El odio de Máximo – 8 de abril 2015

El odio es el peor veneno de la condición humana y sin embargo, es capaz de mover montañas y desatar guerras. Por eso me interesó lo que Máximo Kirchner dijo al respecto durante la amable charla que mantuvo con el mayordomo periodístico del gobierno, Victor Hugo Morales. El hijo de los dos últimos presidentes se quejó porque hay gente que lo odia sin saber por que. Dijo que los medios destituyentes o hegemónicos contribuyen a estigmatizarlo a él y su familia. Enseguida, aconsejó bajar los decibeles porque la pelea debe ser política y de lo contrario toma una virulencia que no es aconsejable. Máximo aprovechó para colocarse en el lugar de víctima y decir que ellos nunca se habían metido con las familias de los opositores o de los periodistas independientes. Su conclusión fue que el escarche al juez Jorge Ballesteros en un restaurante fue impulsado por el grupo Clarín. 

Mi conclusión es que los que reinstalaron el odio en la Argentina fueron tanto Néstor como Cristina. La grieta, como le llama Jorge Lanata o la fractura social expuesta es, seguramente la peor de las herencias malditas que dejará este gobierno. De hecho, antes de que asumiera Néstor, la sociedad tenía muchas asignaturas pendientes pero el drama del odio entre hermanos había sido extirpado. Algunos historiadores dicen que esa brecha se cerró cuando se abrazaron Perón y Balbín. Yo creo que fue cuando Antonio Cafiero se puso en el balcón de la casa rosada al lado de Alfonsín para defender la democracia ante la rebelión de los carapintadas en aquella Semana Santa de la casa está en orden. Cada uno sacará sus propias conclusiones respecto de cuando fue que superamos el odio en Argentina. Pero nadie puede negar que se reinstaló con la llegada de los Kirchner al gobierno. Creo que esa es una verdad histórica indiscutible. 

Mucho tiempo le llevó a este país cerrar las heridas del peronismo y antiperonismo de la década del 50. Eso dividió familias enteras, amigos que ya no se hablaron nunca mas, compañeros de trabajo que dejaron de saludarse y pasaron a combatirse. Ya le dije que el odio nos envilece como personas. Es la venganza de un cobarde asustado. Por lo menos asi lo definía George Bernard Shaw. 

Hoy el odio entre argentinos nos hace muy mal a todos. Ninguna sociedad puede crecer y ser mas igualitaria si no está cohesionada. Pero para combatir semejante enfermedad social conviene hacer el diagnóstico correcto. Establecer cual fue el virus que inoculó ese veneno del odio en las venas abiertas de la sociedad argentina. 

Y la verdad es que los Kirchner con su actitud autoritaria, mandona y agresiva fueron los que encendieron la mecha. Ya sea por conviencia a la hora de polarizar, o por la justificación ideológica de Ernesto Laclau de identificar al enemigo o para darle mística a la tropa, todo el tiempo fueron fracturando o intentando fracturar todas las organizaciones de la sociedad. Miraron para otro lado cuando se incitó a escupir fotos de periodistas en las calles o cuando se les hizo una parodia de juicio popular en Plaza de Mayo, o en los momentos de mayor virulencia con los escraches personales y callejeros o con el aparato de propaganda del estado que ayudó a estigmatizar a los que disentían con el oficialismo. 

Los Kirchner con su metodología, su dinero y su rencor diseminaron el odio que hoy ha crecido y afecta a una parte importante de la población. El odio que denuncia Máximo es la consecuencia del máximo odio que derramaron durante 12 años. 

Y no lo digo para establecer una actitud vengativa. Repudio cualquier tipo de escrache o de violencia. No importa quien sea la víctima o el victimario. Todo escrache es un acto de cobardía porque es odio en movimiento. Y ese camino nos lleva directo al peor de los infiernos. El ojo por ojo finalmente nos deja ciegos a todos. Soy un convencido de que el próximo presidente tiene que ser un pacificador social que construya puentes de diálogo y dinamite todas las trincheras. El,odio es el antónimo del amor. Es el gran responsable de los peores desastres de la humanidad. Y la inmensa mayoría de los argentinos quiere convivir en paz y armonía.