Brasil arde con Lula – 6 de abril 2018

Brasil está que arde. Está atravesando el momento más grave de su crisis política desde la recuperación de la democracia.
La detención (aunque a esta hora todavía no sabemos si se efectivizó) del ex presidente Lula generó un tsunami de protestas y apoyos callejeros que ponen al país al borde de un precipicio institucional. Brasil está que arde y también está partido por una grieta irreconciliable. Por un lado están los ciudadanos que están hartos de un sistema de mega corrupción que involucró a casi toda la clase política y a dos empresas gigantescas: la estatal Petrobras (la más poderosa de América Latina) y Odebrecht (la más coimera del mundo). Por el otro lado está el Partido de los Trabajadores, con su gran capacidad de movilización militante y un sector de la población que fue favorecido durante el gobierno de Lula. Millones de pobres dejaron de serlo y se incorporaron a las clases medias de Brasil.
Simultáneamente hay una pelea entre los dos hombres de mayor apoyo popular. Lula que tiene alrededor del 35% de intención de votos para volver a ser presidente de la Nación en octubre y el juez federal Sergio Moro quien ordenó que Lula se entregue prisionero en Curitiba. El magistrado es la cara visible del proceso llamado “Lava Jato” que, como el “Mani Puliti” en Italia, barrió de cuajo los negocios sucios y las millonarias propinas (así se les dice a las coimas en portugués) que calculan en alrededor de 2 mil millones de dólares.
La condena en dos instancias contra Lula es por haber recibido un lujoso departamento triplex en una zona turística de Guarujá a cambio de favorecer los negocios de una constructora llamada OAS. La justicia probó que Lula no pudo explicar de dónde sacó los fondos para esa compra.
Por lo tanto hay una pelea entre la política y la justicia. Lula dice que es un perseguido político y que en realidad los poderosos de Brasil lo están castigando con 12 años de prisión por la gran tarea social que hizo con los más humildes. Sus adversarios políticos y la justicia aseguran que se persigue el delito que cometió y no las ideas ni la gestión del Partido de los Trabajadores.
Es todo muy delicado y peligroso. Una batalla callejera entre ambos sectores podría derivar en una tragedia humana e institucional. La región en general y Argentina en particular recibirían las esquirlas de esa explosión por varios motivos. Primero porque Cristina está en una situación similar. No digo igual porque Cristina fue derrotada en las urnas en tres ocasiones y no tiene chances de volver a ser presidenta. En cambio, en Brasil, Dilma Rousseff fue destituía por la justicia (por un tema polémico y vidrioso) y según todas las encuestas, en primera vuelta nadie puede ni competir con la catarata de votos que sacaría Lula.
Pero también hay consecuencias económicas. Todos saben que nuestro principal socio comercial es Brasil. Y que si ellos se resfrían nosotros estornudamos. En varios rubros, pero sobre todo en el automotriz, dependemos mucho del crecimiento o de la caída de nuestros vecinos.
Hay que decir que casi todos los ex presidente de la región, salieron a apoyar a Lula y a denunciar a las clases dominantes como los victimarios de este líder carismático monumental. Cristina, Evo, Correa, Maduro están en ese mismo barco y también tienen acusaciones de corrupción en sus países. Pero hay que decir que Ricardo Lagos y Pepe Mujica, los ex jefes de estado chileno y uruguayo respectivamente, son gente honrada e intachable y también apoyaron a Lula.
La sociedad está conmovida y expectante. Todavía no lo sabemos. Pero Lula dijo que no se va a entregar y presentó un nuevo habeas corpus que fue rechazado de inmediato. Hace dos días el Tribunal Superior de Justicia ya le había rechazado otro. Si Lula no se presenta es una forma clara de desafiar a la justicia y hay que ver si el sistema aguanta ir a detenerlo con la fuerza pública. La marea roja de su militancia ha dicho que lo van a rodear como un escudo humano para que no se lo lleven detenido. Veremos.
Dilma dijo que Lula es un guerrero y en eso tiene razón. Ayer volvió a sus orígenes para refugiarse en sus viejos compañeros del sindicato metalúrgico del ABC de San Pablo donde se hizo primero dirigente sindical de la CUT y luego jefe del Partido de los Trabajadores.
Lula viene de muy abajo. Y ahora es un gigante de la política internacional. Es asombrosa su capacidad de acción pero también su impresionante facilidad para transformar conceptos complejos en consignas populares. Democracia es que mi pueblo coma cinco veces al día y no que coman una vez cada cinco días.
Eso me dijo en un reportaje. O que su proyecto político es que ningún brasileño tenga que agachar la cabeza ante ningún poderoso. Habla el idioma de los más necesitados porque en ese océano estuvo a punto de ahogarse y siempre nadó con fuerza y valentía hasta la orilla. El fundó un partido socialista multicolor que junta desde socialdemócratas o cristianos hasta trotskistas. Es el partido de izquierda más grande de occidente. Y la central sindical con más afiliados. Cuando tomaba grapa era marxista revolucionario. Ahora toma agua mineral y dice que su felicidad es ayudar a la felicidad de su pueblo.
Definió muy claramente su ideología: “somos un partido socialista de extrema democracia”. En un coloquio de IDEA al que vino a dar una charla tuve la ocasión de conversar con él unos minutos y recordarle un intercambio que tuvimos gracias a mi oficio de periodista.
Lo recuerdo así:
– Lula, le quiero desear un feliz cumpleaños y un feliz gobierno.
Eran las 9.37 del domingo 27 de octubre de 2002, el día más importante de su vida porque cumplía 57 años y estaba a horas de convertirse en el presidente electo de Brasil. Me dijo “muito obrigado”, me estrechó la mano y siguió de largo como si nada. Tuve que apelar a mi arma secreta:
– Ah, Lula, el viernes estuve con Víctor de Gennaro y le manda un gran abrazo.
Logré detener su marcha sin mentir. Y le sacudí la primera pregunta:
– ¿En quién pensó cuando apagó las velitas y se emocionó tanto?
– En mi madre. Ella era lavandera. Me acordé del día de su muerte. Yo estaba preso por la dictadura militar y ella se murió sin saberlo. Mi carcelero se conmovió y me saco media hora a escondidas de sus superiores para que yo estuviese en el velorio. Pero no me permitieron estar en su entierro ni hablar con mis familiares.
– No pudo contener el llanto…
– ¿Y qué le parece?, ella era analfabeta igual que mi padre. Me mandaban a comprar el diario solo para ver las fotos y los dibujos. Me hubiese gustado tanto tenerla esta noche a mi lado…
Lula fue protagonista de la epopeya del lustrabotas que llegó a conducir el quinto país más importante del mundo por territorio y población.
Sus admiradores dicen que Lula superó incluso un maldito cáncer que tenía alojado en su garganta. La consigna con la que ganó la presidencia por primera vez decía: “La esperanza vence al miedo”.
No sabemos si en estos momentos ese concepto le va a ser útil. Toda refundación de la república fundida exige verdad y justicia. Porque está claro que solo la verdad nos hará libres. En Brasil y en Argentina, nunca es triste, la verad, lo que no tiene es remedio.