Cristina divide para reinar. Esa fue una de las principales políticas de estado que parió junto al feudalismo autoritario de Néstor Kirchner y que luego maquilló ideológicamente con el neopopulismo de Ernesto Laclau. No le fue nada mal a Cristina con esa estrategia que fractura la sociedad y que divide todo entre amigos y enemigos. Presentan batalla hasta en los consorcios y en los jardines de infantes. No dejan organización sin quebrar. La CGT, la CTA, la AMIA, la UIA, los organismos de derechos humanos, el socialismo, el radicalismo, la Feria del Libro, el campo, el gremio de prensa, la justicia, todo, todo lo que tocaron lo partieron por el medio. Hasta la entrega de los premios Martin Fierro es un tema en el que Cristina fomenta la grieta. Ayer en Mendoza, y por cadena nacional, celebró que el canal público Asequia haya recibido cinco nominaciones pero se enojó porque no ganó ningún premio. Levantó sospechas sobre la ética de los que entregan el premio y amenazante dijo que cuando se aplique realmente la Ley de Medios Audiovisuales, se va a acabar, se va a acabar, esta manera de premiar. Dos comentarios breves: Cristina es como Dios, está en todos lados. Lucha contra los buitres y las corporaciones pero también tiene tiempo de enfrentar a los gorilas escondidos en APTRA. Y encima, el doble discurso es clarísimo: si me nominás te quiero y te apoyo. Pero si no me premiás, te odio y te combato. Siempre los Kirchner se vieron a si mismos como una suerte de rio Jordán purificador: Si está de este lado, es el mejor. Si está del otro lado de la grieta, es el peor. Pasa todos los días. Raul Othacehe, era el «querido Vasco», cuando Cristina le cantaba hasta el feliz cumpleaños en los actos y pasó a ser un mafioso patotero y pro dictadura cuando se fue con Massa. Ya se sabe, regresó al Frente para la Victoria y volvió a ser un santo revolucionario. Por eso lo recibió con los brazos abiertos un emblema de los derechos humanos, Wado de Pedro, hijo de desaparecidos y hoy secretario general de la presidencia. Esta esquizofrenia ya la comentó con talento Jorge Fernández Díaz en el diario La Nación. Asi que los de APTRA se preparen porque se viene el ataque K. Dirán que no suspendieron los premios durante la dictadura, que alguno de sus miembros está viejo como Carlos Fayt o que todos son empleados de Clarín. Alguna mentira van a encontrar para intentar someterlos hasta que todos los Martin Fierro se los den a los periodistas y artistas K y que el Martin Fierro de Oro a la mejor actuación en unitario se lo dén a ella, a la reina Cristina.
Es que el modus operandi siempre es el mismo. En todos lados buscan un enemigo y lo acusan de haber sido colaboracionista de la dictadura, agrogarca, buitre y golpista de la coorporación mediática. De inmediato polarizan y asi van creciendo en su voracidad por el poder pero con el relato le meten mística para que mucha gente crea que se trata de una lucha emancipadora. Hay amplios sectores de la población que compraron esta fábula y que la tienen por auténtica. Asi nos va y asi nos va a seguir yendo en el futuro. Los países no se desarrollan con cartón pintado. Las injusticias se resuelven con trabajo genuino y con inclusión en serio y no repartiendo estampitas de Hugo Chávez.
Cristina tiene tan metida es un cabeza esta forma de conducción que no soporta que se le escape ninguna tortuga. Quiere manejar la agenda pública siempre. Y por eso es la pelea con los medios. Ella quiere ser la gran editora de la realidad nacional. Quiere ajustar la realidad a sus fantasías y no siempre es posible. Por eso se molestó tanto con la movilización multitudinaria de «Ni una menos». Porque no fue una inciativa propia. Porque fue algo tan genuino que nació desde abajo, que fue creciendo desde el pié, desde el espanto y la conciencia de un grupo de periodistas. Las redes sociales multiplicaron el reclamo que prendió porque era absolutamente auténtico y no estaba lo suficientemente atendido por un gobierno que esta por cumplir 12 años en el poder. Los medios de comunicación se sumaron a la convocatoria y todo fue un exito. Por la masividad, por la justicia de la exigencia y porque fue el único acontecimiento de los últimos tiempos que saltó por arriba de la grieta. Ese fue uno de los valores. El femicidio nos unió porque sus víctimas son de todos los partidos, razas o religiones. El asesino mata y no discrimina a quien mata. Por eso la respuesta colectiva fue amplia y sin sectarismos de camisetas partidarias. Todos tuvimos puesta la camiseta de la vida. Que era la única que correspondía. Sin embargo Cristina, a último momento, se interesó por el tema y mandó algunos tuist fuera de lugar y que le hicieron mostrar la hilacha. Hasta la noche anterior al «Ni una menos», Cristina no había dicho una sola palabra en las docenas de horas que utilizó para hablar en Cadena Nacional. Miren que habla de todo Cristina. Pero en ninguna cadena, mencionó el tema femicios. Sobre la hora y para no quedar afuera de semejante acontecimiento político le echó, cuando no, la culpa a los medios de comunicación, envió un tiro por elevación a Marcelo Tinelli y a Daniel Scioli . En definitiva, con la desesperación por no quedar afuera, minimizó el tema, lo achicó, parcializó una exigencia que debía ser ecuménica como finalmente fue.
Cristina divide para reinar. Es mas fuerte que ella. Está en su ADN y no le fue nada mal con esta estrategia fracturista. Pero esta vez, fracasó. Todo lo que ocurrió ayer, ocurrió a pesar de ella y no por ella. Y eso es algo que Cristina no puede tolerar. Esa la base de su intolerancia. Pero que no se preocupe, en cualquier momento, igual que Othacehé, APTRA se borocotiza y le entregan a la presidenta el Martin Fierro de Oro. Y si eso no ocurre siempre queda el recurso de mandar otra cadena nacional. O una cadena perpetua.¿No le parece?