El teniente general Cesar Milani estaba a punto de cumplir dos años al frente del Ejército. Cristina lo sostuvo en forma caprichosa y peligrosa. Semejante personaje en ese lugar es una mancha de sangre en la política de derechos humanos del país. Cristina será la responsable ante la historia de esa afrenta y grave retroceso. Pero hay varios cómplices que hoy se lavan rápidamente las manos y se quieren sacar el muerto de encima. El mas importante es Horacio Verbitsky que se comportó como si fuera un Poncio Pilatos del paraperiodismo oficial.
Este domingo, es su columna de Página 12, Verbitsky dice que «Cristina ordenó su retiro» , pero en el colmo de su caradurez, le reprocha a la presidenta porque «nunca debería haber tenido confianza en Milani». Se trata de una panquequeada histórica de Verbitsky. Hace 24 horas le tiró misiles al general que quiso ser chavista y quedó chamuscado por el ridículo, pero que allá por julio del 2013 lo defendía en sus columnas y con los informes del CELS un organismo que fue perdiendo ecuanimidad desde que lo preside Verbitsky y su sesgada mirada chupamedia del gobierno K.
Vamos a los textuales para que ser bien rigurosos.
El 16 de julio de 2013, Verbitsky, como máxima autoridad del CELS le envió una carta de lectores al diario La Nación donde aseguraba que en sus archivos no existían «informaciones que lo vincularan con violaciones a los derechos humanos o acciones contra el orden democrático». Como si esto fuera poco, cinco día después en una columna titulada » Paraguas o fusible», el escriba escribía: «Tiene razón el general de división César Milani cuando dice que las denuncias en su contra tienen el fin político de perjudicar al gobierno nacional» (…) «Los emisores son inverosímiles. Socios económicos y políticos de la dictadura cívico militar y carecen de toda autoridad para objetar» la política en esa materia del gobierno de los Kirchner». No conforme con descalificar a los críticos en lugar de chequear la información como debe hacer todo periodista profesional, actuó como el jefe de la inteligencia informal del kirchnerismo y agregó que » Las mentiras a designio que han sostenido el grupo Clarín y su socio, La Nación, confirman la índole de sus intenciones». En ese vergonzoso texto, Verbitsky dice que «no hay datos fehacientes de la relación de Milani con el soldado desaparecido Alberto Ledo» y que la foto en la que se muestra a Milani con los golpistas carapintadas » es apenas una conversación con ellos porque él no se amotinó″.
Aquel abogado defensor del represor enriquecido ilícitamente, ayer se transformó como por arte de magia, en un fiscal cruel e implacable contra Milani. Verbitsky, además responsabiliza a la Presidenta de la Nación por haberle tenido tanta confianza. Y lo cierto es que la presidenta confió para ese nombramiento en la entonces ministra, Nilda Garré y en su mentor, el propio Verbitsky.
Hay que aclarar que los que adviertieron siempre que Milani no era trigo limpio y que por mucho menos que lo que se sabía de él, había militares presos, fueron gente muy ligada a la defensa de los derechos humanos como Jorge Lanata, Julio Strassera, Adolfo Perez Esquivel, Nora Cortiñas, el ex detenido y hostigado por Milani, Ramón Olivera, la madre de plaza de mayo de la Rioja y madre del soldado Ledo, Nilda Eloy, de la Asociación de Ex detenidos desaparecidos y otras víctimas de la dictadura como la familia de Plutarco Schaller. Un ex detenido llamado Luis Gómez aseguró que Milani :» era el Astiz riojano que se infiltraba en las organizaciones juveniles» . De hecho fue Milani el que firmó el acta de deserción falsa de Ledo. El colimba, que era su asistente aún hoy esta desaparecido.
Cristina, Garré y Verbitsky le hicieron meter la pata hasta el caracú al Cuervo Larroque que hizo una parodia de Operativo Dorrego con los camporitas y los militares de Milani, a Hebe de Bonafini que casi le declara su amor a Milani al que veía como un futuro Hugo Chavez y a Estela Carlotto que también lo defendió calurosamente.
Con su nota de ayer, Verbitsky dejó a todos ellos colgados del pincel. Porque después de tanta información precisa recién ahora, dos años después, descubrió que Milani era el diablo. Tarde piaste. Ahora, repito, recién ahora, descubrió «los bienes y los males» de Milani. Setescientos días después se dió cuenta que el Nunca Mas de La Rioja denunciaba a Milani y que el general ahora jubilado no puede explicar con que fondos compró la mansión de 1.150 metros cuadrados que tiene en La Horqueta. Todos estos datos los había aportado Jorge Lanata y su equipo en Canal 13 pero Verbitsky recién se avivó ahora. ¿O los oculto prolijamente todo este tiempo para no perjudicar a su mandataria Cristina? Una vez caído, el árbol de Milani, Verbitsky hizo leña aportando mas datos demoledores contra el general caído en desgracia. Las estrechas relaciones personales y operaciones inmobiliarias que hizo con un fascista de libro y doblemente golpista, condenado dos veces a prisión perpetua como el comodoro Luis Fernando Estrella y otro oscuro ultraderechista como Eduardo Barreiro. Tampoco su patrimonio es transparente. No cierra nada de la compra de la mansión que mostró Lanata. Mintió porque la compró antes de vender su departamento de Belgrano, al revés de lo que había declarado. No puede probar que le prestaron 200 mil dólares.
Lo mas terrible es que el comodoro Estrella está condenado, entre otros motivos, por el asesinato de monseñor Enrique Angelelli y de dos curitas que lo ayudaban. Eso fue en La Rioja, en tiempos en que Estrella y Milani estaban en los dos cuarteles mas criminales de la provincia. Y como si esto fuera poco, ayer Verbitsky reveló que el asistente personal del general Milani participó en el alzamiento carapitanda contra la democracia de Seineldín y que el propio Milani fue castigado con 8 días de arresto por negarse a reprimir esa sublevación. Hace dos años Verbitsky había dicho que la participación de Milani solo se limitó a dialogar con los amotinados en una foto. Cambia, todo cambia. Las caretas se van cayendo pero el daño está hecho. Este es un ejemplo y solo uno, de como muchos fanáticos se niegan a ver la realidad para no perjudicar a sus líderes políticos. Por eso, una cosa es la verdad que debe defender todo periodista. Y otra cosa son las camisetas partidarias que defienden los militantes o funcionarios. Esa malversación del oficio periodístico produce situaciones tan bizarras como las de Verbitsky. Tardó dos años en darse cuenta que Milani era el diablo facho y de paso le hechó la culpa a Cristina. Lo que se dice, un Poncio Pilatos, hecho y derecho.