¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los kirchneristas liderados por Cristina,
que perpetraron el robo del siglo, el más grande de la historia democrática…
O esos productores agropecuarios auto convocados para mañana en San Nicolás que apuestan todos los días a la cultura del trabajo, el esfuerzo, la innovación tecnológica y el mérito.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que, como Alberto homenajean al Partido Comunista chino, al autócrata de Vladimir Putin al que llama amigo, o a los dictadores de Venezuela, Cuba y Nicaragua o lo que es peor, cubren a organizaciones terroristas como Hamas….
O los que se movilizan en forma pacífica y masiva con consignas republicanas en defensa de la democracia, la justicia independiente, la libertad y reivindican a los gloriosos gauchos de Güemes que participarán del acto como una forma de reparar la humillación a la que fueron sometidos en Salta por el gobierno nacional.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Muchachos peligrosamente ignorantes como los jefes de gabinete de Fernández y Kicillof que son capaces de decir que la oposición sostiene que este es un país de mierda o que los críticos del gobierno superaron el horror genocida del nazismo…
O los ciudadanos independientes que exigen con firmeza, con pasión y sin banderas partidarias defender la producción, el trabajo y la educación. Esa asamblea cívica y multitudinaria de argentinos de a pie, de patriotas mansos que se cansaron de ser humillados y van a gritar sus reclamos tan fuerte como cuando cantan el himno nacional.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que toda su vida vivieron de la teta del estado y de nuestros impuestos, los que nunca tuvieron que pagar un sueldo o cubrir un cheque o rezar para que llueva o deje de llover. Son los que todos los días toman medidas irracionales contra la exportación de carnes o se quedan con la parte del león de las cosechas de granos o han fundido cientos de miles de comerciantes, hoteles y empresas de todo tipo…
O los que eligieron una tierra emblemática como San Nicolás, donde 1852 las provincias se comprometieron a organizarse como Nación. De allí salió la convocatoria al Congreso General Constituyente. Más federal imposible. Fue el acto fundacional de la República Argentina. Los organizadores auto convocados dicen que allí “germinó la semilla de una Nación que medio siglo después se destacó entre los países más prósperos, desarrollados, progresistas e igualitarios del mundo”.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que traficaron vacunas y se las robaron a nuestros queridos padres o abuelos, los que fomentan la violenta toma de tierras y el avance sobre la propiedad privada de la mano de personajes como Juan Grabois que dispara contra los blancos de clase media y multiplica la discriminación…
O los que eligieron encontrarse en San Nicolás de los Arroyos, a la vera del Paraná, el lugar que simboliza el encuentro, los acuerdos y los pactos preexistentes que permitieron que en 1853 se sancionara en Santa Fe la Constitución Nacional, nuestra ley suprema. El mensaje del acto de mañana es profundamente patriótico. Esa Constitución tiene los pilares del federalismo, la división de poderes, la libertad y la república.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que multiplicaron la pobreza, la desocupación, la indigencia, la inflación y la asfixia impositiva a pesar de que gobernaron durante muchos años. Los que acusaron a los runners, chetos, turistas, padres que querían abrir las aulas, personas que exigieron la vacunación completa…
O los que todos los días ponen el hombro para edificar una patria para todos, con la espalda quebrada y de sol a sol. Son los que aportan soluciones en lugar de buscar culpables y dan seguridad jurídica y tranquilidad con mano de obra calificada y neuronas desarrolladas para seducir a los capitales de todo el mundo y que vengan a invertir en el crecimiento de nuestro bendito país.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que adoctrinan a los chicos y le ponen la camiseta partidaria a la formación de nuestros hijos, los que ponen como ejemplo a los peores gobernadores, los más feudales y autoritarios como Gildo Insfrán o a los mafiosos sindicales más patoteros y extorsionadores como los Moyano o miran para otro lado cuando talibanes despreciables rompen los silo bolsas en el campo solo por el hecho de hacer daño y maldades…
O los chacareros que exportan y aportan miles y miles de dólares, los que trabajan en las agencias de turismo o en la cocina de los hoteles o son empleados de comercio o enfermeros mal pagos y médicos y policías que no son reconocidos en lo económico ni en lo profesional. Esos argentinos comunes y silvestres, estos hermanos argentinos del montón, anónimos que no aflojan nunca y se bancan lo que venga. Son los que tienen fe en el cielo, pero trabajan la tierra, como ese campesino que llevó el cura gaucho Brochero desde Pocho, en Córdoba hasta San Nicolás.
¿Quién fomenta el odio en la Argentina?
Los que en todo hecho delictivo se ponen del lado de los victimarios o las víctimas que padecen los robos y los crímenes y el miedo de que le pase algo a sus seres queridos.
En marzo del año pasado, todavía no había explotado la maldita pandemia, pero el Presidente Fernández dijo que “los auto convocados son opositores disfrazados de chacareros” pese a que son el motor de la producción agropecuaria que es la actividad económica más competitiva del país. Fue una provocación en línea con el pensamiento autoritario de Cristina. Mañana, en el día de la independencia, los que construyen el país del futuro, en la tierra del federalismo y los acuerdos, demostrarán que aman profundamente a la Argentina. Y que son otros son los que fomentan el odio.
Archivos Mensuales: julio 2021
Los traficantes de vacunas – 7 de julio 2021
Los delitos que cometieron los traficantes
de vacunas pueden ser varios: abuso de poder y malversación de fondos y documentos públicos, entre otros. Espero que más temprano que tarde, la justicia de su veredicto. Pero gran parte de los argentinos ya juzgaron esta actitud aberrante, insolidaria e inhumana. Se trata de una de las humillaciones más repugnantes que los funcionarios, que se creen reyes, cometieron contra los plebeyos, ciudadanos comunes. Fue una provocación que en muchos casos se exhibió en forma desafiante con fotos de chicos y chicas de La Cámpora con los dedos en “ve” y el hombro vacunado.
Por suerte la justicia acaba dio un paso importante contra la impunidad de los que le robaron a padres, abuelos, médicos y enfermeros la posibilidad de salvar su vida. Se salvaron solos y condenaron a otros a la muerte. Algún día sabremos a cuantos. Es imperdonable que fanáticos que se llenan la boca hablando del pueblo y de la igualdad, a la hora de la verdad, se hayan apropiado de los salvavidas y arrojaron del barco a los demás. Los empujaron a un mar repleto de tiburones. Y encima, se auto perciben revolucionarios y esa traición es de una mezquindad y salvajismo pocas veces visto.
El fiscal Sergio Rodríguez, procurador de investigaciones administrativas, produjo un informe donde confirma que, solo en el Hospital Posadas, hubo 385 vacunados vip que figuraban como personal de salud y no lo eran. Es un misíl en la línea de flotación de la credibilidad de un gobierno que tuvo que expulsar de sus filas al jefe de esta banda llamado Ginés González García. El ex ministro fue el responsable principal y está imputado en la causa que investigan el fiscal Eduardo Taiano y la jueza María Eugenia Capuchetti. Ginés fue el autor intelectual y material de la estafa moral. Pero está clara la complicidad de la actual ministra Carla Vizzotti. La vacunación vip se hizo en un despacho que estaba al lado del suyo, mintió cuando minimizó todos los casos y encima inmunizó a sus padres cuando tampoco les correspondía. El doctor Carlos Kambourián, a través de Twitter fue contundente: “Ella se hace la distraída y es culpable de la muerte de igual número de personas”.
Los beneficiados con esta maniobra tenebrosa fueron, entre otros funcionarios, familiares, amigos, favorecedores y hasta amantes de los jerarcas que mandan en este país. Hablo de Carlos Zannini y su esposa, de Horacio Verbitsky, de Hugo Moyano, su esposa y su hijo de 20 años, de la familia Duhalde, de Eduardo Valdés y Jorge Taiana, entre otros monarcas y malandras de estado.
Cuando un barco se hunde, el grito es “las mujeres y los niños primero”. Estos salvajes gritaron en silencio: “Primero nosotros, los kirchneristas”. Esta concepción estalinista de la superioridad moral sobre el pueblo ignorante que debe ser conducido, la confeso el propio Zannini. Retó a Verbitsky porque sentía culpa y había pedido tibias disculpas. “Vos sos una personalidad que la sociedad debe proteger”, le dijo el jefe de todos los abogados del estado al jefe informal del espionaje cristinista.
Los 385 vacunados vip del Hospital Posadas son apenas la punta del iceberg. Falta mucho por investigar y condenar. Por ejemplo, las vacunas que fueron en un vuelo especial de Aerolíneas Argentinas hasta El Calafate, el lugar en el mundo de Cristina. Hay un silencio absoluto, casi de omertá sobre esta trampa. Porque en el hospital de El Calafate, dicen que no tienen registros de la llegada de ninguna vacuna.
Los argentinos necesitamos aplanar la
curva de las mentiras y los fracasos del gobierno de los Fernández. Necesitamos tomar distancia social de Alberto, Cristina, Ginés y Vizzotti para no contagiarnos de tanta mala praxis y falsedades. Necesitamos una vacuna que nos inmunice frente a tantas promesas incumplidas que han generado un desastre nacional en todos los planos.
Menos mal que algunos medios y dirigentes políticos han puesto su lupa sobre los mamarrachos que vienen haciendo en este combate contra el covid. El viaje de placer de Ginés a España y su regreso triunfal protegido e impune demuestra que no tiene escrúpulos ni pudor. Un chanta que fue repudiado por otros pasajeros.
¿Qué parte de esta historia dramática no entienden? Vamos camino a los 100 mil muertos ¿Nadie renuncia después de semejante delirio? Todo es oscurantismo y falta de transparencia.
Nunca es bueno negar la realidad. Y mucho menos cuando los contagiados y los muertos aumentan todos los días. Eso genera angustia. Estamos en el medio de una catástrofe sanitaria. Y todo el mundo se inquieta porque ve al gobierno produciendo una segunda ola de mala praxis. Otra vez, cometen los mismos errores. Consultan al mismo grupo de científicos que tanto se equivocaron en la primera ola. Otra vez es un grupo cerrado sobre sí mismo. No escuchan el reclamo de que lo mejor es ampliar las miradas y las profesiones y las experiencia de los que aportan sus ideas y conocimientos. La definición de locura que le atribuyen a Einstein, es hacer lo mismo y esperar un resultado distinto. Buscan la impunidad de rebaño.
Este gobierno de mediocres y no de científicos, está desarrollando un plan de impunidad para Cristina y no logra establecer un buen plan de vacunación. No es tan complicado. Lo que pasa es
Deberían dejar de mirar para otro lado y multiplicar las vacunas y los testeos. No hay otro camino. Con ideología y magia esto no se soluciona.
Es imposible olvidar cuando, desde el gobierno, se dijo que si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío.
Y eso que se hizo la cuarentena más estricta y larga del mundo. Fracaso absoluto. Este crimen de lesa inutilidad tiene varios responsables, empezando por el presidente de la Nación, Alberto Fernández que se cansó de hacer mamarrachos con forma de filminas y de decir barbaridades dignas de una persona que no entendió nunca lo que estaba pasando.
Todo esto es grave. Pero lo más terrible fueron los traficantes de vacunas. Ni olvido ni perdón.
Córdoba es rebeldía más libertad – 6 de julio 2021
Soy cordobés hasta la médula porque amo profundamente mis raíces. Soy orgulloso de mi pertenencia y de dónde vengo. Basta que ponga un pie en tierra cordobesa y me cambia el humor, soy feliz, siento que es mi lugar en el mundo. Y no solamente porque tengo a mis padres, a mi hermana y a parte de mi familia. Tengo la sensación de que el ADN cordobés es parte indisoluble de lo que soy, de mi identidad. Muchos historiadores dicen que la actitud que articula toda la historia de Córdoba desde sus comienzos es la rebeldía.
Jerónimo Luis de Cabrera la fundó un día como hoy de hace 448 años y lo hizo en un claro acto de desobediencia al Virrey. A lo largo de su historia, Córdoba demostró su impronta combativa en defensa de la libertad y en contra de todo tipo de autoritarismo. Eso me alegra el alma y siempre trato de estar a la altura de ese coraje.
Hablo de la Córdoba de la Reforma Universitaria que fue un faro para toda América Latina. “Obreros y estudiantes/ unidos adelante”, gritaban los manifestantes en la calle hace 103 años. Se levantaron en ideas contra el atraso, la pacatería y el oscurantismo de la rancia oligarquía, entre otras cosas. El manifiesto liminar que todos deberíamos estudiar y tener presente dice: “Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan”.
Hablo de la resistencia al autoritarismo del peor Juan Domingo Perón. De la lucha contra un personalismo que obligaba gente a afiliarse el justicialismo, a llevar luto por Evita, a delatar y encarcelar a los contreras y a llevarse todo por delante.
No reivindico la violencia de los comandos civiles, pero es cierto que hubo cordobeses que estuvieron dispuestos a dar la vida en contra de los prepotentes y de los que se sentían dueños de la patria y de la verdad.
Hablo del Cordobazo y el Viborazo que fueron puebladas contra los fascistas con y sin uniforme que nos quisieron llevar a la edad media con un integrismo que cortaba cabelleras y alargaba minifaldas, encarcelaba disidentes y reprimía a mansalva.
Eran épocas de dirigentes sindicales representativos que vivían como pensaban, con honradez y austeridad como el Gringo Tosco, el Chancho Salamanca o el Negro Atilio López que desde su gremialismo de colectivero llegó a ser vice gobernador de la provincia.
El radicalismo cordobés siempre fue potente y en muchos casos con inserción popular y hasta con secretarios generales de gremios. Desde el legendario Amadeo Sabattini y Santiago del Castillo hasta los Arturo, Illia y Zanichelli.
Hablo de los límites que la mayoría del pueblo de Córdoba le puso a la cleptocracia y a los intentos hegemónicos y patoteros de Néstor y Cristina Kirchner. Nunca en sus más de 12 años, el matrimonio presidencial consiguió hacer pie electoralmente en la provincia que late como el corazón de la Argentina productiva. Al Alberto Fernández cristinista, le pasa lo mismo. Las últimas encuestas ubican en el cuarto lugar el kirchnerismo más dogmático.
Y digo corazón productivo porque hablo de sus gringos del campo que dejan la espalda rota trabajando de sol a sol e incorporan la innovación tecnológica y la excelencia en la maquinaria agrícola. Si el gobierno nacional no fuera tan fanático del pasado, Córdoba sería la gran locomotora del cambio de la maravillosa Argentina posible, como dice Héctor Huergo. Me saco el sombrero ante los Pagani de Arroyito, los Mainero de Bell Ville, los Zanello de Las Varillas, los Gaviglio de San Francisco, los Ascanelli de Río Tercero, los Negrini de Monte Maíz, los Monteverde de Monte Buey, los Urquía de General Deheza y todos los que sostienen la Argentina desde sus hombros en Marcos Juárez, Arias, Inriville, Villa María o Río Cuarto, solo por nombrar algunos.
Hoy por primera vez en la historia estamos a la cabeza de la cosecha nacional en soja, maíz y trigo. Hemos desplazado a Buenos Aires y Santa Fe y eso que no tenemos puerto. Porque en La Cañada solo hay sueños.
Hablo de las grandes industrias y fábricas automotrices y de la potencia creativa e intelectual de las universidades que supieron recoger argentinos de todas las provincias y extranjeros que venían en busca del conocimiento de avanzada.
Córdoba es muchas cosas, por supuesto. La heroica, la docta, la Córdoba de las Campanas de don Arturo Capdevilla que nos habla de las cúpulas de tantas iglesias hermosas y antiguas y de una peso específico del clero que en algunos aspectos convierte una parte de la cultura en conservadora.
Córdoba para mi es su humor repentino, de tribuna futbolera, de tonada, y de esa broma que explica muchas cosas. Dicen que el cordobés es una mezcla de cuartetazo, vino dulce y chipaca. Tal vez el territorio nacional nos identifique con ídolos populares como La Mona Jiménez o Rodrigo cantando soy cordobés. El instaló para siempre que anda sin documentos porque lleva al acento de Córdoba Capital y que toma el vino sin soda porque así pega más.
Y agrega “Soy de Alta Córdoba dónde está «la Gloria» o en Jardín Espinosa a Talleres tu lo ves y si querés yo te llevo para Alberdi dónde están los celestes mi pirata cordobés.” Tal vez ese gusto por el vino dulce nos haya empujado a ser los principales consumidores de Fernet con Coca.
Una de las fotos que más quiero es la de la entrega de la distinción como “ciudadano ilustre” que me hicieron. No puedo creer cuando me veo entreverado con monumentos de la talla de Marcelo Milanesio o Fabricio Oberto en el básquet, o David Nalbandian en el tenis, o Daniel Salzano que todavía toma café en el Sorocabana frente a la Plaza San Martín donde inexorablemente terminaban mis sábados con desayuno y La Voz del Interior. En esa foto está mi adorado ídolo de chico, el Daniel de los Estadios, Daniel Willington que siempre será un poster pegado en mi habitación. Y encima estoy al lado de Jairo, otra luminaria nacida en Cruz del Eje.
Córdoba es un sentimiento. Es el primario en el colegio Ortiz de Ocampo, en la calle Salta o la excelencia y el compromiso del Manuel Belgrano o la facultad de Ciencias de la Información, con tantos compañeros desaparecidos empezando por los hermanos de Norma Morandini. Córdoba es mi cuna y tal vez sea mi tumba. Una pintada que hice entre tantas, pidiendo por la libertad del Luis Aráoz y la cárcel de los fachos del comisario Telleldín, en la comisaria feroz al lado del Cabildo, donde me dieron para que tenga y guarde. O la peña del Chito donde conocí al Horacio y a Tejada. En esa Córdoba me formé y no me arrepiento de nada. Aunque ahora unos pocos sectarios me odien y sigan apostando a los estalinismos y a los ladrones de la Patagonia kirchnerista.
Hablo de la Córdoba de la Noar y el básquet de los amigos, del Cabezón y el Alfredo dispuestos a levantar lo que se pueda y a bailar en Carlos Paz o en donde sea. A la Córdoba de conventillos de Barrio La Cruz que llegó mi viejo huyendo del nazismo.
A esa Córdoba le doy las gracias en su cumpleaños.
Me enorgullezco de ser cordobés porque a mí tampoco me gustan los autoritarios ni los dictadores. Yo también creo en el derecho de decir que no. No a la injusticia, no a los corruptos, no a los extorsionadores y mafiosos. Decir que no es el principal derecho de una República.
Desobedecer, patear el tablero si es necesario, no ser sumiso. Sin soberbia y sin cobardía. Ser rebelde y defender la libertad, como Córdoba.