Los banderazos contra Cristina – 5 de agosto 2020

Los cacerolazos y banderazos, sin dudas, son la peor pesadilla de Cristina. La protesta de los indignados es lo único que Cristina no puede, ni podrá manejar. Esas movilizaciones son un fenómeno nuevo en la política argentina y todo indica que llegaron para quedarse. No tienen banderas partidarias, son convocadas en forma independiente por las redes sociales, no hay un líder que de un discurso y baje línea. No hay escenario que esté más alto que la gente. Todo es bien horizontal y participativo. Son ciudadanos hartos de tanta corrupción, impunidad y autoritarismo. La gran novedad es que hasta ahora la calle, los actos, eran del peronismo. Con excepción de la primavera democrática del 83, con Raúl Alfonsín y sus jóvenes, siempre la presencia en las calles, fue del peronismo. Ahora, los careroleros o los banderazos, le han ganado la calle al peronismo. O por lo menos se la diputan seriamente. Antes, era territorio exclusivo de todo tipo de justicialismo, con actos en donde la gente era llevada con micros, tutelada por los punteros, con carteles y consignas pre cocidas. Ese es el primer dato fuerte. El segundo es que también están pulseando por la utilización de los símbolos patrios.
Hasta la aparición de este fenómeno, que Jorge Fernández Díaz bautizó Movimiento Popular Republicano, las banderas argentinas y las fechas emblemáticas eran del peronismo. Ahora, un océano de banderas celestes y blancas, son el emblema de ciudadanos que resolvieron protagonizar, ejercer sus derechos, poner el cuerpo y comprometerse con el destino nacional. Y como si esto fuera poco, sus exigencias, tienen un ADN democrático y republicano. Libertad, división de poderes, vigencia de la Constitución, trabajo digno para todos, menos asfixia impositiva, más seguridad para vivir en paz, respeto por la propiedad privada y rechazo a los patoterismo de estado y del sindicalismo, son algunos de sus reclamos. Por eso le digo que estos cacerolazos y banderazos son la peor pesadilla de Cristina. Porque sus pancartas piden todo lo contrario a lo que Cristina ofrece. De hecho, en casi todos esos encuentros aparecen carteles caseros o muñecos o gente disfrazada reclamando la cárcel para la actual vice presidenta. Piden que vaya presa como una forma de terminar con los privilegios. Quieren que haya juicio, castigo y condena, como corresponde.
Estos argentinos que dejaron la comodidad de sus casas, comprenden que es muy difícil construir un país distinto sobre la base de la mentira y el delito. No hace falta hacer una encuesta para darse cuenta que el principal denominador común de esas quejas callejeras y masivas es que la banda que saqueó al estado encabezada por Cristina pague por lo que hizo.
Y como si esto fuera poco, los banderazos han demostrado su eficacia para hacer retroceder los despropósitos del gobierno de los Fernández. Hubo reacciones chicas y medianas en muchos momentos. Son como un entrenamiento para los días emblemáticos.
El 20 de junio, miles y miles protestaron contra el jurásico intento de expropiación de Vicentín. Ese gesto chavista disparó muchas marchas en todo el país y sobre todo, en la tierra donde nació la empresa.
Hace unos días, el presidente, mediante un decreto, anunció que desistía de esa idea loca. Fue un retroceso y un costo político grande para el gobierno de los Fernández.
Antes se había logrado cerrar las puertas de las cárceles. Los funcionarios más cristinistas las habían abierto con un nivel de irresponsabilidad criminal. Hoy todavía lo estamos pagando con la inseguridad multiplicada y generalmente, producida por delincuentes que fueron liberados hace unos meses. Salieron más de 4 mil. Pero sin los cacerolazos y las protestas, hubiera salido muchos más.
El fin de semana pasado, los bocinazos, gritos y carteles mostraron su rechazo absoluto a todo tipo de ampliación de miembros de la Corte y al engendro impresentable de reforma judicial. Fue un aviso.
Ahora se está gestando en las redes una convocatoria gigantesca. Otra vez van a aprovechar una fecha patria: El 17 de agosto. Las invitaciones que circulan por internet tienen consignas sanmartinianas en consonancia con los 170 años de la muerte del Libertador de América. “Seamos libres, y lo demás no importa nada”, “Cuando la patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla” y “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien callando”, son algunas de las frases de San Martín, el padre de la patria, que están utilizando para juntar “un millón de personas en todo el país”. Por lo menos ese es el objetivo que persiguen.
Varios de los textos de las redes terminan diciendo que el 17-A hay que demostrar que “los buenos somos más. Hagamos que se note”.
Le repito que, es la más grave, pero por supuesto que no es la única pesadilla de Cristina. Está la justicia. O una parte de la justicia que no se vende ni se alquila. Cristina está investigada en 20 causas y procesada en 11. Record mundial. Esta semana se reanudó el juicio oral por las coimas, sobre precios y estafas en las obras públicas que le dieron a Lázaro Báez. Por supuesto que Cristina se borró. No quiso conectarse. Es que está acusada de ser la jefa de la asociación ilícita que estafó a todos los argentinos. Cristina tampoco le quiso ver las caras a algunos de sus cómplices. Y mucho menos a José López el arrepentido que dijo que los bolsos con los millones de dólares que tiró en el monasterio trucho se los había dado Fabián Gutiérrez, el secretario privadísimo de Cristina, también arrepentido. Ambos denunciaron el circuito del dinero sucio de la corrupción. López declaró que Cristina era muy vengativa y que tenía miedo que lo matara. Ella hizo puchero frente a cámara y dijo que llegó a odiar a quien era la mano derecha de Julio de Vido.
Y Gutiérrez, fue asesinado después de que lo torturaron para que confesara donde había escondido la mega fortuna que le había robado a los Kirchner que a su vez nos habían robado a todos y todas.
El principal objetivo de Cristina es dinamitar todas las causas y esconder los escombros debajo de la alfombra de la Casa Rosada. Quiere prontuario limpio y monumento para ella e impunidad para sus hijos y los integrantes del Cártel de los Pinguinos. Como es imposible ocultar semejante nivel de latrocinio y cleptocracia, apeló al mecanismo de la reforma judicial y la ampliación de la Corte Suprema. Todas las vacantes serán cubiertas con soldados judiciales de Cristina. Jorge Lanata lo definió con toda claridad en pocas palabras. Habló de la trampa que es la mentirosa reforma judicial y llamó a pararla en el Congreso, en las redes y en las calles.
El primer paso, es poner la Corte al servicio de Cristina. Ahora están en la etapa de hostigamiento. El abogado de Fernández Cristina y asesor de Fernández Alberto, el doctor Beraldi dijo que la Corte “muy democrática no es”. Y otro abogado que asistió a la nada exitosa abogada, Alejandro Rúa fue más directo: “Hay que terminar con esta Corte macrista”.
Esta mañana se lo comenté a Longobardi. Pero no es la primera vez que advierto que después de reducir la Corte a la servidumbre, van a ir por la reforma de la Constitución Nacional y el control de los medios de comunicación. Es la puerta de entrada al chavismo explícito. Eugenio Zaffaroni ya había anticipado su intención de dividir la Corte en salas, algo absolutamente anticonstitucional y ahora también dio la primicia: “es inevitable una nueva Constitución Nacional”, fueron sus palabras.
Oscar Parrilli ayer y Gabriel Mariotto hace unas semanas, plantearon con toda claridad diversos intentos de censurar al periodismo.
Mientras tanto, Cristina está impulsando el ataque más formidable que se tenga memoria en democracia, sobre todos los rincones de la justicia. Mientras la reforma es aprobada, mientras se amplía el número de miembros de la Corte, van por la destitución de Eduardo Casal, el prestigioso jefe de todos los fiscales para poner a un militante cristinista en su lugar y siguen en el Consejo de la Magistratura con el plan de desplazar jueces a los que Cristina no quiere. Por eso es tan importante que la Corte Suprema se ponga los pantalones y de una vez por todas, confirme que es inconstitucional la reforma del Consejo que le dio mayoría a la política. Hace 4 años que la Corte tiene cajoneado ese expediente.
La reina Cristina maneja todos los resortes, pero la Corte tiene en sus manos una herramienta clave. Y por supuesto, también resisten los puñetazos sobre la mesa de los opositores con más autoridad y mayor potencia. La doctora Elisa Carrió embistió con valores éticos contra Arslanian y Beraldi por integrar esa comisión asesora de Alberto. Les cuestionó que se hayan hecho millonarios defendiendo corruptos. Dijo que es “una forma de inmoralidad equivalente a traición a la patria”.
Son muchas las jugadas que se vienen en este peligroso ajedrez. Vamos a asistir a una lucha por la verdad, la justicia y los valores republicanos. Cristina acumuló mucho poder y colocó sus piezas en todos los lugares estratégicos. Hay una sola cosa que no puede manejar: los banderazos, que son su peor pesadilla.

Illia es la ética republicana – 4 de agosto 2020

Hoy se cumplen 120 años del nacimiento de don Arturo Umberto Illia. Ya sé que hace poco le hablé de su vida y obra a propósito de un aniversario del golpe que lo derrocó. Pero es tan angustiante la aparición cotidiana de ladrones de estado y de funcionarios absolutamente corruptos, que la única defensa que tenemos los ciudadanos honrados, es respirar el aire puro que dispara la figura de don Arturo. Uno se llena de frustraciones y bronca cuando ve personajes tóxicos como los Mario Ishi y la falopa en las ambulancias o ese malandra que se robó en Salta los 35 kilómetros de gasoductos y ni hablar de los campeones mundiales de las estafas de estado encabezados por Cristina, Boudou, Lázaro y siguen las firmas.
Hoy cumpliría 120 años don Arturo Illia. Sería una buena idea designar al 4 de agosto como el día de la austeridad republicana o el día de la ética en la política. Porque ese fue su extraordinario aporte. Así quedó instalado en la memoria colectiva de los argentinos. Pero también es cierto que, como dice Agustín María Barletti, don Arturo no fue solamente un presidente honesto.
Nos recuerda en su nota que Illia vivió en Europa durante un año, desde 1933 y pudo padecer en carne propia el surgimiento del fascismo de Hitler y Mussolini. Eso marcó para siempre su lucha por la libertad y en contra del horror criminal de todos los nazis. Yo no sabía, pero Barletti cuenta que llegó a dormir un par de noches en un calabozo de Berlín por negarse a saludar con el brazo en alto ante el paso de una patrulla de las SS.
También nos ilustra sobre el coraje de don Arturo. El extraordinario gobernador de Córdoba de aquel momento, don Amadeo Sabattini, estaba jaqueado por una posible intervención federal a su provincia. El radicalismo envió a Illia al norte argentino a negociar con peligrosos traficantes la compra de armas de rezago de la guerra chaco paraguaya para defender al gobierno constitucional y popular de “El Peludo Chico” como le decían a Sabattini por “El Peludo” que era Hipólito Yrigoyen.
A este país le faltan más políticos como don Arturo Illia. Gente que no meta la mano en la lata para enriquecerse en forma ilegal y que busque consensos y diálogo. Porque como dijo Alfonsín, si la democracia no es diálogo, es violencia.
Si lo sabrá don Arturo que hasta tuvo que sufrir un simulacro de fusilamiento. Justó el, que era un admirador del pacifismo de Ghandi y un practicante del yoga. Illia era un hombre del partido. Recorrió todos los rincones del país y todos los cargos. Fue senador provincial, vice gobernador y luego gobernador de Córdoba y diputado nacional.
El golpe que lo derrocó, es un golpe que todavía duele. Todos los asaltos al poder protagonizados por los militares, tuvieron resultados nefastos porque dinamitaron las instituciones democráticas y la libertad. Pero el de Juan Carlos Onganía contra don Arturo tuvo características especiales porque voltearon a Illia por todo lo bueno que estaba haciendo y porque al cerrar el camino de la democracia, los militares, le abrieron las puertas a la violencia de los civiles.
Mucha gente recuerda a ese médico rural con ponchito sobre los hombros que llegó a ser presidente de la Nación. Pero muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota una verdadera leyenda republicana. Pero que, además de atender a los pacientes, fue un gran colaborador de Salvador Mazza en la investigación y el cambio de la lógica para combatir el Mal del Chagas.
Llegó a la presidencia en 1963.
Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Por primera vez se redujo la deuda externa. Firmó con Eduardo Frei, el presidente demócrata cristiano de Chile, un acuerdo para exportar sus productos desde cualquiera de los dos océanos. Fue el primer país occidental en comerciar sus productos, trigo en este caso, con la China Popular de Mao. Pragmático sabía que la responsabilidad de los hombres de estado es cuidar las necesidades y el interés nacional, no la ideología.
El desempleo en 1965 era del 4,4%. Las proyecciones para el año 66 eran que el salario real iba a experimentar un aumento promedio del 15 por ciento. Promulgó la Ley de Salario Mínimo Vital y Móvil. El presupuesto en educación y salud aumentó un 24 % ¿Suena a otro planeta, no? Pero quiero ser lo más riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.
Le doy un dato más: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan de lucha que Augusto Timoteo Vandor (a) “El Lobo”, y el resto del sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta, pese al gran crecimiento de las empresas punto com y las tecnológicas: los medicamentos y el petróleo. A Illia nunca le perdonaron eso. Nunca le perdonaron tanta independencia, ley de medicamentos, anulación de contratos petroleros tal como lo había prometido en la campaña electoral… Si hasta se opuso al envío de tropas a Santo Domingo. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. A Illia no lo derrocaron los chistes irónicos ni la caricatura de una tortuga. A Illia lo derrocaron los militares reaccionarios cripto fascistas como Juan Carlos Onganía, los monopolios extranjeros y sus socios internos, los jerarcas sindicales, su debilidad de origen y la indiferencia de la mayoría de la sociedad que no salió a defender al Gobierno como se lo merecía. El mismo lo dijo: “A mí me derrocaron las 20 manzanas que rodean la Casa de Gobierno.
Cuando lo voltearon, se instaló el oscurantismo cultural más reaccionario que reprimía libertades y profesores con bastones largos, alargaba minifaldas, allanaba hoteles alojamiento y cortaba pelos largos de rebeldía. Seamos sinceros con nuestra verdad histórica. Aquel día, seguramente el más triste en la vida de don Arturo, cuando el general Julio Alsogaray le comunicó que lo destituían como presidente de la Nación, se tuvo que ir de la Casa Rosada rodeado por un pequeño grupo de amigos. Don Arturo llamó “salteadores nocturnos” a los sediciosos de Alsogaray y del coronel Luis César Perlinger. “Sus hijos se lo van a reprochar”, les vaticinó. Y la historia se los reprochó: un hijo Alsogaray se sumó a la guerrilla con el tiempo y fue abatido en un enfrentamiento armado en el monte tucumano durante la dictadura de Videla. Y Perlinger le pidió disculpas públicas a Illia y le agradeció la lección que le dio. Pero con el tiempo el coronel arrepentido sería un colaborador de la criminal insurrección armada trotskista del Ejército Revolucionario del Pueblo. El gobierno de Illia tuvo el primer planteo militar a los dos meses de haber asumido. suficiente.
Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca más un presidente hizo lo que él hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero don Hipólito Yrigoyen le aconsejó que fuera a vivir a Cruz del Eje para llevar el radicalismo popular a los talleres ferroviarios. Allí, don Arturo, ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política.
Todavía no habían llegado los tiempos de los vidrios polarizados y los guardaespaldas. La plata robada no se pesaba ni se escondía en bóvedas. No se cobraban pensiones vitalicias como las de Cristina y Boudou. A la luz de los Kirchner y su asociación ilícita, la figura de Don Arturo merece un monumento a la honestidad. Illia nació en un hogar de inmigrantes italianos. Sus padres se llamaban Emma y Martín. Su padre era chacarero. Don Arturo tuvo un Renault Dauphine que debió vender cuando dejó de ser presidente para pagarle una operación en la ciudad de Houston a Silvia, su esposa, que, de todas maneras, murió poco tiempo después.
A Don Arturo Umberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho más pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Hoy cumpliría 120 años. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas y la brigada lanza gases de la Policía Federal lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
– Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.
Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.

Cristina y las bombas molotov – 3 de agosto 2020

Cristina está tan desesperada, que defendió la violencia de las bombas molotov. Fustigó con dureza el correcto accionar de la Policía de la Ciudad que cumplió órdenes de la justicia y detuvo a un grupito de anarquistas que hicieron destrozos, arrojaron por lo menos 6 botellas incendiarias a un edificio de la gendarmería y tiraban bolitas de vidrio con gomeras y cal para atacar a las fuerzas del orden.
Todo lo que le cuento es absolutamente cierto y se puede confirmar con el video de las cámaras de seguridad.
Hubo una marcha de poca concurrencia de grupos radicalizados de izquierda para reclamar por Santiago Maldonado y la desaparición de Facundo Astudillo Castro. Cánticos acusando al estado por su responsabilidad, palos, y aerosoles para pintar consignas en las paredes de la Avenida Corrientes. Lo de siempre. Pero en un momento, un grupo de anarquistas se separó de la columna y empezó a tirar bombas molotov a la fachada de una sede de la Gendarmería. Cuando la Policía de la Ciudad quiso intervenir para frenar ese vandalismo, sus integrantes fueron atacados con hondas que arrojaban bolitas de vidrio. Cualquiera se imagina que con esa agresión, hasta se puede perder un ojo. También les arrojaron piedras y una mezcla de alcohol y cal. Lesionaron a 3 agentes.
La policía, en ningún momento utilizó armas de fuego. Redujo a los cabecillas y los entregó a la justicia. Estuvieron un par de horas en la Alcaidía y los 13 detenidos, fueron puestos en libertad.
En cualquier país del mundo, de derecha o de izquierda, que un grupo de personas arroje varias molotov contra una sede de una fuerza de seguridad, hubiera generado un escándalo con títulos de tapa y esas personas hubieran tardado bastante en salir nuevamente a la calle. Pero acá la ex presidenta y sus soldados eligieron atacar el accionar de la Policía, para castigar a Horacio Rodríguez Larreta. El mundo al revés. ¿Se imagina que hubiera pasado en Alemania o en Venezuela, en Estados Unidos o en China si eso hubiese ocurrido?
Los anarquistas mostraron a través de las redes cuando sus compañeros fueron apresados y lanzaron sus tuit denunciando la feroz represión de la policía de Horacio Rodríguez Larreta. Nada menos que el Ministro del Interior de la Nación, Eduardo “Wado” de Pedro aprovechó la situación para cumplir las órdenes de Cristina y erosionar la relación de respeto institucional que el jefe de gobierno de la ciudad tiene con el Presidente Alberto Fernández. El tuit de “Wado” decía: “después de varias marchas anti cuarentena en las que hasta agredieron a periodistas y móviles sin que apareciera ni un efectivo de la policía de la Ciudad, hoy vimos la represión a familiares de Maldonado y organismos que recordaban el aniversario de su muerte. Exigimos a las autoridades de la Ciudad que investiguen lo sucedido y fijen criterios objetivos en el accionar policial”.
Horacio Pietragalla, el secretario de Derechos Humanos, principal impulsor de la liberación de los presos que multiplicaron la inseguridad, también cargó contra lo que llamó el macrismo: “Es muy llamativo. Cada año el macrismo reprime a quienes se convocan por el aniversario de la desaparición de Santiago Maldonado. Este fin de semana fue muy simbólico porque se superpuso dicha convocatoria con otra, de la que incluso participaron miembros de la oposición. Y allí no se reprimió”. Y citó a Cristina que había dicho que Wado “tenía razón” porque “Para el gobierno de la ciudad, no todos los ciudadanos y ciudadanas son iguales”.
No fueron marchas equivalentes. La gran diferencia es que la policía actuó por orden de la justicia y no contra una protesta legítima. Puso freno a un ataque que intentó incendiar una sede de gendarmería, fuerza a la que los grupos anarquistas responsabilizan de la muerte de Santiago Maldonado que falleció ahogado en el río y abandonado por sus compañeros mapuches.
Y respecto a los salvajes patoteros que atacaron a periodistas y móviles en la marcha del 9 de julio, también se los detuvo y se los entregó a la justicia que, al igual que con los anarquistas, les hizo una causa por lesiones y los dejó en libertad en horas.
Por lo tanto no hay una actitud selectiva ni discriminatoria. Es responsabilidad de la policía hacer cumplir la ley y evitar atentados contra la propiedad.
El Centro de Estudios Legales y Sociales, de Horacio Verbitsky también aprovechó para castigar a Rodríguez Larreta: “El gobierno de la ciudad debería investigar a los policías, en lugar de habilitar la criminalización de la protesta”.
Para la vice presidenta Cristina, su comisario en el gabinete, Wado de Pedro, su principal asesor en espionaje, Horacio Verbitsky, Horacio Pietragalla, el secretario de los derechos humanos sesgados y los organismos cooptados por el kirchnerismo, hacer cesar un acto absolutamente delictivo que estuvo a punto de prender fuego a la mutual de la Gendarmería, es criminalizar la protesta.
Es increíble que todavía sigan respaldando la violencia callejera. Eso es parte de su inflamación ideológica. Pero hay un par de comentarios políticos que conviene hacer para ir un poco más a fondo.
En su momento, Cristina utilizó una nota de Alfredo Zaiat para criticar el formato que eligió Alberto Fernández el acto del 9 de julio con sindicalistas no kirchneristas y empresarios del establishment. Esta vez se subió al tuit del ministro del Interior para erosionar la relación de cierta cordialidad institucional entre Larreta y Alberto. Eso tampoco le gusta ni a Cristina ni a los cristinistas. Son varios los que expresaron que Albert, al llamar “amigo” a Horacio, está ayudando a consolidar al mejor candidato de la derecha. Julio De Vido fue el más contundente, pero no el único.
Del lado de Juntos por el Cambio esa palabra, “amigo”, fue caracterizada como el “abrazo del oso” y obligó a Larreta a decir que “no soy amigo de Alberto. Mis amigos son los que van a la cancha conmigo todos los domingos”.
Esta es la lectura que hay que hacer. A Cristina la subleva y la llena de bronca el trato que le da Alberto a Horacio. Antes de la maldita pandemia ya habían avanzado para quitarle un porcentaje de la coparticipación. ¿Se acuerda de esa frase antológica de Cristina durante la asunción de Fernando Espinoza en La Matanza? Dijo que “En Capital hasta los helechos tienen luz y agua, mientras en el Conurbano, chapotean en agua y barro”
Está claro que Cristina quiere dinamitar ese vínculo porque dice en la intimidad que Horacio fue cómplice de Mauricio Macri y no se le puede dar un trato amable, ni siquiera con la excusa de la lucha contra el virus.
Eso muestra otra clara diferencia entre Alberto y Cristina y marca cual será el trato que Horacio recibirá después de la cuarentena. El objetivo es asociarlo a la represión, y a que siempre fue la mano derecha de Macri. En Página 12 se publicó un video que hicieron circular militantes K en las redes, bajo el hashtag “Larreta es responsable”. Un panfleto burdo que dice “tu policía masacra a la gente que reclama”. Ese fue el eje de esta operación política que recién empieza.
El otro tema es que en su atropello por imponer sus decisiones, Cristina comete muchos errores. Por momentos sus caprichos se vuelven contra ella.
Tal vez esté nerviosa por el crecimiento de Larreta en las encuestas y por su caída de imagen, cada vez más pronunciada. O por que hoy se reinició un juicio clave en el plan sistemático de coimas, retornos y enriquecimiento ilícito y saqueo al estado, que ella lideró. Pero lo cierto es que esos anarquistas que reclamaron por Santiago Maldonado, también están en contra del kirchnerismo. Los acusan de oportunistas por su intento de apropiarse de la figura del tatuador fallecido y levantarlo como una bandera propia. Maldonado era anarquista. No kirchnerista. La expresión más violenta de esto que le cuento fue en la presentación de la película “El camino de Santiago”, dirigida por Tristán, el ministro de la Propaganda y la Venganza que tuvo el guión de Florencia Kirchner. Llegaron unos encapuchados al teatro de Pepe Albistur y tiraron piedras y volantes, rompieron vidrios y huyeron. ¿Se acuerda?
Son grupos ligados a los mapuches más violentos que están contra el estado nacional y que en su momento van a volver a ir contra Cristina y su gente. Cuando eso ocurra, ¿Qué actitud van a tomar Sergio Berni o Sabina Fréderic?
Ayer Berni dijo que en su espacio algunos leen a Zaffaroni pero él lee a Giuliani. ¿Qué hubiera hecho Rudolph Giuliano, emblema de la mano dura y la tolerancia cero frente a los anarquistas que tiran bombas a la Gendarmería?
Si atacan a la Gendarmería en otro distrito, ¿se van a quedar con los brazos cruzados? Lo digo porque hasta la propia Cristina en su momento y ahora este gobierno, reivindican a la Gendarmería como la mejor de las fuerzas de seguridad.
Defender a los anarquistas que ponen bombas incendiarias o sugerir que hay que dejarlos actuar con el solo objetivo de darle con un caño a Horacio Rodríguez Larreta, es un boomerang. Es un tiro en los pies que se da el gobierno de los Fernández que más temprano que tarde, también se va a encontrar con estos muchachos antidemocráticos.
Cristina y su gente deberían saber a esta altura que bajo ningún concepto se puede defender a los violentos. Siempre es peligroso. Esa violencia puede convertirse en un reguero de pólvora que les explote en la cara a todos los argentinos.