¿A quién se comió Manes? – 4 de octubre 2022

El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical tomó distancia de las críticas de Facundo Manes contra Mauricio Macri. No lo nombraron, pero en un comunicado formal, aseguraron que ese partido “trabaja cotidianamente para fortalecer Juntos por el Cambio” y que “cualquier manifestación que se aparte de ese rumbo, no importa de dónde provenga, lesiona la esperanza que venimos construyendo”.
En otro párrafo, las máximas autoridades
del radicalismo plantearon que la coalición opositora “es la única herramienta para terminar este ciclo de kirchnerismo que llevó a más inflación, más pobreza y más degradación institucional”.
El diputado radical cordobés Rodrigo de
Loredo respaldó a Macri: “es un dirigente con cualidades e ideas claras de lo que Argentina necesita para su desarrollo. Su aporte es fundamental y su experiencia es necesaria. Nuestra prioridad es frenar la agenda del atraso y estancamiento que nos proponen los K”.
De Loredo es radical como Manes, pero
no come vidrio. Sabe que Córdoba, a la que se propone gobernar junto a Luis Juez, es masivamente macrista o anti kirchnerista, si usted prefiere. Sus postura fue doctrinaria, pero también, en defensa propia.
Manes con su embate contra Macri, desató una fuerte tormenta que todavía continúa. ¿Qué dijo Manes? En pocas palabras:
El gobierno de Macri tuvo populismo institucional. No está muy claro que significa eso. Incluso al principio dijo, “populismo constitucional” pero tal vez fue solo un furcio.
Es una acusación extraña, porque el gobierno de Macri y puso límites al populismo en la Argentina. Se pueden criticar muchas medidas de Macri. Pero acusarlo de populista es por lo menos insólito.
Manes dijo que Macri tuvo operadores que manejaban la justicia y datos y evidencias que deja en claro que espió a gente de su propio gobierno. Esta imputación es gravísima. Primero porque son delitos y segundo porque fueron inventos del kirchnerismo.
Y finalmente, Manes planteó que “tanto el ex presidente como la vice presidenta Cristina Kirchner no nos permiten pensar en un país. Ambos representan a dos minorías”.
Esto es lo más peligroso e inquietante. No es la primera vez que Manes habla de dos extremos en donde no hay dos extremos y que coloca a la misma altura a Macri con Cristina. Como mínimo es un error de diagnóstico gigantesco. Si Manes cree que Macri es igual a Cristina debería irse a otro espacio y no precisamente en el que Macri fue cofundador con Elisa Carrió y Ernesto Sanz. Suelen decir los integrantes del Pro que “Macri cometió errores y que Cristina cometió delitos”. Esa sola es una diferencia abismal. Cristina se hizo cargo de la jefatura política cuando murió Néstor, pero también lideró la asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado. Cristina condujo la cleptocracia que hizo mega millonaria a su familia, a sus testaferros y a una parte de sus funcionarios. En el caso de Macri no hay una sola acusación realmente fundamentada de corrupción en el ejercicio del gobierno.
Pero no hay solamente diferencias de honestidad y ética. Con Cristina establecimos relaciones carnales con los países que más violan los derechos humanos en el mundo. Putin, Raúl Castro, Nicolás Maduro y Daniel Ortega están primeros en la lista. Con Macri se fortalecieron los vínculos con los países más democráticos y desarrollados. Los que con sus inversiones podrían ayudar a dar vuelta la ecuación de la pobreza y la desocupación en la Argentina.
Cristina conspira contra la democracia republicana e intenta dominar la justicia y a los medios de comunicación. Macri respetó la división de poderes y siempre se sometió a la justicia. La única excepción, absolutamente repudiable, es la de Pepín Rodríguez Simón que, a esta altura, debería ponerse a derecho y regresar de Uruguay.
Los intentos de Cristina de voltear a la actual Corte Suprema y de reemplazarla por una más amiga y de 15 miembros y los amagues de cambiar las reglas del juego a menos de un años de las elecciones PASO, hablan por sí mismas.
En lo económico tal vez haya distintas situaciones que por error, mal diagnóstico u omisión, el gobierno de Macri debe pagar sus costos por problemas que no pudieron resolver. Ese si es un debate aunque el kirchnerismo actual profundizó la hecatombe económica y no solucionó ninguno de los inconvenientes. Macri terminó con una locura inflacionaria del 53,8 % Hoy llegaremos al 100% anual. La pobreza y la indigencia, también son más graves ahora. Todo esto es criticable, opinable y admite matices en las posibles soluciones.
Pero nada puede igualar a Macri con Cristina. Es una lectura política absolutamente equivocada. Tampoco se puede confundir la firmeza para denunciar la corrupción o los atropellos autoritarios con tener posturas extremas. En Juntos por el Cambio no hay posiciones extremas. Y Macri, hasta que se demuestre lo contrario, no representa como dijo Manes la posición de una minoría. Después de gobernar en momentos muy complejos, logró más de 10 millones de votos y finalizó su mandato en tiempo y forma como ningún presidente no peronista lo había logrado en los últimos 90 años.
La Coalición Cívica prefirió no meterse en esta discusión.
Alejandro Finocchiaro escribió sobre Manes que “No tiene obligación de quedarse en Juntos por el Cambio. Para criticar a quién luchó, hay que haber luchado. Aunque sea una vez… una sola”.
Laura Alonso fue más a fondo:” Facundo, con todo respeto, infórmate. Y dejá de inventar cosas que no existen”.
Fernando Iglesias fue irónico, filoso y provocador intelectual, como siempre: “El que trajo al neurocoso que se lo lleve”.
Pero fue Darío Nieto, colaborador muy cercano a Macri y actual legislador quien le contestó a Manes en forma más desafiante: “Macri armó un partido de la nada y en 15 años ganó la Ciudad, la Nación, fue el único capaz de frenar al kirchnerismo y cambió la Argentina para siempre. Manes, a quien te comiste?

Máximo, entre dictadura y democracia – 3 de octubre 2022

Está claro que Máximo Kirchner no tiene las condiciones para ser un dirigente político de importancia. Cuesta encontrarle virtudes en ese plano. Es portador de apellido. Si se llamara López o Gómez, jamás hubiera llegado a ser presidente nada menos que del poderoso Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires. Es un millonario que heredó parte de la fortuna que robaron sus padres. Apoyó a su militancia camporista de los chetos que tomaron los colegios con las uñas esculpidas. Festejó el respaldo de sus padres que se masturban ideológicamente con la revolución de los 70. Celebró que los trotskistas del sindicato de neumáticos tomaran el ministerio de trabajo y bloquearan las empresas, dos actitudes claramente delictivas. Y eso que el peronismo históricamente macarteó y persiguió, sobre todo en los sindicatos, a los delegados de la izquierda clasista. “Ni yankys ni marxistas”, fue la consigna más suave.
Máximo tiene posturas absolutamente inexplicables. Es el único jefe de bloque oficialista que renunció por estar en contra de la decisión de su gobierno de acordar con el FMI. Se lavó las manos. Sin embargo, apoya a su reciente amigo y socio Sergio Massa, que está realizando un ajuste feroz a pedido precisamente del FMI. Se quejó porque que “las cerealeras nos pusieron de rodillas y hubo que darles otro dólar” para que liquidaran la soja. Una medida central decidida por Sergio Massa. Máximo no se hace cargo de nada. Todo lo malo es culpa de los demás y todo lo bueno son sus decisiones. Por lo bajo los intendentes bonaerenses no lo pueden ver porque les viene armando la listas en sus distritos. No es casual que no haya ganado nunca una elección encabezando la boleta. Siempre se esconde detrás de alguien. Sobre todo detrás de las polleras de su madre. Por algo está en el podio de los políticos con mayor imagen negativa de la Argentina.
Máximo, simultáneamente, habilitó a Pablo Moyano, un primitivo hombre de la patota y la derecha para que se meta en las reuniones en su nombre.
Hay una lista de torpezas en la trayectoria de Máximo. Pero tal vez su metida de pata más grave la cometió este fin de semana en Morón, en un encuentro de la militancia.
Comparó a la dictadura militar con el gobierno democrático de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Parece mentira que a esta altura haya que explicar que hacer eso es banalizar el horror y el terrorismo de estado. Los jóvenes que no sufrieron esa época deberían informarse con libros y crónicas para no dejarse engañar y comprar semejante mentira que desarticula todo tipo de análisis racional.
Durante la nefasta Noche de los Lápices, lo pueden ver también en la película, jóvenes militantes que peleaban por el boleto estudiantil en La Plata, fueron secuestrados, y en 6 casos, desaparecidos y se supone que asesinados, porque nunca aparecieron los cuerpos.
¿Hay algo más grave que eso? No se puede vaciar esa realidad atroz diciendo que hay vínculos con la payasada que están haciendo un grupo de estudiantes camporistas en algunas escuelas privilegiadas respecto del resto del sistema educativo. Que les ofrezcan la posibilidad maravillosa de hacer pasantías y ganar en experiencia laboral o que los pebetes tengan más o menos gramos de jamón, es un juego de niños a comparación con el genocidio perpetrado en Argentina. Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, entre otros, fueron condenados a cadena perpetua por sus crímenes de lesa humanidad. Horacio Rodríguez Larreta y Soledad Acuña pelean para que los chicos no pierdan ni una hora de clase y denuncian ante la justicia democrática, como corresponde, a los padres por la toma de un edificio público. Los patrulleros que llevaron las notificaciones a sus domicilios son los mismos que llevan cualquier notificación de la justicia. No hubo un solo estudiante golpeado ni reprimido. ¿Cómo Máximo puede comparar eso con miles de desaparecidos, torturados, asesinados en campos de concentración?
Insisto con el tema. No se puede banalizar a la dictadura más cruel y feroz que padecimos los argentinos. Tal vez Máximo piense que la dictadura fue la inacción de sus padres abogados y militantes que no hicieron absolutamente nada en esa época. Solo enriquecerse con una ley de la dictadura para quedarse con las casas de mucha gente que no pudo pagar sus créditos. Tal vez por eso piensa que aquella época es asimilable a la tranquilidad con que se puede activar hoy en cualquier partido político. Pero sus padres son la medida de la claudicación y la malversación en este tema. Que les pregunte a abogados radicales o peronistas como Rafael Flores que tuvieron el coraje de presentar habeas corpus y de buscar a los desaparecidos. Eso no tiene nada que ver con reclamar por un mejor pebete para la vianda.
Su discurso estuvo repleto de mentiras. Acusó a Rodríguez Larreta de bajar la mirada ante Macri que lo maltrata y lo deja sin dignidad y eso es justamente con lo que ocurre con Alberto Fernández frente a Cristina.
Otra falsedad fue afirmar que al jefe de gobierno de la ciudad le gustan los jóvenes que andan con guillotinas y antorchas y quieren matar al otro”. No hay una sola declaración ni un solo dato de que, eso que dijo Máximo, defina la postura de Larreta. Todo lo contrario, parece ser una expresión de deseo. Lo que a Máximo le gustaría que Larreta sea. Pero no es así. Chicanas y mamarrachos que lo empujan a convertirse en un dirigente de muy bajo impacto. Pero nada más grave que comparar los crímenes de lesa humanidad con pavadas administrativas en democracia. Máximo debería saber que eso no hace heroica las tomas de los colegios secundarios. Todo lo contrario, vacía de contenido el terrorismo de estado. Y eso es grave. Tan grave como la utilización de los derechos humanos que hicieron sus padres.

Un héroe, de Darín a Strassera – 30 de septiembre 2022

El cine de calidad está haciendo un gran aporte. Multiplica la figura de un héroe cívico llamado Julio César Strassera en la piel y el talento de Ricardo Darín. En mi caso, hizo que a siete años de su muerte, entienda porque cada día extrañamos más a Strassera.
La Argentina, hoy más que nunca, necesita, a todo nivel, hombres de la estatura moral de Strassera. Ya pasaron siete años de su muerte y nunca son suficientes los homenajes que recuerden su coraje y su siembra republicana.
Julio César Strassera fue como una especie de Raúl Alfonsín de la justicia.
Tenía hasta un parecido físico, la misma dignidad y austeridad ciudadana que el ex presidente. Ambos pasaron a la mejor historia argentina por el juicio a las juntas militares. Alfonsín porque tomó la decisión corajuda de combatir la impunidad de los terroristas de estado para refundar la democracia sobre la base de verdad, justicia y castigo a los culpables. Y don Julio, porque fue el fiscal de aquella instancia inédita en todo el mundo. Grabó a fuego en la memoria colectiva ese grito de batalla por la paz que fue el Nunca Más.
Don Julio y don Raúl, le pusieron el pecho a los dictadores de la banda de Videla cuando las balas picaban cerca y había que ser muy valiente para aguantar las presiones y amenazas.
Nunca más a los golpes militares.
Nunca más la tortura y la desaparición forzada de personas.
Nunca más un genocidio.
Nunca más a la utilización de la violencia y las armas en la política.
¿Todos los argentinos habremos aprendido esa horrorosa lección de la historia?
¿Se acuerdan cuando Aníbal Fernández lo quiso descalificar? Y digo lo quiso, porque no descalifica el que quiere, sino el que puede. Y nosotros recurrimos al testimonio de Marcelo, el hijo del ex gobernador Jorge Cepernic que tuvo palabras de desagravio para Strassera.
Hace siete años que murió don Julio Strassera. Se fue sin doblarse ni quebrarse. Fiel a sus convicciones de enfrentar siempre a los autoritarios. Hizo un viaje rumbo a la estatura de prócer cívico. Seguramente se encontró en el cielo con don Raúl y Ernesto Sábato.
Estoy seguro que juntos, nos ayudarán a construir un país mejor. Para que Nunca Más los fusiles y la muerte puedan más que la Constitución y la vida.
Hoy, los fiscales están muy amenazados por quienes no quieren reconocer su infinita cleptocracia. Strassera dignificó para todos los tiempos la categoría de Fiscal.
Aquel alegato de Strassera marcó un día histórico y refundacional de la democracia argentina. En la Sala de Audiencias del Palacio de Justicia declararon 833 personas cuyos testimonios durante las 530 horas que duró el proceso fueron filmados y grabados y permanecen preservados para la posteridad en Noruega, en una habitación especial a prueba hasta de bombas atómicas.
Hay que decir, en la dimensión humana de la historia, que una maldita infección intestinal y un cuadro de hiperglucemia terminó con la vida de Don Julio pero parió su leyenda.
Lo hace una película llamada Argentina 1985, pero vale la pena que todos aprovechemos para rendirle un humilde homenaje patriótico a un hombre que según Luis Moreno Ocampo, quien fuera su adjunto, «es un prócer cuya estatua no tendrá sable ni caballo porque su escultor deberá representar sus armas: la verdad y la ley».
Hasta el 27 de febrero del año 2015, Don Julio era un ciudadano común que fumaba mucho y caminaba lento por las calles y que muy pocos conocían y reconocían. Despreciaba los homenajes pero, aunque él no lo quisiera, tal como dijo Moreno Ocampo, ya es un Santo del Nunca Más que deberíamos bendecir de una vez por todas. Los bigotazos blancos y las ojeras profundas lo hacían insólitamente parecido a Alfonsín que fue el político que lo convenció para que se jugara la vida por todos nosotros.
Y no estoy exagerando. Ser el fiscal acusador de aquellos genocidas era jugarse la vida. Exponerse a los atentados, a tantas amenazas de muerte para él y su familia. En aquellos tiempos los ex dictadores y sus patotas tenían poder y capacidad de daño. No era fácil como ahora hablar de los derechos humanos y condenar a los asesinos de uniforme. Hay que decirlo para que haya memoria histórica. Para que ningún recién llegado al tema, como lo fue Néstor Kirchner en su momento, se haga el guapo descolgando cuadros 25 años después cuando en aquellos años terribles no se le recuerda un solo gesto de defensa de los presos políticos o de lucha por los derechos humanos. Ahora es fácil, repito.
Se hicieron los valientes porque cazaron dinosaurios en el zoológico y se creyeron revolucionarios. Y don Julio, que lo fue de verdad, anduvo calladito y humilde por la vida soportando maltratos de los Kirchner en general y de Aníbal Fernández en particular. Don Julio inmortalizó aquellas dos palabras, aquellos dos rezos laicos que lo decían todo: Nunca más. Todavía hoy tiemblo todo cuando me parece escuchar su voz cavernosa diciendo con firmeza: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: Nunca más”.
Don Julio era de esos argentinos que condenaron todas las formas de la muerte y las combatieron con todas las formas de la vida. Aquel juicio fue una bisagra en la historia de este país. Nadie en el mundo se atrevió a hacerlo.
Aquel proceso legal, fue inédito aunque algunos lo comparen con el juicio de Nuremberg a los nazis.
Pero el nuestro fue el único hecho por tribunales civiles. Videla y Massera fueron condenados a reclusión perpetua por señores de saco y de corbata que esgrimían solamente un instrumento: la constitución nacional.
Don Julio consideró inmoral el indulto otorgado por el ex presidente Carlos Menem a los militares y a los montoneros y se retiró de la función pública. Bajó su perfil con sus ojos cargados de tristeza. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos. Pero Julio César Strassera se transformó en un mito. Lejos del bronce y del cine, don Julio hoy es un monumento a la ley pero hecho de carne y hueso. De vida y libertad.