La droga nos mata – 26 de junio 2019

Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga asesina. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.
No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos, mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. Es urgente y nos toca a nosotros levantar esta bandera y llevarla a la victoria. “Ni un pibe menos por la droga” debe ser nuestro objetivo colectivo. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.
No hay otro camino que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros.
Lo digo porque hoy es el “Día Internacional de lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas” Y seguramente es nuestro principal combate como sociedad. Repito el concepto: la droga no discrimina. No hace diferencias ni por edades, ni por condición social, ni por sexo y mucho menos por ideología. Acá no hay grieta. La droga mata a todos por igual. Solo que como el hilo se corta siempre por lo más delgado, impacta más entre los más pobres y entre los más chicos. Se estima que la edad de inicio en el consumo es entre los 12 y los 17 años. Chicos, adolescentes que no tienen aún bien firme sus objetivos ni sus convicciones. Sobre esa debilidad trabajan los transas y los narcos.
En julio del 2006, el presidente Mauricio Macri explotó en Mendoza. Dijo lo siguiente: “Sin miedos ni complicidades, vamos a echar a patadas de la Argentina a los narcotraficantes que destruyen nuestras familias y hacen mierda a nuestros jóvenes. No hay excusas para ningún político, juez, fiscal o policía”.
Hay que decir que entre los aciertos y errores que todos los gobiernos tienen, esta batalla se está librando con gran eficiencia y por eso Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, está entre las figuras con mayor imagen positiva del gabinete. Bullrich le declaró una guerra sin cuartel a todo tipo de mafias y sobre todo a los narcos. Pero hay datos duros que lo corroboran y que son increíbles pero ciertos. Desde que asumió Macri ya se quemaron 300 toneladas de drogas y se detuvo a 85 mil personas. ¿Escuchó bien? Hay 300 toneladas de drogas menos para envenenar nuestra patria. Las fuerzas de seguridad meten presos a 67 narcos por día. Esto da una idea clara de la gran tarea que están realizando pero también, de la magnitud de estas organizaciones criminales.
No hay que olvidar que la droga dinamita las familias y por lo tanto destruye la célula básica de toda comunidad. Hay cifras estremecedoras. El año pasado
Se registraron más de un millón de consumidores y se decomisaron 256 mil kilos de marihuana. En el consumo de cocaína se registraron 132 mil adictos y fueron decomisados casi 12 mil kilos.
Y eso que no estamos hablando del alcohol que, según todos los especialistas, en su abuso está la puerta de entrada a todo tipo de adicciones.
En el tema de la prevención el titular del Sedronar informó que se pasó de 35 a 200 casas de atención y acompañamiento comunitario en las zonas más vulnerables. Se están desarrollando los programas preventivos y educativos más grandes de la historia.
Está claro que se hizo mucho pero que todavía falta mucho.
Repito: se hizo mucho, pero todavía falta mucho. Esta columna es un grito para despertar a la sociedad, para que nadie mire para otro lado y para que cada uno desde su trinchera sea parte de este compromiso social.
El consumo, la producción, la exportación y el lavado de dinero proveniente del narcotráfico son los cuatro eslabones que integran esa cadena criminal nefasta. Todo el país está atravesado por semejante drama y es una de las malditas herencias que les debemos a 12 años de kirchnerismo. Nos dejaron altísimos índices de pobreza inflación negada, una corrupción colosal y el odio que alimentó la fractura social expuesta. Pero seguramente la peor de las asignaturas pendientes que dejó Cristina tiene que ver con los estupefacientes.
La gran mayoría de los argentinos todavía no generó el suficiente escándalo moral que nos haga levantar la voz y exigir que todos los involucrados trabajen duro y en forma mancomunada para terminar con estos dueños del veneno que mata a nuestros hermanos y que se llenan los bolsillos con dinero sucio.
La droga es el principal enemigo del pueblo.
Hay que cortar por lo sano y darle duro al circuito financiero. La ruta del dinero de la droga que enriquece a estos criminales que trafican con el dolor de nuestras familias.
El narcotráfico es una red multinacional con gerentes y CEOs, que saben tanto de complicidades políticas como de comunicación, de maquillar la realidad con teorías novedosas surgidas en universidades prestigiosas, de hacer lobby y buscar leyes favorables a sus negocios. Esto describe la magnitud de la guerra que nos han declarado. Aparecen cotidianamente en hospitales y salitas humildes, en pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal.
Esto sucede incluso en los pueblos más chiquitos, en los que para poder ver a un psicólogo o especialista en salud mental hay que viajar 100 o 200 km. La situación es desesperante.
Hay que rechazar los enfoques represivos hacia las víctimas que consumen y explicar que si a nuestros jóvenes no les ofrecemos oportunidades reales para crecer, para descubrir el sentido de la vida, políticas públicas de prevención y un sistema de salud adecuado, van a ser estructuralmente vulnerables”. Como puede verse, el drama es completo, multicausal y muy dinámico. En los sectores medios y altos, y en las fiestas electrónicas las drogas sintéticas o de diseño van cambiando su estructura para que sea cada vez más difícil detectarlas.
Y está claro que la prevención siempre es el camino más barato y efectivo. Porque el narcomenudeo llegó a todas las latitudes. Porque la cultura que se instaló muestra al vendedor de droga como alguien exitoso que se llena de plata y que tiene las mejores motos y zapatillas frente a la miseria que lo rodea. Es un liderazgo absolutamente tóxico. Un patrón del mal que produce una verdadera implosión social allí donde se instala: los robos y los asesinatos se multiplican en forma proporcional a la cantidad de droga que se consume y trafica. Y a las instituciones que han sido perforadas y prostituidas por la corrupción.
El anterior gobierno tenía una actitud cómplice y negadora. No solo por los millones de dólares que embolsaron con el contrabando de efedrina y por el triple crimen. También porque personajes fuertes del gobierno como Aníbal Fernández miraban para otro lado y subestimaban el problema. Minimizaban el drama diciendo que éramos un país de tránsito. Si de tránsito… hacia el precipicio. Hay que revisar a fondo los aportes que recibieron en la campaña electoral de la mafia de las droguerías y sumar dos más dos. Es en defensa de nuestros hijos y de nuestras familias, es en defensa propia.
Este debe ser nuestro objetivo colectivo que salte por encima de la grieta. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.
No hay otra solución que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros.

Cristina peor que antes – 25 de junio 2019

Recién salió a la cancha y ya se pudo ver, con toda claridad, que Cristina es la misma de siempre. No tiene un solo gramo de arrepentimiento y ni una línea de autocrítica. Todo lo contrario, a la hora de actuar Cristina, demostró que está recargada, que es más de lo mismo y que mantiene intactos sus niveles de autoritarismo y sus veleidades de reina. La única novedad en su mecanismo monárquico para la toma de decisiones fue que tuvo como asistente a Máximo, el príncipe heredero y que Alberto Fernández fue más títere que nunca. Con la misma o más arbitrariedad de siempre, la dama de hierro repartió premios y castigos en las listas de candidatos y no atendió las razones de los intendentes ni de los gobernadores.
Uno de sus lemas es: “se hace lo que yo digo. Y me importa un bledo lo que piensen los demás”. Por eso alguna vez califiqué a su gobierno como un Cristinato.
Quedó claro para los ingenuos que se comieron el amague, que Cristina no cambió en nada. Que no está más dialoguista ni más prudente ni más abierta. Todo lo contrario. Pasó un tiempo en silencio y con el bajo perfil intentó alimentar la fantasía de su moderación. Y en parte lo consiguió. Fue creciendo en intención de votos en las encuestas ayudado por la crisis económica que el gobierno de Mauricio Macri no pudo o no supo domesticar.
La designación de Alberto Fernández como candidato a presidente, fue otra de las tácticas insólitas utilizadas para instalar una mentira. Nos quisieron hacer creer que ella se había dado un baño de humildad, que se bajaba del primer peldaño del poder producto de su generosidad y grandeza. El objetivo fue instalar que sus medidas salvajes e irracionales cargadas de venganza iban a quedar diluidas en una presunta racionalidad de Alberto que tampoco es cierta. Siempre Alberto fue un ejecutor frío y calculador de las órdenes de Néstor primero y de Cristina después. Nunca le tembló el pulso para hacer echar de radio nacional a Pepe Eliaschev o para apretar a los dueños de los medios o para tirar presuntos traidores por la ventana.
Los votos y el poder son de Cristina. Está claro que Jorge Lanata acertó al caracterizar a Alberto como una marioneta en la novela humorística de su programa. Este domingo fue más a fondo en su ironía y lo puso al nivel de Pinocho, Chirolita o el Topo Gigio.
Ni Cristina ni Máximo le dejaron mojar el pancito a Alberto en ninguno de los platos. Todas las decisiones las tomó ella y a lo sumo le preguntó a su almohada o a Máximo. La primera fue la más importante: ungir a Alberto como candidato de presidente vacío de contenido. Cristina hizo justo lo que Alberto no quería: el poder está y estará en Uruguay y Juncal. No importa quien figure en el primer lugar de la boleta.
Cristina es la reina Cristina. Es la reina del engaño. Cuando logró la reelección lo hizo prometiendo un giro hacia una mayor institucionalidad republicana, mencionó a Alemania como espejo y nos llevó derechito y a paso redoblado hacia la Venezuela chavista.
Ella aprendió de Néstor el método de la humillación como forma de conducción. Esto de que te tengan más miedo que respecto o admiración.
Parece que disfrutara al someter a una persona. Que gozara al hacerla arrodillar a sus pies y verla pedir clemencia.
La segunda gran decisión, también la tomó así. Con sangre fría ignoró toda la sanata negociadora de Alberto con los intendentes que soñaban con tener un candidato propio o que por lo menos haya nacido en Buenos Aires. Cristina pateó ese tablero donde los intendentes podrían tener algún grado de injerencia y designó a Axel Kicillof y Verónica Magario. Pero insisto con el tema humillación. ¿Quién anunció la fórmula? Lo obligaron a que fuera Martín Insaurralde, el candidato de sus pares. El que los intendentes hubieran elegido. El jefe de Lomas de Zamora tuvo que agachar la cabeza y decir por las redes sociales que estaba feliz de que lo hayan ninguneado. Ese es el sello del método Kirchner. Una cosa es conducir con autoridad o con disciplina partidaria o con verticalismo justicialista y otra muy distinta es someter a la esclavitud a sus súbditos. Martin Insaurralde enmudeció desde aquel momento. Perdió la voz y autoridad ante sus compañeros de militancia y nadie salió a defenderlo. Hecho consumado: Si Cristina dice Kicillof, es Kicillof. Y no es que los intendentes sean sadomasoquistas o tengan algo personal contra el economista formado en el marxismo (como dijo Pichetto). Solo que les hubiera gustado como candidato a alguien que conociera la provincia, que la llevara en la sangre desde chico y cuyo bagaje cultural estuviera un poco más ligado a las historia del peronismo bonaerense.
Hecho consumado, señores. Democracia y diálogo las pelotas. Manu militari y castigo al que se insubordine. Lo hizo Néstor y lo hizo Cristina cuando fueron presidentes. Con periodistas, ministros, intendentes y gobernadores. Los quería a todos en fila y aplaudiendo. Debían rendirle pleitesía y decirle todo que “si”. El que se animaba a cuestionar alguna idea o decisión era arrojado sin contemplaciones a la Siberia de los recursos. No le mandaban un peso. Los hacían juntar orina a los gobernadores para rogar por los fondos coparticipables que le correspondían a sus provincias. Cristina los hacía parir para tenerlos en un puño. Y ellos accedían. Aplaudían todo en el salón blanco y le chupaban las medias ante los medios. Puteaban por lo bajo pero casi nadie se resistía. Hubo excepciones, por supuesto: Juan Schiaretti o Juan Manuel Urtubey, por ejemplo. Y los cordobeses tuvieron que pagar con el cierre del grifo de los fondos el atrevimiento de los gobernadores. Otros dos jefes de gabinete se hartaron en un momento de tanto prepo y gritos: fueron Alberto Fernández y Sergio Massa. Ambos se fueron y fueron durísimos contra Cristina.
Alberto los combatió en los medios y Sergio en las urnas.
Ambos se habían cansado de los caprichos y locuras de Cristina. Pero descansaron y volvieron. Alberto convertido en un chico de los mandados carente de todo poder y Sergio, vaciado de su capacidad de liderazgo y convocatoria al punto de haber perdido hasta la posibilidad de gobernar su cuna política: Tigre. El meme que anduvo en las redes fue demoledor. A Massa le dicen circo viejo: porque hasta se quedó sin tigre.
Ni los intendentes, ni los gobernadores pudieron colar gente de su confianza o dirigentes representativos de su problemática en las listas de candidatos. La lapicera de Cristina fue lapidaria pero hizo lo de siempre. Nadie puede sorprenderse. Puso a los más fanáticos de La Cámpora y respetó algún que otro acuerdo, pero no todos. En muy pocos distritos se armó despelote. La mayoría de los jefes distritales vió como Cristina le mandaba las listas cerradas de los candidatos y a llorar a la iglesia. Dicen que Alberto Fernández no les atendía el teléfono. Es que no podía contestar si no sabía que contestar.
Máximo, el Cuervo Larroque, Wado de Pedro y casi todo el estado mayor de La Cámpora tienen puesto asegurado en el Congreso de la Nación. Mariano Recalde Senador. Y así con todas las provincias del país. La lealtad absoluta, la obsecuencia extrema fue privilegiada frente a la representatividad en los municipios o en las gobernaciones. Viejos dirigentes perdedores seriales como Daniel Filmus fueron jubilados y otros que también volvieron después de criticar a Cristina y hasta bajaron su candidatura como Felipe Solá quedaron a la intemperie. Es otra característica de Cristina: la mezquindad política y la ingratitud. A Daniel Scioli al que ungió candidato a presidente hace 4 años, ni le atendió el teléfono.
Ahí está su fiel gerente de coimas y retornos, don Julio de Vido, preso, como primer candidato a diputado en la lista de Santiago Cúneo, un nazi hecho y derecho, profundamente antisemita y maltratador de mujeres en la televisión.
Cristina no le mandó ni cigarrillos a De Vido.
Este regreso sin gloria de Cristina tiene dos componentes muy peligrosos. La violencia, por un lado y la destrucción de la justicia, uno de los pilares de la República. Ese sería el modelo chavista adaptado a nuestra idiosincrasia. Ya vimos el tiroteo que desató en Chubut la pelea entre un camporista impuesto por Cristina como candidato y un hombre de Hugo Moyano, también impuesto como candidato. Hubo heridos con armas de fuego en una caricatura trágica de lo que fue el combate a muerte entre Montoneros y la Triple A en los 70, los choques brutales que se producen cuando el poder real está en un lado y el institucional en otro y esa señal terrible de que robar es gratis y en consecuencia hay que liberar como si fueran héroes a todos los que robaron en la década ganada por ellos.
Puede ser horroroso que repitamos lo peor de la historia que tuvo ríos de sangre, falta de sudor y abundancia de lágrimas. Cristina no cambió. Todo lo contrario. Es la misma que se negó a entregarle los atributos de mando a un presidente democrático porque consideraba ese hecho como una rendición. Cristina no cambió. Se disfrazó de corderito patagónico pero sigue siendo el lobo feroz de las instituciones. Quien quiera oír que oiga.

Santa Cristina y San Felice – 24 de junio 2019

Cristina tiene un mayordomo, casi un felpudo apellidado Parrilli. Sin embargo ella lo llama “Pelotudo”, por teléfono en forma reiterada. Este individuo hoy, por orden de la patrona, trató nuevamente de “burra” y de “no saber ni sumar” a Margarita Stolbizer. La reacción agresiva fue porque la líder del GEN volvió a producirle un gran dolor de cabeza a Cristina, la senadora por la minoría de Buenos Aires. Las nuevas denuncias de Margarita Stolbizer y su abogada, confirman que los niveles de corrupción y enriquecimiento de Cristina son infinitos. Y que la asociación ilícita destinada a saquear al estado tuvo la jefatura primero de Néstor y luego de Cristina. Este aporte documental también confirma que Osvaldo José Sanfelice (a) Bochi, el socio de Máximo Kirchner en la inmobiliaria es una especie de segundo Lázaro Báez, un testaferro coordinador de un cartel de testaferros.
Cristina no es una santa y el Bochi, pese a su apellido, tampoco es el patrono de la felicidad.
En la nueva presentación se revela el rol de Cristina como “socia oculta” de una empresa de digitalización de documentos que tiene 100 empleados y que facturó el año pasado más de 380 millones de pesos. La compañía llamada Lakaut fue creada poco tiempo después de que Ricardo Echegaray, cuando no, al frente de la AFIP creara la necesidad y la obligación de digitalizar y certificar documentos físicos para poder archivar. Simultáneamente facilitaron la creación de esta empresa que, con información calificada, llegó a ser casi monopólica.
Otra de las cuestiones que la presentación ante los tribunales demuestra es que Sanfelice se cansó de comprar propiedades, terrenos, el hotel Waldorf y siempre pagó en efectivo, con dinero físico, como dice Fariña. En el 2008 la cuestión de las compras se aceleró. Fue aluvional y casi compulsiva. Es que las denuncias de los periodistas independientes y de los políticos honestos eran balas que picaban cerca. Tuvieron que desprenderse rápidamente de esas montañas de dólares sucios. Era dinero que quemaba las manos.
Esto produce dos preguntas: ¿De dónde sacó esa plata Sanfelice? No tiene ingresos que justifiquen ni el uno por ciento de lo que adquirió. Las denunciantes que tienen una ONG por la transparencia llamada “Bajo la lupa”, creen que esa catarata de billetes salían de los cientos de bolsos y valijas que Daniel Muñoz recibía ilegalmente en el departamento de Cristina, en Uruguay y Juncal o en la quinta de Olivos y que escondían en Río Gallegos, en la casa de Marta Ostoic, la madre de Néstor Kirchner.
Si tiran de esa cuerda puede aparecer una parte importante de todo el dinero robado por la familia presidencial. Otra parte, está en las casas que compró Daniel Muñoz en Argentina y en Estados Unidos y gran parte en las más de 1.300 propiedades y los 1.100 vehículos de Lázaro Báez.
Esta es una respuesta con datos, cifras, documentos probatorios a la pregunta, ¿Dónde está la plata que se robaron?
Sanfelice también compró una chacra lujosa con helipuerto y amarradero para embarcaciones en Puerto Panal, en el partido de Zárate. Allí también compraron Julio de Vido, Fabián de Sousa y Máximo Kirchner. Amigos son los amigos. En sus mansiones, los muchachos hicieron reformas sofisticadas y berlusconianas. De Vido puso pajareras con humidificadores y sensores de temperatura y Fabián hizo un extraño trabajo en madera como si fuera una marina privada por pedido de su esposa. No se privaban de nada los muchachos. Es fácil vivir como reyes con el dinero del pueblo argentino.
Con el comienzo de la investigación la justicia va a poder atrapar a Sanfelice que hizo operaciones multimillonarias y dejó todos los dedos pegaos porque nunca tuvo ingresos de esa magnitud. Hay que decir que igual que los Kirchner, y los Báez, el Bochi también involucro en estos negociados turbios a su familia. Marta Leiva, su esposa aparece como empleada Lakaut y su hija, María Martha también recibió donaciones inexplicables y adquirió inmuebles casi sin tener ingresos declarados.
La plata fluía de una suerte de dinero ducto que iba de la Capital hasta Rio Gallegos y de ahí a distintos lugares del mundo. Por eso los delitos probables son los de asociación ilícita, enriquecimiento colosal, lavado de dinero y malversación de fondos públicos.
Sanfelice tenía amplios poderes firmados por Néstor para comprar, vender, administrar y disponer de sus bienes. Era casi de la familia.
El riguroso trabajo de Stolbizer y Silvina Martínez fue volcado en un libro llamado “Ella miente, Cristina y los dos mil millones de dólares” que fue presentado anoche en el programa de Luis Majul.
Una parte del texto define a San Felice como “un perro fiel” de la familia Kirchner y aunque su imagen no es muy conocida en los grandes medios, en Santa Cruz, todo el mundo sabe que Sanfelice es sinónimo de negocios sucios de Kirchner. Por eso le piden al juez Daniel Rafecas la inmediata indagatoria del jefe del cartel de los testaferros. Es un entramado monumental de prestanombres que intentan ocultar lo inocultable. Es que la cantidad de pruebas son abrumadoras. Los personajes de las distintas sociedades casi inactivas son los mismos que se entrecruzan, los domicilios en varios casos son idénticos, hay préstamos de montos muy elevados que nunca se pagan y que casi no tienen intereses. Más que prestamos parecen regalos. O retornos.
Son varios los negociados y las estafas.
Pero en muchas aparece Ricardo Echegaray como el primer motor de todo.
Fue el creador del “régimen de resguardo de documentación aduanera” y es la AFIP bajo su mando la que otorga la única habilitación para realizar ese trabajo a Lakaut. La empresa hoy es importante y exitosa y cuenta con 30 mil clientes. Una de las sedes es la calle Lima 35 piso 12, el mismo domicilio legal que tuvo Hotesur, que regenteaba el hotel más grande de los Kirchner, el Alto Calafate. Otra: uno de los vehículos de Lakaut tiene una cédula verde a nombre de Osvaldo Sanfelice. Otra: Marta Leiva, la esposa del Bochi fue empleada de esa firma. Y hasta el famoso hotel Waldorf es de la familia Kirchner. El contador arrepentido de los K, Víctor Manzanares confesó que Néstor le pidió varias veces que fuera a controlar que el Bochi no le robara en el hotel Waldorf. Su declaración está disponible para quien quiera oir.
Y como si esto fuera poco, ayer pudo verse en imágenes que la bóveda que existía en lo de Lázaro y que luego por arte de mafia fue transformada en una vinoteca y la bóveda de la inmobiliaria de Sanfelice y Máximo, fueron construidas por el mismo herrero y con el mismo diseño.
Mientras tanto, Cristina hace lo que se le canta. Hoy no fue a la audiencia del juicio oral y público en donde es juzgada como la jefa de la asociación ilícta destinada a darle a Lázaro Baéz obras de vialidad que luego mediante un sobre precio fenomenal se transformaban en coimas y luego en dinero lavado.
La excusa que puso la ex presidente es una reunión con Sergio Uribarri, el ex gobernador de Entre Ríos, un encuentro que se podría haber hecho a cualquier hora y en cualquier lugar. ¿Y la justicia? Bien, gracias.
Los privilegios son también para su hija Florencia. Los peritos del Cuerpo Médico Forense han escrito en sus informes, con toda claridad que los problemas de salud que los médicos cubanos describen, tienen contradicciones y no pueden acreditar lo que plantean. Y que aun así, Florencia está en condiciones de viajar en avión y si sus dolencias fueran ciertas, todas se pueden tratar con excelencia en la Argentina. Pero en la Argentina hay algunos que tienen coronita. Sobre todo los reyes de la corrupción y su jefa, la reina Cristina. Cristina seguramente no es una santa pero a cada santo le debe una vela. Sobre todo a San felice.