“Puerta giratoria” es un concepto nefasto y muy peligroso. En los últimos días lo han repudiado desde el presidente Mauricio Macri hasta los encargados de la seguridad de la Nación y de la Provincia.
Es que “puerta giratoria”, en la vida cotidiana significa lisa y llanamente que matar, robar, violar o secuestrar es gratis en la Argentina. Que el que las hace no las paga. Que hay mil excusas para dejar libres a los criminales y mil problemas para las víctimas. Y esa impunidad, que potencia todos los delitos y que siembra pánico en la sociedad, es el peor de los mensajes. Es una incitación a la violencia. Un vale todo. Una forma de decirle a los malandras que sigan haciendo la suya, que es muy difícil, casi imposible que la justicia los castigue y los condene como corresponde.
Es humillante para la condición humana. “Puerta giratoria”, es que un delincuente entre por una puerta y al instante salga por la misma. Es como decir a los victimarios, todo y a las víctimas, nada. Es como invertir en forma perversa el orden de los derechos humanos. Solo se respetan para los que cometen delitos y no se cuida al familiar o al que padeció ese delito.
Parece mentira pero hay varios motivos que explican esta realidad que fomenta la venganza, el linchamiento y la justicia por mano propia, es decir, que fomenta el lado más inhumano del ser humano.
Primero existe la doctrina Zaffaroni. En las universidades y en muchos juzgados se hizo carne ese concepto falsamente progresista de que el criminal es un pobre muchacho producto de las injusticias sociales del sistema capitalista y por lo tanto para lavar las culpas, hay que protegerlo. También instalaron entre varios magistrados que el que sufre las consecuencias de un delito tiene que comprender de donde viene esa persona que mató a su madre, a su padre o que le robó a moto a su hijo o que violó a su hija.
La jueza Servini dijo que hay que modificar la ley de excarcelaciones. Es que salen muy rápido. Dicen las autoridades actuales que muchas veces el denunciado sale antes que el denunciador termine con los trámites burocráticos. Eso fomenta el ojo por ojo que es lo peor que le puede ocurrir a la vida democrática. Apostar al ojo por ojo. A la ley de la selva. Ojo por ojo, al final nos quedamos todos ciegos y en la selva siempre gana el más fuerte. Nada más reaccionario y antipopular.
Eugenio Raúl Zaffaroni es el principal referente de este tipo de veneno judicial. Pero no es el único. Su escuela sembró en los miembros de la agrupación “Justicia Legítima para el Kirchnerismo” el mismo disvalor.
Hay cientos de ejemplos todos los días. Pero le doy uno que es indignante e incomprensible desde el sentido común.
Es el caso de Chuki. Así se conocía a David Rosas. Tenía apenas 22 años. Mató a su ex suegra de un tiro en la cara, a un vecino que salió a defenderla e hirió a su ex pareja que con apenas 21 años ya tenía tres hijos. ¿Qué hizo Chuki después de semejante masacre? Se suicidó. Repito: tenía apenas 22 años. ¿Fue de golpe que enloqueció? ¿Ya había dado algunas señales? Por supuesto. Muchas señales que la justicia prefirió ignorar. Chuki antes de hacer el desastre que hizo ya había tenido 5 causas por robo a mano armada, tenencia y venta de drogas y violencia de género. ¿Escuchó bien? Ya había cometido por lo menos 5 delitos. Era una alocada carrera delictiva para recibirse de criminal. Nadie lo frenó. Nadie lo metió preso como corresponde. Solo le faltaba matar y mató. ¿Se da cuenta? Tenía 22 años y 5 jueces lo dejaron en libertad. Ninguno pensó que debía castigarlo con todo el peso de la ley para cuidar a la sociedad y para cuidar al propio delincuente. Si hubiera estado en un calabozo por todo el daño que hizo antes, seguramente se hubieran evitado tres muertes, la de su ex suegra, la del vecino y la suya.
Tal vez algún juez sintió que si no lo encarcelaba lo ayudaba a superarse. Y es todo lo contrario. El delincuente que no recibe el castigo que le corresponde de acuerdo a la ley, siente que tiene tiro libre, que tiene impunidad para hacer lo que quiera.
La contracara es que hoy sonó un tiro para el lado de la justicia. El juez Marcelo Peluzzi, en un fallo histórico, sin precedentes reconoció el derecho de las víctimas a intervenir en la etapa de cumplimiento de pena. Por primera vez en el país se permite a las víctimas ser escuchadas por el tribunal antes de resolver cualquier pedido de libertad condicional, salidas transitorias, o libertad anticipada que formule el asesino de Ezequiel Agrest. Este joven, al que mataron en la puerta de su casa era y es hijo de Diana Cohen Agrest que es presidenta de Usina de Justicia. Ella y su marido hicieron el pedido y el juez nacional de ejecución penal hizo lugar.
Se trata de un gran avance de Argentina pese a que ese derecho ya había sido reconocido por las Naciones Unidas, el estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional.
Pero es una excepción. Un primer paso que hasta ahora no se daba. Ojalá a partir del 11 de octubre que entra en vigor se aplique con todo rigor la ley de flagrancia.
Por todo esto que le cuento, hoy, la inseguridad es por lejos la principal preocupación de los habitantes del área metropolitana. Mucho más que los temas económicos como desocupación, pobreza e inflación.
Es que la fuerte presencia de la droga entre consumidores y narcos le sumó una fuerte impronta de crueldad y ferocidad a los delitos. Es a matar o a morir. La vida del que roba no vale nada y por lo tanto, tampoco le da valor a la vida del que mata. Hay una violencia extrema que mata por matar. Ya no alcanza con entregarle todo el delincuente. Hay que rezar para que no te mate.
Gran parte de la policía está atravesada por la corrupción que ayuda a los delincuentes. Lo vemos todos los días. Pero es la justicia la que tiene más problemas. Muchos magistrados por temor a las represalias de los cómplices de los delincuentes, por la falsa ideología garantista o directamente por dinero, dejan salir a los presos con una velocidad inusitada. Eso hay que cortarlo de raíz si queremos vivir en paz con nuestras familias y en una sociedad civilizada. Dijo bien, Patricia Bullrich que para el gobierno anterior la víctima era el delincuente. Tiene que quedar bien claro que el estado protege la ley a los ciudadanos que respetan la ley y castiga a los que la violan. Esa es una grieta que consolida la democracia. Los decentes y honrados de un lado y los pistoleros y criminales del otro. Uno afuera trabajando para progresar y otros adentro, en la cárcel, pagando sus culpas y reeducándose para que no vuelvan a delinquir.
Entre todos tenemos que convertir la puerta giratoria en una puerta para que entren los delincuentes y para que salga la esperanza de vivir sin temor a morir.
¿Quién mató a Nisman? – 26 de septiembre 2016
Por supuesto que no puedo probarlo ante la justicia. Pero tengo la profunda convicción de que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado. Creo que se trató del peor magnicidio cometido desde el retorno de la democracia. Alguna vez se lo definió como el muerto Número 86 de la AMIA. Para la colectividad judía, Nisman fue un mártir y no un suicida.
Un héroe. Por eso está sepultado en un lugar de honor en el cementerio y no en los márgenes como acostumbra hacer la religión que considera al suicidio como un atentado contra Dios.
Su ex esposa y madre de sus hijas, la jueza Arroyo Salgado, también cree lo mismo. Que el balazo en la cabeza con que murió el fiscal Nisman se trató de un crimen. El fiscal Ricardo Saenz y muchos de sus compañeros están convencidos también que por personalidad y por lo que estaba planificando, es imposible que Nisman se haya suicidado.
Todos nos manejamos con sospechas, indicios y convicciones que son muy difíciles de probar. Pero Antonio Stiuso, el ex espía preferido de los Kirchner, en su explosivo testimonio acusa directamente a Cristina y sus cómplices de ser responsable por acción u omisión de la muerte que conmovió a la Argentina y al mundo.
El viernes le dije que el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir durante toda la vida a Cristina. Como una pesadilla recurrente.
Es que el gobierno kirchnerista se comportó en todo momento como culpable. Antes y después del balazo en la cabeza, los cuadros más disciplinados y feroces del gobierno fusilaron con sus descalificaciones al fiscal que estaba a punto de explicar ante el Congreso de la Nación la acusación más grave que se haya hecho jamás contra una presidenta elegida democráticamente: que ella había encubierto junto al canciller Héctor Timerman y otros cómplices, a los terroristas de estado que ejecutaron el peor atentado de la historia al dinamitar la AMIA y la vida de 85 personas.
Fue, es y seguirá siendo vergonzoso para la historia la actuación del juez militante Daniel Rafecas que fue funcional al gobierno de turno y no tuvo ni siquiera la dignidad de abrir una denuncia tan grave. La podría haber abierto por un par de semanas y luego desestimarla por falta de mérito o por carecer de seriedad. Pero no se atrevió a contradecir a sus compañeros kirchneristas y mató la investigación antes de que naciera. El fantasma de Nisman también va a perseguir toda la vida al doctor Rafecas aunque haya hecho grandes aportes al estudio del nazismo y el holocausto. Son dos momento y dos situaciones distintas.
Todo nació con el hasta hoy inexplicable volantazo de 180 grados que pegó Cristina y el canciller Héctor Timerman. Pasó de acusar a Irán a pactar con Irán. Pasa de respaldar a Nisman y Antonio Stiuso en su investigación a desautorizarlos, y a exigirles que no se metieran más con Irán y a dejarlos colgados del pincel. ¿Qué le pasó a Cristina? ¿Se volvió loca? ¿Cómo fue que el canciller Timerman resolvió transformarse en un traidor a su pueblo? ¿Uranio enriquecido para su plan nuclear de construir una bomba atómica, millones de dólares, subordinación a Hugo Chávez y Ajmadinejad? ¿Qué fue que los hizo darse vuelta como una media?
Conociendo a los personajes, el testimonio exclusivo de la declaración de Stiuso ante la justicia conseguido por Daniel Santoro da explicaciones muy verosímiles y contundentes.
Son palabras que deben ser certificadas con hechos. Pero si se comprueban, dejan a Cristina, Timerman y otros al borde del juicio por obstrucción de justicia y encubrimiento de terroristas y traición a la patria.
Los kirchneristas dicen que Antonio Stiuso es un mentiroso impresentable que tiene vínculos con los servicios de inteligencia norteamericanos e israelíes.
Puede ser. Yo no pongo las manos en el fuego por Stiuso. Pero Stiuso fue el preferido de Néstor Kirchner. El que se lo presentó a Nisman para que trabajaran juntos. El que le ordenó que lo espiara al Papa Francisco cuando era arzobispo de Buenos Aires. ¿Qué quiero decir con esto? : que Stiuso no cambió. Siempre fue así: un peligroso topo profesional ligado a servicios extranjeros. Pero no fue amigo de Macri, o de Margarita Stolbizer ni nació de un repollo. Todo el poder que tuvo para extorsionar jueces, disidentes o periodistas fue otorgado por Néstor Kirchner. De hecho, cuando Gustavo Béliz denunció a Stiuso, Néstor Kirchner le soltó la mano y lo tiró bajo un camión. Eyectó de su gabinete a Béliz y se quedó con Stiuso.
En la parte más contundente de sus acusaciones, Stiuso dice que a Nisman lo mataron grupos kirchneristas vinculados a comandos venezolanos e iraníes con el apoyo de antisemitas confesos como Luis D’Elia y Fernando Esteche. De hecho Nisman había sido condenado a muerte por una Fatwa, que es una orden religiosa de eliminar a un hereje o un infiel.
Hace 616 días que Nisman apareció con un balazo en la cabeza y solo se desató un ataque feroz a su figura, un intento de instalar que era un loquito que se suicidó y una guerra de espías sin cuartel.
Santiago Kovadloff con su profunda sabiduría, escribió que “encubrir un delito de lesa humanidad, también es un delito de lesa humanidad.” A Nisman le violaron reiteradamente la intimidad de sus computadoras y sus celulares y lo vigilaron y lo persiguieron todo el tiempo. Stiuso declaró bajo juramento que después del asesinato de un servicio de inteligencia llamado El Lauchón Viale y del ataque a balazos a Javier Fernández, un operador K en la justicia, Alberto Nisman dijo “el próximo soy yo”. ¿Qué archivos se borraron de sus notebooks? ¿Qué mentiras se incorporaron a sus discos rígidos? ¿Se cambiaron las fechas y los días? ¿Quién colocó tres pendrives en su computadora? ¿Quién dispone de la tecnología para meter un virus troyano en su teléfono y aprovechar para espiar hasta sus conversaciones más íntimas?
Stiuso asegura que el ex general César Milani tenía y tiene los equipos más sofisticados para pinchar teléfonos y computadoras. Y que hubo agencias de inteligencia privadas que fueron contratadas por el kirchnerismo para hacer un seguimiento ilegal de Nisman.
Alberto Nisman tenía miedo que Alejandra Gils Carbó lo echara de su puesto. Ella es la jefa de los fiscales y principal operadora actual de Cristina en la justicia.
No hay dudas que semejante nivel de intervención solo puede ser llevado adelante por un grupo comando de expertos que tal vez sean los mismos que lo asesinaron y armaron toda la escenografía del suicidio para confundir y lograr impunidad.
Estoy seguro que esos hijos de puta fueron los que lo mataron. Porque la píldora del suicidio no me la trago y no importa lo que diga una justicia atravesada por la grieta abierta por Néstor y Cristina. No hay otra forma de construir el país que soñamos para nuestros hijos. Con la verdad como cimiento. Solo la verdad nos hará libres.
Nisman, la pesadilla de Cristina – 23 de septiembre 2016
El fantasma de Alberto Nisman va a perseguir durante toda la vida a Cristina. Como una pesadilla recurrente. No solamente porque ella fue responsable por acción u omisión de su muerte. También porque el gobierno kirchnerista se comportó en todo momento como culpable. Antes del balazo en la cabeza, los cuadros más disciplinados y feroces del gobierno fusilaron con sus descalificaciones al fiscal que estaba a punto de explicar ante el Congreso de la Nación la acusación más grave que se haya hecho jamás contra una presidenta elegida democráticamente: que ella había encubierto junto al canciller Héctor Timerman y otros cómplices, a los terroristas de estado que ejecutaron el peor atentado de la historia al dinamitar la AMIA y la vida de 85 personas.
El fantasma de Alberto Nisman se potencia cada vez hay una novedad informativa. Y Cristina siempre queda en el banquillo de los acusados. Hoy conocimos el testimonio demoledor de Antonio Stiuso, el ex capo de los espías del kirchnerismo. Denunció ante la justicia que Cristina le ordenó que dejaran de investigar la pista iraní en el atentado a la AMIA. Esto es gravísimo. Porque como bien dice Daniel Santoro si sus afirmaciones son mentiras, se expone al juicio por falso testimonio. Pero sin son ciertas y Stiuso dijo que tiene testigos, Cristina puede ser acusada del delito de obstrucción de justicia. Y eso abre la puerta de un pasillo tenebroso que lleva directo a la traición a la patria y al encubrimiento de los terroristas y a la reapertura de la causa de la denuncia.
En su momento Stiuso, el máximo espía que estaba a las órdenes del matrimonio Kirchner acusó a un grupo vinculado al gobierno de Cristina de haber matado al fiscal Nisman.
Santiago Kovadloff con su profunda sabiduría, escribió que “encubrir un delito de lesa humanidad, también es un delito de lesa humanidad.” Dijo que Nisman y la AMIA “son metáforas quemantes de una deuda moral de toda la Nación” y que si no llegamos a la verdad reparadora de todo lo que pasó “seguiremos siendo un país miserable por haber renunciado a la dignidad. Seremos un país pero no una República”. Como siempre, Santiago plantea que el dilema moral de la Argentina es si vamos a pisotear o nos vamos a subordinar a las leyes.
No menos inquietante es el asesinato del ex policía Héctor Goncalves Pereira. Ayer TN tituló con mucho criterio: “El testigo de la causa Nisman que tenía miedo que lo mataran y lo mataron”. Su abogado reveló que quería declarar todo lo que sabía en calidad de custodio del fiscal muerto. No tuvo tiempo. Está enterrado bajo tierra, igual que Nisman y la verdad. Al ex policía federal le pegaron un balazo en un episodio muy confuso donde participaron presuntos piratas del asfalto.
Lo único que le falta a Cristina Fernández de Kirchner y a sus empleados es profanar la tumba del ex fiscal Alberto Nisman. Esperemos que tengan un poco de piedad y que les quede algo de pudor y no lo hagan. ¿Se acuerda de Diana Conti diciendo vamos a ir con los tapones de punta? ¿Se acuerda de Ignacio Copani colocando a Nisman en las cloacas? El gobierno de Cristina fue exitoso en su ataque previo y posterior a la muerte. El “operativo demolición” sobre la figura de Alberto Nisman logró matarlo por segunda vez y borrarlo de la faz de los titulares de los diarios. A Nisman lo vaciaron de credibilidad utilizando una campaña de mentiras y apelando a algunas verdades sobre ciertos comportamientos de su vida personal que no tenían ni tienen nada que ver con el tema principal. ¿Qué es lo trascendente en todo esto? Se lo resumo en algunas preguntas: ¿Es cierto lo que Nisman denunció? ¿Qué objetivo tuvo esa alianza que tejieron entre la Venezuela de Chávez, el Irán de Admadinejad y la Argentina de los Kirchner? ¿Es creíble que el interés de los negadores del Holocausto era levantar las alertas rojas a los acusados por el atentado a la AMIA y recibir todo lo necesario del plan nuclear argentino y del uranio enriquecido para construir una maldita bomba atómica? ¿Es cierto que Irán puso una montaña de dólares manchados en sangre y los hizo llegar a la Argentina triangulados a través del chavismo como contó un general arrepentido muy cercano a Hugo Chávez? ¿Participaron violentos soldados de Irán en la Argentina como Luis D’Elia y Fernando Esteche que hoy acompañan a sol y a sombra a Cristina en el llano?
Aníbal Fernández llego a proponer que metieran presa a la madre del fiscal. Antes se había preocupado por llenar los medios de fotos de Nisman con mujeres. Querían decir que era un tiro al aire y fue un tiro en la sien.
Marcelo Moreno, el brillante columnista, escribió que los muchachos K utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”. A Nisman le violaron reiteradamente la intimidad de sus computadoras y sus celulares y lo vigilaron y lo persiguieron todo el tiempo. ¿Qué archivos se borraron de sus notebooks? ¿Qué mentiras se incorporaron a sus discos rígidos? ¿Se cambiaron las fechas y los días? ¿Quién colocó tres pendrives en su computadora? ¿Quién dispone de la tecnología para meter un virus troyano en su teléfono y aprovechar para espiar hasta sus conversaciones más íntimas?
No hay dudas que semejante nivel de intervención solo puede ser llevado adelante por un grupo comando de expertos que tal vez sean los mismos que lo asesinaron y armaron toda la escenografía del suicidio para confundir y lograr impunidad.
Elisa Carrió viene insistiendo en que el general Cesar Milani y Aníbal Fernandez fueron parte de todo el operativo encubrimiento. Algunos creen que agentes de inteligencia iraníes estuvieron implicados en el crimen.Tres años antes de su muerte, venían amenazando a Nisman, a su ex mujer y a sus hijas, con un lenguaje típico de los terroristas antisemitas que contaban con mucha información sobre la vida de su familia. Todo el tiempo lo trataban de “rusito descerebrado” y le daban datos muy reservados sobre los movimientos de sus hijas. Eso me lo contó el propio Nisman. Estoy seguro que esos hijos de puta fueron los que lo mataron. Porque la píldora del suicidio no me la trago y no importa lo que diga una justicia atravesada por la grieta abierta por Néstor y Cristina.
Todos nos merecemos saber la verdad. Pero, sobre todo, Alberto Nisman que como el Cid Campeador parece que, aún después de muerto, sigue ganando batallas. Tal vez un día Nisman vuelva y sea millones de verdades iluminando tanta oscuridad. Ese día vivirá en el corazón de los argentinos que quieren un país sin corrupción y sin impunidad. Sin crímenes de estado.