Alfabetizar es iluminar – 8 de septiembre 2017

Nuestro amigo se llama Ramón. Vive en el Chaco Salteño. Ramón es un ser maravilloso, con la piel curtida y la espalda partida por tanto trabajo de sol a sol. Su historia me hace acordar a la del Manco Arana que cantaba Mercedes Sosa. ¿Se acuerda la letra?
Le da duro el manco Arana,
cuando le sale un trabajo
y tan duro que parece,
que no le faltara un brazo.
Lo perdió en alguna zafra
en una mina o pialando
con el hambre en los talones
no lo perdió saludando.
Yo lo veo de mañana
con sus dos brazos abiertos
el izquierdo, nuevo y fresco
el derecho, un niño muerto.
Ramón no se llama Arana pero también es manco. Sin embargo a la hora del sacrificio y del esfuerzo, nadie se da cuenta. Rinde como el mejor. Pobre Ramón. Le falta un brazo. Pero es no es lo peor que le pasa. Lo más grave es que no sabe leer ni escribir. Jamás llegó ni un libro ni un guardapolvo blanco hasta la punta del cerro donde está su ranchito.
Y no saber leer ni escribir es como estar ciego. O transitar en la más terrible oscuridad. Por eso digo que alfabetizar es iluminar, dar a luz, parir un nuevo argentino y convertirlo en un ciudadano pleno. Porque Ramón, y todos los ramones del mundo son más vulnerables a las enfermedades, a la súper explotación, a la desocupación y al abuso de sus derechos humanos. Hay 758 millones de ramones adultos en todo el planeta. Es casi sinónimo de pobreza y subdesarrollo. En los países donde hay más analfabetos hay más miseria y marginalidad. Y esos hermanos están muy expuestos a los delincuentes que tratan de reclutarlos. Hablo de los ladrones y los narcos. Son el caldo de cultivo para las pandillas y la carne de cañón para la guerra. Un menú horroroso que podemos evitar educando, alfabetizando. Ayudando a que salgan de las tinieblas.
Alfabetizar es igualar oportunidades, incluir seres humanos, permitirles que ingresen al mundo y dejen de estar a la intemperie padeciendo todos los dolores.
La alfabetización emancipa. Los ayuda a liberarse de las cadenas, de ser el último orejón del tarro. Una persona alfabetizada gana en dignidad, es la base para que el entienda y nos podamos entender entre todos. Son los cimientos de un país mejor y de un mundo mejor.
Hoy es el día internacional de la alfabetización instaurado por la Unesco, cuyas siglas significan Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta vez su lema es: “Leyendo el pasado, escribiendo el futuro”.
Una persona alfabetizada puede ver más allá del horizonte. Integrarse y planificar su vida, capacitarse, seguir creciendo.
Y en los tiempos que corren también deben alfabetizarse en forma digital. No digo ser expertos en computación. Pero tener los mínimos conocimientos como para mandar mensajes y operar un teléfono celular. Creo que eso lo aprenden con facilidad. Aun los que hacen los trabajos más duros como los cartoneros andan con sus teléfonos y eso solo les mejora notablemente la vida cotidiana y los aleja de los peligros.
Hablar de alfabetización nos remite de manera automática a pensar en la educación.
Yo creo profundamente en la educación como el gran remedio de todos los males. Estoy convencido de que la educación es el más poderoso revolucionario que iguala oportunidades. Todas las plagas sociales tienen como primer enemigo la educación. Por eso admiro tanto a los maestros y a los alumnos. Por eso cada vez que me siento intoxicado por tanta mugre de la política o de la justicia, trató de buscar aire puro entre los guardapolvos de la docencia. Ese color blanco de los delantales es el color esperanza.
Supimos ser vanguardia educativa, ejemplo en el mundo y hoy somos retaguardia, ejemplo de lo que no se debe hacer.
Tenemos el calendario escolar para chicos que van a escuelas estatales más corto del planeta. ¿Escuchó bien? Nuestros hijos son los que menos días y horas de clase tienen. Los que padecen feriados extra large o ausentismo feroz entre docentes y también entre alumnos y paros que baten todos los records. No existen antecedentes de gremios docentes que hagan tantos días de huelga. Los resultados del plan Aprender 2016 confirman la hecatombe. El dolor expresado por el presidente Macri y los datos que ofreció en su momento el ministro Esteban Bullrich son demoledores. Desesperanzadores, diría. Le doy algunos datos duros.
La mitad de los chicos no comprenden textos ni logran resolver cálculos matemáticos simples. Estamos fabricando burros o chicos que no están capacitados para entrar en el mundo laboral.
El plan Maestro que anunciaron puede ser la viga maestra para edificar una nueva educación para los tiempos que vienen. Con excelencia y tecnología, con vocación y profesores bilingües, con la epopeya de parir una generación de argentinos que nos ayude a salir del pozo y nos siga generando prestigio internacional. ¿Hay algún grupo político que no quiera mejorar la calidad educativa de esos 3.300 colegios que más dificultades tienen y que mayor atención y ayuda necesitan? En esto si: todos unidos triunfaremos.
¿Quién se puede negar a que los docentes se capaciten y adquieran destrezas en informática e idiomas? Y que transmitan eso a sus alumnos. ¿Quién se puede negar a abrir los miles de jardines para la educación inicial que faltan? ¿Quién se puede negar a combatir el ausentismo y la repitencia?
Hay que revolucionar la educación. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Esa es la definición de la locura de Albert Einstein.
Todos queremos que los maestros ganen mucho más. Por supuesto. Estoy seguro que no es posible mejorar la educación con docentes mal pagos. Pero tampoco se puede capacitar a nuestros chicos con paros a cada rato y por cualquier cosa. Un paro docente tiene que obligar a reflexionar mucho tiempo antes de ser decretado. Porque 12 millones de alumnos en general y los más pobres en particular, son los más perjudicados. No se puede tomar a los chicos como botín de guerra. Cada vez hay más deserción. El chico que abandona la escuela empieza una carrera hacia el delito.
Primero alfabetizar, después completar la educación. Por ese camino seguro que vamos a buen puerto. Porque las letras para escribir y para leer iluminan el sendero. Nos llevan a una mejor Argentina. Y eso no es poco.
La falta de educación es la madre de todos los problemas, pero, además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel. Tenemos que convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Por la alfabetización diez. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene.

Un corazón para Justina – 7 de septiembre 2017

Justina está internada en la Fundación Favaloro. Está primera en la lista del Incucai porque necesita un corazón en forma urgente. Justina tiene la sonrisa y la mirada pícara de todas las nenas de 12 años. Una cardiopatía congénita le complicó su vida. Se la descubrieron al año y medio y desde entonces la vienen piloteando con atención rigurosa y medicamentos adecuados. Pero su ventrículo lastimado dijo basta. Tiene que ser trasplantada lo antes posible. Ella espera pero no desespera. Tiene una fuerza que apuntala a su familia. Tiene el corazón con agujeritos pero tiene un corazón así de grande. Solidario y bondadoso. Siempre me gusta decir que los únicos discapacitados que existen son aquellos que no tienen corazón.
Cuando Ezequiel Lo Cane, su padre, le explicó lo que estaba pasando Justina, no pensó en ella. Pensó en los demás. Con esa carita angelical que tiene lo miró y le dijo: “Papi, ayudemos a todos los que podamos”. Fue difícil para todos no llorar ante semejante entrega generosa. “Papi, ayudemos a todos los que podamos”, se transformó en el combustible de una campaña extraordinaria para fomentar la donación de órganos. Se llama “Multiplicar la vida por siete”. Es que cuando uno muere y dona sus órganos les puede prolongar la vida a siete personas. Y a veces a 9 o 10, porque hay tejidos que también pueden implantarse en otro ser humano y ayudarlo a que se aleje del abismo.
Justina recibe la visita de sus hermanos menores, de Ceferino de 8 y de Cipriano de 6. Y hablan de las cosas de la vida, de los chicos. De música, del colegio, de las compañeras que le mandan dibujitos. Uno que tiene pegado en su habitación muestra corazones concéntricos y multicolores que repiten la esperanza como un rezo laico: “Multiplicar la vida por siete”. Ese objetivo es el motor que todo lo mueve. Mientras tanto, Justina espera que le llegue el suyo. Por momento siente dolores de cabeza, náuseas y se descompone. Pero en la Fundación Favaloro la cuidan y la atienden con la excelencia y abnegación con que hacen todo lo que hacen.
El padre de Justina ya conoce del tema. Hace unos años, Ezequiel perdió a su padre y donaron los órganos. Comprendieron en el momento más terrible, cuando le anuncian la pérdida más dolorosa y se da cuenta que ya no podrá ver nunca más a su padre que lo va a llevar siempre en el recuerdo y que parte de su cuerpo va a estar dando vida en el de otro ser humano. Eso ayuda a elaborar el duelo. Da una paz espiritual impresionante.
Donar órganos es como sembrar mil esperanzas todos los días. Es la máxima solidaridad posible. Es la generosidad solidaria que se disemina en tierra fértil. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano. ¿A cuántos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás? Es ser solidario con nuestro propio cuerpo aún después de muerto. Dar hasta que duela como pedía la Madre Teresa. Es como arrebatarle un poco de vida a la muerte, como ganarle algunas batallas.
Muchas veces la gente tira para atrás por desconfianza. La comprendo pero no la justifico. Hemos sufrido tantos engaños y desilusiones desde las instituciones que todo nos despierta sospecha. Pero en el caso de la donación de órganos hay que confiar. Nunca, jamás, se comprobó un solo caso en el que haya ocurrido algo poco claro o reñido con la ética. Hay tanta leyenda urbana producto de la ignorancia que vale la pena repetirlo una y mil veces. No se registran hechos de corrupción ni de malversación y mucho menos de tráfico vinculado al trasplante de órganos. Esas historias inventadas nos hacen mucho mal como sociedad. A todos, porque todos podemos ser donantes y todos podemos necesitar que nos donen un órgano. Uno nunca sabe su destino. Nunca sabe de qué lado del trasplante puede estar. Es actuar en defensa propia. Le recuerdo que la evaluación de los doctores del INCUCAI es muy rigurosa para confirmar la muerte. La ley exige que dos médicos, un terapista y un neurólogo firmen el acta de defunción. Y se hacen dos exámenes separados por seis horas. Hacen falta más campañas de concientización hacia la sociedad y capacitación para los médicos. En este momento hay 7.910 personas en lista de espera. No son números de una planilla. Son hijos, padres, hermanos, novios, amantes, soñadores, tan argentinos como cualquiera de nosotros y esperan en la lista y desesperan en la angustia. La medicina avanza a pasos agigantados y los trasplantes son cada vez más frecuentes y exitosos en la Argentina pero en este bendito país los donantes no alcanzan. Hemos mejorado pero todavía falta. Según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) hay 2.800.000 donantes. En lo que va del año ya donaron efectivamente sus órganos 997 personas. Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen más y nos hagan mejores personas y mejores argentinos. No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano. Hay que iluminar la vida de los donantes con la posibilidad de dar a luz sin ser padre o madre. Dar a luz a otro ser humano sin parir pero dando vida. Suena maravilloso. Es una epopeya que salva la vida de nuestros semejantes. ¿Hay algo superior a eso?
A esta hora exactamente hay un donante en la calle. A esta ahora, la ternura de Justina está esperando su corazón para seguir creciendo. Es bueno viralizar la campaña de “multiplicar la vida por siete”. Eso que late en la patria no es otra cosa que nuestro corazón multiplicado. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. Quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. La gran Eladia nuestra que está en los cielos lo decía con toda luminosidad:
Eso de durar y transcurrir,
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo vivir,
que honrar la vida.
Donar órganos. Dar vida aún después de muertos es honrar la vida. Es multiplicarla por siete. Y ayudar a que Justina concrete sus sueños. La máxima solidaridad posible.

Esteche apuñalado – 6 de septiembre 2017

Me preocupa el intento de asesinato de Fernando Esteche. Fue atacado con piedras y facas tumberas por la tropa de Quebracho que lideraba hasta hace unos meses. ¿Se da cuenta de la locura de la que estamos hablando? Lo tiraron al suelo y le clavaron varios puntazos de hierros de 8 milímetros. Si no intervienen algunos manifestantes lo matan. No era la derecha oligárquica ni la dictadura macrista. Sus propios ex compañeros de militancia. ¿Si hacen eso con Esteche se imaginan lo que estos salvajes pueden hacer con un funcionario macrista si se lo cruzan por la calle? Dicen que se pelearon por los fondos que reciben.
La justicia de La Plata ya está investigando de hecho. Pero no solamente lo que caratularon tibiamente como “lesiones”. Hay que averiguar quién financia a estos cuchilleros. El propio Esteche dijo que es la legislatura de la Provincia de Buenos Aires. ¿Qué legislador? ¿Qué parte de la legislatura bonaerense les aporta dinero? Eso hay que investigar. Esteche no hizo la denuncia porque no cree en esta justicia y se fue a atender a una clínica de un médico adoptado casi como hijo por Hebe de Bonafini que también fue investigado por la compra de un sanatorio en Berisso, al parecer, con fondos de la Fundación de las Madres de Plaza de Mayo. No dejan nada limpio. ¿Todo lo ensucian y lo profanan?
Esteche definió a sus ex compañeros como “una pandilla de mercenarios que perdió el Norte”.
Le recuerdo que este “che” no es Guevara ni se llama Ernesto. Este “che” es Fernando y es un enemigo de la democracia, la república y la libertad. Usa barba y boinas pero sin las estrellas de cinco puntas. El año pasado hizo declaraciones claramente golpistas en las que prometió poner todos sus esfuerzos para derrocar al gobierno de Mauricio Macri.
Es cierto que todo fue muy bizarro porque lo hizo rodeado de Gabriel Mariotto y de Amado Boudou. El ex vice gobernador bonaerense, dice seguir las enseñanzas del Papa Francisco que no creo que avale una conspiración semejante. El ex vicepresidente, formado en las huestes del neoliberalismo de los Chicago Boys y los Alsogaray, es uno de los máximos delincuentes del gobierno anterior y cree que dejándose la barba se transforma en un guerrillero castrista que recién bajó de la Sierra Maestra. Es tragicómico porque Fernando Esteche cometió el sincericidio de decir todo lo que piensa con crudeza. Dijo que “Este gobierno va hacia una crisis segura, que ayudaremos a desatar. Es un gobierno que va a caer, y que vamos a ayudar a que se caiga, porque gobierna contra el pueblo. Por lo tanto, vamos a hacer lo posible por no dejarlos gobernar”.
El en ese momento líder de Quebracho, para no dejar dudas, agregó: “Vamos a provocar la crisis y construir la salida a esa crisis […] por eso estamos presentando una herramienta que no es sólo política-electoral, sino que será una herramienta de lucha y de organización popular”.
Del aquel nefasto acto participaron, uno de los ex jefes de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja y un antiguo colaborador de José López Rega y brazo político de la Triple A como Osvaldo Papaleo, y la hija de éste último, la actriz Carolina Papaleo. Dios los cría…una ensalada de todo lo peor de la política. Un torneo para ver quien tiene más desprestigio social.
Durante su discurso, Boudou reivindicó a la ex presidenta Cristina Kirchner”como la única líder de este espacio”. “Las medidas que este gobierno toma, son el germen de su propio fin. […] La crisis se irá profundizando, ya que la inflación no será menor al 50 por ciento. […] Cuando ganemos en las próximas elecciones, vamos a volver acá para elegir quiénes de ustedes van a formar parte del gobierno, porque se acaban los gobiernos de los doctores, y vienen los gobiernos del pueblo”, clamó.
Fueron realmente graves las amenazas destituyentes del comandante Fernando Esteche. Hoy estamos viendo sus consecuencias. La secta de Quebracho, es experta en bombas molotov, en formaciones y escuadrones castrenses para desfilar por las calles con palos, cadenas y capuchas y en arrojar baldosas a todos los que no piensen como él. Y ahora, en facas.
Esteche ya estuvo preso en dos ocasiones. Primero en la cárcel de Caseros por destrozos y por portación ilegal de armas. Después en el penal de Ezeiza durante un año y medio y fue liberado en forma condicional después de haber perdido 19 kilos durante una huelga de hambre de 43 días. Había sido condenado a casi 4 años por haber incendiado la casa de Neuquén en la ciudad de Buenos Aires en una de las cientos de acciones intimidatorias y violentas a las que nos tiene acostumbrado.
Es Doctor en Comunicación Social y la decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, la hiperkirchnerista Florencia Saintout lo designó profesor titular de la Cátedra de Relaciones Internacionales. En uno de sus despachos tiene colgados en la pared los retratos que lo retratan ideológicamente. Conviven allí el Ayatola Ruhollah Jomeini, Hugo Chavez, Evo Morales y Fidel Castro. Ahora se proclama seguidor de Cristina y no oculta sus viajes a Irán y ni la defensa que hizo siempre junto a Luis D’Elía del régimen de Ahmadineyad que negaba el holocausto, de profunda raíz antisemita y violador de los derechos humanos y con una fuerte carga homofóbica. Dio clases en una universidad cercana a Teherán y no hay situación en la que no exprese su amistad con Mosshen Rabbani uno de los iraníes prófugos acusado de organizar el atentado criminal contra la sede de la AMIA. De hecho el fiscal Alberto Nisman lo había acusado de encubrimiento de esos terroristas junto a Cristina, Héctor Timerman y D’Elía entre otros kirchneristas. En aquel momento circuló una escucha telefónica donde se decía que el tenebroso pacto con Irán reconocía como antecedentes un texto escrito por Esteche seis años antes.
Como puede verse estamos hablando de un todo terreno del fundamentalismo.
Se arroga la representación del pueblo y es incapaz de ganar una elección a concejal o en un centro de estudiantes.
Pero el infantilismo ultraizquierdista no entiende razones. Se ven a sí mismo como la vanguardia iluminada y por eso pueden caer en alucinaciones insurreccionales. Por eso hay que encender una luz de alerta. Es cierto que son un grupito de poca inserción territorial y de nulo peso electoral. Son lumpenes del dogmatismo, pero tienen extrañas relaciones con brigadas de los servicios de inteligencia y alta capacidad de daño. De hecho su cómplice, D’Elía hace 10 años y por televisión lo acusó de haber trabajado un tiempo en la SIDE.
Su deporte preferido es quemar banderas de los Estados Unidos frente a la embajada de Israel. Tiene el record en estos últimos 12 años. Eso es básicamente: un provocador violento que sabe dónde empieza pero no se sabe dónde termina. En su delirio Esteche cree que la violencia es la partera de la historia y que el poder nace del fusil. Ha dicho que “la única civilización posible es la barbarie. Yo creo en eso para espanto de los pacatos”. Mucha sangre y dolor causó ese pensamiento irracional en esta Argentina. Muchos jóvenes fueron arrojados a la muerte. Sería bueno que todos tomemos cartas en el asunto y se enciendan las luces de alerta. Nadie quiere más suicidas ni criminales. Hay que defender la paz social que es un activo de todos. Las banderas de la paz, la justicia y la democracia tienen que flamear por encima de todos los violentos y los golpistas. Como Esteche, y los que intentaron asesinar a Esteche.