El Papa y el hombre – 24 de enero 2018

Quiero creer que dentro de la investidura del Papa conviven dos personas. Por un lado el señor Jorge Bergoglio y por el otro, Francisco, el santo padre. Ambos tienen la misma formación y origen intelectual, pero cada uno, responde a una pasión diferente aunque habiten dentro de un cuerpo que es indivisible.
Por un lado está el señor Bergoglio, que en su juventud soñaba con ser Perón, formateado en la forja ortodoxa y rígidamente justicialista de Guardia de Hierro.
Por el otro lado está Francisco, el Sumo Pontífice, educado en la excelencia y el sacrificio de los jesuitas que soñaba con llegar a Papa para honrar mejor al Dios de los pobres.
Por eso digo que si el Papa fuera candidato a presidente del Planeta, yo lo votaría. Por su preocupación permanente por los que más sufren más necesitan, por los refugiados y los perseguidos del mundo. Por su inagotable vocación de apostar a la convivencia inter religiosa y a la paz en el mundo y por su combate contra los corruptos de la banca vaticana y los abusadores sexuales que ensuciaron a la iglesia. Ese es el hombre religioso, espiritual, absolutamente incuestionable por lo menos para mí que no soy un experto en las cuestiones no terrenales.
De la misma forma digo que si el señor Bergoglio fuera candidato a presidente en la Argentina, no lo votaría. Porque tiene todos los vicios de la corporación peronista. Apuesta al verticalismo poco cuestionador, protege o por lo menos no condena ni aparta de sus fotos a corruptos hechos y derechos como Omar “El Caballo” Suárez y Milagro Sala. Además, el señor Bergloglio camina a la par de populistas jurásicos y resentidos como Juan Grabois, Hebe Bonafini y siguen las firmas. Como si esto fuera poco, tiene un proyecto economico setentista que condena a los empresarios aunque sean decentes y fuente de progreso.
Esto que trato de describir con respeto pero con una mirada crítica y sin autocensurarme, me parece que explica muchos de los conflictos que se han presentado con el Papa y su relación con Argentina y los argentinos.
Está claro que al señor Bergoglio no le gustó que ganara Mauricio Macri acá ni Sebastián Piñera en Chile. Tiene cierta lógica. Lo que no se puede comprender bajo ningún punto de vista es que haya creído que si ganaba Daniel Scioli las cosas hubieran sido mejor para los pobres. Hubiera sido un caos absoluto y un descalabro para un peronismo que es responsable con Menem y los Kirchner del 30% de la pobreza y de la falta de productividad y de inversión en nuestro país.
Estoy convencido de que Bergoglio ayudó a que ganara María Eugenia Vidal a quien quiere y respeta. Y que colaboró para hundir a Aníbal Fernández a quien sataniza y lo vincula con el narcotráfico y la violencia.
Muchas veces el necesario ecumenismo y prudencia de Francisco se deja ganar por el ADN del sectarismo del señor Bergoglio. Y mueve las piezas de los gestos con tolerancia cero hacia el presidente Macri y excesiva comprensión y apoyo a los que lo combaten en todas sus formas. Es la única forma de comprender esas señales nefastas de celebrar y bendecir a corruptos comprobados o patoteros ideológicos como el Caballo Suárez, Milagro Sala, Hebe de Bonafini, Guillermo Moreno o Juan Grabois. Lo de Chile fue el colmo: recibió como una excepción a Grabois para lo que tuvo que demorar su agenda protocolar, pero no se hizo tiempo para darle la mano al embajador argentino, José Octavio Bordón, ejemplo de un peronista de origen al que podría calificarse actualmente como un social cristiano respetable y respetado, sin una sola mácula en la foja de servicios de su ética.
Le recuerdo que Grabois dijo que Macri tiene un vicio que es la violencia y sus posturas públicas y aliados, siempre están más cerca de Cristina y el chavismo aunque proclame su independencia partidaria. De hecho apoya a Milagro Sala y la defiende sin reparar en sus actitudes extorsivas, mafiosas, corruptas y de gran violencia de género sobre humildes mujeres jujeñas. De hecho ignora e intenta minimizar la gravedad de la acción de los anarquistas y extremistas que se escudan en el pueblo Mapuche para cometer todo tipo de atentados. Y esto en Chile quedó como una gran contradicción. El Papa fue repudiado por los sectores más sectarios y agresivos de los mapuches, quemaron iglesias y helicópteros en contra del Papa. Francisco fue muy claro en su rechazo absoluto a toda forma de violencia.
Pero Grabois dice que en Argentina eso no existe pese a que claramente es un problema y encima, banca a Jones Huala el delincuente al que pronto extraditarán de nuestro país porque lo requiere la justicia chilena de Bachellet, no la de Sebastián Piñera.
Yo sé que el Papa respeta y valora a los dirigentes de Cambiemos que le ponen el cuerpo a la lucha contra la pobreza desde que militaban en los grupos católicos de base. Hablo de María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti, Carolina Stanley y Esteban Bullrich entre otros. Ninguno de ellos aprovecha esos encuentros para chapear con la foto y hacer política. Sin embargo el Papa no teme ser usado por Cristina, el Cuervo Larroque o el mismísimo Carlos Menem.
Lo único que me preocupa es que la Iglesia argentina, hoy copada en su dirigencia por la línea de Bergoglio empieza a utilizar algunos mecanismos oscurantistas como culpabilizar a los medios de comunicación de una presunta campaña contra el Santo Padre.
Eso no existe. Muchos como en mi caso, registramos una creciente desilusión con varias actitudes del Papa que católicos y creyentes convencidos y gente que ama al Papa no se puede explicar. Por ejemplo, que no haya venido a la Argentina y que con una frialdad pinguina haya enviado un telegrama escrito en inglés, protocolar hasta la exasperación y carente de afecto.
Y el debate público refleja esta realidad. Es cierto, como dice Julio Bárbaro, que el Papa es la personalidad mundial más respetada, admirada y con mejor imagen. Y que eso lo tenemos que valorar históricamente como compatriotas. Pero en Argentina, metió la cola el señor Bergoglio y sus manejos políticos y eso irrita a mucha gente. Ambas cosas son ciertas. Sería maravilloso que el Papa imaginara y protagonizara algún acontecimiento de acercamiento y diálogo entre los argentinos. Que fijara una línea de comportamiento para extirpar el cáncer del odio y sembrar nuevamente el amor fraternal entre todos los habitantes del suelo patrio. Yo sé que no es fácil. Es casi un milagro y por eso se lo pido al Papa. Y que el señor Bergoglio comprenda que no es bueno para el Papa Francisco que se pare de un lado de la grieta y se coloque una de las camisetas. El Papa, por definición, es de todos los creyentes. De todas las ideologías. Es Pontífice, como su nombre lo indica, porque es un puente de acercamiento para promover la convivencia pacífica y la lucha contra las injusticias.
El señor Jorge Bergoglio quisiera venir a la Argentina para ayudar a la reconstrucción del peronismo del futuro que apueste a la justicia social, al trabajo y el techo para todos y que abandone, de una vez por todas, su impronta autoritaria y expulse del templo a los mercaderes de la corrupción.
Pero el Papa Francisco no quiere venir a la Argentina porque teme que esa grieta que instaló Cristina, este odio diseminado por las venas abiertas de la Argentina, se traslade a una pelea feroz entre hermanos con su figura como botín de guerra.
Tal vez es una expresión de deseo. Tal vez estoy equivocado. Pero quiero creer que dentro de la investidura papal conviven el señor Bergoglio y Francisco y que eso nos ayuda a entender muchas contradicciones.
Al Papa le tengo respeto y admiración. Y me inclino ante su tarea titánica en favor de los que menos tienen y de la paz universal. A Bergoglio lo critico desde la política porque él se mete en la política. Pongo el grito en el cielo.
Rezo por el Papa aunque no sepa rezar. Ruego que su mirada planetaria no se achique en las internas partidarias.
Que el Papa sea Papa. Eso lo pone por encima de todos. Que el Papa no sea un militante político. Eso lo hace bajar al barro.
Esa es mi gran ilusión. Por el bien de todos. Y el mal de ninguno.

Spinetta, el marcapiel – 23 de enero 2018

Un día como hoy pero de 1950 nacía Luis Alberto Spinetta. Hoy sería el cumpleaños del flaco eterno que estas en los cielos, santificado sea tu nombre. Muchos de sus amigos lo van a festejar de la mejor manera: tocando su música en un recital bajo la dirección de Javier Malosetti.
El recital será en el Patio del Centro Cultural Konex que supo inaugurar Spinetta y contará con la participación de un seleccionado de artistas, entre otros, de Emilio del Guercio que fue su bajista en Almendra y de David Lebón que cumplió el mismo rol pero en Pescado Rabioso. Flotará en el aire libre el espíritu de El Marcapiel, que en 1988 en el trabajo “Tester de violencia”, nos marcó a fuego el cerebro con ese compromiso de que “todo lo daría/ todo, menos el sol/ Solo quiero sentir la enseñanza/ que da tu amor”.
Uno de los regalos va a ser la reedición de aquel primer álbum de “Los Socios del Desierto”, acompañado de un libro de fotos inéditas de Eduardo Martí, conocido como Dylan, fotógrafo personal de Spinetta, amigo de fierro y padre de Emmanuel Horvilleur, el 50 % de Illya Kuryaki con Dante Spinetta, la prolongación creativa de la sangre. Hoy es imposible pensar que aquel disco se grabó en 1995 y recién se editó dos años después porque para las discográficas no era negocio publicar 33 obras del genio de la guitarra y la poesía del rock nacional.
Me gustaría repetir que después de tanta mugre y corrupción conviene abrir las ventanas de nuestras cabezas y dejar que ingrese la luz y el viento fresco de la esperanza. Respirar un poco después de tanta podredumbre. Recordar una excelente noticia que nos ayudó en su momento. ¿Se acuerda?: por votación de los vecinos, el paso bajo a nivel de Avenida Congreso en el cruce con las vías del ferrocarril Mitre fue bautizado “Luis Alberto Spinetta”. Un homenaje de los vecinos de Villa Urquiza a un vecino ilustre que hasta su productora llamada “La Diosa Salvaje” había instalado en la Iberá al 500. Barrio, barrio, como le gustaba decir al flaco. Barrio de medialunas casi caseras en los boliches, de árboles añosos que respiran ecología y salud. Hoy hay un mural extraordinario en la pared del túnel con la tapa de 30 trabajos musicales de Spinetta. Alegran la vista, celebran la vida. No me arrepiento de haber seguido minuto a minuto las noticias de los corruptos que envenenan la democracia. Pero también creo que hay que buscar un pulmón que nos saque de la asfixia.
Ese pulmón creativo se llama Luis Alberto Spinetta. Hoy, el día de su cumpleaños es el día del músico argentino. Está todo dicho.
Ya se lo conté alguna vez. Yo era un chico de la música comercial de Palito, el Club del Clan y los demás hasta que un compañero del secundario, el loco Bernabeu, me dijo: ”escucha esto, boludo. Avivate”. Era aquel disco entrañable de Almendra con la lágrima y la sopapa en la tapa. Esa lágrima que hoy es un emblema de lo que sentimos. Por esa puerta de Almendra entré a la música progresiva, descubrí a Manal y a Los Gatos. No sabía que estaba asistiendo a un parto de la historia porque estaba naciendo el rock nacional.
Extrañamos tanto al flaco. Flaco, flaquito tu falta nos descoloca, nos hace tambalear. Es que fuiste un cimiento de mi generación. En tus letras nos hicimos adictos a la poesía y al contenido.
Flaco, flaquito, muchacho ojos de papel, quédate hasta el alba. Me aprendí de memoria aquellas canciones. Me hicieron más culto, más feliz, me dieron mejores herramientas para levantar minas y barricadas en la universidad de los 70. Me lucía recitando a Neruda o a Tejada pero también citando el simbolismo de Rimbaud o el teatro de la crueldad de Antonin Artaud al que convertiste en la obra maestra del nuestro rock. Elevaste a la música popular a aquel poeta maldito y eso que eras un pibe de 23 años entusiasmado con la primavera camporista de Perón y del Tío. Y eso que el militantismo cerrado de la época asociaba el rock con una expresión del imperialismo yanky. Yo jugaba al seductor cantando pícaro y pornográfico, susurrando al oído a las muchachas que me gusta ese tajo y realmente me gustaba. Descubrimos un mundo de belleza, un yacimiento de estética y de ética. Porque seguramente ese es tu legado: se puede ser Gardel sin participar del show frívolo de la figuración y el caretaje. A lo mejor fuiste un poco menos notorio pero mucho más notable. Creciste con nosotros pero nunca quisiste sentar cabeza. Ni transar. Obsesivo hasta el martirio, mortificado por todos los dolores. Siempre el perfil bajo, siempre lejos de las luces de la de la falsedad. Fuiste un gigante amasado con ética y estética.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Odio ese cigarrillo que te asesinó. Ese océano de tabaco en donde te ahogaste igual que Sandro. Yo se que a esta hora Ana no duerme preocupada por Fermín. Que Foucault no tiene quien le escriba. Confieso que después de Pescado Rabioso, en algún momento te me fuiste haciendo Invisible. Empecé a perderte por culpa de mis dogmas blindados. Pero te recuperé cuando Charly rezó por vos. Siempre jugando el Superclásico de las antinomias argentinas. ¿Charly o Spinetta? Los dos, carajo. ¿Desde cuándo hay que elegir entre dos genios?
Creo que hubo una despedida en un estadio y no nos dimos cuenta. En la cancha de Vélez tocaste hasta que te sangraron los dedos. Ese recital interminable hasta el amanecer en comunidad. Estabas alegre, incansable, rodeado de la multitud y de tus amigos. No se terminaba nunca. “No te mueras nunca”, te gritaban los muchachos.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Fuiste la conciencia crítica del rock. Una suerte de guía espiritual por los caminos de la honradez. La última vez te ví, estabas poniendo el cuerpo solidario como siempre. Con los padres y las madres y los hermanos de los que murieron en la tragedia del colegio Ecos al que fue tu hija Vera. Empujando siempre. Poniendo tu nombre para convocar más y mejor. Usando tu chapa para los demás. Para calmar en algo si eso es posible a los padres del desgarro. Hasta en el comunicado donde confirmaste que el cáncer te estaba acorralando aprovechaste para decir que pertenecías a la agrupación “Conduciendo a conciencia” y rogaste que en las fiestas no chupara el que tenía que manejar.
Se quedaron con nosotros para consolarnos Litto Nebbia y Moris y te esperan para una gran zapada Pappo y Tanguito. Nosotros no tenemos consuelo, Flaco, flaquito. No nos queda otra que cantar en voz baja, que despedirte con una plegaria, como si fueras un niño dormido que quizás tenga flores en su ombligo.
Flaco flaquito, gracias por ayudarnos a respirar en momentos de tanta contaminación. Quizás te sientas gorrión esta vez, o tus dedos se vuelvan pan, barcos de papel sin altamar. Flaco flaquito, que nadie te despierte, que te dejen seguir soñando en libertad.
Que hoy tu cumpleaños sea una fiesta del talento y la cultura. Que todos tus amigos se toquen el corazón cuando toquen tus canciones. Flaco, flaquito. Nos marcaste a fuego en la identidad. Nos marcaste la piel para siempre.

El golpismo de Zaffaroni – 22 de enero 2018

Le digo con toda franqueza: no me sorprende el golpismo de Zaffaroni.
El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, con su cara dura como la piedra, confesó que quiere que el gobierno de Macri se vaya lo antes posible y vaticinó que “vienen tiempos de violencia extrema”. En su incontinencia oral, el jefe de asesores legales de Cristina confirmó su vocación autoritaria y antidemocrática. El primer delito que cometió fue el sincericidio. Es una vergüenza y un papelón internacional para todos los argentinos que semejante personaje nos represente en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Yo le digo que no me sorprende su golpismo porque el que ya lo hizo una vez, lo puede hacer de nuevo.
El presuntamente prestigioso doctor Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ya tuvo relaciones carnales con dos dictaduras y jamás se le escuchó una sola crítica a su compañero de militancia cristinista, el general Cesar Milani que hoy está preso por violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de estado de Videla y su banda y por enriquecimiento ilícito.
Por eso no me canso de hacerle algunas preguntas inquietantes como esta. Doctor Zaffaroni:
– ¿Qué espera para renunciar como integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos? Sus compañeros deberían saber que usted fue juez y juró por los estatutos de dos dictaduras a falta de una y que una de ellas fue el más feroz genocidio perpetrado por Videla y sus cómplices.
– ¿Es cierto que durante el terrorismo de estado usted no le dio lugar a ninguno de los 120 habeas corpus sobre detenidos desaparecidos que pasaron por su despacho y que por el contrario redactó un manual militar en el que justificaba los golpe de estado y en el que discriminaba a los homosexuales para que no fueran parte del Ejército?
-¿ Podría confirmar si las Madres de Plaza de Mayo encabezadas por Hebe de Bonafini hace un tiempo lo definieron como «juez de la patria» porque milita para el kirchnerismo pero antes lo habían incluido en una lista de 437 jueces que colaboraron con la dictadura militar? No mienta, doctor. Mire que tenemos el recorte de aquella solicitada.
Zaffaroni que desde hace un tiempo se hace el revolucionario calificó al gobierno democrático actual como un
“totalitarismo corporativo que es una nueva fase del colonialismo”.
Hubo una rápida reacción institucional. El titular de la cartera de Justicia, Germán Garavano le exigió a Zaffaroni que renuncie a su cargo internacional y la encargada de la seguridad del estado, Patricia Bullrich lo descalificó a Zaffaroni lisa y llanamente como “golpista” por proponer que se corte la vida normal de la democracia que son las elecciones.
El doctor Guillermo Lipera, presidente del colegio de abogados hará una presentación para que Zaffaroni sea removido del cargo por carecer de autoridad moral y de la imparcialidad que reclaman los reglamentos de la Corte de Derechos Humanos.
El doctor Santiago Dupuy denunció a Zaffaroni por incitación a la violencia colectiva y apología del crimen.
No me sorprende el golpismo de Zaffaroni. Fue el autor ideológico de una solicitada que firmaron hace poco decenas de cristinistas fanáticos donde aseguran “que la república cruje y la democracia y el pluralismo están en peligro”.
Es el mismo Zaffaroni que defiende a la dictadura chavista venezolana al igual que la mayoría de los firmantes de ese panfleto. Y hablan de pluralismo y república los que nos llevaron al lado de Cuba, Venezuela e Irán y los que manejaron el país con un autoritarismo feroz, con el Congreso reducido a la servidumbre, con la justicia colonizada y con un oligopolio de medios de comunicación que se la pasaron atacando opositores y periodistas independiente y chupándole las medias a Cristina y su banda que se dedicó a saquear al estado como definió el fiscal Pollicita.
Zaffaroni se llena la boca hablando de los pobres y en contra de los ricos y cobra una jubilación de privilegio de casi 400 mil pesos por mes pese a que ya era un hombre de fortuna.
En aquella solicitada, Zaffaroni tuvo la complicidad de Estela Carlotto que hace tiempo abandonó toda idea de autonomía y se entregó por entera a la militancia cristinista. Dijo la titular de Abuelas que “Si pudimos con Videla, vamos a poder con Macri”. Es como decir que 10 millones de argentinos votaron a un genocida. ¿Creerá eso de verdad? ¿O es la desesperación por ver como se caen a pedazos las mentiras de la cleptocracia pinguina a la que tanto aportó ella y Hebe de Bonafini? Todavía tienen que pedir disculpas por instalar frases mentirosas como “que devuelvan los nietos” y “la gendarmería mató y desapareció a Santiago Maldonado”.
Pero lo más aberrante de Zaffaroni, que tiene una vida y una trayectoria repleta de hechos aberrantes, es su autoría ideológica del sistema que premia a los victimarios de delitos y castiga doblemente a las víctimas y a sus familiares.
Y siguen las preguntas inquietantes.
Doctor Zaffaroni:
-¿Cuanta verdad hay en esa información que afirma que usted calificó a Néstor Kirchner de nazi de la Patagonia por violar la división de poderes en Santa Cruz y que luego se hizo amigo del presidente, de la presidenta Cristina pero sobre todo de su vice presidente Amado Boudou a quien invitó a su cumpleaños y justificó en sus delitos?
-¿Se puede estar en la Corte Interamericana pese a que hay fallos suyos denigrantes de la condición humana y decididamente inmorales y humillantes para las víctimas? Hablo del fallo Tiraboschi donde usted minimizó la violación de una nenita porque fue realizada con la luz apagada y porque no fue penetración sino sexo oral al que fue obligada la chiquita? Al imponer la pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor”.
-¿No tiene ninguna responsabilidad además de haber pagado la multa correspondiente por haber alquilado sus departamentos para que en 5 de ellos se ejerciera la prostitución? ¿No cree que sus excusas fueron poco creíbles cuando señaló que fue su amigo íntimo el que administraba esos departamentos y que usted no conocía a los inquilinos?
– ¿Sintió vergüenza cuando fue al Senado de la Nación a defender su nominación y se descubrió que no había pagado 94 aportes previsionales del Registro de Trabajadores Autónomos, según la AFIP y que había omitido bienes y cuentas bancarias en el exterior en su declaración jurada?
– ¿Cree de verdad que se puede construir una sociedad democrática con vigencia plena de los derechos humanos y la paz con premios y sin ningún castigo? ¿El abolicionismo no nos lleva a la primitiva ley de la selva?
No se asuste doctor Zaffaroni. No haré más preguntas. Sé que nunca le gustaron los medios de comunicación críticos. Alguna vez hasta los responsabilizó por multiplicar noticias policiales en algo que usted definió como terrorismo mediático.
Está claro que usted es el Víctor Hugo Morales del derecho. Comparan este gobierno con una dictadura y desayunan bronce. Pero son personas sin vergüenza. Y sin moral. Tristes títeres de Cristina.