Viva la radio – 24 de agosto 2018

El lunes, la radio cumple 98 años. Y esta querida radio Mitre cumplió 93 la semana pasada. ¿Qué me cuenta? Yo estaré de vacaciones y si usted me permite le quiero rendir hoy mi humilde homenaje con esta columna. El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primera internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el real audio o en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Dana, Emanuel, Lucas, el gran Bonello, Gaspar, Oscar Ruiz siempre con ganas y Juan Pablo. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana, Juan, Nacho, Andy y sus twiters y la mirada sabia de Marta Lamas. Paula, Lucas e incluso celebramos que Marina, la hija del Chaucha Bianco, uno de los más grandes productores de radio que conocí, hoy juegue en este equipo.
¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si tiene 98 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, instagram o Facebook, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Ni siquiera es televisión pero sin imagen. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen… pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Magdaena Ruiz Guiñazú o Marcelo Bonelli. La radio es Longobardi y Lanata. Nico Wiñasky y su viejo. Mi hijo Diego y María Isabel con Rolo, y Tato con Guido y las recetas de sabiduría del doctor Lopez Rosetti o Cormillot. La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de Natalia López, Andres Estévez Mirson, Marcela Labarca o Mariel Di Lenarda. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi, Federico Andahazi y Sergio Gendler. La radio es mi amigo Jorge Fernández Díaz sembrando literatura y coraje por las noches. La radio sube desde el pié y baja la escalera con Corda, Porta y Valeri.
La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
El lunes se cumplen 98 años del nacimiento de la radio en el teatro Coliseo de Buenos Aires con la música de Parsifal y los locos de la azotea.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.

Celebrar a Borges – 23 de agosto 2018

Vamos a seguir de cerca toda la información pestilente de arrepentidos, ladrones de estado y allanamientos de las casas de Cristina, la jefa de la asociación ilícita.
Vamos a seguir todas las noticias nauseabundas pero necesarias que están generando una refundación de la ética republicana en nuestro país.
Pero permítame que hoy, por un rato y mientras todo eso está ocurriendo con la mujer más corrupta de la historia argentina, le hable del hombre más brillante de la literatura de nuestro país y de los alrededores del idioma español. Es que mañana cumpliría años Jorge Luis Borges.
Fue el que revolucionó el lenguaje, el que lo reinventó. El erudito que supo multiplicar en espejos las paradojas y descifrar los sueños. Le digo más todavía. Creo que Borges es un patrimonio nacional que hay que preservar y difundir por los siglos de los siglos, amén.
Todavía no hemos conocido ni reconocido en toda su dimensión a quien sentenció: “Nadie es la patria pero todos lo somos”. Parece mágico o mentira que hoy existan científicos, físicos matemáticos cuánticos que encuentran en sus ficciones elementos reales para investigar. Borges soñaba y escribía con idéntica rigurosidad.
Pero con la misma sinceridad, también le quiero decir que su genio literario no tiene que ocultar al ciudadano reaccionario y elitista que con sus acciones y omisiones expresó siempre su simpatía hacia todas las dictaduras que padecimos los argentinos y de otros dinosaurios como Augusto Pinochet. Tal vez por eso nunca ganó el premio Nobel cosa que seguramente le importó muy poco. Creo que la única verdad es la realidad aunque duela.
Y sé que esto genera polémica y críticas de ambos lados. Me parece estar escuchando algunos oyentes que me dicen.., “Pero Leuco, ¿en qué quedamos?, usted lo llama genio y reaccionario… al final ¿Lo ama o lo rechaza? “¿Quiere que le diga la verdad? La dos cosas. Lo amo y lo rechazo. Amo a ese talento que escribió El Aleph o el Hombre de la Esquina Rosada, por ejemplo. O al que fue capaz de concentrar la belleza en pocas palabras diciendo que “no los une el amor sino el espanto” Eso es lo que amo de Borges: su literatura.
Rechazo a ese reaccionario que se sentó a la mesa de Videla, el más grande genocida que tuvo la Argentina y lo caracterizó como un caballero. O al que fue capaz de recibir una condecoración de las manos ensangrentadas de Pinochet. Eso es lo que rechazo de Borges: su estupidez.
Pero creo que una cosa no invalida la otra.
Me joden aquellos adoradores de su pluma que tratan de minimizar las atrocidades que apoyó con la excusa de la ironía. Eran cosas que decía para provocar, argumentan…Puede ser… digo yo. Pero hay cosas terribles como la muerte masiva con las que no se juega ni se ironiza. Aunque seas Borges.
Solo sé que son su prestigio pudo haber ayudado mucho a las víctimas y sin embargo ayudó a los victimarios. Y eso no es poco.
Recién en 1981, Borges salió de ese laberinto en el que se había metido y tuvo el coraje orillero de poner su firma en la primera solicitada de Las Madres de Plaza de Mayo. Para algunos fue demasiado tarde para lágrimas. Y para otros, nunca es tarde cuando la dicha es buena.
Borges tuvo una fugaz admiración por la revolución Rusa y hasta le escribió una módica oda. Después se sintió un tiempo anarquista tal vez en homenaje a Evaristo Carriego, un gran amigo de su padre que lo introdujo en el mundo de los guapos y los puñales.
Después, los jardines se bifurcaron y cada vez fue más reaccionario y mejor escritor. Tuvo palabras terribles para los negros del mundo sobre todo si eran peronistas. Al Martin Fierro lo llamó siciliano rencoroso. Definió al colectivo como un vehículo lleno de chinches y sirvientas. Tuvo una batalla cuerpo a cuerpo con el peronismo que se multiplicó cuando le mojaron la oreja y lo convirtieron en inspector de ferias municipales. Entre Borges y Perón hubo una lucha cultural feroz. Borges prologó a Arturo Jauretche que después forjó Forja pero que nunca le perdonó su antiperonismo y lo inmortalizó como profeta del odio.
Borges podría haber gritado: “Libros si, alpargatas, no”. Es que Borges vio en las grandes concentraciones lo vulgar, la barbarie, la ausencia de inteligencia pese a que en su juventud fue parte del comité yrigoyenista de intelectuales jóvenes con Carlos Mastronardi, Leopoldo Marechal, los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón. Fue su momento más democrático. Después se paró en la vereda lúcida, paqueta y elitista de Florida y humilló a los escritores del grupo de Boedo a los que llamó “poetas del mal humor obrero”. Se estaba refiriendo a Alvaro Yunque, César Tiempo, Elías Castelnuovo, Roberto Artl y Leónidas Barletta, entre otros que pusieron sus letras al servicio de la lucha social. No lo conmovieron ni las semanas trágicas ni las patagonias rebeldes. Ignoraba a los obreros y como buen erudito, odiaba todo lo que ignoraba, tal como dijo Pedro Orgambide.
Santiago Kovadloff, (cuando no), aportó un par de genialidades al respecto. Dijo que Borges es nuestro Shakespeare y que “le infundió a la lengua una originalidad léxica que nunca fue amanerada y siempre poderosamente original”.
Me joden aquellos enemigos de sus posturas políticas despreciables que tratan de minimizar sus cuentos o sus poemas con la idea de que alguien que no defiende la vida no puede construir belleza. Puede ser, digo yo. Pero no es el caso de Borges que dijo monstruosidades pero escribió montañas de palabras que asociadas eran un placer para la estética y una perfección para el lenguaje. Es así, amigo oyente. Borges, como si tuviera las dos caras de la Argentina demuestra, entre otras cosas, que es imposible pensar siempre en términos dicotómicos, en blanco y negro.
En la vida y en el arte hay malos no tan malos y buenos no tan buenos. Se puede seguir siendo una persona democrática disfrutando de Borges, se lo aseguro. Se puede seguir siendo un admirador de sus ficciones criticando a Borges, se lo aseguro. Está claro que su obra fue muy superior a su persona si es que esto es divisible. Sus textos quedaron en la historia y su postura política se transformó apenas en caricatura. Despreció la realidad y esa fue su principal virtud a la hora de escribir y ese fue su principal defecto a la hora de vivir. No siempre la justicia y la belleza van de la mano. En este caso la moneda tiene dos caras antagónicas. Genio y reaccionario. Ángel y demonio. Una cosa no invalida la otra. Un hombre para no olvidar nunca.
Un grande entre los grandes para amar y rechazar con toda intensidad. Con toda la pasión de ser tan argentino, como Jacinto Chiclana:
Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra.
Nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera
y aquella muerte casual
en una esquina cualquiera.
¿Sabe que pasa señor oyente? Siempre el coraje es mejor. La esperanza nunca es vana. Vaya entonces esta columna para Jorge Luis Borges, el que hizo magia con las palabras.

La multitud contra Cristina – 22 de agosto 2018

Cristina estuvo en todos los cantitos y en todas las pancartas de esa verdadera marea humana que rodeó al Congreso de la Nación. Que vaya presa. Que devuelva la plata que robó ella y sus cómplices. Que se haga cargo de los bolsos llenos y de las heladeras vacías. Todas esas exigencias fueron el contenido de la multitudinaria concentración de anoche. Hubo mucha gente que salió a la calle a gritar su bronca porque está absolutamente harta de los ladrones de estado. Quien quiera oír que oiga. Ese terremoto ciudadano pacífico que se expresó en forma espontánea se replicó a la largo y a lo ancho de la Argentina, sobre todo en los grandes centros urbanos. Cuando la gente común, independiente, decente, sale de su casa y pone el cuerpo sin que nadie los lleve de las narices, el escenario político se modifica. Ninguna concentración semejante es inocua o neutra. Muestra un estado de cosas, un clima, un grado de participación democrática superior a los mensajes por las radios, a los posteos en las redes sociales o a las quejas de entrecasa. Ejercer la democracia a fondo no es solamente votar y listo. Esa es una parte importantísima pero solo una parte. Si los argentinos queremos tener un país más igualitario que extirpe para siempre a los corruptos y a los golpistas hay que hacerse cargo y poner un granito de arena. Aumentar el grado de compromiso. Y cada vez que el pueblo se expresa masiva y libremente como ocurrió anoche hay ganadores y perdedores. Una persona va al espacio público a criticar a alguien o a respaldar valores. A todas luces la gran perdedora de la jornada de ayer fue la ex presidenta Cristina. Insisto: así como todos los bolsos de la corrupción eran para ella, todos los reclamos de anoche, también eran para ella. La gente no es tonta. Se da cuenta que los que saquearon e incendiaron la argentina ahora se ofrecen como bomberos. Y rechaza esa posibilidad. Quiere justicia. Sabe que si no hay justicia no hay futuro ni República posible. Cristina fue la gran derrotada porque además le salió el tiro por la culata en su intento de hacerse la graciosa y ponerle condiciones al juez Claudio Bonadío. Cristina es la gran derrotada porque José López, la mano derecha de Julio de Vido, involucró en su declaración a Néstor y Cristina pero también a Máximo. Estaba cantado que el comandante en jefe de La Cámpora también recibía las valijas con dinero sucio e ilegal. Y parte de eso era para el estado mayor camporista y parte era para su bolsillo. Hijo de Tigre. Aprendió de su padre a quedarse con los dineros públicos.
Digo que a Cristina le salió el tiro por la culata porque el juez Bonadio rechazó de plano, como corresponde, cualquier tipo de exigencias y condicionamientos para hacer los allanamientos a los tres domicilios y al despacho de senadora por la minoría que ella tiene en Parlamento. Veremos que hace el Senado en general y los justicialistas en particular. ¿Aceptarán incluir en su permiso para el allanamiento el pliego de condiciones de Cristina o votarán lo que el juez está pidiendo hacer más de 20 días? ¿Desde cuándo una senadora le pone condiciones a un juez federal? Es una medida de prueba que debe realizarse con toda libertad. No existe la monarquía en la Argentina. Por ahora la reina Cristina es una plebeya más, una ciudadana de a pié igual ante la ley como somos todos nosotros. Y debe someterse a esa ley. Lo que pasa que los Kirchner están acostumbrados a no acatar los fallos. Manejaron la justicia durante tanto tiempo que todavía se creen propietarios de los tribunales. No respetaron ni los fallos de la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo en el caso del procurador Eduardo Sosa. La Corte les ordenó reponerlo en el cargo y se pasaron esa orden ya sabe por dónde.
Por supuesto que no van a encontrar nada comprometedor en los domicilios de la patrona del mal. Pero es un pasito más para medir el deterioro de su poder. Es un elemento para estudiar que puede pasar si el juez Bonadio la procesa y pide el desafuero para mandarla la cárcel con prisión preventiva. ¿Otra vez el Senado va a rechazar ese desafuero? Estamos hablando de una señora acusada de ser la jefa de una asociación ilícita que organizó el mecanismo de recaudación ilegal más grande el mundo y que saqueó al estado para enriquecerse en forma colosal. Ella y su familia. Ella y sus cómplices.
Al final de su escrito, Cristina intenta hacerse la graciosa y manejar la ironía pero se entierra mucho más todavía. Dice que si en sus domicilios encuentran millones de dólares, lingotes de oro o piedras preciosas los autoriza a que se los lleven. Tragicómico. Primero que ya encontraron millones de dólares doctora. Su hija que nunca trabajó tenía en su caja de seguridad del banco 5 millones de dólares termosellados. ¿De dónde sacó eso? ¿Usted se lo regaló para el cumpleaños? ¿La hizo cómplice del ocultamiento del dinero robado a todos los argentinos? La justicia lo dirá. Lingotes de oro por ahora no se encontraron pero yo no descarto nada por el nivel de codicia y avaricia que demostró el matrimonio Kirchner. Y de piedras preciosas y joyas no le convenía hablar, doctora. ¿Quién la asesora? ¿Parrilitudo? Hay una causa en la justicia que inició la valiente diputada Graciela Ocaña respecto de sus joyas dignas de una princesa o de una esposa de un jeque árabe. Aros, pulseras, collares y relojes de oro y brillantes, de diseño y marcas carísimas que cuestan fortunas. La revista Noticias denunció esto con 200 fotos donde se las veía exhibiendo estos lujos. Ocaña se preguntó varias cosas. ¿Por qué no declaró esas joyas en su patrimonio? ¿Cuándo las compró? Tiene facturas de esas operaciones. Las pagó en blanco o se las regalaron. ¿Quién se las regaló en ese caso?
Cristina, tan coqueta ella, tuvo que esconder esas joyas de valor incalculable y no las usó nunca más. No se sabe dónde están. Se esfumaron en el aire. Sería muy pertinente indagar a Cristina también sobre este tema.
La ironía que quiso manejar fue un búmeran. Pobre Cristina, no acierta una. Y mucha gente ya se alejó de ella por el maltrato y el desagradecimiento al que los somete. Claudio Uberti contó que no solo Néstor era de insultar y pegar cachetazos y patadas a sus colaboradores. Dice que Cristina también era una gran maltratadora con la gente que la rodeaba. A los empleados de gobierno no les permitía que la miraran a los ojos y dice Uberti que agredía con insultos especialmente a las mujeres. Igual que Milagro Sala. Se venden como defensoras del género y en contra de la violencia pero han humillado a muchas mujeres que temblaban antes su presencia. José López se cansó de que Cristina diga que lo odia. Insisto con lo que le dije: durante 27 años ese ingeniero les llevó cataratas de dinero ilegal. Cometió delitos en forma serial para enriquecer a los Kirchner y ahora no le tiran ni un centro. Cristina no emitió ni un tuit en defensa de la banda que trabajó para ella. Hay 13 funcionarios de Julio de Vido que están presos. Su vicepresidente está preso. Su jefe del Ejército, está preso. Su contador, está preso. Sus socios Lázaro y Cristóbal están presos. Y ella ni siquiera tiene el mínimo gesto solidario y humano de acercarles aliento o solidaridad. Cristina se quiere salvar sola. Pero sus cómplices no lo van a permitir. Repito lo que dijo el filósofo Rolando Ernesto Villar: Ella no quiso entregar la banda pero la banda la entregó a ella.
Ayer pasó algo muy importante en la Argentina que dignifica el coraje de sus ciudadanos. Fueron a poner el pecho y el grito para tener un país más honrado y ético. Y lo hicieron solitos, huérfanos de los partidos políticos y casi a pesar del gobierno de Mauricio Macri. Cristina fue la gran derrotada. Y ganaron los argentinos honrados. Fue un paso más contra la impunidad. Un paso más contra los corruptos y los golpistas. La esperanza anduvo paseando por las calles de las ciudades. Viva la esperanza.