No lo traga. Cristina no termina de digerir a Daniel Scioli. La presidencia no tuvo más remedio que tragarse ese sapo gigantesco. Eso se llama feroz pragmatismo K. El candidato más votado en las PASO y menos querido por la presidenta de la Nación, llegó a ese lugar porque Cristina fracasó en su intento de encontrar un heredero a su imagen y semejanza. Ella hubiera querido ver en el sillón de Rivadavia a Axel Kicillof a Aníbal Fernández o a Carlos Zannini. Ellos si la representan cabalmente aunque nunca la van a conformar del todo porque Cristina está convencida de que es perfecta y que su presidencia es inmejorable. Mareada de soberbia solo se gusta a sí misma y, de vez en cuando, como ayer, se emociona y quiebra la voz recordando a su marido fallecido.
Daniel Scioli la celebra y la cita en todos los discursos. La eleva a la categoría de reina y a Néstor lo coloca en el lugar de estadista. Scioli se ofrece para profundizar el modelo al que elogia sin medias tintas. Pero a Cristina no le alcanza. Nada la conforma. Le molesta que Daniel Scioli no sea agresivo y maltratador como ella. Se indigna cuando lo descubre conciliador y moderado en el coloquio de IDEA que ella desprecia profundamente y al que nunca fue. Por eso manda a sus amanuenses sin votos a armar un coloquio paralelo. En ese ámbito, Héctor Recalde, el abogado que hizo fortunas representando a gremialistas ricos y trabajadores pobres, castigó duramente a los que fueron a escuchar a Scioli. Dijo que son los empresarios que buscan impunidad por su complicidad con la dictadura militar y que presionan por la flexibilización laboral. Eso dijo el kirchnerista Recalde del coloquio que abrió el kirchnerista Scioli. Ahí hay un ruido y una división que se transformará en batalla por el poder si Scioli llega a la presidencia Por eso hizo bien el diario La Nación en interpretar que las últimas palabras del discurso de Cristina de ayer fueron un apriete púbico a Scioli. Ella dijo que ser presidente no es para cualquiera. Ergo ella no es cualquiera, es una mujer de talento sobrenatural que quedará grabada en la historia superando incluso a Eva Perón. Eso piensa Cristina cuando se mira al espejo. Después fue directamente contra estilo del gobernador que es una de las cosas que más la irrita. A ella la acusan de ser pendenciera, peleadora y vengativa. Y ella lo fustiga a Scioli porque reparte sonrisas y palmaditas en la espalda para todos y todas. Dijo Cristina, como palabra santa, que así no se gobierna. O por lo menos, que así no se puede gobernar para los intereses del pueblo. Que ese camino que toma Scioli lo conduce a ser gerente de las corporaciones económicas y mediáticas. Son las mismas acusaciones que le hicieron Florencio Randazzo, Sergio Urribarri y Julián Domínguez hasta que Cristina, muy a su pesar bendijo con su dedo la candidatura de Scioli. Las versiones más duras quedaron a cargo de Hebe de Bonafini que dijo que el gobernador tenía actitudes musolinianas, entre otras groserías. Estela de Carlotto fue más a fondo. Ahora se arrepintió pero dijo que Scioli, si llega, solo será un presidente de transición hasta que vuelva Cristina eterna.
Varios de los que hablaron, lo hicieron por boca de Cristina aunque ahora sean ministros de un probable pero no seguro gobierno de Scioli. La bronca más grande que Cristina tiene es que todos los candidatos prometen pacificar el país y recuperar el diálogo civilizado. Eso quiere decir que el país que ella deja está envenenado de odio, lleno de trincheras y vacío de puentes entre los argentinos.
Ella gobernó con el látigo y quiere que Scioli la imite o de lo contrario será un cobarde empleado de los Fondos Buitres. Es lo que sus soldados piensan ahora de Juan Manuel Urtubey o de Mario Blejer. Insisto con el tema. Es el comienzo de una pelea presuntamente ideológica que se viene si Scioli llegara a consagrarse presidente. Algo que es probable pero de ninguna manera seguro.
Scioli tiene dificultades para superar el 40% de los votos. Tal vez una de las principales trabas sea la presencia amenazante, respirando su nuca, de Zannini que es Cristina con pantalones, la de Aníbal que lo podría llegar a tener a tiro desde la provincia y la de los soldados de La Cámpora con Máximo a la cabeza.
La gran pregunta es si Scioli en caso de lograr su objetivo se convertirá en un títere de Cristina o en el sepulturero del cristinismo y el partero del sciolismo. Nadie está seguro de la respuesta. Hay argumentos históricos y políticos para sustentar las dos caras de esa moneda. Por ahora, Scioli como siempre se muestra ambiguo. No define y juega a dos puntas porque sabe que necesita los votantes más dogmáticos de Cristina y también sumar algunos sufragios de los independientes o de los peronistas que no simpatizan con la exitosa abogada duquesa de El Calafate.
¿Cuál es el verdadero Scioli? ¿El que hace un acto en el Luna Park con Luis D’Elía o el que anuncia un futuro gabinete donde no hay vestigios del extremismo camporista? ¿El que jamás contradijo públicamente a Cristina y soportó muchas humillaciones de parte de ella o el que avanza con su proyecto superador acompañado por los gobernadores del Partido Justicialista? ¿Cuál es el verdadero Scioli? Eso es lo que se pregunta mucha gente. No hay otra forma de responder que verlo en acción. Conviene siempre analizar más sus movimientos que sus palabras. De todas maneras, si Perón estuviera vivo y le preguntaran cual es el verdadero Scioli, creo que respondería los dos son verdaderos. Hoy el peronismo es una ensalada ideológica cuya especialidad es llegar al poder. En los últimos 32 años de democracia, el peronismo gobernó durante 24 años y el radicalismo no llegó a 8. Tanto Menem como los Kirchner fueron peronistas aunque unos nieguen a otros y todos se elogien como “los verdaderos peronistas”. Scioli también lo es. Cada uno a su manera y armoniosamente. A 70 años del 17 de octubre, el movimiento justicialista todavía es un misterio a descifrar. Muchas veces se gritan entre ellos. Pero como decía el viejo general más que pelearse parece que se están reproduciendo, como los gatos. Faltan apenas diez días para la hora de la verdad. Recién cuando se abran las urnas sabremos si la mayoría del pueblo argentino quiere insistir con lo mismo o producir un cambio. Eso se llama democracia. Y por suerte Cristina fracasó en su intento reducirla al chavismo.