Lo digo y lo repito y todavía no lo puedo creer. Pero es absolutamente cierto. Maravillosamente cierto. Se trata del mayor logro de mi vida periodística: el Papa Francisco me hizo el honor de contestar, con mucho afecto y agradecimiento, la carta abierta que leí en esta radio y que tuvo tanta repercusión que se convirtió en uno de los temas mas comentados del mundo en Twitter. Los miles y miles de oyente de Mitre fueron los primeros testigos de la columna del jueves 9 de abril, el día que cumplí 60 años. Tal vez como un regalo del cielo, ese texto tan polémico provocó mas de mil llamados en apenas dos horas de programa. Sentí que había metido el dedo en alguna llaga. Que la nueva visita de Cristina al Vaticano era algo revulsivo que generaba opiniones y sentimientos encontrados entre los que aman y admiran al Papa pero que, ademas, tienen una mirada muy critica de Cristina y su gobierno.
Enseguida, entró en operaciones el grupo de tareas a sueldo del kirchnerismo. Inundaron las redes sociales de feroces insultos y agravios contra mi y mi hijo Diego. Eso generó una respueta solidaria y masiva de quienes me valoran profesional y humanamente. Por eso, rápidamente el apellido Leuco fue Trending Topic, es decir, traducido al castellano, lo mas mencionado en el momento en el planeta virtual.
Los mercenarios que ametrallan con los 140 caracteres me dijeron de todo. Desearon mi muerte y la de mi familia, en línea con el odio que baja directo desde la cima del poder político. Además, se burlaron e intentaron ridiculizarme. Lo resumo en una pregunta: ¿Quien te crees que sos, Leuco para escribirle al Santo Padre y, encima, plantearle una crítica respecto de la nueva audiencia que le había concedido a la presidenta en plena campaña electoral? El jefe de la operación fue el pautatraficante y flamante millonario Diego Gvirtz. Para el «Cártel de 678» si que fue una década ganada con los dineros del pueblo pobre de la Argentina.
De pronto se hizo el milagro. Este sábado 11, yo estaba celebrando mi cumpleaños con 6 de mis mejores amigos y sus parejas en la ciudad de San Pedro, donde nació Fernando Bravo, mi amigo y compañero de ruta de tantos años. A las 11 y 23 minutos de la mañana, llegó un primer WhatsApp de monseñor Guillermo Karcher. Pensé que era una broma. Pero cuando me fijé el número de origen, era del Vaticano. Me decía que el Papa había leído mi carta y que le mandara mi correo electrónico. Me dijo que el Papa me iba a escribir después de proclamar el año santo. Me tuve que pellizcar varias veces para comprobar que no estaba soñando. Mis amigos aullaban de felicidad y me alentaban con bromas de todo tipo. Bravito me dijo: si te llama Francisco decile que el está en San Pedro y que vos también. Me llenó de felicidad cuando Karcher me dijo: «El Papa te recuerda y te saluda». A las 14:08 casi me muero de alegría: el mensajito decía, «Atendé, te está llamando el Papa». No tengo buena señal, le dije. Y Karcher me contestó algo insólito que voy a compartir con todos ustedes: «Te dejó un mensaje». Fui al contestador y con mi corazón temblando de emoción escuché esto que quiero compartir con todos ustedes:
VA AUDIO DEL PAPA.
¿Escucharon? El conductor de 1.200 millones de católicos me estaba diciendo gracias por mi trabajo periodístico. Y encima me decía que iba a interntar llamarme de nuevo. No se puede creer. Pero escuche de nuevo que vale la pena:
VA AUDIO DEL PAPA POR SEGUNDA VEZ.
Pero eso sería solo el comienzo. A las 15 horas sonó el teléfono y atendí de inmediato. Yo tenía una increíble serenidad que me transmitía el Papa. No quería quitarle demasiado tiempo pero el me alentaba a que conversáramos. Le agradecí con el alma su gesto. Me habló de la «entereza moral de mi carta» y casi me desmayo. Le hice la broma que me dijo Bravito sobre San Pedro y el admirado Jorge Bergoglio se rió a carcajadas como si estuviera tomando mate en Buenos Aires. Le recordé uno de los acontecimientos que mas orgullo me produce. ¿Se acuerda cuando me entregó el premio de «Al maestro con cariño» por mi trabajo periodístico. Aquel día, en deportes fue premiado Gabriel Batistuta y el padre Chifri uno de los sacerdotes mas valientes y solidarios que yo conocí. Me hizo un par de comentarios reservados sobre la manera en que fue usado políticamente y la bronca que eso le había dado. También me hizo una precisión informativa pero me aseguró que ese dato no ponía ni quitaba nada a la «estatura humana» de mi carta. ¿Se dan cuenta de lo que estoy diciendo?» Enseguida le agradecí su lucha por la paz en el mundo, por la cultura del encuentro y por el ecumenismo religioso. Me dí el gusto de decirle que el había hecho el milagro del diálogo entre Barack Obama y los hermanos Castro.
El atrevimiento máximo fue mi deformación profesional. Le comenté a Francisco que me estaban masacrando en las redes sociales mientras el me agradecía y le pregunté si podía hacer pública su respuesta. Me dijo que no tenía problemas y que me iba a enviar un mail personal para que nadie dudara de que esto era cierto. Yo me seguía pellizcando mientras mis lágrimas empezaban a buscar la salida. Se despidió con algo realmente celestial » Ojalá tenga una buena fiesta de cumpleaños y no se olvide de rezar por mi». Me dió verguenza. Sentí pudor y no me atreví a decirle que yo no sabía rezar.
El mail que me mandó lo voy a poner en un cuadrito como la máxima satisfacción de mi vida profesional. Dice asi: «Estimado Sr. Leuco: Recibì su carta del pasado 9 (Carta abierta al Papa Francisco) y le agradezco de corazòn que la haya escrito.
El tono sereno manifiesta la voluntad de comunicarse frontalmente y las disidencias se dicen con paz, fluidamente. No hay allì una sola agresiòn o alguna expresiòn altisonante. Y esta actitud edifica, une, es constructiva. Gracias, muchas gracias !
Me permito una confidencia. Al concluir la lectura de su carta me vino a la mente una de las Bienaventuranzas: «Felices los mansos, porque recibiràn la tierra en herencia» (Mt 5, 4). La mansedumbre, esa actitud tan ligada a la paciencia, a la escucha, a la ponderaciòn y que -a veces- en el imaginario colectivo se la confunde con pusilanimidad. Pero no es asì: en realidad es la virtud de los fuertes.Nuevamente, gracias. Y, por favor, le pido que no se olvide de rezar por mì. Que Dios lo bendiga.
Fraternalmente,
Francisco.
Creo que está todo dicho. Creo que hacer periodismo con audacia y cierta desmesura apasionada suele tener muchos sinsabores pero también sus premios y reconocimientos. Esta es mi mayor medalla. Me la cuelgo con humildad pero también con un orgullo que me justifica. Gracias, Papa Celeste y Blanco de los pobres. Le hago una promesa: le voy a pedir a un par de rabinos amigos que me enseñen a rezar. Es lo menos que puedo hacer en agradecimiento.