El virus del pésimo gobierno y la pobreza – 11 de junio 2021

Carlos Tissera, el obispo de Quilmes,
nos pegó un cachetazo brutal a todos los argentinos en general, pero al gobierno en particular. El presidente de Cáritas fue portavoz de una noticia absolutamente desgarradora: “De cuatro chicos, solo uno come todos los días”. ¿Cómo es posible que en este país hayamos provocado semejante tragedia? Porque la pandemia produce su daño, por supuesto. Pero el virus de la pobreza, la marginalidad y la indigencia hace mucho que tiempo que contagió a gran parte de los argentinos.
La Iglesia, a través de Monseñor Tissera, no anduvo con vueltas: “La Argentina se encuentra ante una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes en la que familias enteras sufren y, literalmente, están muriendo sin asistencia”.
Es una radiografía dramática de lo que destruyeron todos los gobiernos. Pero los que más tiempo gobernaron, más responsabilidad tienen. Desde el retorno de la democracia en 1983, el peronismo en todas sus variantes ideológicas, gobernó durante 26 de 38 años y en La Matanza, siempre hubo un intendente de ese partido. Desde que asumió Néstor Kirchner, en 2003 tuvimos casi 14 años de gobiernos kirchneristas. Primero Néstor, dos veces Cristina y ahora Alberto como gerente de Cristina. En el medio hubo cuatro años de Macri. Insisto: todos tienen su cuota parte de responsabilidad en este horror. Pero esa culpa, también es proporcional al tiempo que estuvieron en la conducción del estado. Entonces, lo que fracasó no es el capitalismo, como dijo Alberto livianamente para agradar a Vladimir Putin. El que fracasó fue el kirchnerismo como enfermedad infantil del peronismo.
El informe de Cáritas asegura que “el 75% de los chicos son pobres, en el Conurbano bonaerense”. Los datos fueron aportados por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica y su director Agustín Salvia. Por supuesto que además de la pobreza material y concreta, aumentaron en forma aterradora los problemas sicológicos y afectivos. Eso ha generado un impacto emocional doblemente demoledor de los chicos y sus familias.
Tissera lo resumió con la frase: “La gente no da más”. Es una alerta roja encendida en el tablero del gobierno de los Fernández en general y del de Axel Kicillof en particular. Aparecen sensaciones de alto impacto como la inquietud, la angustia, la agitación, el nerviosismo, la desesperanza, la tristeza y la depresión.
Hay tres urgencias sociales impostergables: vacunas, educación y trabajo. La principal tarea de toda persona solidaria es ayudar a reparar el daño social antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Hay que evitar la catástrofe humanitaria y la hambruna. Hay que apagar cualquier chispa que pueda encender un estallido social. Todos los indicadores son un desastre. El fracaso de Alberto y Cristina se registra en todos los planos. El aumento de la pobreza, la desocupación, la indigencia, la marginalidad, la droga, el cierre de negocios y empresas y la inflación imparable a la que no le encuentran la vuelta.
Como si esto fuera poco, para más del 70% de los chicos, el año pasado no existieron las clases virtuales. Del informe de la UCA se desprende que 7 de cada diez menores de 17 años no participaron en ninguna clase remota. Esa es una forma de acelerar brutalmente la desigualdad educativa, la repitencia y la deserción escolar.
El panorama es desolador. Y si los modelos son Hugo Moyano, Gildo Insfrán, Nicolás Maduro y La Cámpora, estamos en el horno. Como dijo Salvia, “los planes sociales cumplen con algo de alivio, pero no son inclusivos”. El único programa que saca a nuestros compatriotas de la pobreza es el trabajo genuino, privado y en blanco. Y para poder lograr eso se necesitan un plan económico serio, que fomente las inversiones y la seguridad jurídica y que le saque las manos de encima al mundo productivo del campo, la ciencia, la industria y el comercio.
Ojalá el dogmatismo ideológico de este gobierno deje de lado los fuegos de artificio y deje de utilizar las mismas herramientas que durante tanto tiempo han fracasado. Hacer lo mismo y esperar resultados distintos es la definición de locura que dio Albert Einstein. Dejen de asfixiar con impuestos monumentales, con los abusos extorsivos de las patotas sindicales, abran la cabeza y las fronteras al mundo y terminen con la maquinaria burocrática que impide todo crecimiento.
¿Qué hicimos los argentinos para merecer esto? ¿Cómo es posible que con la fábrica de alimentos extraordinaria que es y que puede ser este país, tengamos una herida tan profunda?
Es un drama que debe analizarse con la mayor seriedad y sin la repudiable intencionalidad de lavarse las manos y culpar a otro como hacen los Fernández.
Esa hecatombe social no cayó del cielo como una tormenta. Fue una construcción de la dirigencia política argentina y una destrucción de los mínimos lazos solidarios.
¿O la arquitecta egipcia también se creyó esa mentira colosal que dijo Aníbal sobre que en Alemania había más pobres que en la Argentina? ¿Se acuerda de aquella humillación? De esa mojada de oreja a los más pobres de los pobres. Cristina fue la que ordenó que no se informaran las cifras de la pobreza para no estigmatizar a los que sufren y la esposa del que dinamitó las estadísticas del INDEC para ocultar la inflación. Ella dijo que nuestro país tenía un índice de pobreza por debajo del 5% y una indigencia de apenas el 1,27%. ¿No me cree? Puede ir a los archivos. Fue hace dos años. Busque en Google. A veces son tantas las falsedades y las desmesuras que nos olvidamos.
A esta altura no hay excusas. Es hora de dejar de hacer diagnósticos y de extirpar para siempre el hambre y la pobreza de nuestro bendito país. Utilizo el verbo extirpar con toda intención quirúrgica. Como se extirpa un cáncer social que nos carcome nuestra dignidad. Es un escándalo moral y debería avergonzar nuestra condición humana. Hay muchos países del mundo que no tienen recursos para combatir el hambre. Pero Argentina tiene de sobra. Que haya tantos chicos con hambre, es un crimen de lesa dignidad.

Malvinas tiene su maestro héroe – 10 de junio 2021

Hoy es el día de la Afirmación de los Derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Hace 192 años, se creó la comandancia sobre nuestras islas y se designó como su primer gobernador a Luis Vernet.
Y si hablamos de patria que mejor que hablar de educación como instrumento de soberanía. Hace tres años, nos enteramos de una noticia conmovedora. Claudio Avruj, el entonces secretario de Derechos Humanos le comunicó a Delmira, que se habían identificado los restos su hijo, Julio Rubén Cao. En ese momento, 92 tumbas en el cementerio de Darwin tuvieron su nombre y apellido y dejaron de ser designadas como “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Si me permite, le quiero dar mi opinión sobre Malvinas y contarle la historia emocionante del soldado maestro Julio Cao.
Malvinas es el espejo de nuestras miserias y nuestras grandezas. Es la cara y cruz de lo que somos. La cara que mostramos y la cruz que llevamos. Las dos caras de la moneda. El coraje y la cobardía. El héroe y el traidor. Los dictadores y los combatientes.
El 10 de junio, como hoy y el 2 de abril deben ser nuestros días de luto. Nuestros días de reflexión para pensar en la patria. Pero en la verdadera patria. No en la de Galtieri, o Astiz, el lagarto cobarde que se rindió al primer amague. Las propias fuerzas armadas argentina recomendaron la pena de muerte para esos jefes despreciables.
Yo recuero a los que lucharon con dignidad. Los ex combatientes son la contracara de los terroristas de estado. Los pibes murieron por la patria y los dictadores mataron a la patria. No hay porque confundir las cosas.
Nosotros necesitamos por lo menos un par de días para pensar en ellos. En esos muchachos que fueron sin entrenamiento y sin el armamento necesario. En esos chicos estaqueados por robar la comida que les habían robado a ellos. En tantos colimbas que murieron sepultados en el mar con el hundimiento del Belgrano.
En esos hijos de la Argentina más humilde que, como siempre, fueron los primeros en morir. Igual que ahora. Igual que siempre. Así en la guerra como en la paz, el hilo siempre se corta por lo más delgado.
A ellos les debemos una explicación histórica. A ellos debemos pedirles perdón por la forma en que los mandaron al frente y por la forma en que los escondieron en el fondo a su regreso como si fueran delincuentes.
Ya pasaron 39 años y no puedo olvidar aquella fotografía, más negra que blanca, con los viejos fusiles FAL amontonados y cruzados como símbolo de la rendición en Malvinas. Mucho después, asocie políticamente ese momento a la capitulación que el general Mario Benjamín Menéndez firmó frente a su par británico, Jeremy Moore. Y mucho más tarde aprendí a mirar la guerra de Malvinas a través de los ojos de los héroes.
De los muchachos de carne y hueso que lucharon hasta el final. Y cómo un homenaje a los que murieron en aquellas tierras que pertenecen al pueblo argentino. Ya pasaron 39 años y hace tres años, volvió a mi corazón y a mi memoria el soldado maestro Julio Rubén Cao porque identificaron sus restos.
Justo ahora que hay un debate muy grande respecto del rol y del futuro de los docentes. Justo ahora que la crisis cuestiona hasta la vocación de los que levantan esa bandera de la educación pública.
Pocas horas antes de que la guerra terminara, Julio murió combatiendo en el Monto Longdon. Resistió como pudo el avance de las tropas enemigas. Literalmente, le puso el pecho a las balas para proteger a sus compañeros como lo hizo desde el primer minuto que llegó a Puerto Rivero, como se bautizó primero a Puerto Argentino. Hace 39 años que Julio entregó su vida por la patria y es desgarrador recordar que ni siquiera pudo conocer a su hijita, Julia que nació un par de meses después de su muerte.
Julio Cao acarició a Julia en la panza de Clara Barrios, el día que se despidió. Delmira, la abuela de Julia y la madre de Julio casi le rogó que se quedara: “Julito, no vayas. Si no te llamaron. Tengo miedo”. Julio, el maestro, le respondió como un maestro de la patria: “No me pidas eso mamá. ¿Con que cara yo podría dar clases sobre San Martín o Belgrano si me escondo debajo del pupitre?”. Fue uno de los pocos soldados voluntarios. Fue un apoyo permanente de sus compañeros de colimba del regimiento de Infantería Motorizada de La Tablada. Siempre con la misma alegría que tenía al frente del grado en su escuela. Siempre ayudando a escribir y a leer cartas el resto de los soldados. Siempre con optimismo.
La humedad criminal de los pozos de zorro, el viento que helaba el alma, el hambre que agujereaba por dentro y los bombardeos que destruían por fuera eran solo excusas para reforzar el coraje y para seguir yendo al frente. Así era el soldado maestro Julio Rubén Cao. Solidario, guapo, así en la paz como en la guerra. En las aulas se convertía en albañil para reparar los techos, o en carpintero para arreglar los viejos bancos de escuela. Hizo un profesorado en Literatura porque amaba a Serrat. Siempre soñó con ser docente porque admiraba a Ghandi y a la paz. Antes de embarcarse a Malvinas y después de besar el ombligo de su esposa, Julio plantó un árbol en el patio de la casa de su madre. Quiso respetar aquello de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. El libro no pudo concretarlo. Pero escribió cartas conmovedoras desde Malvinas. Una de ellas debería leerse en todos los colegios y dice así:
“A mis queridos alumnos de 3ro D:
No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.
Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder. Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes .Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña.
Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes.
Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes”.
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Es desgarrador comprobar que solo le pidió a Dios volver y fue lo único que no pudo lograr. Hace 39 años que comenzó aquella guerra, su hija Julia, tiene 39 años. Su madre, doña Delmira todavía lo espera aunque muy delicada del corazón herido.
Cuando Julia cumplió 9 años, viajó con su abuela a Malvinas. En el cementerio de Darwin adoptaron una tumba y le dejaron una flor y muchas lágrimas. Hoy una tumba contiene sus restos identificados y la escuela Nro 32 de Lafferrere donde daba clases con su impecable guardapolvo blanco lleva su nombre: “Soldado maestro Julio Rubén Cao”. El árbol que plantó, ya tiene 10 metros de altura. Tras un manto de neblina no los hemos de olvidar. Ni a nuestras Malvinas ni a nuestros héroes.
Las dos islas que son un solo corazón. La melancolía de la soledad y la euforia de la Gran Malvina.
Las escarapelas en el pecho sobre un guardapolvo duro de almidón tembloroso, el pelo engominado, los zapatos bien lustrados y la celeste y blanca que sube flameando segura…
Segura de que algún día dejaran ser nuestras hermanitas perdidas.

La vergüenza de la diputada Vallejos – 9 de junio 2021

La diputada Fernanda Vallejos ya se ganó un lugar en el podio de quienes hacen las propuestas más jurásicas. Sus ideas y declaraciones, van a contramano del progreso, y apelan a conceptos dogmáticos de una presunta izquierda que fracasó en todos los países del mundo. Pero ella insiste. Acaba de cometer un sincericidio para respaldar el aumento del 40% de sueldos a los legisladores que decretaron Cristina y Sergio Massa.
Le pido que preste atención a sus
palabras en Twitter. Son una radiografía terrible de su falta absoluta de sensibilidad social pese a que dice defender a los pobres.
“Los diputados argentinos tenemos el salario más bajo (mucho más) de toda la región. Casi que da vergüenza. Los de JxC no están por esa plata. ¡Por favor! Ellos son todos ricos. Están porque capturando el Estado, garantizan los verdaderos negocios del poder económico al que responden”.
¿Qué me cuenta? Le da vergüenza ganar tan poco, mientras a la inmensa mayoría de nuestro pueblo le dá vergüenza que ganen tanto.
Le doy un solo dato. El sueldo mínimo hoy es de 25.572 pesos. Esa si, que es un vergüenza. Una diputada nacional como Vallejos recibe en mano, limpios de polvo y paja, por lo menos 175 mil pesos. Es decir, casi 7 veces el ingreso mínimo. ¿Cuál es el sueldo promedio? Según el Indec, es de 36.246 pesos. Es decir que un diputado gana más de 4 veces el sueldo promedio. Y eso que estoy analizando el ingreso pelado de un legislador. No cuento los pagos extras por desarraigo, pasajes, movilidad y otras yerbas. ¿Sabe cuánto gana de promedio un policía? 68 mil pesos. ¿Y una enfermera? 57 mil pesos.
La diputada Vallejos se tiene que comparar con la mayoría de los argentinos y no con los legisladores de otros países. Y ojo que yo no creo que los diputados y senadores tengan que ganar muy mal. Creo que deben ser bien remunerados para que no solo la gente pudiente se pueda dedicar a la política. Y para que los mejores profesionales y los más preparados no se vayan todos a la actividad privada y dejen libres los lugares para otra gente menos capacitada. Pero hay un elemento que es la vocación patriótica. Se supone que la política es para trabajar en construir un país mejor y más igualitario. Y nadie obliga a los legisladores a que se queden atornillados a sus bancas si el sueldo que reciben les parece una “vergüenza” como a la diputada Vallejos. Esas palabras son una humillación para tanto trabajadores que ganan mucho menos, para tantos desocupados y para tantos empresarios que vieron con horror como se fundían sus negocios edificados con años de sacrificio.
Pero como si esto fuera poco, la diputada acusa a los diputados de la principal oposición de ser “todos ricos”. Otra injusta arbitrariedad. Discrimina, como toda generalización. Primero que no es ningún pecado tener una buena posición económica si la ganó en forma honesta con su esfuerzo personal. Pero lo más grave es que su jefa política, Cristina, su jefe del bloque, Máximo y casi todos los ex funcionarios se hicieron mega millonarios en el estado y encima, no tienen forma de explicarlo. Montañas de dólares sucios de la corrupción fueron lavados por la jefa de la asociación ilícita dedicada a saquear al estado. Nunca hubo tantas pruebas documentales y testimonios de arrepentidos de ambos lados del mostrador del plan sistemático de coimas y sobre precios. El ejemplo que me gusta poner es bastante ilustrativo. Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez, los secretarios personales de Néstor y Cristina murieron con fortunas incalculables. Y eso, que solo se quedaron con los vueltos y los billetes que se caían de los bolsos de la cleptocracia kirchnerista.
Entre los legisladores opositores hay de todo. No creo que Vallejos crea que Graciela Ocaña, El Toty Flores o Fernando Iglesias, por poner solo tres ejemplos, sean magnates. Pero insisto, si fueran ricos por ser empresarios exitosos y honestos o profesionales destacados, ¿Cuál es el problema? La grieta es moral y no clasista. El combate debe ser contra los ladrones de estado y no contra los emprendedores que crecieron y se desarrollaron.
El propio dirigente peronista Florencio Randazzo, frente al aumento otorgado por Cristina y Massa, preguntó si habían perdido “el corazón o el sentido común”, frente a la hecatombe económica que estamos atravesando. Esteban Bullirch resolvió donar ese dinero a los que investigan la enfermedad terrible que está padeciendo. Patricia Bullrich, cómo gran parte de la sociedad, les pidió que se bajaran los sueldos. Un gesto de empatía solidaria con los argentinos que tanto están sufriendo. Y fue al revés: se los aumentaron en un 40%. “No tienen vergüenza”, dijo la jefa del Pro. El intendente de Córdoba, sus funcionarios y los integrantes del Consejo Deliberante redujeron sus sueldos y ese ahorro lo destinaron al sistema de salud pública. El gobernador Schiaretti, también se bajó el 45% del sueldo por cuatro meses. En Uruguay y en varios lugares pasó lo mismo. Alberto Fernández se negó en forma terminante siquiera a considerar la idea.
Pero la diputada Vallejos no se rinde. Defiende sus convicciones revolucionarias sin que le importe demasiado la opinión de los demás. Propuso la expropiación de Vicentín y desató el primer gran fracaso del gobierno. Fogonea que el estado se quede con parte de las acciones de las empresas y fue la que dijo que “exportar alimentos era una maldición para la Argentina”. Es insólito, pero no es todo. Hace unos días dijo que hay que subir los impuestos directos como los Bienes Personales. También fue la promotora de la llamada “Proclama de mayo” donde se instigaba a defaultear todas las deudas argentinas y que fue firmada por talibanes cristinistas como Eugenio Zaffaroni, Víctor Hugo Morales, Amado Boudou, Luis D’Elia, Milagro Sala y Gildo Insfrán.
Vallejos es una de las legisladoras de mayor confianza de Cristina, trabajó con Axel Kicillof y es una dura combatiente contra la actividad privada. En otro tuit, se quejó de que un CEO de una empresa gane más que un representante de la voluntad popular.
Es porque según su delirante mirada económica, un Ceo “no tienen más responsabilidad que satisfacer el afán de lucro de un privado, aún a costa del pueblo”. Otra vez. Va de nuevo. En el sistema capitalista que Alberto dice que fracasó, esos trabajadores calificados, industriales y comerciantes, son los que generan riqueza, puestos de trabajo, progreso y pagan impuestos asfixiantes para que el estado pueda afrontar sus gastos descomunales entre los que está el sueldo que a Vallejos le dá vergüenza.
Vergüenza, es robar, me decía una maestra en el primario. Y un intelectual escribió: “Cuando los gobiernos pierden la vergüenza, los pueblos les pierden el respeto. Y algo de eso nos está pasando. Aquí y ahora.