Le confieso que estoy un poco intoxicado de tanto ladrón y delincuente de estado. Todos los días el tsunami que la justicia desató sobre el sistema de corrupción kirchnerista es positivo porque mete presos a malandras que se robaron los dineros que el pueblo más pobre tanto necesita. Eso es una bocanada de aire fresco. Nos reconcilia con la democracia y la división de poderes republicana. De todos modos, salta tanta mugre y basura, que me produce cierta repugnancia. Asco diría yo. Cuando me pasa eso, siempre se lo cuento, voy corriendo a buscar un ejemplo contrario. Algún funcionario honesto y eficiente, un prócer, alguien que nos reconcilie con la condición de ser argentinos y que nos haga sentir orgullosos. La contracara de Julio de Vido y Cristina, por ejemplo.
Y lo encontré en las efemérides. Un día como hoy el doctor Luis Federico Leloir recibía el Premio Nobel de Química. Estamos hablando de un hombre íntegro, que es mucho más que alguien honesto. Leloir era íntegramente integro. Con gente como él y su recuerdo deberíamos integrar una especie de seleccionado nacional que nos sirva como ejemplo para construir un país cada día más íntegro, con ciudadanos íntegros que arrojen como consecuencia inevitable, gobiernos íntegros.
Con perdón por el abuso del juego de palabras le digo que ser íntegros es ser virtuosos, decentes y honrados. Pero además es alguien que tiene actitudes irreprochables, una rectitud casi religiosa, una ética a prueba de todo.
Asi fueron el doctor Arturo Illia, el querido René Favaloro y, entre otros Luis Federico Leloir.
Hace 47 años, Leloir estaba en la sala de conciertos de Estocolmo y el rey de Suecia le entregaba el galardón con más prestigio del mundo.
De entrada, permítame que le cuente una anécdota que siempre cuento sobre mi admirado Leloir. Creo que lo pinta de cuerpo entero. Lo pinta como lo que fue: un hombre íntegro.
Escuche, por favor. Le va a levantar el ánimo frente a tanta podredumbre que robó a cuatro manos los dineros públicos.
Escuche, lo que ocurrió con este patriota que ojalá nos sirviera de molde para fabricar las nuevas generaciones.
Un día, una señora muy aseñorada, una médica con la nariz excesivamente hacia arriba, entró al laboratorio y vio a un hombre de guardapolvo gris tirado en el suelo, pintando unas maderas. Creyó que se trataba de un ordenanza y le pidió con cierto aire de altanería que por favor le anunciara al doctor Leloir que había llegado la doctora fulana de tal.
– Mucho gusto, doctora. Yo soy Leloir, encantado. ¿En qué puedo servirle?, le dijo mientras se incorporaba aquel hombre de guardapolvo gris, manos limpias, corazón generoso y cerebro privilegiado.
Era tanta la generosidad y la falta de egoísmo de Leloir que durante mucho tiempo después de su muerte, en el Instituto que lleva su nombre, siguieron descubriendo becas o suscripciones a revistas científicas que él había pagado de su bolsillo sin decirle nada a nadie.
Leloir donó sus sueldos y todos sus premios. Repartió el Premio Nobel, lo compartió como el pan con sus compañeros. La mitad para seguir investigando en el instituto y el resto entre sus colaboradores. Nunca buscó la fortuna ni la gloria fácil. Fue un ejemplo de superación y sacrificio, de búsqueda de la excelencia. Jamás le interesó ser un figuretti ni ostentar nada. Fue una suerte de sumo sacerdote de la ciencia y de la ética pero que tenía una capacidad de comunicación con la gente y un sentido del humor maravilloso. Entendía la ciencia como un instrumento muy valioso para la transformación y el crecimiento social. No como un artículo de lujo o como una medalla frívola para colgarse en el pecho.
Leloir nació francés pero creció y vivió argentino. Fue parido en Paris de pura casualidad. Sus padres habían viajado a dar a luz a la ciudad luz porque su madre tuvo que someterse a una compleja intervención quirúrgica. ¿Lo habrá marcado esto para convertirse en médico más adelante? Era el más chico de los nueve hermanos y ya se destacaba en el colegio primario del estado y por eso en un par de años hizo lo que a los demás les llevaba el doble de tiempo. Fue un Nobel discípulo de otro Nobel. De Bernardo Houssay en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina que él dirigía. Como investigador se perfeccionó en Inglaterra y Estados Unidos y en 1947, comenzó a trabajar en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar donde luego fue nombrado director.
Hoy podría decir el diario no hablaba de ti, porque casi no sale una línea en ningún lado. Fue el tercer argentino en ser honrado con el Nobel. Su descubrimiento de los nucleótidos, azúcares y su papel en la biosíntesis de los hidratos de carbono lo llevaron a esa cumbre mundial.
Voy a intentar ser didáctico y explicarlo en la forma más sencilla posible. Trabajó en el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa y devuelve glucógeno, llamado biosíntesis de polisacáridos. Al año siguiente fue designado presidente honorario del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Leloir siempre se escapó de la notoriedad de las conferencias y los discursos. Tenía la misma humildad de su amigo René Favaloro, con el que trabajó durante años con muchísima afinidad.
Leloir era feroz con su ironía. Varias veces a la hora de agradecer una distinción de las miles que recibió decía: “desearía conseguir un buen laboratorio en lugar de tantos actos y honores”. Una vez frente a una nube de periodistas que lo acosaban por una declaración los paró en seco y les dijo:
– Está bien… voy a hablar. ¿Pero puedo preguntar primero yo? ¿Sí? ¿Cuándo creen ustedes que recuperaré la tranquilidad y la paz que necesito para trabajar?
Si solía disfrutar de la charla con sus compañeros de trabajo a la hora del mate cocido. Para ahorrar, traía frascos de su casa en grandes canastas. Era divertido e insólito en la prolijidad del laboratorio, ver esos frascos de café o mayonesa de todos los tamaños y colores, reciclados como probetas y otros recipientes. Los científicos extranjeros se asombraron cuando vieron que un solvente muy utilizado estuviese almacenado en un frasco de perfume con la etiqueta original de papel y todo que decía: “Flor de Loto”.
Sobre una de las paredes, Leloir tenía pegado un cartel que lo definía todo: “No existen problemas agotados. Solo hay hombres agotados por los problemas”. El facilismo era uno de los enemigos de Leloir. Nada importante se consigue sin esfuerzo y sacrificio. Sangre, sudor y lágrimas para los grandes logros nacionales.
A Don Luis Federico Leloir o al doctor Leloir es alguien que los argentinos tenemos recordar siempre. Sobre todo en estos tiempos de cólera donde dudamos de nuestra integridad y capacidad.
Creo que es alguien para reverenciar. Para arrodillarnos en el altar del conocimiento y la ética. Recuperar su memoria y ponerlo en los pupitres de los chicos y los estudiantes de todas las carreras. Es una humilde idea. Creo que nos puede servir de estímulo a todos. Para ser argentinos íntegros como él. Solamente con estos cimientos vamos a poder construir el país de nuestros sueños para nuestros hijos. Un país donde haya cada vez menos inmorales como Julio De Vido y cada vez más patriotas como Luis Federico Leloir. No parece tan complicado. Debería ser nuestra epopeya colectiva.
De Vido preso – 26 de octubre 2017
Julio de Vido está preso.
Con estas cinco palabras se resume el momento histórico que estamos viviendo. Esto hubiera sido impensable con Daniel Scioli presidente. De Vido y Kirchner son los apellidos del gobierno más corrupto de la historia democrática.
Julio de Vido está preso.
Los pabellones Néstor Kirchner de las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz se van poblando de ex funcionarios, en su mayoría llegados desde Santa Cruz. Casi todo el estado mayor de la corrupción argentina está entre rejas. Roberto Baratta, Julio López, Ricardo Jaime y don Julio podrían hacer una reunión de gabinete del otrora todo poderoso ministerio de Planificación. Solo faltan Abel Fatala y la mano ultraderecha de don Julio, el ex espía José María Olazagasti. Pero todo llega.
Julio de Vido está preso.
Y este misil para el lado de la justicia nos habilita a hacernos algunas preguntas inquietantes. ¿Cristina será la próxima? Porque De Vido fue el gerente de coimas y estafas. El jefe de operaciones sucias y chanchullos. El autor material de estos crímenes de lesa indignidad. Pero la autora ideológica fue Cristina. Primero Néstor, que está muerto y después Cristina que está cercada por varias causas y procesamientos gravísimos y que hoy dijo “Conmigo no van a poder”. Fue tanto el océano de dólares sucios que robaron que alcanzó para todos y todas. De Vido robó para él y su familia. De Vido robó para la corona de la Reina Cristina y sus compañeros de celda, también robaron. La relación entre Cristina y don Julio nunca fue buena. Se despreciaban mutuamente. Pero eran socios en los negociados y las trampas. En su momento, don Julio quiso renunciar y Cristina, como una madrina de la mafia le dijo: “De acá solamente te vas preso o con los pies para adelante”. ¿Se entiende, no? Yo Cristina te hago meter en cana o te hago matar. No anduvo con vueltas la exitosa abogada que nunca ganó un juicio. Cristina todavía no emitió una palabra, un sonido gutural, ni un emoticón, ni un tuit por De Vido. Los diputados camporistas lo dejaron solo y ni siquiera bajaron al recinto. Por eso De Vido perdió la votación 176 a cero.
Tal vez por eso, Cristina dijo que no pone las manos en el fuego por De Vido. Pero de nada vale que corra, el incendio va con ella.
De hecho fue, Maximiliano Rusconi, el propio abogado de don Julio, el que dijo, con toda razón que “si Julio es culpable, Cristina también”. Fue en respuesta a Gregorio Dalbón, el abogado de Cristina que había dicho todo lo contrario: “De Vido no es Cristina”. Se lavan las manos, se tiran la pelota uno al otro. ¿Yo señor, no señor? ¿Y entonces quien lo podrá tener? En este Gran Bonete hablo del botín ultra millonario que se llevaron en más de 12 años los familiares, socios, cómplices, testaferros y amigos de los Kirchner.
Don Julio, el reo esposado y custodiado como el jefe del Cártel de Santa Cruz, habrá sentido la traición en carne propia. Está bajoneado anímicamente, tiene que auto inyectarse todos los días hasta ocho veces porque es insulinodependiente y la última sonrisa que recuerda fue cuando nació su cuarta bisnieta.
En ese estado: ¿Callará para siempre como algunos o prenderá el ventilador y llenará de estiércol a todos y a todas empezando por la jefa espiritual del Frente para la Valija? Es la principal pregunta. Pero de esa inquietud inquietante se desprende otra incógnita. ¿Denunciará De Vido a los empresarios, sindicalistas, políticos y jueces con los que compartió a modo de coimas parte de los 740 mil millones de pesos que manejó en la docena de años K? Si eso ocurre, podría desatar una especie de Lava Jato nacional. O una proceso de Mani Pulite, como en Italia. Sería extraordinario que eso ocurriera. Que De Vido se arrepintiera y presentara todas las listas de la corrupción. Todos los que cobraron y pagaron. Sería refundacional para la democracia. Un cambio de época. Un barajar y dar de nuevo que escucharía la gran demanda social que existe: basta de robar, que vayan presos y que devuelvan el dinero del pueblo. Sería una señal de luz y transparencia para iluminar el futuro de nuestro país. Que todo el mundo sepa que el que las hace las paga, que nadie tiene coronita. No importa el poder o la cuenta bancaria que tengan los que robaron. No importa ni la camiseta partidaria ni sus amistades. Si son amigos o parientes de Cristina que vayan presos. Si son amigos o parientes de Macri, también.
Julio de Vido está preso.
No solamente compartirá el mate y las noches de encierro con viejos compañeros de ruta. También existe el riesgo de que parte de su familia lo acompañe. Para empezar ya lo tiene a su lado a Claudio “El Mono” Minnicelli, su cuñado. Fue parte de la banda de contrabandistas de la mafia de la aduana y los contenedores. Pero Alessandra, la esposa de don Julio y la hermana del Mono, también está involucrada en algunos manejos turbios con su fundación y la sociedad que armó con la esposa de Guillermo Moreno. Y hasta Facundo de Vido, el hijo, aparece comprometido por su vinculación comercial con Jorge Rodríguez (a) “El Corcho, que flota en el mar putrefacto de Odebrech, la empresa más corrupta del mundo.
Es impresionante la potencia que tiene la democracia cuando es republicana y hay independencia de poderes. Hasta hace poco todo el mundo decía: “En esta Argentina nadie va preso”. Y hoy se dice : “Faltan Cristina, Boudou, Echegaray, Aníbal y algunos otros”. Pero hay muchos presos. Algunos inimaginables, como Julio de Vido.
Julio de Vido está preso.
Su última chicana fue decir que “le manden champagne a la doctora Carrió”. Ella le contestó que no toma alcohol pero en el acto de cierre de campaña porteña había hablado del día más feliz de su vida y de celebrar con champagne y caviar. Fue una metáfora para definir su estado de ánimo. Es que a ella hay que rendirle un homenaje cívico muy especial. Elisa Carrió fue la heroína de esta lucha durísima contra la corrupción. Se le fue su salud en esa batalla desigual. Ella dijo que pudo aguantar tantos agravios y amenazas sostenida por su fe en Jesús y en la virgen de San Nicolás. Otra metáfora bíblica nos habilita a decir que Lilita, convertida en David, con una honda y una piedra volteó a un gigante Goliat llamado Julio de Vido. Y no exagero. Durante 13 años fueron muy pocos los políticos que, como Elisa Carrió arriesgaron su vida para construir una Nación decente, con las manos limpias, las uñas cortas y la frente alta. Se la jugaron un puñado de dirigentes y de periodistas independientes. Y no mucho más. Por eso la caída de Julio De Vido es inversamente proporcional al ascenso de Elisa Carrió. Fueron íntimos enemigos. Y cada uno está en donde se merece. De Vido en la cárcel y Carrió en olimpo de su vida política.
Se rompió la omertá. Se quebró la protección y el blindaje que tuvo De Vido durante años. Ayer, Juan Carlos Morán uno de los denunciantes en la causa de Río Turbio dijo que este proceso judicial contra de Vido es uno de los más importantes de nuestra historia después de juicio a las junta militares del terrorismo de estado. Y es cierto. Esa es la dimensión que todavía no mensuramos porque estamos demasiado cerca del acontecimiento. Una vez que tomemos distancia recordaremos de por vida en donde estábamos cuando el Patrón del Mal de la Corrupción Argentina fue detenido. En mi caso, el oficio que tanto quiero, me regaló la posibilidad de estar en mi puesto de trabajo, relatando en vivo desde radio Mitre ese acontecimiento inédito que produce un verdadero tsunami entre los delincuentes y una maravillosa caricia en la gente honesta y trabajadora.
Julio de Vido está preso.
Como es debido y con el debido proceso. Algo muy profundo nació en la Argentina: la esperanza de construir entre todos un país honrado.
Los perdedores – 25 de octubre 2017
El lunes le dije que la gran perdedora de las elecciones fue Cristina. Ella y todos sus cómplices están acorralados por la justicia producto de la cantidad y variedad de delitos que cometieron y que no tienen antecedentes en democracia.
Ella fue la que no le quiso dar la interna a Randazzo y la que formó una nueva agrupación, una suerte de neo frepaso con Leopoldo Moreau y Sabbatella y tiró al Partido Justicialista por la ventana. Ella además es la mariscal que condujo al peronismo a tres derrotas consecutivas en la provincia de Buenos Aires y la que empujó a ese partido a la peor crisis desde su fundación. Sumando con buena voluntad todos sus votos nacionales anda por los 5 millones de votos, es decir que perdió 7 millones de votos por su ineficiencia y altanería desde el 2011 cuando logró ser reelegida con el 54%.
Cristina no dejó macana por hacer. Eso está claro y por eso le dije que está más cerca de su muerte política y de la cárcel que de otra cosa. Pero ella no fue la única perdedora.
También fue derrotado un estilo de gobierno autoritario, patotero, corrupto, mentiroso que produjo el hartazgo de millones de argentinos frente a esta mujer que siempre se sintió la dueña de la verdad y de la Casa Rosada y que nos decía como teníamos que vivir y pensar con el dedito levantado.
Entre tantos memes diseminados por las redes sociales hay uno muy cruel tipo chicana que dice: “al kirchnerismo le dicen Quilmes Rock… Porque están divididos, decadentes y hasta las pelotas”.
Daniel Filmus, para los que siguen las estadísticas, es un objeto de estudio. Algunos dicen que perdió 8 elecciones consecutivas y otros dicen que fueron 9. De todos modos es un record y demuestra por lo menos dos cosas: que el kirchnerismo nunca fue querido entre los porteños y que han sido incapaces de producir nuevos liderazgos. Todo lo contrario: en la interna confrontaron contra hombres de las nieves como Guillermo Moreno o Gustavo Vera, el amigo casi ex amigo del Papa Francisco. También participó y perdió por paliza con Filmus, lo que es mucho decir, Elizabet Gómez Alcorta, militante y abogada de Milagro Sala y de los violentos del RAM que se disfrazan de mapuches pero son repudiados y temidos por ese pueblo originario y pacífico.
Otro que recibió el rechazo de la mayoría de sus comprovincianos fue Agustín Rossi en Santa Fé. Desde la guerra sucia que Cristina le declaró al campo, Rossi se fue ganando la bronca de los productores agropecuarios que lo vieron defender su quintita de poder y no el motor productivo agropecuario de la provincia. Eso no le va a permitir nunca crecer en su carrera política. Tiene un techo y a lo sumo puede aspirar a batir el record de Filmus y perder diez veces seguidas. En el campo, cada uno cosecha lo que siembra.
Otros de los grandes derrotados son el resto de los integrantes de la dinastía Kirchner. Florencia y Máximo no fueron ni a votar por la lista de su tía Alicia. Esa fue la cuna del proyecto hegemónico y totalitario de Néstor Kirchner y hoy es el símbolo de la Venezuela que hubiéramos sido si triunfaban estos muchachos chavistas.
Máximo también fracasó como comandante de La Cámpora. Por varios motivos. Sintió en carne propia la traición de muchos intendentes que, para no perder su Consejo Deliberante, repartieron sus boletas locales con la boleta de Cambiemos arriba. Eso hizo la familia Mussi en Berazategui. Se puede medir: Cristina sacó 13 mil votos menos que los candidatos de Mussi. Máximo también se amargó especialmente porque dos de los emblemas de su agrupación perdieron en sus intendencias pese a los recursos que siempre suelen tener los que gobiernan. En Mercedes, Juan Ustarroz, el hermano de Wado de Pedro perdió por 22 puntos y el cancherito de Francisco Paco Durañona perdió en San Antonio de Areco por 23 puntos. Otro intendente camporista perdió por 15 puntos en 25 de mayo, el lugar de nacimiento de Santiago Maldonado al que tanto utilizaron políticamente.
Milagro Sala y su lugarteniente en el delito, conocida como Shakira, también fue derrotada aunque no compitió. El peronismo jujeño llevó como una de sus consignas la libertad de lo que ellos definen como “una presa política” y sacó apenas el 20 % de los votos y las listas de Gerardo Morales y Macri superaron el 51%.
Carlos Saúl Menem y su patetismo a cuestas ya había perdido hace mucho pero no se había dado cuenta. La justicia lo condenó por el contrabando de armas y en su momento huyó de la segunda vuelta frente a Néstor Kirchner. Es el símbolo bizarro de la decadencia del peronismo y su propio pueblo riojano se lo notificó en las urnas.
Pero hubo otro tipo de peronista que también fue derrotado. En Salta Juan Manuel Urtubey y en Córdoba Juan Schiaretti que pese a tener buena imagen personal y de gestión, también fueron arrastrados por la ola amarilla.
A Sergio Massa le pasó lo mismo. Fue tan fuerte la correntada y tan angosta la avenida del medio que de aquellos 4 millones de votos que sacó en el 2013 abortando la reelección de Cristina cayó a apenas un millón de votos y llegó tercero en su propia casa en Tigre e incluso perdió en San Fernando también. Tuvo un discurso errático y le resultó muy complicado pararse frente a semejante pelea de titanes entre Macri y Cristina. Tal vez se equivocó en poner al mismo nivel a ambos en su discurso. Lo digo porque claramente no son lo mismo. Cristina es la más grande ladrona de estado de la historia y Macri, por ahora, no tiene comprobado ni el robo de una lapicera. Cristina metió miedo a opinar y a pensar, persiguió a los disidentes y fracturó la sociedad y por ahora, Macri dialoga, escucha y tiene tolerancia frente al que piensa distinto. Tal vez si Massa se mostraba fuertemente anti K como lo hizo Margarita y hubiera prometido gobernar mejor que Macri, tal vez, podría haber mejorado su actuación.
Algo parecido le pasó a Martín Lousteau que fue otro de los grandes perdedores. Ambos son jóvenes y astutos y capaces y van a tener su revancha histórica. Pero la política, entre otras cosas, es no tener ansiedades personales y esperar los vientos favorables y jamás, enfrentar los huracanes de frente. Eso le pasó a Massa que perdió tres millones de votos, muchos legisladores e intendentes y que volvió al llano sin cargo alguno. Lousteu estuvo a un paso de ser jefe de gobierno de la ciudad y por su falta de sentido de la oportunidad y un mal diagnóstico del humor social, cayó a 236 mil votos.
Otros perdedores en toda la línea son los para periodistas militantes del dinero o de Cristina. Con Horacio Verbitsky como comandante de operaciones sucias y Víctor Hugo de cabo primero y una comparsa de menor envergadura se cansaron de mentir, inventar causas, repartir mierda y odio para todos lados y fracasaron porque se puede y se debe tener opiniones diversas, pero la noticia es sagrada. No se pueden tergiversar los hechos y engañar a la gente. Hasta el último día y todavía hoy se aprovecharon de la dolorosa muerte de un joven para inventar acusaciones de desaparición forzada o de crimen de estado. Hay que ser muy ignorante, farsante o muy malandra para creer que la gente se va a tragar esa píldora. Pero no tienen escrúpulos ni estómago. Demostraron que son antidemocráticos y que de periodistas solo tienen un vago recuerdo, pero muy vago. Por suerte las elecciones libres y democráticas son como un viaje donde los bultos se acomodan solos. Solo la verdad nos hará libres. La mentira tiene patas cortas y la cara de Cristina.