Máximo poder y corrupción – 10 de mayo 2021

¿Dónde está Máximo? ¿Qué pasó con el
príncipe heredero de la dinastía Kirchner? Brilló por su ausencia en Ensenada, en la “foto de la unidad”, como pidió que la titulen el presidente Fernández. Hace varios días que Máximo no aparece públicamente, aunque sus soldados de La Cámpora siguen avanzando sobre las cajas millonarias y los cargos estratégicos del estado.
¿Dónde está Máximo? Según Eduardo Van der Kooy, escribió en su columna de Clarín “el diputado pasó las últimas dos semanas en Santa Cruz, en una cura de estrés”.
El colega Martín Rodríguez Yebra en La Nación, lo ubicó en el mismo lugar geográfico y por el mismo tiempo y agregó que Máximo, está preocupado por algunos intendentes del conurbano que lo estarían traicionando. Es que obtuvo una victoria a lo Pirro en el Partido Justicialista bonaerense. Es cierto que se apoderó de la presidencia a los empujones y de prepo. Pero no le salió tan bien la jugada: no podrá asumir hasta diciembre, cuando terminan el mandato legal las actuales autoridades.
¿Ese trago amargo le habrá producido el estrés que fue a curar a Río Gallegos? ¿Fue realmente una cura de estrés o algún otro tipo de tratamiento? Como siempre, hay mucha oscuridad en la información blindada que deja trascender La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina.
Otra rabieta que pudo haber estresado a Máximo fue la comprobación de que en toda la cadena del escandaloso laboratorio de hisopados obligatorios y muy caros de Ezeiza, aparecen siempre militantes de La Cámpora y gente de confianza de Mariano Recalde y Wado de Pedro, dos de sus lugartenientes.
Y como si esto fuera poco, el fiscal Eduardo Taiano pidió más datos de Máximo sobre su multimillonario patrimonio en la causa por enriquecimiento ilícito. Investigan si hubo inconsistencias en su última declaración de bienes de 292 millones de pesos. Se sabe que pidió 5 cuotas para pagar el impuesto a la riqueza. Silvina Martínez, la abogada especializada en el combate contra la corrupción, denunció que los bienes del jefe del bloque de diputados oficialistas, en realidad, ascienden a 25 millones de dólares.
La orga de Máximo tuvo gran participación en el tráfico de vacunas.
Muchos de sus militantes violaron las reglas y la ética y se aplicaron las inyecciones mientras celebraban en las fotos y en las redes, con los dedos en “ve” como si hubieran tomado el palacio de Invierno. En la provincia de Buenos Aires son cómplices del desastre que generó Axel Kicillof con una vacunación militante y de una lentitud exasperante. Es verdad que le hicieron el aguante con éxito al amotinamiento de Federico Basualdo, pero dejaron heridos de muerte política a Martín Guzmán y al propio presidente Alberto Fernández.
En estricto off the record transmitieron dos conceptos típicamente mafiosos después de bancar a Basualdo: “A nosotros no nos toca nadie” y “Nadie se va del gobierno sin que nosotros lo autoricemos”. Más que disciplina partidaria vertical se parece mucho a una amenaza del hampa o la camorra.
Máximo ya tiene 44 años. Ya no es un pibe. Es un magnate que sigue utilizando ese look setentista, de pelo largo, barba desprolija y campera. Es un señor grande al que no se le conocen trabajos anteriores ni estudios superiores.
Cristina no se fija en gastos para intentar que su hijito del alma sea presidente en el 2023. Para su cumpleaños le regaló la presidencia del “Pejota” de Buenos Aires. Es la única forma de garantizar la continuidad del nacional populismo chavista y de asegurar que Cristina logre su impunidad tan deseada y sea consagrada la mujer más honesta de la historia argentina.
En diciembre de 2019, Alberto todavía no había asumido y ya había pegado su panquequeada monumental, cuando vaticinó que Máximo lo iba a suceder. “Ojalá que Máximo sea el próximo presidente. Es un chico maravilloso, criterioso, razonable y moderado”.
¿Tanto le piden a Alberto? Las urnas, como siempre, dictarán su veredicto.
Máximo vivió todos estos años firmando balances y poniendo su apellido en las estafas que hicieron sus padres. No pudo terminar la carrera de periodista deportivo en una academia privada. Pero no es un negado en la política. Supo usar su apellido como llave para convertirse en uno de los dirigentes más poderosos de la Argentina. La agrupación que fundó, La Cámpora, controla casi todos los lugares claves donde hay montañas de dinero o posibilidades de multiplicar la militancia en el territorio. Tiene mucha plata y un gigantesco aparato de movilización rápida. Es pragmático como su padre en las alianzas y no tiene problemas digestivos para elogiar a Chávez o Fidel Castro, ningunear a José Ignacio Rucci y simultáneamente, abrazarse a derechosos mafiosos como los Moyano o a directamente fascistas. No le hace asco a nada que tenga que ver con la acumulación insaciable de poder y de dinero. En eso es igual a sus padres. Es un caso único en el mundo. Néstor y Cristina gobernaron este país durante más de 12 años. Con Alberto en el gobierno y Cristina en el poder, los K van a completar 16 años en la Casa Rosada. Así nos fue. La idea es que Máximo complete las dos décadas con las que habían soñado sus padres hasta que la muerte de Néstor alteró los planes. Pregunta chicanera:
¿Cuántos años tendrá Néstor Iván en el 2027, el nieto de Cristina cuando Máximo termine su segundo mandato? Algunos ya están preparando los afiches. “Volvió Néstor. Votá a Néstor Iván y siguen los Kirchner”.
Por ahora, Máximo tiene estructura militante pero padece el mismo rechazo y apoyo que su madre.
Esta suerte de monarquía absolutista y hereditaria del reino de Santa Cruz necesita una agencia de colocaciones y de vigilancia. Ese es el rol de La Cámpora.
Máximo Kirchner es quien, según declaró Leonardo Fariña por televisión, también era de los que recaudaban dinero entre los empresarios. Máximo bajó mucho de peso, pero todavía se le podría decir la histórica frase de Raúl Alfonsín: “A vos no te va tan mal, gordito”. Es un millonario que dice combatir a los millonarios.
Máximo está procesado por asociación ilícita y lavado en la causa Los Sauces y por blanqueo de activos en Hotesur. Los que decían ser los pibes para la liberación, terminaron siendo los muchachotes para encubrir la corrupción.
Son la gendarmería de la ideología y la pureza del cristinismo. Son los gerentes del modelo. Los dueños de la marca Cristina.
Máximo es el encargado de hacerle el test para chequear que Alberto no haya contraído el virus del neoliberalismo. Lo presionan para que vaya a fondo de una vez por todas para indultar a Milagro Sala, Amado Boudou y el resto de los funcionarios corruptos y para que le ponga límites a los medios hegemónicos que según ellos son la nueva forma de la dominación. El Máximo poder y corrupción nos lleva a la principal incógnita que los argentinos deberemos develar en las elecciones:
Máxima democracia o el Príncipe Máximo.

Kicillof, ¿es el nuevo jefe de Alberto? – 7 de mayo 2021

Axel Kicillof dice que “los halcones se
comieron a las palomas en una oposición muy destructiva que desconoce los resultados electorales”. Su única herramienta es buscar culpables ya que no encuentra soluciones para los graves problemas de la provincia. Su gobierno anunció que mañana van a reproducir los estrictos controles en todos los ingresos a la provincia como hicieron el fin de semana pasado generando un caos de tránsito descomunal. Insisten en complicarle la vida a la gente y a muchos trabajadores esenciales que tienen que ir a la provincia a ejercer como médicos, o enfermeros. Pero el muchacho es un cabeza dura que solo escucha a Cristina.
En Bahía Blanca, ayer, Kicillof tuvo que
bancarse una ruidosa protesta de Padres Organizados que le reclamaban que abriera las aulas de una vez. El fin de semana pasado, ocurrió algo parecido en la sede del gobierno bonaerense. Enojado dijo en un acto: “Me han dicho que no nos interesa la educación: caraduras”. Y, otra vez arremetió con su mentira más utilizada que dice que Juntos por el Cambio atacó a los docentes y cerró escuelas. La actual oposición, no atacó a los docentes. Fue víctima del ataque de un grupo minoritario de los gremialistas docentes más radicalizados y cristinistas. Paros seriales, todo el tiempo.
Hoy Kicillof ya se sumó, públicamente, a este apriete que hay sobre el ministro Guzmán. Dijo que “hay una reactivación acelerada de la economía y que para frenar la inflación hay que coordinar desde el estado para evitar la rentabilidad extraordinaria de los empresarios”. Se sabe que empuja la destitución del actual ministro de Economía y su reemplazo por Paula Español. Todos los días avanza un poco más sobre las atribuciones del Presidente Alberto Fernández.
Axel Kicillof desgobierna la provincia de
Buenos Aires, pero intenta gobernar el país. De hecho, como delegado de Cristina, en los últimos días fue el que le marcó la cancha al presidente formal. Respaldó a Federico Basualdo al asegurar que era “un excelente funcionario” que por contraste fue una forma decir que el ministro Martín Guzmán es un funcionario que no funciona. En la práctica se comportó en público como el sostén del sub secretario que Alberto no pudo echar. Pero también dictaminó como va a ser la política tarifaria del gobierno nacional. “Este aumento del 9% será el único”, fue la orden de La Cámpora. Cristina ya viene dinamitando todo el tiempo cualquier tipo de acuerdo con el Fondo Monetario. Y el pobre Guzmán, herido de muerte política, trata de mostrarse racional y prudente ante los empresarios y los organismos internacionales. Quiere bajar el déficit porque actualmente los subsidios son una desmesura y eso impacta sobre la inflación que no pueden controlar. El primer trimestre fue del 13 % y es la inflación más alta de los últimos 5 años para el mismo período.
Pero Cristina y su guardia de hierro, La Cámpora, no quieren firmar ningún acuerdo con el Fondo. Todo lo contrario, los acusan de ser cómplices de Macri por haber otorgado un préstamo inusual y de gran magnitud. Este es uno de los despropósitos más graves de este gobierno., Alberto y Guzmán van para allá y Cristina y Kicillof van para el otro lado. Generan un nivel de confusión y de señales letales para todo tipo de inversores.
La desesperación por cerrar todo y llevar las restricciones al máximo fue una orden de Axel a Alberto. Es que la provincia es una vergüenza en todo lo que hizo y lo que no hizo en esta pandemia. La lentitud para vacunar es exasperante. Testea poco y nada. Militantes traficaron vacunas y se las aplicaron antes que los médicos y los adultos mayores y se vanagloriaron de eso en las redes con los dedos en “ve”. No utilizaron los hospitales ni los sanatorios. Aplicaron las dosis en locales partidarios y sindicales de Baradel y companía y repartieron folletos de propaganda política. No hicieron nada bien. Mostraron su incapacidad, su mala praxis y su criterio oportunista y ventajero para utilizar esta movida en modo electoral.
Kicillof lo hizo. A través de su ministro, Andres “el Cuervo” Larroque, pidió que siga el IFE, algo que también había descartado Guzmán. Le están quemando los papeles y sus planes. Axel es el comisario que vigila que Guzmán no se salga del libreto de la autocracia populista y chavista. Cristina lo ratificó en un tuit cuando burlonamente y para atacar a Macri escribió que “Y eso que el FMI no financió la campaña de Trump”.
Kicillof es la nueva estrella del firmamento cristinista. Hoy su hijo putativo está por encima de su hijo biológico, Máximo, el príncipe heredero. Luciano Román, en La Nación, contó que casi todas las oficinas públicas bonaerenses están cerradas hace más de un año, y que la virtualidad es apenas una fantasía. Administrativamente es un gobierno paralizado “en estado vegetativo”, con excepción de todo el aparato recaudador. Eso funciona a mil por hora.
Roberto Costa, el presidente del bloque de senadores bonaerenses de Juntos por el Cambio, dijo que Kicillof había logrado el “milagro de ser peor gobernador que Daniel Scioli”. Los intendentes justicialistas no entienden lo que dice y le siguen desconfiando por ser sapo de otro pozo. En lo ideológico lo ven como un recién llegado al peronismo defensor de Juan Manuel de Rosas y en lo territorial, dicen que no conoce la provincia.
Sin embargo, Axel, de la mano de Cristina es uno de los personajes más poderosos del país. Hace mal lo que tiene que hacer y también lo que no tiene que hacer. Hace poco le dije que a Axel le falta gestión y le sobra agresión.
Todo el tiempo ataca a la Ciudad de Buenos Aires, a la que considera la madre de todos los contagios y todas las calamidades neoliberales. Pero en todas las encuestas está muy por debajo de Horacio Rodríguez Larreta.
Como si esto fuera poco acusó de “egoístas e irresponsables” a muchos que tienen los negocios fundidos o se quedaron sin trabajo y por eso rechazan las restricciones estrictas. Era lo único que faltaba para comprender que Axel Kicillof está atrapado por arenas movedizas. Por eso se mueve poco. Pero cada vez que se mueve, se hunde más. La tierra arcillosa de la gestión lo va tragando lentamente. Le va a costar salir de ese lugar antes de ser engullido en su totalidad.
Hay que recordar que su tarea como Ministro de Economía lo consagró como uno de los peores y de los más fanfarrones de la historia. Nos hizo perder fortunas a los argentinos. Y siempre, en el nombre de la emancipación anti imperialista le llenó la cara de billetes a los acreedores de todo tipo.
Jamás en su vida fue peronista pero tuvo que aprender la marchita de apuro porque fue designado como vicepresidente del Partido Justicialista. Hizo un giro ideológico inverso al de Amado Boudou. El delincuente condenado y ex ministro de Economía, pasó del liberalismo de Alsogaray al marxismo cristinista de mentirita. Y Axel pasó de enseñar marxismo en la facultad a las 20 verdades de Perón. Fue meteórica su carrera. Se afilió en febrero al justicialismo y un par de semanas después fue elegido en la conducción, junto con Alberto Fernández. Todo ocurrió en un santiamén. Por eso los derechosos duros y ortodoxos como Guillermo Moreno y Julio de Vido, le tienen tanta bronca. La carta orgánica le exige como mínimo dos años de afiliación pero, ya saben todos por donde se pasan los Kirchner las reglas y las normas.
Pasó de ser el ideólogo de la agrupación de la izquierda universitaria “Tontos pero no Tanto” a gobernador de la provincia que más votos le aportó históricamente al peronismo.
A esta altura, la grieta que los Kirchner cavaron en la Argentina, ya tiene dimensiones de abismo.
La Matanza en particular y la provincia de Buenos Aires están con un nivel de deterioro brutal. Porque es verdad que no hay cloacas ni agua suficientes y que las calles son un desastre y la luz y el gas falta en muchos lugares.
Cristina debería saber, en realidad lo sabe, pero finge que no sabe, que en 36 años de democracia recuperada, la provincia que representa casi el 40 % del padrón, fue gobernada solo en dos períodos de 4 años por no peronistas: Alejandro Armendáriz, empujado por el huracán alfonsinista y María Eugenia Vidal, por el huracán macrista. Esa provincia tan golpeada y con tantas carencias fue gobernada durante 28 años, repito 28 años, por el peronismo en todas sus variantes. Y ni que hablar de La Matanza. Federico Russo, Héctor Cozzi, Alberto Balestrini, Fernando Espinoza, Verónica Magario y ahora nuevamente Fernando Espinoza. En los últimos 36 años solamente gobernaron dirigentes peronistas. Ellos son los responsables de las humillaciones a las que han sometido a los ciudadanos y de las necesidades básicas insatisfechas que tiene ese distrito. Axel gobierna mal, agrede demasiado y trata de salir de las arenas movedizas que el mismo generó. Y pese a todo, se transformó en el nuevo jefe de Alberto. Por orden de la Jefa, por supuesto.

Alerta, se viene el “Cristinato” – 6 de mayo 2021

Tal vez todavía no tomamos suficiente conciencia, pero estamos entrando en un alerta roja del tablero democrático. Suenan las alarmas porque todos los días estamos utilizando conceptos peligrosos para el sistema menos malo que se conoce y el que todos los argentinos decidimos fortalecer desde 1983. Cristina habla de golpe contra las instituciones. Elisa Carrió dice que hay un golpe contra la justicia. Joaquín Morales Solá plantea que hay un golpe palaciego de Cristina contra Alberto. Pepe Nun en su momento y ayer Daniel Sabsay definieron a Cristina como “la presidenta de facto”.
Muchas veces, utilizamos “gobierno de facto” como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.
Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Eso es de imposible cumplimiento. No hay manera de hacer zafar a Cristina de su cleptocracia sin romper el régimen democrático.
Un salvaje autoritario, como el diputado Rodolfo Tailhade llegó a la irracionalidad de pedir enjuiciar cuatro jueces (uno fallecido) y un fiscal por su responsabilidad en la muerte de Héctor Timerman que, como todos sabemos, falleció de cáncer. El chavista extremo de Eduardo Barcesat pidió que la Nación intervenga el gobierno de la Ciudad. Tal vez quiere que coloquen como interventor a Mariano Recalde o Daniel Filmus. Un delirio que puede producir una rebelión ciudadana.
Insisto, hemos entrado en una pendiente resbaladiza que nos conduce a un abismo institucional. Es hora de decirlo con todas las letras. De hablar sin eufemismos. Carlos Pagni lo denomina “proyecto cesarista”, Marcelo Longobardi habla del comienzo de una “autocracia”. Muchos venimos denunciando un rumbo hacia el chavismo o el feudalismo de Santa Cruz o Formosa. Y obviamente, esto es muy grave.
Conceptualmente, Alberto ya fue. Cristina lo tiene en un puño y lo redujo casi a la servidumbre. Creo que la vice hasta disfruta con cierto sadismo cuando lo vé hundirse política y humanamente.
Hay dos frases pronunciadas por Alberto en sendos actos que son sincericidios claros, mucho más que actos fallidos o amnesias parciales. Primero fue en el acto de La Plata que fue refundacional del gobierno. Cristina dijo que había funcionarios que no funcionaban y que si tenían miedo, se buscaran otro laburo. ¿Qué dijo Alberto frente a esa clara usurpación del Poder Ejecutivo? ¿Cómo reaccionó Alberto? Le dijo delante de todos y sin que se le cayera la cara de vergüenza: “ Cristina, yo hice lo que me mandaste?
El primer mandatario cedió su lugar e hizo lo que le mandó Cristina. La otra confesión de partes fue ayer, en Ensenada. Allí Alberto mintió como lo hace habitualmente respecto de los hechos y las acciones. Pero ayer superó una barrera sicológica porque mintió sobre sus propias palabras. Se auto mutiló la memoria. Se pegó un tiro en la conciencia histórica y pretendió engañarnos a todos. Dijo que cuando estaban distanciados con Cristina había algo que la acercaba. Eran las críticas que le hacían los opositores por lo bueno de su gobierno. Fue patético ver a un hombre quebrado de semejante manera. Sometido hasta la renuncia a su propia dignidad. Todos los periodistas sabemos que Cristina lo mandó a espiar y a perseguir y él lo puso en un tuit.
Y todos sabemos que Alberto era una fuente informativa permanente de los periodistas independientes que descubrían los robos, las estafas y los aprietes de la actual vice presidenta. Insisto con lo que le dije ayer. Nadie fue tan duro con Cristina como Alberto. Nadie le hizo tanto daño. Dijo que todo su gobierno era deplorable, que ella era patética y sicópata y se la pasó recorriendo los canales, las radios y los diarios más críticos del kirchnerismo.
Renegar de eso, es el último escalón de su descenso al infierno de la insignificancia. Claramente quiso halagar a Cristina, chuparle las medias, endulzar sus oídos. Pero fue la imagen de la rendición incondicional. Eso significa que estamos entrando, más temprano que tarde en la instalación del Cristinato.
Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Estos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.
El Cristinato, no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y tambor batiente. A eso también se le puede llamar nacional populismo o autocracia, como prefiere el presidente Joe Biden.
Algunos teóricos, incluso hablan de monarquía absolutista, al estilo de Luis XIV de Francia, que fue el que pronunció la frase “El estado soy yo”.
Ella misma alguna vez se definió como la reina Cristina y muchos ven a Máximo como el príncipe heredero de esa dinastía.
Hay una incautación del cargo por parte de Cristina que es la única que conduce en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante del país, definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró, repito, que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo.
Tal vez ese inocultable sometimiento a cielo abierto y delante de todo el mundo, conmueva tanto el ánimo de Alberto que no pueda encontrar una plataforma de gobierno para ponerse de pié. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Les mete pánico a los tímidos para el coraje o a los flojos de personalidad. Cuatro gritos y listo. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. Ojalá Dios y la patria se lo demanden.
Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.