Angeles y demonios – 3 de junio 2015

Eran tres generaciones de mujeres bellas e inteligentes.
Eran una familia afectuosa y entrañable como cualquier familia. Eran tres mujeres corajudas y hoy quedan dos. Un femicida intentó violar y luego asesinó a las mas chica de todas. A una pibita de apenas 16 años que se llamaba Angeles Rawson. Todos le decían Mumi y fue un caso que conmovió a la Argentina. Nos tuvo a todos atentos e indignados. No logramos comprender como ese salvaje portero de mas de 100 kilos atacó con tanta ferocidad a una nena que conocía desde que ella tenía 6 años y que no pesaba mas de 50 kilos. Fue de una brutalidad macabra todo lo que pasó entre Angeles y ese demonio. Ocurrió en el corazón del barrio de Palermo. Esa mañana, Mumi, llegó a su edificio de Ravignani 2360, pero nunca entró a su departamento. Ella venía con su equipo de gimnasia, alegre como siempre. Las cámaras de video cercanas la vieron aparecer pero no la vieron desaparecer. Toda la información disponible en el juicio oral que se está sustanciando en estos momentos dice que ese demonio llamado Jorge Mangeri, mediante algún engaño, la hizo salir del pasillo. «Vení que te doy el recibo de las expensas», pudo haber sido la trampa. ¿Que iba a sospechar Mumi de alguien al que veía casi todos los días desde una década? Sin embargo Mumi, la pequeña Mumi, intentó ser violada. Angeles Rawson defendió tanto su dignidad de mujer que recibió un castigo despiadado. Varias costillas fracturadas. Golpes por todos lados. La justicia trata de establecer de que manera Mangeri mató a Mumi. Se cree que con su brutalidad la asesinó en unos minutos. Después, la envolvió en una bolsa de consorcio y como si fuese un desperdicio, el cuerpito de Angeles fue a parar a esos contenedores que son cargados en forma automática por los camiones que lo llevan el CEAMSE.
Allí encontraron a ese ángel. Con las alas quebradas, triturada por la maquina de compactar basura. Invicta en su dignidad, virgen, pero muerta. Asesinada por ese criminal que en algún momento se hizo responsable de todo lo que pasó, pero que después buscó cientos de excusas y mentiras para defenderse. Hasta se quemó para disimular los arañazos que tenía en el cuerpo y que Mumi le había producido en defensa propia.
Eran tres generaciones de mujeres bellas e inteligentes. La Abuela Teté, psicoanalista que jamás podrá elaborar ese duelo insano de tener que enterrar a una nietita de 16 años. La madre, Jimena, profesora de educación física que trabajaba en una empresa junto a su hermano Ramiro que poco tiempo después también murió con el corazón machucado.
Aquella noche, Franklin Rawson, ingeniero de una gran empresa, fanático del rugby y Jimena casi enloquecieron buscando a su hijita del alma por los hospitales y las comisarías. Todos estaban desolados. Hasta que apareció su cuerpo. No se recuerda un velorio y un entierro con tantas lágrimas, con tanto llanto desconsolado.
Las tres generaciones de mujeres bellas e inteligentes eran muy compinches. Pero en medio de las tumbas solo quedaban de pie, o casi de pie, la abuela Teté y la mama Jimena. Mumi estaba bajo tierra y sigue estando bajo tierra y esa maldita muerte mató todos sus derechos. El derecho a la vida, a estudiar, a ser feliz, a formar una familia y lograr una cuarta generación. Mumi era una amiga tan leal que sus compañeras de estudio resolvieron no hacer fiesta de egresados a fin de año en su homenaje. Era abanderada en el colegio Virgen del Valle. Mumi era feliz. Reía, cantaba con buena voz y en inglés «My inmortal», de Evanescence, la banda norteamericana de rock alternativo. Amaba los dibujitos japoneses de anime y jugaba con los disfraces del Cosplay.
A esta hora exactamente hay miles y miles de argentinas y argentinos manifestando su repudio a tanto criminal de mujeres. A esta hora, multitudes de compatriotas de todos los pensamientos políticos estamos unidos ante este drama social que necesita ser atendido en forma urgente antes de que sea demasiado tarde para lágrimas y sigan los femicidios. Ni Una Menos fue la consigna convocante. Ni una menos resume en tres palabras lo que todos sentimos y por lo que luchamos.
No podemos tolerar que Argentina sea el país de América del Sur con mas femicidios. Matan a una mujer cada 31 horas. ¿Que nos pasa? ¿Que le pasa a esta sociedad con la repugnante violencia de género?
La Casa del Encuentro reclama que dentro del Código Penal no se elimine » el agravante por género» y que se declare la emergencia nacional para combatir la violencia contra la mujer, entre otras medidas de fondo para que la justicia, con su lentitud, no convierta doblemente en víctimas a las mujeres y condene con todo el peso de la ley a los victimarios.
Entre toda esa gente que cubre las plazas y las calles de toda la Argentina está Jimena, la madre de Angeles. Ella tiene un cartel que dice: «Ni una menos». Habla de su hija y de todas las hijas. Conoce el dolor del agujero negro en el alma porque lo sufrió en carne propia. Por eso está peleando todos los días en tribunales. Para que Angeles descanse en paz en el cielo. Para que el demonio vaya al infierno. Para que no haya mas Angeles asesinados. Para que no haya mas demonios en libertad. Ni una mujer menos. Ni un asesino mas.