La legendaria canción de Carlos Puebla se hizo himno en Cuba. Sobre todo esa parte donde dice “Y seguir de modo cruel con la infamia como escudo/ difamando a los barbudos/ Y en eso llegó Fidel”.´
Amado Boudou, el malandra de estado multiprocesado por la justicia, parecía uno de esos barbudos revolucionarios. Parecía nomás. Su sombrero negro todavía no era una boina y le faltaba una estrella roja de cinco puntas. Su discurso clasista y combativo lo transformaron en un patético personaje, una caricatura trucha del Che Guevara.
Habló por radio Rebelde, la del piquetero amigo del chavismo, el castrismo y el negacionismo del holocausto de los iraníes más fanáticos. Amado no bajó de la Sierra Maestra para liberar a Cuba del dictador Fulgencio Batista. Bajó del médano que tiene como domicilio en una de las malversaciones de documento público que hizo. No se internó en la Bolivia profunda para organizar la guerrilla campesina. Se fue a vivir a Puerto Madero, cerca de su comandante en jefe, Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, Boudou, en la carpa de Luis D’Elía en el acampe de Plaza de Mayo exigió por la libertad de Milagro Sala, justo tres de los cristinistas que mayor imagen negativa tienen. El gobierno de Macri celebra que estos impresentables que rechazan las grandes mayorías sean las caras visibles de un cristinismo aislado y en franca decadencia. Solo hay que observar con detenimiento ese acampe para ver como La Cámpora se deja conducir por la agrupación Quebracho, la más violenta de la Argentina actual.
Con palabras groseras y una fuerte impronta antimacrista, Boudou vivó a Cristina y a Luis D’Elía. Se disfraza de izquierdista cuando toda su formación fue neoliberal y ortodoxa de la mano de los Alsogaray y la universidad del CEMA.
Se hace trampa a sí mismo. No dejó delito por cometer. Está procesado por la justicia en tres causas. Por recibir dádivas, es decir cobrar coimas en especies, con vuelos gratis en aviones y helicópteros. También lo procesaron por falsificar documentos para no darle la mitad de un auto a su ex esposa el día del divorcio. No parece un gesto solidario ni propio del hombre nuevo socialista.
Y también por uno de los más graves tiene que ir próximamente a juicio oral porque el fallo ya fue dejado firme por dos instancias superiores. Hablo de la estafa de Ciccone, del intento de apropiarse de la máquina de fabricar billetes. Primero por orden de Néstor Kirchner y después aprovechando su muerte para su propio bolsillo.
Tal vez como Al Capone, el ex vicepresidente de la Nación elegido a dedo por Cristina, vaya preso por algunos de los temas más chicos pero más fáciles de probar. Pero está claro que se creyó el más vivo de todos para robar. Dejó los dedos pegados en todas partes. Pero se sintió impune y pronto va a tener que explicar lo inexplicable. No hay una sola voz en el peronismo o en el kirchnerismo que se levante para defenderlo. Solo Luis D’Elía, que es una verdadera mochila de piedras.
Y todavía faltan las causas más graves. Por ejemplo la de enriquecimiento ilícito. El muy atorrante puso bienes de todo tipo a nombre de su familia cuyo patrimonio se multiplicó a la velocidad de la luz. El cancherito de Puerto Madero solía desplazarse en sus poderosas motos Harley Davidson y con una remera que decía “Cristina Capitana”, mostrando que tiene la cara dura y la mano larga.
Hay derrumbe del relato. Agustina K, la otrora segunda dama, no se puso colorada cuando dijo que «la política es como un hijo al que hay que darle todo» y reconoció que estuvo » en las malas que fueron muy malas de verdad». El amor se terminó pero las causas judiciales siguen. Ella deberá dar explicaciones al juez Ariel Lijo que la investiga por enriquecimiento ilícito y al juez Julián Ercolini por ese robo sospechoso que sufrió en su auto estacionado a la hora en que Argentina jugaba la final del mundial de fútbol. ¿Quién no saca a pasear dos notebooks y hasta un disco rígido y lo deja en el asiento de atrás del auto? Las cosas que habrán hecho desaparecer. ¿Se acuerdan cuando Cristina la hizo subir al escenario del triunfo electoral?
O el robo de casi 8 millones de pesos que le hizo al pueblo pobre de Formosa en complicidad con el gobernador feudal, Gildo Insfran y su socio José María Nuñez Carmona. Es increíble que con lo clarito que está el delito en esta causa, Amado Boudou pueda caminar en libertad por las calles como una persona honorable.
En el senado despilfarró el dinero de todos los argentinos. Ñoquis por todos lados, millones y millones para el gremio legislativo en busca de protección y complicidad, un empleado que cobra y vive en Australia, y 126 millones de pesos para bancar una ficción de canal llamado Senado TV. Qué otra cosa se puede esperar de alguien capaz de mentir su domicilio en varios documentos de identidad?
Hasta Marcelo Tinelli lo gastó con sus tuits. Tal vez no sepa que sus viejos compañeros de La Mancha de Rolando que cantaban con él ataviados con remeras que decían “Clarín miente” hace unos días estuvieron actuando en el “Espacio Clarín” que parece que ya no miente tanto. Estos son mis principios pero si no les gusta lo cambio. Ese es el marxismo que practica, el tragicómico de Groucho.
El muy caradura habló de su resistencia frente a las corporaciones y al sistema financiero y se quiso victimizar diciendo que lo quieren callar y perseguir.
Casi como una confesión de caída en picada, Boudou dijo que “a cada uno le tocará lo que le tenga que tocar”. La diputada Graciela Ocaña en un tuit resumió la esperanza y la exigencia de un amplio sector de la población: “Los argentinos esperamos que te toque la ley y la justician y vayas preso”.
Muchos ciudadanos exigen eso. No por venganza ni por hacer leña del árbol caído. Pero a esta altura que los únicos corruptos del kirchnerismo castigados por la justicia sean Ricardo Jaime y Felisa Miceli parece un chiste de mal gusto. Una grosería que no causa gracia a nadie. Como este Amado Boudou, disfrazado de revolucionario para ocultar su imagen de delincuente. ¿Irá preso ese Che Guevara de pacotilla llamado Amado Boudou?
Que la educación no muera – 9 de febrero 2016
Le pido que me preste atención. Voy a hablar de un tema trascendente: la educación de nuestros hijos.Le pido que me preste atención. Quiero leer un texto que no es mío. Pertenece a Leonardo Haberkorn, un gran periodista uruguayo de reconocida capacidad profesional y ética que, hasta que escribió lo que voy a leerle, era el Coordinador de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la ORT.
Leonardo dice así:
Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.
No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una licenciatura en periodismo.
Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.
Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.
Claro, es cierto, no todos son así.
Pero cada vez son más.
Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque más no fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen.
Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.
Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?
Así con todo.
¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio.
¿De qué partido tradicionalmente es aliado el PIT-CNT? Silencio.
¿Qué partido es más liberal, o está más a la «izquierda» en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio.
¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!
¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.
Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales.
En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con esta noticia:
“todavía existen kioscos que venden diarios y revistas….
En la Naranja Mecánica, al protagonista le mantenían los ojos abiertos con unas pinzas, para que viera una sucesión interminable de imágenes, veloces, rápidas, violentas.
Con la nueva generación no se necesitan las pinzas. Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso. Una clase se dispersaba por un video que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o disparador de algo. Era un video en Facebook de un cachorrito de león que jugaba.
El resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa.
Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es sólo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.
Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia.
Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante.
No quiero ser parte de ese círculo perverso.
Nunca fui así y no lo seré.
Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.
Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso a un témpano. Este año, proyectando la película El Informante, sobre dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.
¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que aguantarme las lágrimas!
También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente: primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana se sentó frente al dictador.
Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: «¡Si quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!».
Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.
Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando su Facebook. Todo el año estuvo igual.
Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Ellos querían que terminara la clase.
Yo también.
A este texto desconsolado de Leonardo, yo solo me permito agregar un par de reflexiones como periodista y como padre.
Por supuesto que no tengo la solución a este drama. Pero entiendo que la anomia por educarse y progresar es lo peor que le puede pasar a una sociedad. En ese caso es la uruguaya pero estoy seguro que no es muy distinta de la Argentina. O quizás peor. El doctor en educación y ex ministro del área de la Ciudad, Mariano Narodowski, acaba de publicar un libro llamado “Un mundo sin adultos”. Habla allí de la familia, escuela y medios frente a la desaparición de la autoridad de los mayores. Allí plantea que la obediencia a nuestros viejos, a los maestros, al director técnico del equipo de fútbol, era un valor democrático y ordenador de la sociedad y no un disvalor represivo y castrador. Los chicos necesitan que un adulto les diga lo que está bien y lo que está mal. Siempre reclaman de mil maneras los límites para no caer en el vacío.
Este es un problema grave que tenemos. Tantos años de presunto progresismo cargó de contenido satánico a la palabra obedecer. Instalaron que la libertad es hacer lo que se les cante las pelotas y eso no es así. Es cierto que no es el único problema. Hay un facilismo perezoso que lleva a los adolescentes eternos a que no se vayan nunca de la casa de los padres. O alumnos que sobre nuevas tecnologías saben más que los maestros. O padres soberbios que insultan y ningunean a los maestros. En síntesis hay palabras y valores que han sido estigmatizados y por eso va a ser tan difícil volver a ser lo que fuimos. Falta sacrificio, esfuerzo y pasión. Nada se logra boludeando. Nadie triunfa en dos minutos. La fama es puro cuento y no hay otra forma de ganar dinero que trabajar. Esas semillas son las que tenemos que volver a sembrar con el ejemplo. Y la pasión. Sin pasión no hay nada. Hay tantos padres que se la pasan diciendo que la vida y que todo es una mierda y eso es lo que le enseñan a sus hijos. Ellos repiten lo mismo y actúan en consecuencia. Si la vida es una mierda y nada puede hacerse, pues los hijos, nada hacen.
Se podría y se debería hablar horas de esto. Debatirlo a fondo en los medios y en las escuelas. Yo solo quise poner el problema delante de nuestros ojos y tirar la primera piedra sin esconder la mano. Ojalá les sirva a algún padre y a algún maestro. Ojalá.
El terremoto de Cristina – 8 de febrero 2016
Cristina cayó en desgracia. Cristina está sufriendo un terremoto político. La tierra de su poder se abre a sus pies. Su lugar de conductora se le escapa como agua, entre los dedos de las manos. Ya no tiene la chequera y está deshilachado el látigo que tantos resultados le dio para domesticar a gran parte del peronismo. Los síntomas de esta debacle son varios y de distinto calibre. Estamos asistiendo asombrados a situaciones que hubieran sido absolutamente impensadas hace un par de meses. Tal vez la más emblemática tiene que con Lázaro Báez.La mismísima gobernadora Alicia Kirchner le pidió al gobierno nacional que no le otorgue más obras públicas. Ese insólito reclamo es hasta que Báez les pague la deuda a los trabajadores que, hasta ayer, habían convertido a la provincia en un caos, llena de cortes de ruta y desabastecimiento. Pero Alicia ya no vive en el país de las maravillas del kirchnerismo y por las dudas pidió que le mandaran fuerzas federales de la gendarmería para restablecer el orden y reprimir si fuera necesario.
¿Quién lo hubiera imaginado? Suena extraño por todos lados. Alicia no es cualquier gobernadora. Es la hermana de Néstor, la cuñada de Cristina y la tía de Máximo. Es parte de la línea fundadora de la dinastía Kirchner. Igual que Lázaro Báez que es socio, cómplice, testaferro y/ o empleado de la familia, según quien cuente la historia de ese enriquecimiento monumental y a la velocidad de la luz. ¿Se dan cuenta de los que estamos hablando? ¿Registran la gravedad de lo que está ocurriendo? Alicia pide que le corten el chorro de fondos a Lázaro cuando su hermano y su cuñada lo inundaron de millones y millones de dólares. Alicia pide la gendarmería cuando el kirchnerismo se llena la boca de pedir que no se criminalice la protesta social, por ejemplo en el caso de Milagro Sala. El nivel de destrucción del terremoto del que estamos hablando es brutal y recién empieza. Porque Lázaro Báez no es cualquier empresario K. No es ni siquiera Cristóbal o la gente de Electroingeniería. Lázaro es Kirchner. Lázaro es Cristina. Y si no lo creen le pido que respondan estas preguntas:
1) ¿Quién es la persona que más rápido se enriqueció en la última docena de años K?
2) ¿Quién recibió más fondos de los gobiernos del matrimonio presidencial?
3) ¿Quién estaba cenando con su esposa y con Néstor y Cristina cuando el ex presidente sufrió un ataque que lo llevó a la muerte?
4) ¿Quién construyó el mausoleo faraónico donde descansan los restos de Néstor?
5) ¿Quién custodia y paga de su bolsillo la vigilancia privada de ese lugar sagrado para el kirchnerismo?
6) ¿Quién figura como socio de Cristina en la declaración patrimonial de la ex presidenta?
7) ¿Quién administró los hoteles de los Kirchner?
8) ¿Quién se encargó de diseñar la ruta del dinero negro del lavado y las coimas de Hotesur que hoy tienen en vilo a toda la familia?
La única respuesta posible es Lázaro Báez. Cuesta creer que haya sido Alicia y no Elisa Carrió o Mariana Zuvic la que haya exigido que no le mandaran más dinero a Lázaro.
Esta es tal vez la prueba más importante, pero no la única, de la forma acelerada en que Cristina está registrando lo que significa volver al llano y empezar a recibir la mala onda de aquellos que maltrató y humilló aún dentro de su agrupación. Cristina cayó en desgracia porque su soberbia y altanería le impidió ver que si se quedaba sin la caja, se quedaba sin capacidad de mando. Sus órdenes ya no se ejecutan con temor y urgencia. Solo los que no tienen votos ni futuro en la política siguen subordinados al verticalismo que tanto ejerció Cristina. Hoy ella levanta los teléfonos y muchos no responden. Y esto es recién el comienzo.
En el senado, la mayoría encabezada por Miguel Angel Picheto está dispuesta a sacarse a los fanáticos camporitas de encima y a negociar con racionalidad y pragmatismo con Mauricio Macri. Lo dijo con todas las letras.
En el Partido Justicialista todo se encamina a elegir nuevas autoridades más horizontales y colegiadas con la figura de José Luis Gioja a la cabeza.
En Diputados la intransigencia seguidista de Héctor Recalde llevó al bloque a la fractura y a perder la condición de primera minoría. Los cristinistas cada vez son menos y el gobierno de Macri tendrá quórum y posiblidades de aprobar las leyes que necesita con el apoyo de peronistas que huyeron del rayo paralizante que Cristina enviaba desde El Calafate.
Si se analiza con frialdad la relación de los gobernadores con el presidente Macri y el ministro Rogelio Frigerio y las necesidades de fondos que tienen en los distintos distritos, caemos en la cuenta que a Cristina solo le queda Alicia como incondicional.
El éxodo de varios gobernadores hacia un peronismo más moderno, republicano, flexible que los mantenga lejos de los fanatismos de los extremos y el dogmatismo es constante. Desde Juan Manuel Urtubey que encabeza la movida hasta Gerardo Zamora y su esposa que ya arreglaron con Macri que sus 6 diputados no le van a poner palos en la rueda. Los únicos que quedan en la obsecuencia de Cristina son, además de Alicia que no tiene otro remedio y está atrapada sin salida, el intendente de Resistencia.
Capitanich quiere construir poder con el apoyo de Cristina pero ni siquiera tiene el respaldo del gobernador del Chaco, Domingo Peppo que apoyó decididamente la primera ruptura del bloque de diputados.
Cristina está en problemas. Primero porque la justicia no tiene piedad con quien fue su victimario feroz y segundo porque muchas causas van a avanzar sin prisa pero sin pausa. Pero las dificultades que le produce el terremoto que ella misma generó tienen que ver con la casi nula representatividad de los muchachos de La Cámpora que se dejan conducir en la protesta callejera por Quebracho, la organización más violenta y peligrosa de la actualidad. El resto de los que se quedaron aferrados a su pollera son perdedores seriales de elecciones y con alto nivel de mala imagen en la sociedad: hablo de Guillermo Moreno, Martin Sabbatella, Luis D’Elía, Aníbal Fernández y Julio de Vido, entre otros.
Solo un milagro podría hacer resurgir a Cristina de sus cenizas. O un gobierno desastroso de Mauricio Macri. Mucho más rápido de lo imaginado, el poder de Cristina implosionó. Le explotaron en las manos muchas de las granadas que había dejado para Macri. Hoy toca los timbres que no responden. Se guía más por caprichos que por estrategias, recurre más a la venganza y al resentimiento que a la construcción del poder que viene. Es verdad que el peronismo da para todo. Pero son muy pocos los peronistas que comen vidrio. Son leales hasta la puerta del cementerio. Pero no se entierran con los cadáveres políticos. Hay un terremoto en el kirchnerismo. Cristina cayó en desgracia. Nadie la empujó a ese agujero negro. Ella fue solita, sectaria y altanera. Ahora está pagando las consecuencias. Pero esto recién empieza.