Adoptar es alumbrar 30 de abril 2015

Adoptar es alumbrar 30 de abril 2015
El drama de Carlina me estremeció. Puso en medio del debate un tema tan delicado como el de la adopción. La vida ha castigado demasiado a Carlina y eso que apenas tiene 14 añitos. Nació en un hogar muy humilde en Goya, Corrientes. Ella y sus cinco hermanos tal vez no hubieran sobrevidido si no los hubiesen adoptado. Tres chiquitos fueron recibidos por una familia de Villa General Belgrano, en Córdoba. Y los restantes fueron adoptados por Teresa que vive en Palermo, muy cerca del parque en donde Carlina desapareció después de salir del colegio. Nos tuvo a todos inquietos y asustados durante 48 horas. Repito, Carlina tiene apenas 14 años, un flequillo azabache medio rolinga, dos aritos de perlas blancas y unos ojos negros con chispazos de alegría. Todo el mundo se movilizó para buscar a Carlina que por suerte apareció sana y salva pero, de inmediato, dijo que no quería volver a su casa. Los vecinos y alguna autoridad cuenta que la piba se fue por su voluntad de la casa cansada de los malos tratos y de los insultos. Algunos dicen que Carlina una vez tuvo que ser hospitalizada por la paliza que le pegó Teresa, su madre adoptiva. Esta historia tan desgarradora primero nos hizo un agujero negro de dolor en el alma y después abrió una serie de preguntas sobre las adopciones y los controles que el estado ejerce sobre esa situación tan necesaria como solidaria.
Nadie puede ni debe cuestionar la adopción como uno de los mejores mecanismos que existen para solucionar situaciones de abandono o de orfandad. Nadie puede descalificar el gesto maravilloso de quien le abre los brazos a un chico y le da contención y afecto familiar con algunos casos terribles que son la excepción a la regla. Yo no quiero condenar a nadie ni colocarme como juez inapelable. Quiero comprender que es lo que pasa y ver de que manera se puede ayudar para que nada malo le pase nunca mas a ninguna nena como Carlina. La madre biológica, seguramente no podía con su alma por su nivel de exclusión social y por su falta de educación. Son gente muy castigada que hace lo que puede con su vida y sus miserias. Y Teresa, la señora que adoptó a Carlina y sus dos hermanos tuvo en principio una actitud positiva. El tema es que si se prueba que fue violenta y golpeadora con sus hijos se transformó en una mujer que cometió un delito y debe rendir cuentas ante la justicia. Ella debe purgar la pena de haber cometido el delito de lastimar a sus hijos. Pero por un caso o por algunos casos, no podemos condenar a todos los que adoptan o poner en duda esa posibilidad.
Adoptar es alumbrar. Ese es el lema de una campaña que en estos momentos se está desarrollando. Fijese que concepto maravilloso. Alumbrar, es dar a luz, iluminar a alguien que viene de la oscuridad de la falta de padres. Es un tema que hay que tratar con respeto y con responsabilidad. Con solo imaginarnos a nosotros mismos sin la presencia de nuestros padres a la hora del crecimiento y la maduración alcanza para que nos corra un frío por la espalda y nos asalte la emoción. ¿Que hubieramos sido en la vida sin el calorcito de nuestra madre al lado nuestro en la cama cada vez que estabamos enfermos? ¿ O ese apoyo firme de nuestro padre para ayudarnos a cruzar los puentes peligrosos de la vida? ¿ Es muy dura la vida moderna para un chico si no tiene la contención afectiva, física, emocional y hasta espiritual de sus padres? 
Por eso la adopción es un camino de ayuda mutua. Son dos seres humanos que se necesitan y se encuentran y forman una familia para crecer juntos? Es el milagro del nacimiento después del nacimiento. Lo digo, por eso de «alumbrar». Es volver a nacer en una nueva familia que aunque no sea la biológica puede ofrecer los mismos valores del amor. La potencia de la sangre se reemplaza con mimos. 
Claro que hay riesgos. Uno de ellos es padecer, lo que padeció Carlina. Que los padres adoptivos sean malos padres. Que prolonguen con una actitud perversa el maltrato que esos chicos traen desde la cuna. Hay otro riesgo que es convertir un gesto de amor en un negocio repugnante, en la trata de personas y el tráfico de niños, que es la tercer delito mas lucrativo en el mundo. 
Por eso el estado tiene que estar tan presente en todo el proceso de armado de la nueva familia. Todos los chicos tienen derecho a tener padres. Y todos los padres tienen derecho a tener hijos. A abrazarse y construir juntos su destino. 
La Convención Internacional de los Derechos del Niño que fue incorporada a nuestra Constitución Nacional reformada en el 94 dice que «el interés superior del niño es el derecho a la vida, a la familia y al desarrollo». 
Hay que luchar contra todos los subproductos no queridos. Contra la discriminación que todavía existe hacia los chicos adoptados. Hay un concepto hermoso que dice que no hay hijos adoptados. Que todos siempre son hijos de una decisón. Los expertos nos piden no demonizar a la mujer que entrega a sus hijos ni endiosar a quien los recibe. Ser mas comprensivos y menos crueles son estas cuestiones tan delicadas. Algo muy loco pasa en el mundo donde 3 de cada 10 chicos son abandonados. ¿Escuchó esa cifra? Es incomprensible. Queremos tanto a nuestros hijos que no nos entra en la cabeza que alguien abandone al suyo. Hoy hay casi 15 mil pibes y adolescentes sin cuidados parentales. 
Ahora corresponde celebrar la aparición con vida, sana y salva de Carlina. Tiene demasiadas heridas en el corazón a sus 14 años. Pero tiene toda una vida para cicatrizar las lastimaduras y salir adelante. Queda como periodista y ciudadano exigir al estado el mayor control posible. Para que nada ni nadie apague la luz de esos chicos. Para que la adopción, siempre sea un alumbramiento.