Esta mañana nuestra bendita Argentina se sacó un Muy Bien en educación. En el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, nada menos, se presentó un proyecto maravilloso vinculado a esta epopeya que todos debemos protagonizar.
Confieso que siento cierto orgullo porque un primer y humilde empujoncito salió desde esta radio y desde esta columna. Fue el año pasado y se tituló: “Sembrar educación”. El diagnóstico era durísimo. Metía miedo por nuestro futuro. Decía que:
“La mitad de los chicos que empiezan el secundario no lo terminan. Y de los que van a la universidad solo se reciben 20 de cada 100. Vamos a las encuestas y nos desayunamos que solamente para el 4% de los argentinos la educación es el principal tema de preocupación. Esta última es la peor noticia. Es malo el nivel educativo pero todavía peor que no nos importe. Yo comprendo que los ciudadanos de este país estén preocupados por la inseguridad, la inflación, el desempleo, la corrupción y la salud. Pero está muy mal que no nos demos cuenta que la falta de educación es la madre de todos los problemas, pero que además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones.
Tenemos el calendario escolar para chicos que van a escuelas estatales más corto del planeta. ¿Escuchó bien? Nuestros hijos son los que menos días y horas de clase tienen. Los que padecen feriados extra large o ausentismo feroz entre docentes y también entre alumnos y paros que baten todos los records.
Albert Einstein dijo: “Si la educación les parece cara, prueben con la ignorancia”. Los datos del fracaso educativo de la década aplazada dan vergüenza ajena y nos asustan por el tipo de sociedad que estamos construyendo o en realidad sobre la forma en que estamos destruyendo a la sociedad que nos dejaron nuestros padres.
No es ninguna novedad que nuestros mejores años fueron los mejores años de la educación argentina. Fuimos ejemplo en el mundo. Tenemos 5 premios Nobel, tres de ellos en ciencias y Brasil, por ejemplo, no tiene ninguno. Cuando los maestros y los profesores empezaron a perder prestigio social, o el respeto de los gobernantes, la Argentina se vino a pique. Hay que volver a poner de pie a los maestros para que se conviertan en pilares del país que viene. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel.
Ya en su época, Sarmiento decía que si no se educa a la gente por una razón de estricta justicia, por lo menos, se la debería educar por miedo. Es casi un teorema: lo que se malgasta en educación se multiplica en inseguridad. Un ex ministro dijo que mantener a un chico preso un año en un instituto es más caro que pagar los 13 años de escolaridad. Soy un convencido de que la educación es el instrumento más maravilloso que se conoce para combatir la indigencia, la marginalidad, la pobreza, la desocupación, la droga y el delito. No hay debate ni desafío más importante. Don José de San Martín decía que la educación era el ejército más poderoso para pelear por nuestra soberanía. Por eso estoy convencido que debe ser un tema de estado y no de partido. Para convertirlo en una epopeya nacional de todos los argentinos sin distinción de ningún tipo. Solo los mal nacidos pueden oponerse a que cada hermano que habita esta patria tenga la posibilidad de igualar sus oportunidades con los demás y educarse. Nuestro sueño colectivo debe ser el de iluminar tanta oscuridad. De convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. No podemos permitir que con un presupuesto realmente importante tengamos los malos resultados que tenemos. Se gastan fortunas en educación y los resultados son cada vez peores.
Yo tengo un sueño. Mucho más modesto que el de Martin Luther King, pero sueño al fin. Escuche, por favor:
Mi utopía es que convoquemos a una comisión asesora de los 10 expertos educativos más importantes de la Argentina sin distinción partidaria y que juntos trabajen para tener la mejor educación posible. Que juntos encontremos la manera de que los alumnos y los padres participen de una verdadera revolución del conocimiento y que los salarios se discutan con tiempo y racionalidad. Es probable, maestros y maestras, que ustedes mismos tengan interés en recuperar el prestigio social que tuvo el maestro en nuestra sociedad. Recuperar el respeto. Y para eso, sin persecuciones ni caza de brujas, deberíamos fomentar que cada uno cumpla con su rol específico, que nadie se aproveche de las licencias por enfermedad y que el aula vuelva a ser un templo del saber y de la transmisión de ese saber. De esa manera los jóvenes sentirán orgullo de ser maestros. ¿Qué le parece?
Mi sueño es que todos los argentinos comprendamos que no hay nada que genere mayor justicia social que la igualdad de oportunidades a la hora de educar. Estamos obligados a reflexionar sobre este agujero negro en el futuro de nuestro país. El 52% de los adolescentes no comprende lo que lee. Qué me cuenta?
Es increíble la fuga de chicos del sistema público al sistema privado y no solamente en los sectores ricos de la sociedad. Entre los más humildes también emigran a escuelas privadas, baratas como las parroquiales o vecinales, pero privadas al fin. ¿Que buscan que el estado no les puede dar? Mas días de clases, mejor enseñanza, mas disciplina sin perder la libertad creativa, premios que incentiven a los que quieren progresar y castigos para los que se tiran a chanta, no igualar para abajo, fortalecer a los docentes que se quieran capacitar más y mejor, a un secundario que vincule al muchacho con el mercado laboral y productivo y una inclusión mucho más temprana de nuestros hijos.
Hay que atender especialmente a los más chicos en las zonas más vulnerables. Hay cinco millones de chicos pobres. Se nos tendría que caer la cara de vergüenza. En los primeros años es donde se consolidan los mecanismos cognitivos y motrices. Nacen a la vida con una estimulación que los lleva a buscar el progreso a través de la cultura del esfuerzo y no de la dádiva. Nadie quiere emparchar el viejo sistema educativo. Cambió el mundo y la revolución tecnológica modificó la forma de asimilar conocimientos de los chicos.
Estas reflexiones despertaron la indignación y el interés de algunos empresarios y medios de comunicación que se propusieron hacer algo concreto al respecto. El Grupo Clarín, La Nación, el Banco Santander Río, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, el proyecto Educar 2050, la agencia Muchnik conforman el comité estratégico en el que tuvieron la generosidad de sumarme. Como padrinos de escuelas participan Despegar.com, Globant, Molinos Ala, Pampa Energía, Telecom, Toyota y el banco Santander Río. Hay argentinos exitosos y solidarios como Adrián Suar, Iván de Pineda y María Laura Santillán entre otros y el acompañamiento de Competir, Educatina, Educaria, Conciencia, YPF, BBDO, Fibertel, Samsung y Tinta Fresca.
Todos coincidimos en que se necesita una nueva educación con los docentes como abanderados y los padres como escolta. Y el aporte de la sociedad civil. Un rediseño absoluto del sistema. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Muy Bien 10 por la iniciativa. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene. Ese color blanco de los guardapolvos, es el color de la esperanza.