Esta columna no es una denuncia. Pero es una advertencia. Pienso que todos los que creemos profundamente en la democracia debemos encender una luz roja de alerta en el tablero de las instituciones. Porque es de una gravedad inédita lo que el cristinismo más fanático y con menos votos, está produciendo en su retirada del poder. Cristina ordenó una avanzada cargada de patoterismo de estado en varios niveles. Con el delito de los jueces subrogantes que por suerte la Corte cortó de cuajo. Con la escandalosa e ilegal designación de dos amigos de Máximo en la Auditoría General de la Nación entre gallos y medianoche. Y con la agresiva campaña sucia sin límites éticos contra todo el que se oponga al autoritarismo K. Esas son las señales que emite la más alta autoridad de la Nación que debería bregar por el respeto de las normas y hace todo lo contrario.
Pero lo más peligroso e inquietante es que con esa cobertura que le da Cristina se están multiplicando personajes y hechos sumamente violentos que generan turbulencias en la transición hacia el nuevo presidente que todos elegiremos dentro de 17 días.
El clima se fue enrareciendo de una manera brutal. Sobre todo para este país que tuvo que atravesar períodos cargados de sangre, sudor y lágrimas. No es ningún secreto lo que estoy diciendo. Solo hay que vincular varias situaciones públicas que se están analizando en forma individual. Es un rompecabezas nefasto que propongo armar con las siguientes piezas.
Un piquete amenazante y agresivo bloqueó la llegada de Mauricio Macri al Chaco. Emerenciano Sena, cuyo padrino de casamiento es Jorge Capitanich, fue el comandante de una patota absolutamente antidemocrática que intentó impedir que uno de los dos candidatos a la presidencia de la Nación hiciera campaña electoral y difundiera sus propuestas. Estamos hablando de un delito grave fogoneado por Cristina y Capitanich. ¿Cuál era el argumento de los que portaban palos y capuchas contra las ideas? Que Macri era el verdugo del pueblo. Cuarenta y pico muchachos apañados por el justicialismo se arrogan el derecho de ordenarles al pueblo a quien tienen que votar y a quien no. Si Macri es el verdugo, ¿Se supone que Scioli es el salvador? Delirios de fin de ciclo que no conviene minimizar porque producen un clima de guerra que nadie debe aceptar.
En ese mismo sentido, Raúl Castells, otro veterano piquetero reconvertido al dialogo más razonable, denunció que le ofrecieron armas y dinero para conspirar contra Macri y generar situaciones de caos y anarquía. Esta situación, claramente destituyente y golpista no mereció el repudio ni el rechazo ni la desmentida del jefe de los espías, el doctor Oscar Parrilli a quien, según Castells, se le despertó un repentino y oportunista amor por la protesta social. Castells también nombró a Luis D’Elía y Milagro Sala como otros personajes despreciables dispuestos a participar de actos de vandalismo.
Lamentablemente ya conocemos la catadura moral y las actitudes provocadores de quienes no reparan en agredir personas a trompadas, tomar comisarías, bloquear legislaturas, dar palizas, amenazar con bombas a la policía y todavía se está investigando si la Tupac Amaru no asesinó a un militante del radicalismo que ganó la gobernación.
El comandante Fernando Esteche y su grupo Quebracho son expertos en bombas molotov, en formaciones castrenses para desfilar por las calles con palos, cadenas y capuchas y en arrojar baldosas a todos los que opinen en forma crítica de este gobierno. Esteche ya estuvo preso pero insiste en mostrarse como recién llegado de la Sierra Maestra dispuesto a enfrentar a Macri en la lucha callejera como propuso públicamente.
Hace una semana en Vicente López se detuvo al referente de La Cámpora del lugar por una serie de escándalos que generó y se descubrió que estaba armado. Lo más notable es que la información original que luego se perdió en el tumulto y no fue confirmada, decía que varios de sus compañeros que rodearon la comisaría para liberar a su compañero tenían pistolas pero que (aquí está lo más grave) estaban autorizados a portarlas por el RENAR, organismo manejado por funcionarios amigos de Aníbal Fernandez y de Máximo Kirchner.
Repito lo que le dije al principio. Esto no es una denuncia. Pero es una advertencia antes de que sea demasiado tarde para lágrimas o que algún hijo de puta, pescador a río revuelto, quiera fomentar inestabilidad democrática, autogolpes o golpes de estado.
Hay otro eslabón informativo que eleva mucho el nivel de preocupación. Son muchos los robos de armas y proyectiles que se produjeron en distintos cuarteles de las Fuerzas Armadas. Ninguno fue esclarecido. ¿Escuchó bien? Se roban armas y balas y nadie sabe que pasó. O saben que pasó y nadie lo quiere decir. La semana pasada fue el robo de 67 pistolas de la Policía de Córdoba. Hubo sanciones disciplinarias pero grandes signos de interrogantes.
Es cierto que el kirchnerismo está pegando sus últimos manotazos de ahogado. Pero también es verdad, como dice mi amigo Jorge Fernández Díaz, citando a San Martin que el que se ahoga, no repara de lo que se agarra. Pueden agarrarse del mantel y tirar toda la mesa servida al suelo.
Ojo que algunos salvajes sin votos propios se dan cuenta que el 10 de diciembre se les acaba una cuota de poder y una fortuna de dinero negro que reciben regularmente y eso los pone como locos. Ojo que la guerra de servicios que desató Cristina alrededor de Antonio Stiuso está al rojo vivo y allí no hay nenes de pecho. Todos tiran a matar y si no que le pregunten al Lauchon, un espía asesinado por la policía bonaerense sin decir agua va. Como si esto fuera poco, hay que computar en este análisis de las relaciones de la política con la violencia y las armas la fuerte inserción de los narcotraficantes. Como nunca en la historia argentina, en estos últimos doce años han logrado prostituir jueces, policías y políticos y convertirlos en cómplices a cambio de millones de dólares. Estamos hablando del crimen organizado. No son nenes de pecho, Son capaces de ametrallar la puerta de la casa de un gobernador como fue en su momento con Antonio Bonfatti y de asesinar a tres personas de un saque como en General Rodríguez. Usan armas sofisticadas, tienen alta capacidad logística y de comunicación y disponen de fondos infinitos en dólares. Hoy están en concubinato con algunos pantanos de los gobiernos y eso hace todo más peligroso.
No se puede jugar con fuego. Las razonables pasiones de la lucha política deben estar al margen de toda violencia. Ya se sabe que a las armas la carga el diablo y la descargan los corruptos y los golpistas. La democracia tiene reglas del juego. Que nadie patee el tablero. Hay que estar alertas y vigilantes. No tener miedo pero tener cuidado. Que nadie juegue con fuego.