La patria está enferma de desnutrición infantil. Lo dice el máximo experto que tenemos en la Argentina. Un pediatra santo que es una suerte de procer solidario llamado Abel Albino. El vive denunciando este flagelo que no es producto de un terremoto o una tormenta que cayó del cielo. La desnutrición infantil, es una construcción de la ausencia y la falta de capacidad y sensibilidad del estado. Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales son los victimarios. Son los principales responsables o irresponsables de que ocurra esta suerte de genocidio por goteo en la profundidad mas cruel de nuestra Argentina mas pobre.
La opinión pública se conmueve con los casos concretos que tienen nombre y apellido. Pero hay miles a lo largo del territorio de la exclusión social. En enero yo escribí una columna titulada «Néstor si se murió» que se refería a un chiquito Qom de 7 años que falleció en Chaco. La semana pasada Micky Balbiani trajo el caso de una bebita de dos meses que llamaremos Reina como su madre pero que está al borde de la muerte por desnutrición. Anoche en el programa de Luis Majul, el periodista Hugo Macchiavelli denunció varios casos terribles en Tucuman como el de Lautaro que tiene 9 años y si no lo sacan de la miseria en la que vive será imposible que pueda sobrevivir.
Insisto con el tema que me parece clave para entender la profundidad del drama. Se van a cumplir 12 años de la familia Kirchner en el poder nacional. Jose Alperovich gobierna hace 12 años la provincia de Tucuman y Jorge Capitanich fue elegido tres veces gobernador del Chaco. No son recién llegados que se encuentran de golpe con semejante drama. Y reconozco que vienen mejorando la situación. Sería el colmo que no hubieran hecho nada pese al crecimiento tan importante del país y a los años que dispusieron para fijar prioridades. Y aquí está la crítica mas importante. Los gobernantes no pueden permitir que esto ocurra. Está en sus manos resolverlo. Tienen todos los recursos necesarios. No hay otro tema mas importante: evitar que los chicos mas pobres se mueran por desnutrición o sean condenados de por vida a no tener el cerebro desarrollado en todas sus potencialidades. Eso es exclusión y marginación.
Una democracia debe igualar las posibilidades desde la cuna. Chaco reconoce 1.600 casos de desnutrición y 160 agudos aunque la Organización No Gubernamental Nelson Mandela dice que son muchos mas y que las autoridades miran para otro lado. Tucuman asegura que hay 2.000 chicos desnutridos en forma severa pero la oposición dice que se están dibujando las cifras para ocultar la profundidad del desastre que produce esta verdadera patología social, este escándalo ético que debería tener preocupados y ocupados a los gobernantes las 24 horas de todos los días.
¿No hay un liderazgo político que convoque a todos los argentinos a una epopeya sin distinción de banderías para combatir este enemigo de todos que mata hermanitos argentinos? ¿A nadie se le ocurre formar un organismos que involucre empresas, iglesias, entidades humanitarias, universidades y todos los niveles de gobierno para pelear por algo que vale la pena?
Argentina produce alimentos para más de 400 millones de personas. Y se calcula que dentro de 8 años vamos a poder alimentar a 650 millones de personas, es decir al 10% de la población mundial. Sin embargo, todavía tenemos el flagelo del hambre y la desnutrición en nuestra patria. En estos momentos podemos fabricar comida para 10 veces nuestra población y todavía hay chicos que se mueren de hambre. Semejante nivel de inequidad social es intolerable.
El combate contra la pobreza, la marginalidad y la exclusión debería ser un tema de agenda de estado. Un tema de todos. Los irresponsables que deben hacerse responsables son los gobernantes. Para eso fueron elegidos. Pero cada uno de nosotros debe aportar su granito de arena desde su lugar. Los argentinos que solemos ponernos la camiseta celeste y blanca y que agitamos las banderas nacionales durante los acontecimientos deportivos deberíamos pelear para lograr este piso mínimo de convivencia y civilización.
Para que nunca más ningún argentino sufra hambre o desnutrición. Es la tarea de las tareas. Son los cimientos de una sociedad de nuevo tipo. De ahí en adelante podemos discutir muchas cosas. Pero esto es indiscutible, ¿No le parece? Es un compromiso de honor, patriótico, de bien nacido y solidario.
El estado no puede estar ausente en ese desarrollo que soñamos. Debe asegurar lo mínimo, el acceso al agua potable, las cloacas, buenos hospitales y mejores colegios. Estamos hablando de un sueño colectivo que funciona como utopía porque motoriza la esperanza pero que es claramente realizable. No es una quimera inalcanzable. Es un desafío para todos.
Está científicamente comprobado que hay 1.000 días que son decisivos en la vida de todos.Son los que transcurren desde la gestación hasta los primeros dos años de vida del niño. En ese momento se configuran sus capacidades de aprendizaje y se diseña gran parte de su futuro. Ese es el momento de igualar las oportunidades para todos. De rodear al chico de los cuidados intensos que garanticen su crecimiento en armonía. De efectuar los controles médicos correspondientes. De monitorear su peso, las condiciones de higiene en las que se desenvuelve, las vacunas necesarias, el acompañamiento en su motivación. Es sembrar ciudadanía en la tierra que mas lo necesita. Plantar humanismo y fortaleza de los lazos familiares para recoger jóvenes que estén más cerca de la cultura del esfuerzo en el estudio y el trabajo y mucho más lejos de la droga y la delincuencia. Es construir una sociedad mejor desde el pie. Volar bajo porque abajo está la verdad, como propuso Facundo Cabral. Con esos cimientos vamos a edificar una mejor comunidad para todos.
¿La agencia de noticias Pelota de Trapo del recientemente fallecido Alberto Morlachetti tiene una consigna que no deja lugar a dudas: “El hambre es un crimen. Ni un pibe menos”. De eso se trata. Ni un pibe menos. Hambre cero. Desnutrición cero. La patria está enferma y hay que curarla. Hasta que eso no ocurra se nos debería caer la cara de verguenza.