La vieja y la nueva Cristina – 18 de abril 2018

Hay una Cristina vieja ideológicamente, erosionada en su liderazgo, escondida en su perfil bajo y con la intención permanente de derrocar a este gobierno con el mezquino objetivo de no ir a la cárcel. Este es el sueño principal de su vida: cuidar su libertad y la de su familia y para eso necesita una administración nacional débil o directamente en caída libre.
La senadora nacional por la minoría bonaerense de Unidad Ciudadana aprovecha cada posibilidad de dañar a Mauricio Macri y lo hace con la cara muy dura y la demagogia en la mano.
Esta vez, Cristina, presentó un insólito proyecto de ley donde exige que se suspendan los aumentos de tarifas en los servicios y propone retrotraer los precios al 1ro de enero del 2017. Y dice que lo hace para cuidar el bolsillo de los argentinos. No se puede creer tanta hipocresía. La máxima responsable del agujero energético brutal que dejaron después de 12 años de gobierno levanta el dedito y quiere dictar cátedra de cómo resolver los problemas. Ella y su gerente de la corrupción, el reo Julio de Vido fueron los autores intelectuales y materiales del asesinato de la energía en la Argentina. Tuvieron tres objetivos que en parte pudieron cumplir:
1) Hacer populismo berreta y convencer a la gente que la energía es gratis aunque la pagamos todos con impuestos cada vez más altos. Esa batalla cultural, casi la gana. Muchos compatriotas hoy todavía creen que el estado tiene que regalar la energía.
2) Bombardear a las empresas, fundirlas o dejarlas al borde del precipicio con el fin de comprarlas a precio vil y apropiarse de ellas.
3) Generar una caja de corrupción de una magnitud nunca vista en la historia argentina. Sobre precios, coimas, compras a Venezuela a precios fuera de mercado, ayudaron a conformar un océano de dinero negro y sucio que fue a parar a los bolsillos de Cristina y de algunos integrantes del “Cartel de los Pinguinos”.
Por eso produce vergüenza ajena que los responsables de semejante cáncer económico nos quieran explicar cuál es la mejor medicina. Podrían guardar un respetuoso silencio durante un tiempo, ¿No le parece? Como si esto fuera poco, Cristina propone en su proyecto declarar la emergencia tarifaria y crear un comité especial para resolver este tema. Insisto: es como pedirle consejos para combatir el narcotráfico a Pablo Escobar Gaviria.
Ya le dije varias veces que creo que Cristina y su banda saqueadora del estado es la persona que más daño le hizo a la Argentina. No solamente por la mega corrupción de estado sin antecedentes en democracia, también por el autoritarismo que produjeron. Eso implica fanatismo para ver enemigos por todos lados, negación de la realidad y los errores y huida hacia adelante. Es lo que resume el proyecto que presentó Cristina. Parece un chiste pero es de muy mal gusto. La inmensa mayoría de los argentinos no se traga la píldora. Sabe que quien se especializó en destruir la cultura, la ética, la política y la libertad de expresión no puede ser la encargada de su reconstrucción.
Esa es la Cristina vieja ideológicamente, la que se crece todos los días en su imagen negativa, la que garantiza un peronismo dividido y una cuota importante de odio en las relaciones hacia y desde el justicialismo.
Pero hay otra Cristina. Más joven y menos conocida llamada Verónica Magario. Es la intendenta de La Matanza y pretende ser la gobernadora de la provincia de Buenos Aires y está en todo su derecho si la gente la vota. Pero el lanzamiento de su campaña de ayer fue patético y cargado de un oportunismo que indigna. En medio del velorio, mientras sus compañeros colectiveros se disponían a despedir los restos del asesinado Leandro Alcaraz, la precandidata Verónica Magario fue capaz de hacer una conferencia de prensa patética.
Acusó a la gobernadora María Eugenia Vidal de ser la responsable de la seguridad de la provincia y aclaró que los intendentes no tenían nada que ver con ese flagelo. Es una provocación por varios motivos.
Primero porque la intendente pertenece al Partido Justicialista y su partido viene gobernando el municipio y la provincia hace más de tres décadas. No se puede lavar las manos tan descaradamente. No puede disimular el rol nefasto que jugaron en varios temas, pero especialmente en el combate contra el delito, tanto Daniel Scioli como Fernando Espinoza en la última década. Buenos Aires estuvo gobernada por el justicialismo durante 31 años y La Matanza, hace 35 años, desde la restauración democrática.
¿O la culpa de la penetración del narcotráfico, el aumento de la ferocidad de los robos y los crímenes es de quienes están hace dos años tratando de apagar los miles de incendios que dejó el kirchnerismo? Es una mentira grande como la provincia de Buenos Aires.
La nueva Cristina, llamada Verónica Magario, tiene sus mismos disvalores. Siempre el culpable es el otro. No se hace cargo de nada. Es la misma que humilló a los matanceros al plotear con su nombre y apellido los patrulleros que envió la provincia. Es la misma que cobra una tasa municipal por seguridad y dice que esa es responsabilidad excluyente de la gobernadora Vidal. Magario es la misma que no ejecutó un solo peso de los 240 millones de pesos que le envió la provincia por el Fondo de Fortalecimiento en Seguridad. Un legislador presentó un pedido de informes porque sospecha que con ese dinero hizo un plazo fijo en lugar de destinarlo a mejorar la seguridad.
Es insostenible lo que hicieron y lo que no hicieron en La Matanza. En 35 años de intendentes peronistas como Magario solo instalaron 450 cámaras. Una por cada 4 mil habitantes. Es imposible luchar contra la mafia organizada con tan pocas herramientas. Y mucho más cuando desde la política aparecen complicidades atroces. Quien era hasta hace poco secretario de seguridad de la intendenta Magario tuvo que irse acusado de formar parte de una banda criminal que producía secuestros. Carlos Orsingher fue descubierto por una investigación de nuestro compañero Jorge Lanata y la intendenta Magario intentó que el programa no se emitiera. Hizo una presentación judicial reclamando censura previa pero, por suerte, hubo un juez razonable que rechazó ese pedido antidemocrático.
Y como si esto fuera poco, la intendenta Magario, la nueva Cristina, acuso al gobierno de Vidal de hacer política obscena con el crimen del colectivero. Es lo que hizo ella. Como si se estuviera mirando al espejo.
Mientras tanto, la familia, los compañeros y la hijita del chofer de la línea 602 asesinado, todavía no pueden elaborar el duelo. Necesitan justicia y ya hay dos jóvenes detenidos.
Hay una vieja Cristina y una joven Magario. Ambas están cortadas por la misma tijera de un populismo irresponsable, contaminado por ladrones y con el único objetivo de obtener más poder y más dinero aunque en ese camino tengan que empujar la democracia hacia un abismo. Que todo el mundo lo sepa.

García Márquez x 4 – 17 de abril 2018

Un día como hoy, pero de hace 4 años, un maldito cáncer linfático y una perversa neumonía, se complotaron para asesinar a Gabriel José de la Concordia García Márquez, más conocido como Gabo o Gabito.
Tenía 87 años y su muerte potenció una historia digna del realismo mágico de su pluma iluminada. Porque un poema o una carta de despedida, que ya venía circulando, se viralizó por el planeta con una potencia arrolladora. Ese texto llevaba la firma de Gabriel García Márquez pero el autor no era García Márquez. Él lo desmintió una y otra vez, pero fue absolutamente en vano. La conciencia planetaria de lo que hoy se llamaría fake news o falsas noticias no pudo con la noticia deseada que describió la filosofía de Miguel Wiñazky.
Gabo negó varias veces que esas palabras fueran suyas. Es más, se preocupó porque tanta gente pensara eso de un escrito “tan cursi”. Después, Cabo se disculpó por haber dicho eso del poema pero no pudo torcer la historia falsa que alguien inventó. Hoy, a 4 años de su muerte, miles y miles de personas siguen homenajeando al genio de las palabras con palabras que él nunca escribió. Ni la popularidad ni la amistad de Gabo con casi todos los editores del mundo pudo quebrar el destino de este escrito titulado “La Marioneta” y que pertenece al comediante Johnny Welch y dice así:
“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla escarpada.
Me apartaría de los necios, los habladores, de las gentes con malas costumbres y actitudes.
Sería siempre honesto y mantendría llenas de amor y de atenciones a las personas a mi alrededor, siempre trataría de dar lo mejor…
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”, “por favor” , “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuánto te importan.
Este texto pasó a la historia porque para mucha gente lo escribió García Márquez y no hay nada ni nadie que les haga entender que no es cierto.
Esta historia del texto, el juego de confusiones y creencias, parece imaginado por Gabo. Como aquel legendario “Cien Años de Soledad” que la editorial Sudamericana publicó en Buenos Aires. Vendió 50 millones de ejemplares, fue traducido a 39 idiomas y fue el empujón para el premio Nobel de Literatura. Pero es maravilloso conocer la crónica de un éxito anunciado.
Un día de 1967 Gabo empeñó un calentador y un secador de pelo y, con ese dinero, pudo enviar los originales de su nuevo libro a la Argentina. La historia del recorrido de “Cien Años de Soledad”, también parece escrita por García Márquez. El mensajero tuvo un accidente en la moto y todos los originales quedaron sembrados por el pavimento mojado. Buenos Aires era una mezcla de Macondo y Paris. Casi un diluvio universal. Esos papeles con las letras corridas pudieron rejuntarse pero ningún editor quería convertirlos en un libro. Creían que era un texto menor de un colombiano desconocido. Sólo Paco Porrúa de editorial Sudamericana se atrevió y el libro comenzó a venderse en cataratas. En 20 días agotó 8 mil ejemplares.
Todos empezaron a hablar de él y por eso Primera Plana lo llevó a su primera plana. Gabo cobró sus primeros derechos de autor y volvió rapidito a la humilde pensión en la que estaba alojado. Acomodó todos los billetes sobre la cama y se tiró encima a dormir la siesta más feliz de su vida. Estuvo 15 días de gloria en Buenos Aires. Nunca más volvió. Nunca más volverá. Es una lástima, pero es como si lo tuviéramos dentro en cada corazón y en cada neurona.
Yo lo recuerdo, erguido, orgulloso aquel día que rechazó el frac para recibir el Nobel y se enfundó en el Liqui-Liqui, el típico traje colombiano. Pero más recuerdo sus palabras tan reales como mágicas:” Una nueva y arrasadora utopía de vida donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde sea de veras, cierto el amor y sea posible la felicidad y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Todos los periodistas le debemos mucho. Y los amantes del idioma español, también. El día que murió derramamos lágrimas negras de luto. Con su ausencia sentimos que a nosotros, se nos venían encima los cien años de soledad. Y ya pasaron cuatro.

Falta ética en Cambiemos – 16 de abril 2018

Nadie tiene la bola de cristal para saber cuánto tiempo dura la paciencia social. Es una actitud muy subjetiva, difícil de domesticar o de colocar en una planilla de cálculo. La paciencia de una comunidad es un cuenco que se va llenando de broncas, frustraciones y expectativas no cumplidas y que el día menos pensando se desborda y mancha todo lo que está a su alrededor.
Esta situación ya la padeció Carlos Menem. Mientras la convertibilidad del uno a uno le dio resultados de estabilidad, al presidente lo veían alto y de ojos azules y los argentinos le permitían cualquier barbaridad: jugaral básquet con los Globetroters , volar a 200 km por hora con una Ferrari, cholulear con los Rollings Stones y hasta guardarse algunos vueltos en causas de corrupción. Menem parecía invencible. Nada deterioraba su imagen. Ninguna metida de pata afectaba su relación con la sociedad. Hasta que la economía empezó a mostrar sus primeras debilidades y desembocó en crisis. En ese momento, los ciudadanos recuperaron la memoria y le empezaron a pasar todas juntas las facturas acumuladas. De golpe, Menem cayó en las encuestas y entró en un tobogán, incomprensible para muchos. ¿Qué había pasado? Muchas de las cosas que había hecho antes y que habían sido tomadas como cuestiones transgresoras y simpáticas se transformaron en frivolidades que indignaron a gran parte de los argentinos. Aquel presidente seductor pasó a ser sucio, feo y malo. En muy poco tiempo pasó de ser un hombre astuto a ser un ladrón hecho y derecho. Los problemas económicos habían derribado la compuerta de la paciencia y la tolerancia
Por eso se equivocan los estrategas de Cambiemos. Muy sueltos de cuerpo y con cierta soberbia dicen: “Nada de esto nos afecta. No bajamos casi nada en las encuestas”. No mienten, pero se equivocan. Como todos los que llegan al poder, creen que la popularidad es para siempre. Y la realidad indica todo lo contrario. Un Nicolás Dujovne evasor de 20 millones que tiene parte de su fortuna en el exterior; un Juan José Aranguren que se niega a repatriar los millones de dólares que atesora en el exterior; una Aída Ayala que al parecer favoreció a una empresa en la licitación de la basura; un Luis Caputo que tiene que explicar los extraños vericuetos de empresas off shore, cuentas en guaridas fiscales y roles de testaferros disimulados, un Jorge Triaca que maltrata a una empleada que la tiene negro y encima le da un incomprensible empleo en un gremio intervenido son botones de muestra. Tal vez no sean delitos, pero son grandes manchas en la bandera ética de un gobierno que puso la vara muy alta. Son dilemas nuevos en la Argentina. Al revés de lo que ocurrió durante más de 12 años de kirchnerato. La mayoría de los funcionarios pinguinos llegó pobre al gobierno nacional y se fueron ultra millonarios como nunca en la historia. En el caso de Cambiemos, muchos llegaron ricos, producto de su exitoso desempeño en la actividad privada y varios de los mecanismos que utilizaron, hoy están cuestionados en su transparencia más allá de que la justicia los califique o no como delitos.
El gobierno de Macri debería estudiar la época de Carlos Menem. Y comprender que todas estas actitudes cuestionadas por un sector de la sociedad, si la economía comienza a repetir malas noticias, se transforman en un tsunami que tira abajo hasta las mejores imágenes positivas.
Y la verdad, es que hasta ahora, la mezcla de inflación indomable y los tarifazos están cargando la cuenta del mal humor social, sobre todo entre el núcleo duro de votantes de Macri. El gobierno especula con la división del peronismo, con sus patéticas imágenes donde aparecen algunos de sus peores fantasmas y con el alto rechazo que existe hacia la figura de Cristina. Pero insisto, eso es jugar con fuego. Cristina tiene un 20% de respaldo a nivel nacional y Macri un 37%. Es cierto que Macri está a un par de puntos de ganar una probable reelección en primera vuelta. Pero también es cierto que si aparece un liderazgo nuevo que despierte expectativas puede captar al 43 % que no confía ni en Macri ni en Cristina.
El gobierno debe ser más cuidadoso, más autocrítico para encontrar soluciones económicas y el presidente Macri tiene que tener más firmeza para castigar a los que, sin cometer delitos graves, deterioran la ética del gobierno con actitudes personales incomprensibles.
Debe comprender que lo que la sociedad le tolera al peronismo no lo permite en Cambiemos. Así son las cosas. Así es la realidad y Macri debe operar sobre esa realidad. Debe dar el ejemplo de la virtud y eso va a potenciar su liderazgo. Mirar para otro lado es el peor remedio.
Yo sé que Nicolás Dujovne no es Cristóbal López. El zar del juego, entre otros delitos graves se apropió de 8 mil millones de pesos nuestros que hoy ya superan los 17 mil millones. Y que ese robo lo quieren disfrazar de evasión impositiva. Fue un modus operandi en todas las empresas de Cristóbal que devolvió esos favores con coimas disfrazadas. Esto yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el actual ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne haya cometido el delito de evadir 20 millones de pesos y que el blanqueo que hizo este gobierno haya funcionado como una amnistía lo libera de tener que dar explicaciones ante la justicia pero no de dar explicaciones ante la sociedad. Y como si esto fuera poco, el funcionario que tiene la responsabilidad de hacer despegar la producción y el crecimiento en este país, tiene la fortuna de 74 millones de pesos depositada en un banco del exterior. Esto es inadmisible. Y Macri lo sabe. O debería saberlo. Tal vez para el presidente, sea algo comprensible y habitual, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos que con paciencia y tolerancia están esperando que baje la inflación y mejore su situación, no lo es. Por ahora tienen tolerancia y paciencia y hasta esperanza y se las están bancando. Pero no tienen un solo amigo que haya evadido 20 millones o que tenga 54 millones en otro país. Hasta Marcos Aguinis acaba de pedir la renuncia de Dujovne. Y nadie lo puede acusar de anti macrista.
Yo sé que Juan José Aranguren no es Julio de Vido. El gerente de la corrupción de estado de Cristina está preso y casi todos los negociados sucios estuvieron bajo su responsabilidad. Fue el autor intelectual y material del asesinato de la energía, entre otros daños que le produjo al estado. Eso yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el actual titular de la cartera de Energía, el encargado de dar las malas noticias de los tarifazos que dinamitan el bolsillo del ciudadano común, diga que cuando tenga confianza en el país va a traer el dinero que tiene depositado afuera, me parece de una insensibilidad política que lo descalifica.
Y eso que respeto y valoro mucho a Aranguren. Fue un directivo que llegó muy alto por su capacidad en una empresa multinacional y eso habla de su capacidad intelectual. No tiene ninguna sospecha de corrupción y se bancó como muy pocos empresarios el enfrentamiento con Guillermo Moreno y la locura kirchnerista. Tuvo que afrontar más de 50 juicios. Tuvo coraje y responsabilidad ciudadana. Pero las dos figuras principales de Cambiemos fuera del PRO, lo criticaron duramente: Elisa Carrió y Alfredo Cornejo. Encima hay más de una docena de altos funcionarios que tienen sus ahorros fuera del país.
Yo sé que Aida Ayala no es Milagro Sala. La comandante tupaquera se robó el dinero que Cristina le mandaba para construir viviendas populares, fue patotera y maltratadora con las mujeres especialmente y extorsiva con todos y como si esto fuera poco, hoy se conoce que viajó 80 veces al exterior. Está presa en la mansión que se construyó con el dinero de los más humildes de Jujuy. Eso yo lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que la actual diputada chaqueña Aída Ayala haya direccionado la licitación de la basura a cambio de coimas que surgieron de los sobre precios, es un delito clásico que si existió, debe castigarse con todo el peso de la ley como a los integrantes de cualquier otro partido. Ayala fue la intendenta radical en Resistencia y tuvo que pelear contra los gobiernos nacional y provincial de signo kirchnerista y eso la enaltece. Pero si violó la ley debe rendir cuentas ante la justicia y el Congreso le debe quitar los fueros, tal como ocurrió con Julio de Vido.
Yo sé que Luis Caputo no es Lázaro Báez. El amigo, cómplice, testaferro y/o empleado de los Kirchner batió todos los records de enriquecimiento ilícito del que se tenga memoria. Más de mil vehículos, propiedades por todos lados, estancias con extensiones dignas de los mayores terratenientes, lavado de dinero y cuentas repletas de dólares sucios en Suiza y otros lugares a nombre de sus hijos, lo definen. Más corrupto, imposible. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el Ministro de Finanzas diga que hay una sociedad off shore a nombre de un pariente cercano suyo amerita una investigación judicial y que la Oficina Anticorrupción haya enviado un exhorto a la agencia federal de Estados Unidos que supervisa los mercados financieros. Hay que despejar todas las dudas. Todo tiene que estar más claro que el agua. Y por ahora, no es así.
Yo sé que Jorge Triaca no es José López. Revolear 9 millones de dólares en un convento a la madrugada con una ametralladora a su lado, hizo que López fuera abandonado hasta por sus viejos compañeros del kirchnerismo. Fue operador del cártel del saqueo al estado que lideraron Cristina y don Julio con la obra pública. Un delincuente que robó a los que robaron. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años. Pero que el ministro de Trabajo, nada menos, haya tenido una histórica empleada en negro y la haya maltratado es indefendible. Y que por arte de magia esa señora haya aparecido cobrando un sueldo en la intervención del gremio del Pata Medina no tiene perdón de Dios aunque si de Mauricio Macri y su equipo, el mejor de los últimos 50 años, cosa que en varios casos, también está en dudas.
Y finalmente, yo sé que Mauricio Macri no es Cristina. Ella y su asociación ilícita fue la persona que más daño le produjo a la Argentina. En lo moral, en lo económico, en lo cultural y en lo político. No hay dirigente más corrupta y autoritaria que Cristina. Eso ya lo conozco y lo vivo criticando hace años.
Pero el presidente de la Nación pidió que los periodistas le digan la verdad y el prometió decir la verdad. Y la verdad es que mucha gente está haciendo un esfuerzo descomunal para atravesar este desierto económico porque cree en su promesa de que vamos hacia la tierra prometida de bajar la pobreza y la inflación y aumentar el trabajo y el crecimiento. Esa gente que aprieta los dientes, que se ajusta el cinturón todos los días y que se banca defender al gobierno en todas las discusiones, esa gente merece tener un gobierno impecable, sin una sola mancha en su ética. Y un presidente que no le tiemble la mano a la hora de repartir premios y castigos. Y no vengan con ese verso de que estos grandes empresarios se están sacrificando por nosotros. Acá y en la China, los únicos que se sacrifican son los que más sufren y menos ganan. Y si algún ministro piensa que nos está haciendo un favor a los argentinos, que sepa que ser ministro es un honor y que si no le gusta, nos haga el favor de volverse a su casa. O a su empresa. Hay varios ejemplos femeninos que pueden funcionar como ejemplo en este gobierno. Hablo de María Eugenia Vidal, Elisa Carrió y Graciela Ocaña, entre otros. Se puede hacer política con honradez y no hace falta venir siempre de la actividad privada para ser eficiente.
En Cambiemos puede faltar tiempo o dirigentes capacitados. Pero no puede faltar ética. La paciencia y la tolerancia tienen un límite. Y cuando ese límite se supera, ya es demasiado tarde para lágrimas.