Hay que ver y escuchar a nuestro querido compañero Jorge Lanata para darse una idea de lo maravilloso que fue su trasplante de riñón. Se lo ve feliz con la esperanza de futuro que le metieron en el cuerpo y en el alma. Su caso fue emblemático. Por primera vez en América Latina se hizo ese trasplante cruzado. Eso multiplica geométricamente el universo de donantes.
Sabia, la justicia, autorizó esta situación que no está legislada en la Argentina pero que sería extraordinario que, a partir de este caso, se convirtiera en ley como es en Estados Unidos, Canada, Holanda, España y entre otros países. Sería un milagro democrático y cívico que la votaran en forma unánime todos los bloques de diputados y senadores. ¿Quien puede oponerse a que los 4.600.000 personas que tienen algun tipo de insuficiencia renal tengan un futuro mucho mejor?
Por eso no me canso de repetir que mañana es el Día Nacional de la Donación de Órganos que es como sembrar mil esperanzas todos los días. Es el día de la máxima solidaridad posible. Se eligió esta fecha porque en 1997 nació Dante y María, su madre, se convirtió en la primera mujer trasplantada que dio a luz en un hospital público. Ella sufrió una hepatitis inmune terrible durante diez años hasta que le hicieron un trasplante hepático.¿Se imaginan lo que fue aquel embarazo? El pibe es un gigante que se abraza a su vieja y ambos tienen la sonrisa mas contagiosa del mundo. Es que un solo donante, escuche bien por favor, un solo donante puede salvar la vida de 7 personas. Es la generosidad solidaria que se multiplica. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano.¿A cuantos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás? Es ser solidario con nuestro propio cuerpo aún después de muerto. Dar hasta que duela como pedía la Madre Teresa. Es como arrebatarle un poco de vida a la muerte, como ganarle algunas batallas.
Muchas veces la gente tira para atrás por desconfianza. La comprendo pero no la justifico. Hemos sufrido tantos engaños y desilusiones desde las instituciones que todo nos despierta sospecha. Pero en el caso de la donación de órganos hay que confiar. Nunca, jamás, se comprobó un solo caso en el que haya ocurrido algo poco claro o reñido con la ética. Hay tanta leyenda urbana producto de la ignorancia que vale la pena repetirlo una y mil veces. No se registran hechos de corrupción ni de malversación y mucho menos de tráfico vinculado al trasplante de órganos. Esas historias inventadas nos hacen mucho mal como sociedad. A todos, porque todos podemos ser donantes y todos podemos necesitar que nos donen un órgano. Uno nunca sabe su destino. Nunca sabe de que lado del trasplante puede estar. Es actuar en defensa propia.
En este momento hay 8.000 personas en lista de espera. No son números de una planilla. Son hijos, padres, hermanos, novios, amantes, soñadores, tan argentinos como cualquiera de nosotros y esperan en la lista y desesperan en la angustia. La medicina avanza a pasos agigantados y los trasplantes son cada vez mas frecuentes y exitosos en la Argentina pero en este bendito país los donantes no alcanzan. Hemos mejorado pero todavía falta.
Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen mas y nos hagan mejores personas y mejores argentinos.
No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano. Hay que iluminar la vida de los donantes con la posibilidad de dar a luz sin ser padre o madre. Dar a luz a otro ser humano sin parir pero dando vida. Suena maravilloso. Es una epopeya que salva la vida de nuestros semejantes. ¿Hay algo superior a eso? Eso que late en la patria no es otra cosa que nuestro corazón multiplicado. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. La gran Eladia nuestra que está en los cielos lo decía con toda luminosidad:
Eso de durar y transcurrir
no nos dá derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.
Donar órganos. Dar vida a ún después de muertos es honrar la vida.