Las víctimas de Milagro Sala – 10 de noviembre 2021

El documental de cuatro capítulos es estremecedor y se llama así: “Las víctimas de Milagro”. Es la voz de los que no tienen voz. O de los que se quedaron sin voz, mudos por pánico a la violencia y el castigo feroz de Milagro Sala. Las imágenes a cargo del director de cine, Pablo Racioppi prueban, en línea con los expedientes judiciales, los niveles asombrosos de abusos de poder, corrupción de estado y maltrato a mujeres, chicos y jubilados. Hay testimonios desgarradores como el de un joven que cuenta que fue violado en el barrio de Milagro y que ella ocultó todo. Aparecen secuencias de una batalla campal en Humahuaca donde los pobladores resistieron una usurpación de las brigadas de la Tupac y todo terminó con un balazo que asesinó al Pato Condorí y con varios vehículos quemados.
Y un sincericidio colectivo ante Carta Abierta, cuando esta delincuente, hoy en detención domiciliaria, cuenta que por orden de Néstor armaron 50 cooperativas en dos días y pusieron millones de pesos en efectivo sobre la mesa.
A confesión de partes, relevo de pruebas. Todo el mecanismo fue delictivo, autoritario y horroroso.
La voz de los jujeños pobres y humillados más los resultados electorales liquidaron el relato mentiroso.
Quisieron instalar que a Milagro Sala la perseguían por mujer, negra y coya. Y la justicia, en todas las instancias demostró que Milagro no es una presa política. Que es una mujer corrupta, violenta, autoritaria y golpeadora, sobre todo de las mujeres. Usó y maltrató a los pobres. No los defendió. Les prestaba las casas precarias que habían construido y nunca les daba la propiedad para que siempre dependieran de sus órdenes y clientelismo atroz. Si los padres no se afiliaban a la Tupac Amaru, no anotaban a sus hijos en las escuelas que ellos dominaban. Milagro organizó un grupo de choque, con disciplina, ropa y paso redoblado tan castrista como castrense y se dedicó a extorsionar a los más humildes de los humildes.
Sometió a los más necesitados. No los ayudó a liberarse, ni a valerse por sí mismos. Los hizo dependientes de sus caprichos disfrazados de ideología bolivariana. Y hay muchos testimonios en los expedientes judiciales de los cachetazos y hasta latigazos con los que ella castigaba a las mujeres. Y pensar que el colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo extremo, levantaba pancartas con su cara como si fuera una militante feminista. Y era todo lo contrario. Hasta la fracción cristinista de la marcha del Orgullo Gay pidió por su libertad cuando ella siempre fue homofóbica y ejerció la violencia de género.
Quisieron inventar una Che Guevara o un Evo Morales con polleras, pero fue solamente eso, un invento. La pusieron en un altar revolucionario pese a que se cansó de cometer delitos de corrupción, con violencia y autoritarismo. La llamaban “la gobernadora”, porque manejaba los fondos millonarios que le enviaban Cristina y Máximo.
Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni, Amado Boudou y Víctor Hugo Morales, entre otros cómplices, exaltaron su papel y ocultaron todas estas verdades. Decían que ella era la líder del pueblo pobre jujeño y que por eso la tenían presa. “Ella convoca multitudes organizadas”, decían.
Y en las últimas elecciones provinciales, la voz del pueblo en las urnas, terminó de desnudar esas falsedades. Hubo 25 agrupaciones que apoyaron su lista. Hasta el gremio de los empleados estatales se sumó. Y la voz del pueblo dictaminó que Milagro Sala no es una persona representativa ni querida por el pueblo. Apenas sacó el 5 % de los votos y eso que su apuesta electoral tuvo el apoyo hasta del presidente Alberto Fernández.
Fue tan pobre su resultado que quedó en el sexto lugar y no pudo conseguir ni un diputado provincial y ni un solo concejal. Perdió hasta en el barrio Alto Comedero que fue edificado por su agrupación. Sacó mucho menos votos que lo que ella decía que tenía como afiliados a la Tupac. Es porque la gente se afiliaba por miedo o por conveniencia.
No la votaron porque no la quieren. Le tenían miedo, no cariño ni respeto. El ciudadano común, sobre todo los más humildes, quiere paz social y tranquilidad para mejorar su situación económica y tener mayor justicia social e igualdad de oportunidades.
Los K se creyeron sus propias mentiras y resulta que ahora no pueden entender como la gran líder de los pobres, sacó un módico 5% de los votos.
Como si esto fuera poco, todas las fuentes consultadas en la
justicia, dicen que solo un milagro la puede salvar de ir a una prisión federal. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales pidió que Sala cumpla un total de 7 años en la cárcel de General Güemes, en Salta. Es una delincuente condenada
No lo dice Gerardo Morales, ni la justicia de Jujuy. Lo dice la justicia federal, la Cámara de Casación Penal y la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Milagro Amalia Ángela Sala y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner y la cleptocracia que ejercieron en forma obscena, deben tener su juicio y castigo. Si nadie paga por los robos desde el estado, la señal es que todo vale y la honradez se transforma en una mala palabra.
Milagro Sala no es una carmelita descalza perseguida por la oligarquía, los medios y el imperialismo como nos quisieron hacer creer. Y tampoco está presa arbitrariamente. Tiene 4 condenas. ¿Escuchó bien? Milagro tiene 4 condenas. Una confirmada por la Corte Suprema. ¿De qué persecución hablan?
La justicia la metió presa. Pero la gente con su voto, derribó una estatua con pies de barro.

La Matanza avanza hacia la muerte – 9 de noviembre 2021

Del creador de “La inseguridad es una
sensación”, ahora llega “La inseguridad es una enfermedad endémica”. Sin que se le cayera la cara de vergüenza, Aníbal Fernández, el responsable máximo de la seguridad del país, apeló a otra mentira. Decir enfermedad endémica, es tratar de instalar que es algo que cayó del cielo, un virus que no sabemos de dónde vino o un castigo de la naturaleza. Otra vez Aníbal nos toma por tontos y nos quiere engañar. Porque la inseguridad es producto de una construcción de los funcionarios y los gobernantes. O mejor dicho, es una destrucción de los valores de la convivencia pacífica y del mensaje peligroso de este gobierno que se cansó de liberar criminales y ladrones.
Delitos se cometen en todos los países. Pero solo en la Argentina las autoridades y parte de la justicia, se ponen siempre del lado de los delincuentes y se ensañan con las víctimas o con sus familiares. Ese mensaje dinamita el valor de la honradez y el trabajo. Se vio con toda crudeza anoche cuando la policía reprimió con gases y palos a los vecinos decentes que trabajan y pagan impuestos.
Estos responsables políticos custodian y cuidan a los barras bravas, o a los falsos mapuches o miran para otro lado frente a los narcos, son los mismos que dispararon gases lacrimógenos y gas pimienta contra las víctimas del delito. ¿Se entiende? Los mismos que premian a los delincuentes, castigan a los que sufren esos delitos. Es incomprensible. Un delirio de mala praxis y de inflamación ideológica berreta que empoderó a los asesinos y ladrones y que mantiene encerrados, enrejados, aterrados o en el peor de los casos, enterrados a gran parte de los argentinos honrados.
No es una enfermedad endémica, Aníbal Fernández. La inseguridad galopante es una consecuencia lógica del mensaje nefasto y zafaroniano que baja hace años desde el poder cristinista. Por eso la policía no actúa. Porque siempre, la razón la tiene el malandra y los que pierden sus carreras o van presos son los agentes del orden. Ese prejuicio repugnante, instaló la idea de que toda persona es inocente hasta que se demuestra lo contrario, menos los policías o gendarmes que son culpables hasta que se demuestre lo contrario. Cristina lo hizo. No fue magia. Fue mafia y bajada de línea de Zaffaroni.
El que aportó sentido común y criterio de realidad fue Jorge González, el comerciante que vende ropa en Ramos Mejía. Tiene 73 años y está harto de que lo roben en el negocio. Miró el cartel publicitario de Fernando Espinosa y dijo: “Si, la Matanza avanza, pero hacia la muerte”, como le pasó a Roberto, el kiosquero tan querido y fusilado de seis balazos por nada.
Es cierto, lo que avanza en todo el país y especialmente en el conurbano y en Rosario es la matanza (con minúscula) de argentinos que tienen pánico cada vez que sus hijos van a la escuela o salen a trabajar. Los delincuentes fueron liberados por el gobierno de Alberto y por algunos jueces repudiables como Víctor Violini. Los chorros y criminales andan libres, y las personas de bien tienen que estar atrincherados en sus casas.
El estallido y la rebelión de los mansos de anoche es un mensaje claro que el gobierno debe leer sin frivolidad. No es habitual que ciudadanos independientes auto convocados insulten a Cristina Kirchner como lo hicieron. No es habitual que apunten claramente a Sergio Berni, Axel Kicillof y el intendente Fernando Espinosa como responsables del temor en el que sobreviven. Una señora dijo: “A Roberto lo asesinó el estado”. Pedro, el padre del kiosquero, quebrado en llanto dijo: “Gracias Alberto, gracias Cristina por liberar a los chorros”. Demoledor.
Mucha gente hizo click y comprendió que no se trata de algo irremediable frente a lo que hay que resignarse. Cada vez más argentinos reclaman, exigen y protestas en paz y ejercen su derecho en democracia.
Hoy mismo Sergio Berni debería presentar su renuncia. Quedará en la historia como el que reprimió a los que reclamaban seguridad y justicia. En lugar de dar explicaciones y buscar soluciones, repartió palos y gases. Por lo menos hoy mismo debería exhibir ante los medios y expulsar de la policía al oficial troglodita y provocador que, con la metodología barra brava, le robó la bandera al padre de Zaira Rodríguez, asesinada en San Martín.
Y hay que poner la lupa sobre los jueces que liberan delincuentes a la velocidad de la luz y de los fiscales que no acusan. Por miedo, por vagancia o por dinero muchos hacen eso y se esconden en el anonimato. Escuche este dato del fracaso; de cada 100 delitos que se cometen, solo 3 llegan a juicio y de esos tres, solo uno tiene la condena correspondiente.
Un aparte para Fernando Espinosa que en las elecciones primarias sacó 230 mil votos menos que en las del 2019. Espinosa: hace 38 años que su partido gobierna ese distrito donde todos los días aumenta la pobreza, la desocupación, la mortalidad infantil, el delito y los narcos. ¿No va a decir una palabra, intendente? Ni siquiera va a emitir un tuit de pésame o un sonido gutural de dolor. ¿Se cree que callado y borrado como hace siempre Cristina va a zafar de su responsabilidad?
Por último, Aníbal Fernández debería repasar esa frase que dice: No aclare que oscurece. Como si mal de muchos fuera consuelo de tontos, dijo que “lo que pasó con el kiosquero pasa en todas partes del mundo”, negó el aumento del delito y remató con un “Ahh pero Macri”. Aseguró muy suelto de cuerpo que el gobierno anterior liberó más presos que este. Hay que proteger la vida de la gente. Proteger a los decentes y castigar a los delincuentes. Avanzar hacia la vida. Y no hacia la muerte, como La Matanza.

Alberto ofendió a todos los cordobeses – 8 de noviembre 2021

Alberto dio un paso al frente. Producto de su incapacidad absoluta para gobernar, había quedado al borde del precipicio. Y dio un paso al frente. Demostró que todos los días, puede caer más bajo. Ni siquiera está en la lona. Está tratando de subirse a la lona. A esta altura, Alberto Fernández es un presidente que produce vergüenza ajena y que da más lástima que bronca. Una mezcla de soberbia, ignorancia y tendencia al suicidio político lo llevó a exigir que “de una vez por todas, Córdoba se integre al país” y que “de una vez y para siempre, sea parte de la Argentina, y no esta necesidad de parecer siempre algo distinto”.
Como cordobés, me siento ofendido como todos los cordobeses. Al lado de Alberto estaba el senador Carlos Caserio que se cansó de votar a favor de Cristina y en contra de Córdoba. Por eso sacó el 11% de los votos en las recientes primarias.
Córdoba es el segundo distrito con mayor cantidad de votantes, después de la provincia de Buenos Aires. Tal vez el presidente que se ametralla los pies todos los días, quiera que Córdoba se integre como Formosa, la provincia feudo que el admira. Mucha pobreza, mucho clientelismo, mucho autoritarismo, mucho empleo estatal y poca democracia.
Alberto debería pedir disculpas a todos los cordobeses por el nivel de discriminación de lo que dijo y por no considerarnos parte de la Argentina.
Muchos historiadores dicen que la actitud que articula toda la historia de Córdoba desde sus comienzos es la rebeldía.
Jerónimo Luis de Cabrera la fundó hace 448 años y lo hizo en un claro acto de desobediencia al Virrey. A lo largo de su historia, Córdoba demostró su impronta combativa en defensa de la libertad y en contra de todo tipo de autoritarismo. Eso me alegra el alma y siempre trato de estar a la altura de ese coraje.
Hablo de la Córdoba de la Reforma Universitaria que fue un faro para toda América Latina. “Obreros y estudiantes/ unidos adelante”, gritaban los manifestantes en la calle hace 103 años. Se levantaron en ideas contra el atraso, la pacatería y el oscurantismo de la rancia oligarquía, entre otras cosas. El manifiesto liminar que todos deberíamos estudiar y tener presente dice: “Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan”.
Hablo de la resistencia al autoritarismo del peor Juan Domingo Perón. De la lucha contra un personalismo que obligaba gente a afiliarse el justicialismo, a llevar luto por Evita, a delatar y encarcelar a los contreras y a llevarse todo por delante.
No reivindico la violencia de los comandos civiles, pero es cierto que hubo cordobeses que estuvieron dispuestos a dar la vida en contra de los prepotentes y de los que se sentían dueños de la patria y de la verdad.
Hablo del Cordobazo y el Viborazo que fueron puebladas contra los fascistas con y sin uniforme que nos quisieron llevar a la edad media con un integrismo que cortaba cabelleras y alargaba minifaldas, encarcelaba disidentes y reprimía a mansalva.
Eran épocas de dirigentes sindicales representativos que vivían como pensaban, con honradez y austeridad como el Gringo Tosco, el Chancho Salamanca o el Negro Atilio López que desde su gremialismo de colectivero llegó a ser vice gobernador de la provincia.
El radicalismo cordobés siempre fue potente y en muchos casos con inserción popular y hasta con secretarios generales de gremios. Desde el legendario Amadeo Sabattini y Santiago del Castillo hasta los Arturo, Illia y Zanichelli.
Hablo de los límites que la mayoría del pueblo de Córdoba le puso a la cleptocracia y a los intentos hegemónicos y patoteros de Néstor y Cristina Kirchner. Nunca en sus más de 12 años, el matrimonio presidencial consiguió hacer pie electoralmente en la provincia que late como el corazón de la Argentina productiva. Al Alberto Fernández cristinista, le pasa lo mismo. Las últimas encuestas ubican en el cuarto lugar el kirchnerismo más dogmático.
Y digo corazón productivo porque hablo de sus gringos del campo que dejan la espalda rota trabajando de sol a sol e incorporan la innovación tecnológica y la excelencia en la maquinaria agrícola. Si el gobierno nacional no fuera tan fanático del pasado, Córdoba sería la gran locomotora del cambio de la maravillosa Argentina posible.
Hoy, por primera vez en la historia estamos a la cabeza de la cosecha nacional en soja, maíz y trigo. Hemos desplazado a Buenos Aires y Santa Fe y eso que no tenemos puerto. Porque en La Cañada solo hay sueños y romances furtivos.
Hablo de las grandes industrias y fábricas automotrices y de la potencia creativa e intelectual de las universidades que supieron recoger argentinos de todas las provincias y extranjeros que venían en busca del conocimiento de avanzada. No es casual que hoy sea un polo tecnológico de los más avanzados.
Córdoba es muchas cosas, por supuesto. La heroica, la docta, la Córdoba de las Campanas de don Arturo Capdevilla.
Córdoba es un sentimiento. Es el primario en el colegio Ortiz de Ocampo, en la calle Salta o la excelencia y el compromiso del Manuel Belgrano o la facultad de Ciencias de la Información, con tantos compañeros desaparecidos empezando por los hermanos de Norma Morandini. Córdoba es mi cuna y tal vez sea mi tumba.
El estalinismo apolillado y criminal y el amor a los ladrones de la Patagonia kirchnerista no pueden creer ni entender que los cordobeses tengamos orgullo por la innovación, el crecimiento productivo y el mérito.
Me enorgullezco de ser cordobés porque a mí tampoco me gustan los autoritarios ni los dictadores. Yo también creo en el derecho de decir que no. No a la injusticia, no a los corruptos, no a los extorsionadores y mafiosos. Decir que no es el principal derecho de una República.
Desobedecer, patear el tablero si es necesario, no ser sumiso. Sin soberbia y sin cobardía. Ser rebelde y defender la libertad, como Córdoba. Mal que le pese al presidente que no preside y que ofendió a todos los cordobeses.