Cuidate changuito – 17 de junio 2016

Este domingo es el día del padre. Es una de las celebraciones familiares que más disfruto porque tengo la dicha de ser padre e hijo. Una de las fotos que más quiero es la que estamos con Diego y Mayor, mi viejo, los tres con el gorrito de Talleres, poco antes de salir para la cancha. Pero para mí, este domingo va a ser un día del padre especial porque acabo de concretar un sueño que supera todos mis sueños. Está en la calle un libro editado por “Sudamericana” y titulado “Cuidate Changuito. Confesiones de padre e hijo”. En el epílogo yo digo que:
No somos quiénes para darle consejos a nadie. No queremos ser ejemplos de nada. Este es un libro testimonial de un diálogo entre dos periodistas que, además, son padre e hijo. Contamos nuestras experiencias de vida en común, con la sana esperanza de que le pueda ser útil a alguien frente a tantos dilemas que la vida, el trabajo y la crianza de los chicos nos imponen.
Un pase radial que hicimos durante un tiempo y un programa de televisión que se llama Los Leuco generaron un interés inesperado sobre la trama de esa relación. En la calle, en las redes sociales y en las charlas que solemos dar juntos surgen una cantidad de preguntas a las que pretendemos dar respuesta con este texto. El alto rating fue tan fuerte como el impacto emocional que les produjo a muchas familias. Nos expresan un agradecimiento permanente por nuestra tarea y de esta manera queremos devolver tanto afecto y reconocimiento.
Queremos transmitir nuestra experiencia. No creemos que sea la única ni la mejor. Solo que la fuimos fabricando en forma conjunta y estamos felices de eso. Todo el tiempo en el periodismo y en la educación de los hijos nos enfrentamos a dilemas éticos. Tratamos de resolverlos con amor y sin temor. Edificamos un vínculo de una solidez indestructible regado de lágrimas y sonrisas.
Elisa Carrió dice que lo más incomprensible del cartel de los Kirchner-Báez y sus cómplices es la manera en que convirtieron a sus hijos en delincuentes. Me estremece pensar en eso. En que su legado sea un futuro en tribunales y tal vez entre rejas.
En ese sentido creo que las manos limpias y la frente alta es la mayor herencia que me dejó mi viejo y la que yo pienso dejarle a Diego.
En su educación siempre apostamos a la libertad sin contagiarle los temores de los padres pero con la responsabilidad correspondiente. No se puede prohibirles todo ni tampoco permitirles cualquier cosa. Acompañar a los hijos en su experiencia suele dar muy buenos resultados. Leer y jugar con ellos. Ayudarlos a cruzar los puentes pero no cruzarlos por ellos y mucho menos no dejar que los crucen.
Ir a una villa miseria siempre tuvo una cuota de riesgos. Pero llevar durante mucho tiempo a Diego al comedor Los Piletones de Margarita Barrientos fue una apuesta a la enseñanza solidaria y a que abriera su mundo y su cabeza. Un chico de clase media aspira a tener las mejores zapatillas. Y está bien que quiera disfrutar de esa posibilidad. Pero también es bueno que sepa que hay otros chicos que andan descalzos y no tienen esa chance. No para martirizarlos ni para cargarlos de culpa. Sí para que tomen conciencia del valor del dinero, de lo que cuesta ganarlo y de que existe un mundo injusto más allá de internet y la Play.
Claro que llevar a Diego a una villa miseria era exponerlo a algunos riesgos que no tenía en Caballito. Pero en la relación costo-beneficio creo que fue muy útil en su formación. Fue gracioso cuando llevamos a ver a Boca a Oscar, el hijo de Margarita. En la tribuna Diego decía malas palabras como tantos hinchas. Oscar, nacido y criado en el Bajo Flores, pudoroso, me miraba sin comprender cómo Diego era tan grosero. No olvidaré la cara de felicidad de Oscar cuando le dije que en la cancha se podía putear pero no en la vida de todos los días. Enseguida fueron los dos los que, abrazados, le reclamaban un penal no cobrado al árbitro con palabras no precisamente lindas.
Siempre intentamos formar a Diego en el ámbito del diálogo, la pasión y el esfuerzo para lograr lo que uno quiere, el compartir el dolor por las tragedias sociales y las alegrías de la comunidad, el saber perder, el aprender de los demás, comprender que muchas veces las apariencias engañan y que no hay que ser un careta hipócrita.
El valor más fuerte que siempre intenté contagiar a Diego además del amor y la defensa con el cuchillo entre los dientes de la libertad fue que no hay que arrodillarse ante nadie pero tampoco hacer arrodillar a nadie. Dignidad y respeto. Ni obsecuente ni soberbio. Ni esclavo ni esclavista. Eso nos permitió enfrentar juntos al patoterismo de Estado y la megacorrupción. Siempre fue espalda contra espalda, en estos años. Me emociona cuando Diego cuenta que quiso mantener el apellido de fantasía Leuco para que mis enemigos y los enemigos de la democracia republicana supieran que ahora había dos Leuco para defender esas ideas y para cuidarse mutuamente. Como si fuéramos dos changuitos que nos cuidamos uno al otro. Todos los padres cuidan a sus hijos y con el paso del tiempo, todos los hijos cuidan a los padres.
Si yo fuera creyente diría que la relación que tengo con Diego es una bendición celestial. Pero como creo más en el esfuerzo terrenal, sospecho que algo bueno habré hecho en la vida para que me devuelva semejante premio.
Nada más puedo pedir.
Nada más tengo para decir. Diego me ilumina la vida. Y con eso me alcanza.

Un auténtico Lerner – 16 de junio 2016

Anoche estuve en la presentación del disco número 21 de Alejandro Lerner. Se llama “Auténtico” y pocas veces un rótulo refleja tan fielmente el contenido. Alejandro, rodeado de afectos y amigos, una vez más, dio en la tecla y no solo de su maravilloso piano fileteado en argentino y custodiado por la estampita de don Osvaldo Pugliese. Contó que cuando murió la negra Mercedes Sosa, se le estrujó el corazón como a todos los argentinos, se le hizo un agujero negro en el alma y recordó tantos escenarios compartidos con ella cantando entre otras cosas es himno contra la impunidad llamado “Indulto”.
Lerner confesó que esa tarde, en un bar junto a Marcela, su mujer, la inspiración le bajó a borbotones una canción que tituló “Carta por la dignidad del hombre”. Allí dice muchas verdades con formato de poema. Allí aparece el mismo Lerner que respira junto a su pueblo y utiliza su sensibilidad para ser una suerte de cronista de la historia. Describe realidades tan universales que se transforman en clásicos. Ese tema parecía haber sido escrito ayer. En uno de sus párrafos Alejandro dice: “Que hubo algunos que se han ido/ con los bolsillos vacíos/respirando dignidad/Mientras que otros se han llenado/ de todo lo que han robado/ pese al hambre popular.”
Todos pensamos en José López y su “Monasterio de Planificación”, como dice Jorge Fernández Díaz. Incluso Lerner se permitió ironías y bromas sobre el tema que estaba y está en la tapa de todos los diarios.
Después de 9 años sin grabar, apareció intacto el Lerner auténtico. El mismo que tiene una historia y una trayectoria que me gusta recordar.
Villa Gesell, por esa época, era el imperio del rock naciente. Los pelos largos, el aroma a pachuli, las guitarras de madrugada, arena y sexo. Por la calle 3 iba caminando un tal Alejandro Lerner. Vio a un gringo barbudo pegar unos afiches en los postes de la luz que invitaban al concierto de esa noche. ¡Cantaba León Gieco, señores! Pegaba los afiches, también León Gieco. Todo a pulmón, podría decirse, pero esa es otra historia. Se pusieron a charlar porque estaban hechos de la misma melodía. En poco tiempo, Lerner era el pianista invitado en el disco “La banda de los caballos cansados”. Fue como su bautismo. Esa esquina de la historia hizo que Lerner, igual que León, se transformara en uno de los musicalizadores más certeros de varios de los momentos históricos de los argentinos. Un día Malvinas nos desgarró el alma. Y “La isla de la buena memoria” de Alejandro nos hizo comprender mejor que no hay guerra que se gane, que las guerras se pierden todas: “Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear; tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá./Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,/con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar”.
Hoy este juglar profundo de las cosas que nos pasan afuera y adentro de nuestro corazón, este señor con cara de pibe que tiene una sensibilidad especial para radiografiar a sus hermanos es padre de dos hijos como Luna y Thomas a los que define como” su sentido, su identidad”. Cree profundamente en Dios pero no se siente un Dios aunque lleva años de cantar la justa. Se dio todos los gustos porque es pianista, cantante, compositor y productor. Sabe lo que hace de ambos lados del mostrador. De la creatividad y de la industria. Siente la orgullosa influencia de monumentos del tamaño de los Beatles o Elthon John. Estuvo codo a codo en los escenarios con Paul Anka, Tom Jones, o Celine Dion y nuestros Miguel Cantilo con los dedos en vé, Piero del alma o Sandra Mihanovich de la solidaridad activa. Cantaron sus canciones desde Luis Miguel a Mercedes Sosa pasando por Armando Manzanero. El amor y la realidad. Mi piel y mis ideas. La pareja y la sociedad, como dos caras de una misma moneda. Nada de lo humano le fue ajeno. El indulto de Carlos Menem quebró el espinazo de la memoria y Alejandro no pudo con su genio y puso nuestra angustia en contexto: “Porque después de tanto llorar /los veo salir de nuevo/ Porque no habrá perdón /porque no habrá consuelo/de qué sirve el castigo /sin arrepentimiento”.
Era su plegaria por:” los que han sufrido/ y por los que no están/ Por los que se han ido a ningún lugar”.
Buscó su destino en Estados Unidos y eso le sirvió para encontrar la excelencia del jazz y la orquestación. Cuando estuvo parado al lado de Santana sintió que gran parte de sus sueños de elefante se habían concretado. Y pensar que después se fue de gira con él. Era como tocar con un emblema, con una estatua de sinfonías.
La vida le dio sorpresas a Lerner. Miguel Abuelo y Cachorro López lo convocaron para integrar la reencarnación de Los Abuelos de la Nada a principios de los 80. Alejandro prefirió tomar el camino de solista y recomendó para ocupar ese lugar a un pibe que recién empezaba, un tal Andrés Calamaro. Lerner nadó contra la corriente y nació un salmón.
Se le hizo difícil mantenerse en ese viaje, sin saber a dónde iba, en realidad. Todo a pulmón fue su emblema para proclamar que “difícil se me hace/mantenerme con coraje/ lejos de la transa y la prostitución.
Alejandro Lerner dijo muchas verdades y destruyó muchos dogmas anquilosados. Fue profundo y provocador al decir que defendió su ideología, buena o mala pero suya, tan humana como la contradicción.
Su estatura humana la demostró un día de luto parado frente al cadáver de Juan Alberto Badía. Sintió la necesidad de cantar “Let It Be” de los Beatles como despedida. Y todos se sumaron para dejarlo ser con el corazón en llagas.
Y finalmente ese himno a la posibilidad de caerse y levantarse que es la virtud más humana. Esa apuesta al esfuerzo y a no bajar los brazos jamás que tanto no sirve en los momentos más duros. Si un texto justifica a un artista, Alejandro, con “Volver a empezar” tiene el olimpo asegurado. Sobre todo cuando propone que “No se apague el fuego/ queda mucho por andar/ y que mañana será un día nuevo/ bajo el sol… para volver a empezar.
Un auténtico Lerner para volver a empezar. El que le canta al amor y a sus amores. El que canta a la lucha y a los que luchan. Un Lerner auténtico para seguir diseminando canciones como semillas por toda la Argentina.

Conadep de la corrupción – 15 de junio 2016

Las escenas de corrupción explícita de José López han herido la sensibilidad de los argentinos. Humillaron a los más pobres porque solamente con los 9 millones de dólares que trató de esconder en el monasterio, se podrían comprar 300 patrulleros o construir un hospital de última generación con helipuerto. Agarrar con las manos en la masa a uno de los funcionarios de mayor confianza de Néstor y Cristina confirma lo que todos ya sabíamos: que los 12 años de kirchnerato fueron los más corruptos de la historia argentina y que hubo un plan sistemático para saquear al estado. Y además, que una banda de ladrones autotitulados progresistas se asoció ilícitamente para enriquecerse con una dimensión, extensión y profundidad nunca vista.
Las características pornográficas y tragicómicas de lo sucedido tienen consecuencias políticas en el peronismo y deben tenerlas en el gobierno de Mauricio Macri.
José López, robó para la corona de la familia presidencial desde que debutó en política como funcionario del intendente Néstor Kirchner en Río Gallegos. Se pasó la vida recaudando dinero negro de la corrupción y a último momento, cuando ni el tiro del final le salió, reaccionó de acuerdo a su inmoralidad estructural: quiso coimear a dos policías honrados que ganan algo más de 15 mil pesos y que tienen 5 hijos cada uno. Como fracasó en ese intento, siguió el manual kirchnerista básico y quiso aparecer como una mezcla de Robin Hood y Che Guevara: le grito a las monjitas de clausura que le querían robar el dinero que él había robado para que ellas hicieran obras de caridad. En su desesperación no tuvo en cuenta la sabiduría popular de las sentencias: Todo el mundo sabe que el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón y que cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
José López ingresó en la historia del peronismo como otro brujo maldito del mismo nombre. José López Rega lo superó porque fue un delincuente que, además de robar, asesinó a cientos de argentinos a través de su creación más macabra: La Triple A.
Pero José Francisco López será mencionado por los estudiosos en el futuro como el que sacó el último ladrillo para que se derrumbara el futuro del cristinismo. Y esta es la primera consecuencia política. La implosión del Frente para la Valija (FPV) pone en riesgo la libertad de Julio de Vido y acerca a Cristina a la cárcel. Porque no hay dudas de que ella fue la jefa que concentró todas las decisiones y que no puede explicar lo inexplicable.
El liderazgo del peronismo está explícitamente vacante y varios de sus jóvenes dirigentes de afuera y de adentro tienen que recalcular su estrategia y elaborar el duelo de su concubinato con un tipo de peronismo que vació de contenido positivo a la palabra progresista tal como Carlos Menem lo hizo con el concepto de liberal.
Los niveles de rapiña del kirchnerismo superaron todo lo conocido. Fueron extraordinarios, fuera de lo normal y por lo tanto necesitan también respuestas extraordinarias por parte del gobierno de Mauricio Macri y de todos aquellos que se propongan de verdad trazar una raya, dejar atrás a los ladriprogresistas y comenzar una etapa más honrada y transparente que recupere la confianza de la mayoría de los argentinos en sus dirigentes.
La tarea de un estadista no es solamente administrar éticamente, solucionar problemas y erradicar injusticias. Eso es lo mínimo que se le puede exigir a un presidente o a una corriente que desde su nombre habla de cambio.
La política enseña que el mejor gobernante es quien sabe interpretar y decodificar las demandas sociales de una época. Claramente se escucha el reclamo de que vayan presos los que robaron y que devuelvan el dinero. Es una manera sencilla de decir que hay que hacer borrón y cuenta nueva. Que no haya impunidad para nadie y que se envíe a la sociedad un mensaje de que el gobierno puede canalizar estas inquietudes envenenadas de bronca. Por eso creo que la propuesta de Ernesto Sanz de conformar una Conadep de la corrupción sería una respuesta adecuada y una manera democrática de procesar tanta mugre institucionalizada.
Nadie está proponiendo que Macri viole la independencia de los poderes y manipule la justicia como hicieron los Kirchner. Todo lo contario, la idea es producir un hecho de estado, un gesto republicano que pueda decirle a los ciudadanos que entre los políticos hay muchos corruptos pero que no todos lo son.
La metodología ya probó su eficacia. Se trata de designar una comisión de líderes y referentes sociales conocidos por su honradez y por su prestigio social que tenga la mayor amplitud ideológica y que se dedique a recibir testimonios e información de ciudadanos que saben mucho pero que no confían del todo en la justicia. Sistematizar esos datos, dar credibilidad y tranquilidad a los que quieran hacer su aporte sería un gran paso para ayudar y no para interferir en el trabajo de jueces y fiscales.
Hace poco sugerí una primera lista absolutamente abierta de nombres. Dije que si René Favaloro estuviera vivo lo propondría como el presidente, pero como no lo tenemos, arriesgué una serie de personalidades insospechadas: Facundo Manes, Juan Carr, Santiago Kovadloff, el padre Pepe, Diana Cohen Agrest, Agustín Salvia, Juan José Campanella, el rabino Abraham Skorka, Graciela Fernández Meijide, Magdalena Ruiz Guiñazu, Paolo Menghini, Pablo Lanusse, Roberto Gargarella, Daniel Sabsay y Vicente Palermo entre otros.
La herencia más maldita del kirchnerismo es haber instalado la delincuencia organizada en el estado. Es urgente que el gobierno actual haga algo más productivo que comentar la realidad y calificar lo ocurrido como hechos bochornosos. Los gobernantes no solo deben acompañar la conciencia promedio de la sociedad. Deben liderar e iluminar nuevos caminos. Una Conadep de la Corrupción sería un mecanismo adecuado para decirle Nunca Más al cambalache discepoliano. Para que Nunca más sea lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. Para que Nunca más el que no afane sea un gil. En dos palabras: para que los inmorales no nos igualen más. Nunca más.