Hace poco le dije que la megacorrupción de estado de Néstor, Cristina, Máximo y sus cómplices es de dimensiones tan galácticas que ya no sé cómo definirlas.
Y eso que todavía faltaban conocer cosas gravísimas.
Las declaraciones de Leonardo Fariña, por ejemplo. Hay dos cuestiones que son terribles. Primero cuando sugiere que podrían asesinar a Lázaro Báez. Hay que decirlo con toda claridad. En una parte de su testimonio, Fariña que hasta ahora se pudo comprobar como cierto todo lo que denunció, dice textualmente que:” Si lo pudieran silenciar (a Lázaro) lo van a silenciar” y que “ellos, (por Cristina, Máximo, De Vido y Echegaray) serían felices si le da un ataque al corazón: su vida no vale nada”. Esto solo es gravísimo. En otro momento recordó que “en Santa Cruz mataron a un tipo para sacarle una empresa”. No se sabe si se refiere a la denuncia que en su momento hizo Elisa Carrió sobre Conarpesa o al “accidente” que tuvo entre comillas Vittorio Gotti. ¿Se imagina que podría pasar si Lázaro Báez aparece muerto en la cárcel de máxima seguridad de Ezeiza?
Fariña dice que Lázaro calla por pánico y no por lealtad. ¿Y si aparece suicidado en el baño? Lázaro Baéz como fue Alberto Nisman en su momento, es la persona que más hay que cuidar en la Argentina de hoy. Espero que el gobierno de Macri tome conciencia de esto.
El otro elemento inquietante que aportó el valijero arrepentido es que dice que Cristina fue encubridora del lavado y que Néstor diseñó un plan sistemático para saquear al estado y que se robaron un PBI entero en 12 años. ¿Escuchó bien? El PBI es mayor pero Fariña habla de 120 mil millones de dólares. De 10 mil millones de dólares por año. De poco menos de 1.000 millones de dólares por mes.
Como le dije el otro día. No alcanzan las palabras ni los adjetivos para definir al aparato más formidable que se haya gestado en la historia argentina al servicio del enriquecimiento sideral e ilícito de un grupo de saqueadores. El cártel de los pingüinos. Los patrones del mal de Santa Cruz. El FPV, el Frente para la Valija. Le juro que no exagero un centímetro. Las últimas imágenes e informaciones que está vomitando la realidad son de un nivel de inmoralidad rayana con la locura. Insisto con algo que ya dije: la palabra corrupción, estafa, choreo, pistoleros, malandras, les queda chica. Esas palabras no alcanzan a definir lo que ha ocurrido en este país. Creo que hay que ir por el lado de la enfermedad. De la bulimia por el poder y el dinero. Del síndrome del barril sin fondo. Kirchner y asociados fue una empresa que no tuvo límites ni escrúpulos ni estómago. Se robaron lo que nadie había robado en toda la historia. La mente humana tiene que hacer un esfuerzo para tomar dimensión.
Solo Lázaro Báez y solo en blanco y a su nombre, le robó a los argentinos en estancias, el territorio que corresponde a más de 25 veces la Ciudad de Buenos Aires. ¿Se da cuenta que no entra en la cabeza? Imagínese la Capital. Todos los barrios, lo edificios, los estadios, los parques, toda la Capital multiplicada por lo menos por 25 veces. Eso es apenas una parte de lo que el cartel de los Pinguinos nos afanaron. Hay más de 212 propiedades según el diario La Nación. La flota de 900 autos al estilo narco de Pablo Escobar Gaviria es la más grande que cualquier empresa tiene en Argentina. ¿Escuchó bien? No hay una empresa de taxis ni de transportes ni constructora o de camiones que tenga una flota de 900 vehículos. Encima, muchos de ellos son autos lujosos de alta gama que algunos cuestan 200 mil dólares. En general, como en toda casa, los hijos varones juegan con autitos. Acá Martín y Leandro jugaban con un Audi y un Porsche, entre muchas otras joyitas de la tecnología. A su hermana Melina, ayer le descubrieron un bolso con 90 mil dólares con restos de tierra como si recién hubieran sido desenterrados. Tal vez tenía la piba tenía ese cambio chico para ir a la manicura y la peluquería.
Hay bolsos con las fajas bancarias de los billetes pero sin los billetes. A esta altura necesitamos una auditoría internacional porque estamos ante un record Guinnes. Nadie como Lázaro se enriqueció tanto en tan poco tiempo. Ni Rockefeller. Lázaro a esta altura está preso y asustado porque ahora van por sus hijos. Haría bien en confirmar toda la verdad que todos ya sabemos. Que él fue un empleado de Néstor y que todo lo que tiene se lo robó al pueblo argentino. Es lo que le aconseja Fariña. Que hable y diga la verdad y que deje de esperar que le den una mano y lo ayuden porque esa mano no va a llegar nunca.
Y ahora, como si esto fuera poco, Máximo fue imputado en una causa por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y falsificación de documento público. Su madre, Cristina, fue imputada por segunda vez por esta investigación a pedido del fiscal Carlos Rívolo y por el juez Claudio Bonadío que tal vez procese durante esta semana a la ex presidenta de la Nación por el escándalo del dólar a futuro.
Estamos hablando de la sociedad Los Sauces, de la familia Kirchner y de la denuncia de Margarita Stolbizer. Ocho inmuebles recibieron fortunas en pago de alquileres de dos personas: Lázaro Báez y Cristóbal Lopez. Hasta la casa en la que vive Cristina en Río Gallegos está floja de papeles y con un origen muy oscuro.
Insisto: No encuentro una comparación histórica que sea igual o sea similar a esta gigante estructura de ilegalidad. Hay un nivel de concentración del delito que nuclea a un par de familias y sus empleados. Los Báez y los Kirchner. Sus hijos, sus contadores, sus abogados y varios partícipes necesarios para filmar esta película de terror que podríamos llamar tranquilamente: “El robo del siglo K”.(segunda parte)
Allanaron la Municipalidad. Las oficinas, la casa de los hijos y están buscando papeles sobre el Mausoleo faraónico en donde descansan sin paz los restos de Néstor. Parece que hasta la tumba es un monumento a la corrupción. Y como un gesto típico de Don Corleone, Lázaro le mandó la llave de ese lugar emblemático a Cristina para que se haga cargo de la custodia y el mantenimiento.
Hubo lógica de usurero en todos lados. Actitud implacable y excitación por las cajas fuertes. Y eso recién empieza. Porque está el campo de Uruguay que costó 14 millones de dólares. Y los 12 viajes sospechosos a Paraguay. Y las cuentas en Suiza y en las guaridas fiscales. Por eso le digo que es necesario buscar nuevas palabras. El robo del siglo K (segunda parte) me parece que describe esta voracidad desmesurada típica de una mafia patológica.
Y la lista de los que vieron robar a sus jefes y sintieron que ellos también tenían que hacer lo mismo es larguísima: Amado Boudou, Ricardo Jaime, Aníbal Fernández, Julio de Vido, Cristóbal, Milagro Sala, Hebe y los Schocklender, Sergio Szpolsky y siguen las firmas.
Pusieron todo el aparato del estado al servicio de su enriquecimiento. Robo para la corona quedó hecho un poroto. Carlos Menem, un bebé de pecho. Fue delincuencia monárquica y por eso ahora todos los caminos conducen a la reina Cristina que nos aturde con su silencio.
Cristina no sabe no contesta. No habla de este tema.
Hicieron bóvedas, escondites entre las paredes, cajas ocultas en verdaderos bunkers que parecen refugios anti bombardeos.
Por eso pido juicio, castigo y condena a los culpables de este escándalo inconmensurable casi cinematográfico, la segunda parte del Robo del Siglo donde el dinero se pesa, se entierra o se evapora. Dentro de la ley todo. Fuera de la ley nada. Juicio y castigo y está todo dicho.
El grito sagrado: libertad – 3 de mayo 2016
Hoy es el día mundial de la libertad de prensa. Hoy es el día mundial de ese grito sagrado que nuestro himno lanza a los cuatro vientos: libertad. Es el principal insumo de la democracia y de nuestro oficio de periodista. Con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular. Pero sin libertad solo es posible la propaganda. Y eso es lo que quisieron hacer los Kirchner durante 12 años. Combatir el periodismo independiente y fomentar la propaganda y el verticalismo chupamedias de los paraperiodistas subsidiados con la plata de todos los argentinos.
Hoy es el día mundial de la libertad de prensa y vale la pena recordar a los autoritarios que se la quisieron llevar puesta. Algunos, incluso, en nombre de la cultura nacional y popular. Hay muchos pero hace unos días, el que levantó la bandera del chavismo tardío, de un mecanismo estalinista jurásico fue Ricardo Forster. ¿Se acuerda del profesor de Carta abierta y sobre cerrado que escribía para unos pocos? Fue el funcionario que tuvo el cargo más largo y la vergüenza más corta. Fue algo así como un comisario político. El inspector ideológico de Cristina. En un ataque de sincericidio, Forster dijo que quería que le fuera mal al gobierno de Macri. Es como decir que ruega y tal vez milite para que haya más exclusión, más hambre, más pobreza y más desocupación en la Argentina. Eso solo ya lo coloca afuera del sentido común. Pero además Forster, muy suelto de cuerpo dijo que durante su gobierno, es decir durante el cristinato, no hubo censura ni persecución a los periodistas y eso que descalificaban e insultaban. Y que ahora hay una gigantesca censura.
Le juro que lo tuve que leer dos veces porque no lo podía creer. Forster está convencido de que con Cristina no hubo censura ni persecución a los periodistas. Le juro que me cuesta entender que haya dos pensamientos tan divergentes sobre el mismo tema. Porque yo creo todo lo contrario. Lo sostengo porque lo sufrí en carne propia al igual que varios colegas míos que intentaron practicar el periodismo sin arrodillarse frente al altar de Cristina y sin ser obsecuentes para conseguir una miserable pauta publicitaria.
Es más, yo creo que el kirchnerismo fue el régimen político que más duramente atacó la libertad de prensa desde el retorno de la democracia en 1983. Néstor, antes y Cristina siempre, odiaron a los periodistas que buscan la verdad y ejercen su rol de fiscal del poder y fomentan a los adoradores del dinero que llueve desde el estado.
Fueron algo más de 12 años de un gobierno democrático pero profundamente autoritario que intentó pero no pudo borrar de la faz de la tierra la mirada crítica de la prensa. Los Kirchner y sus amanuenses invirtieron mucha energía y fortunas incalculables en intentar cerrarle la boca a las voces críticas y alimentar solamente a los que hacen propaganda partidaria subsidiada y ocultaron la corrupción de los malandras más notorios de este gobierno.
Ya se sabe que, como decía Furio Colombo, para el poder ninguna noticia es buena noticia si no fue fabricada por su propio departamento de prensa. Es la negación del concepto de noticia que básicamente es algo que no se sabe y que alguien quiere ocultar. Decía el premio nobel José Saramago que “lo primero que se le dice al poder es no. Pero que no es un no porque sí. Sino porque el poder debe ser vigilado permanentemente ya que siempre tiende al abuso y al exceso”.
La docena de años de kirchnerismo explícito fue el mejor ejemplo de una facción política que intentó instalar su discurso único como verdad absoluta e indiscutible y exterminar el pensamiento diverso, plural y disidente que es el que enriquece la democracia.
Es imposible hacer un inventario completo de la metodología obsesiva y meticulosa que Néstor y Cristina utilizaron para atacar al periodismo. Ellos tomaron lo peor de los anteriores gobiernos y le sumaron su creatividad para el mal.
Alimentaron con cataratas de dólares a periodistas alcahuetes y parieron dueños de medios de comunicación que crecieron a pura pauta publicitaria oficial pero que no pudieron logran ni un solo éxito editorial. Todos los medios K fueron un fracaso estrepitoso. Y los empresarios se convirtieron en vaciadores seriales que se llevaron la plata a sus casas y dejaron a los periodistas colgados del pincel. Las radios y los programas no lograron audiencia. El ejemplo más contundente fue el de Víctor Hugo Morales. Ninguno de los programas de televisión y canales consiguieron números razonables de rating. 678 y otra vez Víctor Hugo, bajando línea, son el botón de muestra. Y en el periodismo gráfico también hicieron sapo con medios que se tenían que regalar en las reparticiones públicas por falta de ventas. El caso más brutal fue Tiempo Argentino que se cayó a pedazos y que aburría con sus columnistas gacetilleros de Lázaro Báez. ¿Qué significa eso? Que el pueblo no es tonto. Que es oyente y televidente pero sobre todo auditor. Ni los que simpatizan con Cristina soportaron los discursos almibarados y elogiosos de los mayordomos del periodismo oficial.
Ese gigantesco aparato de propaganda les sirvió para mentir, injuriar, insultar e incitar a la violencia contra los periodistas que no se sometieron a Cristina y que no se dejaron domesticar por la corrupción de los dineros del pueblo que les regalan a los periodistas con camiseta partidaria. Hubo todo tipo de agravios. Insultos desde los medios mal llamados públicos, afiches escrachadores que fueron cubiertos con escupitajos convocados por la militancia, un juicio popular en la plaza de Mayo a colegas como a Magdalena, aprietes a los anunciantes privados para que no apoyaran a los programas que no les respondían, utilización de la AFIP y los servicios de inteligencia para intimidar, y agresiones verbales y físicas a muchos colegas. Dice Adepa que dilapidaron 12 millones por día de publicidad oficial que es equivalente a 14.336 planes de la Asignación Universal por Hijo en un mes. Se podría definir al periodismo K como un millón de pauta, cero de audiencia. Uno de los intelectuales progresistas más respetados, Jean Paul Sartre, dijo que “a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre. A todo menos a la libertad”. El gran Joan Manuel Serrat lo canta como los dioses cuando dice “Para la libertad, sangro, lucho y pervivo”. De eso se trata. Aunque los Kirchner prefieran a los sumisos que se alquilan. El periodismo es de los que no se venden ni se agachan. Y trabajan para la libertad. Y valoran ese grito sagrado que nuestro himno nacional le pide que oigan a los mortales: libertad, libertad, libertad…
Sabato, a 5 años – 2 de mayo 2016
Su hijo Mario y otros amigos como Hugo García están empeñados en convertir a la mágica casa de Ernesto Sábato en un museo vivo, abierto a la comunidad. Ya cumplieron la primera etapa que fue restaurarla y mañana le mostrarán los resultados a los que colaboraron generosamente. Ahora falta la segunda parte.
Don Ernesto vivió y escribió gran parte de su obra en ese templo de Santos Lugares. Dice su hijo que Don Ernesto no murió, que se trata de una exageración burocrática y llama a que se sumen todos los que quieran preservar ese legado. Se hizo mucho pero es mucho lo que falta.
La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. La sabiduría resignada de este concepto le pertenece a don Ernesto Sabato que casi llegó a cumplir 100 años. América Latina le debe a Ernesto Sabato el haber comprendido que para salir de las dictaduras había que enfrentar el pasado. ¿Sabe quien dijo esto? Ricardo Lagos. El ex presidente de Chile es uno de los intelectuales más importantes de habla hispana. Una persona íntegra, valiente y solidaria. Y Ricardo Lagos dice que el “informe del Nunca más devino en clásico, en un documento eternamente actual”. Tal vez pueda ser resumido en una especie de rezo laico en el que se convirtió su prólogo sobre la desaparición de personas. Ese Nunca Mas que todavía estremece cuando se usa como grito de paz y en su relato: “unicamente así podremos estar seguros de que nunca más en nuestra patria se repetirán los hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado”. Reconozco que algunos lo humillaron y profanaron ese texto y le agregaron otro más oficialista que sincero.
O que otros prefieren pasarle facturas por su tristemente célebre reunión inicial con Videla cuando todavía ni la ficción podía ayudar a comprender la dimensión titánica del drama. Por todo esto, por sus grandezas y aún en sus errores, debemos decirle gracias, don Ernesto como Hemingway pero nuestro. Gracias por haber seguido firme pese a los golpes tremendos que le dio la vida. Por haber resistido viejito de tanta angustia por las muertes más queridas a las que ahora está visitando. Hablo de su Matilde amor deja tus labios entreabiertos y su gran hijo Jorge del talento y la profundidad que a veces regresaba desde el mas allá y le ponía esos anteojos oscuros que ya son un icono y lo hicieron cada vez mas chiquito y mas gigante.
Don Ernesto, este no es un discurso funerario para pronunciar sobre héroes y tumbas. No es mi intención bañarlo en bronce y transformarlo en un prócer lejano y perfecto. No quiero hablar de su muerte. Usted sabe que nadie se muere hasta que se muere la gente que lo quiere. Y hay cada vez más gente que lo quiere. Son los que dispusieron que usted viva 100 años más. Vivirá eterno en el corazón de los lectores. Aunque decir que usted fue y seguirá siendo un escritor es como mínimo una simplificación que no lo define en absoluto. Deja afuera tal vez su dimensión más importante. La de luchador a favor de la vida. La de militante en contra de todo autoritarismo. La de su austeridad republicana hasta para morirse. La de su honradez. La de romántico defensor de la pasión, según Sabato. Por eso sus libros son apenas una aproximación al tamaño de su estatura. Siempre comprendió como ser uno y el universo y diferenciar brutalmente entre los hombres y los engranajes después de atravesar el túnel de su primera novela.
Gracias don Ernesto. Por haber elegido las palabras frente a los números, la fantasía frente a la ciencia y la libertad frente a la noche. La última vez que lo ví me di cuenta que usted ya sabía que dios le había reservado, igual que siempre, sus santos lugares. Santos Lugares para vivir y soñar con el escritor y sus fantasmas. Santos Lugares para ir a descansar con sus huesos. Dicen que muchos seres humanos con un solo párrafo bien escrito, justifican su existencia. Si así fuera, en su caso, yo elijo este: “solo quienes sean capaces de sostener la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”. Murió de madrugada y fue velado por sus vecinos en el club social y deportivo de todos sus días. Jaime Roos me ayuda a decir que “dicen que se fue/dicen que esta acá/dicen que se ha muerto/ dicen que volverá/. Me gusta decirle don Ernesto. Es nuestra memoria colectiva.