Crónicas de guerra. Jubilados y Conurbano, lo mas grave – 3 de abril 2020

Parte diario: 1.265 contagiados. 39 muertos. 266 recuperados.
Este 3 de abril del 2020 será recordado en la historia reciente como un día trágico. Ha ocurrido algo gravísimo. Y nadie puede mirar para otro lado. Hay que reparar cuanto antes el daño y castigar la torpeza e insensibilidad de los funcionarios responsables.
Las escenas frente los bancos, fueron una película de terror protagonizada por los mayores grupos de riesgo que quedaron desnudos y expuestos ante un virus criminal. Los de mayor edad y los de mayores carencias, fueron enviados poco menos que al matadero. El presunto gobierno de los científicos no pudo organizar un simple pago de haberes. Hubo situaciones límites, desgarradoras. Viejitos con bastones que se desmayaron, abuelas que pasaron más de 8 horas en la calle, el frío y el desamparo. Todos amontonados. Un caos absoluto.
Eugenio Semino, el defensor de la Tercera Edad fue demoledor cuando dijo que “los funcionarios que decidieron esto han violado la norma básica del aislamiento que decretó el estado. Lo que les pase a los adultos mayores por estar haciendo esa cola, será responsabilidad de ellos”. Y luego no tuvo pelos en la lengua para pedir la cabeza de los que se tienen que hacer cargo: “es inexorable que el presidente de la Nación pida la renuncia del Secretario de Seguridad Social, Luis Bulit Goñi y del director del Anses, Alejandro Vanoli”. Yo me permito agregarle al director del Banco Central, Miguel Pesce y que la CGT le pida a Sergio Palazzo, el titular del gremio bancario, que dé un paso al costado.
Patricia Bullrich le pidió a Alberto Fernández que “pare esta locura” y envíe a los jubilados a sus casas. Que se dividan los días de pago por turnos y separados los adultos mayores de los que cobran los planes sociales.
Mario Negri planteó que “ocurrió todo lo que no debe ocurrir en cuarentena” y exigió que “no perdamos en horas todo lo que avanzamos en 15 días”.
Pero al drama no fue solamente lo que pasó frente a los bancos. Hay un Conurbano en ebullición y en terapia intensiva.
Comprendo que hay que tener cuidado en hablar demasiado de la posible explosión del Conurbano y lo respeto.
Pero eso no implica que dejemos de informar o que no sigamos con una lupa todo lo que pasa en esa tierra arrasada por años de gobiernos peronistas clientelistas que no supieron, no quisieron o no pudieron cambiar las condiciones de vida de esos argentinos que sufren tanto en la marginalidad.
Son millones de compatriotas que no se pueden quedar en la casa porque no tienen casa. Apenas una casilla de chapa. No se pueden lavar las manos porque no tienen agua corriente. Es la deuda interna que tiene la democracia en general pero el populismo en particular. Porque la provincia de Buenos Aires casi siempre fue gobernada por dirigentes del Partido Justicialista en cualquiera de sus variantes ideológicas. Hay solamente dos excepciones. En 1983, cuando el huracán alfonsinista puso a Alejandro Armendáriz en la gobernación. Y en 2015, cuando el tsunami anti Cristina y anti Aníbal, llevó a ese cargo a María Eugenia Vidal. Y nada más. En 37 años, hubo 29 de administraciones justicialistas. Ellos son los responsables máximos de la calamidad cotidiana que sufre tanta gente durante tanto tiempo. Por ahí pasaron Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Felipe Solá y Daniel Scioli. Todos tienen su cuota parte de responsabilidad. Algunos más y otro menos. Pero la gobernación de Scioli fue la peor de la historia. Esa, sí, que dejó tierra arrasada.
Los intendentes están sumamente preocupados por lo que se puede venir. Algunos directamente están asustados. Temen desbordes sociales, saqueos y no poder controlar algunos niveles de violencia colectiva. Ojala no ocurra. Sería dramático para todos. Pero hay que ser honestos intelectualmente y no colocar los problemas debajo de la alfombra. Si ya ocurrió alguna vez, puede volver a ocurrir. Ese es el peor escenario. El que hay que evitar con asistencia directa y contención. No podemos permitir que otra vez descendamos a esos infiernos de la condición humana. Estallan todo los lazos solidarios y se potencia el sálvese quien pueda. Es un camino sin retorno.
Asistencia y contención. Estas son las dos palabras claves de la emergencia económica que la pandemia puso en la vidriera del país. Porque las carencias feroces siempre estuvieron. Pero el coronavirus las puso en primer plano. Es la bolsa o la vida, dicen los muchachos de Gregorio Laferrere, en el corazón de La Matanza. Hablan de la bolsa de 10 kilos de mercadería que se está repartiendo. Tiene fideos, polenta, lentejas, harina, aceite, salsa de tomate, leche, artículos de limpieza y un pack de agua mineral. Se reparten un millón y medio de bolsones por mes. Por eso hablan de la bolsa o la vida. Aquí la mejor vacuna es la comida.
Hay que contener para que no se multiplique la desesperación. La Matanza es claramente uno de los lugares más complicados. Insólitamente, Verónica Magario, la vice gobernadora cristinista, tenía un plazo fijo de diez mil millones de pesos mientras en su distrito faltan cloacas, asfalto, cañerías, luz, gas y sus vecinos sufren la ausencia de todo tipo de necesidades básicas. Ahora el intendente es Fernando Espinoza que ya estuvo antes. En La Matanza siempre gobernó el peronismo. Desde 1983 con Federico Russo, pasando por Héctor Cozzi, Francisco Di Leva, y Alberto Ballestrini.
Ahí hay calles, plazas, edificios, polideportivos, centros vecinales que se llaman Néstor Kirchner. A esta altura no se sabe si es un homenaje o una acusación de responsabilidad.
Es que en lugar de combatir la pobreza, multiplicaron la pobreza. No mejoraron la infraestructura en ningún aspecto y aprovecharon a punteros y piqueteros para utilizar a los pobres como carne de movilización y votos. Eso es imperdonable y algún día tendrán que rendir cuentas. Y la peor pandemia que sufren los honrados trabajadores y cuentapropistas, es la presencia tenebrosa y criminal de bandas de narcos.
Pero ahora es el momento de poner toda la energía en derrotar al virus, de que muera la menor cantidad de gente posible, de que no colapse el sistema de salud y de que la economía se mantenga vivita y coleando aunque esté en terapia intensiva, como todo el Conurbano.
Varios intendentes reclaman más dinero porque la recaudación se les cayó un 50%. Incluso hablaron en voz baja de cuasi monedas. ¿Se acuerda de los patacones? Encima, al principio el gobernador Kicillof obligó a los intendentes, muchos de ellos señores feudales que se hicieron millonarios en el cargo, a que compraran letras del tesoro provincial para poder financiarse. Ahora todos quieren vender esos bonos.
Sería una catástrofe que volvieran aquellos papeles pintados. Sería entrar en un pantano del que nos costaría mucho tiempo salir. No podemos volver al 2001 donde, incluso, tuvimos que apelar al trueque. Volvimos a la prehistoria. Y ese es el peligro. Y la violencia, por supuesto. Como el miedo no es zonzo ni tiene ideología, la intendenta de Quilmes, la camporista Mayra Mendoza reclamó con urgencia que fuera el Ejército a salvarle la situación de bronca creciente. Justo ella que tiene un tatuaje con la cara de Néstor en el hombro y que junto a sus compañeros se cansaron de ver un genocida en cada uniformado, tuvieron que rendirse ante la necesidad de que los camiones Unimog desembarcaran en su distrito. En el estadio de Quilmes los soldados, vestidos con cascos y trajes camuflados de combate reparten los platos calientes que salen de sus cocinas de campaña. El primer día fueron con armas. Era una imagen muy fuerte. Después dejaron sus fusiles y ametralladoras para evitar que cualquier provocación termine en tragedia de cementerio. Esos militares tan maltratados por los cristinistas hoy están también en La Matanza y en otros distritos. Entregan viandas, guisos de lentejas, para que cada uno se lleve a su casa y con su presencia disuaden la posibilidad de que cualquier loquito, en forma espontánea o inducida, pretenda apropiarse de lo ajeno. Pero ahora, cuando el Ejército aparece, los vecinos los aplauden como se hace con los médicos. Ellos también se juegan la vida para proteger nuestra vida.
Los temores son muy grandes. Mario Ishi, el intendente de José C. Paz les dijo a sus vecinos (sin información certera y tal vez como forma de asustarlos) que en ese distrito calculan entre 4 y 5 mil muertos. No creo que sea tan grave. Pero es lo que dijo Ishi.
Si a esto le sumamos que muchos municipios para ahorrar gastos han bajado la frecuencia con la que pasan los recolectores de basura, estamos ante una tormenta perfecta. Por eso los curas villeros pusieron el grito en el cielo para ver cómo se puede aislar y proteger a los adultos mayores. Ellos son el principal grupo de riesgo y los que más expuestos están. Me imagino como estarán esos curas ahora que vieron lo que pasó con los jubilados.
El Conurbano y la marginalidad son un país dentro del país. Hay 1.200 barrios populares que antes se llamaban villas miserias. Cuatrocientas mil familias viven en esas condiciones. Por eso ahora hablan de aislamiento comunitario: “Quedate en tu barrio”. Porque no se les puede pedir que se queden en su casa.
Ya murió la primera persona en La Matanza. Tenía 41 años y no había viajado a ningún lado ni había tenido contacto con gente que haya viajado. Es un caso autóctono como se decía antes o de circulación comunitaria como se dice ahora. Alerta roja en toda la Argentina y en todo el mundo. Pero hay que asistir y contener especialmente el Conurbano. Está en terapia intensiva. Y a los adultos mayores que fueron maltratados en forma salvaje.
Por eso no me canso de enviar este mensaje a toda la gente de buena voluntad que quiera habitar el suelo patrio: hay que quedarse en la casa para resistir. Así soportaremos los golpes y jamás nos rendiremos. Erguidos frente a todo. Resistiremos al virus, para seguir viviendo.

Crónicas de guerra. Malvinas y el más valiente – 2 de abril 2020

Parte diario: 1.133 Contagiados. 34 muertos. 256 recuperados.
En estas crónicas de guerra contra la pandemia hoy elijo hablar de una guerra de verdad. A modo de homenaje al coraje patriótico y a los caídos en Malvinas. No los hemos de olvidar.
El máximo héroe entre los soldados de la guerra de Malvinas se llama Oscar Ismael Poltronieri. Dolorosamente, pienso que los argentinos en general y los jóvenes en particular, conocen la formación de casi todos sus equipos de fútbol de memoria pero, a Poltro no lo conocen. Es una asignatura pendiente que tenemos todos. Es un insulto a lo mejor y lo más trágico de nuestra historia. El país que no conoce y por lo tanto, no reconoce a sus héroes tiene un agujero negro en su memoria y en su corazón colectivo.
Por eso no me canso de repetir una y otra vez la historia del soldado Oscar Ismael Poltronieri. Tiene en su pecho muchísimas medallas y la condecoración más importante que otorga la patria: “La Cruz al heroico valor en combate”. Nadie tiene tantas distinciones como Poltro, como lo conocían los compañeros, a los que les salvó la vida y les permitió escapar, mientras mantuvo durante nueve horas alejado a todo un batallón inglés él solito, con una ametralladora pesada. Solamente lo pienso, lo digo y lo escribo y se me estremece el cuerpo. Hice la colimba, soy artillero y paracaidista y sé lo que pesa una MAG: diez kilos. Eso cuanto está seca, recién lustrada y el que la porta está fresco y descansado.
Poltro saltaba de un pozo de zorro y de una piedra a la otra con su MAG como si fuera una escoba. En medio de la helada que fisura los huesos, absolutamente embarrado y hambriento, sin apoyo, con hambre y con lágrimas en los ojos. Es que su compañero de trinchera, el soldado Horisberger se había quedado para apoyarlo y abastecerlo de proyectiles y en un momento una bala maldita del enemigo le atravesó el casco y la cabeza. La sangre se mezcló con la tierra mezquina e irredenta de Malvinas. Estaban defendiendo el Monte Dos Hermanas para que su Regimiento pudiera llegar sano y salvo a destino.
Poltro miró a su querido compañero, apretó los dientes, se aferró al gatillo y al grito de “hijos de puta, lo mataron”, siguió disparando hasta que se quedó sin municiones. El soldado Horisberger no era cualquier compañero de colimba. Era el que le escribía las cartas a María Ester, la madre de Poltro que trabajaba limpiando casas ajenas y que tiene nueve hijos más. Es que Poltronieri, el soldado heroico no sabía ni sabe leer ni escribir.
Los ingleses no lo podían creer. Tiraban bombas desde los barcos, granadas con la infantería, las balas trazantes iluminaban la madrugada de terror, todo el mundo se escapaba del campo de batalla porque habían dado la orden de retirada pero un solo soldado, con coraje sin igual, estaba resistiendo a una de las tropas más entrenadas del mundo. Los tenía a raya. Disparaba una ráfaga y corría hacia otro hueco lleno de agua helada, sangre y orina y volvía a tirar. Los propios enemigos confesaron que pensaban que era un grupo grande de soldados comandos. Estaba solo Poltro y por eso recibió toda la admiración de las tropas inglesas también.
Se había quedado solo por su propia decisión. “Salga de acá mi Sargento, vaya con los soldados. Yo me quedo que no tengo hijos. Usted acaba de ser padre y su hijo lo va a necesitar”. Así convenció al Sargento Tito Echeverría. Es que Poltro no sabía ni sabe leer ni escribir pero conoce la verdad de la vida: la solidaridad, el compañerismo, el coraje, la sensibilidad. Poltro los mandó al carajo cuando sus superiores y sus compañeros intentaron convencerlo para que el también huyera:
– Hay que replegarse, Poltro, es una orden…
– Salgan de acá, yo los cubro. No se demoren más.
Había decidido dar la vida por la patria y por sus compañeros del regimiento de Mercedes. Había visto a muchos morir cruelmente. Uno de ellos vio volar su rodilla producto de un pedazo de explosivo que detonó a su lado. Le hicieron un torniquete entre varios pero igual murió desangrado. ¿Hay algo más terrible? Poltro jamás olvidará los gritos y los llantos de ese compañero. Por supuesto que pedía por su madre.
Sus compañeros adoraban a Poltro. No solo porque tenía los huevos del tamaño de la isla. También era el encargado de atrapar a las ovejas y carnearlas para que todos pudieran combatir el hambre, otro de los feroces enemigos. Poltro es hijo de un puestero que los abandonó. Pero en el campo de la estancia Santa Catalina aprendió de muy chico a ordeñar vacas, montar caballos y carnear corderos. Poltronieri no se pudo ni despedir de su madre cuando lo embarcaron hacia Malvinas como parte de la Tercera Sección de la Compañía B del RI 6 de Mercedes.
Cuando Poltro se quedó sin proyectiles, enterró la ametralladora como dice el manual, para que no la utilice el enemigo, y corrió con el último aliento que le quedaba. Se cayó diez veces. Y se levantó cien. Tuvo que esquivar la dinamita que no paraba de caer del cielo.
Cuando por fin llegó, extenuado, entró en una crisis de llanto. Vio lo que jamás hubiera querido ver. La bandera blanca de la rendición flameando sobre sus compañeros que habían sido tomados prisioneros. Nadie les había avisado. Tal vez no había como. Tenía una bronca imparable. El siguió combatiendo como tantos otros, cinco horas después de la rendición. Todos abrazaban a Poltronieri. Y le agradecían su arrojo. Gracias a su valentía incomparable habían podido sobrevivir.
Cuando llegaron de noche y en forma casi clandestina a Campo de Mayo, comenzó otra guerra para Poltro y todos los ex Combatientes. Los trataron como delincuentes. Los jerarcas militares los escondieron y les prohibieron contar lo que habían visto y lo que habían padecido. Y la mayoría de los civiles también les dio la espalda. Poltro tuvo que empezar de la nada a pelear por su vida en las ciudades y entre la miseria. Vendía estampitas y calcos en los trenes con su uniforme verde oliva. Algunos hijos de puta le gritaban: “Loco de la guerra, anda a venderle estampitas a Galtieri”. No es casual que 649 argentinos hayan perdido su vida durante la guerra y que una cantidad similar haya perdido la vida durante la paz, en el suicidio ante la locura que producen la mezcla del terror bélico y la indiferencia social.
Como Poltro estuvo 9 horas frenando a pura balacera a los ingleses, los burócratas de la guerra, lo dieron por muerto. Y le avisaron a su madre. Cuando el soldado más condecorado llegó al sanatorio donde su madre estaba internada con un ataque de nervios y de desgarro por el anuncio, no lo dejaron entrar. Fue como intentar parar a un elefante. “Es mi vieja, carajo. Está mal porque cree que me mataron y yo estoy vivo. Si no me dejan entrar, rompo todo”.
Aquel abrazo en terapia intensiva fue descomunal. Los cuerpos, las caras, las manos, las lágrimas, todo entrelazado entre la madre y el hijo. María Ester se recuperó. Vio a su hijo vivo y ella volvió a la vida.
Una vez fue el genio de Juan Carlos Mareco que le hizo una nota en la tele y le consiguió trabajo. A esa altura, Poltro ya tenía esposa y cuatro hijos que mantener. En un momento estuvo a punto de vender esas medallas que tanto orgullo le producían pero que no le habían servido para conseguir vivir con la dignidad de un oficio y un sueldo. Nadie quería ex combatientes.
Una noche de necesidades básicas insatisfechas, las imágenes de los fuegos estallando y las balas picando en el cuerpo de sus compañeros se transformaron en pesadilla. Sintió que estaba otra vez en aquel pozo helado y miserable tirando con su ametralladora. Pero los problemas seguían. Se puso una soga al cuello y cuando estaba a punto de ahorcarse, su hijo mayor le gritó y lo abrazó. Estuvo un largo tiempo tirado en el suelo, llorando de impotencia. ¿Cuál fue enemigo más invencible? A los ingleses les entraban las balas. A la mayoría de los argentinos, no.
Otro nota, pero en Clarín, hizo que el jefe de estado, Eduardo Duhalde lo recibiera. El presidente de Boca de entonces, Mauricio Macri lo invitó junto a su familia para que cumpliera su sueño: conocer la Bombonera. Fue uno de los días más felices de su vida, entre panchos, cocas y camisetas firmadas por los jugadores.
Hoy trabaja en Campo de Mayo, se filmó una película sobre su vida, una callecita y un monolito en una plaza de Mercedes llevan su nombre, la revista Gente lo llevó a Europa donde se encontró con otro ex combatiente inglés, que de viejo enemigo pasó a ser casi si hermano de la vida.
Alejandro Lerner logró hablar por todos nosotros cuando escribió: “La isla de la buena memoria”. Nos hizo comprender mejor que no hay guerra que se gane, que las guerras se pierden todas: “Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear; tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá./Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,/con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar”.
Lo último que Poltro hizo por sus viejos camaradas de Malvinas, lo hizo arrodillado ante la virgen y las cruces de las tumbas: le pidió que nadie olvide nunca más a los que quedaron en las Islas. Y a todas las madres de los soldaditos caídos en Malvinas, Poltronieri les dice Mami. Fue una promesa. Quiere que todas ellas lo consideren un hijo. El más condecorado. El más valiente. El héroe de Malvinas.

Crónicas de guerra. Peligro: Alberto endiosa a Moyano – 1 de abril 2020

Parte diario: 1.054 contagiados. 28 muertos. 248 recuperados.
Como periodista trato de tener una actitud responsable y prudente frente al combate contra la pandemia. Hay que acatar lo que las autoridades recomiendan, asesorados por los mejores científicos.
Pero eso no significa que los periodistas debamos callarnos ni mirar para otro lado cuando el Presidente comete alguna barbaridad o desmesura. Unificar nuestras acciones para derrotar al coronavirus, es lo que se debe hacer. Y lo estamos haciendo en esta radio y en este programa.
Pero Alberto, tal vez emborrachado de popularidad según dicen las encuestas, cree que puede hacer y decir cualquier cosa. Hace un par de horas acaba de cometer un error gigantesco. Y estoy seguro que más temprano que tarde, lo va a lamentar. En el acto político de traspaso del sanatorio de Hugo Moyano, el presidente de la Nación dijo, muy suelto de cuerpo que el líder camionero es “inmenso” y es “un dirigente gremial ejemplar”. Como si esto fuera poco, se dirigió a sus hijos y los instó a “no ceder” y a que sigan ese camino y que tomen la posta, cosa que Pablo sobre todo, ya hizo con toda contundencia. Alberto, no conforme con esos elogios insólitos dijo que a Moyano “los empresarios no lo quieren porque cuida a los suyos, a los trabajadores. Porque Hugo pide de todo, pero para los trabajadores y no para él”.
Fue muy temerario Alberto Fernández. Nadie se atrevió a elogiar tanto a Moyano que está entre las tres personas de mayor imagen negativa de la Argentina y es un oligarca sindical enriquecido que vive como un millonario. Es uno de los que mayor capacidad de daño tiene y lo ejerce cada vez que puede con actitudes y acciones patoteras y amenazantes. Alberto no puede indultar a Cristina porque ahora es su socia. Alberto no puede ahora levantarle un monumento a Moyano, solo porque cedió su sanatorio para que las camas sean utilizadas en la emergencia sanitaria.
Las pandemias producen muchos cambios culturales, pero no borran los expedientes judiciales ni convierten en inocentes a los que son culpables. Cristina es el ejemplo más claro. Pero Moyano le sigue de cerca. Si Moyano, como dice Alberto, es el dirigente sindical ejemplar en el que se tienen que mirar todos sus pares, este país no tiene salida. Hay tanto delegado de base, obrero y combativo pero honrado y democrático que colocar a Moyano en un altar es una metida de pata de la que se va a acordar toda su vida. Nadie obligó a Alberto a sobreactuar. Podría haber agradecido el gesto de Moyano y listo. Algo formal y sanseacabó. Pero Alberto está cebado con el apoyo que cree tener de la sociedad. No registra que parte de ese apoyo es al solo efecto de que lidere la batalla contra el virus y nada más. Es una falta de respeto utilizar esta situación para llevar agua para el molino de la política o para intentar blanquear a personas absolutamente anti democráticas y nada transparentes.
A la salida del sanatorio, Alberto se fue manejando su propio auto pero no hizo declaraciones. Moyano se acercó al periodista de TN y con una sonrisa irónica, después de mirar el logo del canal, dijo dos veces: “Saludos a Leuco, saludos a Leuco”. ¿Por qué lo hizo? Porque anoche en mi programa de la tele, el doctor Carlos Claa hizo un informe especial respecto de todas las irregularidades que hay en el sanatorio y sobre la causa que está en la justicia. Le cuento rápidamente. La obra social de camioneros compró ese edificio maravilloso en pleno Caballito, a pasos de Acoyte y José María Moreno. Lo compró muy barato en una quiebra. Pagó 10,5 millones de pesos a fines del 2009. Hasta ahí, todo correcto. Pero tres años después, el sindicato de Moyano le compra ese edificio a la obra social, también de Moyano, en 334 millones de pesos. Todo queda en familia porque la encargada de remodelarlo y ponerlo en valor fue, sin licitación previa, la empresa Aconra SA cuya propietaria es Liliana Zulet, la esposa de Hugo Moyano. Graciela Ocaña presentó una denuncia por la sospecha de un pase de manos, de un blanqueo o lavado de dinero porque ese mecanismo lo suelen utilizar para todas las compras del poderoso gremio. Cero licitación, cero transparencia y siempre lo realiza una empresa propiedad de la Liliana Zulet.
Qué casualidad tan casual.
El sanatorio nunca fue habilitado porque tiene que cumplir con reglas muy estrictas vinculadas a la actividad. Moyano fue imputado por esta causa que en principio llevó el doctor Claudio Bonadi. Cuando falleció, el expediente pasó al juzgado de Martinez di Giorgi. No sabemos si ahora va a dormir el sueño de los justos en los cajones de tribunales. Pero es muy probable. Esto fue lo que contamos anoche en TN. Parece que a Moyano no le gustó y por eso me envió ese saludo tan cariñoso que por supuesto le retribuyo: Saludos don Hugo.
Un cronista le preguntó porque no estaba habilitado el sanatorio y Moyano mintió: “No sé, pregúntenle al gobierno de la Ciudad”. ¿Cuál es la verdad? El sanatorio está habilitado desde el 18 de marzo en forma provisoria mientras dure la lucha contra la pandemia. Hay razones de fuerza mayor y 330 camas vienen muy bien para combatir semejante drama. Si habilitan hoteles comunes o clubes, ¿ Cómo no iban a autorizar que funcionara el sanatorio de Moyano?. Fue habilitado en carácter excepcional mientras dure la emergencia sanitaria. Una vez que termine este problema, el expediente volverá a su situación anterior. Esta resolución fue firmada por cuatro funcionarios de la Ciudad. El propio Moyano contó que la gestión inicial fue del propio gobernador Axel Kicillof que cuando vió el sanatorio dijo “Esto es como encontrar agua en el desierto”. Alberto también quedó maravillado con el nivel del Sanatorio. Dijo que no creía que hubiera muchos de semejante excelencia. Se ve que Alberto, sale poco. Pero, en fin, ese no es el problema. Alberto aprovechó para bajar línea cristinista en esa ocasión. Primero reveló que él había nacido en ese sanatorio cuando se llamaba Antártida y al final miró a Moyano y su familia y les dijo: “Prometí que íbamos a volver mejores y volvimos mejores. Volviste mejor, Hugo. Gracias”. Fue indignante. Mirar para otro lado frente a personajes nefastos está muy mal. Pero llenarlo de elogios y bendecirlos como paradigmas del sindicalismo que este país necesita es Too Much, diría Cristina.
Mientras una parte de la población pide austeridad y recortes a los sueldos y las prebendas de los funcionarios, Alberto aprovechó para retrucar ese planteo y dijo que el “problema de Argentina no son los políticos ni los sindicalistas. El problema son los que especulan”. En eso coincido. El problema no son los políticos ni los sindicalistas honrados. Uno de los graves problemas son los políticos y los sindicalistas millonarios, antidemocráticas que se enriquecieron robando el dinero del pueblo. No se Alberto conoce a alguien que haya cometido esos delitos de lesa indignidad.
Después quiso bajar línea cultural y social. Dijo que el éxito no es ganar plata. Porque el bichito del virus los hizo perder fortuna. “¿Para que les sirvió acumular tanta plata?”, se preguntó.
Acumular plata, dijo. No estoy seguro, pero creo que hablaba de los Kirchner. ¿De qué les sirvió a Néstor y Cristina robar montañas de dinero?, me pregunto yo.
Moyano como siempre, después se quiso victimizar diciendo que no pueden creer que sea bueno porque es “morocho, feucho y laburante”. Y eso no es cierto. Lo que produce rechazo es su autoritarismo que suele bloquear empresas para lograr sus objetivos, la prepotencia permanente y el hecho de que viva como un magnate y no como un laburante. El día que este país obligue a los dirigentes sindicales a presentar su declaración jurada de bienes, tal vez esto cambien alguna vez.
Hace poco, Moyano dijo que “los periodistas la van a pagar. Que han hecho mucho daño y que la tienen que pagar. No puede ser gratis lo que dijeron o lo que le mandaron a decir.”
Lo que no aclaró Moyano es quien los va a juzgar y quienes son los periodistas que tienen que pagar. Por cuales notas van a tener que pagar ni cuál va a ser el castigo que les vá a imponer. Porque se supone que el será el juez supremo y el determinará y ejecutará el castigo.
La justicia y la democracia ya le dijeron claramente que sus deseos y denuncias son una atentado a la libertad de prensa y un intento de censurar al periodismo independiente. La Cámara Federal rechazó el pedido de Moyano de investigar las fuentes de varios periodistas, entre los cuales estaba quien les habla.
Moyano no puede confesarlo, pero lo único que busca es impunidad para poder cerrar todas las causas sobre corrupción que están abiertas por su comportamiento y el de su hijo Pablo tanto en el gremio como en el club Independiente. Hay muchas pruebas y en varios casos fueron descubiertas por el trabajo riguroso y valiente de muchos periodistas.
Pero para Alberto Fernández a partir de ayer, Hugo Moyano es un “inmenso y ejemplar dirigente sindical”. Que Dios y la patria se lo demanden.