La venganza de Cristina – 2 de diciembre 2019

Cristina, parafraseando a Fidel Castro, terminó su largo discurso diciendo: “La historia me absolvió y me absolverá. A ustedes, la historia los condenará”. Así culminó el alegato de defensa que el comandante de la revolución cubana y luego dictador, pronunció al final del juicio de 1953 por el asalto al cuartel Moncada del 26 de julio por el que fue condenado a 15 años de prisión por los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista.
Los jueces le preguntaron a Cristina si iba a responder preguntas y redobló su apuesta amenazante y altanera: “Ustedes son los que van a tener que responder preguntas. Seguro que ya tienen la condena escrita”.
Cristina confirmó de esta manera que es la comandante de la contraofensiva y del Frente para la Venganza. Hasta ahora dejó que hablaran en su defensa desde el Papa Francisco hasta Alberto Fernández pasando por su mayordomo Oscar Parrilli al que suele llamar cariñosamente “pelotudo”. Todos respaldaron esa teoría absolutamente mentirosa de que ella es una perseguida política. Hasta ahora, Cristina había hablado poco y nada. Pero se topó con un hecho inédito en la historia argentina. Por primera vez alguien dos veces ex presidenta y actual vice presidenta electa, tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados para dar explicaciones por una mega causa de corrupción. Ella no está acusada de un delito menor. No es que cruzó un semáforo en rojo. Está acusada de liderar una asociación ilícita dedicada a saquear al estado con sobre precios en las obras públicas que entregó a Lázaro Báez para que retornaran convertidos en coimas monumentales que la enriquecieron ilícitamente. A ella y a su familia. A ella y al cartel de los Pingüinos, gerenciados por Julio de Vido, José López y Roberto Baratta quienes fueron los autores materiales de esta estafa descomunal.
¿Qué hizo Cristina? Quiso decirlo por televisión en vivo y en directo pero como los jueces no aceptaron ese capricho fuera del reglamento, apeló a canales de televisión amigos que reprodujeron lo que transmitían los monitores instalados en la sala de prensa.
¿Respondió con datos y documentos algunas de las acusaciones? De ninguna manera. ¿Aportó alguna prueba concreta de lo que dijo? Nada. Solo un panfleto político en el que demostró que cree en sus propias mentiras. El viejo truco de decir que ella es una líder popular y que al igual que ocurrió con Lula y Evo, como no pueden derrotarla en las elecciones, armaron un plan sistemático para perseguirla. ¿Quiénes ordenaron ese ataque? Sin que se le cayera la cara de vergüenza, Cristina responsabilizó al presidente Mauricio Macri, a los jueces y a los medios hegemónicos. Una falsedad más grande que la Patagonia. La causa está llena de pruebas, documentos, testimonios, cruces telefónicos que confirman las acusaciones. Es insólito que ella diga que nunca robó un peso con todas las causas y procesamientos que tiene. Pero Cristina es una especialista en poner cara de piedra y disfrazar de persecusión su plan sistemático para robar. Dice que Macri lideró el ataque contra ella para ocultar la crisis económica. Y que la mesa judicial del gobierno de Cambiemos “decidía quien iba preso y quien no y que empresario había que apretar”. Raro que ninguno denunció semejante cosa.
Cristina de esta manera puso en marcha la primera parte de su contraofensiva por la venganza. Primero, niega todo, dice que son inventos de los medios, arenga a su gente y hará todo lo posible dentro y fuera de la ley para voltear a los jueces que se atrevieron a buscar la verdad. Para eso lo tiene a su lugarteniente revanchista, a Carlos Zannini que va a ser nada menos que el jefe de todos los abogados del estado. Su misión será liberar a todos los presos políticos como le llaman ellos o “arbitrarios”, como dice Alberto y empujar todas las acusaciones que se han hecho sobre el presidente saliente, Mauricio Macri.
La segunda etapa es llevar a los tribunales a los magistrados y a los periodistas que investigaron y tratar de meterlos presos. Que truene el escarmiento, dice Cristina en la intimidad. Es mentira que existe semejante conspiración. Pero como ella se auto convenció que es cierto, el siguiente paso es llevar a la cárcel a los que se complotaron contra ella. Es un intento de intimidar a la justicia y al periodismo. Someterlos a la pasividad y la autocensura. Hacerles sentir en el cuerpo quien tiene el poder ahora. Cristina quiere pasar de acusada a acusadora. Del banquillo de los acusados al estrado de los acusadores. De sentirse perseguida quiere pasar a perseguir. Es el rencor el que guía la sed de venganza. El revanchismo es su principal objetivo. Dice que la causa está armada. Nada más lejos de la realidad. Dicen que la quisieron demonizar. Que la descalificaron y la difamaron en vivo y en directo por la televisión. Por eso creo que va a poner toda su energía y su poder para que Claudio Bonadío, Jorge Lanata o Diego Cabot, entre otros ocupan las celdas de Julio de Vido, José López y Lázaro Báez. El reino del revés: los honestos a prisión y los corruptos a la calle. El retroceso histórico será tremendo. Mucha gente bajará los brazos porque sentirá que no hay justicia en la Argentina. Muchos tendrán miedo de investigar a Cristina y su banda. La grieta de credibilidad que hay con la justicia se va a multiplicar.
Habló en tribunales con enojo, ironía, agresividad y gestos ampulosos. Miró a los tres jueces de frente y les recordó la causa de Dolores y dijo que Germán Garavano le escribió el guión al arrepentido Leonardo Fariña. Está acusada de las peores corrupciones y sin embargo, está dictando cátedra.
El Papa Francisco y Eugenio Raúl Zaffaroni vienen sosteniendo lo mismo desde hace un tiempo. Parece mentira que solo vean a líderes populares en lugar de ladrones seriales y autoritarios.
Oscar Parrilli fue más allá y pidió la libertad de todos los presos políticos porque según dijo, todos son perseguidos. Igual que Cristina.
Alberto Fernández también dijo que no había ninguna prueba contra Cristina. Y exigió que suelten a todos los presos que no tienen condena firme. El actual ministro de Justicia dijo que eso era una presión intolerable a los jueces.
¿Qué otra cosa puede decir?
Y Alberto, además de torear a varios periodistas durante todo este tiempo, ahora en una actitud amenazante y patotera se tiró contra Hugo Alconada Mon del diario La Nación. En tuitter dijo que no iba a soportar en silencio la difamación hecha invocando hacer periodismo”. Pero fue más a fondo cuando aseguró que en la Argentina que viene, “se van a acabar los operadores judiciales y mediáticos y los jueces y los fiscales que operan para poderes mediáticos, corporativos o políticos sin impartir justicia como deben. Sabélo, Hugo Alconada”.
Terrible. Igual que Néstor en su momento. Tirándole encima a un cronista con todo el poder y la investidura de un presidente. En las redes, Alberto tuvo mucho apoyo de los K y un tuit de Nancy Duplaa con varios emoticones de fuerza. Todos le decían, muy bien Alberto, no te calles, seguí pegando. Pocos críticos lograron meter baza. Uno se preguntó: ¿Cómo se van a acabar esos operadores? ¿Con patotas, tiros o con persecución judicial a la libertad de expresión?
Veremos.
¿Qué grave pecado había cometido Alconada, definido la semana pasada como un gran periodista por Rafael Bielsa? Reveló que en Bahía Blanca se dirime una de las investigaciones más sensibles para Lázaro. Habla de la usina gigante de facturas truchas. Alconada vincula ese delito con un colaborador de Alberto y se pregunta sobre el tráfico de influencias en la causa que se encaminaba hacia los procesamientos.
Estamos ante una Cristina recargada que volvió con todo y viene por todo. Les dio un salvoconducto a plazo fijo a todos para ganar la elección, pero ahora les cierra la puerta a los gobernadores y la gente de Sergio Massa. El veto de Cristina es implacable. Varias cabezas moderadas de Alberto fueron cortadas por su guillotina. La última etapa es limpiar todo tipo de causas a los k y si pueden colonizar a la justicia y a los medios de una vez y para siempre.
Hebe de Bonafini propuso apoderarse de los medios de comunicación y le disparó a quien era jefe de Prensa de Massa. Quieren un comisario político hecho y derecho en el Enacom. Alguien que discipline a los periodistas.
Entramos en una etapa inédita. Un régimen vice presidencialista como dijo sabiamente Daniel Sabsay. Nunca un vicepresidente tuvo más poder que el presidente. El experimento es peligroso institucionalmente. Y ya se puso en marcha junto con el contraataque de la venganza.

Día del Sida homicida – 29 de noviembre 2019

Pobre José del Barrio. Pobre José…
Que historia tremenda su historia. José del Barrio tiene encima y carga sobre su espalda los dos virus más terribles del fin de siglo. El virus del VIH y el virus de la desocupación. Así de terrible.
Son como dos grandes terremotos en la vida de José del Barrio que hasta no hace mucho era una vida sencilla, de luchas y alegrías como la de cualquier obrero gráfico.
José hacía 12 años que trabajaba en el taller de esa editorial. Diarios, revistas, afiches, el olor a tinta, el ruido de las máquinas, la guillotina que corta el papel, la pausa del mediodía para comprar 100 de mortadela, 100 de queso, dos panes y una Coca familiar.
La vida de José del Barrio tenía su eje de dignidad y orgullo en el trabajo. José conocía como pocos el arte de la impresión. Hacía chistes: “Yo siempre causo buena impresión”. Durante los almuerzos, cuando sus compañeros sentados en la vereda del sol lo elogiaban, el hacía una pausa y con tono canchero decía: “Y… son años”. Esa especie de sensibilidad para saber la medida exacta de la tinta, ese tacto increíble que calculaba el gramaje del papel con solo acariciarlo un instante:” Y es oficio”, repetía José orgulloso de su orgullo.
Un día maldito José se hizo un examen de rutina y apareció el virus. Se quedó frío. Paralizado. Inmediatamente se acordó de ese fin de semana que pasó en el Tigre con Alberto, meta y ponga, cargados de pasión y besos. Inmediatamente se acordó también de cuando ambos se reían como chicos traviesos cuando en realidad estaban merodeado el suicido: ninguna usaba forro. Ninguno se cuidaba. Se sentían felices e invencibles. Estaban tan enamorados que decían que nada les podía pasar. La soberbia y la omnipotencia de la edad los había traicionado con un puñal en la espalda.
Aquel día cuando recibió el resultado, José del Barrio lloró como un chico. Se odiaba, se maldecía, se preguntaba cómo había podido ser tan boludo.
Lo más grave fue lo de un médico hijo de mala madre, uno de los pocos que existen. Delante de su jefe en la imprenta le dijo que estaba infectado por el virus del SIDA. Y ahí mismo empezó su lucha por la vida y contra la muerte civil.
Silenciosamente la discriminación se agazapó para el tiro del final. En forma sigilosa, los dueños de la editorial le fueron otorgando licencias una y otra vez a José de Barrio. Lo fueron marginando de su trabajo, del eje alrededor del cual giraba su vida y su orgullo. Un día lo echaron como a un perro. No le permitieron sentir nunca más el aroma de la tinta ni el gramaje del papel, ni el viento de la guillotina cuando baja veloz implacable. En pocos días se olvidó de ese ruido estremecedor de las máquinas cuando escupen diarios por miles.
José soñaba con la reincorporación. Presentaba los certificados del alta médica que le habían dado los infectólogos que lo trataban, pero… nada. Por hache o por be, José del Barrio nunca pudo volver a trabajar.
La empresa pagó con gusto la indemnización legal pero condenó a José al destierro. A la muerte civil. A ser un desocupado, un desaparecido de estos tiempos. Si el trabajo dignifica, la desocupación deprime e invisibiliza.
Se buscó un abogado del barrio y se enteró que en agosto de 1995, el juzgado nacional de primera instancia en lo civil Nro 43 a cargo del juez Roberto Beatti dictó sentencia favorable en un caso muy parecido al de él. Aquella fue la primera sentencia que en la Argentina reconoció una indemnización por daño moral y discriminación. El fallo del juez Roberto Beatti fue un fallo que dignificó al ser humano. En sus fundamentos considera que la discriminación es un daño a la integridad humana. Dice, sabio, que el daño provocado por el aislamiento y la marginación repercute directamente en el estado inmunológico de la persona discriminada. El magistrado no tuvo vergüenza en meterse con los sentimientos, con los dolores del alma. Dijo en su escrito que “ semejante castigo, a José le provocó padecimientos, una lesión a sus afecciones íntimas, dolor, y angustias sobre la posibilidad de encontrar otro empleo.
Ya pasó mucho tiempo de aquel fallo ejemplar. Y la ignorancia, el prejuicio y la desinformación siguen siendo enemigos letales, a veces, más destructivos que el sida homicida.
El arma contra esa discriminación la tenemos los docentes, los curas, los periodistas, los artistas, todos los que tenemos un lugar para comunicarnos, un púlpito desde donde hablar y dar información. Esa arma es la que estoy disparando ahora. Tiro data, precisiones que destruyen prejuicios y fantasmas. Para eso también sirve el periodismo. Para dinamitar la ignorancia. Para informar y formar. Porque el que ignora, además de ignorante, discrimina lo que no conoce. Teme al vacío y a lo desconocido. La información rigurosa es el arma más poderosa que tenemos en la lucha contra el SIDA. Y se lo digo hoy porque este domingo es el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA. Está comprobado que la ametralladora informativa sirve para asesinar al virus asesino. Es así: más información menos casos.
Por eso creo que hay que decir con todas las letras y con el lenguaje de la calle que a esta altura de la muerte no se puede ser tan forro de no usar forro. Le estoy hablando del preservativo, del profiláctico o como usted prefiera llamarlo. Y que los que tienen el drama de ser drogadictos no deben aumentar su riesgo de muerte compartiendo jeringas o agujas.
Le doy algunos datos duros.
Si bien no existe cura para el VIH, existe un tratamiento llamado Tratamiento Antirretroviral Altamente Activo que consiste en una combinación de diferentes medicamentos que cumplen distintas funciones. Se conoce también como “cóctel” debido a la gran cantidad de pastillas diferentes que se requerían al inicio de la epidemia. Con el tiempo y gracias a la investigación, estos tratamientos se fueron simplificando y actualmente contamos con esquemas con muchos menos comprimidos, muy efectivos y seguros. Inclusive, una pastilla por día puede combinar varios fármacos con mejor eficacia que los primeros cócteles.
El tratamiento evita la replicación del VIH. No cura la infección, pero evita que el virus se multiplique y que destruya las defensas del cuerpo. El tratamiento es crónico, es decir que una vez que se empieza es necesario tomarlo todos los días, toda la vida. Si el tratamiento se mantiene de forma correcta en el tiempo, las personas con VIH tienen una calidad y expectativa de vida similar a quienes no tienen el virus.
Deben saber que el test es rápido y gratis. En 20 minutos te dan el resultado. Y que la educación sexual en los colegios y en las familias es fundamental. El virus se ensaña con las defensas del organismo. Y 1.500 personas por año mueren de enfermedades relacionadas con el SIDA. Todo eso hay que saber. Y que tomar mate no contagia. Ni besarse ni compartir la pileta de natación o el banco de la escuela. Ni la picadura de un mosquito. Hay que terminar con el estigma. Con tres pastillas por día el enfermo puede mantener una vida absolutamente normal y formar pareja como cualquier hijo de vecino.
La ciencia ya pudo controlar el virus y detener la expansión de la epidemia. Pero todavía los genios están trabajando para concretar el sueño de la vacuna preventiva como la que liquidó la polio o la viruela. Falta poco pero todavía falta. Cuando llegue ese día José del Barrio será reivindicado después de tanto sufrimiento. Hace muchos años hubo una campaña que me pareció de las mejores y que ahora me sirve para rematar esta columna. Era un aviso a toda página del diario que decía: “hoy es el día del niño. El día del padre. El día del maestro. El día del locutor. El día del tío. El día de la abuela, el día del dentista, el día del almacenero. El día del inmigrante. Y así seguía. Hasta que al final decía: 1ro de diciembre. Día Mundial de la Lucha contra el Sida.
El domingo es tu día.

Chavismo K recargado – 28 de noviembre 2019

¿Vuelven mejores o peores? Esa pregunta ya tiene respuesta: vuelven más chavistas que nunca. Por eso para mi humilde opinión, vuelven mucho peores. Vuelve el chavismo recargado apoyado en la idea de que en más de 12 años, fueron demasiados blandos o que respetaron demasiado las reglas de la democracia. Esa es la lectura de Cristina y de Máximo, los principales accionistas de una empresa familiar que se cree dueña del estado argentino y que tiene un administrador que se llama Alberto Fernández.
Algunos codiciosos y ansiosos interesados o demasiado buenudos, se tragaron la píldora de que Alberto, el bueno, venía a ponerle límites a Cristina, la mala. Que Alberto, el capitalista moderado, iba a acotar los despropósitos y los caprichos autoritarios de Cristina, la bolivariana. Pero esto duró apenas un par de semanas.
La realidad está llena de confirmaciones de que Alberto, si tiene suerte, será apenas un testaferro político de la exitosa abogada que nunca ganó un juicio, pero lo perdió varias veces. Alberto estará en el gobierno, por ahora, y Cristina estará en el poder. Es el nefasto operativo de pinzas del peronismo, en el que todos los argentinos quedamos atrapados varias veces pero que, en los 70, tuvo un pico de sangre y metralla que terminó con crímenes del terrorismo foquista y genocidio del terrorismo de estado.
No digo que vaya a ocurrir lo mismo. Ojalá esta batalla entre los presuntos racionales y los irracionales, solamente se libre en el campo del pensamiento. Ojalá.
Los datos claves que consolidan el desembarco del chavismo recargado son muchos. Pero veamos los más importantes. Cristina decidió todo lo más importante y le dejó a Alberto casi las minucias administrativas. La decisión clave y ciertamente exitosa, la tomó ella. Con su dedo mágico eligió a Alberto como candidato y ahora hizo malabares tozudos para ser ella la que le tome juramento en el Congreso. Fue ella la que puso los diputados y los senadores. La que tocó con la varita mágica a Axel Kicillof para que sea gobernador de la provincia y fue ella, la que le autorizó parte del gabinete que diseñó Alberto.
Fue ella la que le tendió una emboscada en su departamento de la Recoleta y lo recibió con Máximo y Wado, que son los verdaderos lugartenientes de Cristina. Ese es el triángulo del poder. Cristina, Máximo y Wado. Alberto es el delegado de ellos en el gobierno.
La otra señal demoledora fue instalar a Carlos Zannini, el más radicalizado del grupo como jefe de todos los abogados. Ese lugar será estratégico para evitar que Cristina tenga algún problema en la justicia y para fomentar que Macri tenga que recorrer los tribunales con cien causas. El Chino será el ministro de la venganza. No es necesario que se llame así y se conocerá como Procurador del Tesoro.
Hay otro dato que no es menor. Decían que los gobernadores iban a cogobernar con Alberto. Pero no pudieron mojar el pancito en ningún plato. En el gabinete no tienen a nadie. El Congreso, ya fue blindado y alambrado por Cristina. Ni Claudia Abdala de Zamora como presidenta provisional del senado, ni José Mayans como jefe del bloque unificado, representan a los gobernadores albertistas. La santiagueña, esposa de Gerardo Zamora, es más cristinista que Cristina y el formoseño, sigue el mismo camino de la mano de su jefe el señor feudal, Gildo Insfran. En diputados, directamente se instaló la dinastía. Máximo será el capo de todos los futuros oficialistas y Alberto ya se encargó de decir que sería un gran candidato a presidente en el 2023.
Pero hay cuestiones simbólicas que también pesan mucho en el relato del kirchnerismo. Por eso ni Horacio González ni Juan Grabois son personajes secundarios de este sainete.
El ex director de la Biblioteca Nacional fue designado para pronunciar el discurso de apertura de la Feria del Libro. Será el 30 de abril del 2020. Es ensayista, sociólogo, columnista de Página 12 y ex comandante de “Carta Abierta”, conocida por sus detractores como “Sobre Cerrado”. En síntesis, González es un pura sangre K. Un sachet de populismo del siglo XXI. Y tal vez sea el intelectual más formado de ese espacio.
Pero los últimos momentos de gloria, marcan su nivel de autoritarismo. Hace poco fue el encargado de poner en palabras lo que piensa el núcleo duro K y dijo que había que “reivindicar la guerrilla de los 70” y bastante antes fue el vocero del grupo de censuradores que intentó evitar que Mario Vargas Llosa, pronunciara el mismo discurso que González va a pronunciar en la próxima edición de la feria. Sus argumentos para silenciar al único premio nobel vivo Latinoamericano fueron un delirio jurásico. En su carta a los organizadores acusó a Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región. Les recuerdo que Vargas Llosa es un defensor a ultranza de la libertad y se opone a todos los dictadores de izquierda y de derecha.
Horacio González se cree parte de una vanguardia iluminada pero es un reaccionario con impronta stalinista.
De hecho ni a él ni a la mayoría del kirchnerismo/ peronismo se les conoce alguna crítica a los narcos tiranos que hoy sojuzgan a Venezuela y a Nicaragua. Pero a los encargados de marcar el rumbo del cristinismo que vuelve al poder, les interesa entre otras locuras “valorar positivamente la guerrilla de los 70” para que escape un poco de los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable”. Es textual de Horacio González que además, definió a Alberto Fernández como un conservador progresista y denunció que “la derecha salvaje en la Argentina se expresa a través de las editoriales del diario La Nación”. Propuso reescribir la historia, discutir en serio la Ley de Medios y “no abandonar la idea de Cooke, que sería como abandonar el peronismo”. John William Cooke fue un ícono del dogmatismo de la izquierda peronista porque dijo “soy marxista y por lo tanto soy peronista”.
Estas son las propuestas más graves que se han hecho. Reforma Agraria, cambiar la Constitución, Conadep del periodismo, auditar el trabajo de la prensa, revisar los costos y los márgenes de ganancia de las empresas y copar los centros comerciales y los barrios privados son solo aproximaciones al tema principal: glorificar la lucha armada.
La Fundación del Libro, cooptada casi en su totalidad por el clientelismo K que a varias editoriales le compraba toda su producción, debe estar satisfecha. González es su nave insignia y encima la ciudad invitada en esta ocasión será La Habana. Bingo revolucionario.
Alberto, el presidente de Cristina, dijo en su momento que a Juan Grabois lo “valora” mucho porque es “un hombre que ha dedicado su vida a ocuparse de los que menos tienen” aunque, aclaró que no “comparte muchos de sus métodos y su léxico”.
Hebe de Bonafini piensa todo lo contrario. En declaraciones radiales caracterizó a Grabois como “un caradura y un tipo bastante desagradable. No me gustan las personas que tienen clientes en lugar de compañeros. Muchas veces la gente, no sabe para va a las marchas. Se preguntan entre ellas y al final, reciben una bolsa de comida”. Cuando los periodistas simpatizantes de Hebe le recordaron que Grabois era amigo de Cristina, ella contestó que no le interesaba, que no juzgaba a las personas por “las relaciones que tienen”.
Sus últimas apariciones estelares fueron de alto impacto.
Así fue como en su momento rodearon varios countries en la provincia de Buenos Aires o entraron a los empujones a la playa de estacionamiento de Canal 13 y TN. Siempre con un discurso de lucha de clases que no va en línea con la alianza de clases que promueve el peronismo históricamente.
En estas horas, Grabois le respondió a Dardo Chiesa, el titular de Confederaciones Rurales Argentinas que había dicho que no iban a aceptar un aumento del porcentaje de las retenciones al campo. Prometió incluso que si eso llegara a ocurrir, “van a desenchufar la máquina de producir”.
Grabois lo cruzó con toda energía. Le contestó que ellos tampoco iban a aceptar que “un tercio de la población viva en la miseria y un puñado se enriquezca con los bienes naturales en forma excluyente e insustentable”. Quiso sumar a Chiesa en su cruzada contra
“los gordos de la SRA y las transnacionales que solo buscan sus propios intereses”. Dice que no tienen problemas con los chacareros, pero si con “esos monstruos multinacionales, los semilleros, las cerealeras y los grandes terratenientes. Son los que miran de arriba a los chacareros y se tapan la nariz cuando pasan por el Jockey Club”.
Está claro que Grabois del campo moderno, de la agroindustria de punta, de la revolución verde de las pampas, del sector más competitivo de la argentina no sabe ni entiende nada. Se quedó congelado en la ideología jurásica de los 70, como en tantos otros temas.
Cristina, Máximo, Zannini, Horacio González y Juan Grabois, entre muchos otros, son eslabones de una misma cadena opresiva y reaccionaria: el chavismo K que parece que vuelve recargado. Ojalá me equivoque.