Por lejos es el argentino más importante de todos los tiempos y el mayor líder planetario del momento. Es una gloria y una bendición que podamos ser testigos de que el padre Jorge que nació acá cerca, en el barrio de Flores reciba 29 aplausos y 6 ovaciones en el Congreso de los Estados Unidos y haga emocionar hasta las lágrimas, con palabras sencillas y profundas aún a los más duros legisladores republicanos. Estamos hablando de 435 diputados y 100 senadores de los cuales solo el 30% es católico.
Es un milagro que este brillante jesuita hincha de San Lorenzo, el tango y el mate, un Papa celeste y blanco y del fin del mundo, tenga la autoridad moral suficiente como para exigir a las Naciones Unidas y a los presidentes más poderosos de la tierra que recuperemos todo lo que de más humanos tenemos. Es un Papa luminoso y carismático, un conductor moral, religioso y político que llena los corazones de esperanza porque hace lo que dice y vive como piensa. Es austero de toda austeridad. Franciscanamente Francisco. Predica con el ejemplo. Les dice a todos que el hijo de Dios llegó como un inmigrante sin techo. Y que el mismo, como tantos de los presentes es hijo de inmigrantes.
Lucha en forma concreta y no solo con rezos por la paz en el mundo, acerca a árabes y judíos en el abrazo frente a la ausencia de las Torres Gemelas que fueron destruidas por el fanatismo y el odio racial. Con serenidad pone el grito en el cielo y condena a todos los fundamentalismos y fanatismos, y dice que hasta su propia iglesia puede ser afectada por el virus de la intolerancia.
Es un Papa con un coraje así de grande.
En la cara de los grandes industriales de armas y de guerras les dice que ese dinero está empapado en sangre y llama a boicotear hasta la muerte individual. Exige la abolición global de la pena de muerte en un país donde hay 3.200 condenados a la inyección letal y eso es ley en 32 estados.
Francisco, es un Papa colosal que cambió la historia de la iglesia. Es el principal impulsor de un mundo mejor: el Papa por un mundo mejor. De la recuperación de los mejores valores de la familia y el amor al prójimo. Es un hombre de oración y reflexión pero no se va por las nubes. Baja de lo celestial a lo terrenal y deja marcas en todo lo que toca. Desde un discapacitado hasta un refugiado cambian el ánimo y se llenan de esperanza cuando lo ven.
Es un Papa pasión de multitudes que le apunta con su mira al narcotráfico y a todos los venenos y que celebra el bien común y a economía igualitaria lejos de la bulimia financiera de los usureros.
El Papa nos pide que hagamos lío que no seamos obsecuentes y valora la crítica cuando es respetuosa. El mismo dice que es un pecador, que no es perfecto. Por eso me permito seguir reclamando para que lo antes que pueda y quiera hable de los presos políticos en Cuba y en Venezuela. Pero visto en perspectiva, eso es apenas un detalle, en el océano de transformaciones que está haciendo adentro y afuera de su territorio religioso. Abrir la puerta a los homosexuales y divorciados y cerrarla a los curas abusadores y los corruptos es un viraje que resucitó una fe que navegaba a la deriva. Hoy todos los católicos del mundo y los hombres de buena voluntad tienen un timonel extraordinario llamado santo padre.
Habla de la regla de oro que bien podría servir de cimiento para el planeta que tenemos que construir entre todos: tratá los demás con la misma pasión y compasión con la que te gustaría que te traten a vos.
Y el Papa Francisco, en el medio de esa zona cero donde comenzó la muerte masiva y germinó la vida nos dio cátedra de pluralismo y hermandad. Ver juntos a rabinos, imanes, curas, sacerdotes hindúes o budistas entre todos los colores de las razas y las religiones rezar juntos por la paz fue un regalo para todos los habitantes del planeta al que Francisco definió como “la casa de todos”.
Y escuchar citar a nuestro Martín Fierro fue el sello criollo que le dio identidad. Pinta tu aldea y serás universal, decía Tolstoi. Dan ganas de elevar una plegaria de esperanza. De decir:
Padre nuestro
que estás en el Vaticano,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.