Esto ocurrió hace exactamente cinco años. Y me dio mucha vergüenza ajena.
Le cuento primero los hechos puros y duros porque… no se pueden creer. Escuche, por favor: Martina Soto Pose, que en ese momento era una flamante cronista de Caiga Quien Caiga, le hizo una entrevista a la diputada kirchnerista Diana Conti.
– ¿Leyó algo de Mario Vargas Llosa?, fue una de las preguntas.
– Las venas abiertas de América Latina, contestó la polémica legisladora metiendo la pata hasta el caracú. Pero no conforme con semejante papelón avanzó rauda hacia el ridículo: “Y después, como me pareció un traidor, dejé de leerlo”, sentenció con tono revolucionario. Al final se produjo un insólito diálogo donde Diana Conti le insistía a la joven movilera para que chequeara la información porque le parecía que estaba equivocada. Martina trataba de hacerle ver su error y en un momento la diputada, mientras salía rápidamente de la escena, dijo una primera verdad: “Entonces no leí nada”.
La diputada que encima se ha manifestado orgullosa de ser estalinista o de soñar con una Cristina eterna y que elogió a Hugo Chávez en varias oportunidades ni siquiera tuvo en cuenta el regalo que el bolivariano le hizo al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama la primera vez que lo vió en una cumbre americana: el libro “Las venas abiertas de América Latina”.
Por aquellos tiempos cólera, un grupo de intelectuales kirchneristas quiso evitar que el premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, inaugurara a Feria del Libro con su discurso. El que primero levantó la bandera de la censura fue Horacio González que es sociólogo, docente, integrante de Carta Abierta y en ese momento era director de la Biblioteca Nacional. González les envió un mail a los organizadores donde acusaba Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región.
Fue otro momento de intensa vergüenza ajena. Era la primera vez que un premio Nobel y encima latinoamericano, iba a abrir nuestra querida Feria del Libro.
En la próxima Feria del Libro, por suerte, vuelve Vargas Llosa. Ya habrá cumplido sus 80 primeros años y presentará su libro, “Cinco Esquinas”. Con ese motivo hoy aparecieron entrevistas en Clarín y La Nación. El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dice con asombro, Vargas Llosa. Y de inmediato hace un análisis político con la precisión de un cirujano: “Era un índice de ceguera ideológica que había cundido en la Argentina y que empobreció el país además de enconarlo”.
No quiero ni acordarme de su paso por Rosario, cuando un grupo de vándalos autotitulados militantes K atacaron a pedradas la camioneta en la que se desplazaba Vargas Llosa. Daban ganas de escuchar a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen». Seguramente, leyeron tantos libros como Diana Conti.
Hoy Vargas Llosa utiliza una figura genial para definir los últimos 12 años de autoritarismo de estado: “Con los Kirchner el país estaba embotellado. Pero el populismo está en retirada en América Latina y tengo motivos para ser optimista. La Argentina me inspira mucha ilusión. La democracia está empezando a funcionar otra vez”.
En lo personal no coincido con su propuesta económica, demasiado neoliberal para mi gusto, con endiosamiento de la ortodoxia y el mercado y un rol muy pobre para el estado pero, Mario Vargas Llosa es un combatiente a favor de las libertades en su máxima expresión y está en contra de todas las censuras y dictaduras. Desde las de la izquierda stalinista como la de Fidel en Cuba hasta las de la derecha fascista como las de Pinochet en Chile.
No me gustan las posturas sectarias, militantistas, enfermas de ideologitis que son capaces de apoyar gobiernos corruptos y patoteros como vimos de sobra durante el kirchnerato. Es verdad que Vargas Llosa fue un duro crítico del matrimonio Kirchner. Eso lo hace más interesante todavía. Si el intelectual no tiene una cuota de provocación a contra corriente suele convertirse en un funcionario del montón que apela a la obsecuencia para mantener sus privilegios.
Los que desprecian desde el kirchnerismo a Vargas Llosa por ser un neoliberal no deberían olvidar que Carlos Menem que fue el ícono más grande que tuvo este pensamiento en la Argentina a la que gobernó durante una década, fue compañero de boleta electoral del matrimonio Kirchner en siete ocasiones. ¿Escuchó? No en una ocasión… en siete. Néstor lo elogió como el mejor presidente de la historia. ¿Se acuerda?
Para aportar otra mirada vale la pena escuchar lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa: “Me alegré mucho con su Nobel; es un magnifico escritor. Soy amigo de él, no soy sectario y no les pido carnet a mis amigos. Mis amigos son de izquierda, pero no tienen la obligación de serlo. Me enfado con mis amigos cuando son sectarios y dicen que él es de derechas. Pero los progres deberían leer sus libros”.
Esto es lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa. Y solo un fanático podría acusarlo de derechista. ¿Lo dejarían a Sabina inaugurar la Feria del Libro?
En aquel momento, mi amigo y nuestro compañero Jorge Fernández Díaz, le hizo una pregunta certera a Mario Vargas Llosa que dijo que “hay tantos tipos de liberales como de trotskistas y rogó que ninguno de esos personajes nefastos (se refería a Videla y a Pinochet) sea beneficiado con el rótulo de liberal” El premio Nobel, que acaba de ser premiado como “leyenda viva” por la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, desprecia por igual a los carniceros que industrializaron la muerte tanto en nombre de Hitler como de Stalin. Para que no queden dudas hay que decir que la dictadura de Videla lo censuró y por decreto de un general genocida ignorante llamado Albano Harguindeguy prohibió la circulación de su emblemático libro “La tía Julia y el escribidor”. Vargas Llosa contó que guarda aquel texto oscurantista y medieval y todavía no entiende lo que quiere decir.
Vargas Llosa recordó además como presionaron con el PEN Club desde Estados Unidos a la junta militar para que liberaran y dejaran de torturar al escritor argentino Antonio Di Benedetto y el resto de los detenidos.
Además, Vargas Llosa en el plano de los derechos individuales y la cultura es casi un anarquista. Dinamita todos los dogmas. Abre todas las cabezas. Francotira ideas para provocar e incomodar a los pensadores perezosos. Está a favor del matrimonio igualitario, del aborto, defiende a rajatabla los derechos humanos y es un durísimo crítico de la iglesia cuando juega el rol reaccionario de querer tapar el sol con las manos y de convertirse en el discurso único de la culpa.
Ojalá cuando Vargas Llosa venga diga como dice siempre lo que se le canta.- Ojalá eso dispare un sano debate de ideas de todos los colores que conforman en arcoíris de nuestra bendita Argentina. Ojalá nos podamos enriquecer con el pensamiento del otro. Sobre todo para exterminar a los tiranos a los que Albert Camus definió como “ las personas que quieren que desaparezcan todo tipo de contradictores y contradicciones en el mundo”. Ese es el tamaño del peligro. Y la dimensión del desafío.
Vivir bien para morir bien – 9 de marzo 2016
Quiero hablarles de lo que considero uno de los temas más importantes de nuestra existencia. Buscar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo vivir bien para morir bien?
Debo agradecerle primero a Enrique Bianco que me hizo conocer un escrito que hizo Mariana Jacobs. Ella trabaja en cuidados paliativos. Es una especialidad de la medicina que se encarga de acompañar a los pacientes en situación extrema y cuando están a un paso de la muerte. Mariana escribió un texto conmovedor donde cuenta todo lo que aprendió en su trato con seres humanos en estado terminal. Quiso compartir esa experiencia que te sacude hasta la fibra más íntima.
Primero, el trabajo.
Dice Mariana que los que se enfrentaban con la muerte inminente le enseñaron que hay que bajar 50 cambios. Que no importa la gravedad que parezca tener lo que te pasa hoy en el laburo. Nada es tan grave. El trabajo es lo que haces, pero no lo que sos. Si nuestra identidad sólo pasa por nuestro trabajo eso se convierte en una fuente segura de sufrimiento y stress. Todo lo que pasa en la vida cuando terminas de trabajar es lo que más valoras cuando todo se termina y entras en el túnel negro. ¿Qué es lo realmente valioso? Ella dice que nunca en todos los años que acompaña a personas hasta la muerte escuchó a alguna que le dijera que le daba pena morirse porque le hubiera gustado trabajar más, ganar más plata o tener un mejor puesto en la empresa. Nunca nadie le dijo algo semejante, ni una sola vez. Claro que esto no significa que el trabajo no importa. Yo agrego que en mi caso, por ejemplo, mi oficio es parte de mi disfrute, de mi felicidad cotidiana porque tengo la bendición de trabajar en lo que amo. Es mi vocación. Es lo que me da orgullo. Siento que me completo como ser humano y que de paso puedo ser más útil a la comunidad en la que vivo y en la que vive mi hijo.
Lo que Mariana dice, y la entiendo, es que a la hora del balance final, todos añoramos a nuestros hijos y a nuestros padres, todos lamentamos no haber compartido más tiempo con ellos.
Para decirlo en el más crudo castellano: ¿Cuánto tiempo perdimos ocupados y preocupados por boludeces sin tirarnos en el suelo a jugar con nuestros hijos, en contarles un cuento en voz alta, en abrazar fuerte y entrevistar a nuestros padres para conocer más de sus vidas y por lo tanto de nuestras vidas. ¿Cuántas veces por un compromiso formal y laboral postergamos una comida con amigos o una salida al campo o ir a la cancha a gritar por nuestro equipo? En síntesis, cuantas veces nos perdimos de hacer cosas que nos producen felicidad sin ningún otro objetivo que ese. Mi sicoanalista lo sintetiza cuando me dice: tenés que hacer cosas donde vos puedas sacar sin poner. No podes estar poniendo todo el tiempo. El Doctor López Rosetti muchas veces receta de verdad, con formulario y todo y de puño y letra, más sexo, más cine, más encuentros con amigos y familia. Más mimos con tu pareja, más besos, más cama y menos burocracias y pavadas cotidianas. No hay mejores remedios para curar cualquier mal que esos.
Cuando todo se termina, nadie se arrepiente de no haber comprado un auto más caro o de no haber tenido un puesto de gerente más alto. ¿Qué importa cuántas sucursales abriste y que imperio económico pudiste levantar?
Otra enseñanza que los pacientes antes de cerrar sus ojos para siempre le dieron a Mariana es no haber escuchado más lo que le decía su instinto, su panza o su conciencia. Porque aguantó tanto tiempo a ese jefe que odiaba o se bancó a tal pariente que no podía ni ver. Nadie lo obligaba y sin embargo se cargaba de broncas y puteadas sin necesidad. La ira se multiplica y luego es difícil extirparla. Hay que patear más tableros. Tener honestidad brutal con nosotros mismos. No pensar en el que dirán. Pensar en lo que más placer me produce. Cuando ya no tenemos más tiempo nos lamentamos de todo el tiempo que perdimos en boludeces a las que solo nosotros nos obligamos.
El tiempo es lo más valioso que tenemos, dice Mariana. Y creo que tiene razón. El tiempo y la calidad que le demos a la utilización de ese tiempo. ¿Por qué no me anime? Tendría que haber mandado todo a la mierda. No me atreví a vivir en otro país. Me autocensuré en mis fantasías.
El tiempo no vuelve. El reloj no retrocede.
A dónde irán los besos que guardamos, que no damos
dónde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo
dónde irán tantas cosas que juramos un verano dice la poesía talentosa de Víctor Manuel.
No hay apariencia que nos haga mejores. Solo se trata de vivir. Y de viajar. Dicen que viajando se fortalece corazón y te hace olvidar del anterior, según el evangelio de San Lito Nebbia. Ojalá que eso suceda así podrá descansar la pena, hasta la próxima vez.
Hay otra carga pesada que nos hace transitar muy lentamente y en forma sufrida. Son las broncas que acumulamos, las facturas que tenemos para cobrar, los odios que nos envenenaron el alma. Los que se mueren lamentan no haber tirado ese lastre por la borda. Le confieso que yo digo esto pero me cuesta muchísimo llevarlo a la práctica. Conscientemente sé que debe ser así. Pero no me resulta fácil que sea así.
Me han hecho mucho daño y me cuesta sacarme la bronca de encima. Y a los que le hicieron daño a mi hijo, confieso que los aborrezco y que no los puedo olvidar tan fácilmente aunque me lo proponga. Le doy mucho valor a la dignidad de las personas y a los que se plantan frente a las injusticias. Hay que tener un coraje y una voluntad que después es muy difícil transformar en olvido. O en memoria. Perdonar, reconciliar, olvidar, borrón y cuenta nueva son cuestiones complicadas. Tal vez la fe religiosa que yo no tengo ayude a esa liberación. Mucha bronca y odio nos enferma a nosotros y nos hace iguales que nuestros enemigos.
Se trata de valorar lo que se tiene y no lamentarse todo el tiempo por lo que se perdió. De cicatrizar heridas y mirar para adelante. Y de agradecerle a la vida todos los días. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro distinto lo negro del blanco, los dos materiales que forman mi canto, decía Violeta Parra.
Todo finalmente termina en el amor. En el amor a nuestros hijos y padres, a nuestra pareja, a nuestros semejantes. Esa capacidad de dar y recibir afecto nos hace más plenos y felices, aunque suene medio de bolero romanticón.
Mariana aprendió muchas de estas cosas de sus pacientes a punto de morirse. Y ella lo quiso compartir con otra mucha gente. Es una frase que dice para morir bien hay que vivir bien. Que cada minuto valga la pena. Que no aflojemos nunca en la batalla por ser felices y hacer felices a nuestros semejante. Solo se trata de vivir bien para morir lo más sano posible. Sólo se trata de vivir, antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
Magdalena muchamujer – 8 de marzo 2016
Hoy es el día de la mujer y le quiero rendir un humilde homenaje a Magdalena Ruiz Guiñazú. Ella es la flor más bella de nuestro maravilloso oficio. Magdalena es la mujer que más alto llegó y que mejor representa a los periodistas argentinos. Por suerte está con nosotros. Es la sacerdotisa de este templo de la noticia llamado Radio Mitre. Magda juega para nuestro equipo con la camiseta número 10 de esta selección nacional del periodismo. Jugamos con ventaja. Y se la ve todos los días alegre y plena. Radiante. Parece que logró la felicidad de leer los diarios en la cama.
Pero hasta hace muy poco tiempo, ella, tempranísimo, producía el rito sagrado: miles y miles de argentinos encendían la radio para escucharla. Fue un clásico de nuestro país. Durante más de un cuarto de siglo, Magdalena Ruiz Guiñazú se convertía en un parlante de masas que despertaba a los ciudadanos dormidos, en todo el sentido de la palabra. Ella es capaz de navegar en todos los mares de las relaciones humanas. Desde la charla distendida, amable, con intenciones didácticas apostando al rol formador de los medios, hasta la discusión apasionada con un ministro poderoso al que no le permite que diga mentiras. Yo intentaría resumir su carrera en pocas palabras: Magdalena no se calla. Ante nada y ante nadie. Magdalena no se vende. A esta altura es la mejor periodista argentina, la más creíble, la que tiene una trayectoria impecable para mostrar.
Ocupó con dignidad y capacidad profesional todos los escalones de la profesión. Fue una movilera audaz que muchas veces caminó por la cornisa del peligro con tal de conseguir un testimonio. Cacho Fontana descubrió rápido sus saberes. Todavía hoy anda con un grabador en la cartera, siempre atenta, por si alguna noticia o protagonista se le cruza en el camino.
Se luce con su escritura en los diarios y las revistas; en televisión supo poner su impronta de rigurosidad para investigar y de transformar sus preguntas en estiletes al servicio del ciudadano. Escribió libros deliciosos porque dice que la ficción es la que le permite al periodista soportar tanto dolor cotidiano por las cosas que pasan. Y la radio. Es su lugar en el mundo. Ella dice que la radio es el ring side de la vida. Es la posibilidad de no perderse nada de lo humano. De poner el cuerpo aún en los momentos más difíciles. Cuando pudo denunciar atrocidades en la cara de los dictadores. Cuando se jugó entera a la hora de aceptar la invitación del presidente Raúl Alfonsín para integrar la CONADEP, esa Comisión Nacional para la Desaparición de Personas que realizó el informe más valiente y riguroso sobre el terrorismo de estado. Allí trabajó codo a codo con próceres de los derechos humanos como Ernesto Sábato, Rene Favaloro, Marshall Mayer, Graciela Fernández Meijide o el obispo Jaime de Nevares.
Supo pararle el carro a muchos soberbios y prepotentes que la quisieron llevar por delante. Fue la primera que le dio la posibilidad de expresarse en un micrófono a Hebe Bonafini cuando muchos huían del lado de las Madres de Plaza de Mayo y los Kirchner, en Santa Cruz, se negaban a recibirlas. No era gratis hacer esas cosas. Por eso quedó grabado para siempre el audio donde Hebe agradece y reconoce por ese gesto a Magdalena. Hasta que vinieron los Kirchner, y le pusieron la camiseta partidaria. El odio y el autoritarismo creció tanto que la misma Hebe fue la que impulsó aquel fascista y repugnante juicio popular en la Plaza de Mayo a varios periodistas entre los que estaba Magdalena, aunque no lo puedan creer. Hay pocas cosas tan terribles en la vida como ser desagradecidos.
Otro soldado de ese ejército del insulto y la descalificación como Luis D’Elía también llenó de agravios a Magdalena que nunca lloró como su nombre. Destituyente, oligarca, era lo más suave que le decían a una de las compañeras más generosas y honradas de este maravilloso oficio. Hubo afiches anónimos fogoneados por el gobierno, despreciables actos donde se llamó a escupir fotos de periodistas. Ni Mussolini hubiera resucitado mejor los linchamientos a las voces críticas. Fomentar la intolerancia de estado es la peor herencia que nos dejó la década ganada por los amigopolios K. Y Magdalena podrá decir con orgullo que ni eso la hizo retroceder de sus convicciones.
Aquellos escraches que deberían avergonzar a todos los argentinos pero sobre todo a los que militan en los derechos humanos generaron un debate y Cristina Fernández de Kirchner dijo: “algunos periodistas deberían vacunarse contra la rabia”. Increíble respaldo a los victimarios. Una forma de sembrar más vientos.
¿Qué más decir de Magda? Se puede hablar de sus 12 premios Martin Fierro, de las condecoraciones por su trabajo a favor de los derechos humanos que le dieron desde las Abuelas de Plaza de Mayo hasta los gobiernos de Francia e Italia. De su coquetería y elegancia, que rompía corazones masculinos en el gremio de prensa. De los golpes duros que le dio la vida en lo personal. De la utilización de la ironía como arma de destrucción masiva. Ya en 1983 fue elegida la mujer del año por votación popular. Magdalena es un nombre de origen hebreo que significa: “La magnífica habitante del Torreón”. Hasta eso la marcó en su trabajo. La observación, la curiosidad es el principal motor que tenemos.
Fue pionera y vanguardia en los medios y por eso quise repetir este humilde reconocimiento en el día de la mujer. Para nosotros, no hay mejor día para hacerle nuestro humilde homenaje. El día de la mujer. Magdalena es la reina madre de todos los periodistas. Es nuestra pachamama. Magdalena, flor y mujer. Magdalena coraje, ícono del periodismo que no se calla ni se vende, espejo para los estudiantes, bien vale recurrir al título de Martha Mercader para nombrarla: Magdalena Mucha Mujer y está todo dicho. Magdalena, la flor más bella.