Baño de humildad para Cristina – 8 de mayo 2015

Que la presidenta de la Nación ordene un baño de humildad para sus compañeros es la confirmación de que ella no ve la paja en su propio ojo y solo ve la viga en el ojo ajeno. Cristina es altanera y soberbia todo el día. Solo es humilde cuando duerme. Siempre lo fue, aún como diputada y senadora. Se podrán imaginar ahora que ingresó a la historia argentina como la primera mujer electa y reelecta presidenta de la Nación. Algunos kirchneristas dirán: tiene motivos para ser soberbia. Puede ser. Eso es opinable. Pero lo que no es opinable y es una realidad fácil de comprobar es que si algo no tiene Cristina es humildad. Por eso digo que es insólito que le reclame a los demás algo que ella no tiene. Es el viejo truco de haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Cristina reclamando un baño de humildad es como si se estuviera mirando al espejo, como una suerte de autocrítica. Es como si Amado Boudou reclamara ética, manos limpias y uñas cortas. ¿Desde que lugar lo hace? ¿Con que autoridad moral? 

Es el segundo discurso en donde la jefa del estado alardea de lo que carece. También le exigió a los candidados menos personalismo. Justo este gobierno, que hizo un culto a la personalidad de Néstor Kircher que casi no tiene antecedentes en la historia. Hay que ir muy atrás para encontrar calles, avenidas, plazas, escuelas, hospitales, represas, aeropuertos y estadios que lleven el mismo nombre de una persona que falleció hace menos de cinco años como el caso de Néstor. Todo se llama Néstor Kirchner. ¿Será cierto que hay mas obras bautizadas como Néstor Kirchner que las que llevan el nombre de Jose de San Martín? 

Y encima su viuda reclama menos personalismos cuando ellos fueron los que instalaron la cultura de reemplazar el afecto sincero por la adoración de estado. Yo no veo en los hogares mas pobres las fotos de Néstor y Cristina como estaban y hoy todavía están los retrados de Perón y Evita. El flamante radical camporista Leandro Santoro, compañero de fórmula de Mariano Recalde en uno de sus provocativos tuits escribió: «Alfonsín está en una bóveda de Recoleta y Néstor Kirchner en un mausoleo en el Sur. La diferencia entre querer ser un presidente constitucional o un faraón». Hoy no comparto nada del pensamiento del yerno de Leopoldo Moreau, flamante funcionario nacional y habitué de 67rocho. Pero en ese momento tenía razón. Y a las pruebas me remito. Hay pocas personas en el mundo de los próceres que tiene un mausoleo de las dimensiones faraónicas del que alberga los restos de Néstor. Y encima fueron pagados con los fondos del mayor beneficiario de la obra pública y sospechado de ser por lo menos testaferro o empleado del matrimonio presidencial. Hablo de Lázaro Báez, el que mas ganó con la década ganada. Ese mausoleo es todo un símbolo. Un monumento al personalismo de estado que carece de todo baño de humildad y que está salpicado de corrupción.

Lo mismo pasa cuando Cristina explica los motivos de la muerte de Néstor Kirchner. Lo coloca casi en la categoría de Che Guevara. Como si hubiera sido acribillado con el fusíl en la mano en pleno asalto al Cuartel Moncada mientras cantaba La Internacional. Y la verdad es que Kirchner murió porque no se cuidaba, por sus antecedentes familiares, por su omnipotencia, por su obsesión por el dinero y bulimia de poder y porque vivía envenenado por el odio. Si embargo para Cristina y su relato, su marido murió por la patria, por todos nosotros, murió de pié como los árboles. Eso lo dijo en el discurso anterior, cuando instaló su retrado junto al de Hugo Chávez en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos. 

Y a la hora de elogiar las virtudes de su hijo Máximo, la presidenta tampoco se anduvo con chiquitas. Describió a su familia como una dinastía de sangre azul y valiente que saben bien en que momento tirarse a la pileta de la historia para nadar como campeones en sus aguas turbulentas. Máximo corre solo, no necesita que le de el aura, dijo Cristina. Ninguno que lleve una pizquita de sangre nuestra necesita que le digan nada. Epa, epa, presidenta, ninguno que lleve una pizquita de sangre kirchnerista necesita de una indicación. ¿No será demasiado? ¿No será necesario ese baño de humildad que tanto reclama a los demás? Y hablando de sangre y de valores hereditarios, casi monárquicos, ¿como pinta Néstor Ivan? Le gusta Máximo presidente, Cristina gobernadora, Alicia intendente, Florencia diputada y Néstor Ivan consejal. ¿No será mucho nepotismo? ¿No la acusarán de excesivo personalismo? 

Esta claro que su forma de pararse frente al mundo es la que la lleva a confundir su casa con la Casa Rosada, a creer que no está alquilando el sillón de Rivadavia sino que es de su propiedad y a sentirse tan intocable como la patria. Muchas veces, frente a las críticas contra medidas de su gobierno, usted dice que a la patria no hay que criticarla, que del gobierno si se puede hablar mal pero no de la patria. No recuerdo alguien que haya tenido actitudes antipatrióticas. Hay muchas miradas críticas respecto de su gobierno y sus decisiones. Pero es normal en toda sociead democrática y es bienvenido para consolidar las instituciones respublicanas. Que su tropa le diga que usted es genial y bella y que nunca se equivoca, deteriora la democracia. El verticalismo chupamedia y el miedo a expresar pensamiento propio produce una democracia autoritaria. 

Una presidenta mas humilde y menos soberbia parirá, seguramente, una militancia a su imagen y semejanza. Hace bien Cristina en reclamar mas humildad y menos personalismos. Pero primero debería mirarse al espejo. Ir por el camino de la autocrítica y predicar con el ejemplo.