El odio y la venganza – 23 de abril 2019

La grieta se profundiza cada vez más y se va transformando en trinchera a medida que se acercan las elecciones y su incierto resultado. Se potencian las actitudes patoteras y se cargan de pólvora las palabras. En la vida virtual de las redes y en la vida real de las calles recrudecen los insultos mientras Cristina se disfraza de corderito patagónico para tratar de ocultar la ferocidad del autoritarismo chavista que piensan instalar si llegan al poder.
Es que simultáneamente suben en las encuestas la intención de voto de Cristina y suben en los tribunales las pruebas y los testimonios irrefutables del robo del siglo de una asociación ilícita que lideraron primero Néstor y luego Cristina.
El contador histórico de la familia fue demoledor bajo juramento y ante la justicia y en la televisión ante Luis Majul.
Puso contra la pared a Máximo, el príncipe heredero a quien le atribuye haber firmado todos los cheques, los plazos fijos y los balances truchos después de la muerte de Néstor. Máximo está hasta las manos. Solo se salva de ir preso por sus fueros parlamentarios. Víctor Manzanares también denunció que Daniel Muñoz, el testaferro y secretario de más confianza de los Kirchner no tenía problemas en confesar la voracidad que tenían por el oro a pesar de haber conseguido el bronce al ganar tres elecciones presidenciales consecutivas, algo que no consiguieron ni Perón ni Menem. “Nadie está robando, son comisiones que le cobramos a la patria por hacer las cosas bien” decía Muñoz con la misma cara de acero que puso cuando le contó que tenían una pileta de natación repleta de dólares y euros.
Manzanares también confirmó lo que todo el mundo sabía: el maltrato y lo desagradecidos que han sido los Kirchner con sus cómplices. Por algo no se le conocen amigos: solo esclavos de sus caprichos. La bulimia por el poder y el dinero del matrimonio presidencial, su mezquindad y codicia sin límites, llevó a la exitosa abogado que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces, a no querer pagarle ni los gastos al contador Manzanares. “Que te banque tu suegro”, le contestó altanera.
La causa de los arrepentidos y los cuadernos, es la más contundente. Manzanares aseguró que solo Muñoz robaba 96 millones de dólares por año y en todo el período han superado los mil millones de dólares. ¿Escuchó bien? Mil palos verdes se robó solamente Muñoz. Tal vez soñaba con cien años de perdón por robarle a un ladrón.
Pero no es solo por eso, ni por los documentos y precisiones que aporta Manzanares. También porque hay más de 30 corruptos que confesaron (también bajo juramento y en tribunales) haber pagado y cobrado coimas monumentales.
En el mismo sentido va el nuevo texto de puño y letra del chofer Oscar Centeno. También reafirma lo que escribió en los cuadernos y revela cierto infantilismo eficiente para hablar con un código tonto para calmar la ansiedad usurera de Néstor Kirchner y su éxtasis con las cajas fuertes. En lugar de dólares decían Estados Unidos, en lugar de Euros decían Europa y en lugar de miles decían litros. No eran precisamente especialistas en encriptar información. La excitación casi erótica por los billetes de todos los colores llevaba a Néstor a mantener relaciones casi carnales con los millones de dinero robado al pueblo de la patria.
Simultáneamente, es cierto que una parte de la justicia empezó a poner marcha atrás o punto muerto en la ruta de los juicios orales. Algunos por tener la camiseta de Cristina puesta, otros por coimeros y otros por temor al regreso de ella al poder y su capacidad para la venganza. Pero, para suerte de la República, ese no es el comportamiento vergonzoso de toda la justicia. Dentro de exactamente un mes, un martes como hoy, el 21 de mayo comienza el primer juicio oral por mega corrupción que va a tener a Cristina más sentada en el banquillo de los acusados que en su banca de senadora por la minoría. Es por la causa del direccionamiento de la obra pública a favor de Lázaro Báez. La arquitecta egipcia estará en Argentina ya que solo tiene permiso para permanecer en Cuba hasta el martes que viene.
Juan Grabois, uno de los hombres más cercanos a Cristina y al Papa dijo que “Yo sé que Florencia Kirchner está gravemente enferma”.
¿Venta de humo o exageración? Veremos que dice Cristina cuando vuelva.
Además el 9 de mayo tiene que presentar su libro en la Feria. Allí, en línea con el lenguaje agresivo del que estamos hablando dice que Macri es el caos y un carancho del sistema financiero”. Este es el lanzamiento de su campaña y el fin de su silencio.
De todos modos, Cristina,
No la tiene fácil en su futuro.
Le recuerdo el record de la ex presidenta: tiene 11 procesamientos y 5 pedidos de prisión preventiva, uno de ellos ratificado por la Corte Suprema de Justicia. Muchos se preguntan si Cristina vuelve o devuelve. Si vuelve de Cuba o devuelve algo de lo que robaron. Volverá y será millones en las urnas y en las cuentas bancarias. Y no creo que devuelva un centavo. Sienten una adoración enfermiza por el dinero mal habido.
Todo esto va potenciando el odio que inocularon los Kirchner apenas llegaron al poder. Una muestra de lo que puede ocurrir con el ojo por ojo es que la sociedad se quede ciega. Primero fue una provocación despreciable de un pasaero llamado David Lacroze que increpó a la ex presidenta en el avión y que hasta le sacó una foto intimidatoria. Y luego el contragolpe fue de Aníbal Fernández que dijo que tenía ganas de darle un correctivo, casi un llamado a que le den una paliza o algo mucho peor.
Soy muy crítico de Cristina y creo que su vuelta a la presidencia sería una tragedia. Pero jamás voy a estar de acuerdo con ninguna acción directa sobre una persona. Lacroze dijo que ni siquiera le habló a Cristina pero fuentes independientes de la tripulación, dicen lo contrario. No importa quién sea el escrachado ni el escrachador. Es cobarde enfrentar a una persona y recriminarle algo en la cara. Si no le gusta Cristina que milite para que no gane las elecciones. Pero que no provoque porque después viene la réplica como ocurrió con Aníbal y si el espiral continúa, todos saben cómo comienzan estas batallas, pero nadie sabe cómo terminan. Repudio a ambos: a David Lacroze y a Aníbal Fernández. El país democrático y pacífico que ansiamos no necesita ninguna de las dos actitudes.
En las calles, en los bares y en las redes sociales se han multiplicado gestos revanchistas y agresivos como estos. Amenazas a familiares. Deseos de muerte. El mensaje de un cobarde con seudónimo que ayudó a distribuir Sergio Burstein es un botón de muestra y un botón en todo el sentido de la palabra. Según el periodista Ignacio Montes de Oca, este nefasto personaje cobró sueldos de Cristina durante 5 años y lucraba con el negocio de las víctimas de la AMIA.
El veneno lo derramó en las redes sociales y luego lo recortó en sus contenidos más violentos y finalmente, ante el repudio generalizado, borró del todo y después dijo con ironía: “Que lo parió, otra vez se metieron las ratas en mi twitter”, sin desmentir terminantemente las repugnantes frases que publicó. Solo le digo algunas porque son vomitivas:
“Quiero revanchismo, quiero venganza, quiero persecución. Quiero que el trono de Cristina esté hecho con los huesos de todos los periodistas de Clarin…. Quiero el empobrezcamos a todos los chetitos cheroncas que se nos rieron en la cara durante 4 años. Quiero que los aviones hidrantes se carguen con nafta y rociemos Comodoro Py y De Vido los encienda, quiero que Milagro Sala se meta en la casa de Mirtha Legrand, que Boudou imprima billetes de platino con su poronga impresa, quiero 678 todos los días de 17 a 23 y cadenas nacionales y a Barañao bailando en tutu por los pabellones de Ezeiza. Quiero que el primer grito sea: “Tienen diez minutos para abandonar el país y la horda de gente le cierre el camino de al escape y quiero que todos los presos políticos sean liberados y los periodistas cómplices le hagan pasillo aplaudiendo y finalmente, quiero que nos los entreguen a todos nosotros, los vamos a estar esperando.”
Este compendio de incitación a la guerra civil y a la violencia y el odio masivo fue escrito por un energúmeno que firma “Del Wasat” y que viralizó Sergio Burstein, el mismo que un día le regaló a Cristina una camisetita de Racing que decía Néstor Iván con el número 10 en la espalda. Ni Parrilli se atrevió a tanto. Ni Aníbal.
Frente a tanto rencor vengativo diseminado, lo único que hay que oponerle son las ideas republicanas, democráticas de honradez e igualdad. Y de paso hacer memoria para que nadie olvide que fueron más de 12 años del gobierno más corrupto y autoritario de la historia democrática. Quien quiera oír que oiga.

Los 75 años de Bravo – 22 de abril 2019

Fernando Bravo acaba de cumplir sus primeros 75 años. Los que trabajamos en la radio y en la tele le debemos muchas cosas pero yo en particular, le debo casi todo. Hace 50 años que juega en primera. Y le sigue dando muchas satisfacciones a la hinchada. Un golcito en una tarde de suerte lo hace cualquiera. Un éxito fugaz, un toco y me voy, suele ocurrir. Pero jugar durante 50 años en primera es una prueba que solo pasan los grandes. Los grandes de verdad.
El jueves 6 de marzo de 1969, hace medio siglo, a las diez y media de la noche, debutó en “La Campana de Cristal”. ¿Se acuerda? Fue un programa que marcó una época de la televisión argentina. Los grandes desafíos, la solidaridad. Y Nelly Raymond rodeada de Héctor Larrea, Julio Lagos, Norberto Longo, Leonardo Simonns y(ta tan ta tan..) Fernando Bravo. El trajecito nuevo, las piernas que temblaban, el flamante carnet del ISER y la posibilidad de usar el mismo camarín que Cacho Fontana, el gran ídolo, el ejemplo a seguir, el faro que iluminaba un nuevo camino para la profesión de locutores. Y Fernando Bravo estaba allí. Al lado de Cacho. Algo extraño. Fernando sentía que había llegado pero al mismo tiempo que recién comenzaba. Las dos cosas eran ciertas para Fernando Bravo, es decir Alberto Fernando Pochulu, alias Tito, natural de San Pedro, hijo de Aída Agustina Graselli y de Armando Nereo Pochulu.
Bravito abandonó Ciencias Económicas porque se aburría y eso que pudo haber sido vendedor de autos, como su padre.
¿De dónde le habrá surgido esa vocación por el mundo del espectáculo? ¿Qué misterio lo empujó a trabajar a telón abierto, de cara a la gente, buscando los aplausos? ¿Habrá sido la propaladora de San Pedro? El andar por las calles anunciando por altoparlante bailes, tiendas que liquidan, festivales, feria de platos…O tal vez su frustrado sueño de cantor? Esa afinación que nunca pudo dominar pero que no le impidió el sueño fronterizo de ser un chalchalero con guitarra y bombo y tener su propio conjunto folklórico.
El Tito Pochulu y las ganas de navegar por el Paraná y la vida con su propio barco con su amigazo, el Lobito Gianelli.
Las ganas de ser y de llegar a destino. De no largar el timón durante 50 años.
Años de recuerdos y de glorias. Aquella tapa de Canal TV en 1971, con los pantalones Oxford, el pelo oscuro y lacio, peinadito para el costado, con un toquecito beatlemaníaco. La revista lo definía como “El galán-animador”. Rompía corazones y levantaba suspiros. Nadie se perdía “Alta Tensión” y la barra macanuda porque ahí nacía una “Joven Guardia”, merodeaba la alegría de Donald y se bailaba al ritmo de “Pintura Fresca”. ¿Se acuerda?
Quiero gritar que te quiero… que me desespero… los boliches, los pasitos estudiados frente al espejo, los long play de pasta de colores. ¡¡Que épocas señores¡¡ Y que televisión que era aquella. El gigantesco aparato que se recalentaba en blanco y negro, muchacha italiana viene a casarse. Los Sábados Circulares de Pipo, la Tuerca, si señor, Viendo a Biondi porque no y por supuesto, una Cosa Juzgada con el genio de David Stivel consagraba a Bárbara Mujica y los Juan Carlos Gené y anunciaban los tiempos politizados que se venían.
Bravito…¿Quién te ha visto y quién te ve? Los compañeros de trabajo que se van haciendo amigos, la mesa de noticias, el Gordo Mesa, Cris Morena, Gustavo Yankelevich, antes de ser consagrado “Rey de ratings”y un tipo extraordinario y generoso, Gino Renni… tantos.
El orgullo para la historia de haber inaugurado en la medianoche del primero de mayo de 1980 la televisión color en la Argentina. Víctor Sueiro y Rosita, Silvana Di Lorenzo en las buenas y en las otras. Veinte Mujeres.. con ustedes y con Néstor Ibarra. El afecto de Arturo Puig y Selva Aleman, el Beto Badía, tantas cosas, tanta adrenalina.
Tanto diez segundos… ojo vamos que venimos. La luz roja, la admiración por Mareco y por Carrizo, el agradecimiento a Landriscina, la foto con Mc Cartney, el café con Woody Allen, la nota con Sofía Loren. Silencio en el estudio… diez segundos. Los mates compartidos con Serrat, un mago llamado Norberto Alonso que lo tutea y lo trata de Fer, la democracia y su parto, el escenario con Raúl Alfonsín y la Mancuso, la vida y la paz que vuelven por cien años más. Los Martin Fierro entregados, los Martin Fierro recibidos y tantos premios. Una vez a la hora de agradecer un reconocimiento, se dirigió a sus hijos y les dijo:
-Valió la pena el esfuerzo, pero fue un gran esfuerzo.
Otra vez le agradeció a sus viejos y a su Let It Be sanpedrino: que lo dejaran ser. Que le dieran alas y la libertad suficiente como para crecer. Las mismas alas que le dio a Nani, Luli y Nati, sus hijos, sus tesoros por los que entregaría todo a cambio de saber que van a ser felices con sus nietos del alma.
Leuquito, me dijo una vez en una de sus tantas sentencias de hombre de campo, casi yupanquianas, Leuquito, la radio te da todo y la tele te quita. Te chupa la tele que me hiciste mal y sin embargo te quiero. Amor profundo por lo bueno de la pantalla y alerta permanente por lo malo. Por ese rating que persigue y derrumba ideas, por los celos, las envidias, el vértigo, la acidez estomacal, las contracturas, el poco tiempo con la familia, los sátrapas, los 678 y los escrachadores y sus venganzas.
El día que murió Néstor Kirchner, tuvimos que salir juntos de radio Continental acompañados por la policía como si fuéramos delincuentes y jamás tuvimos ni un cheque devuelto por falta de fondos. Trescientos salvajes con caras tapadas y palos en la mano gritaban: “Que suene el bombo/ que suene el tamboril/ Fernando Bravo y Alfredo se tienen que morir” y la vidriera de la radio, que estaba sucia de huevazos y toda pintarrajeada con aerosoles que escribieron: “Magdalena gorila, Leuco facho” y otras agresiones típicas de los K.
Otra vez, unos fanáticos de Cristina lo corrieron dos cuadras a la salida del teatro Colon. Solo por defender la libertad y la democracia.
Finalmente, Bravo hizo cumbre con “Siglo XX Cambalache”, un lujo periodístico que se dio y nos dio por años con su bien amada Teté. Y la alegría de Fer Play con Andrea Campbell y el gran gallego Ramírez, puro corazón.
Bravito periodista de la nostalgia, de la ética republicana, el conductor de los programas de juego, el que no oculta sus lágrimas ni sus risas, el que juega de arquero y de nueve. El Fernando de las emociones. Su corazón goteando en la pantalla. Su capacidad de descubrir talentos y potenciarlos como Roberto Moldavsky.
Y lloró. Por las despedidas al aire y de los televidentes y por su viejo y su vieja, y por el amor de Andrea Montaldo, es decir el amor de los amores.
Fernando Bravo, con la cabeza blanca y las manos limpias. Con la tozudez y la sensibilidad de los vascos. Mire, si algo es Fernando Bravo en la historia de la tele argentina, es la emoción. Piel. Voz quebrada, sentimiento puro sin maquillajes, transparencia, honradez, magia para crear climas en los momentos justos. Chistes ingenuos a la velocidad de la luz, reírse de sí mismo y de sus furcios, profesionalismo, horas de trabajo: 50 años en primera. Hizo de todo y lo hizo muy bien. Pero el siente que sigue siendo un simple locutor que vino de San Pedro a entregar su corazón. Feliz Cumpleaños, hermano.

Alfonsín venció a los carapintadas – 18 de abril 2019

“Felices Pascuas, la casa está en orden”. Ya pasaron 32 años de aquel discurso. Quienes estuvimos en la plaza, jamás olvidaremos ese día en que el pueblo en la calle frenó un golpe de estado por primera vez en la historia. Ya pasaron 32 años y recuerdo el coraje cívico de miles y miles de personas que fueron a defender la democracia frente a los carapintadas que se habían levantado en armas. Había de todo. Columnas partidarias organizadas y muchas personas no encuadradas, muchos ciudadanos de a pie que fueron a poner el cuerpo para sostener la libertad y las instituciones. Y en esos momentos los militares todavía tenían poder y poder de fuego. Todavía conspiraban y muchos sectores se negaban a someterse a la ley y al único comandante en jefe de las Fuerzas Armadas constitucional que es el presidente de la Nación. Esos levantamientos de los carapintadas fueron con tanques, con cuarteles tomados, con insubordinación de tropas, armados hasta los dientes y pintados para la guerra. “El chapulín colorado”, le decían a Alfonsín y lo acusaban de ser marxista y vengativo. Era el pasado más nefasto, el terrorismo de estado criminal que se resistía a dejarle paso a la soberanía popular.
Por suerte todos los partidos políticos estuvieron defendiendo la investidura de Alfonsín y su gobierno. Recuerdo que el peronismo, en lugar de golpear la puerta de los cuarteles y ayudar a los golpistas, como hubiera sido en otro momento de la historia, se sumó al balcón para sostener al gobierno elegido por el pueblo. Antonio Cafiero, como presidente del Partido Justicialista dió una vuelta de página y estuvo donde tenía que estar. Saúl Ubaldini, el líder de la CGT llamó a una movilización para defender las instituciones. Igual que los liberales de Adelina Dalesio de Viola. O los partidos de izquierda. De los radicales ni hablar. El partido de Alfonsín movilizó hasta su último militante. “Ojo con tocarlo a Raúl”, gritaban emocionados. Soy un convencido de que la movilización a Plaza de Mayo y a otras plazas del país puso un límite definitivo al golpismo. La gente común, hastiada de muerte y autoritarismo, apostó a la vida y la paz y fue a poner el cuerpo. Los diarios de la época hablan de 500 mil personas. Eran familias enteras que pusieron su corazón a disposición, frente a la Casa Rosada y que estaban dispuestas a marchar sobre los cuarteles si era necesario. Insisto: en esa época, a 32 años, si se corrían riesgos. La dictadura estaba a la vuelta de la esquina. Se había retirado solo formalmente del poder. Estaban agazapados.
Ya pasaron 32 años de aquellas “Felices Pascuas la casa está en orden” y no puedo ignorar que también se puede hacer otra lectura de aquellos días de furia, de personajes nefastos como Aldo Rico o Seineldín, entre otros subversivos. Fueron momentos de mucha tensión. Pudo haber sido una masacre, el comienzo de una guerra civil. Alfonsín salió al balcón exactamente a las 14.40 horas. A la multitud se le cortó el aliento. Dijo con voz de mando que se iba en helicóptero a Campo de Mayo para ordenarle que se rindieran a los sediciosos. Todos ovacionamos su coraje y quedamos a disposición. En muchas plazas del país pasaba lo mismo. La bronca contra la dictadura hervía en la sangre. Mucha gente fue cercando las unidades militares rebeldes. Eran espontáneos que estaban dispuestos a ponerle el pecho a las balas.
El país estaba paralizado. Era un polvorín a punto de estallar. Miles y miles de ciudadanos democráticos desarmados frente a cientos de militares dispuestos a todo.
Ese extraordinario periodista y mejor persona llamado Julio Blanck, que en paz descanse, y yo fuimos los cronistas por Clarín que ingresamos a la Casa Rosada. En esa época de ingenuidad y falta de experiencia democrática, los periodistas podíamos circular por los pasillos con bastante libertad. En un momento ingresamos al balcón histórico de Perón. Nos asomamos y la multitud al registrar un movimiento, inició un murmullo que creció en alarido. Nos escondimos de nuevo, rojos de vergüenza. Todavía conservo esa foto maravillosa en ese balcón. Y la voy a compartir en mis redes y en la de la radio. Julio con sus rulos gigantescos y un saco beige y yo con bastante más pelo y barba negra que ahora y con una campera de cuero.
El presidente rezó unos minutos en la capilla de la Casa Rosada y se fue al territorio enemigo sin custodias ni escolta. Cuando volvió fue más cauto en su lenguaje. Ya no eran sediciosos eran hombres amotinados. ¿Se acuerda de ese momento? “Compatriotas, felices pascuas, los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde, serán detenidos y sometidos a juicio”. Un balde de agua fría cayó sobre mucha gente que sospechó que Alfonsín había negociado. En términos jurídicos, amotinados no era lo mismo que sediciosos. Encima después dijo que eran héroes de Malvinas y empezaron algunos silbidos. Sobre todo de la izquierda y del peronismo. ¿Héroes de Malvinas? ¿Era el momento de decir eso? ¿Cuál era el motivo de ese elogio para quienes unas horas atrás eran fanáticos golpistas? Después se levantaron dos veces más contra decisiones de la frágil democracia. Alfonsín nunca se arrepintió de haber dicho lo que dijo, pero admitió que se pudo haber equivocado.
Para muchos argentinos su prudencia y responsabilidad evitó el baño de sangre. Para otros, esa actitud les sonó a perdón y a negociación. Muchos se sintieron defraudados, traicionados por Alfonsín. Creyeron que había claudicado y que había cedido a los reclamos de los carapintadas.
La historia fue acomodando los tantos en el camino. Para muchos fue la primera gran desilusión en democracia y para otros fue la capacidad de un estadista que resolvió el problema con el menor costo posible en vidas. Alfonsín juró una y mil veces que no hubo pacto ni repliegue.
Argentina pendía de un hilo. El país contenía la respiración y le corría frío por la espalda a la Republica. Hoy emociona escuchar a Alfonsín, ese patriota padre refundador de la democracia decir como dijo “estamos arriesgando sangre derramada entre hermanos y cuando vuelva podremos darle un beso a nuestros hijos y en ese beso decirles que estamos asegurando la libertad para los tiempos”.
Al final de su discurso de regreso, dijo que “Hoy podemos dar gracias a Dios, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”. Lo cierto es que 44 días después la Cámara de Diputados sancionó la Ley de Obediencia Debida que era el principal reclamo de los carapintadas. Después vino el Punto Final y el Indulto de Carlos Menem que dejó libres a más de 200 oficiales y 100 civiles y la cúpula guerrillera. Después, Aldo Rico, el cabecilla, hizo carrera política en las filas del justicialismo.
Pero aquel domingo de Semana Santa, Raúl Alfonsín pagó un costo político. Tal vez injustamente, mirado a la distancia, se quebró ese romance entre su figura y parte de la multitud. Ese liderazgo arrollador comenzó a desmoronarse y lo pagó en las elecciones. Es uno de los grandes dilemas de los argentinos de aquel día, hace 32 años. Porque ambas cosas resultaron ciertas. Aquel día fue el comienzo del fin de su gobierno, pero también el comienzo del fin de las dictaduras en Argentina. Fue el verdadero comienzo del Nunca Más.