Kicillof, más cristinista que Cristina – 26 de mayo 2020

Axel Kicillof habla hasta por los codos. Sin embargo, dirían los semiólogos, el gobernador bonaerense no habla, es hablado por Cristina. En medio de la lucha contra la pandemia criminal, Axel se ha destacado por ser el mayor conspirador contra el trabajo sanitario en común que todos los científicos aconsejan. Axel y su ministro de salud y comisario político, el doctor Daniel Gollán, no dejaron pasar una sola oportunidad para atacar a María Eugenia Vidal y para responsabilizar a los porteños y Horacio Rodríguez Larreta de la irradiación del virus. Kicillof, necesita potenciar la grieta para consolidarse como hijo putativo de Cristina y competir por su corazón con su hijo biológico, Máximo Kirchner. Ambos príncipes quieren ser herederos del trono de la reina.
El más sectario y autoritario, seguramente se ganará ese lugar. Axel informó que los paquetes de fideos y arroz que decían “Gestión Axel Kicillof” no los habían lanzado desde la provincia. Pero no condenó con la suficiente energía a Mario Ishi que fue el responsable de hacerlo en José C.Paz. Lo mismo pasó con el parador para camioneros a la altura de la localidad de Azul. Fue bautizado “Centro para camioneros Axel Kicillof”. Otra vez: el gobernador no obligó a nadie a que hicieran semejante gesto chupamedia, pero en la inauguración estuvo su sub secretario de transporte, Alejo Supply. El jefe de estado provincial no debe tolerar ese culto a la personalidad tan jurásico y elitista. Debería haber ordenado que le cambiaran el nombre antes de enviar un funcionario.
Kicillof es el único que aprovecha las conferencias de prensa y los anuncios de cuarentena para contrabandear su ideología y llevar agua para su molino político. Un oportunismo que mantuvo en silencio a Larreta hasta ayer que se vio obligado a defender a su amiga y compañera de ruta cuando dijo que tenía “una valoración enorme por María Eugenia Vidal por lo que hizo en la provincia que tenía una postergación de décadas”. Con diplomacia como es su estilo, Larreta dijo lo que en las redes sociales se decía con ironía y contundencia: “Kicillof sostiene que Vidal en 4 años destruyó 29 años de prosperidad que construyó el peronismo”.
En todos los aspectos, Kicillof hace lo que le ordena Cristina con subordinación y verticalismo. El dedo de ella, lo puso en ese lugar. Pero en los últimos tiempos, tal vez presionado por la vice, se ha convertido casi en un Parrilli, es decir en alguien más cristinista que Cristina. Kicillof logró llegar al éxtasis de la desmesura cuando dijo que “en dos meses hicimos lo mismo que se hizo en los últimos 200 años”. Siempre con el dedito levantado, como corresponde a otro profesor universitario más. Hay un interesante debate adentro de las fuerzas mayoritarias. ¿Quién gana y quien pierde cuando Kicillof castiga a Vidal sentado en la mesa con Larreta al que no se le mueve un músculo? ¿Se valora la combatividad de Axel en su propia tropa? ¿Es un mensaje para Alberto? ¿O pierde puntos con los ciudadanos independientes que lo ven como un autoritario desubicado? En el caso de Larreta y Juntos por el Cambio también hay dirigentes que dicen que la prudencia y la moderación suman voluntades pero que hay un límite muy finito para no caer en la debilidad de no reaccionar ante los embates de Kicillof. Veremos que dice la historia.
Porque Axel fue el mariscal de todas las derrotas económicas de Cristina. ¿Se acuerda lo que hizo frente a los fondos buitres en su momento? Les debíamos poco más de 3 mil millones de dólares. Por hacerse el guapo y lavarse las manos, después de su gestión, obligó a todos los argentinos a afrontar una deuda de casi diez mil millones de dólares. ¿Qué me cuenta? Toda una fortuna en dólares se sumó a la deuda que vamos a tener que poner todos de nuestro bolsillo para pagar la jodita de Axel y su verborragia típica del infantilismo revolucionario.
El déficit primario del 2015 que dejó este muchacho, fue el más alto de los últimos 30 años, aunque quiera maquillar los números.
Hay que tener la cara de piedra para dejar el escenario lleno de bombas de tiempo y encima dictar cátedra. “Tengo todo estudiado”, dijo casi como una provocación el “chiquito”, como lo llamó Cristina. Menos mal que dijo que tenía todo estudiado. Y que nos quedáramos tranquilos.
Ningún país del mundo pagó tantos intereses como Kicillof al club de Paris.
Más que negociación eso fue una rendición, un bajarse los pantalones intolerable.
Y encima, dejó un rojo de más del 7% del PBI, es decir de arriba de 420 mil millones de pesos.
Tanto Cristina como Axel negaron hasta la existencia del cepo. Después, durante la campaña decían que era imposible salir rápido de esa locura porque la economía iba a estallar. Se equivocaron en todo.
Fue el peor ministro de economía de la docena de años K. Es raro que no se le haya caído la cara de vergüenza cuando dijo que dejaron un país floreciente con el 5, 4% de desocupación. Más mentiroso no se puede ser.
El INDEC decía que había una inflación moderada y razonable. Por lo tanto no teníamos que preocuparnos por ocupar el podio de los tres países del mundo con más inflación junto a Venezuela y Sudán.
Pero Kicillof decía que todo eso eran inventos de la prensa y las corporaciones. El devaluó la palabra y el peso. Es imposible encontrar algún éxito en la gestión de Axel Kicillof. Todos los indicadores, absolutamente todos, empeoraron cuando el camporita admirado por Cristina fue designado ministro.
En esos tiempos, se ganó el mote de “el más grande devaluador de la historia”. Es insólito, Su gobierno hizo que un dólar que estaba a 6 pesos pasara a 14 si teníamos en cuenta el dólar bolsa porque el paralelo ya había superado la barrera de los 15.
Rogelio Frigerio, en esa época, lo definió como un cirujano con mal de parkinson.
Los Kici boys, como les decían en su propio gobierno fueron tan altaneros como Cristina y tan ineficientes como la mayoría de los ministros. Pero esa megadevaluación negada que castigó ferozmente a los más pobres no fue su peor defecto. Lo más grave fue la devaluación de la palabra. El deterioro de la credibilidad de todos los indicadores sociales. Nadie creyó en esa humillación de no querer medir la pobreza para no estigmatizar a los pobres. Pocas veces se dijo algo tan antipopular desde una voz presuntamente progresista.
Todas sus medidas fueron por capricho o por venganza. Destruyeron la cadena de valor y consolidaron la recesión.
El relato mentiroso y encubridor de los fracasos de su gestión se cayó a pedazos y el ministro más marxista de Groucho que de Karl, la ayudó bastante a Cristina en esa tarea tan nefasta y reaccionaria.
Un gobierno que se autotitulaba popular y progresista debería haber combatido la pobreza y no ocultar a los pobres hasta convertirlos en los nuevos desaparecidos. Los invisibilizó, como dijo Alberto Fernández cuando era opositor y no cómplice de Cristina.
Kicillof lo quiere ocultar pero, en su momento, mientras estudiaba supo trabajar con Jorge Capitanich en un libro y en el ministerio de Domingo Cavallo, dos conocidos revolucionarios.
El muchacho progre de las patillas y la casa en Colonia tuvo el coraje de llenarle la cara de billetes a Repsol, el club de Paris, el Ciadi.
Por algo su agrupación en la universidad se llamaba Tontos, pero no tanto. Podríamos definir a los argentinos de la misma manera. Somos tontos pero no tanto.
¿No le parece, señor gobernador?

La patria está en peligro – 25 de mayo 2020

Feliz día de la patria y la libertad. Esa libertad, es la que nos obliga a denunciar que hoy, la patria está en peligro. Porque el autoritarismo chavista, avanza todos los días a paso redoblado y tambor batiente, mientras gran parte de los argentinos está ocupado, preocupado y aterrado por la pandemia criminal. Si “el pueblo quiere saber de que se trata”, debe saber que todas y cada una de las medidas que se tomaron y se van a tomar en la justicia son para colonizarla, para ponerle la camiseta de Cristina y para que todos los corruptos de estado queden en libertad lo más rápido posible y para que los jueces, fiscales y periodistas que se animaron a investigarlos la pasen lo peor posible. Ejemplos sobran. Y los venimos marcando desde el principio. Pero en los últimos tiempos, hay una orden de Cristina de pisar el acelerador a fondo. Saben que el virus es una gigantesca cortina de humo que les permite hacer casi cualquier cosa. Y aparecen situaciones insólitas por lo groseras. En Tigre se amenaza con cárcel de 6 meses a dos años a aquellos que quieran protestar porque quieren volver a trabajar y en Mar del Plata y en muchos otros lugares, las perchas de los comerciantes son un grito de necesidad. La pandemia es inédita. Y muchas de las cosas que permite, también. Amenazas de represión a los que quieren trabajar y absoluta libertad y cuidados a los que van al Obelisco a pedir más y más planes porque no quieren trabajar. El sistema clientelar es tan poderoso que se ha convertido en un mecanismo capaz de poner en jaque a los gobiernos no peronistas y de actuar de dique de contención del cristinismo y sus aliados peronistas.
Por eso no me asombra el cartel que el gobierno de los Fernández puso en todas las calles, contrabandeando propaganda proselitista e ideología detrás de medidas para atender la emergencia. Dicen que el 50% de los salarios los paga el gobierno nacional. Primero, ese dinero no le llega a todos. Segundo, es lo menos que puede hacer un estado que te cierra las puertas de las fábricas y comercios y te prohíbe trabajar pero te sigue cobrando impuestos. Y tercero, ese dinero no es de Cristina ni de Alberto. Es dinero de todos los argentinos. Parece que hoy dieron marcha atrás y van a cambiar la palabra “gobierno” por la palabra “estado”. Pero el daño ya está hecho. Y cuarto, encima la diputada Fernanda Vallejos, avisa que tal vez dentro de un tiempo, a cambio de esa ayuda, les van a pedir parte de las acciones de las empresas.
La patria está en peligro. Estamos atrapados sin salida. Es un círculo vicioso y confiscatorio. Cristinismo del siglo XXI. Chavismo santacruceño y pingüino. Un nuevo régimen contrario a la República.
Pero eso no es todo.
La reforma judicial en ciernes y el consejo de presuntos notables, se preparan para impulsar el aumento de miembros de la Corte Suprema con jueces adictos para terminar de un sablazo con la justicia independiente.
Todo el aparato del estado está en función de construir auto amnistía e impunidad para Cristina, todos y todas y para edificar el modelo que describió Gabriel Mariotto con lujo de detalles. Por un momento me hizo acordar a Carlos Menem. ¿Se acuerdan cuando confesó que si decía lo que realmente iba a hacer, hubiera perdido las elecciones? Salariazo y revolución productiva terminaron siendo Ladronazos y desocupación improductiva. Mariotto en otro sincericidio confesó que sin la simulación de moderado de Alberto, no hubieran ganado las elecciones. Pero exigió que se acabe la moderación. Axel Kicillof dice que se acabó la normalidad y Mariotto pide que se acabe la moderación. No andan con vueltas los muchachos. Mariotto, vice gobernador de Daniel Scioli en una de las gestiones más desastrosas que haya tenido jamás la provincia, quiere estatizar las empresas de servicios, el comercio exterior y que se ponga en marcha la ley de medios que intentó, controlar y censurar a los medios y los periodistas independientes.
La frutilla de la torta de Mariotto fue la siguiente: “No podemos permitir que la concentración mediática nos imponga la agenda. No podemos perder la pulseada contra quienes nos acusan de tener una propuesta de expropiación comunista, marxista”
Lo de Mariotto no fue un exabrupto. Fue un programa de gobierno. Un anticipo de lo que viene. Por eso en este 25 de mayo le digo que la patria está en peligro. Ayuda recordar que cuando la luz, el gas o los teléfonos, estaban en manos del estado, no había luz ni gas, ni teléfonos y los niveles de ineficiencia y corrupción superaban todos los límites. Esas empresas en lugar de invertir para mejorar los servicios y llegar agua y cloacas a todos los argentinos más pobres, se convertían en cotos de caza del peronismo para meter la mano en los bolsillos de los demás y para llenar de militantes la nómina de empleados. Nacionalizar el comercio exterior, con la Junta Nacional de Granos por ejemplo, como la que propuso Juan Grabois, implica que el gobierno les saque toda su producción a los sacrificados productores y que sean los Fernández los que decidan, cuánto vale su esfuerzo y si hay algún saldo, que se pueda exportar. Reparten el dinero, la innovación y el sudor ajeno. Y eso hace que la producción baje los brazos y que los productores se vayan a otros países o tengan que caer en las sombras de las coimas a los funcionarios. Una degradación absoluta. Populismo de cuarta. Autocracia jurásica.
Imaginan a estos funcionarios manejando las empresas de luz, gas, teléfono, internet y televisión. La utilizarán para cumplir el sueño de controlar a todos los ciudadanos y llevarán su ineficiencia a todos los lugares de la patria.
Hay que pensar en el papelón que hizo este gobierno autodenominado como “de los científicos”. Quieren manejar lo que no le corresponde al estado y viven metiendo la pata en el manejo del estado. Primero deberían hacer bien lo que les corresponde y después pensar en meterse en la actividad privada que es el motor del progreso y el crecimiento.
No pudieron hacer bien ni un simple cálculo matemático. Ni una planilla de Excel. Mandaron fruta en las cifras que Alberto mostró con sus famosas filminas. Chile se quejó, pero el descomunal error de cálculo fue en la medición de todos los países. Y no es que le erraron por un milímetro. Dieron cifras insólitas e incomprensibles. Y el presidente las repitió como si fueran verdades reveladas con la didáctica del profesor que dicta cátedra. Fue tan grande la metida de pata que tuvieron que sacar un comunicado reconociendo la equivocación. Lo firmó el ministerio de Salud, del cada vez más ausente, Ginés González García. Creo que no alcanza con reconocer el disparate. Alguien se tiene que hacer cargo y renunciar. Debe rodar alguna cabeza. Porque el presidente no puede permitir que le hayan hecho decir una barbaridad semejante sin que haya consecuencias.
Pero en esa conferencia de prensa nefasta por lo imprecisa y por la politización oportunista que le metió Axel Kicillof, el jefe del estado también tuvo otros tropiezos graves. El furcio de decir “Skanska” en lugar de Scania fue directamente para sumar a las obras completas de Sigmund Freud. Un acto fallido demoledor porque Skanska fue el primer gran caso de corrupción del gobierno de Néstor Kirchner e involucró a Julio de Vido mientras el actual presidente era Jefe de Gabinete. Pero lo más inquietante fue cuando Alberto, se convirtió en juez de las angustias de gran parte de los argentinos. “Dejen de sembrar angustias”, le enrostró a los periodistas y completó: “¿Es angustiante salvarse? Angustiante es enfermarse. Angustiante es que el estado te abandone”
En las redes sociales hubo una explosión de memes. Uno de los más creativos fue el que preguntó que aplicación hay que bajar para que nos permitan tener angustia. Y otro le contestó: “Angusti. AR”.
Hoy se cumplen 210 años de aquel 25 de mayo.
No hay futuro sin una democracia moderna, con división de poderes, libertad absoluta, federalismo en serio y con igualdad de oportunidad para todos sin corruptos ni golpistas. Podemos y debemos apoyarnos en las ideas y pasiones de aquel 25 que fue el más glorioso de nuestra historia. Es que parimos la patria. Con mucho esfuerzo y sacrificio, dimos a luz como pueblo. Dejamos de ser colonia para pelear por nuestra verdadera independencia.
No podemos permitir que pongan a esa patria en peligro.
Julia Prilutzky Farny dijo que la patria es el primer misterio inapelable y que se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas…Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria.
Manuel Belgrano, que fue un gran patriota de verdad, lo definió así: “La patria es el sentimiento de libertad que es capaz de transformar en héroes a los ciudadanos más simples”.
A esta epopeya estamos convocados todos los días. Ayer, hoy y siempre. Para que el sol del 25 siga asomando para todos. Y esa construcción colectiva llamada patria nos llene de orgullo y bizarría como esa bandera que a San Lorenzo se dirigió inmortal. Después de haber cruzado el continente, exclamando a su paso, libertad.

Extrañamos tanto a Mundstock – 22 de mayo 2020

Hoy es un día muy especial en la casa de los Mundstock. Hoy se cumple un mes del fallecimiento del querido Marcos. Y encima este lunes cumpliría años. Era tan patriota que nació un 25 de mayo. Si nosotros extrañamos tanto a Marcos, se imaginan lo que sienten Laura, su mujer y Lucía su única hija. Funcionaba a la perfección ese triángulo de amor y alegría. Ahora ellas la siguen peleando. Tienen días buenos y otros mas o menos. Saben que hay que dejar que la tristeza se exprese. Que las lágrimas salgan. Las dos se llenan de actividades para pensar lo menos posible. Pero no es fácil. Fueron 14 meses tremendos de estar al lado de Marcos peleando con el contra esa maldita enfermedad. Las deja tranquilas que se hizo todo lo que se pudo y que Marcos se fue después de haber cumplido todos sus sueños.
Hace poco, Lu, su hija, escribió un texto pidiendo que no se hable en pasado de Les Luthiers. Ella dice, con toda razón, que Les Luthiers son inmortales. Que no murió con su papá. Les Luthiers era para Marcos, Daniel y todos los que se fueron un proyecto maravilloso de vida. Y la muerte no puede contra eso.
Dijo Lucía que Les Luthiers sigue hoy con Carlos y Jorge sobre el escenario, asi como con Tato, Martín, Tomás y Roberto”.
Es absolutamente cierto. Pero hace un mes que murió Marcos y desde ese día la Argentina tiene muchas lágrimas más y un genio menos. Hace un mes que se nos fue Marcos, un querido amigo que, seguramente ya está instalado en el cielo de la alegría. La estuvo peleando como un guerrero, pero finalmente, a los 77 años su cuerpo dijo basta. Digo su cuerpo porque su alma, su corazón, su talento y su voz irrepetible, quedarán para siempre en la memoria de todos los que amamos la risa producida por un torrente de neuronas como era su cerebro y el de sus compañeros de Les Luthiers. Era tan querible que levantaba carcajadas de afecto, solito y callado en el escenario. A un costado, con la luz cenital, parado con su smoking y el moñito, con la carpeta roja en la mano y frente a un atril. Un solo gesto, una mirada pícara o la presencia imaginaria de Johan Sebastian Mastropiero, le alcanzaban para hacer estallar el teatro de felicidad. Cuando nació Marcos, se rompió el molde. No habrá ninguno igual.
Se las rebuscaba bastante bien con el idish, el idioma que hablaban sus padres, que eran judíos que llegaron a esta tierra, con pasaporte polaco y buscando libertad y esperanza.
Marcos, además, fue un locutor sin igual y un creativo publicitario de padre y señor nuestro. Somos privilegiados los que hemos tenido la posibilidad de admirar su arte y encima, como en mi caso, de tener una relación muy cercana. Reviso mi teléfono y me encuentro con el último chat. Mayo de 2019. Yo había escrito una columna sumamente elogiosa de “El cuento de las Comadrejas”, la película de Campanella. Se llama: “Un monumento al cine”. Y celebraba que este país tuviera cuatro actores de la magnitud de Luis Brandoni, Graciela Borges, Oscar Martínez y Marcos Mundstock. Marcos la escuchó como en general escuchaba radio Mitre y me escribió lo siguiente: “Hola querido Alfredo. Te agradezco tus exaltadas opiniones sobre la película, aunque mi modestia me impide releer tu columna más de seis veces por hora. Gracias hermano”. La sutileza que lo marcó para siempre, está en ese comentario. Me alegro profundamente de haberle podido contestar: “Te quiero y te admiro. Deseo profundamente que te mejores pronto”. Por suerte se lo pude decir. Que lo quería y lo admiraba. Fue hace casi un año. Fue el año de la batalla descomunal que libró contra esa maldita enfermedad.
Que nadie se asuste porque no hay ninguna chance. Pero si un día me decidiera a convertirme en político, armaría mi propuesta y mi plataforma con la trayectoria de Marcos y de Les Luthiers. Si señora, me gustaría recoger su nombre y llevarlo como bandera hasta la victoria.
¿Sabe porque se lo digo? Porque los integrantes de Les Luthiers, además de haber generado uno de los hechos artísticos más importantes de los últimos 50 años en Argentina, además de todo eso que ya es muchísimo, Les Luthiers son un espejo para mirarnos. Para reflejarnos en su ejemplo. Esa es mi pequeña utopía. Y se la paso a explicar.
Porque su trabajo es para las multitudes, para las grandes mayorías. Podrían haberse quedado en el humor inteligente para pocos, en el elitismo culturoso. En esa actitud de algunos presuntos intelectuales que se creen que mientras menos gente va a verlos, más geniales son. Nunca fueron sectarios ni excluyentes. Supe como llenaron la cancha de fútbol del Sevilla en España y pude ver en persona, con mis propios ojos, como emocionaron hasta las carcajadas a 12 mil personas en el Festival de Cosquín, en el que muchos subestiman la inteligencia del pueblo y van a hacer demagogia con palmas y temas pegadizos. El otro día le conté a Jorge Fernández Díaz, en esta radio, que ellos me invitaron para que los acompañara a Cosquín. Estaban un poco inseguros, dudaban del recibimiento de un público con tanto amor por el folclore tradicional. Se enfundaron en ponchos blancos y, desde bambalinas, pude ver sus espaldas y de frente, las caras de esa maréa humana festejando tanto ingenio y música de calidad.
Les Luthiers fue parte de la educación que le dimos a mi hijo. Diego vió tantas veces los espectáculos que tenía en una caja llena de VHS que se sabía muchos pasajes de memoria. Yo como padre baboso, lo molestaba pidiéndole que los recitara delante de Marcos o de Daniel y ellos me decían: “Dejá tranquilo al pibe”.
Hablo de esa vocación por buscar la felicidad del pueblo a través de la risa. Uno sabe que volverán y serán millones de carcajadas. O como dice Lucía. Nunca se fueron. Siguen ahí arriba del escenario que viene.
Pero Les Luthiers también tiene lo mejor de la ética para ejercer su tarea creativa. Ganaron todo el dinero que se merecen por su trabajo, pero nunca cedieron a la tentación de la máquina de chorizos, de caer en el mercantilismo trucho que todo lo traduce a dólares y destruye el arte. Se respetaron a sí mismos y nos respetaron a nosotros. Y además la democracia interna que ejercían cotidianamente. Su propia existencia como grupo demuestra la posibilidad de la convivencia entre los distintos, la tolerancia, el pluralismo, esa manera tan maravillosa de enriquecernos con la opinión y la mirada del otro. ¿O alguien cree que es fácil que cinco talentos convivan durante tanto tiempo sin tener problemas entre ellos?
La moraleja es: si un grupo de trabajo puede, un país también puede. Y, finalmente, creo que Les Luthiers también tiene esa vocación por la igualdad, esa actitud mosquetero del todos para uno y uno para todos, ese elevar la palabra “compartir” a su máxima expresión y esa capacidad para discernir entre igualdad y uniformidad. Todos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones pero todos respetan las características personales de cada uno, su propio pensamiento, la singularidad que los hace seres irrepetibles y cooperativos.
Tienen una ley interna que es sagrada: la “ley del no jodás”, que se basa en el principio de la incomodidad respetable. Un teorema científico que dice así: cuando a alguno le jode demasiado que lo jodamos un poco, no lo jodamos ni siquiera un poco porque sería joderlo demasiado. Brillantes, brillaron en el Lincoln Center de Nueva York y en nuestro Teatro Colón. Pero ninguno olvidará y Marcos mucho menos, aquel recital en plena calle frente a 50 mil personas para festejar los 5 años de democracia recuperada cuando cambiaron el nombre del pirata Raúl por el de Fermín para que nadie interpretara nada raro teniendo un Raúl Alfonsín como presidente. Ninguno olvidará y Marcos mucho menos, cuando Felipe González los invitó al Palacio de la Moncloa o cuando recibieron el premio Princesa de Asturias y les otorgaron la nacionalidad española por carta de naturaleza.
Me pongo de pié para nombrarlos, queridos Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich que en los escenarios del paraíso descansen y no se cansen de hacer travesuras bajo la dirección de su fundador, que también partió hace tiempo, Gerardo Masana. ¿Mi solidaridad en el abrazo fraterno y en el pésame en la despedida con Carlos Nuñez Cortes, Carlos López Puccio y Jorge Maronna, de la línea fundadora.
Ellos siguieron siempre en la huella, predicando con el ejemplo, no con el dedito levantado y sin bajar nunca una bandera y de la mano de Lino Patalano.
Por eso le digo que me gustaría tener un país Les Luthiers. Un país edificado por todos a su imagen y semejanza. Un país donde construyamos nuestros propios instrumentos para ganarnos la vida con la frente alta y las manos limpias y que por eso seamos respetados y muy bien recibidos en cualquier país del mundo. Un país en el que todos los argentinos cantemos la misma melodía y celebremos la vida con la alegría que no teme ni ofende, como la verdad. Las risas y la admiración que vienen cosechando hace más de medio siglo, son transparentes y genuinas, valientes y sensibles. Muy argentinas. Como el país que soñamos con Marcos como número cinco, repartiendo el juego en el medio campo. Porque era tremendamente futbolero. Lamentaba los problemas de su rodilla que no le permitían pegarle de chanfle como quería.
Hace un mes murió Marcos Mundstock. Se nos fue una parte de la mejor Argentina. Me hacía cantar de risa. Marcos y sus compañeros fueron admirados y amigos de Joan Manuel Serrat, Gabriel García Márquez, Yehuda Menuhim, Vinicius de Moraes, Toquinho, Manucho Mujica Lainez y la Negra Sosa, entre tantos.
Hace un mes que murió Marcos Mundstock. Muchos oyentes me pidieron que multiplicara este humilde homenaje. Me duele el alma y me inclino para rezar en el altar de la alegría que seguramente comparte con Tato Bores, Jorge Guinzburg y el Negro Fontanarrosa.
Te juro que te extrañamos muchísimo, hermano querido. Marcos Mundstock: no habrá ninguno igual, no habrá ninguno.