Caballo que no galopa – 16 de enero 2018

Se hizo justicia con el Caballo Suárez. O mejor dicho, la Cámara Federal reparó una injusticia y revocó su prisión domiciliaria y lo mandó de nuevo a la cárcel. El fallo del juez suplente, Luis Rodríguez daba vergüenza ajena y despertaba medio millón de sospechas. Después que el magistrado titular de la causa que estaba de vacaciones le negara cuatro veces el privilegio de pasar su detención en la mansión de su hija, Rodríguez, entre gallos y medianoche accedió a ese pedido y no se sabe bien que motivó semejante actitud bastante infrecuente. Es raro que un juez subrogante tome decisiones de fondo. Pero Luis Rodríguez lo hizo, pese a que todos los informes médicos indican que el Caballo tiene problemas de salud como tanta gente pero que ninguno es terminal o imposible de tratar desde la prisión. El único parte que decía lo contrario es el que presentó el abogado del Caballo Suárez. Supongo que también habrá que investigar porque Luis Rodríguez hizo lo que hizo y le regaló 18 días en casi libertad, en una casona lujosa que su hija tampoco puede explicar con qué dinero la adquirió.
Pero lo cierto es que el Caballo Suárez volvió al lugar desde nunca debía haber salido: la cárcel. Esta vez, en lugar de Marcos Paz estará en el penal de Ezeiza porque el hospital penitenciario es más completo. Otra vez vimos al sindicalista mafioso con un chaleco anti balas y un casco con una placa de plástico que también le tapaba la cara.
De esta manera los camaristas Farah y Bruglia hicieron lugar al riguroso pedido del fiscal Gerardo Pollicita que escribió que “Suárez no demuestra ningún problema con el alcoholismo (habían dicho que tomaba 5 litros por día durante 32 años) y resulta inverosímil la demencia que alega”.
El doctor Carlos Broitman, abogado de Suárez que también tiene como clientes a algunos narcotraficantes, se enteró que la resolución dice que el Caballo “no tiene sangrados activos ni patologías agudas en evolución”.
No hay que olvidar que Suárez está procesado con prisión preventiva por extorsión y jefe de una asociación ilícita y por haberle robado plata de los afiliados de su propio gremio. El fiscal Pollicita ya solicitó la elevación a juicio de la causa. Hay suficientes pruebas para condenar al Caballo que no galopa. Es uno de los dirigentes sindicales más corruptos de la historia argentina. Durante un cuarto de siglo se hizo ultra millonario atornillado al sillón de secretario general del Sindicato Obreros Marítimos Unidos. Hoy la justicia lo tiene contra las cuerdas. Le intervino el gremio, lo procesó por hacer piquetes en las vías navegables para extorsionar a los dueños de los barcos, es decir por cobrarles peaje o directamente una coima.
El ministro de transporte, Guillermo Dietrich, en su momento, fue contundente. Dijo que el Caballo extorsionaba a las empresas de navegación con coimas del 600% de promedio y le hizo un daño tremendo al sector. A los barcos que no pagaban, les negaban el servicio obligatorio de remolque y les bloqueaban el acceso a los puertos”. Está sindicado como el comandante de una banda de delincuentes que lograron hacer una especie de grupo de empresas y desviar dinero hacia sus bolsillos en forma descarada. Hay que decir que llegó a su gremio como siempre se manejó en la vida. De prepo, a las trompadas y en un par de meses pasó de ser un guardaespaldas temible y agresivo al mandamás de los obreros del puerto. En poco tiempo se convirtió en el amo y señor del puerto. En una suerte de rey o jefe del cártel de los portuarios. Hay denuncias serias que lo involucran incluso en la exportación de drogas por agua hacia México y España.
El Caballo resume mucho de lo peor del sindicalismo argentino. Corrupto, autoritario y oportunista. Un caballo de troya contra la honradez. Un caballito de batalla de los ladrones. Primero tomó por asalto el sindicato con dos represores de la dictadura de Videla: El Indio Castillo y Paqui Forese. También participaron del ataque simpatizantes del líder carapintada Aldo Rico y luego se hizo fervorosamente menemista, duhaldista, kirchnerista y, como si esto fuera poco, la ex presidenta Cristina Elisabet lo definió como su “gremialista favorito” y explicó que por eso lo quería “mucho”. Claro, todo tiene una explicación. El Caballo al trotecito se puso al servicio de Guillermo Moreno y aportó los buques que trasladaron la mercadería, 1.500 toneladas, de productos argentinos para armar aquel show bizarro de criollismo que montaron Guillermo Moreno y la presidenta de entonces. El concubinato entre Cristina y el Caballo tiene esa explicación. Los une la voracidad por el dinero fácil y la bulimia por el poder eterno. A Caballo regalado no se le miran los dientes.
Pero lo que es inexplicable es la relación entre el Caballo y el Papa Francisco. En la última elección, el Caballo decidió presentarse para gobernar otro período porque según dijo se lo había pedido el Santo Padre. Insólito. Incomprobable. Pero lo que sí se puede comprobar es que Cristina lo hizo participar de una audiencia con el padre Jorge que duró más de una hora y media y que el despacho del sindicalista equino estaba tapizado de banderas amarillas no del Pro y si del Vaticano y de fotos en distintas situaciones con el Sumo Pontífice argentino. Incluso durante un tiempo funcionó en el gremio una radio FM llamada “Papa Francisco” que dirigía la periodista Alicia Barrios una amiga íntima de Jorge Bergoglio. Es muy triste decir esto. No es la primera vez que lo digo. Pero es la más cruel de las realidades.
Por el contrario, el actual presidente tiene en la mira a este emblema de la corrupción que vive a caballo del delito y el sindicalismo. Le cuenta a todo el mundo que con sus aprietes a las empresas navieras convirtió al puerto de Buenos Aires en uno de los más caros del mundo y que muchos productos dejaron de llegar a la Argentina porque sus comerciantes estaban cansados de pagar dinero ilegal y de hacer denuncias que nadie en el poder quiso escuchar.
Los caballos de fuerza de su codicia sin límite fueron al galope rumbo a la cárcel porque expulsó a 8 dirigentes sindicales opositores que denunciaron con pruebas concretas todos estos chanchullos. Era capaz de lo peor. Darle palizas a los que intentaban ponerle algún límite a su angurria, alguna puñalada en un entrevero a quien se atrevía a discutir con él y no mandarle los remolcadores a los barcos que se negaban a pagar sus altísimas coimas. No tenía problemas en dejar a buques cargados de contenedores o de millones de litros de combustible en el medio del agua. Una irracionalidad que ponía en peligro la seguridad de todos. Por la plata no baila el mono, baila el caballo. Este soldado de Cristina se comportaba como el patrón, como el dueño y señor del puerto. En las empresas truchas que armó para desviar el dinero colocó a integrantes de su agrupación sindical y hasta su esposa, Andrea Susana Belleza. Una belleza el dirigente preferido de Cristina. Todas las empresas tenían el mismo domicilio, Belgrano al 1600, la vieja sede del gremio. El caballo batió todos los records de velocidad para el choreo cuando hizo un hotel y una casa flotante para su uso personal en Monte Caseros, Corrientes, donde el caballo nació y se crió de potrillo. El tema es que para hacerlo violó los depósitos del estado en la Isla Demarchi y se llevó todo tipo de materiales carísimos, boyas, flotadores, cables de acero. Suarez como jefe de la mafia de los puertos tuvo varios negocios en común con el ex ministro Julio de Vido y con otro malandra llamado Exequiel Espinosa, ex titular de Enarsa. ¿Se acuerda de este personaje? Fue el alquiló el avión que pagamos todos en el que trajeron a Antonini Wilson con su valija repleta de dólares negros de la corrupción chavista.
El corcel favorito de Cristina no se priva de nada. Tiene un yate en San Isidro cuya matrícula es “REY014232”. El rey de la reina. Un pistolero temible y poderoso que está preso.
El rey de los puertos. El jefe de la mafia de los marineros. Un caballo de agua y plata sucia. Un caballo indomable que ya no galopa porque volvió a esta entre rejas.

El héroe del submarino – 15 de enero 2018

Los 44 son héroes. Hay un lugar donde están seguros: los 44 tripulantes del submarino San Juan están en el corazón de todos los argentinos. Pero a dos meses de la tragedia que conmovió al mundo yo quiero hacer un humilde homenaje a esos marinos que arriesgaron su vida para defender y cuidar nuestras fronteras marítimas. Por eso le quiero hablar de uno de ellos que es como hablar de todos. Quiero contarles la historia de Aníbal Tolaba, el más chico de todos los que bajaron a las profundidades del mar hace 60 días y todavía no tenemos noticias de ellos. Aníbal tenía apenas 25 años y era cabo segundo y uno de los tres sonaristas del grupo y uno de los ocho jujeños que están en el fondo del mar. Salieron de la tacita de plata, cerca de las bellezas de Purmamarca, a 1.259 metros sobre el nivel del mar y, según dice la armada de los Estados Unidos, tuvieron el accidente a 380 metros de profundidad. Los especialistas dicen que se produjo una implosión de 40 milisegundos y que todo terminó. Esa es la ciencia. Pero el amor de los familiares y los amigos dice otra cosa. Sueñan, ruegan, rezan y creen que están vivos. No se resignan. La esperanza es lo último que se pierde y por eso reclaman con desesperación que sigan buscando. A los pocos días de haber perdido contacto, había 30 naves que los estaban buscando. En ese momento el presidente Mauricio Macri estuvo con los familiares en la Base Naval y trató de darles contención y afecto porque buenas noticias no había y hasta ahora no hay. En los últimos tiempos, habían quedado en el barrido y la búsqueda, el buque oceanográfico ruso Yantar y la corbeta argentina Spiro. En las próximas horas se va a sumar el barco “Islas Malvinas” a pedido de los seres queridos que no pueden aceptar que sus familiares y amigos hayan muerto o se hayan desintegrado en lo más profundo e insondable del océano.
En el barrio “El Chingo” de la capital jujeña vive Margarita Díaz, la madre de Aníbal. Ella estuvo enseguida en la Base Naval de Mar del Plata, acá nomás a unos 5 kilómetros. Pero cada vez que le daban la información diaria, ella se descompensaba y la tenían que atender los médicos y los psiquiatras de la fuerza. Por eso esta vez no fue su madre, Margarita. Fue su hermana mayor, Antonia que fue la encargada de cuidar a los más chicos de los 9 hermanos. Antonia se recibió con un esfuerzo monumental de maestra de grado y de profesora de teatro. Cada vez que Aníbal regresaba a Jujuy le pedía el manjar que se le hacía agua a la boca: la lasagna. Era su plato preferido. Siempre quería ese mimo del plato humeante en la mesa familiar cuando recorría los 1.500 kilómetros desde Buenos Aires para volver a Jujuy.
Aníbal siempre traía alguna foto de sus aventuras para dejarle de recuerdo a su madre. Con el uniforme de gala, blanco, impecable. O con el chaleco naranja salvavidas. La preferida, la que está en el espejo del living es la foto de Aníbal en el puerto de Tierra del Fuego, con el fondo de los picos nevados y el canal de Beagle. Aníbal y su rostro recio parecen mirar el horizonte. O recordar aquellas calles del barrio, de la canchita donde tantos jujeños a pura gambeta soñaban y sueñan con ser otro Burrito Ortega, millonario en todo el sentido de la palabra. Al fútbol se las rebuscaba. Pero la gloria de Aníbal era ir a pescar. Ya el agua y lo que hay debajo del agua le producía un misterioso atractivo. Pescaban con una cañita de morondanga y luego comían lo que fritaban en el sartén que habían tomado prestado de la casa de alguno de sus amigos.
Aníbal era prolijo, ordenado, buen alumno en la escuela primaria número 10, José de San Martin y en el comercial donde terminó el secundario. Estudió con un sacrificio tremendo en la Armada. Eran muy exigentes. El les decía a sus hermanos: “Hay que ser muy valiente para estar arriba de un barco y con uniforme militar”.
Margarita no se resigna. Es su hijo el que no está. Y nadie puede calmar su desgarro, el agujero negro que tiene en el alma: “Que me lo devuelvan, vivo o muerto. No soporto mas esta incertidumbre, no puedo hacer el duelo.”
Aníbal alquilaba una vivienda humilde en Mar del Plata. La dueña de casa lo amaba por la buena onda y el afecto que siempre tenía. Si hacía un asadito con Karen, su novia, o con sus compañeros de trabajo siempre le acercaba a la propietaria un plato con alguna costilla o un matambre. Ella lo sigue llorando como si fuera su hijo.
María Victoria Morales, la madre del tucumano Luis García que era electricista del submarino dice siempre que cada parte que les dá la marina los parte al medio a ellos. Es que en general no hay mucho que decir. Los silencios son eternos, las lágrimas cotidianas y profundas. Hay familiares que todavía les siguen mandando mensajitos de texto a sus celulares. O que llevan sus fotos colgadas del cuello y dicen “prohibido olvidar” o “Todos somos los tripulantes del San Juan”.
Otra de las madres, todos los días camina por la arena, se acerca a las olas y le exige al mar que le devuelva a su hijo. Enojada le reclama que aparezca con vida.
Argentina es el octavo país del mundo en cuanto a la dimensión de nuestro territorio. Y nuestro gigantesco litoral marino duplica esa magnitud. Eso es lo concreto, lo tangible que custodiaban estos 44 héroes.
Quiso el destino que me tocara viajar con Antonia, la hermana de Aníbal Tolaba. Estaba con sus tres hijos y no sabía en qué asiento debía sentarse. Era la primera vez en su vida que viajaba en avión. La pude orientar con la tarjeta de embarque y ella me contó quien era. Me pidió que los periodistas y el gobierno no nos olvidáramos del submarino San Juan y de su gente. Le prometí que iba a contar la historia de su hermano como una manera de poner el tema en primer plano. Y ella entre lágrimas, me contó muchos de los datos que utilicé para escribir este texto.
Aníbal trabajó siempre para pagar sus estudios. De lustrabotas o vendiendo diarios o haciendo changas. Pero apostó a los valores y a la dignidad en un barrio atravesado por las privaciones, la droga y el alcohol. Estaba orgulloso de vestir el uniforme de la patria y de ser el encargado como sonarista de registrar en una computadora todo tipo de ruidos y novedades que se escucharan bajo el agua. Ahora lo buscan a ellos. La inmensidad del océano se tragó una mole de 2.700 toneladas y 60 metros de largo pero está diseñada para no ser visualizada. Ni la tecnología más avanzada del robot de búsqueda subacuático ruso han podido detectar nada.
Antonia la hermana le enseñó a los dos hermanos más chicos a hacer esa lasagna que tanto les gustaba. Aníbal aprendió a hacerla pero Fernando, el más pequeño, también se alistó en la marina como cocinero y su especialidad es la lasagna. Herencias de familia, dice.
La última vez que Antonia vió a su hermano Aníbal le dio un abrazo profundo y le regaló un “devocional”, un libro que tiene una plegaria diaria bíblica que ayuda al rezo y a la reflexión. En un mural que se hizo en homenaje a los 44 gladiadores, en Rosario, aparece Jesús dibujado que dice “No buques en lo profundo lo que está en lo alto conmigo”.
Esa fe es la que le da fuerza a Margarita para seguir pese a que la vida le amputó un hijo.
Unos animales que se creen revolucionarios pintaron con anarquismo su odio: “44 menos”. Una cachetada a la condición humana que debemos superar con actitud humanista, solidaria y comprensiva del dolor de nuestros compatriotas.
Hay 44 héroes del submarino San Juan que hace dos meses perdieron todo tipo de contacto. La fría lógica indica que están todos muertos. Pero quien soy yo para anunciar semejante drama a una madre o a un padre.
Prefiero no dar precisiones porque no las tengo confirmadas. Hay 44 héroes en la profundidad del mar custodiando nuestra soberanía. Los seguimos buscando a todos. A Aníbal lo espera su madre Margarita y su hermana Antonia con un humeante plato de lasagna. Es lo menos que se merece el héroe del submarino.

Mafias y bolsos K – 12 de enero 2018

En un ejercicio de imaginación e ironía, podríamos escuchar a los muchachos de La Cámpora gritar: “Cristina/ Cristina corazón/ aquí están los bolsos/ para la liberación”. Y a la luz de lo que se está descubriendo en estos días, se podría cambiar la palabra “bolsos” por “mafias”. Aquí están las mafias para la liberación. Y Cristina lo sabe. Porque estamos asistiendo al deschave pornográfico y repugnante de dirigentes sindicales mafiosos que se hicieron millonarios bajo el poncho de Cristina y que le robaron a sus propios trabajadores, a los empresarios y, en definitiva, al país.
La historia de los bolsos llenos de pesos, dólares y euros viene desde el fondo de la era K. La marroquinería de los pingüinos malandras incluye también valijas como las de Antonini Wilson. ¿Se acuerda de esos 800 mil dólares que llegaron de Chávez, en un avión fletado por el gobierno K, para la campaña de Cristina? Aníbal Fernández dijo que Antonini no tenía nada que ver con ellos y después las cámaras lo mostraron en un acto en la Casa Rosada.
Hoy podemos decir que esos 800 mil dólares eran un vuelto al lado de las colosales montañas de dinero robado que se llevaron casi todos los cristinistas.
El secretario privado de Néstor Kirchner fanfarroneaba ante Miriam Quiroga y le decía: “Agarrá este bolso, fíjate lo que pesa”. Estaba lleno de billetes sucios de la corrupción. Lo denunció la propia secretaria íntima de Néstor. Y Muñoz que era apenas un cadete con corbata, un correveidile al que Kirchner abofeteaba y manoseaba a gusto y piacere, se robó más de 50 millones de dólares. ¿Qué me cuenta? No estamos hablando de Cristina o Máximo ni siquiera de Julio de Vido. El mayordomo de Néstor y su esposa compraron un imperio inmobiliario en Estados Unidos donde gastaron más de 50 millones de dólares y que incluía hasta un mini shopping además de varios departamentos en Miami y Nueva York. ¿Qué tal? Y eso es solo lo que se descubrió. ¿Era dinero de Néstor que Muñoz lo invertía como testaferro o Muñoz se quedaba con algunos bolsos de los que llevaba de acá para allá? Nunca lo sabremos.
Y hay muchos más bolsos para este boletín. La celebridad de los bolsos sin dudas se la lleva Josesito López y el monasterio de las monjas que vieron el milagro y rezaron por la lluvia de billetes y de un arma en plena madrugada. Después de contar con maquinitas especiales de esas que tienen los bancos (otro objeto icónico de la década robada), se anunció que esos bolsos abultados tenían 8.982.000 dólares, pero que también había euros, yenes y moneda de Qatar. Josesito que apareció con el casco y el chaleco antibalas (otro objeto icónico) confesó que era plata de la política. No quedó claro si se refería a la actividad política o a la dirigente política que lo conducía, es decir Cristina.
Se vieron otros bolsos, otras maquinitas de contar billetes y más tarde otros cascos y chalecos en La Rosadita, con habanos y “guiscachos” donde se armó el concubinato del delito entre Lázaro Báez y su familia, Fariña, Elaskar, Rossi y otros malandras atorrantes de estado.
La banda de Milagro Sala, liderada por su lugarteniente Shakira, también protagonizó una filmación donde cargan bolsos y bolsos en una camioneta y los sacan del banco de Jujuy. Dinero que venía de la Casa Rosada y que volvía a Olivos. Coimas que van y coimas que vienen. Hace unos días apresaron al Jose López de Jujuy: Diego Matus, cuñado del principal proveedor de las obras de Milagro Sala. También había billetes nacionales, norteamericanos, joyas y otros objetos de valor.
La mafia de los contenedores en la Aduana que integraba el Mono Miniccelli, cuñado de don Julio De Vido también llenaba bolsos de dinero ante las cámaras. Pero no era ficción ni magia. Era y es mafia.
Ni hablar de los pistoleros y extorsionadores que fueron cayendo en los últimos tiempos. Juan Pablo El Pata Medina de la UOCRA La Plata, su mellizo metodológico de Bahía Blanca, Humberto Monteros o del Caballo Omar Suarez y de Marcelo Balcedo.
Todos chorros. Son ocho los monos. Yo los conozco. Todos mafiosos. Todos con los bolsos vomitando dinero ajeno. Todos apoyando a Cristina o a Scioli o a ambos. Todos cantaban la marchita y vamos a volver con Cristina y su ballet.
Son personajes nefastos que por suerte están presos.
Extorsionadores. Les robaban los fondos a los propios trabajadores que decían representar y se llenaban a boca diciendo que son nacionales y populares y pelean contra los ricos de Macri. En todos sus lugares de actuación, en las obras en construcción, en las vías navegables y los puertos y en las escuelas había menos trabajo porque los que no querían dejarse apretar ni pagar coimas se tenían que ir a otro lado. Las calles de asfalto para reemplazar la tierra, las casas populares y las cloacas se hacían más lentamente y en menor medida por los sobre precios y las patoteadas que debían sufrir los constructores. Los barcos no querían llevar ni traer mercadería a la Argentina. Los afiliados al SOEME pagaban un peaje sin darse cuenta.
Todos estos muchachos se hicieron millonarios con el dinero de todos. Autos lujosos y mansiones dignas de narcos con los que algunos tienen relaciones carnales, excentricidades como zoológicos de nuevo rico, armas, drogas, motos robadas, diamantes incrustados en dentaduras, manteca al techo mientras los laburantes se matan laburando y un par de puntos de inflación les pueden arruinar su vida cotidiana y la de sus familias.
El ministro Cristian Ritondo que viene del peronismo desde la cuna los calificó de “lacras”. Monteros incluso está acusado de violencia de género. Tres veces su ex pareja, Liz Garay lo denunció pero todos miraron para otro lado pese a que había 60 testimonios que lo confirmaban.
A Balcedo acaba de entrarle la Interpol a su Gran Chaparral para recuperar los animales que tenía en su zoológico ilegal. Le descubrieron otro avión más, un yate, tres mansiones nuevas y 7 millones y medio de dólares escondidos. Dicen que es el lavado de dinero más grande de los últimos tiempos en el Río de la Plata. Le doy un solo dato: Balcedo pagaba 16 mil dólares por mes de luz por el cerco perimetral electrificado y las cámaras de seguridad infrarrojas que tenía para cuidarse.
La hipocresía de estos tipos no tiene límites. Son un sistema nefasto que hunde al país hace más de 20 años. Nadie se atrevió a juzgarlos y meterlos presos y eso que todos sabían. Pero miraban para otro lado, algunos por miedo y otros por complicidad y los pagos que recibían. Y todavía faltan muchos por caer. Hay varias investigaciones en marcha. Cuesta creer la cara de piedra de algunos que todavía son capaces de decir que estamos ante un cuadro de persecución política para sacar de la cancha a los que defienden a los trabajadores. Esa es una mentira tan grande como la fortuna que tienen todos los que están presos en Ezeiza y Marcos Paz. Los persigue la ley y la justicia. No hay ideología en esto. Y tampoco es cierto que estos monigotes forrados en plata que perdieron la impunidad hayan defendido alguna vez a los trabajadores. Son todos burócratas que ganan elecciones de prepo o con las armas en la mano y en la mayoría de los casos con lista única. Tenían atemorizados o coimeados a empresarios, funcionarios, jueces y policías. Creían que la joda les iba a durar toda la vida.
Insisto con lo que le dije el otro día. Yo no creo que todos los kirchneristas y todos los sindicalistas sean ladrones. Eso sería generalizar y el que generaliza discrimina. Pero es cierto que hay un silencio que se parece mucho a la complicidad. No hay comunicados de la CGT repudiando a los de la UOCRA o al Caballo o a Balcedo. Por el contrario, amenazan diciendo que si le siguen pisando la cola al león del sindicalismo este gobierno no termina como le pasó a Alfonsín y De la Rúa. Golpismo en estado puro. Si se meten con nosotros vamos a incendiar todo. Que este gobierno se caiga a pedazos, dijo Hebe. Macri no termina su gobierno y debe renunciar, vomitó D’Elía desde la cárcel.
La CGT no toma distancias de los chorros. No dicen que esos son dirigentes que mancillan y deshonran a los verdaderos representantes de los trabajadores. El Partido Justicialista, el Frente para la Victoria o Unidad Ciudadana entran en el mismo cono de silencio. No salen a repudiar a los estafadores ni a los violentos. Esa falta de condena es demasiado parecida a la complicidad. A defensa corporativa. El que calla otorga.
Hay demasiados bolsos llenos de dinero sucio en nuestra historia reciente. Demasiadas maquinitas de contar billetes. Lo único que no es suficiente son los cascos y los chalecos para llevar a la cárcel a estos conspiradores autoritarios que tienen más plata que los ladrones. Y que humillan a los que dicen defender.