Siento orgullo por un fiscal como Fernando Arrigo que tuvo el coraje bien puesto y en su alegato demostró que busca juicio y castigo para los responsables de lo que prefiero llamar siniestro del tren de Once, siniestro en todo el sentido de la palabra.
Digo siniestro y no tragedia porque esa palabra se asocia a lo inevitable y mucho menos, quiero hablar de accidente. No hay accidente cuando el estado, los empresarios y los sindicalistas conforman un triángulo mafioso y generan las condiciones para que solo un milagro salve a los pasajeros de ese cementerio sobre rieles
Siento orgullo por un fiscal al que no le tembló la mano en su intento de que se aplique todo el peso de la ley a los delincuentes que produjeron 51 muertes más un bebe que estaba en la panza de su madre y 789 heridos algunos de ellos de gravedad.
Veremos que dicen los jueces. Pero el fiscal con una argumentación impecable pidió más de 10 años de cárcel para Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, los hermanos Cirigliano y otros funcionarios kirchneristas que dependían del ministro Julio de Vido a quien también se mantiene bajo investigación. Recuerdo que en su momento Paolo Menghini exigió la renuncia de De Vido. Si sabía, por complicidad con la corrupción y si no sabía, por inútil.
Como diría Cristina: no fue magia. Fue un crimen de lesa corrupción cometido desde un estado encabezado por la presidenta de la Nación.
Siento vergüenza ajena por el silencio de este gobierno. Apenas unas palabras sueltas y de compromiso frente a semejante masacre. Me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó más a los familiares. Al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de un siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares:” para el gobierno, la tragedia no existió”.
Siento vergüenza ajena por los funcionarios nacionales del transporte con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi a la cabeza que estuvieron más preocupados por sus negociados y por responsabilizar a las víctimas que por la seguridad para viajar de los pasajeros.
Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por los hermanos Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.
Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callan por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temen que los echen de sus trabajos o que les quiten el único combustible que los mantiene en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante estos 43 meses? ¿O también en este tema siguen las enseñanzas de la presidenta? El más repugnante fue Víctor Hugo Morales que no conforme con defender a malandras de la calaña de Amado Boudou o Lázaro Báez, atacó a los familiares de las víctimas. María Lujan Rey, la madre coraje de Lucas Menghini, le respondió algo demoledor: «Cuando por obsecuencia se justifican muertes inocentes se convierte en un ser despreciable. De ese lugar no se vuelve».
Siento vergüenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos como Hebe Bonafini y Estela Carlotto que se taparon la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia. Lo mismo que le pasa a tantos artistas ladriprogresistas que se llenan la boca hablando de los sufrimientos del pueblo pero que no se solidarizaron jamás con los familiares para no ser castigados por Cristina y poder seguir cobrando fortunas que pagamos todos por participar en los recitales oficialistas.
Siento vergüenza ajena porque aún hoy, el maltrato oficial, a tres años y siete meses del horror ferroviario, condena a muchos heridos y sobrevivientes a mendigar lo que les corresponde.
Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas más víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.
Finalmente siento orgullo por los familiares.
Siento orgullo por esos padres y madres valientes, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona. Y por los que se animaron a acompañarlos solidariamente como Juan Carr, Juan José Campanella, Nora Cortiñas o Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.
Los muertos eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder mire para otro lado.
Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de tragedias anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte.
Stiuso: un demonio K – 29 de septiembre 2015
Resulta que ahora, después de 12 años en el poder absoluto, Cristina descubrió en Naciones Unidas, que Antonio Stiuso es un demonio. Pero hasta hace muy poco tiempo era el ángel guardián del matrimonio presidencial. Tardó demasiado la presidenta de la Nación en intentar despegarse del jefe de inteligencia del kirchnerismo. Después de 12 años en el gobierno, los Kirchner dejan vacía la causa Amia, llena de divisiones entre los familiares de las víctimas, con el fiscal Alberto Nisman muerto y sin saber cómo murió y encima, como si esto fuera poco, la presidenta pretende hacernos creer que los padres políticos del espía son los Fondos Buitres y la CIA. La verdad, que es la única realidad, dice que los padrinos, los que le dieron tanto poder impune a Stiuso fueron Néstor y Cristina. En lugar de sacar la culpa afuera y pedirle colaboración a los Estados Unidos y a la Interpol una alerta azul para ubicarlo, deberían preguntarse qué hicieron para merecer esto. Es un Frankenstein modelado a imagen y semejanza de un pingüino pero que se volvió independiente y rebelde. Los que fabrican monstruos, corren ese riesgo: se les puede volver en contra como un búmeran. Es posible que hoy Stiuso tenga la protección de los Estados Unidos. Pero hasta hace media hora tenía la protección de los Kirchner. Si Cristina se quiere mentir a sí misma, que lo haga. Pero que no nos siga mintiendo a todos los argentinos.
No conozco ni quiero conocer al ex jefe de la tenebrosa SIDE ascendido por Néstor al máximo cargo. Pero hay una pregunta que me gustaría hacerle a la abogada exitosa: ¿Cuándo se dio cuenta que este espía era un personaje siniestro y nefasto? ¿Desde cuándo consideran que «Jaime», es el culpable de todo lo malo que pasa en la Argentina? Lo pregunto porque Stiuso fue el principal instrumento que utilizaron los Kirchner para perseguir, intimidar y extorsionar a cualquier argentino que se atreviera a expresar un pensamiento crítico hacia el gobierno. Durante más de 11 años el matrimonio presidencial hizo uso y abuso de las escuchas telefónicas ilegales. Hay varios testimonios del placer casi sádico que sentía Néstor al escuchar a sus rivales políticos o a sus propios ministros hablar mal de él. Esa información obtenida en forma delictiva era utilizada por Néstor, sobre todo, pero también por Cristina, para disciplinar a políticos, empresarios, jueces y periodistas. Muchos eran amenazados con carpetazos, es decir con entregarle al periodismo fotos, filmaciones o documentos sobre la vida íntima de esas personas. De esa manera ejercían un chantaje repugnante al que muchos sucumbieron. Todo eso lo ordenaba Néstor Kirchner y lo ejecutaba Antonio Stiuso. Y cuando la persona investigada no tenía nada demasiado grave para denunciar, no tuvieron problemas en inventar o armar causas y escándalos. El legislador papal Gustavo Vera reveló que el cardenal Jorge Bergoglio le contó que Stiuso lo seguía y lo espiaba por orden de Néstor Kirchner. El gobierno dijo que se trata de una locura de Vera. Pero hasta ahora, el Papa Francisco no desmintió a uno de los diputados con los que tiene mayor amistad. El que calla otorga. Hay versiones que son directamente asquerosas. Dicen que los fines de semana mandaban prostitutas a tocar las puertas de la Catedral para ver si podían fotografiar al cardenal Bergoglio con alguna de ellas para sembrar sospechas y liquidar su prestigio y su carrera hacia el Vaticano.
Es un dato clave. Porque el que tiene estómago como para acosar así a un líder religioso carece de escrúpulos y es capaz de hacer cualquier cosa para calmar su bulimia de poder y dinero. Néstor Kirchner ordenó operaciones de ese tipo para ensuciar y sacar de la cancha a Enrique Olivera, Francisco de Narváez, y Luis Juez, entre los más conocidos.
Antonio Stiuso cumplía órdenes. Los últimos 11 años estuvo bajo el mando de Néstor y Cristina, y de Francisco Larcher y «El chango» Hector Icazuriaga. Recién el 11 de diciembre pasado, Cristina descubrió que Stiuso se había convertido en el patrón del mal de sus pesadillas. Pasó de santo a diablo, de ángel a demonio. El gobierno habla como si a Stiuso lo hubiera designado y mantenido en su alto cargo el grupo Clarín. No fueron Macri, ni Massa ni siquiera Scioli los que le dijeron al, en ese entonces flamante fiscal Alberto Nisman, que Stiuso iba a trabajar con él. Perdón por la insistencia pero es absolutamente cierto que fue Néstor Kirchner el que puso a Stiuso y a Nisman a trabajar juntos. Y fueron todos ellos los que fomentaron la colaboración con la CIA y el MOSSAD con el objetivo de avanzar en la investigación por el ataque terrorista a la AMIA. Fueron ellos los que empezaron a infiltrar agentes de La Cámpora como lo han hecho en todo el estado. Ellos, con su resentimiento e incapacidad, desataron una guerra de servicios que gasta millones de dólares sin ningún tipo de control.
Fue esta década espiada por los Kirchner donde más se utilizaron los servicios para los aprietes y amenazas de la política doméstica. Por eso Cristina no puede acusar a nadie de los trabajos sucios que realizaron los topos de la inteligencia. Ella es responsable, igual que su marido, de todo lo que pasó desde que llegaron al gobierno. Por eso sostengo que Cristina es responsable por acción o por omisión de la muerte del fiscal Nisman. La historia cargará sobre sus espaldas semejante magnicidio. Esa sangre salpicará la investidura presidencial mientras haya impunidad. Solo la verdad, la justicia y el castigo llevarán paz al fiscal muerto y a la República herida.
No alcanza con disolver los servicios de inteligencia de apuro, con tratamiento express en el Congreso.
Cristina no pudo, no quiso o no supo democratizar y profesionalizar a los servicios de inteligencia. Hace más de 10 años, Gustavo Béliz, que era ministro, le llevó a Néstor un proyecto riguroso para refundar la SIDE como Agencia Federal de Inteligencia y el resultado fue asombroso. Antonio Stiuso fue aplaudido y abrazado por Néstor Kirchner y Gustavo Béliz fue eyectado de su cargo y perseguido hasta el límite de tener que exiliarse en los Estados Unidos. En aquel momento Stiuso era Gardel. Hoy es Satán. La sabiduría popular tiene un dicho que lo resume todo: cría cuervos y te sacarán los ojos.
Kicillof devalúa la palabra – 28 de septiembre 2015
Es imposible encontrar algún éxito en la gestión de Axel Kicillof. El colorado, sin ponerse colorado, levanta el dedito y cargado de soberbia, dicta cátedra como si fuera el mejor ministro de economía de la historia. Sin embargo es uno de los peores funcionarios que se sentaron en esa silla eléctrica. Todos los indicadores, absolutamente todos, son peores que cuando el camporita admirado por Cristina fue designado ministro.
En estos últimos tiempos, se ganó el mote de “el más grande devaluador de la historia”. Es insólito, Axel quiere asustar a la gente diciendo que los opositores van a devaluar y este gobierno hizo que un dólar que estaba a 6 pesos pasara a 14 si tenemos en cuenta el dólar bolsa porque el paralelo ya superó la barrera de los 16.
Rogelio Frigerio dijo que Kicillof está haciendo pelota el mercado de valores y que se comporta como un cirujano con mal de parkinson.
Los Kici boys, como les dicen en el propio gobierno son tan altaneros como Cristina y tan ineficientes como la mayoría de los ministros. Pero esa megadevaluación negada que castiga ferozmente a los más pobres no es su peor defecto. Lo más grave es la devaluación de la palabra. El deterioro de la credibilidad de todos los indicadores sociales. Nadie cree ni en los números de la inflación que vienen malversando hace tiempo ni en esa humillación de no querer medir la pobreza para no estigmatizar a los pobres. Pocas veces se dijo algo tan antipopular desde una voz presuntamente progresista.
El gobierno de Cristina y su mano derecha en la economía se retirarán al llano con menos carne, menos maíz, menos trigo y con todas las economías regionales quebradas. Un estudio de FADA asegura que el gobierno nacional se queda con el 94% de la renta de la producción agropecuaria. Es un milagro de prudencia responsable que no se hayan desatado conflictos más graves, aunque el próximo 14 de octubre se viene un tractorazo nacional de alto impacto. Es lo que cosecharán Cristina y Axel después de sembrar mala praxis, ignorancia y autoritarismo.
Todavía siguen intentando ocultar el daño gratuito que le hicieron al pequeño ahorrista con la resolución que los obliga casi a pesificar los títulos nominados en dólares de los fondos de inversión. Fue una clara medida típica de la patria financiera. Eso metió un terremoto en los mercados pero Axel tiene una explicación para todo lo inexplicable. La culpa es de Clarín y de los buitres. Así de fácil y mentiroso. Hace cuatro años que no crece ni la economía ni el empleo privado. No tienen un solo dato del que vanagloriarse y sin embargo se mueven como si fueran genios. El cepo sigue envenenando toda la actividad. Es un corset tan dañino como la convertibilidad. Cada vez que toman una medida es por capricho o por venganza. Destruyen la cadena de valor y consolidan la recesión.
El relato mentiroso y encubridor de los fracasos de su gestión se cayó a pedazos y el ministro más marxista de Groucho que de Karl, la ayudó bastante a Cristina en esa tarea tan nefasta y reaccionaria. Nadie puede encontrar un buen remedio si no sabe la profundidad y las causas de la enfermedad. Si se niega a saber o a confesar cuantos son los pobres difícilmente sus medidas logren combatir la pobreza. Porque de eso se trata, ministro Kicillof. Un gobierno que se autotitula popular y progresista debería combatir la pobreza y no ocultar a los pobres hasta convertirlos en los nuevos desaparecidos. Porque las cifras más prudentes dicen que cuando asumió Cristina había 8 millones de pobres y que ahora hay, por lo menos, 12 millones. Dice Margarita Stolbizer que Cristina generó 95 pobres por hora en estos últimos tres años. Tal vez Kicillof no entendió bien. Lo que hay que multiplicar son los panes y los peces, y de ninguna manera los pobres. Un gobierno sensato debería apuntar a la pobreza cero. Ese debe ser el objetivo de todo gobierno que se precie de ser popular: pobreza cero.
Estigmatizar a los pobres es ignorarlos, hacerlos desaparecer de las encuestas y del interés del gobierno.
Vamos a decirlo con toda claridad. El ministro estrella de La Cámpora y el preferido de Cristina metió la pata hasta el caracú, como dicen en el barrio. Ya dijo una sarta de pavadas atómicas pero ninguna como esta. Ya nos pidió que nos quedaramos tranquilos que estaba todo estudiado. Pero la realidad dice otra cosa.
Una caída a pique del producto bruto, de las exportaciones, de las importaciones, de la inversión extranjera, del salario real y de los puestos de trabajo. La inflación sigue estando en el podio de las tres más altas del mundo detrás de Venezuela y Sudán.
Su mala praxis, señor Ministro ocultador de pobres, y devaluador de la palabra, tiró abajo todos los indicadores económicos. En todos los planos el país está mucho peor de cuando usted asumió lleno de ideología y con cero experiencia en la administración pública. Bueno, cero experiencia es una forma de decir. Porque en su momento mientras estudiaba supo trabajar con Jorge Capitanich en un libro y en el área de Domingo Cavallo, dos conocidos revolucionarios.
Por algo su agrupación en la universidad se llamaba Tontos, pero no tanto. Podríamos definir a los argentinos de la misma manera. Somos tontos pero no tanto. ¿No le parece, señor Ministro?
Mientras tanto, se da un teorema extraño en su relación con el poder. Mientras más fracasa, Cristina le da más premios. El peronismo y casi toda la sociedad, lo ven como el mariscal de todas las derrotas económicas.