AMIA, 22 años de impunidad – 18 de julio 2016

Si me permiten, me gustaría recordar lo que dije cuando se cumplieron 10 años. Ya pasaron 22 años y la impunidad es lo único cierto porque la investigación no tiene luz y porque los muertos no tienen paz. Eso lo dicen las banderas negras del luto que flamean con su reclamo bíblico de juicio y castigo a los que levantaron las banderas negras del odio. Eso lo dicen quienes son capaces de salir de los números fríos y de los conceptos para meterse de lleno en las historias de vida y de muerte de la AMIA.
Hay dos historias que resumen muchas y que quiero compartir con ustedes.
Una es la de Seby, como le gustaba que le dijeran a Sebastián. Tenía 5 años. Quería ser presidente para ayudar con mucha plata a los jubilados. Así le dijo un día a su maestra. Era supercharlatán pero le daba vergüenza ser abanderado.
Una vez, en el almacén, se le acercó una amiga a Rosa, su madre y en broma comenzó a llamarlo: “Che, pibe”. Y nada. La mujer insistía y como si nada, seguía mudo. Al tercer che pibe, Seby reaccionó y le dijo:” Yo me llamo Sebastián. ¿Porque me decís che pibe? ¿Te gustaría que yo te diga che vieja?”
Sebastián era maravilloso como todos los chicos de cinco años. Adoraba las tortugas Ninja y andar en bici. Pero a quien más quería además de sus padres era a Lara y Pamela. Lara era su hermana, una bebita hermosa de diez meses que hoy tiene 23 años. Pamela era la reina de la casa y también la perrita.
Un día Sebastián preguntó:
– ¿Mama, donde está el abuelo Julio?
– En el cielo.
-Ah, igual que el abuelito José…¿Y cuándo se van las personas al cielo?
– Y… cuándo la gente es grande, se va haciendo viejita y después el alma se sale del cuerpo y se va al cielo. Pero, para irte al cielo, tenes que ser muy bueno.
– Mama, ¿Vos nunca te vas a ir al cielo, no?
– No sé, Seby, cuando sea muy viejita, pero falta mucho para eso.
– Ah, entonces en ese momento yo voy a estar al lado tuyo, te voy a agarrar el alma y no la voy a dejar subir al cielo y te la voy a volver a poner en el cuerpo. Así te quedás conmigo.
El lunes 18 de julio de 1994, a las 9.53 de la mañana, Sebastian caminaba por Pasteur al 600 de la mano de su madre. Iban al Hospital de Clínicas. Rosa se salvó de milagro y Sebastián murió entre los escombros. A fin de año, cuando los compañeritos de Sebastián terminaron el jardín y pasaron al preescolar, hicieron una fiesta para recibir los diplomas. También hubo un diploma para Sebastián. Al final, los chicos soltaron un globo al aire con el nombre de Sebastián, para que se fuera al cielo, con su abuelito Julio y su abuelito José.
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La otra historia es la de Faivl, aunque todos le decían Pablo porque era más fácil. Tenía setenta y tres años y estaba desocupado. Faivl o Pablo había nacido en un pequeño pueblito de Polonia. Llegó a la Argentina como tantos otros a los ocho años. Hizo la primaria. Conoció gallegos, tanos, turcos, otros rusos y se hizo ciudadano argentino como tantos otros gauchos judíos.
Incorporó el mate al leikej de miel, disfrutó tanto de los asados como de los varenikes, se leyó sus buenos libros y se dedicó a relacionarse con la gente polemizando sobre cuanta cosa existiera. Era porfiado Faivl. Le gustaba entreverarse en las discusiones como en una lucha de ingenio. Faivl o Pablo le decía siempre a su sobrino: “venite a tomar unos mates y vamos a pelear un poquito.”
Fue sastre como su padre y llegó a tener un taller de confecciones. Vivió tres años en Dimona en Israel y dos en Ramat Aviv. En la Guerra de los Seis Días, se ofreció como voluntario pero no lo aceptaron. No tenía preparación militar, nunca había disparado un solo tiro. Después se volvió a la Argentina y fue empleado por mucho tiempo. Y por su edad fue descartado del trabajo como muchos argentinos. Se convirtió en un ejemplo vivo, explosivo y dramático de los tiempos que corren: era mitad jubilado y mitad desocupado.
El 18 de julio de 1994, a las 9.53 hs estaba en la bolsa de trabajo de la AMIA, esperando su turno, esperando encontrar un empleo y encontró la muerte.
Unos días después, un amigo no judío de Faivl-Pablo fue a la AMIA para que le dieran una constancia de que ese nombre- Faivl- realmente existía. Quería bautizar así a su hijo recién nacido y en el Registro Civil se negaban.
Era un homenaje a ese argentino-polaco simpático y peleador. Era un homenaje a tantas charlas entre mate y leikej de miel.
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Sebastián se llama Sebastián Barreiros y fue el más chico de los 85 muertos. Faivl-Pablo, se llama Faivl Dyjament y fue el más grande de los 85 muertos. La muerte no los discriminó, la bomba tampoco.
Un chico y un viejo, unidos por la muerte. Un no judío y un judío, unidos por la muerte. Uno caminaba por la vereda y el otro estaba en el corazón del edificio.
Sebastián y Faivl son dos argentinos que nos explotaron en la cara y que nos clavaron en la memoria esquirlas que todavía duran. Para recordar el dolor que no cesa. Sebastián y Faivl son las dos puntas de la vida y se encontraron en la muerte. Son mucho más que dos velas encendidas por la memoria. Son dos vidas inmoladas. Son dos almas en pena por la impunidad.
La muerte no los discriminó. Ojalá la vida tampoco los discrimine.
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Esto fue lo que dije en aquel momento. Pero a los 20 años me convocaron de nuevo para decir unas palabras a modo de plegaria y exigencia. Y fue el momento de hacer un análisis más político.
La impunidad no es producto de una tormenta o un fenómeno natural. Es la construcción más nefasta que hizo el estado argentino con todos sus pilares. En la justicia, en el parlamento y entre 8 presidentes que pasaron y pasaron. El atentado terrorista más grave de la historia argentina y el crimen antisemita más grave ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial nos hizo un agujero negro en el alma que hoy es imposible de llenar. Es como si 85 hermanos siguieran muriendo todos los días porque sus tumbas siguen abiertas porque no pueden descansar en paz.
En su momento, la bronca se multiplicó por ese pacto nefasto, tenebroso e incomprensible que el canciller Héctor Timerman firmó con Irán y que apenas asumió, el presidente Mauricio Macri dejó caer. Porque es el mismo canciller que se sentaba en primera fila a aplaudir lo mismo que aplaudía Luis D Elía, vocero iraní, fanático antisemita y violento promotor del fusilamiento de disidentes.
Irán es un país que se enorgullece del uso bélico de la energía nuclear y que quiere borrar al estado de Israel de la faz de la tierra porque niega la existencia del holocausto, la Shoa, la degradación más grande que tuvo la humanidad que fue el nazismo y el genocidio de 6 millones de personas en los campos de concentración y las cámaras de gas.
Héctor Timerman quedará grabado en la historia como el responsable de haber sido el ejecutor, el autor material de este crimen de lesa impunidad. De esta “alta traición al pueblo hebreo y al pueblo argentino”, según las palabras de su ex amiga y ex jefa política, Elisa Carrió. Un canciller no judío no se hubiera atrevido a tanto.
Y como si esto fuera poco. Ahora hay que sumar la víctima número 86, el fiscal Alberto Nisman que denunció a Cristina, Timerman y otros cómplices por encubrimiento de ese acto terrorista. Nisman está muerto. Mis convicciones informativas me dicen que fue asesinado aunque no pueda probarlo ante la justicia. Todo eso recordamos hoy. Contra toda esa impunidad luchamos hoy y siempre.
Para que llorar no se vuelve una costumbre. Para que las velas alumbren la oscuridad del crimen de lesa humanidad, de los países que fomentan el terrorismo, de la conexión local, del encubrimiento de estado. Para que nunca más.
Para que solo pidamos la muerte de la muerte para toda la vida. Hasta que cierren las heridas que todavía están abiertas. Hasta que se cierren las tumbas. Hasta que se abra la verdad.

A Macri le falta energía – 15 de julio 2016

Al país le falta energía. Macri lo dice a cada rato y eso quedó claro. La mayoría de los argentinos sabemos que la culpa de semejante agujero negro y mala praxis es del cristinismo. Han dejado un país saqueado y al borde de la quiebra por todos lados. Hay trampas cazabobos en cada ministerio. Pero la gran bomba de tiempo que hay que desactivar es la energía. Y el gran riesgo es que al presidente Macri y al gobierno de Cambiemos le explote en la cara. Es una bomba letal que hay que desactivar con una precisión de relojero. Porque sus esquirlas le pegan directo al bolsillo de los que menos tienen y a las clases medias y eso se transforma en dos minutos en malestar y protesta social.
Y eso es lo que pasó ayer. El cacerolazo de los vecinos independientes y los insultos amenazantes de los militantes kirchneristas movilizó a minorías intensas pero suficientemente notorias como para provocarle la primera derrota política al gobierno en siete meses. Este tipo de expresiones son subestimadas en general por un equipo que viene de la actividad privada y carece de experiencia y trayectoria militante. Eso les da otras virtudes y otros defectos. El gobierno perdió la iniciativa y quedó a la defensiva en el tema tarifazo. Arrancó mal y luego apeló a parches que no terminan de solucionar el problema. Semejante problema se intentó solucionar sin sensibilidad social y con inesperados errores técnicos y con cero muñeca política o creatividad comunicativa.
El cacerolazo lo provocaron con sus torpezas los integrantes de este gobierno. Y la gente en las calles es un cachetazo para cualquier gobierno. Y un cachetazo te puede despertar y obligar a poner más atención o afectar en tu estado de ánimo e intimidarte. Lo que no se puede es ignorar. Hay que escuchar los reclamos ciudadanos. Siempre. Aunque hayan sido fogoneados por Cristina que alimenta todo tipo de acción golpista porque no tiene otra salida para preservar su libertad. Un gobierno consolidado y en marcha sería el respaldo necesario para que algún juez meta presa a Cristina. Un gobierno con problemas de gobernabilidad y fragilidad les transmitiría sus miedos a los magistrados. En la justicia Cristina entendió que no tiene futuro. Por eso apuesta a poner palos en la rueda y sueña con voltear a Macri y que huya en el helicóptero. Es cierto que ayudaron a darle manija al reclamo callejero desde Víctor Hugo Morales hasta otros paraperiodistas que se hicieron millonarios con Cristina y sus cómplices. Pero ninguna protesta prende si no existe un motivo real.
Y ese motivo real existe. Muchas personas y comercios fueron sacudidos en su vida cotidiana por los aumentos de luz, gas y agua. Muchos no lo pueden pagar y eso los condena a la angustia permanente. No alcanza con lo que hizo el gobierno para cuidar a los que más sufren. No es suficiente que Macri diga que le duele en el alma o que impulsen las tarifas sociales. El gobierno tiene voluntad de cambio y hasta ahora funcionarios honestos dispuestos a luchar por la utopía de la pobreza cero. Eso es positivo. Y son muchas las medidas que han tomados en el buen rumbo. Pero les cuesta comprender la problemática de los sectores más vulnerables y algunos son analfabetos políticos. El presidente Macri haría bien en generar hechos que movilicen a la sociedad en objetivos positivos. Una epopeya nacional y una competencia entre escuelas, por ejemplo, para ver quien ahorra más energía. Instalar con campañas y voceros de la sociedad civil que ahorrar energía es hacer patria y ayudar a que se abran nuevas fuentes de trabajo. El gobierno debería pensar cada medida que toma parado en la realidad de los cinco millones de chicos pobres que dejó Cristina. Estudiar con rigurosidad como se los beneficia siempre y no se los perjudica nunca más. Ya fueron demasiado perjudicados. Más desarrollismo, más justicia social y más mística productiva. Eso se necesita.
Macri debe ampliar las bases de sustentación de su gobierno. Debe sumar en secretarías o en equipos asesores a gente que venga del radicalismo o del peronismo que lo apoya y lo respalda y que podría sumar la densidad o el volumen político que a esta administración le falta.
Urge una suerte de volantazo que refresque al gobierno. Que lo relance y lo revitalice. Ideas económicas en un plan bien diseñado que se vaya cumpliendo paso a paso.
Toda protesta es una luz de alerta en el tablero del gobierno. Un mensaje que debe decodificarse para rectificar lo que se hizo mal. Reconocer y no ocultar realidades como lo hizo durante 12 años el gobierno más corrupto de la historia democrática. Y lo cierto es que la economía está tardando mucho más de lo esperado en arrancar. Todo lo contrario hay números que son preocupantes. Y que anticiparon el fin de la luna de miel. La inflación núcleo sigue siendo alta y un hueso duro de roer. El índice anual según la Ciudad de Buenos Aires es de 47,1%, un verdadero despropósito. Los precios no encuentran freno y el gobierno no hace nada para frenarlos. La actividad va a caer 1,5% este año. Las suspensiones de las automotrices se mantendrán hasta fin de diciembre por lo menos. La industria cayó 5% en mayo. La construcción, 13 % en junio. Da la sensación que hay muchos ministros de economía y no hay ninguno. Es una orquesta que desafina porque tiene demasiados directores.
Nada de lo que digo es dramático. Hay simpatizantes de Macri y de Cambiemos que no quieren que hagamos críticas porque creen que eso ayuda al kirchnerismo. Y eso es justamente al revés. Es la descripción de la dura realidad lo que le permite al gobierno tomar nota y buscar remedios a todos los males. Chuparle las medias solo los hace insistir en el camino del error. El gobierno de Macri está pasando por un momento delicado. Se metió en un laberinto tarifario construido por ellos mismos. No hay que dramatizar porque todavía tiene un gran respaldo popular, buena imagen en las encuestas y una fuerte esperanza y expectativa de que el año que viene todo va a estar mejor. Pero insisto con mi mirada. Al país le falta energía. Y al gobierno, también. Les falta energía política y en forma urgente tiene solucionar ese problema. Un tropezón no es caída. Pero es un tropezón. Con perdón de la perogrullada.

Sembrar educación – 14 de julio 2016

Nos asombramos porque en medicina de La Plata aprobaron solamente dos de cada 100 alumnos. No podemos creer que ninguna universidad argentina esté entre las 50 mejores de América Latina. La mitad de los chicos que empiezan el secundario no lo terminan. Y de los que van a la universidad solo se reciben 20 de cada 100. Vamos a las encuestas y nos desayunamos que solamente para el 4% de los argentinos la educación es el principal tema de preocupación. Ricardo Roa escribió bien esta mañana: Nuestra educación es pésima pero no nos importa.
Todos los días los diarios son portadores de malas y buenas noticias. Pero creo que ninguna tan terrible y dolorosa como estas que le estoy comentando.
Está bien que los ciudadanos de este país estén preocupados por la inseguridad, la inflación, el desempleo, la corrupción y la salud. Pero está muy mal que no nos demos cuenta que la falta de educación es la madre de todos los problemas, pero que además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones.
Albert Einstein dijo: “Si la educación les parece cara, prueben con la ignorancia”. Los datos del fracaso educativo de esta década aplazada dan vergüenza ajena y meten miedo sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo o en realidad sobre la forma en que estamos destruyendo a la sociedad que nos dejaron nuestros padres.
No es ninguna novedad que nuestros mejores años fueron los mejores años de la educación argentina. Fuimos ejemplo en el mundo. Ayer me comentaba Fabio Quetglas que tenemos 5 premios Nobel, tres de ellos en ciencias y que Brasil, por ejemplo, no tiene ninguno. Cuando los maestros y los profesores empezaron a perder prestigio social, o el respeto de los gobernantes, la Argentina se vino a pique. Hay que volver a poner de pie a los maestros para que se conviertan en pilares del país que viene. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel.
Ya en su época, Sarmiento decía que si no se educa a la gente por una razón de estricta justicia, por lo menos, se la debería educar por miedo. Es casi un teorema: lo que se malgasta en educación se multiplica en inseguridad. Un ex ministro dijo que mantener a un chico preso un año en un instituto es más caro que pagar los 13 años de escolaridad. Soy un convencido de que la educación es el instrumento más maravilloso que se conoce para combatir la indigencia, la marginalidad, la pobreza, la desocupación, la droga y el delito. No hay debate ni desafío más importante. Don José de San Martín decía que la educación era el ejército más poderoso para pelear por nuestra soberanía. Por eso estoy convencido que debe ser un tema de estado y no de partido. Para convertirlo en una epopeya nacional de todos los argentinos sin distinción de ningún tipo. Solo los mal nacidos pueden oponerse a que cada hermano que habita esta patria tenga la posibilidad de igualar sus oportunidades con los demás y educarse. Nuestro sueño colectivo debe ser el de iluminar tanta oscuridad. De convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. No podemos permitir que con un presupuesto realmente importante de más del 6% del PBI tengamos los malos resultados que tenemos. Se gastan fortunas en educación y los resultados son cada vez peores.
Yo tengo un sueño. Mucho más modesto que el de Martin Luther King, pero sueño al fin. Escuche, por favor:
Mi utopía es que convoquemos a una comisión asesora de los 10 expertos educativos más importantes de la Argentina sin distinción partidaria y que juntos trabajen para tener la mejor educación posible. Que juntos encontremos la manera de que los alumnos y los padres participen de una verdadera epopeya del conocimiento y que los salarios se discutan con tiempo y racionalidad. Es probable, maestros y maestras, que ustedes mismos tengan interés en recuperar el prestigio social que tuvo el maestro en nuestra sociedad. Recuperar el respeto. Y para eso, sin persecuciones ni caza de brujas, deberíamos fomentar que cada uno cumpla con su rol específico, que nadie se aproveche de las licencias por enfermedad y que el aula vuelva a ser un templo del saber y de la transmisión de ese saber. De esa manera los jóvenes sentirán orgullo de ser maestros. ¿Qué le parece?
No me olvido de aquellos agravios cargados de prejuicios del neoliberalismo de Carlos Menem que Cristina le enrostró a los docentes. Fue en un discurso de apertura del año legislativo. Cristina les gritó que trabajaban solamente 4 horas por día y que tenían 3 meses de vacaciones. Eso lo dijo una presidenta que mandó a su hija Florencia a una escuela privada primero y después a estudiar cine a los Estados Unidos. Y que no pudo lograr que su hijo terminara un estudio terciario de periodista deportivo. Pese a eso la mayoría de los sindicalistas docentes son ultra kirchnernistas.
Mi sueño es que todos los argentinos comprendamos que no hay nada que genere mayor justicia social que la igualdad de oportunidades a la hora de educar. Estamos obligados a reflexionar sobre este agujero negro en el futuro de nuestro país. El 52% de los adolescentes no comprende lo que lee. Qué me cuenta?
Es increíble la fuga de chicos del sistema público al sistema privado y no solamente en los sectores ricos de la sociedad. Entre los más humildes también emigran a escuelas privadas, baratas como las parroquiales o vecinales, pero privadas al fin. ¿Que buscan que el estado no les puede dar? Mas días de clases, mejor enseñanza, mas disciplina sin perder la libertad creativa, premios que incentiven a los que quieren progresar y castigos para los que se tiran a chanta, no igualar para abajo, fortalecer a los docentes que se quieran capacitar más y mejor, a un secundario que vincule al muchacho con el mercado laboral y productivo y una inclusión mucho más temprana de nuestros hijos.
Hay que atender especialmente a los más chicos en las zonas más vulnerables. Hay cinco millones de chicos pobres. Se nos tendría que caer la cara de vergüenza. Empezando por Cristina que dejó esa herencia. En los primeros años es donde se consolidan los mecanismos cognitivos y motrices. Nacen a la vida con una estimulación que los lleva a buscar el progreso a través de la cultura del esfuerzo y no de la dádiva. Nadie quiere emparchar el viejo sistema educativo. Cambió el mundo y la revolución tecnológica modificó la forma de asimilar conocimientos de los chicos. Por lo tanto se necesita una revolución educativa con los docentes como abanderados y los padres como escolta. Y el aporte de la sociedad civil. Un rediseño absoluto del sistema. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene. Ese color blanco de los guardapolvos es el color de la esperanza…