Scioli está cerca – 22 de octubre 2015

Ya analizamos las posibilidades de Massa y de Macri. Hoy es el turno del candidato del oficialismo, Daniel Scioli.
El gobernador bonaerense es el que está más cerca de lograr su objetivo y convertirse en presidente de la Nación. Según la totalidad de las encuestas, está a un paso de ganar en primera vuelta pero también a un paso de tener que ir a un balotaje donde crecería con fuerza la incertidumbre sobre el ganador. La historia de Scioli es totalmente atípica. No se la puede medir con los mecanismos tradicionales de la política, no se ajusta a las categorías ideológicas. Por eso es tan difícil derrotarlo en una competencia. No es un buen orador que desde las tribunas enamore a las multitudes como lo fue, Raúl Alfonsín o lo es Cristina, para poner dos ejemplos de los partidos tradicionales. Por ahora, Scioli no construyó territorialmente una poderosa fuerza propia. No hay bloques de diputados sciolistas. Su gestión es muy criticada de la clase media para arriba y muy apoyada de la clase media para abajo. Por eso digo que el secreto de Scioli es otro. Es una figura que se la juzga desde la vida cotidiana y los valores más sencillos y menos sofisticados. En muchas consultas aparece que la gente que vota a Scioli lo hace porque lo ven como una buena persona o porque transmite optimismo y superó la tragedia de la pérdida de su brazo y no es una persona agresiva como Cristina. Por eso es muy difícil de erosionar su imagen positiva y alta intención de voto. Dicen los sociólogos que este tipo de candidatos están hechos de teflón: no se les pega nada. Hay un convencimiento casi milagroso de mucha gente de que es alguien positivo para el país y es muy difícil quebrar esa idea instalada durante años. Scioli entró a la militancia de la mano de Carlos Menem y luego fue sucesivamente leal hasta lo incomprensible con todos los liderazgos que luego tuvo el peronismo. Su gran territorio de trabajo fue el de las celebridades del deporte y el espectáculo. Muchos de sus amigos históricos como Mirtha Legrand, hoy votan a Macri y sin embargo, Scioli sigue arriba, en la pole position como cuando corría en lancha.
Así logró algo que pocos tienen: ciento por ciento de conocimiento. Es un caso insólito. La muerte de Nisman, las inundaciones que lo sorprendieron en Italia y la silla vacía del debate no lo afectaron demasiado en la intención de voto. De todos modos tampoco es Superman. Tiene un par de mochilas de piedra que le están haciendo muy cuesta arriba conseguir los últimos votos que le aseguren la consagración este domingo. La primera carga es Cristina, Zannini y La Cámpora. Ese sector tiene un voto duro pero no tan masivo como se cree. A Scioli lo ayuda a tener estructura y recursos, pero enseguida se transforma en un techo para su crecimiento. El autoritarismo K es, en algunos aspectos, la contracara de la imagen que Scioli prefiere exhibir.
Y la otra dificultad grande que tiene Scioli se llama Aníbal Fernández. Es una de las personas con mayor imagen negativa incluso entre los seguidores del Papa Francisco donde se quiere ubicar Scioli.
Hasta ahora el candidato del Frente para la Victoria hizo un peligroso equilibrio caminando con un pie en cada lado. Ese juego ambiguo entre el cristinismo mas dogmático y el justicialismo más tradicional le genera turbulencias internas pero que se ocultan hasta que terminen las elecciones. Scioli elogia el modelo, celebra tanto a Néstor como a Cristina, se entrevista con todos los líderes de la región pero no come vidrio. A la hora de armar su gabinete apela a gente con perfil más moderado, más técnico y menos agresivo, como él. Prácticamente ya anunció a casi todos sus colaboradores y no hay un solo fanático de La Cámpora. Los más cristinistas son el gobernador Sergio Urribarri, Sergio Berni, Daniel Filmus y Diego Bossio que, dicen, están en pleno proceso de reconversión al sciolismo. Se podría decir que ambos sectores están en veredas distintas pero se necesitan mutuamente. No los une el amor por Scioli sino el espanto de tener que volver al llano. Todos unidos triunfaremos, dicen y si llegan al poder, someterán a todos los argentinos a turbulencias institucionales fuertes en la batalla por la hegemonía y marcarla la cancha a Scioli. Todos los días Cristina le señala el rumbo que debe seguir. Ayer mismo le ordenó que profundizara la relación con la Rusia de un zar poco democrático como es Vladimir Putin. Scioli anunció como embajador en Estados Unidos a Guillermo Francos, formado en la forja de Domingo Cavallo y a en Inglaterra a Mario Blejer, ex economista del FMI.
Como se ve, por momentos hay caminos coincidentes entre Cristina y Scioli y por momentos caminos divergentes.
La gran pregunta es si el habitante de La Ñata se convertirá en un títere que Cristina manejará desde El Calafate o por el contrario será el sepulturero del cristinismo y el partero del sciolismo. Veremos. Hay argumentos políticos, históricos y sicológicos para sostener todas las posibilidades y por ahora los periodistas no podemos adivinar el futuro.
¿Logrará los votos que le faltan para consagrarse presidente este domingo? ¿Tendrá que enfrentar una segunda vuelta con Macri y de esa manera abrir una caja de pandora llena de sorpresas?
Nunca las elecciones argentinas tuvieron tantas incertezas y tantos indecisos tan cerca de la fecha clave. Es que son muchos los ciudadanos que no simpatizan con Macri pero tampoco le quieren dejar a Scioli el campo orégano. Hay un 20% de votantes muy informados que está recalculando su voto. Por eso es muy difícil asegurar que puede pasar. Desde el punto de vista republicano y sin camisetas partidarias como es mi caso, estoy convencido que a todos nos conviene que haya segunda vuelta. Eso le daría más paridad a la competencia y evitaría los hegemonismos dañinos como fue el de Cristina. Y eso le daría una gran representatividad y fortaleza al que gane para que afronte el menú de graves bombas de tiempo que dejan los que gobernaron durante 12 años casi con la suma del poder público.
Scioli como conductor es casi la contracara de Cristina. Es moderado, respetuoso, prudente y dialoguista. De todos modos en los últimos tiempos la agresividad K fue penetrando en distintos dirigentes que lo rodean y en muchos casos se lo vió enojado, mal humorado y al borde del desplante. ¿Será un anticipo de un cambio de carácter o es algo coyuntural producto de la doble presión a la que está sometido? Veremos. Scioli no es un estadista ni un caudillo tradicional. Pero a veces parece que está tocado por la varita mágica del destino y que aún no demostró su verdadero rostro. Fue vicepresidente de Néstor y dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires. Se siente amigo de todos y capaz de juntar y pacificar a gente que va desde Luis D’Elía hasta Francisco De Narvárez. ¿Será posible eso? Está ante el mayor desafío de su vida. Está ante la mayor apuesta. Este domingo sabrá si la mesa examinadora de la soberanía popular lo aprueba como jefe de estado electo o lo manda al 22 de noviembre a rendir de nuevo. Todas las puertas están abiertas para Scioli. Las de la Casa Rosada y las de su regreso al llano. A lo largo de su vida tuvo momentos de gloria y de tragedia. Veremos cual lo acompañará este domingo.