Embajada Israel x 25 – 17 de marzo 2017

Hoy se hizo el acto central en reclamo de justicia a 25 años del atentado terrorista a la embajada de Israel. Hace tres años, ahí había un gigantesco globo ubicado en la esquina de Arroyo y Suipacha que decía: Acá había vida.
Parece que pasó un siglo pero hoy, después de un cuarto de siglo la consigna es hacia adelante: “Paz sin terror”. Es lo que la inmensa mayoría de los argentinos de todos los credos y todas las ideologías ansiamos construir: paz sin terror. Convivencia sin odio ni muertes. Diálogo sin violencia. En definitiva para decirlo con palabras de Domingo Faustino Sarmiento: civilización sin barbarie.
Las manos dibujan ese símbolo. Una con los dedos en “ve” que es el símbolo de la paz y también del número 2. Y la otra mano abierta con la palma como diciendo “para con la beligerancia”. Y esa muestra los cinco dedos que, con los dos dedos de la otra, integra, emblemáticamente, el número 25.
Hoy, como todos los años, como un alarido de dolor, a las 14:50 sonó la sirena con conmueve y convoca. El día del horror multiplicado, mi hijo Diego tenía apenas dos añitos y estaba en pijama jugando en un living de Caballito con sus primas de Córdoba. Hasta en ese barrio se sintió como temblaba la tierra en ese terremoto de sangre y muerte provocado por los terroristas. Unos cuantos años después, fuimos a recorrer ese lugar con mi hijo. Me sentía con la obligación de contarle que había pasado aquel día en que sus juguetes se sacudieron en medio de sus juegos de niño. Con la intención de perseguir la memoria, la verdad y la justicia le cuento lo que pasó el día que pisamos juntos ese lugar sagrado convertido en un cementerio colectivo.
Allí va:
– Papá, ¿Por qué me trajiste a esta plaza?
– No hijo…. esto no es una plaza.
– ¿A no? ¿Y esos árboles? ¿Y esos pájaros? ¿Y esa especie de lago que rodea este inmenso espacio vacío?
– Tenés razón, hijo. Parece una plaza pero no es una plaza. ¿O no ves que no hay hamacas ni toboganes?
– No entiendo… pá.
– Vení… vení …hijo, dame la mano. Vení… caminemos juntos por esta plaza que no es una plaza y yo te explico. Este es un lugar para mantener viva la memoria. Vos no te podes acordar porque hace 25 años, apenas tenías dos, pero aquí, en este lugar, la embajada de Israel desapareció de la faz de la tierra. Si… si algo parecido a lo que pasó en las Torres Gemelas en Nueva York: sin aviones pero con el mismo odio.
Uno va caminando lentamente de la mano con su hijo y es como si recorriera esos gigantescos descampados a los que quedaron reducidos algunos de los más tristemente célebres campos de concentración del nazismo. Uno camina por el silencio y hace equilibrio en el aire mientras siente que se le adhieren al corazón dolores interminables que le estrujan el pecho. No es para menos. Aquí en este suelo porteño de Arroyo y Suipacha hace 25 años había 29 vidas que ya no están.
Aquí hace 25 años se cometieron 29 asesinatos en un segundo. Porque todo tardó un segundo. El tiempo que uno tarda en pestañear les alcanzó a los asesinos masivos para terminar con la vida de 29 personas. La pentrita y el TNT hicieron estallar la vieja casona por los aires y millones de pedazos de la embajada de Israel volaron como papeles quemados que luego bajaron hecho polvo y escombros para sepultarlo todo.
Nadie entendió porque el mundo se cayó encima de esos 29 seres humanos.
¿Quién se atribuye el poder sobrenatural de decidir quiénes deben morir y quienes no? ¿Quiénes son los fanáticos terroristas que arrancaron para siempre la respiración de 7 viejitas que sobrevivían sus últimos días en el hogar que está al lado de la parroquia, al frente de la embajada? ¿Eran conscientes que había 200 chicos en la escuela? ¿Supieron qué mataron al cura párroco? ¿Tendrán conciencia o el odio les clausura la sensibilidad eternamente y los convierte en robots, talibanes y blindados?
Hace 25 años que Buenos Aires se transformó en Manhattan o en Kabul o en Atocha o en Beirut. El corazón de esta ciudad desarmada y con la guardia baja fue apuñalado por la espalda. Fue el anuncio brutal de todo el terror que se venía en una Argentina que ya no sería la misma. Porque dos años después la tragedia se multiplicó en la AMIA. Otro anuncio: el olvido es el primer paso hacia la impunidad y la impunidad es una tragedia que vuelve.
Hoy no hay un solo responsable. No hay culpables. Ni un detenido ni una pista. Nada. Solo duelo y luto. La causa judicial está tan muerta como aquellas 29 personas que mató la bomba. No sabemos pero sospechamos que tipo de fascista puso la bomba. Pero si sabemos quién mató la causa. Los que no investigaron. Los que trataron el tema con desidia, negligencia, desprecio por el dolor, falta de voluntad política y también – porque no decirlo – con complicidad.
Pero la luz inevitablemente triunfará sobre las tinieblas. Igual que hace 2.000 años cuando fue destruido el templo de Jerusalem y quedó intacto el candelabro de siete brazos. Igual que hace 25 años cuando se arrodillaron las paredes de la embajada pero quedó intacta la gigantesca araña que iluminaba el salón principal. Milagros de la luz en su doble condición de dar vida, dar a luz y de encontrar la verdad, echar luz, iluminar algo, descubrir.
La esperanza de justicia es lo último que se pierde. Mientras tanto las lágrimas del dolor se empecinan en tatuarse en nuestros brazos como los crueles números del holocausto.
– Papi, te quedaste callado. Se te humedecieron los ojos. ¿En que estabas pensando?
– No… nada, hijito. Pensaba si entendiste porque esto es mucho más que una plaza?
– Si Papá. Creo que entendí: es como un jardín donde crece la memoria. ¿No?
Exactamente eso. Un jardín de la memoria donde crece la vida y donde la muerte y el odio tienen prohibida la entrada por los siglos de los siglos… Amén.

Tránsito criminal – 16 de marzo 2017

¿Hasta cuándo le vamos a seguir llamando accidentes a los siniestros viales? ¿Hasta cuándo vamos a seguir produciendo tragedias horrorosas en las rutas argentinas con esa mezcla explosiva que es la ausencia del estado y la soberbia imprudencia que tenemos al manejar? ¿Hasta cuándo vamos a sacrificar vidas de nuestros hermanos en el altar de la locura por llegar tan rápido que no llegamos nunca? ¿Hasta cuándo seguirá esta epidemia colectiva de no tomar conciencia de que choques en las calles y en las rutas hay en todos lados, pero en pocos países tienen la brutalidad y la cantidad de víctimas fatales que se producen en nuestro país? Ojo con este tema. Porque Argentina sigue ocupando los primeros lugares en muertos en siniestros viales. Y los gobiernos tienen mucho por hacer pero los ciudadanos también tenemos muchas responsabilidades y culpas en todo esto.
¿Cuántos muertos más son necesarios para demostrar que muchas rutas están colapsadas?
Corremos de atrás a los problemas ¿Hasta cuándo vamos a permitir que cualquier persona irresponsable maneje un colectivo, una camioneta o un camión? ¿No comprendemos que tiene un arma en la mano? Qué ponen en peligro su vida y la de la gente que transporta. Es indignante que muchos choferes de micro vayan escuchando música con auriculares o hablando por celular o borrachos o agotados por el cansancio. Las dos últimas experiencias fueron nefastas: en el micro que salió de Mendoza hubo 19 muertos. En el de Santa Fe, fallecieron 12 personas.
El informe del Instituto de Seguridad y Educación Vial dice que aumentaron un 25% en un año la cantidad de víctimas fatales en estos accidentes en las calles y rutas. ¿Escuchó bien? Creció un 25%. En un año. Es que falta educación vial. Cómo nos falta educación en todos los niveles. Son datos que asustan. Según la fundación “Luchemos por la vida”, en nuestro país mueren por estas causas un promedio de 7.300 personas por año. Son más de 20 por día. ¿Sabe cuántos mueren en Suiza? 282. Y en España, 1.700.
Y hay algo más terrible. La mitad más uno de los que pierden la vida son menores de 30 años. Y el día donde ocurren más tragedias es el domingo.
¿Estamos todos locos? ¿Hemos perdido los mínimos reflejos solidarios? ¿Tan poco nos importa el prójimo? ¿Quién será el próximo? Uno se estremece de dolor de solo pensar en la cantidad de familias destruidas que quedan. Y eso que no contamos los que sufren heridas graves que los dejan fuera del mercado laboral. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿No nos alcanzó con el drama y las enseñanzas que nos dejó la tragedia del colegio Ecos? ¿No aprendemos más del dolor? ¿No cerramos más nuestras heridas? No terminamos de llorar a unos que ya vienen otros.
Insisto; ¿Hasta cuándo? ¿Qué nos pasa? ¿Cuánta sangre hace falta para calmar nuestro vértigo suicida?
¿Sabías que en uno de cada tres accidentes participa una moto y que el 67 % de las lesiones son en la cabeza? Y todavía hay que renegar con los que se creen piolas y no usan cascos ni se ponen el cinturón de seguridad. Hay un culto a la fatalidad, a la irresponsabilidad, a ese sentimiento de impunidad, de que a nosotros nunca nos va a pasar, que es más propio de los adolescentes que de las personas maduras.
Es verdad que hay situaciones producto de la fatalidad o el destino. A veces hay fallas mecánicas. Pero en la inmensa mayoría de los casos la culpa es nuestra y no se la podemos colgar a nadie. Un 3% de los peatones habla y un 2% manda mensajes mientras cruza la calle. ¿Nunca vio a un motoquero o a un ciclista mandar un mensaje mientras hace equilibrio sobre las dos ruedas y pasa el semáforo en rojo? Cuando vemos nuestro comportamiento parece que no hay más muertes de puro milagro.
Hoy Chano chocó de nuevo. Hablo de Chano Charpentier, el líder de Tan Biónica y pienso, ¿Y cuál es la noticia? Si este irresponsable choca a cada rato. Muchas veces porque se pierde por el alcohol y las drogas que consume. ¿Se acuerda cuando chocó 8 autos y después se llevó puesto un portón? Los vecinos lo bajaron de la camioneta y le dieron una paliza que lo mandó al hospital.
Esta vez el control de alcoholemia le dio cero. Pero tenía la licencia de conducir vencida. Pregunto: Chano, con los antecedentes que tiene, ¿debe tener carné o por lo menos hay que prohibirle que maneje? Aunque sea hasta que se cure. Porque es un peligro para él y para los ciudadanos que lo rodeamos.
Hacen falta mejores señales. Y más campañas y educación vial desde la escuela porque es educar para la vida. Así como los argentinos sentimos orgullo por tantas cosas maravillosas que tenemos, de la misma manera tenemos que sentir vergüenza por ser uno de los países del mundo con más siniestros y más muertos. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que las rutas sean trampas mortales en las que nos metemos porque creemos que a nosotros nunca nos va a pasar nada? Manejamos como somos. Manejamos como vivimos. A mil por hora, con gran individualismo. Nos importa un carajo de los demás. Es una forma de mostrar nuestros valores culturales o mejor dicho la falta de esos valores. El día del desastre con el Indio Solari en Olavarría murieron 25 personas en las rutas del país. Una de ellas fue la madre de uno de los pibes que estaba en el recital y con el que había perdido contacto. ¿Hasta cuándo vamos a subestimar tanto a la muerte y despreciar tanto a la vida? Eso me pregunto en estos días terribles y desgarradores. ¿Hasta cuándo el tránsito criminal? Los siniestros viales. ¿Hasta cuándo vamos a apostar al tránsito suicida? ¿Hasta cuando?

Jaime, delincuente K – 15 de marzo 2017

Ricardo Jaime está más preso que nunca en un pabellón de la cárcel de Ezeiza. Lo acompañan otros tristemente célebres ladrones kirchneristas como Lázaro Báez. Jaime es un delincuente que ya confesó dos delitos, mientras que la justicia le probó una tercera violación de la ley.
La novedad es que hoy, el fiscal Federico Delgado, pidió la elevación a juicio oral de la causa que investiga la compra de trenes chatarra en lo que definió como “un verdadero saqueo al estado”. Dice el dictamen que está comprobado que además de haber comprado material rodante –buena parte inutilizable- por unos 100 millones de euros hubo pago de coimas que llegó a manos de Jaime y su testaferro Manuel Vázquez.
Hace años que Jaime viene acusando al periodismo de mentiroso. Finalmente, los colegas que lo investigaron tenían razón.
Jaime reconoció que recibió coimas por parte de dos empresas a las que debía controlar. Una de ellas le pagaba con viajes en avión a distintos destinos y otra se hacía cargo del alquiler de dos lujosos departamentos. ¿Se entiende la gravedad del tema? Un funcionario que debía velar por la seguridad y la eficiencia en el transporte para todos los argentinos no controlaba nada. Miraba para otro lado y a cambio recibía viajes y alquileres. El tercer delito por la que ya fue condenado es por haber robado pruebas que lo incriminaban en medio de un operativo policial.
No hay que olvidar que el fiscal Fernando Arrigo pidió para el ex funcionario de Néstor y Cristina 11 años de prisión por su irresponsabilidad en el siniestro de la estación Once. A Jaimito se le viene la noche. La sumatoria de penas y las causas que todavía faltan lo eternizarán inexorablemente a un calabozo.
Le aclaro que Jaime ya está procesado por enriquecimiento ilícito porque no pudo justificar una fortuna de 12 millones de pesos.
Es una señal positiva, un tiro para el lado de la justicia. Jaime es un icono del gobierno más corrupto de la historia democrática. Robaba directamente para la corona de Néstor Kirchner.
Hay que recordar que con sus más de 20 causas abiertas por corrupción es uno de los ex funcionarios record en esta materia en toda la historia judicial argentina.
Ese triste record lo convierte en un emblema. Es cierto que por ahora su única condena firme fue por intentar robarse unas pruebas. Pero hay que recordar que Al Capone fue a prisión por falsear su declaración de impuestos. La primera condena a Jaime, por más leve que sea, por más en suspenso y por más que sea apelada, fue un paso político importante. Ya se sabe que para recorrer 100 kilómetros hay que dar un primer paso. Y eso es lo que ocurrió con Ricardo Jaime en su momento. Ahora hay una nueva espada de Damocles sobre su cabeza.
Es el semáforo que hay que estar mirando para ver como circulan todas las causas de corrupción que ensucian a este gobierno. Jaime está acusado de distintos delitos. Sobre todo de haber recibido coimas y regalos como autos, aviones, yates y alquileres de empresarios beneficiados por montañas de subsidios millonarios que Jaime debía controlar. Pero lo más grave, lo imperdonable es la causa por la tragedia de Once. Como bien la caratuló el periodista Omar Lavieri, “es corrupción seguida de muerte”.
La corrupción, la estafa, el choreo, las coimas, el enriquecimiento ilícito, llámele como quiera, siempre es incompatible con la ética de cualquier gobierno que se diga progresista. Y mucho más si en estos negociados se asociaron con empresarios como los hermanos Cirigliano o sindicalistas como José Pedraza, preso por el asesinato de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero.
Un sector de los jueces y fiscales fue presionado, perseguido, y vigilado por el ex gobierno y sus aparatos de inteligencia, como si se tratara de peligrosos enemigos. Muchos de esos funcionarios judiciales ahora sienten que pueden ir a fondo con mayor tranquilidad. Esto es lo que simboliza Ricardo Jaime. Porque no es un funcionario del montón que cobró una coima y chau, como puede haber en cualquier gobierno. No es una funcionaria como la condenada ex ministra de Economía, Felisa Miceli que no pudo explicar de dónde sacó el dinero que tenía escondido en el baño. No se trata de los hermanos Schocklender que con Hebe Bonafini transformaron millonarios aportes del estado en pesadillas compartidas. Ni siquiera es Juan José Zanola que con la mafia de los medicamentos participó también del sistema de financiamiento de la campaña electoral de Cristina Fernández. Lo de Jaime es peor aún que la avalancha de expedientes que se viene sobre el ex vicepresidente Amado Boudou. El caso Jaime integra el mismo equipo que el de Lázaro Báez. Porque ambos “robaron para la corona”. Ambos son parte de los mecanismos corruptos que malversaron fortunas desde que arrancaron en Santa Cruz con Néstor Kirchner. Ni Jaime ni Báez podrían haber hecho lo que hicieron sin tener como socio al ex presidente. Hay complicidad de estado. Matriz mafiosa. Asociación ilícita. Es la verdad más triste que dejará esa docena de años ganada por los capitalistas amigos y los ladriprogresistas feudales. ¿Habrá juicio y castigo o impunidad? ¿La ética y estética menemista de Ricardo Jaime lo igualarán con María Julia Alsogaray? No es el único preso del ladrikirchnerismo. ¿Prenderá el ventilador? Hay algo que se puede afirmar con contundencia: No se trata de un chiste de Jaimito. Esto no le causa gracia a nadie.