Un periodista deportivo como Gendler – 7 de noviembre 2019

Hoy es el día del periodista deportivo. Saludamos en nuestro querido Juan Bindi a todos los colegas.
Nunca olvidaré que me enamoré del periodismo tratando de imitar a don Osvaldo Ardizzone. Jamás lo logré, por supuesto. Miro hoy esos viejos textos amarillentos del “diario Córdoba” y me río por aquella ilusión e ingenuidad.
Desde “El Gráfico” o “Goles”, “El viejo”, así le decíamos, le puso a la crónica futbolera alas y colores. Le inyectó literatura y madrugada bohemia. En cada nota dictaba cátedra de sensibilidad popular
Pelé lo saludaba así: ¿”Tudo bem, don Osvaldo? A Maradona, le decía “Pelusa”. Mario Kempes, apenas se consagró goleador del mundial 78, se refugió en Villa Giardino en Córdoba para pescar y comer asado con sus amigos, lejos del periodismo internacional que lo buscaba por cielo y tierra. Yo era el corresponsal en Córdoba y lo encontré en las sierras. Kempes no quería saber nada con una nota. Pero las puertas se abrieron generosas cuando le nombré a Ardizzone que me esperaba en el auto con el fotógrafo. Terminamos sentados a la mesa de la gran figura de Argentina campeón del mundo, intercambiando anécdotas, chocando los vasos de vino y hablando de la vida. Kempes casi no dijo nada importante. Don Osvaldo escribió 10 páginas magistrales. Mi nombre salió en la revista abajo del suyo y yo no pude dormir de felicidad. Don Osvaldo amaba a Aníbal Troilo y el tango canyengue. Yo lo admiraba a Osvaldo y trataba de aprender todo lo que podía.
Pero hoy quiero hablar de alguien más cercano. De un periodista deportivo que todos nosotros llevamos en el corazón. Todavía no pasaron 5 meses de la muerte del querido Sergio Gendler. Ya está en marcha un partido homenaje a Sergio que aunque ya no esté entre nosotros, va a seguir siendo solidario. Todo lo recaudado va a ser donado para el hospital Municipal de Oncología María Curie. Ya lo pueden agendar para el 14 de diciembre en el estadio de Argentinos Juniors. Lo organiza el Rotary Club de Parque Chacabuco y el club de la Paternal. Van a jugar viejas glorias de los Bichos colorados pero también artistas, periodistas y ex jugadores notables. Los une el afecto por el Ruso Gendler y su forma de encarar la vida.
Aquel día negro y de luto yo veía la cara pícara de Sergio Gendler multiplicarse en TN por mil coberturas periodísticas donde mostraba su carisma y calidez y me resistía a creer que fuera cierto.
Hablé temprano con Marcelo Longobardi y no sé cómo pude contener el llanto y el hilito de mi voz. Miro una y otra vez la pantalla de mi teléfono celular y quiero borrar para siempre ese mensaje que me hiela la sangre: Sergio falleció a la madrugada.
A Sergio lo extrañamos todos los días.
Y lo vamos a seguir extrañando. Bajaba por la escalera con dificultad por el dolor de sus piernas desde la FM 100. Y aparecía en este querido estudio, después de mi columna, cuando habían pasado unos 20 minutos de las cinco de la tarde. Siempre con una sonrisa. Siempre con esa mirada celeste de atorrante simpático y entrador de barrio. Lo cargábamos porque se olvidaba de poner en silencio su celular que chillaba al aire o porque ni sabía dónde había dejado los anteojos. Andahasi alguna vez le prestó sus lentes. Marcela le acercaba la computadora para que chequeara los últimos resultados de la Champion y el aprovechaba para tirarle los galgos por deporte nomás, sin buscar nada más que eso, una galantería para el ego de la Giorgi.
Sergio era un periodista de raza. Desde la cuna. El destino quiso que entrara al mundo del periodismo de la mano de su viejo a la vieja agencia Noticias Argentinas, conocida en la jerga como “Eneá”, a secas. Ahí se formó entre telex y teléfonos. Ahí le picó ese bichito maravilloso del oficio que nos permite estar en el ring side de la historia. Entró al mundo del periodismo de la mano de Felix, su viejo y se fue del mundo una semana después de la muerte de su viejo. Son extraños los caminos misteriosos que toman la vida y la muerte. Absolutamente desgarradores e imprevisibles.
Me consta que sintió orgullo por su padre cuando le hicimos un humilde homenaje al aire. Fue mi compañero en la revista Goles donde brillaban, precisamente, don Osvaldo Ardizzone y Horacio García Blanco entre otros próceres. Muchas veces me tocó cubrir el vestuario de Boca y Felix Gen hacía el de River. Una vez discutió fiero con Mostaza Merlo y todos los periodistas salimos a defender a un tipo tan noble como Felix Gen. Recuerdo que por radio Rivadavia, solía estar micrófono en mano, Marcelo Tinelli. Era el detrás de la escena de la relación tan cercana con los ídolos del deporte. Sergito enseguida fue Sergio y demostró que sabía encontrar una noticia y un título. Que se ganaba la confianza de los futbolistas por su lealtad a la verdad y por el respeto a su intimidad. Maradona lo tuvo de ladero durante un tiempo oscuro de Diego. Pero Sergio jamás se drogó. Una vez me dijo: “vi tantos muchachos quebrados por la falopa que no podían comer ni coger y me dio terror”. Juan Román Riquelme se sentía su amigo. Tanto que unas semanas antes de su muerte, fue a visitarlo al Instituto Alexander Fleming y apareció en el aire de Mitre. Fue una sorpresa, una travesura de esas que le gustaban a Sergio. “Te paso con un amigo”, me dijo y puso al teléfono a Román. De hecho en dos entrevistas que le hizo Gendler, Román renunció a la selección nacional y esas primicias sacudieron el mundo del fútbol. Eran tiempos de Boca. Ahí Sergio conoció de cerca al actual presidente Mauricio Macri que recordó con afecto esos momentos y saludó a su familia. Ivan Pavlovksy, el vocero presidencial fue compañero de Sergio en NA.
Sergio fue una estrella durante 20 años en TN y Canal 13. Recorrió el mundo, tomó 600 vuelos, cubrió mundiales, hizo notas memorables: una de las más recordadas fue con el parco y serio Roger Federer. Había sido padre en ese momento y Sergio lo convenció para mostrarse ante las cámaras cambiando los pañales de su bebe. La televisión suiza no podía creer semejante logro.
También demostró su imparcialidad pese a ser un hincha de Boca cabal. Muchas veces lo veía en la platea, en el sector B. Nos sacábamos una selfie con él y mi hijo Diego y decíamos en voz baja: “Aguante boquita”. Era un personaje querible.
Por eso lo extrañamos tanto. En los últimos tiempos el maldito cáncer le fue quitando aire en los pulmones y fuerza en su cuerpo. Le costaba ordenar las ideas al salir al aire pero se las rebuscaba muy bien con un esfuerzo titánico. Tuvo unos huevos y un coraje que hay que rescatar. Peleó contra la muerte hasta el último día. “Está enganchado Sergio”, me dijo Mariana y me hizo la seña de entrelazar dos dedos como símbolo. Lo notamos muy frágil y algo confuso. Después me enteré que tenía unos dolores terribles y que estaba bombardeado de morfina que era lo único que lo calmaba.
Sergio iba sembrando alegría por donde caminaba. Con Ronnie Arias en la FM 100, con los chicos de la producción o los muchachos de seguridad o la limpieza. Siempre una broma. En el grupo de Whats App que utilizamos para trabajar el siempre metía algún video en joda. Y si tenía el doble sentido del sexo, mejor.
No quiso decir nada sobre el maldito cáncer de intestino que lo asesinó. Le dijo a un médico amigo: “No quiero que me tengan lástima”. Fue un ejemplo de dignidad ante la adversidad que quedará para su familia. Para Nancy, su joven esposa y para sus cuatro hijas hermosas: Bárbara de 18 años, Ivana de 16, Malena de 7 y Agustina de 5. Ni ellos ni nosotros todavía lo podemos creer. Nos falta Sergio por todos los costados. El corazón nos late triste y las lágrimas no paran de brotar. Se fue uno de los nuestros. Se sentaba todos los días al lado de Marcela, al frente de Federico y me miraba de frente para hablar de deportes. Pero siempre terminaba con alguna travesura de algún deportista que había producido alguna trampa o alguna picardía con una o varias señoritas. El sobreactuaba su apoyo a esas fiestas eróticas y yo sobreactuaba mi rechazo fingiendo ser más serio de lo que soy. Era un jueguito que hacíamos como meter alguna palabra en hebreo en medio de la charla. Pavadas que suman y potencian un buen clima de trabajo que la gente percibe del otro lado del micrófono.
Nunca supe que desde hacía 19 años tenía una enfermedad de mierda e incurable como el Chrone. La pasó mal en el mundial de Japón porque se olvidó de llevar los corticoides. Eso le fue limando las paredes de los intestinos y lo llevó primero a un cáncer de Cólon pero que Sergio pudo doblegar después de bajar 17 kilos. Pero el maldito cáncer contragolpeó con los intestinos. Me consta que lo combatieron con la mejor medicina y con los sistemas más modernos que tiene un lugar de excelencia como el Instituto Fleming. Pero no hubo caso.
Sergio tenía 52 años, una hermana que vino de Israel y un millón de amigos. Todos fueron muy respetuosos y reservados con la información. Era su deseo y es lo que corresponde por respeto a su familia.
Tuvo un millón de amigos, amores, 4 hijas, una madre protectora, un padre del que heredó su oficio y una sonrisa eterna bajo una parva de rulos rubios.
Era uno de los nuestros. Se nos fue y se fue algo de todos nosotros también. En el cielo de la buena gente tal vez pueda comer un asado después de los partidos, celebrar un gol de emboquillada y seducir a su esposa. Y si le queda un tiempito, ojalá pueda escuchar este programa de radio que también es y será su programa. Era el director del suplemento de deportes de Le Doy Mi palabra.
Tal vez se encuentre con Felix, su viejo, y otra vez lo lleve de la mano por otro mundo de aventuras. Tal vez se den el abrazo más fuerte del mundo. Y nosotros con ellos. Chau Sergio. Te extrañamos mucho.
Dicen que una mañana se lo llevaron al cementerio de La Tablada. Pero en estos micrófonos, se quedará para siempre.

Alberto se sacó la careta – 6 de noviembre 2019

Alberto Fernández se sacó la careta. Ya no necesita fingir de moderado ni prudente. Ya ganó las elecciones y en 35 días asumirá la presidencia.
Alberto se sacó la careta y abajo estaba el rostro de Cristina. Ya lo había dicho con toda claridad: “Cristina y yo somos lo mismo”. Muchos eligieron no escuchar o mirar para otro lado. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. Muchos empresarios obsecuentes y genuflexos le hacían propaganda diciendo que Alberto venía a poner racionalidad democrática al autoritarismo feroz de Cristina y respeto a la división de poderes republicana. Era toda una ficción. Era lo que estos empresarios querían creer. Una expresión de deseo que no va en línea con la historia de Alberto. Incluso, muchos colegas que quiero y aprecio, con honestidad pero demasiada ingenuidad, también compraron el discurso del Alberto bueno que viene a limitar a la Cristina mala. Algunos periodistas incluso, entrevistaron a Alberto como quien habla con Charles De Gaulle o Winston Churchill. Y se equivocaron. Porque Alberto es Alberto. Y Alberto es Cristina. Son lo mismo. Creo que es la verdad más grande que Alberto dijo. Somos lo mismo. Ayer quedó demostrado en México que quien dice haberse formado con Bob Dylan y Los Beatles tiene la misma mirada jurásica que en los 70. Responsabiliza al imperialismo cultural de todos los dramas de América Latina, sataniza a Bugs Bunny al tratarlo de estafador, pese a que está rodeado de estafadores que no están dibujados y se suma con el “Eje bolivariano” que apuesta a la censura más antidemocrática y al nacional populismo más cleptocrático.
Tal vez en las formas, Alberto trate de no parecerse a Cristina. Pero ayer compró a libro cerrado toda la teoría de la mentira que es el Lawfare. Los principales impulsores en nuestro país son Eugenio Zaffaroni que convenció al mismísimo Papa Francisco para que repitiera esas mismas falsedades. Ese intento de que los ladrones tengan coronita y que la impunidad se instale en la región, es básicamente una visión conspirativa.
¿Cuál es el corazón de esta ficción que destruye la justicia y la credibilidad en las instituciones? Estos muchachos dicen alegremente que hay un supra poder mundial, integrado por los yanquis, los medios y la oligarquía que inventó una forma de perseguir a los líderes populares que están representando a las grandes mayorías postergadas en América Latina. Como no los pueden vencer en las urnas, los quieren vencer en los tribunales y meterlos presos acusados falsamente de corrupción. Ayer Alberto lo dijo clarito. Al comienzo de la columna lo escuchamos de su propia boca. Con esos misiles de falsedades que disparan los medios, lograron impactar en Rafael Correa, en Lula y en Cristina. Correa integra con Nicolás Maduro y el cubano Raúl Castro, el trípode donde se apoyan Rusia, Corea del Norte e Irán y hasta grupos de narcotraficantes para instalarse en la región. Los mueve un objetivo geopolítico pero también el interés económico de conformar un bloque que pueda sumar a China en su pelea con los Estados Unidos y el mundo occidental y republicano.
Cualquiera puede googlear la información y certificar que aviones rusos llegaron cargados con cientos de millones de dólares en efectivo para asistir a Maduro. Y también llegaron armas de última generación.
Maduro es tristemente muy conocido. Narco dictador y terrorista de estado. Produjo más de 6 mil crímenes de lesa humanidad según el informe de Michelle Bachellet. Ya se lo dije pero lo repito. Bachellet lo informó. La heredera del socialismo de Salvador Allende en Chile. No fue Bolsonaro ni Trump. No la pueden acusar de derechista oligárquica.
Y como si esto fuera poco, la demagogia payasesca de Maduro, metió a los venezolanos en un exilio que se acerca a los 5 millones que se fueron del país y a los que se quedaron a una crisis humanitaria donde alimentos y medicamentos son una joya difícil de encontrar.
Raúl, el hermano de Fidel es el faro que ilumina a los revolucionarios del continente desde que bajaron de la Sierra Maestra.
Esto explica que Correa tenga un programa en la televisión rusa y haya entrevistado tanto a Cristina como a Alberto. Y ambos hayan repetido el mismo discurso mentiroso de la Lawfare.
Correa vive en Bélgica, lejos de la justicia ecuatoriana, acusado de haber cobrado coimas de Odebrecht por Lenin Moreno quien era su vice y ahora es el presidente de Ecuador elegido por la soberanía popular. Repito: Lenin Moreno no es Bolsonaro ni Trump.
Pero lo más grave que dijo Alberto fue que Cristina es una perseguida política y que no pudo ser condenada porque no hay pruebas. En ese momento se le cayó la careta. Es una mentira grande como la Patagonia. Cristina fue la jefa de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado. Lo dice la justicia que la tiene procesada por 10 causas y con 5 pedidos de prisión preventiva, uno de ellos confirmado por Corte Suprema de Justicia que tiene mayoría peronista, no mayoría gorila. Hay pilas de pruebas. Cruces telefónicos, papeles y evidencias contundentes. Hay 31 testigos arrepentidos de haber participado del festival de la coima y la corrupción. Víctor Manzanares, el propio contador de los Kirchner, confesó todo y aportó libros contables que certifican el robo del siglo y el monumental enriquecimiento ilícito de la familia Kichner y su cártel de los Pinguinos. Ayer se lo comenté. Daniel Muñoz era un secretario con presencia y actividad de secretario. Murió ultra millonario con propiedades en Estados Unidos como un departamento en el hotel Plaza de Nueva York. Pero Fabián Gutiérrez fue poco más que un cadete, que un che pibe. Y se le descubrieron 36 propiedades. Si los secretarios y los cadetes robaron tanto, todos no podemos imaginar la colosal fortuna que se llevaron Néstor, Cristina y Máximo.
Alberto dijo que no hay pruebas. Es la confirmación de que el cemento que la unió nuevamente con Cristina es la impunidad para todos y todas. No hay otra explicación.
No quiero exagerar mi pesimismo ni ser agorero. Pero temo que si Alberto dijo que Cristina es víctima de un sistema judicial que persigue a los líderes populares con el apoyo del periodismo, pronto van a estar todos libres. Ya todos están repitiendo el mismo discurso. Lázaro Báez, Cristóbal, De Vido, Boudou. Todos son angelitos perseguidos por sus ideas revolucionarias y jamás se quedaron con un vuelto. Todos dicen que los que se arrepintieron fueron extorsionados por el gobierno de Macri que logró quebrarlos. No solamente van a salir en libertad todos los ladrones de estado. También van a perseguir a los funcionarios políticos, jueces, fiscales y periodistas que hicieron su trabajo de denuncia e investigación y no se arrodillaron ante el altar de Cristina.
La sociedad republicana debería estar alerta. Todavía no asumieron y ya atropellan a la justicia y agreden e insultan con el criterio patotero de Hugo Moyano y los talibanes que La Cámpora dejó en el estado durante estos cuatro años.
Volveremos para ser mejores, dijo Alberto. Tengo mis serias dudas. Estamos seguros que volvieron. Se nota en el clima crispado y hostil. Pero todo indica que volvieron para encubrir y disfrazar todos sus pecados y delitos.
Sergio Massa, José Luis Gioja, dos dirigentes insultados por Cristina, recorrieron los medios instalando la irresponsable idea de que el gobierno de Macri había metido la mano en el escrutinio provisorio y que los números definitivos iban a mostrar una victoria más amplia de los Fernández. Eso también fue mentira. Los números son casi los mismos. Fernández ganó por 8 puntos y se quedó con las ganas de hacer una elección arrasadora que le diera una paliza aleccionadora a Cambiemos.
Varios tiranos con lenguaje guevarista y metodología fascista están celebrando los incendios que están fogoneando en América Latina y este fin de semana se van a reunir en Argentina con Alberto como anfitrión.
El huracán chavista que destruye todo a su paso en Argentina tiene relaciones carnales con el cristinismo. De eso no hay duda. También se enorgullecen de eso.
Fueron Néstor y Julio de Vido los que manejaron la embajada paralela con Venezuela que les posibilitó hacer negocios corruptos con la energía, la bicicleta del mercado negro de dólares sucios, entre otros casos. El propio Claudio Uberti ante la justicia confesó que hubo una coima de 50 millones de dólares que se dividieron entre Chávez y Néstor. Y que 25 palos verdes en efectivo llegaron en un avión fletado a tal efecto. Asi es la Plata Grande que produjo la Patria Grande. ¿O todo esto también será invento de la justicia y los medios para perseguir a Cristina? ¿Quién tiene tanto poder de convencer a jueces, fiscales, periodistas, colaboradores muy cercanos de los Kirchner para que todos lleguen al mismo diagnóstico?
Podemos discutir de ideologías. Podemos polemizar sobre la pesificación, la inflación o la desocupación y cuáles son los mejores caminos para salir de la profunda crisis económica. Pero es inaceptable que nos mientan en la cara. No podemos quedarnos callado cuando Alberto Fernández dice que todas las causas contra Cristina son un invento y que no hay pruebas. A Alberto se le cayó la careta. Pero no se le cayó la cara de vergüenza.

El Frente para la Venganza – 5 de noviembre 2019

Hugo Moyano quiere ser el jefe del Frente para la Venganza. Por ahora, Alberto Fernández no le ofreció ningún cargo. Ni ministro de trabajo ni espacio para que coloque a sus amigos en la secretaría de transporte…nada por aquí, nada por allá. Hugo Moyano no estuvo en el festejo que organizó Cristina la noche del triunfo electoral y tampoco estuvo en Tucumán donde Alberto mostró su propia tropa entre gobernadores, intendentes y sindicalistas.
Hugo Moyano se siente ninguneado. Parece que solamente le tirarían alguna migaja como la secretaría de deportes para su hijo Facundo aunque ni eso está confirmado.
Moyano quiere cobrar. El invirtió mucho para apoyar a los Fernández, se calló para no piantar votos y siente que Alberto no le reconoce semejante gesto de amor y que le pone los cuernos con Héctor Daer. De aquel anuncio de unidad sindical de todos con la CGT, Moyano y la CTA adentro, todavía no han colocado un solo ladrillo. Le diría que ocurrió todo lo contrario. A la hora de ver quien maneja la caja de las obras sociales y los puestos en el gobierno, se potenciaron las divisiones que ya tenían.
Pero, no solamente Moyano, todos los más salvajes que apoyaron a Cristina quieren cobrar. Y no entienden otro lenguaje que el del apriete, la patota, la extorsión y la amenaza. Ese es el Frente para la Venganza que quiere liderar Hugo Moyano.
Por eso no anduvo con vueltas. Con lenguaje de matón dijo que “los periodistas la van a pagar. Que han hecho mucho daño y que la tienen que pagar. No puede ser gratis lo que dijeron o lo que le mandaron a decir.” El que hace años manejaba un camión, cree que todos son de su condición. Entre los periodistas hay de todo. Inútiles, genios, corruptos y honestos. Pero la inmensa mayoría dice lo que piensa y le parece útil en la búsqueda de la verdad sobre el Robo del Siglo que sufrió este país. A mí nadie me dice lo que tengo que decir. Pero en la cabeza de los K eso no se entiende. La libertad para pensar y decir no forma parte de su diccionario militante. Subordinación y valor y verticalismo son la guía de su comportamiento. Eugenio Zaffaroni fue por el mismo camino de Moyano, aunque con un lenguaje más sofisticado y encubridor: pidió retomar la discriminatoria y nefasta ley de medios porque el periodismo “crea la realidad y un discurso único”.
Lo que no aclaró Moyano es quien va a juzgar a los periodistas que tienen que pagar. Por cuales notas van a tener que pagar ni cuál va a ser el castigo que les vá a imponer. Porque se supone que el será el juez supremo y el determinará y ejecutará el castigo. Porque la justicia y la democracia ya le dijeron claramente que sus deseos y denuncias son una atentado a la libertad de prensa y un intento de censurar al periodismo independiente. No puede confesarlo, pero lo único que busca es impunidad para poder cerrar todas las causas sobre corrupción que están abiertas por su comportamiento y el de su hijo Pablo tanto en el gremio como en el club Independiente. Hay muchas pruebas y en varios casos fueron descubiertas por el trabajo riguroso y valiente de muchos periodistas.
Como su amenaza va en línea con la tarea del juez Alejo Ramos Padilla, tal vez Moyano proponga que intervenga la insólita Comisión Provincial de la Memoria que preside Adolfo Pérez Esquivel. Esta organización que le cuesta a los argentinos 124 millones por año y tiene 113 empleados con sueldos que van entre 28 y 96 mil pesos, tiene muchas irregularidades que explicar antes que establecer si un periodista hizo una nota o fue parte de una operación sicológica, como vergonzosamente dijeron. Han cometido desvíos presupuestarios de sus funciones. En castellano eso quiere decir que utilizaron la plata para otros fines a los que estaba previsto. De hecho hasta la propia Estela Carlotto renunció en su momento porque le habían falsificado la firma en un manejo turbio que jamás fue investigado. Hace 16 años que Pérez Esquivel ocupa la presidencia.
Como bien cuenta Nicolás Wiñazky, son varios los sectores que ya están sufriendo los ataques de los integrantes del Frente para la Venganza.
La agencia Telam es el ejemplo más terrible. Con actitudes patoteras y violentas, grupos de sindicalistas se la pasaron hostigando a las autoridades puestas por el gobierno democrático. Jamás dejaron trabajar y desafiaron todo el tiempo a los que intentaron transformar ese lugar en un espacio democrático y pluralista. Escraches de todo tipo se han multiplicado en los últimos tiempos con fotos y videos y con acción directa en las redacciones. La persecución de todos los que no apoyan a Cristina ya empezó.
Lo mismo pasó en el INTI, aunque con aspectos más escatológicos y mafiosos. Le dieron una paliza brutal a un directivo, rompieron una parte del edificio y el kirchnerista Fernando Yapur, en un gesto de alto nivel cultural y antimperialista, orinó en la oficina de uno de los jefes.
Este Frente para la Venganza se mueve con una impunidad terrorífica.
Tanto en la Televisión Pública como en el Enacom, los directivos puestos por el macrismo se comportaron en forma ingenua y democrática y mantuvieron en sus cargos a muchos saboteadores del cristinismo. No quisieron, no supieron o no pudieron profesionalizar esos lugares y ahora sufren las consecuencias. Gritos, insultos, agresiones verbales, cibernéticas y físicas. Hay patotas para rato.
Esa misma idea autoritaria y agresiva los hizo publicar una lista de presuntos trolls macristas que en realidad eran tuiteros que, en general, apoyan a Cambiemos. Fue una suerte de lista negra. Una manera de decirles los tenemos apuntados.
Todos los días en las calles hay escupitajos, prepoteadas y graves intentos de intimidación que no se publican para evitar el efecto imitación. Pero le aseguro que muchos periodistas que critican a Cristina o a Alberto, sufren una represalia de algún momento. Hacen correr cadenas de información falsas diciendo que tal o cual periodista va a ser echado de determinado medio. Los inmorales nos han igualado. El Frente para la Venganza crece todos los días en su magnitud y ferocidad y eso que todavía no asumieron. ¿Qué se puede esperar para el día que tengan el manejo del estado? 678 va a quedar hecho un poroto. Un cuento de Heidi.
Alberto Fernández por ahora no repudió ninguno de estos sucesos. Inquieta porque ya se sabe que, el que calla, otorga. Por el contrario, hay una larga lista de periodistas que ya sufrieron su cólera y enojo. Ayer le tocó a Santiago Fioritti, compañero de Clarín y de TN. ¿Qué va a pasar con el cepo?, preguntó el periodista. “Lo otro ya lo contesté. Me parece que no quisiste entenderlo”, fue su respuesta. Fernández sabe tanto de todo que adivina la mente y las negras intenciones de los periodistas: Me parece que no quisiste entenderlo. De los creadores de “Que te pasha Clarín” a
“Vos pibe ya hablaste demasiado o me parece que no quieren entender”. ¿Se dará cuenta Fernández que esa actitud es la que estimula a los vándalos del Frente para la Venganza? Si un presidente electo reacciona con agresividad, un militante de base tiene carta libre para hacer cualquier cosa. Hebe Bonafini dice que más de 10 millones 400 mil argentinos que votaron a Macri son un cáncer, Pablo Echarri que son un aluvión gorila que estaba esquiando y Juan Grabois amenaza también a Alberto Fernández cuando dice que la sociedad tiene mecha corta. ¿Se entiende? Grabois le dice a Fernández que va a haber un estallido social si hay una nueva desilusión y no se hace lo que Grabois propone, aumentar las retenciones al campo y la reforma agraria.
Todos los días el Frente para la Venganza aumenta la grieta y la convierte en un abismo. Si Alberto Fernández quiere oír, que oiga.