Cristina, mariscal de la derrota – 28 de abril 2015

Celebrar una derrota contundente es un papelon del tamaño de la Casa Rosada. Y festejarla con euforia y mandando al frente a todos los precandidatos presidenciales y a todo el gabinete es un acto de perversidad política. Cristina Fernández de Kirchner hizo eso y mucho mas. Porque ella, que fue la principal responsable del fracaso electoral, se borró y ni siquiera dio la cara. Ella fue la mariscal de la derrota desde el principio al final. Pero al igual que su hijo Máximo, su lugarteniente en la debacle porteña, ni aparecieron aunque sea para consolar a los derrotados por seguir en forma verticalista sus órdenes. Ya se sabe que Cristina es desagradecida con los que le llevan triunfos y cruel con los que la acercan a las derrotas. Pero en este caso quedó demasiado en evidencia la lectura equivocada que el cristinismo hace de la realidad en muchos planos. El primer error es el casting de candidatos. A la presidenta le gusta bendecir con su dedo sabio  a jovenes rubios y pintones que luego le producen solo dolores de cabeza. Ella solita, sin consultar con nadie, fue la que eligió a Amado Boudou, a Axel Kicillof, a Martín Insaurralde y ahora a Mariano Recalde. Todos cortados por la misma tijera, muchachos cancheritos de casi nula o muy mala experiencia de gestión. Ese fue el error fundacional. Pero vinieron otros. La presidenta está obsesionada en conseguirle conchabos a los muchachos de La Cámpora.  Tienen todo el aparato y el dinero que necesitan para su respaldo y sin embargo no han podido ganar una sola elección universitaria ni tener presencia fuerte en los gremios. Donde si lograron insertarse masivamente es en los cargos rentados del estado. Los militantes de La Campora no están por lo general en los barrios, ni en los gremios ni en las universidades como en los 70. Estan en los ministerios y en otros organismos estatales. Allí si, tal vez sean mayoría. Son varios los problemas que tiene la agrupación conducida por Máximo Kirchner. Sus líderes son poco conocidos y poco representativos. Se ven a si mismos como vanguardias revolucionarias pero casi no tienen desarrollo electoral propio. El caso de Recalde es emblemático. Una mala gestión en Aerolíneas Argentina disfrazada de exitosa por los chupamedias de estado lo llevó a un mal resultado electoral. Y eso que Cristina lo puso en todos los actos de los últimos tiempos para que apareciera por la televisión hablando con ella. Hasta se dió el lujo de burlarse de la gestión de Macri por un tema de documentos de su hijo recién nacido.
El otro problema es la ausencia de debate. Cristina instaló que el concepto de disciplina partidaria es igual a sumisión y verticalismo recalcitrante. Nadie se atreve a decirle nada. Ella solo escucha a Máximo que también está bastante alejado de la realidad. Por eso hubo 7 candidatos que no los conoce ni la familia. Algunas se creen herederas del Che Guevara solo porque ella y sus amigos fuman marihuana, según el sincericidio de Gabriel Cerruti, por ejemplo. O caen en explicaciones insólitas y pateticas como Recalde que dijo que muchos votos kirchneristas fueron a Gabriela Michetti para perjudicar a Macri. El tema es que muchos encuestadores K le dicen a los que le pagan lo que quieren oir. No es la primera vez que pifian sus pronósticos los Artemio López o los Roberto Bacman. O los delirios jurásicos de Luis D Elía que culpo de los fracasos a la CIA que maneja los programas de Marcelo Tinelli y Gran Hermano. Desopilante teoría que ya era vieja en los 70. Por algo su candidato, Gustavo Lopez sacó 7.800 votos. Menos que Ivo Cutzarida. Es decir que no lo votó ni sus amigos.
¿A quien se le ocurrió celebrar semejante derrota con Amado Boudou y Luis D’Elía al lado? Son dos de los argentinos con mayor imagen negativa. Y sin embargo estuvieron en la sede del Frente para la Victoria cantando con los dos dedos en vé. Uno que no quiere nada al vice presidente hizo una broma letal: » En Puerto Madero salimos segundos», el barrio en donde tienen sus departamentos Cristina, Cristobal López y vive Amado Boudou.
Es grave la falta de vínculo con la realidad. En política es peligroso confundir lo que ven con lo que quieren ver. Comprar el relato antes que la realidad. Es difícil operar políticamente sobre una realidad que se niega. Este gobierno niega la pobreza, la inseguridad, la inflación y ahora la derrota electoral. Algo está fallando. La mesa que decide todo es demasiado chica y sectaria. Los dogmas los empujan al error. La fuerza de las voluntad siempre es útil. Pero cuando se cae en voluntarismo o en ideologitis es difícil representar a las mayorías del sentido común. El cristinismo en la Capital recibió una paliza electoral. Eso puede ocurrir. Lo que no puede ocurrir es que eso sea celebrado con bombos y platillos. Y mucho menos que la jefa política, la mariscal de la derrota, diga si te he visto no me acuerdo y se oculte en la Quinta de Olivos. Una cosa es perder una elección. Eso no es grave en democracia y se puede revetir. Lo grave es caer en el ridículo. De eso no se vuelve, como decía el general.