Gabino es el nombre de la soberanía – 20 de noviembre 2020

Hoy es el día de la Soberanía Nacional. Se cumplen 175 años de la batalla de la Vuelta de Obligado. Pero para hablar de soberanía hoy, elegí contarle nuevamente la epopeya del soldado Gabino, el correntino héroe de Malvinas. Fue una de mis columnas que más se viralizó y que más me pidieron los oyentes que repitiera. Hoy creo que Gabino es el nombre de la soberanía.
Gabino se ganaba unos pocos pesos cosechando tabaco y vendiendo sandías. No hay muchas otras fuentes de trabajo en ese pueblito. Colonia Pando hoy tiene menos de 500 habitantes. ¿Se imaginan lo que sería en 1982, poco antes de la guerra de Malvinas?
Gabino llegó cabalgando su tordillo negro a la casa familiar y se abrazó con sus siete hermanos, con su padre que le había regalado ese caballo maravilloso y con Elma, su madre del alma. El corazón se le salía por la boca. Por la emoción y también un poquitito por el miedo. Jamás un correntino de ley confesaría su temor, pero para Gabino todo era novedad e incertidumbre. Lo convocaban a luchar contra los ingleses. Tanía poca instrucción militar y hasta sus ropas no eran las adecuadas para semejante clima y desafío. Le cuento un dato: la única foto que se sacó Gabino en su vida fue cuando salió por primera vez de franco. Su corbata, la chaqueta militar, y el birrete con la escarapela argentina clavada en el medio. Su madre lo abrazó profundamente, le deseó toda la suerte del mundo y puso unos pocos pesos en el bolsillo y le dijo: “Tomá, cambacito querido. Tal vez te sirva para algo”. Cambacito es el diminutivo de Cambá, que en guaraní es una forma cariñosa de decirle negrito. Comieron como si fuera navidad. Estofado de pollo y fideos. La pobreza todavía no le había arrebatado a la familia numerosa Ruiz Díaz la posibilidad de almorzar en forma nutritiva por lo menos una ver por día.
Doña Elma, con una mezcla de orgullo y pánico, vió irse a su soldadito rumbo al cuartel. Tenía un saco azul con botones de madera que ella misma le había tejido. Los integrantes del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes se diseminaron en una franja estratégica en la defensa llamada “Pradera del Ganso”, o Goose Green como le decían los kelpers.
El cambacito Gabino apenas vió como venía la mano le escribió una carta a su vieja. Como una premonición, le dijo textualmente con letra temblorosa: “Mami: Si Dios me levanta en este lugar, si ya no regreso, no llore por mi porque estoy luchando por la patria”.
Doña Elma hoy se aferra a esos dos papeles como si fuera el cuerpo de su cambacito Gabino. La carta amarillenta y la foto con birrete.
La noche del 28 de mayo de 1982 fue una pesadilla de fuegos quemantes y dinamita que caía del cielo y aniquilaba soldaditos. Hubo 50 muertos y más de 140 heridos. Fue la batalla de Goose Green. Los ingleses primero batieron con bombardeo aéreo la zona y después cayeron los paracaidistas que están entre los profesionales mejor preparados del mundo, a terminar con toda resistencia. Gabino combatió como un guerrero. Resistió con su fusil y sus pocas municiones. El héroe de Colonia Pando se quebró en llanto al ver a su compañero de trinchera degollado por una maldita esquirla. Siguió disparando escondido, pero finalmente el correntino corajudo regó con su sangre esas tierras argentinas. Y ahí quedó.
Gabino, su muerte temprana de 18 años y sus ilusiones fueron sepultados en el cementerio de Darwin. Era uno de los que estaban a un metro y medio bajo tierra, con una cruz de respeto y una sola identificación: “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Un anónimo cambacito correntino puso el pecho por todos y entregó su vida por millones de argentinos, pese a que el país solo le había dado privaciones y aislamiento. Su madre nunca pudo tolerar esa idea de no saber que fue de su cuerpo. En un viaje que hicieron los familiares, dejó un rosario y unas flores azules de papel en una tumba. No se pueden llevar flores de verdad a las islas y ella eligió esa cruz porque su corazón le dijo que Gabino estaba cerca, con su sonrisa de pibe, disfrutando ese estofado de pollo en familia. Lo sintió en el corazón y en las tripas.
Pasó el tiempo, ella enfermó y la diabetes le amputó sus dos piernas. La tristeza y los ojos secos de tanto llorar se instalaron para siempre en esa casita humilde tan cerca de los esteros de Santa Lucía y tan lejos de Dios.
Pero un día luminoso, pasó el ex combatiente Julio Aro y le contó que habían identificado los restos de su hijo. Ella se estremeció. Le rogó al cielo que le diera salud para poder abrazarse a esa cruz de Malvinas. Aro y el capitán del ejército inglés, Geoffrey Cardozo acaban de ser nominados para el premio Nobel de la Paz por la tarea titánica y solidaria que realizaron. Junto a otros ex combatientes, al aporte invalorable del Equipo Argentino de Antropología Forense y la Cruz Roja Internacional lograron identificar a 115 compatriotas caídos en combate. Solo les quedan 7 para lograrlo en su totalidad. Aro y otros compañeros fundaron la “Fundación No me Olvides”, en Mar del Plata. Dedicó toda su energía a eso desde el día que propia madre le dijo que ella no lo hubiera dejado de buscar ni un minuto. Julio jamás olvidó las palabras de su madre y fue suficiente para que se pusiera el servicio de todas las madres de sus compañeros.
Julio y Geoffrey están contentos porque con solo haber sido nominados para el Nobel, la tarea que hacen con tanto esfuerzo y sacrificio puede recibir un gran impulso. Sueñan con ganarlo. Ojalá. Porque son un ejemplo de templanza, un mensaje de no rendirse jamás, de apostar a la convivencia pacífica y de demostrar que dos personas que estuvieron en distintos bandos en una guerra, pueden ser amigos como Julio y Geoffrey. Se conocieron en Londres cuando Cardozo, cuyo apellido denota sus antepasados hispanos, fue el traductor en un congreso donde se estudiaron las distintas y mejores maneras de afrontar el stress post traumático de quienes regresan de una tremenda confrontación bélica.
El destino quiso que Geofrrey confiara en la transparencia de Julio y le confesara que fue el creador, por orden de sus superiores, del cementerio de Darwin. Tenía anotaciones, mapas, coordenadas que podían ayudar a identificar a los caídos. En esa época no había ADN. Había que guiarse por otros elementos. Hoy ya se dispone de un scanner que puede advertir si un soldado tiene algo escondido en sus botas, por ejemplo. El trabajo fue agotador. Pero ninguno aflojó. Fue una guerra permanente contra el olvido y el resentimiento. Una apuesta humanitaria para que todos dejaran de ser un número en una planilla y recuperaran su nombre, su apellido y su dignidad. Para que sus familias supieran en donde descansan en paz, después de la guerra, los restos de sus seres queridos.
Uno de los que estaba enterrado como NN, resultó ser Gabino, nuestro admirado correntino del pueblito de Colonia Pando. El cambacito, como le decía y le dice su madre, tenía en el bolsillo un viejo reloj que su padre le había comprado en la joyería “La Perla” y un pañuelito de mujer. En esa época las novias, le solían dar a los soldados, un pañuelito con su perfume para que no olvidaran su amor, en el fragor de los tiroteos.
Gabriela Cocciffi directora del portal Infobae, es una de las personas que más empujó para que todo esto fuera realidad. Puso su pluma, su sensibilidad y su valentía en esta utopía. Ella cuenta que finalmente lograron llevar a doña Elma al cementerio que está a 88 kilómetros de Puerto Argentino. Hubo aportes y colaboraciones de todo tipo. Julio Aro empujaba la silla de ruedas por esas piedritas que tanto significan. Elma llegó y se abrazó a una cruz blanca que estaba al lado de la tumba en la que ella había sentido que era la de su hijo. “Estaba cerca el cambacito. Me latió furte el corazón en este lugar”, dijo Elma entre lágrimas.
Los ingleses le pusieron protocolo y respeto a semejante momento. Todos formados y uniformados alrededor de ella. La trompeta ejecutaba “The Last Post”, y ese sonido cruzaba el viento. Un teniente de aviación inglés, con su traje camuflado de combate, que además es sacerdote, se arrodilló ante Elma y rezó con ella. Era conmovedor ver a ese gigante soldado inglés de casi dos metros, abrazado a la madre de un soldado argentino. Ambos lloraban. En ese preciso instante, Malvinas se transformó en una herida y una esperanza. Una llaga abierta y un gesto de hermandad entre seres humanos, sin distinción de nacionalidades.
Elma se quedó un par de horas ante la tumba de Gabino. Cuando se fueron su cara tenía cierta paz espiritual. Julio Aro le dijo que Gabino no iba a morir mientras todos nos acordáramos de él. Y eso es lo que estamos haciendo. La posibilidad del premio Nobel fue el disparador. Pero ahora queremos tener memoria por todos los Gabinos que la guerra asesinó. Para que todos los Gabinos sepan que no nos vamos a olvidar. Y solo eso, los hace inmortales. Como dice Alejandro Lernes:
Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear;
Tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá.
Creo que hace mucho frío por allá;
Hay más miedos como el mío en la ciudad.
Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,
Con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar.
No hay mal que no venga al Hombre, no hay un Dios a quien orar.
No hay hermanos ni soldados, ya no hay jueces ni jurados,
Sólo hay una guerra más.

Cristina usurpó la justicia – 19 de noviembre 2020

La doctora Elisa Carrió lo dijo con toda contundencia: “La Cristina constituyente que yo conocí, murió hace mucho. Solo queda la acusada que modifica instituciones para quedar absuelta” Y cargó contra Carlos Beraldi:“ “Recibe millones de honorarios de dinero sucio robado al Estado y define un Procurador a término y con mayoría absoluta a gusto de su defendida”.
El diputado Juan Manuel López, dijo que Cristina quiere meter presa a Carrió “en venganza por el valor de haberla denunciado cuando nadie se animaba. Es el odio de no poder reconocerse ladrona”. Y en su tuit puso las siglas de los medios de comunicación ultra K y los de Cristóbal López.
Es que la justicia argentina está a punto de quedar en manos de Cristina y perder hasta la última gota de independencia. Cristina está muy cerca de lograr su máximo objetivo y poner a los tribunales al servicio de su impunidad y de la venganza contra magistrados y periodistas independientes. A cada rato, recibe las mejores noticias para que pueda zafar de todos las causas que tiene elevada a juicio oral por el plan sistemático de corrupción de estado más grande de la historia democrática de nuestro país y que ella lideró. Por cierto que esa auto amnistía e indulto encubierto involucra también a sus hijos y al cártel de los Pingüinos ladrones de los dineros del pueblo.
Como no podía ser de otra manera, las recomendaciones de la Comisión Beraldi fueron todas las exigencias de Cristina. Para eso pusieron de presidente de ese organismo al mismísimo abogado de ella, el doctor Carlos Beraldi. Una vergüenza antidemocrática por donde se la mire. Se lo digo de otra manera: el abogado que defiende a Cristina de las causas por la mega corrupción de estado fue el presidente de la comisión de juristas que recomendó al presidente Fernández las modificaciones a la justicia.
¿Qué otra cosa podía ocurrir? Beraldi actuó como lo que es: el abogado de Cristina. No le tembló el pulso ni se le cayó la cara de vergüenza para apoyar la reducción de la mayoría calificada necesaria en el Senado para designar y destituir al nuevo Procurador General de la Nación. Ni siquiera lo disimularon. Es lo mismo que Cristina y su mayordomo Parrilli están empujando en la cámara alta. Se lo explico de la manera más sencilla y didáctica posible para que se entienda la gravedad del asunto. El cargo de jefe de todos los fiscales siempre fue muy importante, pero ahora, con el nuevo sistema acusatorio, pasó a ser casi más importante que un miembro de la Corte Suprema. El Procurador que elija Cristina va a tener la llave para abrir o cerrar todas las causas. Por eso Cristina quiere elegir a su propio procurador. Quiere un fanático y un cruzado que no tenga escrúpulos y le deje su prontuario limpio y que dinamite todos los juicios que Cristina tiene. Esta es la gravedad. El próximo jefe de todos los fiscales que elegirá Cristina quedará grabado en la historia como el jefe de la impunidad para la reina, el príncipe heredero y toda la caterva de ladrones que saquearon al estado nacional. Pero esto no es todo. Como solamente van a necesitar 37 votos, ese fiscal va a ser rehén de Cristina. Lo van a designar con 37 votos y lo van a destituir al toque, si no cumple al pie de la letra lo que Cristina quiere. ¿Se entiende? Van a poner a un fiscal con la camiseta de Cristina puesta hasta en la ducha pero por las dudas, lo dejan con una pistola en la cabeza o en la situación de rehén porque con los votos que lo consagran, también lo pueden tirar por la ventana cuando quieran. Cristina brinda con champagne. Los más grandes ladrones de fortunas del estado, están saltando en una pata. Por ahora han tenido la prudencia de no salir en caravana a gritar “Gracias Beraldi” o “Gracias Alberto”.
El tema procurador, ya está resuelto. Solo faltan detalles por más que la oposición grite, patalee y vote en contra. Ya está. Cristina ganó. Se salió con la suya y le pegó el tiro de gracia a la justicia independiente.
Pero eso no es todo. El plan de copamiento de la justicia es más completo. La Corte Suprema, en principio, va a quedar como está en la cantidad de miembros. Total, muchos problemas no le producen a Cristina. Callan mucho y otorgan mucho más. La mayoría peronista de la Corte está casi domesticada. Pero por las dudas, la comisión Beraldi recomienda que se integre un nuevo tribunal intermedio, apenas por debajo de la Corte. Allí irán a parar todos los recursos que presentó Cristina y todos los delincuentes de estado. Y en ese tribunal intermedio se consolidará para siempre, el monumento a la Cristina revolucionaria, humilde, honrada y defensora de los pobres. Por ahora esa especie de Corte bis no tiene nombre. Propongo que se llame Corte K o Corte Beraldi. ¿Qué les parece?
Pero la ofensiva final contra los tribunales tiene varios caminos más. Ya se sabe, volvieron mejores, significa que primero van por la justicia y después por los medios de comunicación y finalmente se quedan con todo para siempre. Ese es el proyecto que los mueve. Chavismo santacruceño explícito.
La Oficina Anticorrupción que ya fue vaciada en sus contenidos por el militante Felix Crous, será reubicada en el organigrama de gobierno y colocada casi en estado de extinción. Como puede verse, el kirchnerismo en su historia siempre destruyó todos los organismos de control de ética y transparencia. Y esta vez está haciendo lo mismo. Néstor antes y Cristina ahora, siempre quisieron controlar todo y que nadie los controle a ellos. De allí viene su odio a los jueces y a los periodistas que no se alquilan ni se venden.
Pero como si todo esto fuera poco, están a punto de cometer un crimen de lesa indignidad. La sala 1 de la Cámara Federal de Casación Penal, conocida como la sala K, está a punto de declarar que los testimonios de los arrepentidos fueron inconstitucionales. Una locura. Es como prenderle fuego al Código Penal y a la Constitución Nacional. Son testigos que fueron cómplices de la corrupción, arriesgaron su vida para declarar la verdad y permitir el esclarecimiento de la cleptocracia del kirchnerismo. Aportaron datos, cifras, planillas, horarios, teléfonos y la gran mayoría fueron comprobados rigurosamente. La orden de Cristina es tirar eso a la basura de la historia y fingir que nunca existieron. Gente de su gran confianza durante años como el contador de la familia, Víctor Manzanares o Claudio Uberti, jefe de la embajada paralela de los negocios sucios con la Venezuela de Chávez van a quedar a merced de la venganza K. Típico de la mafia. Porque ellos contaron con lujo de detalles como funcionaba el mecanismo que enriqueció a toda la familia Kirchner y a gran parte de los ministros y colaboradores. Los sobreprecios escandalosos en la obra pública, las coimas o el retorno que se pagaba en efectivo. Los retiraba Roberto Baratta en el remise y dejaba los bolsos repletos de dólares sucios en manos de los secretarios personales de Cristina y Néstor. Ese acto pornográfico se hacía en el actual departamento en el que vive Cristina donde los recibía Daniel Muñoz y en la casa de la madre de Néstor en Río Gallegos, y Fabián Gutiérrez era el encargado de esconderlos. Ambos se quedaron con vueltos gigantescos y murieron millonarios. Y no hay impuesto a la riqueza que valga. Un gobierno democrático de verdad, debería establecer una suerte de impuesto a la corrupción. Promover la extinción de dominio y recuperar esas fortunas que son de los argentinos y que se robaron, hasta ahora, impunemente. Ellos dijeron que venía a distribuir la riqueza y cumplieron: la distribuyeron entre ellos.
Por supuesto que bajar la mayoría agravada para elegir al nuevo procurador es claramente inconstitucional. El objetivo es quitarle todo tipo de independencia. Eso está claro. Pero los Kirchner nunca le dieron demasiada bola a los fallos de la Corte. Se cansaron de incumplirlos en Santa Cruz. Y nunca les pasó nada. Casi que ni siquiera pagaron costo político por eso.
Y como si esto fuera poco, la Comisión Beraldi de Kirchner también impulsa aumentar los miembros del Consejo de la Magistratura para conseguir una mayoría automática. Desde allí van a monitorear el comportamiento de todos los jueces. Y habrá premios y castigos. Ascensos y destituciones. A los amigos, todo, y a los enemigos, ni justicia. No sé si le suena. Que suenen las alarmas institucionales. La República acaba de ser violada una vez más. Eso es violencia política e intolerancia. Un nuevo régimen se está consolidando en la Argentina a la vista de todos. Algunos lo llaman cristinato. Otros, le dicen monarquía absolutista. Hay quienes lo definen como tiranía ladri progresista. Nadie sabe el nombre exacto. De lo único que estamos seguros es que no es una democracia plena. Esperemos que no sea una democradura. De nosotros depende.

El periodismo de Pepe Eliaschev – 18 de noviembre 2020

A Pepe Eliaschev, muchas veces se le hace el mismo elogio que a Tato Bores: parece que lo hubiera dicho hoy. Son pensamientos de tanta actualidad que trascienden los tiempos. Hoy le podríamos pedir a Pepe su opinión sobre el presidente Alberto Fernández y diría lo que ya dijo en su columna de hace 7 años. Mantiene tanta vigencia que acabamos de escuchar algo que Pepe dijo por esta radio, el 1ro de octubre de 2013. Trata a Alberto respetuosamente de olvidadizo, pero también le dice que no se hace cargo de nada de lo que hizo y que, mucho menos, está dispuesto a pedir disculpas por lo que hizo en el ataque a los medios de comunicación.
Le confieso que me propuse no dejar pasar un solo año sin recordar al querido Pepe Eliaschev.
Falleció un día como hoy. Por eso este humilde homenaje, cada 18 de noviembre, es una forma de mantener vivo su ejemplo de ética republicana y profesionalismo. Nos viene bien su figura en estos tiempos de cólera y confusión entre muchos periodistas que se vendieron al oro kirchnerista y otros que miran para otro lado con las excusas de la prudencia y el equilibrio. No hay equilibrio posible entre víctimas y victimarios. No hay teoría de los dos demonios que explique a los pechos fríos dela vida. No hay equivalencia entre un nacional populismo chavista que persigue al periodismo y lo ubica en el lugar del enemigo y los medios y colegas que tratan de contar lo que pasa y denunciar la corrupción y la búsqueda de impunidad. El periodismo siempre debe defender valores y ser abogado del hombre común y fiscal del poder. Y eso, Pepe lo tenía muy claro.
Por eso fue tan merecido ese proyecto luminoso que declaró “post mortem, personalidad destacada del periodismo y ciudadano comprometido con los valores democráticos y republicanos de la Nación Argentina” a Pepe Eliaschev.
La iniciativa fue aprobada en su momento en la comisión de “Comunicaciones e Informática” de la cámara baja y tuvo otro objetivo: reivindicar su “buen nombre y honor y patriotismo tras los ataques difamatorios” que sufrió.
Hoy se cumplen 6 años de la muerte de Pepe y todavía me parece mentira. Fue tanta la potencia periodística de Pepe Eliaschev que a medida que pasa el tiempo, su figura se agiganta.
Es que extrañamos tanto a Pepe.
Esto que pasa es que hace 6 años, el maldito cáncer de páncreas finalmente asesinó a Pepe Eliaschev. Esto que pasa es que me tiemblan las manos sobre las teclas y la voz cuando lo recuerdo. Esto que pasa es que esta querida radio Mitre, este periodismo independiente que amamos y este país, han perdido a uno de sus mejores hombres. Conocí pocos periodistas con la formación intelectual y el rigor profesional de Pepe. Era exigente con los demás y con el mismo hasta la obsesión. No andaba con vueltas. Decía las cosas de frente y sin eufemismos. Eso le trajo algunos problemas de convivencia en los trabajos, pero se las bancaba como un señorito. Le gustaba recibir de regalo algún habano para fumar tranquilos después de la cena. Amaba profundamente a Victoria, su mujer y a sus hijos. Me agasajó un día en su casa con un asado maravilloso que compartimos con Luis Brandoni y Sergio Renán. Era muy hincha de Racing. Se inclinaba en el altar democrático, republicano y de manos limpias de Raúl Alfonsín. Amaba la palabra “crocante” y yo lo cargaba con eso. El se reía en esos momentos y cuando le confesaba que mi vieja, Esther, lo admiraba más a él que a mi. Siempre me decía:” no te agrandes que yo te conocí en calzoncillos” y se refería al tiempo que compartimos el camarín en América TV. Tenía una variedad de lenguaje notable. Utilizaba las palabras, con alas, colores y toda la multiplicidad de contenidos. Varias veces me quedé con la boca abierta viendo como improvisaba sus profundos, picantes y coherentes editoriales radiales. Cuando descubrí que no los escribía previamente, pasó a ser mi ídolo. En la tele tengo un ayuda memoria, pero en la radio, redacto todos los días estos textos que leo. Pepe iba tejiendo conceptos y valores en el aire al correr de su voz. Eso se llama talento. No conocí a nadie que hiciera de la columna radial un arte como lo hizo él. Siempre se sintió orgullosamente judío y jamás le gustó que lo llamaran José Ricardo. Soy Pepe, le decía a todos. Supo escribir en el semanario de Montoneros y luego hacer una profunda y sincera autocrítica de la lucha armada. Fue redactor en la revista “Todo” de Bernardo Neustadt junto a Miguel Bonasso. Hacían sus primeras armas en el oficio y tal vez esto lo diga como un fallido, en todo el sentido de la palabra. La tenebrosa Triple A lo amenazó y tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Allí hizo un postgrado de periodismo y de amor por la libertad trabajando en una agencia de noticias internacional. Hizo coberturas memorables como la de la Nicaragua del sandinismo, por ejemplo. El ejército también lo prohibió como corresponsal en Nueva York de Neustadt y Videoshow.
Volvió a la Argentina y el primero que le dio su lugar de estrella fue Juan Alberto Badía en la tele. Fue censurado por los retrógrados reaccionarios que no aceptaron que en canal 7 hiciera una encuesta acerca del tamaño del miembro viril y su relación con el goce sexual. Era pornografía, decían los fachos de entonces. Era de la patota cultural alfonsinista, lo estigmatizaron. Hoy esas encuestas picarescas serían bebes de pecho para las groserías y el mal gusto que circula por los medios. Durante el kirchnerismo extremo que lo odiaba y lo acusaba de derechista o agente del Mossad fue atacado en forma permanente pero hubo dos momentos culminantes. Primero cuando no le renovaron su contrato en Radio Nacional y Mona Moncalvillo le dijo en nombre de Néstor Kirchner: “C´est fini, negrito”. Se había terminado la voz crítica e insobornable de Pepe Eliaschev por orden de los Kirchner que jamás toleraron la pluralidad de voces. Después hizo un libro al que llamó “Lista Negra” y lo presentó en el colegio Nacional Buenos Aires donde orgullosamente había cursado su secundario.
Otra vez recibió la medicina amarga de una parte de su propia colectividad judía. Tuvo una primicia internacional y la publicó en la tapa del diario Perfil. Era el pacto secreto que Héctor Timerman había firmado con los iraníes en Siria. El canciller argentino ya fallecido, emblema de la traición, desmintió esa verdad y lo atacó igual que importantes miembros de la DAIA y la AMIA. Pepe tenía buenas fuentes y una fina intuición. El ratificó todo lo publicado y al tiempo, todo se confirmó. Todo lo que él había escrito era absolutamente cierto. Los desmentidores tuvieron que tragarse sus palabras pero fueron incapaces de pedir disculpas.
En el libro de Cristina dice textualmente: “La ilusión de firmar el memorándum e imaginar la fotografía del juez argentino a cargo de la causa sentado en Teherán tomándoles declaración a los acusados iraníes fue, hoy lo puedo confirmar, una verdadera ingenuidad de nuestra parte, que nos hizo olvidar de los intereses geopolíticos en pugna”.
El corajudo Pablo Lanusse, abogado de la madre del fiscal asesinado Alberto Nisman le contestó con un tuit: “Memorandum: ingenuidad, No. Se negoció a espaldas de víctimas y pueblo; texto al dedo de Irán; firmado el día de la conmemoración de la Shoá; denuncia penal; fiscal asesinado. Basta. No subestime más a la sociedad. Tenemos memoria. Debe dar respuesta a la justicia. No comemos vidrio”.
En el aniversario número 20 del atentado terrorista a la AMIA, por suerte, tanto Luis Czyzewski, como quien les habla, pudimos hacer un humilde desagravio de la figura de Pepe y reivindicar su honestidad intelectual y su capacidad periodística.
Un día quise aumentar la calidad profesional de mi programa y convoque dos columnistas. A José Antonio Díaz en economía y a Pepe en internacionales. Fui a su oficina en la avenida Santa Fé y le confesé que me costaba ofrecerle que fuera mi columnista. “Por trayectoria y por capacidad, yo debería ser columnista tuyo, Pepe”. Eso le dije. El me contestó emocionado: “Dejáte de joder, es un orgullo que me convoques y de esa manera puedo volver a la tele”. Lo habían marginado los autoritarios y el seguía peleando su oficio en radios humildes y valientes que le daban aire para que el kirchnerismo no lo asfixiara. Fue histórica su pelea en “Le doy mi palabra”, en canal 26 con Diana Conti. Ella elogió a Stalin y el le saltó a la yugular como era su costumbre. “Es un carnicero que mató a 20 millones de personas”, reaccionó. Terminó el reportaje a los gritos: Conti acusando de radical a Pepe al grito de ” Ahora votá a Cobos” y el con la velocidad de la chicana le respondió: ” Vos ya lo votaste”, porque eran tiempos de Cristina, Cobos y vos.
Lo ví especialmente cansado el día que volvimos de la Feria del Libro a estos estudios de la calle Mansilla que el tanto amaba. Me dijo que era agotamiento por tener que hacer su trabajo sin intimidad ante la vista de todos. Pero al otro día vino todo amarillo. Pronto supimos que un criminal llamado cáncer de páncreas se había apoderado de su cuerpo. La peleó con coraje y quimioterapias. Era una fiesta para los oyentes y para él cuando podía venir a hacer el programa y presentar esa música celestial que tanto disfrutaba. Esa misma música que ponemos en su homenaje para decirle hermano de oficio, Pepe querido, periodista de raza, durante toda su vida y hasta la muerte…