Gremios salvajes contra Macri – 9 de noviembre 2018

Está absolutamente claro que tanto Cristina como Hugo Moyano tienen miedo de ir a la cárcel. Saben que si el presidente Mauricio Macri logra la reelección el año que viene, esa posibilidad se agiganta. Una Cristina nuevamente derrotada en las urnas, la debilitaría políticamente hasta hacerla ingresar en el ocaso de su carrera. Por eso Cristina va a ser candidata y por eso Hugo Moyano está asociado a ella. Es un lugar común y muy trillado pero muy gráfico: no los une el amor, sino el espanto de terminar en un calabozo.
Ambos están convencidos que la mejor manera zafar de la prisión es serrucharle el piso a Macri lo más que puedan. Ponerle palos en la rueda y hostigarlo en forma permanente. Su primer objetivo es convertir a Macri en De la Rúa y que huya por los techos de la casa rosada en helicóptero, en medio de un incendio social. Y echan mucha nafta y acercan sus antorchas para que en diciembre la gente más excluida se mezcle con algunos delincuentes y lúmpenes para producir un estallido. Ese es su objetivo de máxima. O de Máximo. Pero si no consiguen producir esa tragedia en las calles, apuestan al plan B que incluye el triunfo electoral de Cristina favorecido por un oficialismo totalmente erosionado.
Por lo tanto la orden es bien clara: pegarle en lo tobillos a Macri. Potenciar todos los conflictos. Llevarlos al extremo y provocar la represión más violenta que se pueda. Los más fanáticos e irracionales quieren un muerto o dos como Kosteki y Santillán para que Macri corra la misma suerte de Eduardo Duhalde y deba irse en forma anticipada del poder.
En este marco hay que analizar el paro salvaje de los gremios aeronáuticos o las medidas de fuerza permanente de los sindicalistas docentes bonaerenses o los atentados incendiarios de los presuntos mapuches de la RAM o los piquetes permanentes y cortes de la avenida 9 de julio y el ejército de provocadores que aparece en cada marcha grande con piedras, hondas, bombas molotov, armas caseras y las caras tapadas.
Todo vale para desestabilizar al gobierno. Todo suma para multiplicar el mal humor y la bronca. Hasta los diputados de Cristina en la última sesión aportaron su granito de arena al intentar frenar a los carros hidrantes o ayudando a derribar las vallas que cuidaban la seguridad de los legisladores.
El paro salvaje, irracional, ilegal y encubierto como si fuera una asamblea, tiene esta explicación. Fueron directamente al choque y a generar un caos descomunal. Y lo lograron. De pronto lanzaron una huelga de 10 horas que obligó a cancelar 258 vuelos y que afectó a 30 mil pasajeros. La mayoría de los dirigentes responden a Moyano y a Cristina y tienen en sus filas a muchos integrantes de La Cámpora que ingresaron a trabajar poco tiempo antes de que Cristina abandonara el poder. No se trata de trabajadores que están sufriendo penurias económicas terribles y tienen hambre. Un maletero gana más de 60 mil pesos de promedio y un piloto anda por encima de los 250 mil pesos. Son sueldos muy por arriba de otros trabajos. Por eso le digo que esto hay que entenderlo como una obsesiva ofensiva contra Macri. La mayoría de los trabajadores no querían parar. Son obligados. Padecen aprietes y extorsiones por parte de los gremialistas y delegados más duros. Los acusan de traidores, carneros o malos compañeros si no se suman a la protesta. Los estigmatizan.
El mecanismo es muy similar al que utilizan otros dirigentes sindicales burócratas como Roberto Baradel entre los maestros, por ejemplo. Paros como un instrumento político y no como una forma de conseguir mejoras para los trabajadores. No hay ningún país en el mundo que tenga tantos paros de docentes o de aviones. Es una medida extrema que se toma muy de vez en cuando. La educación y el transporte son dos servicios públicos esenciales. Sin embargo los gremialistas empujan a sus afiliados a repetir la fórmula una y otra vez. Esta Argentina que necesita volver a crecer lo antes posible tiene al turismo interno como uno de sus principales motores. Pero si los aviones no salen, todo el turismo se complica. Pero a los gremios no les importa el país. Les importa conservar sus privilegios y que vuelva Cristina a la presidencia. Insisto: en ningún país pasa esto. Y mucho menos en los países que estos muchachos admiran como Venezuela o Cuba. ¿Paros docentes o de aviones? Nadie se atreve. Y no crea que en Venezuela o Cuba ganan bien. Todo lo contrario.
El gobierno tiene una actitud de prudencia. No quiere caer en una provocación y que estas escaramuzas en las calles terminen con algún herido grave o un muerto. Por eso deja hacer y no interviene. Esa táctica es positiva para evitar que los conflictos escalen y se desborden. Pero tiene un gran riesgo. La reiteración de cortes por cualquier cosa y todos los días, el permanente recurso del paro, la búsqueda de la reacción policial con agresiones de los manifestantes va sedimentando una idea muy peligrosa: acá vale todo. Esto es un viva la pepa y cualquiera puede hacer cualquier cosa. Todo el mundo se le anima al gobierno y le va haciendo perder autoridad. Lo grave es cuando el ciudadano sospecha que el gobierno no tiene capacidad para poner orden. Y que los violentos y autoritarios son los que marcan la agenda de todos los días. Ojo con eso. Ojo con renunciar a uno de las principales responsabilidades del estado que es mantener racionalidad y respeto por las leyes para permitir la convivencia pacífica. Si el estado se retira muy lejos y durante mucho tiempo, va quedando en el inconsciente colectivo la inquietante idea de que nadie manda y que se produce cierto vacío de poder. No se puede permitir eso porque es el comienzo del fin de toda sociedad civilizada. Nadie pide represión salvaje. Ese remedio sería peor que la enfermedad y totalmente inhumano. Pero si poner toda la estructura del estado democrático para no permitir prácticas anti democráticas. Utilizar todos los recursos disponibles sin disparar un solo tiro. Ayer un problema intra familiar en General Rodríguez llevó a que ocho de sus integrantes cortaran durante horas una ruta importante. Ocho personas y dos fogatas. Era increíble pero es lo que estoy tratando de advertir. Cualquiera se anima a violar la ley porque sabe que es gratis, que no hay castigo. Ese es el límite. El gobierno debería comprenderlo y actuar en consecuencia. Pero también hacer política y docencia con esto. Sacar a sus mejores voceros a dar el debate con los docentes, los aeronavegantes, los piqueteros y ponerlos en evidencia de sus verdaderos objetivos autoritarios. Pero muchas veces el gobierno calla y otorga. Deja hacer, deja pasar. Se muestra débil y en silencio. Como si las cosas se arreglaran solas como por arte de magia.
La cara más salvaje la vimos ayer en Aeroparque. La mayoría de los trabajadores de Aerolíneas son muy capacitados, impecables, honestos y pacíficos. Pero los sindicalistas que responden a Cristina y a Moyano fueron por todo. Paralizaron el tráfico aéreo de un país por diez horas. No quieren que la Argentina levante vuelo. Por el contrario, quieren que el país y el gobierno vuelen por el aire. Y eso es grave.

Serrat Da Capo – 8 de noviembre 2018

Serrat es un capo, dicen las madres mientras lo acarician y le piden fotos en el Hospital Garraham. Es como una forma de devolver el cariño y la medicina que, con su presencia solidaria y sus canciones, les lleva a tantos chicos que están sufriendo enfermedades. Serrat es un capo que se emociona y nos emociona. Que sufre cuando ve a los pibes peladitos que están combatiendo al maldito cáncer y recuerda sus propias batallas. No se sabe demasiado porque por pudor no le gusta contarlo. Pero Joan Manuel Serrat tiene que hacerse estudios y análisis en forma periódica. Tres veces le detectaron cáncer y tres veces lo derrotó a fuerza de coraje. El 27 de diciembre, va a cumplir 75 años y en el Gran Rex que está siempre lleno, parece su admirado Messi cuando dibuja melodías y un clima mágico sobre el césped del escenario.
Siempre tiene un gesto hacia los que necesitan. Hace 11 años que visita el hospital de niños. Y allí canta “Esos locos bajitos”, por supuesto. Porque “A menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor.”
Abraza fuerte a los familiares de los soldados caídos en Malvinas y a todos se nos vienen a la cabeza los versos de “Algo Personal”. Recordamos que “se arman hasta los dientes/ en nombre de la paz/ juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es de los otros si algo sale mal.” No hay dudas que entre esos tipos y Serrat hay algo personal.
Está entre nosotros con su gira de “Mediterráneo Da Capo” que es como volver al origen de todo, a la génesis.
Es que apenas sale a escena surge la magia del romance entre los argentinos y Serrat. No importa si es en el Colón, de saco y corbata o en la Plaza Vaticano, de jeans y remera. Hay una relación indestructible entre el artista catalán y nuestra gente. Es pasión de multitudes y todos los aplauden. Lo hacen de pié. Todo el mundo corea las canciones y se conmueve. Tiene 50 años de carrera, más de 450 canciones.
Pero para mi generación, para los que tenemos algo más o algo menos de 60 años, Joan Manuel Serrat fue una suerte de hermano que nos fue abriendo los ojos al amor y al combate. Fue como ese amigo que sabe más que nosotros y vá unos pasos adelante anunciando los peligros y los milagros que se vienen. Fue como un susurro al oído de aquella piba del colegio primario que apoyaba su cuerpito en el mío por primera vez mientras le cantaba que su nombre me sabe a hierba. De la que nace en el valle, por supuesto. Recuerdo eso y todavía me tiemblan las piernas por las primeras emociones eróticas, los ojitos pícaros seduciendo nuestra inocencia y convencidos de que se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur. Todo eso nacía de la fantasía del primer Wincofon que tuve en mi vida y del primer long play que, por supuesto, era de Serrat. Después fuimos creciendo a la militancia y a la política y Joan Manuel se convirtió en nuestro norte sin paloma confundida. En la encarnación de la resistencia cultural, en el cantor popular que mucho más adelante nos iba a recordar que el Sur también existe de la mano de Mario Benedetti, que en la paz de su Montevideo descanse. Serrat se fue transformando en una bandera que nos dio letra para todo. Nos ayudó a parir como generación, nos ayudó a levantarnos minas que, como dice el Negro Dolina, es la máxima utopía. Nos ayudó a levantarnos utopías que, podríamos decir, es la máxima mina. El Nano se convirtió en sinónimo de libertad y por ella sangró, luchó y pervivió. Por aquí enarbolábamos pancartas por las calles que hablaban de la patria liberada y de la sangre derramaba. Y por allá sus canciones eran barricadas donde la vida y la democracia le peleaban cuerpo a cuerpo a la noche de Francisco Franco y su tragedia.
Eran tiempos en que a Serrat lo prohibían acá y allá. Y sin embargo no podían. Eran tiempos de amar a España, de sentir orgullo por Rafael Alberti y por García Lorca, de tomar partido en la guerra civil española aunque ya era un poco tarde. Eran tiempos de saber de memoria todas las canciones de Serrat y de gastarlas en los fogones playeros de Valeria del Mar o en las peñas del comedor universitario de Córdoba donde la política era una canción como si por esos días los pueblos fueran libres, como quería León Felipe. Después vino la noche del terror, del asesinato masivo a esta tierra y Serrat se convirtió en una contraseña. Era tanto el silencio y el miedo a que te secuestraran que hasta escuchar a Serrat era todo un desafío. Y si algún conductor de radio se atrevía y lo pasaba o si algún compañero de trabajo se atrevía y lo escuchaba sabíamos que había algo secreto que nos unía frente a la locura del terrorismo de estado. Era una contraseña y una trinchera. Era una luz en las tinieblas. Por eso Serrat se quedó a vivir entre nosotros aunque se volviera físicamente a España. Se convirtió como el mismo dice en la banda sonora de los mejores momentos de nuestras vidas. Hoy mucha gente repite que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. O caminante no hay camino, se hace camino al andar. O ese con quien sueña su hija, ese ladrón que os desvalija.., Y es como si se rezara un padre nuestro. O como si cantara el himno. Gardel será uruguayo pero es argentino. Serrat será español pero es argentino. Dime Serrat con quién andas y te diré quién eres. Anda reivindicando diversidades y bellezas con los sueños de Miguel Hernández y Antonio Machado al hombro. Utilizabas la risa y la verdad de duelo con Daniel Rabinovich aunque extrañes aquellos asados con tus negros amigotes que no están pero que nos siguen dibujando desde el cielo: Caloi y Fontanarrosa.
Gracias por todo Joan Manual. Me gustaría regalarte la vuelta olímpica del Barsa con Kubala y Messi de la mano para que ningún niño se deje ya de joder con la pelota. O una España donde nunca más corra la sangre por las calles y ya nadie utilice el tiro en la nuca con los que piensan distinto. O el secreto de tu seducción que todavía hace mojar bombachitas. Y finalmente me gustaría condenarte a regresar un rato y cuando quieras a tu barrio de Poble Sec a preguntarle a Ángeles, tu vieja, cuál era su patria. Para que ella te conteste, profunda y duradera, yo soy de donde comen mis hijos. Y para que una vez más puedas ver sus ojos tristes por el asesinato de toda su familia durante la guerra. Eran los demonios que había heredado Ángeles.
Gracias por todo Joan Manuel. Gracias por ser nuestro hermano y por estar siempre cuando te necesitamos.
Me gustaría regalarte un poco de tus pasiones, un día de pesca, vino Malbec y las mollejas… una tarde de ciclismo y el eco rumoroso que baja de las tribunas en el Nou Camp y celebrar el césped que huele a gloria y donde el pro hombre y el gusano bailan y se dan la mano.
Muchos te han hecho su mejor homenaje poniendo Juan Manuel a sus hijos y no por Rosas, precisamente. O Lucías y Penélopes, que andan por los ríos de tiempo sembrando tu melodía. Gracias…
Por disfrutar la vida en grandes porciones como si fuera una pizza azul y oro muy cerca de la Bombonera. Un abrazo en el tiempo para tu padre, Josep, obrero para toda la muerte. Gracias por cantar Zamba del Grillo de Yupanqui y con los Chalcha y que tus amigos te dejen tocar el bombo después de cuatro copas de más que nadie echará de menos.
Gracias por estar aquí y ahora. Serrat, querido Serrat, gracias por ser un capo.

Democracia o mafia – 7 de noviembre 2018

Antes de la tormenta económica la pregunta clave sobre Cristina era si, finalmente, iba a ir presa. Y algunos consultaban si los argentinos íbamos a poder recuperar aunque sea una parte de las montañas de dinero que robó con la asociación ilícita que comandó desde el estado.
Ahora, en plena turbulencia de estanflación, la inquietud es otra muy distinta: ¿Cristina puede volver a ser presidenta de la Nación por tercera vez?
Es impresionante el giro de 180 grados que pegó la actualidad política con vistas a las elecciones presidenciales de octubre del año que viene. Muchos descartaban de la carrera a la viuda de Néstor y ahora, muchos la colocan en la primera línea de largada al lado del actual jefe de estado, Mauricio Macri.
Es que finalmente se ha comprendido que Cristina va a ser candidata sin lugar a dudas y que ella misma es la única que puede cambiar esa decisión. Legalmente, la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces, se puede presentar sin ningún tipo de inconvenientes. Lo aclaro una vez más. Para recibir una condena firme faltan varios años porque hay muchas instancias y recursos en el medio, incluso la Corte Suprema de Justicia. Recién el año que viene, Cristina, va a tener que atravesar el trago amargo de 5 juicios orales y públicos. Un record vergonzoso e inédito. Una ex presidente que va a pasar el año de campaña más tiempo en el banquillo de los acusados que en la banca de senadora por la minoría bonaerense. La otra posibilidad de que vaya a la cárcel es que el senado finalmente habilite el primer desafuero pedido por el juez Claudio Bonadio y el segundo que va a pedir en las próximas semanas. En ese caso muy poco probable, ella iría al calabozo en prisión preventiva y sería candidata lo mismo. Con más razón, se victimizaría y potenciaría sus posibilidades diciendo: esto confirma que soy una perseguida política y que me quieren proscribir. Y con esa improbable prisión preventiva, de todos modos puede ser candidata a presidenta. Ya le comenté que en Argentina no existe la ley de Ficha Limpia que impidió a Lula presentarse en los comicios en los que ganó Jair Bolsonaro. Aquí cualquier persona, aunque tenga prisión preventiva, puede ser candidato.
Para saber cómo evoluciona la situación hay que seguir con la lupa dos cuestiones claves: la economía real y la unidad del peronismo.
Si a la hora de poner el voto en la urna la economía sigue dando malas noticias, las chances de Cristina de volver al poder aumentan significativamente. Hoy el dólar parece controlado, la inflación muy alta en vías de lograr que baje lentamente, el riesgo país que cae gota a gota, la inversión que todavía es muy mezquina y las tasas de interés que son demasiado altas. Esta realidad empujó a la desilusión a alrededor de 3 millones de compatriotas. En general son de clase media y media baja. Cuentapropistas que extrañan las changas como carpinteros, pintores o plomeros. También comerciantes chicos sacudidos por los impuestos y las tarifas y profesionales jóvenes que tienen más gastos que ingresos. Este sector social es el que va a definir las elecciones. El el fiel de la balanza que se va a inclinar hacia Cristina o Macri. En las encuestas confiesan que no votarían a Cristina pero que están desilusionados de Macri porque les va peor que antes en sus trabajos. Ese segmento debe ser nuevamente seducido por Cambiemos. Con créditos blandos, planes de pagos de impuestos, obras públicas que no se frenen. Los economistas más optimistas dicen que en marzo de 2019 vamos a salir de este túnel angustiante y se va a ver la luz (no de una locomotora de frente) sino de un crecimiento moderado del 1,7%.
¿Qué argumentos tienen? Creen que los principales motores del crecimiento sostenido van a ser:
1) la cosecha gruesa en particular y el alto impacto en general de 125 millones de toneladas de granos.
2) La explosión del turismo interno en esta temporada que anticipan, será muy exitosa producto de que muchos argentinos que iban al exterior hoy se quedarán de vacaciones en destinos nacionales.
3) Los turistas extranjeros y sus compras en las provincias limítrofes también aportarán su granito de arena al crecimiento.
4) Las economías regionales que pueden exportar con este dólar que es muy competitivo para ellos: carne, limones, naranjas, entre otros productos.
5) El crecimiento de Brasil que se espera ayude a superar la crisis de algunas industrias como la automotriz, por ejemplo.
6) Y Vaca Muerta que ya está dando sus primeros frutos. Volvimos a exportar a Chile y las inversiones van a producir el milagro del autoabastecimiento energético en el mediano plazo.
Aclaración necesaria. Es tan frágil nuestra economía producto de un endeudamiento tan alto que nadie puede asegurar que todo esto vaya a ocurrir. Pero si ocurre, Macri, Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal estarán más cerca de sus respectivas reelecciones. Si por el contrario los diagnósticos más agoreros se cumplen, será Cristina la que se acerque al sillón de Rivadavia. Tal vez por eso y para evitar que vayan a la cárcel, los sectores más fanáticos de Cristina y Hugo Moyano, están apostando a llevar todos los conflictos al extremo para serrucharle el piso a Macri y empujarlo a que se vaya en helicóptero por los techos de la casa rosada. Son el violento kirchnerismo chavista que se cree dueño de la patria.
Pero le dije que hay otro elemento definitorio para analizar quien puede ganar entre Macri y Cristina. Es la unidad o la fractura del peronismo.
Es muy distinto que Cristina sea candidata de todos los peronismos de todos los colores o que los gobernadores que no la quieren para nada, encuentren en otra figura un competidor que sea taquillero. Allí se puede dividir el voto hoy opositor y permitir que Macri gane en primera vuelta. Porque a las segundas vueltas las carga el diablo.
Tal vez la principal bandera de Cambiemos sea proponer la lucha entre democracia y mafia, tal como lo planteó Jorge Fernández Díaz en una columna. Los remezones del terremoto de delitos que los Kirchner cometieron desde el estado, todavía sigue siendo la mejor carta de Macri y su gente. El saqueo y el plan sistemático para robar y enriquecerse, produce un gran repudio masivo. Y mucho más ahora que aparecen asociados con el clan Moyano y los dirigentes sindicales que son eternos en sus cargos y todos millonarios mientras sus trabajadores siguen pobres.
María Eugenia Vidal, sobre todo, se puso al hombro el combate contra las peores mafias que fueron cómplices del peronismo bonaerense. Policías corruptos, narcos, penitenciarios, contrabandistas, barras brava de todo tipo se la tienen jurada a Vidal porque les cortó negociados fenomenales e instaló la transparencia.
Dos hombres de la Iglesia se dieron cuenta, tal vez, tardíamente: Monseñor Agustín Radrizzani y Juan Grabois, ambos muy amigos del Papa Francisco.
El obispo de Lujan debió pedir perdón públicamente y por escrito por la misa que celebró ante la histórica Basílica donde muchos interpretaron que se estaban bendiciendo a Cristina, Moyano y la corrupción mafiosa.
Y el ex integrante del Consejo Pontificio, y actual jefe de un movimiento social de poca representatividad tuvo un cruce feroz con Julio de Vido. ¿Qué pasó?
En el lanzamiento de un frente patriótico contra el macrismo, Juan Grabois dijo que iban a apoyar a Cristina pero sin los corruptos. Esto generó varias preguntas. Porque Cristina fue la jefa de la corrupción. Los que robaron lo hicieron para la corona de la reina Cristina y luego para sus propios bolsillos. Casi no hay ministros o funcionarios que no se hayan enriquecido colosalmente en el poder, empezando por la familia Kirchner. Por eso el planteo de Grabois era burdo e impracticable. Si la coalición es sin corruptos, quedaría afuera Cristina. Pero si aceptan a Cristina porque tiene una alta intención de votos, ¿quién es el que levantará su dedo para señalar a los que son corruptos y a los que no lo son? Por las dudas, Julio de Vido se puso el sayo y escribió una carta en representación de los corruptos. Le dijo de todo a Grabois: vigilante y ortiva, ente lo más suave. Sería bueno preguntarle a Grabois quienes son los corruptos que él quiere excluir. ¿Tiene el corruptómetro?
Para el Evangelio según Grabois, Cristina es inocente. ¿Y el resto?
Boudou, Lázaro, Cristóbal, de Vido, López, Jaime, Baratta, Milani, solo por nombrar los más conocidos, son inocentes o ladrones para Grabois?
Allí está la madre de todas las batallas.
¿Qué dirá el santo padre que vive en Roma?
Democracia o mafia.