macri que en lugar de excusas le dio respuestas concretas y necesarias para aliviar la situación desesperante de mucha gente.
Todos los anuncios tienen que ver con poner más dinero en los bolsillos de los desocupados, trabajadores, cuentapropistas, empresarios pequeños. Todas las medidas tienden a dar más plazos para pagar deudas y más tranquilidad para salir de la asfixia y respirar un poco de aire puro.
Lamentablemente muchas son medidas de corto plazo pero que ayudan a salir del pantano de la angustia. Dos mil pesos más por mes hasta fin de año, sirven. El bono de 5 mil pesos para las fuerzas armadas y de seguridad, ayudan. Un plazo de diez años para las deudas de las pymes con la AFIP es como sacarle la soga del cuello a muchos emprendedores que no pudieron soportar el coctel explosivo de estanflación y aumento de tarifas. Nadie puede negar la necesidad y urgencia de aumentar las becas a los estudiantes o reforzar la asignación universal por hijo.
Es muy oportuna la convocatoria al Consejo del Salario. Hoy mismo lo hará el ministro Dante Sica. Es una vergüenza inadmisible que el mínimo sea de apenas 12.500 pesos. Con la CGT y los empresarios van a establecer de cuanto es el aumento. Un 40% por lo menos empataría con la inflación. Adelantar el pago a los jubilados es otro acierto. Eso baja la bronca, cierra algunas heridas.
Congelar las tarifas y la nafta por 90 días es un parche y no una solución definitiva, pero por lo menos permite que la inflación no se espiralice y que todos puedan respirar un poco hasta que la incertidumbre electoral haya pasado. Son puentes para llegar de manera más racional y pacifica tanto al 27 de octubre como al 10 de diciembre. Ya le dije que los argentinos no nos podemos permitir otro 2001 bañado en sangre y regado de muertos y que esa es responsabilidad de todos los pasajeros de este avión llamado Argentina pero más de su piloto que es Mauricio Macri.
En lo político además de mostrarse arrepentido por lo que dijo el otro día y de reconocer que le exigió demasiado a la gente que estaba agotada de tanto esfuerzo, habló de reunirse para dialogar con todos los sectores. Y lo cumplió. Habló telefónicamente con Alberto Fernández y dijo que tuvo una buena reunión donde el más votado se comprometió a no poner palos en la rueda aunque no quiso encontrarse públicamente.
Son señales democráticas y republicanas, que no repudian el voto de nadie y que respetan las ideas de todos.
Usted preguntará si todo esto sirve para calmar la voracidad sin corazón de los mercados. No tengo la menor idea. Es difícil pensar que van a hacer los que buscan ganar el mayor dinero posible en el menor tiempo.
Usted preguntará si todo esto sirve para que Macri recupere algunos votos que perdió, le digo que puede ser pero tampoco es seguro.
Usted preguntará si este paquete de medidas ayudará a reconciliarse con los sectores medios que luego de un romance con Macri se sintieron traicionados. Veremos si esto fue un enojo pasajero o un divorcio para siempre. Eso lo sabremos el 27 de octubre.
Pero todo lo que atienda las urgencias sociales siempre es bienvenido. Con la panza vacía no se puede reflexionar.
Algunos dirán que estas medidas son electoralistas u oportunistas. Puede ser. Pero no hay que equivocar las prioridades. Las emergencias sociales y los seres humanos que las sufren son siempre lo primero que hay que atender.
Finalmente, Macri, hizo un llamado para que no lo abandonen y lo ayuden a reconstruir el país. Sería maravilloso que mucha gente recapacitara. Que reconociera que el remedio de una nueva versión del autoritarismo cleptocrático es peor que las enfermedades.
Los más populistas chavistas dirán que esta es apenas una aspirina para el cáncer de un modelo económico que escuchó más a los mercados que a la gente.
Los más ortodoxos y neoliberales dirán que esto es kirchnerismo sin corrupción o populismo de ojos celestes.
Pero el pragmatismo debe ser la guía para salir de un laberinto que nos llevaba a los peores lugares de la historia argentina. Una elección que derrota con tanta contundencia al oficialismo lo obliga a barajar y dar de nuevo. Eso es lo que está haciendo Macri. No tenía otro camino. Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio.