Sectas fascistas – 9 de marzo 2017

La palabra secta no define género. Es un grupúsculo que puede estar integrado por hombres o por mujeres.
La palabra fascista, tampoco. Sirve para ambos sexos. Él es fascista. O ella es fascista.
Estos términos juntos califican un fenómeno peligroso que está creciendo y que le produce una herida profunda a la convivencia pacífica y democrática.
Sectas fascistas fueron las chicas que anoche atacaron la Catedral: arrojaron proyectiles y prendieron fuego delante de las vallas, porque estaban las vallas, porque su objetivo era incendiar la iglesia que fue la sede de Jorge Bergoglio antes de ser el Papa Francisco y donde descansan los restos del general José de San Martin.
Sectas fascistas fueron los muchachos patoteros que coparon el escenario del acto de la CGT, vandalizaron el atril con un mensaje mafioso y patotearon a los principales dirigentes.
Sectas fascistas fueron las chicas que, con un discurso que desnudaba su ignorancia supina, golpearon, insultaron y escupieron a nuestras compañeras periodistas que estaban en los móviles cubriendo la marcha contra la violencia de género. Humillaron a todas y todos los cronistas, menos a los que reportaban para los canales kirchneristas. A algunos les robaron sus pertenencias personales o elementos de trabajo. A varios les vaciaron vasos de cerveza y orina sobre sus cabezas. Se ensañaron incluso con Marina Abiuso, una excelente colega de TN que además está entre las que más trabajaron para que el colectivo Ni Una Menos pudiera parir una masiva concurrencia.
Sectas fascistas fueron los muchachos que con trompadas, botellazos y puteadas se abrieron paso para usurpar con su ideología totalitaria una demostración que había convocado a miles y miles de trabajadores que quieren mejores sueldos, más igualdad y más derechos y no más violencia intolerante.
Sectas fascistas fueron las chicas que se creen muy revolucionarias y libertarias por tener pelos pintados, tatuajes y piercings por todo el cuerpo y que en una concentración contra la violencia le pegaron un par de puñetazos a un pibe superpacífico que, como única arma tenía una bandera del Vaticano y otra de la Argentina. Están en contra de muchas posturas conservadoras y reaccionarias de la iglesia. Y están en todo su derecho de cuestionar eso. Pero no tienen derecho de ofender a los millones de católicos que tienen fe en sus valores religiosos.
Sectas fascistas fueron los muchachos bancados con dinero de La Cámpora y los sufridos vecinos de Avellaneda y Berazategui entre otros municipios K, que gritaban desaforados “pone la fecha del paro, la puta que te parió” y luego se robaron el atril casi como una barra brava que se lleva un trapo o una bandera del equipo rival. Fue una caricatura degradada de Ezeiza, pero sin balas y del cajón de Herminio.
Las chicas y los muchachos integrantes de estas sectas fascistas tuvieron muchos denominadores en común. Cantaron todo el tiempo el himno de guerra de Cristina que dice: “Macri basura/ vos sos la dictadura”, en una banalización del terrorismo de estado que no tiene perdón de Dios. Les guste o no, Macri fue elegido por el voto de la mayoría del pueblo argentino y gobierna con división de poderes y sin ningún muerto sobre sus espaldas. La dictadura usurpó a sangre y fuego el estado y lo convirtió en terrorista para secuestrar, desaparecer y asesinar a miles de argentinos. No se puede cometer semejante desmesura de vaciar de contenido un genocidio al igualarlo con un presidente que no les gusta. Es una ofensa para las miles de víctimas que padecieron de verdad una dictadura, cosa que estas pibas y pibes solo conocen por el relato de Paka Paka o Cristina.
Pero hay más coincidencias entre ambas sectas. Exhibieron con orgullo su autoritarismo porque se creen dueños de la verdad y encima, no quieren escuchar otra opinión. Esta violencia suicida que dinamita los lazos solidarios de una sociedad es una de las herencias más malditas que dejaron 12 años de kirchnerismo. Las cosas son como yo digo y el que no piense lo mismo es un gorila, oligarca, patriarca capitalista.
Ambas sectas fascistas actúan con cobardía. Porque muchos de sus miembros se taparon las caras y porque se aprovecharon de la presencia de miles y miles de personas para desvirtuar los actos y lograr visibilidad atentando incluso contra la legitimidad de los reclamos que tanta gente hizo y que están totalmente alejados de tanto odio que niega al otro. Dicen que hablan en nombre del pueblo pero a ese pueblo caminando por las calles lo utilizaron como escudo. Saben que las fuerzas de seguridad no pueden actuar porque al mimetizarse entre tanta gente se puede desatar una tragedia que por suerte no ocurrió.
El “entrismo” es una vieja y tramposa táctica que consiste en disfrazar tu pensamiento verdadero para infiltrarte en movimientos que generan mayor simpatía y de tratar de torcer el rumbo de esos grupos desde adentro. Los Montoneros lo hicieron con el peronismo, por ejemplo. Es un concepto canallesco de la política. Y de una altanería repugnante. Son muchachos que se decían esclarecidos y que se ofrecían ser la vanguardia de un pueblo que pobrecito, apenas era peronista. “Son energúmenos”, los definió Juan Carlos Schmid.
La secta de las chicas ensució una marcha tan digna y representativa. Malversó sus objetivos originales.
La secta de los muchachos utilizó políticamente a miles y miles de trabajadores para hacer propaganda de Cristina cuando muchos la quieren pero muchos otros la quieren ver presa.
A cada rato vemos grupúsculos minoritarios de esta calaña. Todo el tiempo se apropian del espacio público y nos levantan el dedito diciendo donde está la verdad y que tenemos que pensar. Golpean a Mercedes Ninci porque no se bancan su audacia informativa. Agreden al cronista de la CNN, igual que Donald Trump. Son agresivos y se transforman en chispas que están todo el tiempo buscando que estalle la pólvora social. El caos les da un lugar que no tienen. Entran en éxtasis y se descontrolan cuando la situación se descontrola. Muchos se creen con derecho a decir quien circula y quién no. A que lugares puede ir el presidente y a que lugares no. Le recuerdo que los que cortaron el paso y tiraron piedras al presidente de la Nación en Mar del Plata, Viedma o Villa Traful no fueron ni amonestados y siguen conspirando contra la cohesión ciudadana. Una comunidad ordenada que trabaje y pelee en paz por sus sueños y esperanzas los deja afuera. Es cierto que son sectores marginales pero no hay que subestimar su capacidad de daño y de contagio. En la vida de todos los días, siempre hay situaciones de enojo y mal humor que pueden ser multiplicadas con mala intención y con el perverso propósito de intentar demostrar que hay un vacío de poder. Ojo con estas chicas y estos muchachos. El estado debe hacer que cumplan la ley para que no nos metan en la ley de la selva. Los procesos de violencia suelen espiralizarse sin que nos demos cuenta. Los naturalizamos. Los hechos de violencia se saben cómo empiezan, pero no se sabe cómo terminan.
Esta bendita Argentina post Cristina, tan quebrada cultural, moral y económicamente, todavía tiene grandes reservas de compatriotas que apuestan a consolidar una democracia republicana que produzca más igualdad y más libertad.
Por suerte son muy pocos los que se oponen. Son apenas algunas sectas fascistas. De hombres y de mujeres. Es bueno saberlo. No para tener miedo. Pero si para tener cuidado. Las sectas fascistas siempre son enemigas de la democracia y la libertad. Por eso son sectas. Y por eso son fascistas. De izquierda o de derecha. Da igual.

Parar a los femicidios – 8 de marzo 2017

Hoy es un día de lucha. Se pueden buscar cien consignas y objetivos, pero hay uno que nos debe convocar a todos. La prioridad absoluta es parar los femicidios. No desviar nuestra energía en temas menores. Primero la vida.
Le confieso que uno de los casos más repugnantes que recuerdo es el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Es una gigantesca humillación de la condición humana y de género.
El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y actual asesor de Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer una débil pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, «el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor».
¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché al ala kirchnerista de las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.
La prédica zaffaroniana de que casi todos los delincuentes son producto de » las injusticias del sistema capitalista», se hizo doctrina y dogma. Hoy muchos de los criminales de mujeres reincidentes y violadores caminan por las calles porque “Justicia Legítima” se convirtió en una prolongación de su pensamiento y en un intento de domesticar a los jueces independientes.
Por eso emociona y conmociona ver y sumarse a miles de mujeres que en la calle se juran a sí mismas luchar hasta exterminar la violencia de género y los trogloditas criminales del machismo. Los carteles caseros lo vienen diciendo todo. Lo gritan, en realidad, lo exigen: “No nos maten más”, “Juntas somos infinitas” y “Vivas nos queremos”.
Claro que las queremos vivas, claro que nos queremos vivos y que juntos somos ciudadanos en movimiento que levantamos la guardia para defendernos y refundar la parte más oscura y repugnante de una sociedad que denigra a la mujer, que la somete y la reduce a la servidumbre. Por momentos siento que algunos varones han retrocedido a la vida de las cavernas, que han escupido a la civilización y que creen que pueden tener a una mujer en un puño con un puñetazo.
Hay que ser muy hijo de puta. Una mujer es una mina que amamos, nuestra vieja querida del alma, la hija que tanto miedo nos provoca cuando tarda en llegar de la facultad, la madre que nos sembró de hijos nuestra existencia, nuestra abuela de la sabiduría.
En los momentos más terribles, a la hora de descender a los infiernos, las pobres mujeres llegan a preguntarse si las culpables no son ellas. Hasta tanto llega la humillación que ella, la víctima, llega a dudar de su condición. Llegan a pensar que por su culpa él golpeador, pasaba de ser un ángel a ser un demonio.
Por eso tienen que asesorarse con un abogado y hacer la denuncia. Saber que están dando el paso más importante de su vida. Y que es para salvarse de la muerte. Nada menos. Ni una menos. Ni una más. Nunca Más.
Las crónicas de los últimos tiempos están repletas de muerte y sangre. Una violencia de género cargada de un odio sin límites que extermina incluso a familiares o amigos en lo que se llama técnicamente «femicidios vinculados”.
Es tan grande el horror que la información parece inventada o salida de las novelas de la crueldad.
Hay que combatir a esos criminales que matan a sus seres queridos. A sus esposas o novias, a sus hijos a los familiares y a los amigos. Pretenden exterminar todo vestigio de esas mujeres que no quieren ser propiedad de nadie. Saben que hace mucho se acabó la esclavitud. Todos los que rodean a una mujer amenazada tienen que hacer la denuncia y no dejarla sola. Estar cerca, acompañarla, protegerla y estar alertas, siempre con la guardia alta.
El dato más terrible es que hoy, pese a toda la lucha en las calles y en los medios hay un femicidio cada 30 horas. ¿Escuchó bien? No me entra en la cabeza que algún animal que no merece ser llamado hombre pueda cometer semejantes aberraciones.
¿Que nos está pasando? ¿Cuál es el nivel de cobardía y de salvajismo de andar matando mujeres? ¿Cuántos casos por día hay de maltratos, de golpes brutales que terminan con la muerte femenina?
La Asociación Civil La Casa del Encuentro dice que pese a las marchas de ni una menos, a las campañas de concientización en los medios y a las nuevas leyes que son buenas, los femicidios siguen creciendo.
Insisto con la pregunta original que no tiene respuesta: ¿Qué nos pasa? ¿Alcanza con prohibir que el criminal se acerque?¿ Los botones de pánico y las tobilleras electrónicas pueden ayudar? ¿La policía actúa con la rapidez que corresponde?
Hay 55 denuncias por día. Esta opinión intenta ser un alerta y un aporte al combate contra semejante horror y a aumentar la condena social. Todo el que sea víctima de violencia de género o conozca a alguien puede hacer la denuncia al teléfono 144 durante las 24 horas.
Son mujeres asesinadas por machos que, insisto, no merecen llamarse hombres. Son infames varones que avergüenzan al género y a la condición humana.
Estos energúmenos por lo general están cortados todos por la misma tijera. Responden al mismo patrón criminal. Primero les gritan a sus esposas, novias o amantes. Se sienten sus propietarios y no sus compañeros de afecto. Después les pegan, las humillan, las castigan con ferocidad, y les provocan un pánico que las paraliza. Muchas veces, los golpeadores se descontrolan con el alcohol o la droga. No los frenan ni los hijos en común ni los embarazos.
Todo el tiempo están mintiendo para justificar al tipo que tienen al lado. Les da mucho pudor confesar la verdad.
Ya están cansadas de mentir diciendo que se cayeron por la escalera, que un día resbaló, o de esconderse fingiendo que tiene depresiones los lunes y los martes hasta que se le vayan las marcas más visibles de los golpes.
Parecen películas de terror pero son realidades repugnantes y horrorosas. Debemos unirnos en la exigencia de juicio, castigo y condena a los culpables. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: «Nunca más un femicidio».

CFK y Macri: mal momento – 7 de marzo 2017

Son la noche y el día. Cristina y Macri se diferencian en todo. Menos en una cosa: ambos están pasando por el peor momento político. La ex presidenta nunca tuvo tantas complicaciones en el llano. Y el actual presidente atraviesa los mayores problemas desde que está en el poder. Esta es mi lectura de la actualidad de esta Argentina al rojo vivo.
Primero la dama:
Cristina será procesada por tercera vez y batirá todos los records. Nunca antes un ex presidente de la Nación estuvo en una situación similar. Tal vez, Claudio Bonadio también procese a su hijo Máximo y a los dos empresarios más emblemáticos del kirchnerismo: Lázaro y Cristóbal. En el primero de los procesamientos, la ex jefa del estado va camino al juicio oral y público por defraudación al estado en la estafa de dólar futuro.
El segundo procesamiento se lo impuso el juez Julián Ercolini por la asociación ilícita que entregó obras públicas a cambio de coimas. Los personajes centrales de esta novela de terror son siempre los mismos.
Y el mes que viene, Cristina tendrá que prestar nuevamente declaración indagatoria en la causa Hotesur que también tiene estafas y saqueos a los dineros de todos los argentinos con el mismo mecanismo de “Los Sauces” pero con el alquiler figurado de habitaciones en la cadena de hoteles de los K en lugar de hacerlo en departamentos.
En el plano judicial hay que sumarle el avance en la investigación por la denuncia del fiscal Alberto Nisman que está llevando a cabo el fiscal Gerardo Pollicita. Esta es la causa que más pánico despierta en Cristina. Primero porque la creía muerta como el fiscal. Pero resucitó con tanta energía que la exitosa abogada que nunca ganó un juicio, pidió que apartaran a Pollicita. Por supuesto que no tuvo éxito en esa tarea.
Aquí la acusación es terrible: encubrir a los terroristas de estado iraníes que volaron la AMIA y en un instante asesinaron a 85 personas.
Todo esto en el plano judicial. Pero en lo político, Cristina también está empantanada y aislada. El peronismo la mira con sospechas y no se suma a sus iniciativas. Hablo del peronismo que gobierna, es decir los intendentes y gobernadores y el resto de los justicialistas que no se quieren subordinar a La Cámpora. Varios sectores que antes eran verticalistas a las órdenes de Cristina hoy han tomado distancia. El movimiento Evita que responde más al Papa Francisco que a ella, igual que Julián Domínguez, el grupo Esmeralda, el bloque de legisladores de la nueva generación de gobernadores. Saben que Cristina todavía tiene una importante intención de votos, sobre todo en el Conurbano. Pero saben que Cristina despierta el rechazo de una inmensa mayoría de la sociedad.
Por eso Cristina se victimiza y miente. Miente cuando dice que es una perseguida política y cuando dice que la quieren proscribir. Ayer lo desafié a Máximo con una apuesta: si proscriben a Cristina como ellos dicen yo dejo de trabajar un año en radio Mitre. Y si no la proscriben como digo yo, Máximo debería trabajar un año en la actividad privada, en alguna empresa que no sea de su familia. Por todo esto creo que Cristina está pasando su peor momento desde que abandonó el gobierno.
Ahora es el turno de Mauricio Macri. El también está atravesando las mayores turbulencias desde que está piloteando el avión en el que viajamos todos.
La marcha de ayer de los docentes fue muy masiva. Expresa el reclamo justo de mejores sueldos de muchos maestros que no encuentran mejor camino que los gremios de siempre y los dirigentes de siempre. Aunque la mayoría de los maestros no se banque la militancia cristinista y desestabilizadora de Roberto Baradel, Hugo Yasky y compañía.
El gobierno no pudo frenar esa expresión de protesta. Y tampoco la imponente marcha de hoy de la CGT. Fue impresionante más allá de los incidentes y la violencia entre gremios.
Macri fue mucho más generoso con los gremios que Cristina. No los maltrató, les resolvió el tema del impuesto a las ganancias, les devolvió el dinero adeudado de las obras sociales y los convocó al diálogo en forma permanente. Pero los funcionarios de Cambiemos no fueron capaces de abortar la concentración de hoy y veremos si logran parar el paro general que se viene para fin de mes.
Es que la CGT que se venía manejando con prudencia y moderación comprobó que en amplios sectores de la Argentina real y profunda la cuestión laboral, económica y social está peor que hace 15 meses cuando asumió Macri. Hay menos changas, menos consumo, menos trabajo y más pobreza. Los movimientos sociales francisquistas recibieron la promesa de 30 mil millones en tres años y la posibilidad de darles el lugar de un sindicato pero se sumaron a la protesta de hoy y van a hacer una propia el 13 de marzo en Plaza de Mayo.
Muchos jubilados todavía no cobraron un peso de lo que les prometieron. Muchos clubes de barrio y comercios pequeños cerraron sus puertas por el aumento de tarifas y la caída de las ventas.
Como si esto fuera poco, el gobierno de Macri fue sacudido por una caída en las encuestas. Los tomó de sorpresa porque no escucharon las advertencias de muchos periodistas y políticos tradicionales. Creen más en las redes sociales y en el marketing que en la actividad política. Todos fueron errores no forzados. Con sentido común y sensibilidad política podrían haber evitado los cachetazos del Correo de la familia Macri, el cálculo mal parido de los haberes jubilatorios, y los cuestionamientos por conflictos de intereses como los de Avianca o Calcaterra.
El gobierno genera muchas cosas positivas pero no logra comunicarlas. Les duran 15 minutos en los medios. Y las malas noticias se instalan por un tiempo largo y por lo general los dejan sin reacción. No hay oficialistas que salgan todos los días a defender con mística las decisiones del gobierno o a defender a Macri de los ataques del kirchnerismo. El oficialismo subestimó demasiado el debate público de ideas. Macri llegó a decir la herejía de que la política eran soluciones concretas a problemas y no ideas.
El gobierno debe leer muy bien la multitudinaria protesta de hoy. Más allá del espectáculo nefasto que dieron las barras bravas descontroladas. Es cierto que aprovecharon la movida grupos minúsculos y repudiados por la sociedad como los de Quebracho, Aníbal Fernádez, Amado Boudou o Luis D’Elia. Pero también es verdad que casi todos los partidos y sectores sociales tuvieron algo que reclamar. No hay que menospreciar la calle y la participación popular como instrumento de cambio. Cambiemos no cree en eso y produce papelones como que el presidente salude a una plaza de los Dos Congresos vacía. Este gobierno no convoca a la sociedad y no tiene capacidad para incorporar nueva gente y aumentar su base de sustentación.
A esta altura yo diría que Mauricio Macri debe relanzar su gobierno. Despedir a los funcionarios más cuestionados como Gustavo Arribas y armar una fuerte estructura política que atienda lo que su equipo más cercano no atiende.
Ayer le dije y hoy se lo repito: las elecciones de octubre son de vida o muerte política para Cristina y para Macri.
Ella se juega la libertad ambulatoria porque si es derrotada se asfalta su camino hacia la cárcel.
Y él se juega la posibilidad de terminar en tiempo y forma su mandato como hace 80 años no ocurre con un presidente no peronista. Si gana será una suerte de héroe republicano y si pierde será un nuevo fracaso de la democracia plural y con alternancia.
Hoy Cristina y Macri están en un mal momento. Todavía pueden recuperarse. Depende de ellos y también de nosotros.