Necesitamos un presidente como Favaloro – 29 de julio 2021

Es mi humilde utopía. Es lo que sueño
para nuestra bendita Argentina. Que alguna vez, podamos tener un Presidente con los valores y las convicciones del doctor René Favaloro.
Honradez contra la corrupción, sensibilidad solidaria con los más humildes, excelencia profesional reconocida mundialmente, amor por el padre de la patria, don José de San Martín y una capacidad monumental para trabajar con los más capaces y los mejores equipos. Es casi la contracara de lo que estamos padeciendo ahora con Alberto Fernández. El día y la noche. Necesitamos un presidente como Favaloro que es el emblema del mérito. Un médico gigante para curar tantas enfermedades que tiene este país. Al gran pueblo argentino, salud, como dice el himno.
Siempre lo tengo presente a Favaloro como el mejor espejo en donde mirarse. Y más un día como hoy, porque se cumplen 21 años de aquél alarido de dolor y de luto de todos los argentinos. Eran las dos y media de la tarde y el doctor René Favaloro, frente al espejo del baño, apoyó la pistola y se pegó un tiro en el corazón.
Ojalá pudiéramos retroceder en el tiempo y darle un abrazo gigantesco. Atraparlo para que no se vaya. Ponernos a su lado y ayudarlo a luchar contra esa corrupción que le envenenó la sangre. Su carta debería leerse como un rezo laico. A pocos minutos de matarse, escribió que “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento, como decía don Ata. No puedo cambiar”.
Se refiere a que todo su templo de excelencia científica y ética se estaba derrumbando porque se negaba a dar retornos y recibir coimas. Dijo siempre que no. Y es una palabra de dos letras capaz de producir revoluciones morales: No. No me corrompo. No banco corruptos. No me asocio con corruptos. No defiendo corruptos. No voto corruptos. No justifico corruptos. Ojalá que ese No gigantesco que Favaloro pronunció antes de morir, viva eterno en el corazón de su pueblo.
Le pido que escuche lo que Favaloro escribió en su última carta sobre los sindicalistas: “Esa manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales”. ¿Se da cuenta? Favaloro lo denunció hace 21 años. Y no cambió absolutamente nada. Toda esa basura sigue igual.
El doctor René Gerónimo Favaloro fue uno de los argentinos más grandes de todos los tiempos. Hoy está en el cielo de lo mejor de la argentinidad. La técnica del bypass, su obra cumbre, está considerada como uno de las 400 más extraordinarias creaciones que cambiaron la historia. Casi no hay ejemplos similares en América Latina.
Hoy que estamos embarrados por la mega corrupción y el autoritarismo que volvió a la Argentina, la figura de Favaloro y su leyenda nos mete aire puro en los pulmones y multiplica la esperanza de que podamos lograr de una vez por todas, un país a su imagen y semejanza, un país más justo para todos, sin ladrones ni golpistas. En televisión, hizo un diagnóstico del comienzo de la inflación y la ubicó en el primer gobierno peronista.
Favaloro es un padre nuestro que está en los cielos. Yo no dejo pasar oportunidad para iluminar su figura monumental. Porque hoy lo necesitamos más que nunca.
Al doctor de los doctores le gustaba decir que “el nosotros siempre estuvo por encima del yo”. Fraternal hasta el dolor, como quería la Madre Teresa. Ante tanta vergüenza ajena por tanto latrocinio de estado y cleptocracia, recordar su emblema nos sirve como el mejor de los horizontes.
Escuchar su mensaje y su legado nos hace olvidar un poco de uno de los momentos más tristes de nuestra bendita Argentina que fue aquél día en que el doctor Rene Favaloro decidió abandonar este mundo. Justo el que salvó miles y miles de vidas. Justo él, que derrotó miles y miles de muertes, justo él. Solo, abatido, cansado de luchar contra la burocracia, los estafadores y la mediocridad, uno de los argentinos más venerados nos pegó un cachetazo brutal para despertar nuestra conciencia ciudadana. Justo él que vino a ofrecer su corazón generoso como ejemplo a toda la sociedad.
Por eso todavía duele tanto su partida. Por eso su memoria nos interpela. Porque era un científico admirado por las elites intelectuales pero había sido parido entre los hombres más sencillos de La Pampa.
Su etapa de médico rural en Jacinto Arauz lo marcó para siempre. Le fortaleció las raíces y modeló su identidad. Salió en tren de la estación Constitución rumbo a Bahía Blanca. Llevaba un saco de lana tejido y reciclado por su madre. Doce años de su vida los dedicó a enriquecerse humanamente en el campo, ayudando a los que menos tienen, poniendo el cuerpo y las neuronas donde había más necesidades. Se hizo hombre del pueblo en la profundidad de nuestra patria.
Fue de una austeridad y una generosidad inmensa.
Siempre decía que los datos de la mortalidad infantil y la concentración de la riqueza eran claves para medir a un modelo injusto que él llamaba Neofeudalismo. Fue un adelantado. Como si hubiera presentido lo que nos pasó en los años de la era del hielo K. Jamás hizo nada ni por dinero ni por poder. Sus valores eran otros. Era de otra galaxia.
Hoy lo extrañamos como nunca. Necesitamos de su molde. Para que nazcan argentinos de esa madera y con ese corazón. Militantes de la cultura del esfuerzo y la excelencia. Plantados sobre nuestra tierra. Con la ética, el mérito y la honradez como bandera.
Nosotros tenemos la obligación moral de recordarlo todos los días. Tal vez nos ayude a salir de este túnel de angustia que no producen todas las pandemias: la del coronavirus, la de la economía y la de la impunidad para los corruptos que el tanto despreciaba.
Favaloro nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre: San Favaloro de la Medicina Social, la ética y la Excelencia.
Hoy lo necesitamos más que nunca para demostrar que no todo es corrupción, trepadores del poder, autoritarios y soberbios. Que la patria no se devora a sus mejores hijos. Que se puede ser argentino de otra manera. Como Rene Favaloro, que en paz descanse.

Alberto mete adentro las pelotas que van afuera – 28 de julio 2021

El año pasado le dije que Alberto era un
arquero que no atajaba una. Hoy redoblo la apuesta y le digo algo peor. El presidente mete adentro las pelotas que van afuera. Desde chico y ahora en los picados de la quinta de Olivos, Alberto Fernández juega de arquero. Se sabe que es un puesto muy ingrato. Es el único jugador que por cada error que comete, el rival mete un gol. El legendario Hugo Gatti supo decir que “en el puesto de los bobos, yo soy el más vivo”. Alberto es el arquero del gobierno y tiene la valla más batida. No ataja una.
Todos los días comete errores no forzados. Le hacen goles entre las piernas. Y muchas que se van afuera, Alberto Fernández las mete adentro. ¿Qué le pasa? ¿Esta fuera de estado? Encima muchos de sus jugadores le patean en contra?
Más allá de la ideología, el presidente ha demostrado que sus capacidades de conductor y administrador, dejan mucho que desear. Su mala praxis, la improvisación y las torpezas se están convirtiendo en una política de estado. Encima sus defensores del gabinete, también son bastantes burros y no lo cuidan. Cada vez que llueve un centro sobre el área, Alberto sale a destiempo y queda pagando. O se queda clavado bajo los tres palos y la tiene que ir a buscar adentro. No toma buenas decisiones y en muchos casos amaga a salir y se queda. Duda. No transmite confianza. Pone nervioso y desconcierta a todo el equipo que mira siempre al banco para pedirle instrucciones a Cristina que es la directora técnica del equipo. Y la presidenta vitalicia del club.
El ejemplo más trágico es el manejo de la pandemia y las vacunas. Casi 105 mil muertos, es el dato del horror y del luto colectivo. Su ex ministro Ginés y el mismo se cansaron de decir mentiras y de cometer errores. Todo el mundo lo recuerda. Es imposible olvidar. Y mucho menos perdonar. Pero recién ahora, en las puertas del abismo sanitario, reconocen lo que el sentido común les gritaba. Que Pfizer era la vacuna que deberíamos haber tenido desde el principio y que no nos iban a pedir el Glaciar Perito Moreno, como dijo Jorge Rachid, un impresentable que es asesor de Axel Kicillof.
Hasta Ignacio Copani, un obsecuente con guitarra, escribió una canción ofensiva porque según él “los gorilas” querían la Pfizer. Capricho ideológico.
Orden de Cristina. Sumisión a los rusos y a Putin. Tuvieron que meter marcha atrás a 200 kilómetros por hora y anunciar un acuerdo con Pfizer después de que acusaron a la oposición sensata y a los periodistas independientes, de ser visitadores médicos de un laboratorio del imperialismo. Ridículos, es poco. Miles de muertes de compatriotas se hubieran evitado con un poco de sentido común y con menos fanatismo.
El peor tiro en los pies que se pegó el gobierno fue cuando Alberto dijo que “prefería tener 10% más de pobreza y no 100 mil muertos”. Gol en contra. Iba afuera ese tiro envenenado y Alberto la metió adentro del arco.
Porque si hablamos de pobreza y economía, han logrado una tormenta perfecta. Una hecatombe social y económica. Le doy apenas algunos datos duros.
3.200.000 nuevos pobres.
1.200.000 nuevos indigentes
700.000 nuevos desocupados
20.000 pequeñas empresas se fundieron
1.500.000 chicos abandonaron la escuela.
25 multinacionales huyeron.
50% de inflación.
Y a todas estas cifras que son la radiografía del peor gobierno de la historia democrática, no reflejan situaciones desesperantes que no se pueden explicar en números. Son implosiones silenciosas que suelen ocurrir en el ámbito privado.
Hablo de la ola de jóvenes que planifican irse a vivir a otro país, de los chicos angustiados porque tienen enfermedades de riesgo y no fueron vacunados, de la tristeza social que es la más profunda de la historia según el especialista Guillermo Oliveto, y de la inseguridad descontrolada con un gobierno y una justicia oficialista que privilegia a los delincuentes de adentro y a los dictadores de afuera y condena a las víctimas.
El debate sobre las pistolas Taser fue el ejemplo más claro de cómo la estupidez y la ideologitis pueden matar gente. Solo los presuntos progres del atraso discuten lo que en el mundo no se discute más. Siempre es mejor para todos que se pueda neutralizar a una persona con sacudón eléctrico que pegarle un balazo criminal. ¿Hay que seguir explicando estas cuestiones tan básicas?
Y no me quiero meter en la intimidad de nadie, pero el escándalo de la presencia inexplicable de señoritas en la quinta de Olivos está creciendo y la propia Cristina es la primera en despreciar lo que todos imaginan.
Y el otro disvalor cultural que estos muchachos han instalado es la impunidad para todos y todas. Para los barras bravas violentos del fútbol y para los ladrones de estado como Amado Boudou. Todos fingen ser inocentes y perseguidos porque tienen la camiseta de Cristina puesta. Ella es la que apuesta principalmente a lograr la impunidad y la venganza tan buscada. Y lo está logrando con jueces y fiscales adictos o cobardes. Boudou ya busca la nulidad de su causa, el diploma de ciudadano ilustre y volver a ser ministro de Economía. Solo necesita tiempo. Cristina ya hirió de muerte la causa por el pacto tenebroso firmado con los terroristas iraníes que volaron la AMIA. Pero hay mucho más. ¿Sabe que la causa Hotesur y Los Sauces hace dos años y medio que fue elevada a juicio oral y no pasa nada? Y la llamada “cuadernos de las coimas de Cristina” hace dos años que fue elevada a juicio oral y duerme en un cajón, casi un féretro de la justicia.
Alberto no es una víctima de Cristina. Es un cómplice que no sabe hacer bien ni el mal. Hasta en la burda opereta para vincular a Macri con el golpe en Bolivia, le salió el tiro por la culata. Cayó en su propia trampa.
Todavía falta lo peor. Ni siquiera terminó el primer tiempo y Alberto es un arquero que no ataja una. Solo le pedimos que no meta adentro las que van afuera. Porque de lo contrario, Argentina se va a poner de pie recién el día del arquero.

El pacto mafioso entre las barras bravas y el cristinismo – 27 de julio 2021

El matrimonio por conveniencia
entre los grupos mafiosos de las barras bravas y un sector del cristinismo, se mantiene absolutamente vigente. Lo denuncia el doctor Juan Manuel Lugones, ex titular de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte conocida como “A.Pre.Vi.De”. Los grupos más violentos y pesados de las hinchadas de fútbol son verdaderas organizaciones delictivas que el kirchnerismo utilizó y utiliza con frecuencia. Tienen una especie de alianza de ayuda mutua. Los dirigentes políticos y funcionarios miran para otro lado y se convierten en cómplices de robos, reventa de entradas, patoteadas, y narco menudeo y los “muchachos” del paraavalancha se ponen a su servicio. Generalmente utilizan su experiencia para robar urnas, amenazar a militantes de otros partidos políticos, y custodiar actos proselitistas.
Lugones los combatió en la provincia de Buenos Aires y en un momento llegaron a tener presos a 100 de los más sanguinarios y a prohibirle la entradas a los estadios a 3.500 hinchas que se destacaban por su ferocidad a la hora de atacar a otros grupos.
Lograron desarmar ese engendro de triste memoria llamado Hinchadas Unidas Argentinas. ¿Se acuerda?
El tema es que con la vuelta al gobierno del kirchnerismo, no volvieron mejores. Todo lo contrario, volvieron peores Habilitaron el regreso de estos personajes nefastos que alteran la paz social adentro y afuera de las canchas.
Ya en 2012, hace nueve años, durante un acto Cristina los defendió como si se tratara de carmelitas descalzas o militantes del tablón.
Recién arranca el proceso electoral de las internas y ya reaparecieron estos salvajes. El sábado, en el partido ente Racing y Gimnasia y Esgrima, colgaron fotos de Néstor Kirchner y escudos del Partido Justicialista. Las tribunas estaban vacías por la pandemia, pero había banderas partidarias que alguien permitió que se colocaran.
Gimnasia es el equipo que tuvo como hincha consecuente a Ofelia, la madre de Cristina. Racing es el equipo del que era fanático Néstor Kirchner. Su hijo Máximo, sigue sus pasos. De hecho, en el cierre de campaña de Unidad Ciudadana por Cristina senadora que se hizo en la cancha de Racing, se pudo observar a Máximo concretando su sueño de compartir el paraavalancha con estos personajes agresivos.
El ala más descontrolada de la Guardia Imperial fue clave a la hora de encargarse de la seguridad de muchos actos, incluso junto a la de Gimnasia, participaron en esa tarea durante el velorio multitudinario de Diego Maradona. Y ya sabemos cómo terminó todo. En un infierno.
Barras de Racing que tributan al cristinismo, aparecen en fotos con casi todos los dirigentes K. Por supuesto que se sumaron a Cristina en el vestuario de La Academia, pero también están desde Daniel Filmus hasta Oscar Parrilli, pasando por Fernando Espinoza aunque los que más trato tienen, porque tienen más tablón, son Aníbal Fernández y Jorge Ferraresi.
Hoy la denuncia de Lugones es importante porque funciona como advertencia, antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Habla de las barras bravas de Máximo. Es que todos aquellos que fueron detenidos hoy están en la calle. Y ya empezaron a provocar y no permitir que el resto de las fuerzas políticas coloquen aunque sea una mesa para repartir folletos. Teléfono para Sergio Berni. Hay zonas liberadas donde solo pueden hacer campaña los de La Cámpora. Las fuerzas de choque del cristi camporismo actúan con energía entre otros lugares, en Villa Corina, Almirante Brown, la villa Sapito en Lanús, La Matanza, Villa Elisa, Morón, Y la policía mira para otro lado y garantizan la impunidad.
En una época, los hinchas más seguidores y leales, a lo sumo, entraban botellas de vino y controlaban la venta de choripán y los estacionamientos callejeros. Eran una organización delictiva pero que con el tiempo se fue sofisticando y hoy son aptos para todo servicio. Pueden ser tranquilamente soldaditos de los narcos, guardaespaldas de los sindicalistas, mulas para transportar drogas, bandas para amenazar y darle una paliza a algún opositor y ya no usan solo sus puños y las cadenas. Ahora están armados y de vez en cuando también cometen asesinatos.
No se puede fomentar un concubinato con estos muchachos. La Cámpora debería saber que están jugando con fuego. Porque trabajan para el mejor postor. Son lo que la teoría marxista llamó “lumpen proletarios”. Una subclase de excluídos, sin conciencia social, que vive del delito y que suele ser funcional a las burguesías dominantes. No son una vanguardia revolucionaria como quieren creer algunos pibes para la liberación inflamados de ideologitis. Son forajidos que no tienen patria ni bandera. Hoy pueden atacar a un militante macrista o radical y mañana a un intendente del kirchnerismo. Lo grave es que uno de los más peligrosos, trabaja con Victoria Tolosa Paz, quien encabeza la lista del cristinismo en Buenos Aires.
Ningún dirigente oficialista responsable debe tolerar que la delincuencia barra brava sea utilizada en la política. Bastante daño han hecho con los más de 104 mil muertos, y la hecatombe económica. En algún momento tienen que parar. Adelante solo hay un precipicio.