Báez es Cristina – 31 de octubre 2018

Lázaro Báez sonreía con frivolidad, como si no pasara nada. Cancherito estaba con su campera naranja, sus jeans y zapatos náuticos. Miraba como si no tuviera conciencia de la gravedad de su situación. Puede ser condenado a 10 años de prisión y a pagar una multa por 600 millones de dólares, diez veces más del dinero sucio de la cleptocracia kirchnerista y de las coimas que lavó con su banda.
Estaba por primera vez sentado en el banquillo de los acusados. Eso sólo ya es histórico. Pero la lectura de la acusación por parte de la secretaria del juzgado fue letal. Dijo que ese dinero le había llegado a Lázaro producto de “una asociación ilícita de amplia corrupción institucional integrada por Néstor, Cristina, De Vido, Josesito López, Nelson Periotti de Vialidad en ese entonces y otro Kirchner más: Carlos Santiago.” Ese fue un golpe al mentón de la defensa de Lázaro. Y fue por elevación un cachetazo verbal al juez Sebastián Casanello que se negó tres veces al pedido de sus superiores de la Cámara para que sumara a la ex presidenta entre los acusados. Por eso Lázaro y sus hijos están ahí. Y por eso Cristina y sus hijos no están. Pero deberían estar.
A esta altura no hay dudas de quien mandaba. No se movía una mosca en el gobierno de Cristina sin la orden de Cristina. Lázaro fue el amigo, testaferro, socio, empleado y cómplice del matrimonio Kirchner. Muerto Néstor, la jefatura de la asociación ilícita fue ocupada por Cristina.
Por eso sostengo que Báez es Cristina.
Ayer se inició el juicio oral que va a durar más o menos un año. Hay 25 acusados y 90 testigos. Hay pruebas, indicios y testimonios que certifican con lujo de detalles la maniobra delictiva. A esta altura no hay ninguna duda: el gobierno de la familia Kirchner fue el más corrupto de la historia. Los del menemismo fueron vueltos, chirolas, al lado de estas montañas de dólares y euros contados con maquinitas, transportados en bolsos y aviones, pesados en balanzas y depositados en el exterior.
Martín Báez, el hijo mayor, fue uno de los actores principales en esa novela real de los patrones del mal que cuentan fortunas en La Rosadita mientras Jorge Lanata lo muestra y lo denuncia por televisión.
Tal vez ese sea el peor de sus pecados. Lázaro Báez, siguió el ejemplo de muchos otros corruptos del kirchnerismo y convirtió a sus hijos en delincuentes.
Báez detonó a su familia. La incineró en el altar de los Kirchner solo para hacerse millonario con el dinero de todos los argentinos. Esa familia está quebrada en tres pedazos.
La tercera parte de la familia es unipersonal. Es Norma Calismonte, una señora de barrio que se casó con un sencillo empleado bancario, con un monotributista y en diez años se encontró con un magnate acostado en su cama. La madre de los hijos de Báez no puede creer como su vida cotidiana estalló por los aires y sus seres queridos están ardiendo en tribunales y a punto de ser encarcelados.
Más que pingüinos son los buitres de Río Gallegos. Los que tienen niveles de codicia nunca vistos. Los que son capaces de vender a la madre y a las madres de plaza de mayo por una caja fuerte llena de miserables billetes.
Los Báez son socios de Cristina en el hotel La Aldea, de El Chalten. Báez juniors es dueño del edificio y la ex presidenta del terreno.
En su momento, el hijo de tigre supo tener el 48% de las acciones de Valle Mitre, la empresa que administró tres de los cuatro hoteles de la cadena “Kirchner, Resort All inclusive”. Las Dunas, era de Lázaro, pero se lo vendió a Néstor en cómodas cuotas. En el Alto Calafate se hizo esa vergonzosa operación de los 14 millones que Lázaro le pagó a Cristina por habitaciones que jamás usaron. Insólito. ¿Son muy tontos o demasiado vivos? O aplicaron el manual básico de lavado de dinero.
Las empresas de los Báez y los Kirchner batieron todos los records de facturas truchas. Son las empresas que le compraron la casa de Rio Gallegos a los Kirchner a precios sobrevaluados y con papeles subfacturados, o la que le pagaron alquileres por encima del mercado a varios departamentos de los K.
Incluso aparece la compañía de taxis aéreo Top Air, en uno de cuyos vuelos viajó Leonardo Fariña, el valijero arrepentido que contó todo con una precisión de relojería.
Son chorros de cuarta, ladronzuelos que les robaron las migajas a los verdaderos ladrones de guante blanco. Son los perejiles de un supermercado repleto de dinero como el que se guardaba en las bóvedas de Lázaro que luego, por la gracia de Dios, y como por arte de mafia, recicló en bodega.
Los muchachos de la agrupación “Lázaro Báez para la Victoria y la Fortuna de Cristina pusieron al estado al servicio del enriquecimiento ilícito de la familia presidencial.
Revuelve el estómago de asco moral, como dijo Carrió. Nunca presentaron balances y los dibujos son groseros.
Alguna vez escribí que Lázaro era el Alfredo Yabrán de los Kirchner. Un mafioso todo terreno.
Hay mucho misterio que develar en el caso más espectacular de movilidad social ascendente de toda la historia. Lázaro Báez pasó de empleado bancario a megamillonario. Y fue en apenas diez años, en la década ganada por los Kirchner y sus amigos y cómplices. Lázaro se levantó y anduvo. Prometieron distribuir la riqueza y la distribuyeron… entre ellos.
¿Quién es Lázaro? ¿Qué papel cumplió en el ladriprogresismo feudal? Es el terrateniente más grande del país. 418 propiedades y estancias que en tamaño son igual a 13 veces la Capital Federal. ¿Escuchó bien semejante locura? Las tierras que nos robaron las familias Kirchner y Báez ocupan el mismo territorio que 13 veces la Capital Federal.
Y dos lujosos aviones que en realidad eran tres y uno se incendió sospechosamente. Y siguen las estafas. Es interminable la lista de bienes y billetes que robaron. Record Guinnes. Por eso los Kirchner están entre los más corruptos del planeta.
Lázaro tiene la flota de vehículos más grande del país. Ni las empresas de transporte tienen 1.279 vehículos como él. Una colección de autos negros de alta gama que ni la mafia napolitana. La parte más bizarra de su historia es que fue el constructor, el donante y el vigilador en retiro efectivo del faraónico mausoleo de Néstor Kirchner. Ese monumento a la corrupción y la desmesura es monitoreado on line por Cristina desde donde ella se encuentre. Es todo un dato. Es un mensaje clarísimo, aunque tiene su simbolismo. La noche en que Néstor Kirchner se murió había estado cenando con Cristina y Lázaro. Según el evangelio, Lázaro de Betania ya estaba muerto y sepultado. Pero llegó Jesucristo que era su amigo y lo resucitó en un instante y con una frase: “Lázaro, levántate y anda”. Este Lázaro de estos tiempos de cólera, se parece más a otro personaje bíblico que es casi su contracara. A Poncio Pilatos, el que se lavó las manos y con ese gesto, selló la condena a muerte de Jesús. Es el símbolo del oportunismo, la vileza y la traición.
Todos los trámites que tuvieron que hacerse en el exterior arrojaron resultados positivos porque en Suiza y en Panamá, entre otros países encontraron cuentas y millones de dólares sucios de la corrupción que fueron lavados. El colmo es que un banco suizo accedió a abrirle una cuenta a Lázaro porque un informe que pidieron confirmó que era testaferro de Néstor Kirchner.
La información dura y pura dice que Lázaro, recibió 52 contratos por la friolera de 46 mil millones de pesos durante el reinado de la dinastía K. Austral Construcciones, se fundó 12 días antes de que Néstor jurara como presidente. Los Kirchner y los Báez formaron un concubinato para el delito. La convivencia fue obscena entre ellos. A Cristina y Lázaro Báez no los une el amor sino el espanto. Ella nunca lo quiso. Pero hoy más que nunca uno está atado a la suerte del otro. Lázaro está en la cárcel y quiere salir. Y Cristina está afuera y no quiere entrar. Pero los destinos se cruzan. Y el punto de más probable encuentro es una celda en Ezeiza. Todos le llaman la jefa y es cierto. Cristina es y fue la jefa. Y más temprano que tarde va a tener que pagar por eso. Hay una celda de pocos metros cuadrados, una cama y un inodoro que la está esperando. Báez es Cristina.