Macri vs Cristina – 27 de abril 2015

El gran ganador de las elecciones de ayer fue Mauricio Macri. Triunfó doblemente y consolidó su liderazgo. Hacia adentro del partido que fundó con el candidato que había bendecido y hacia afuera, casi llegando al 50 % de los votos, al borde de ganar en la primera vuelta. Por eso Macri bailó sobre el escenario, debordado de alegría y con su pequeña hijita sobre los hombros. 
La gran perdedora de las elecciones de ayer fue Cristina Fernández de Kirchner. También perdió doblemente. Hacia adentro de su partido porque fracasó el candidato que ella había elegido en el laboratorio de Olivos donde casi nadie puede hablar y hacia afuera porque el Frente para la Victoria hizo la peor elección en mucho tiempo en la Ciudad de Buenos Aires. Mariano Recalde batió el record negativo del propio Daniel Filmus y sumó apenas el 12,3 % de los votos. Chicanero, Carlos Pagni, contó que en las redes sociales un chiste dice que «Recalde tiene mas empleados que votos». 
Macri tiene que recuperar anímicamente a Grabriela Michetti porque es parte del ADN del PRO y porque su imagen positiva en el país transmite los mejores valores que la gente reclama. Hablo de solidaridad y honradez. Hay un debate interno acerca de cual será el rol de Gabriela en las campañas que se vienen tanto en la ciudad como en el país. Todo indica que Macri le ofrecerá a Carlos Reuteman que lo acompañe en la fórmula como candidato a vice. Es una apuesta a ampliar la coalición y mostrar una señal de que no se trata de una formación antiperonista.
 Está muy instalado que bajo la conducción de Macri, los dirigentes peronistas aportan dosis similares de pragmatismo y gobernabilidad. Es el rol que han jugado dirigentes como Cristian Ritondo y hasta la fórmula ganadora en la ciudad pasó en su momento por el peronismo: Horacio Rodríguez Larreta en el equipo de Palito Ortega y Diego Santilli militando en el PJ.
Cristina mete la pata y fracasa cada vez que elije con su dedo a un dirigente o a un candidato. El casting de la presidenta suele caer en perfiles similares, jovenes rubios y pintones que luego le dan mas dolores de cabeza que satisfacciones. Hablo de Amado Boudou, Axel Kicillof, Martin Insaurralde y Mariano Recalde. A todos los eligió ella. Todos la defraudaron aunque Cristina se niegue a reconocer sus errores. La capacidad de seleccionar los mejores cuadros políticos no está entre las virtudes de Cristina. Habla con poca gente, está demasiado encerrada en si misma y con tal de meter gente de La Cámpora, la agrupación de su hijo, es capaz de forzar las situaciones hasta el límite de perjudicar las actuaciones electorales de su propia fuerza. El de Mendoza es un caso típico. Como Cristina no pudo imponer su candidato, le sacó tarjeta roja a un experto en tejer redes proselitistas como Juan Carlos Mazzon y fue a los comicios con el peronismo dividido. La oposición, por el contrario, fue unida en una coalición que respaldaron Sanz, Cobos, Macri y Massa y ganaron las provincia. 
Ademas de Macri hubo otros claros ganadores. Horacio Rodríguez Larreta, por cierto, el mas probable heredero de Macri que ante la ausencia de carisma se apoyo en la buena gestión y la resolución de los problemas de la gente que es otra gran demanda de la población. En el segundo lugar, el partido ECO mostró una buena renovación generacional con Martín Loustou que pudo mantener junto al aporte de Graciela Ocaña, el electorado socialdemócrata que reclama mas igualdad y mas transparencia. En este espacio tanto Elisa Carrió como Ernesto Sanz ratificaron que fue correcto el rumbo que tomaron hacia la defensa de las instituciones republicanas y en contra del autoritarismo kirchnerista. 
Fue muy precisa la doctora Carrió cuando definió que la sumatoria de los dos primeros espacios electorales habla de que el 70% de los porteños está dispuesto a votar a favor de una alternacia a nivel nacional. Para decirlo mas claramente, 7 de cada 10 porteños votarán contra cualquier candidato kirchnerista. 
Sergio Massa también perdió ayer. Careció de una figura taquillera y no pudo encontrar el lugar correcto para ubicarse desde el punto de vista ideológico.Fue víctima de una polarización que crece a nivel nacional. 
Hubo otros grandes perdedores: los precandidatos a presidente y los mas importantes dirigentes del Frente para la Victoria. Cristina los obligó a mentir sobre el presunto segundo lugar que habían logrado, a sobreactuar una euforia inexplicable y patética y a aparecer pegado a un experimento camporista infantil y caprichoso. Y como si esto fuera poco, el doblemente procesado Amado Boudou, uno de los argentinos con mayor imagen negativa se sentó entre Jorge Taiana y Carlos Zanini.  En ese sentido la cara de enojo de Daniel Scioli fue todo en mensaje. 
 Cristina fue la mariscal de la derrota pero no se quiso ensuciar y fue la única que no puso la cara. Animémonos y vayan fue su consigna. Fueron todos menos Cristina y su hijo Máximo que suelen ser desagradecidos con los que triunfan y crueles con los que son derrotados. También deberán resvisar el exceso de autoestima y el casi nulo respado popular del resto de los candidatos del cristinismo: Anibal Ibarra, Gabriela Cerrutti, Carlos Heller y Gustavo López no acusaron peso en la balanza. Para ganarse el reconocimiento popular no alcanza con proclamar el amor a Cristina y  pasear de vez en cuando por los programas del pautatraficante Diego Gvitz. El resultado fue obvio: estos muchachos y muchachas sacaron 6,7,8 votos.
Para el final una conclusión y una advertencia. Sería riesgoso trasladar estos resultados mecánicamente al plano nacional. Está comprobado que los oficialismos corren con mucha ventaja en las elecciones mas allá de las camisetas partidarias. En Salta, en Neuquen y en Capital ayer, ganaron los que están en el gobierno. Esa misma situación coloca en una mejor posición a Daniel Scioli tanto en la provincia de Buenos Aires como para pelear la presidencia de la República. Esta reflexión abre una pregunta fundamental: ¿Alcanza la coalición entre Macri, Sanz y Carrió para derrotar al heredero no querido de Cristina? ¿ Sergio Massa puede sumarse? ¿Y en el caso de que no ocurra eso, a donde irán sus votos? Como siempre, todas las elecciones traen muchas respuestas, pero abren nuevas preguntas.