Jaime rumbo a la cárcel – 1 de octubre 2015

Ricardo Jaime está desarrollando exitosamente su candidatura a preso. Hay una cárcel en su futuro. Es un delincuente que ya confesó dos delitos, mientras que la justicia le probó una tercera violación de la ley.
Hace años que Jaime viene acusando al periodismo de mentiroso. Finalmente, los colegas que lo investigaron tenían razón.
Jaime reconoció que recibió coimas por parte de dos empresas a las que debía controlar. Una de ellas le pagaba con viajes en avión a distintos destinos y otra se hacía cargo del alquiler de dos lujosos departamentos. ¿Se entiende la gravedad del tema? Un funcionario que debía velar por la seguridad y la eficiencia en el transporte para todos los argentinos no controlaba nada. Miraba para otro lado y a cambio recibía viajes y alquileres. El tercer delito por la que ya fue condenado es por haber robado pruebas que lo incriminaban en medio de un operativo policial.
Y ayer, el fiscal Fernando Arrigo pidió para el ex funcionario de Néstor y Cristina 11 años de prisión por su irresponsabilidad en el siniestro de la estación Once. A Jaimito se le viene la noche. La sumatoria de penas y las causas que todavía faltan lo llevarán inexorablemente a un calabozo pese al acuerdo que firmó para seguir en libertad a cambio de reconocer sus delitos y pagar dos millones de pesos.
Le aclaro que Jaime ya está procesado por enriquecimiento ilícito porque no pudo justificar una fortuna de 12 millones de pesos. El juez Sebastián Casanello, producto de la implacable investigación del fiscal Carlos Rívolo, resolvió también procesar a varios testarerros del ex funcionario e íntimo amigo de Néstor Kirchner quien aún sigue militando en el Frente para la Victoria.
Es una señal positiva, un tiro para el lado de la justicia. Tal vez muchos otros magistrados lo interpreten como que el gobierno de Cristina le soltó la mano, ya no lo protege y se puede seguir avanzando en el juicio y castigo a la matriz corrupta que se instaló en la década robada.
Si fuera la batalla naval podríamos decir que el submarino Jaime o el yate, para jugar con sus bienes que no puede explicar, fue “tocado”. Ya perdió la virginidad. Sigue a flote y libre, pero fue averiado. Jaime puede hundirse en la cárcel en cualquier momento. Cuando sufra otra condena. Hay que recordar que con sus más de 20 causas abiertas por corrupción es uno de los ex funcionarios record en esta materia en toda la historia judicial argentina.
Ese triste record lo convierte en un emblema. Es cierto que por ahora su única condena firme fue por intentar robarse unas pruebas. Pero hay que recordar que Al Capone fue a prisión por falsear su declaración de impuestos. La primera condena a Jaime, por más leve que sea, por más en suspenso y por más que sea apelada, fue un paso político importante. Ya se sabe que para recorrer 100 kilómetros hay que dar un primer paso. Y eso es lo que ocurrió con Ricardo Jaime en su momento. Ahora hay una nueva espada de Damocles sobre su cabeza.
Es el semáforo que hay que estar mirando para ver como circulan todas las causas de corrupción que ensucian a este gobierno. El está acusado de distintos delitos. Sobre todo de haber recibido coimas y regalos como autos, aviones, yates y alquileres de empresarios beneficiados por montañas de subsidios millonarios que Jaime debía controlar. Pero lo más grave, lo imperdonable es la causa por la tragedia de Once. Como bien la caratuló el periodista Omar Lavieri, “es corrupción seguida de muerte”.
La corrupción, la estafa, el choreo, las coimas, el enriquecimiento ilícito, llámele como quiera, siempre es incompatible con la ética de cualquier gobierno que se diga progresista. Y mucho más si en estos negociados se asociaron con empresarios como los hermanos Cirigliano o sindicalistas como José Pedraza, preso por el asesinato de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero. La pérdida de poder político por parte de Cristina potencia la actividad de la justicia. Un sector de los jueces y fiscales fue presionado, perseguido, y vigilado por el gobierno y sus aparatos de inteligencia, como si se tratara de peligrosos enemigos. Muchos de esos funcionarios judiciales ahora sienten que pueden ir a fondo con mayor tranquilidad. Esto es lo que simboliza Ricardo Jaime. Porque no es un funcionario del montón que cobró una coima y chau, como puede haber en cualquier gobierno. No es una funcionaria como la condenada ex ministra de Economía, Felisa Miceli que no pudo explicar de dónde sacó el dinero que tenía escondido en el baño. No se trata de los hermanos Schocklender que con Hebe Bonafini transformaron millonarios aportes del estado en pesadillas compartidas. Ni siquiera es Juan José Zanola que con la mafia de los medicamentos participó también del sistema de financiamiento de la campaña electoral de Cristina Fernández. Lo de Jaime es peor aún que la avalancha de expedientes que se viene sobre el vicepresidente Amado Boudou. El caso Jaime integra el mismo equipo que el de Lázaro Báez. Porque ambos “robaron para la corona”. Ambos son parte de los mecanismos corruptos que malversaron fortunas desde que arrancaron en Santa Cruz con Néstor Kirchner. Ni Jaime ni Báez podrían haber hecho lo que hicieron sin tener como socio al ex presidente. Hay complicidad de estado. Matriz mafiosa. Asociación ilícita. Es la verdad más triste que dejará está docena de años ganada por los capitalistas amigos. ¿Habrá juicio y castigo o impunidad? ¿La ética y estética menemista de Ricardo Jaime lo igualarán con María Julia Alsogaray? ¿Será el primer preso del ladrikirchnerismo? ¿Será el único o prenderá el ventilador? Hay algo que se puede afirmar con contundencia: No se trata de un chiste de Jaimito. Esto no le causa gracia a nadie.