Moreno: ni olvido ni perdón – 2 de febrero 2016

Detesto las venganzas y las persecuciones. Pero no creo que la democracia deba construirse sobre la fragilidad de la memoria. Ni olvido ni perdón es una consigna de los 70 que tiene demasiadas connotaciones violentas. Y ese no es mi objetivo. Pero si puede ser un buen disparador para analizar el regreso de Guillermo Moreno como si nada hubiera pasado. Creo que si se olvida el daño y el mal que este personaje le hizo a la convivencia democrática y a la vida republicana, vamos por mal camino. Creo que si la sociedad y los medios perdonan así nomás las salvajes patoteadas que hizo es una muy mala señal. No hay premios ni castigos. Todo da igual. Lo mismo un burro que un gran profesor. Eso es un cambalache.
No creo que haya que estigmatizar a nadie. Pero tampoco se puede aceptar que Moreno entre como pancho por su casa en los medios después de haber sido uno de sus principales verdugos. Sobre todo porque no se arrepiente de nada. Celebra todo lo que hizo. En el diario La Nación, este agresivo funcionario que humilló a medio mundo, se dio el lujo de decir que la alianza cívico militar de la dictadura se quedó con la empresa Papel Prensa. Y lo dijo sin repregunta ni que nadie le parara el carro en un diario socio de Papel Prensa. ¿Eso es democracia o democratismo bobo? ¿Cuál es el valor periodístico de darle micrófono a Guillermo Moreno? Insisto: no propongo censurarlo. Pero tampoco me parece feliz que diga lo que se le canta sin que se le salga al cruce y se lo ponga en el lugar que realmente ocupa. El de un autoritario maltratador que injurió a medio mundo y ahora se hace el buenito.
Si no paga ningún costo por las barbaridades que hizo, jamás va a comprender que se equivocó. Es más debe estar festejando pensando que hizo lo correcto.
Muy suelto de cuerpo, el tipo que a punta de pistola invadió y ocupó el INDEC, tal como lo denunció hasta el mismísimo Horacio Verbitsky al que nadie puede acusar de anti K, ahora levanta el dedito como si fuera un ángel impoluto y dice que Macri es brutal y oligárquico. Moreno no tiene autoridad moral para calificar a alguien de brutal porque él fue la brutalidad hecha militancia. No es casual que haya ocupado junto a Luis D’Elía y Amado Boudou el podio de los tres dirigentes más desprestigiados del gobierno de los Kirchner. Por algo Cristina se lo sacó de encima después de perder una elección. Hizo tantos papelones que lo tuvo que mandar al exilio dorado en el Vaticano como agregado comercial. ¿Se acuerda de Angola? De esa truchada insólita donde llevaron un prototipo de maquinaria agrícola que nunca funcionó. Era cartón pintado. ¿Se acuerda de las mentiras que dijo respecto de cómo iban a crecer nuestras exportaciones a Angola? Y de la pistola arriba de la mesa para intimidar empresarios? Y de la Armada Brancaleone que dirigía el campéon de kick boxing, Acero Cali que luego exhibió una fortuna que al parecer hizo en una mesa de dinero o de juegos clandestinos.
No debemos olvidar tan rápido quien fue y quien es Guillermo Moreno. De lo contrario le abrimos la puerta a nuevos Guillermos Morenos. O celebramos sus presuntas ocurrencias como si fuera un personaje bizarro y es alguien antidemocrático. ¿Se acuerda cuando se pasó la mano tipo cuchillo por su cuello para amenazar a Martín Lousteau, como diciendo te voy a cortar la cabeza? ¿Y ahora se disfraza de cordero y quiere ser presidente del Partido Justicialista con una agrupación llamada “La Néstor”. Defiende a Milagro Sala como si fuera una carmelita descalza.
Necesita prensa porque tiene bajo nivel de conocimiento y los que lo conocen lo rechazan. Y muy ingenuamente muchos medios le dan esa prensa que necesita como si trabajaran para él. No lo entiendo. Hay como un síndrome de Estocolmo donde el torturado se enamora de su torturador.
¿Cuánto daño le hizo Moreno a la Argentina? ¿Cuántos empresarios dejaron de invertir? ¿Cuántos técnicos de prestigio internacional y excelencia académica fueron echados del INDEC como si fueran perros? ¿Cuánto vale todo ese capital intelectual que nos hizo perder?
Nos estafó a todos falsificando las cifras del INDEC y todavía hoy no se pueden arreglar. Le metió juicios a todos los que se mantuvieron dignos como Jorge Todesca o Juan Jose Aranguren y los perdió todos. No pudo controlar la inflación y dinamitó la credibilidad de las cifras de pobreza y costo de vida del gobierno que se fue.
Pisoteó el termómetro y el muy pícaro se creyó que así bajaba la temperatura. Intervino todos los mercados en nombre de la mesa de los argentinos. En poco tiempo liquidó un stock ganadero de más de 12 millones de vacas y hoy tenemos que pasar la vergüenza de que Uruguay y Paraguay exporten más que nosotros. Nos llevó a estar en el podio de los países del mundo con más inflación. Pero ese fue solo el comienzo de la carrera rutilante de Moreno hacia el precipicio. Se hizo experto en groserías, insultos y desafió a medirse el tamaño de su miembro viril a muchos empresarios. Hay que decir que los empresarios se lo permitieron y no se conoce a ninguno que se haya levantado de la mesa o que lo haya denunciado con todas las letras. La justicia tiró un tiro para su lado y procesó a Moreno y lo embargó. El juez Claudio Bonadío entendió que Moreno abusaba de su poder. Algo que se convirtió en su ADN. Es un abusador de poder. Moreno no dejó macana por hacer. Como un cavernícola maltrató en una embajada a la señora periodista Silvia Naishtat. Quiso dinamitar Clarín con un par de guantes de boxeo y mostró un llaverito que le decía boludo a Sergio Massa. Inventó varios fracasos bizarros como el cepo cambiario, el inmoral blanqueo y los cedines. Por mucho menos que eso cualquier funcionario hubiera sido expulsado del equipo de un presidente. Pero el capricho, la tozudez es más fuerte. Esa concepción infantil de no dar el brazo a torcer para no mostrarse débil ante los medios fue llevando a Moreno cada vez más arriba y a la economía cada vez más abajo. Se formó en la dura derecha peronista y es idolatrado por los jóvenes de La Cámpora que se creen de izquierda. Un talibán siempre es dañino para la democracia sin que importe su ideología. Es el fanatismo, estúpido. Un militante del patoterismo de estado salpicado con actitudes payasescas y decadentes. Un agrio que trabaja de ogro. Su amigo Maradona debería decirle que se le escapó la economía como una tortuga. Volvió un soldado de Cristina que en su momento se convirtió en su principal verdugo.

El incendio de Canal 13 – 1 de febrero 2016

Apenas las columnas negras del humo del incendio aparecieron en las pantallas, mucha gente empezó a sospechar por las redes sociales que se trataba de un atentado a Canal 13 y a TN. Por suerte para todos los argentinos eso no fue cierto y está absolutamente comprobado que se trató de las chispas que saltaron de una soldadora mientras un operario la estaba manipulando. Eso lo confirmó la empresa y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich que fue al lugar a comprobar in situ que nada raro haya ocurrido. Pero que las malditas llamas hayan levantado tantas preguntas y dudas es un dato político que habla del nivel de enfrentamiento y locura que los Kirchner inocularon en las venas abiertas de la sociedad. El odio que abrió la grieta o la fractura social expuesta bajó desde el estado de Néstor y Cristina y produjo diferencias irreconciliables que va a costar mucho tiempo solucionar. No hay demasiados antecedentes en democracia de semejante enfrentamiento entre ciudadanos de un mismo país. Hay que remitirse tal vez a la época de peronismo y antiperonismo que nos contaron nuestros padres o que leímos en los libros. Todo está en duda. El fanatismo y la bronca tiñen todos los pensamientos y hasta los hechos de las crónicas. Ya nadie cree en nada. Un incendio no es solamente un incendio. Hay siempre una mirada conspirativa porque durante una docena de años los Kirchner instalaron ese mecanismo que potencia las peleas y enfrenta a los habitantes en discusiones casi fraticidas que por suerte todavía no pasaron a mayores.Pero ante el incendio de Canal 13 hubo un sector de los tuiteros que pensó que se trataba de una especie de atentado terrorista de un sector del cristinismo. Y hubo otros, casi todos cobardes y anónimos, que celebraron el fuego que consumía una canal de televisión que es una fuente gigantesca de trabajo y un faro de libertad de expresión. Muchos se hacían los inteligentes y sus burlas eran burdas. La gran mayoría no existe ni acusa peso en la balanza porque son tan cagones que se esconden detrás de identidades falsas. Todos los días se descubre como Cristina utilizó y sigue utilizando un ejército de tuiteros que cobraban sueldos del gobierno. Hoy mismo se supo que hasta en el ministerio de Defensa, tenían conchabados un grupo de tareas dedicado a injuriar e intimidar a periodistas independientes y políticos opositores.

Hay que decir que el mas energúmeno de todos, el más salvaje y agresivo al que se lo podría acusar en la justicia por incitación a la violencia, tuvo la delicadeza de no ocultarse bajo una identidad falsa.

Hablo de Esteban Capitanich, ex funcionario y primo del Coqui, ex gobernador de Chaco y hoy intendente de Resistencia.

No es la primera vez que Esteban tira estos misiles que se le vuelven en contra. Hizo dos crueldades de pobre tipo. En una escribió: “Por la patria, que vengan los camiones hidrantes ya” y colocó una foto de varios camiones de YPF que transportan combustible. Proponía apagar el incendio con nafta el muy turro. Proponía por la vía de la acción directa hacer desaparecer a canal 13 y TN de la faz de la tierra, por lo menos durante un largo tiempo. Un republicano, el hombre.

Pero eso no fue todo. Esteban el primo de Capitanich, siguió con sus burlas frente a una situación dramática que pudo haber generado muertos. Escribió que “hay dudas sobre si fue un incendio o escape por la gran cantidad de humo acumulado. El mundo ve el incidente como una oportunidad para gran parte del pueblo argentino para pensar con libertad e independencia”. Pobre tipo. Un mediocre de alta gama. Su idea de la libertad y de la independencia es que no existan dos canales o más de televisión. Ese es su sueño, su utopía revolucionaria y el verdadero objetivo no logrado por Cristina y sus muchachos. De hecho, el Coqui, antes de incinerar todo su capital político en el altar de los Kirchner, se hizo famoso en el mundo de los medios por haber roto frente a las cámaras de televisión un ejemplar del diario Clarín. Nadie se había atrevido a tanto en democracia. Algunos supieron quemar libros y diarios en hogueras públicas pero se llamaban Hitler, Stalin o Luciano Benjamín Menéndez. Las ideas no se matan ni se rompen, Coqui. 

Como se ve, la familia Capitanich está acostumbrada a manejarse como en un feudo donde la palabra pública tiene que ser solo la de los Capitanich.

En síntesis, es el tipo de sociedad chavista que intentaron establecer los Kirchner y los para periodistas que ahora hablan de república y se sienten maltratados porque no les renuevan los contratos después de años de ganar fortunas en varios puestos del estado pagados por todos los argentinos y de dedicarse a aniquilar el prestigio y el buen nombre de los disidentes.

Hay que reconocer, nobleza obliga, que la ex jefa del bloque de diputados, Juliana Di Tullio tuvo otra actitud, mucho más democrática. Fue la única hasta ahora que salió a desautorizar a los que festejaban el incendio y tiraban más leña al fuego de canal 13. Por las redes sociales la legisladora escribió: “El amor vence al odio. Convertir la bronca en organización. No me gusta ver mensajes celebrando un incendio en donde trabajan miles de personas y alguien pudo correr peligro. Eso no me lo enseñaron”.

En el fondo y al comienzo de esta batalla cultural que el cristinismo perdió por paliza está un concepto viejo y equivocado. La ex presidenta y varios de sus intelectuales a la carta, piensan que los medios son capaces de lavarle la cabeza a la gente y modificar sus votos y conductas. Es un concepto que en los 70 ya era viejo. Es de un paternalismo y una falta de confianza en el pueblo incompatible con gente que se dice peronista. Ya Perón en su momento dijo que llegó al poder con todos los diarios en contra y que lo derrocaron con todos los diarios a favor. Está claro que el ciudadano no es tonto y que reacciona de acuerdo a su propia experiencia personal. Si tiene trabajo o no, si asaltaron o mataron a algún familiar, si la plata le alcanza a fin de mes. La historia la escriben los pueblos y no los medios. De hecho la fortuna que los Kirchner gastaron en inventar radios, canales, revistas y diarios fue plata tirada a la basura para que se enriquecieran algunos pícaros que encima ahora hablan de libertad de expresión. Ni un solo medio K inflado con el dinero de la pauta del gobierno logró ser exitoso ni creíble. Todos fueron un fracaso. Por su falta de libertad, por su falta de profesionalismo y por querer hacer proselitismo en lugar de informar. Intentaron disfrazar la propaganda con una pátina periodística. Pero la gente no es tonta. Jamás consumió esos medios y siguió escuchando, viendo o leyendo esos medios que los fanáticos de hoy quieren incendiar. Nunca comprendieron que un medio de comunicación si no dice la verdad y no tiene una mirada crítica no puede subsistir por más inflador de dólares que le pongan. Por eso fracasaron: por chupamedias, por encubridores de los corruptos y por cómplices a la hora de diseminar el odio que tanto mal nos hizo a todo. Jamás hay que echar más leña al fuego. La democracia y la justicia social necesitan ideas, convicciones y honestidad. El fuego solamente sirve para destruir. Y la idea democrática es construir.

Goyeneche x 90 – 29 de enero 2016

Un día como hoy de hace 90 años, nació el Polaco Goyeneche, uno de los íconos de la porteñidad. Debo confesar que Buenos Aires ya no es la misma. Que el corazón de Saavedra late más lento, como arrastrando su sangre olvidada.Hace 22 años que se nos esfumó en plena madrugada gris pero lo seguimos extrañando. Cada tanto se nos aparece con todo su talento y nos explota una nostalgia de 2×4.

Si algún pibe que no lo conoció ni escuchó hablar de su leyenda le digo que puede darse una vuelta por el bar “La Sirena” de la ex Avenida del Tejar y Nuñez. No se sorprenda si ve un cigarrillo apoyado en el cenicero de lata de Cinzano… entristeciendo la ventana con el humo. No se sorprenda si hay un café listo, un aroma de amistad y no hay nadie sentado en la silla. Es el fantasma del Polaco que vuelve a sus pagos. Es el fantasma del Polaco que de vez en cuando aparece en el espejo de algún colectivo que supo manejar para ganarse la vida pese a que ya cantaba en la orquesta del maestro Horacio Salgán. Muchos no saben que el Polaco fue colectivero. Que tal vez por eso fue el cantor nacional con más empedrado y asfalto. Goyeneche, que en milongas descanse, siempre recordaba con afecto su mundo de 20 asientos, el que le arruinaba los riñones, pero que fue su curso de ingreso a la universidad de la calle.

Ese fantasma del Polaco se aparece generalmente los sábados porque es el día de la noche, del tango compadrito y engominado.

Nunca falta gente soñadora que lo saluda con un movimiento de cabeza en el club social y deportivo “Federal Argentino” donde a los 15 años ganó un concurso de voces nuevas y como premio fue contratado para cantar en la orquesta de Kaplun.

Algún domingo suele merodear los viejos micrófonos del club social y deportivo “El Tábano” o los gritos de gol marrones y desesperados de calamar y de Platense.

Hay quien dice que se lo puede escuchar muy a los lejos en Villa Urquiza, en una vieja parada del tranvía 35 donde su viejo lo esperaba cuando volvía del cabaret, con el sol castigando las miradas. Ese mundo de tanguerías de piso de parquet, piringuindines almodovarianos con bronces por todos lados y de mujeres coperas y alternadoras habían sido sus divisiones inferiores. Desde muy chico se movía entre las mesas y los escenarios como un sabio veterano.

La estampa del Polaco está en todos lados. Como un Dios pagano. En

Radio Belgrano y los viejos micrófonos de los afiches de Evita, Caño 14, la catedral del corte y la quebrada, los clubes de barrio, la tele y en los discos long play. Pero sobre todo en esos boliches prohibidos, esos supermercados del vicio y el placer que nunca dejaron vivir ni morir en paz a su madre lavandera que nunca lo llamó Polaco.

El primero que le dijo Polaco fue otro mito de la fundación de Buenos Aires. Otro que siempre está volviendo, el de las manos como patios: Aníbal Troilo, Pichuco. Lo escuchó una noche, no lo esperaba. Lo llamó y le dijo: “pibe, usted así tan rubio parece un polaco” y le quedó para siempre ese apodo y de nada sirvió tanto vasco antepasado llamado Goyeneche.

Con Pichuco, el Polaco construyó una amistad inmensa y una pareja de leyenda. Goyeneche y su personalidad para decir los tangos siempre me puso la piel de gallina. Siento una emoción canyengue, de chata cadenera del barrio de La Boca, pocas cosas tan urbanas como su voz y sus murmullos.

Por eso Buenos Aires no es la misma sin su cara angulosa, sin su bigotito anchoa, es como tener un prócer menos. Nos falta su voz de barítono de mediana tesitura, su buen oído, su susurro de fango, sus amagues futboleros, sus fileteados verbales, su bandoneón en la garganta.

¿Sabe qué consejo le daba siempre Pichuco? Le decía: ”Pibe… hay que contarle al público, no cantarle. De cantar se encarga la orquesta.”

Y si me permiten señores oyentes, le robo un párrafo a Fernán Silva Valdes para tratar de definir mejor lo que era el tango interpretado por el Polaco: “El tango es una música rara/ que se acompaña con el cuerpo y con los labios y con los dientes/ como si se mascara”.

Y le robo otro a Homero Expósito, ¿Me permite?. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”.

Así era el Polaco, por eso fue el más rockero de los tangueros, el más zarpado, el menos dogmático, el que tenía los poros más abiertos para enriquecerse con otros vientos.

Era llorón, sensiblero, calentón, a veces se encerraba en su humilde casita de la calle Melián a hundirse en las nostalgias. Su primer contacto con el tango fue a través de las letras que publicaba aquella revista emblemática llamada “El Alma que canta”. Y fue casi como un toque premonitorio porque el Polaco Goyeneche hoy podríamos definirlo como “El alma que canta”.

Extrañamos tanto su fraseo único, ese paladear el tango desde cada palabra con puntos y coma, gota a gota, tango a tango.

Extrañamos su carraspeo, sus silencios abismales, su escenario, su estaño, su última curda y su garganta con arena como le dijo Cacho, tal vez su heredero, de “cantor de un tango insolente, hiciste que a la gente le duela tu dolor”.

Nos duele el dolor del Polaco y de su ausencia. Si nos paramos a mirar la vida debajo de una luz de almacén, seguro que nos invade un perfume de yuyos y de alfalfa que nos hace extrañar más su misterio sureño y desafiante.

Y a veces, la angustia nos invade porque solo nos queda su nombre flotando en el adiós. Arena que la vida se llevó…