El más odiado por Cristina – 4 de febrero 2020

Hoy murió Claudio Bonadio, el juez más odiado por Cristina. No hay antecedentes de tantas operaciones y agravios contra un magistrado federal, que hayan sido ordenados y ejecutados por Cristina durante y después de su presidencia. En una de sus insoportables cadenas nacionales, la ex jefa del estado aseguró que no se iba a dejar presionar por el juez al que definió como “pistolero, mafioso y extorsionador”.
Cuando Cristina logró desplazarlo de la causa Hotesur, prácticamente la totalidad del estado mayor cristinista salió a darle como en bolsa. Y todos con el mismo discurso. En su libro, “Sinceramente”, Cristina lo llama “Sicario”.
Hoy mismo, con el cadáver todavía tibio, uno de sus abogados, Gregorio Dalbón, dijo que a Bonadio lo había matado el odio, que en la embajada de los Estados Unidos estaban de luto y que la muerte “Le sienta bien”, entre otras agresiones repugnantes y cobardes contra alguien que no puede defenderse.
Un abogado de prestigio y coraje como Pablo Lanusse le salió al cruce con un tuit: “Toda enfermedad y la muerte misma nos interpelan. Y como actuamos frente a ellas, nos describe. A nadie le sienta bien la muerte. Solo la perversidad, el odio, el resentimiento y el desprecio a la dignidad humana pueden explicar que alguien burle la muerte de otro. ¡Cuánta miseria¡”
Pero tratándose de Dalbón, nadie puede sorprenderse de su bobalicona irracionalidad. A fin de año ya había publicado un video donde champagne en mano y a las carcajadas le decía a Bonadio “La tenes adentro”.
Le recuerdo que en la conversión de Dalbón al kirchnerismo, también hay millones de razones. En el siniestro de estación Once, este señor, representaba a algunos de los familiares. Fue el único que no querelló contra Julio de Vido. ¿Usted me entiende, no? A pesar de semejante agachada, De Vido fue preso, gracias al trabajo que hizo Bonadio.
Es tan grave su degradación personal de Dalbón que hasta Horacio Verbitsky siempre dijo que era un error que Cristina contratara a semejante personaje, con tan poco conocimiento del derecho y con total ausencia del sentido común.
Tal vez Dalbón dijo lo que Cristina piensa y no puede decir, como suele ocurrir con Hebe de Bonafini. Pero en público, de cara a la sociedad, solo los cristinistas más fanáticos celebran la muerte y los dichos de Dalbón. Verbistky lo desprecia. Y eso que el definía a Bonadio como “El doctor Glock”. Otro que se tomó revancha fue el ultra millonario kirchnerista Gerardo Ferreyra que en un tuit escribió: “Conmigo no pudo”.
Yo diría que el partido todavía no terminó. Y que si se consagra la impunidad en este país, será cierto que Ferrerya se saldrá con la suya. Pero tal vez, haya otros jueces con coraje republicano para seguir adelante con todos los juicios, sobre todo, con los de la causa de los Cuadernos que ya fue elevada a juicio oral. Vale la pena recordar que la causa de los Cuadernos es la más grave de toda la historia de la corrupción argentina y la que más pruebas y testimonios tiene.
Hasta el mismísimo Guillermo Moreno, hoy marginado del cristinismo por el rechazo que produce su figura piantavotos, en su momento desafió a pelear “cuando quieras, donde quieras y como quieras” a Bonadio.
Se supone que el “como quieras”, incluía también un duelo a los tiros. Bonadio le había dicho a Jorge Lanata por radio que no se metieran con sus hijos y que si querían pelear con él, estaba disponibles. Pero que no se las agarraran con su familia.
A Bonadio, le pintaron la casa y el estudio de grabación del hijo con amenazas. Le tiraron un paquete con artefactos explosivos al jardín de su casa y la policía tuvo que efectuar dos “detonaciones controladas” y hasta lo amenazaron de muerte con un papel que arrojaron por debajo de la puerta de su despacho privado en los Tribunales de Comodoro Py.
Fue una exhibición de poder tan grande que a Bonadio, solamente le quedó el arma de la ironía para decir: “Si aparezco suicidado, busquen al asesino”.
El asesino fue un maldito tumor cancerígeno en el cerebro. En julio de 2015, Cristina le había puesto precio a su cabeza. Lo dije en una editorial y lo ratificó el doctor Bonadio en una entrevista que le hicimos en Los Leuco en TN.
Bonadío siempre fue para los K una astilla del mismo palo. Su militancia peronista lo llevó a ser funcionario de Antonio Cafiero, de Carlos Menem y Carlos Corach y cuadro del peronismo derechoso de Guardia de Hierro, donde conoció a Guillermo Moreno, Roberto, el padre de Juan Grabois y hasta a Jorge Bergoglio. Sin embargo, los peronistas de todos los matices cerraron filas para ser cómplices de la corrupción de Cristina y se lo quisieron llevar puesto.
El momento en el que Bonadio estuvo más cerca de la muerte, con excepción de mayo pasado, cuando fue intervenido quirúrgicamente en su cabeza, fue en el 2001. Bajaba de su Audio negro en la esquina de San Martin y Matienzo en Villa Martelli con un amigo. Eran las 20.30 hs. Dos muchachos se acercaron y les dispararon con un arma. Un balazo impactó en hígado de su amigo, Miguel Angel Patrani. En ese momento Bonadio reaccionó velozmente, desenfundó su pistola Glock y mató a ambos delincuentes. A uno le pegó 6 balazos. Se sospechó que el ataque fue ordenado por una banda de secuestradores que el juez estaba investigando.
El momento en el que Bonadio se sintió más agredido, tal como conté, fue en el 2017, cuando, desesperados por el avance de las causas contra la mega corrupción de Cristina se metieron con su hijo Mariano. En una amenaza le dijeron que le iban a armar una causa por drogas, Marcelo Fuentes, el senador de Cristina, hizo una denuncia sobre los fondos que utilizó el joven Bonadio para armar un estudio de grabación para su grupo musical pese a ser monotributista.
Obviamente que le armaron todo tipo de denuncias y la inmensa mayoría fueron desestimadas tanto en el Consejo de la Magistratura como en la propia justicia. Estaban en su mayoría generadas por revanchismo y bronca, con una notoria ausencia de papeles y de pruebas. Llegaron a decir que tenía una oficina que le prestaba la embajada norteamericana y que trabajaba para Clarin. Relato K en estado puro. La única defensa frente a tantos datos y testimonios era un ataque feroz. Y fue lo que hicieron.
Es que Bonadio, fue el que arrinconó contra las cuerdas de los tribunales al kirchnerismo en general y a Cristina y su familia y su cártel de los pingüinos en particular. Fue el primero que se atrevió a llamar a Cristina a declaración indagatoria, el que más veces la procesó y el que pidió su desafuero y su prisión. Jorge Capitanich dijo que Bonadio ejercía “el golpismo activo”. Máximo Kirchner, también procesado por Bonadio, no se quedó atrás: “Es una cuestión salvaje de un juez que pasó de estar en la servilleta de Corach al Iphone 7 de Macri. Es una operación clara del gobierno”. Es asombroso que lo acusen de estar en la servilleta de Corach, en el gobierno de Carlos Menem que Néstor apoyó con tanto énfasis en sus discursos y en las elecciones donde compartieron boleta en 7 oportunidades.
Bonadio, tenía un temperamento fuerte, o unos huevos así de grandes para ser más preciso. Su pelo y su barba se fueron poniendo blancos y hace tres días pasó el peor de los cumpleaños, el número 64, porque la muerte ya golpeaba a su puerta. Había pedido prolongar su licencia hasta marzo. Jamás lo ví en su despacho ni tomé un café con él. Vino a TN en alguna ocasión y fue muy respetuoso. Enfrentó un aparato gigantesco estatal y para estatal que lo quiso estigmatizar y sacarlo de la cancha. No pudieron porque la democracia y el estado de derecho todavía tienen sus reflejos. Solo la muerte pudo con Bonadio. Pese al odio de Cristina.

Aníbal, de morsa a zorro – 3 de febrero 2020

Ni los cristinistas, entienden bien cuál fue el motivo de la designación de Aníbal Fernández como interventor del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Se hicieron chistes fáciles en el sentido de que Aníbal es un experto en cuestiones turbias pero lo cierto es que Cristina envió una señal clara: la lealtad se paga. Aquellos que no se quebraron ni cruzaron de vereda tienen que ser recompensados y no abandonados a la intemperie. Es un eslabón más de la búsqueda de impunidad de Cristina. Aníbal Domingo Fernández a los 63 años, logró su cargo número 20 en el estado. Cristina le dio la orden a Alberto por intermedio de su cuñada Alicia.
Aníbal fue funcionario de Carlos Ruckauf, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina y ahora, de Alberto. Pero es junto a Guillermo Moreno y Luis D’Elía, uno de los cristinistas de peor imagen pública. Es un perdedor serial y por eso en los últimos 6 años estuvo en el llano. Cayó derrotado por María Eugenia Vidal, por 5 puntos, con un record de corte de boleta en su contra. Perdió en 7 de las 8 secciones electorales, incluido en Quilmes, su patria chica, donde supo ser intendente. Fue caracterizado como el mariscal de la derrota al igual que Cristina porque ella lo designó.
Y en los últimos comicios, completó el papelón, porque perdió la interna del justicialismo en Pinamar a manos del surfista Gregorio Estonga.
Eso lo condenó al desierto del enojo y a algunas declaraciones que expusieron su lado más salvaje. Un spot de Vidal le preguntaba a los bonaerenses con quien dejarían a sus hijos: si con Aníbal o con ella. Aníbal declaró que prefería dejar sus hijos con Ricardo Barreda, un múltiple femicida que asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992. Fue repudiado, hasta por sus propios compañeros como Facundo Moyano, Matías Lammens y el mismísimo Axel Kicillof. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, no emitió opinión.
Hace poco, aumentó su volumen machirulo. La diputada Elisa Carrió le había dicho a Jorge Lanata que ella, después de hacer denuncias sobre el asesinato de Nisman, pidió públicamente que “Milani no la matara” y que “Aníbal no la mandara a matar”. Fernández reclamó que mediquen o internen a Carrió que “está muy enferma” y finalizó su tuit agrediendo así: “Por su condición de sucia, ruego abstenerse, no tiene solución”. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, esta vez, tampoco emitió opinión. Imaginen el escándalo que se generaría entre el feminismo K si algún legislador de Cambiemos tratara de sucia a Cristina.
En aquel momento, ella no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal Nisman. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman.
Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”.
Graciela Ocaña, fue la que dio en la tecla política planteando que el regalo de reyes que le dieron a Aníbal con su designación, fue para que Cristina premie a los leales que por ejemplo, son abogados de Cristóbal López, como Aníbal. Juntos estuvieron en la Casa Rosada el día de la asunción del nuevo presidente.
Ocaña cree que con Aníbal se confirma que vuelve lo peor, los de la omertá, y apeló a la ironía: “Parece que para tener un cargo en este gobierno, tenes que tener antecedentes penales” y recordó que Aníbal tiene dos procesamientos firmes con elevación a juicio en dos causas que inició ella: Fútbol para todos, donde la presidencia de Cristina le compró a la AFA, insólitamente los derechos de televisación del fútbol para recuperar “los goles que habían sido secuestrados”. Bendijeron esa locura dos enemigos íntimos unidos por los negocios: Julio Grondona y Diego Maradona.
La otra causa que impacta en Aníbal es el Plan Qunitas, una repartija de cunas y ropas para bebes que se compraron a precio vil y cuya calidad hacía que las cunas se rompieran como si fueran cartón pintado. Hubo sobreprecios fenomenales por 140 mil kits para embarazadas. La empresa que fue la proveedora y la forma en que le adjudicaron este negocio es para el record mundial de bajezas y truchadas.
Dejaron los dedos pegados por todos lados y perjudicaron a mujeres pobres y a punto de parir. Todo muy nacional y popular.
Mariana Zuvic, una dirigente del riñón de Elisa Carrió, dijo que poner a Aníbal en Rio Turbio es poner al zorro a cuidar el gallinero. También recordó que “La Morsa”, fue el autor intelectual del Triple Crimen de General Rodríguez por la efedrina, tal como lo denunciaron los autores materiales como Martin Lanatta.
De La Morsa al Zorro. Zuvic abundó: “Esto es otra vez caja y otra vez robo e impunidad. Por eso planteamos que la dicotomía electoral era mafia o República. Sobre Río Turbio hay 6 causas y dos elevadas a juicio oral.
Por una de estas, Julio de Vido fue desaforado y preso. Hoy permanece con una tobillera electrónica, en detención domiciliara, en la lujosa mansión que tiene en Puerto Panal donde, casualmente, curiosamente, (usted me entiende?), también tienen propiedades Máximo Kirchner y el Bochi Sanfelice. Gente afortunada que le fue muy bien en la vida. También fueron presos por lo mismo Roberto Baratta, otro santo revolucionario de los cuadernos de Centeno pero no los de Antonio Gramsci, además de Juan Lascurain, el K que lideró la UIA y Atanasio Pérez Osuna, ex interventor en la empresa. El juez Luis Rodríguez que no es precisamente anti K, dio por acreditado que se habían robado 176 millones de pesos y que se pagaron 443 millones por un tren turístico que nunca se terminó entre otras chanchullos y matufias millonarias. Durante los K el personal de la mina de carbón aumentó un 233% y la producción cayó el 85%. Está, todo dicho.
Pero los fuertes cuestionamientos no son solamente de la oposición. El actual presidente, Alberto y Aníbal, tuvieron encontronazos feroces que no entiendo, cómo pueden olvidar. Se tiraron munición de las más pesadas después de ser socios en el “Ministerio de la Intimidación a los que piensan distinto”. Algunos no se acuerdan pero los archivos dicen que Aníbal, como vocero de la presidenta le dijo lo peor: que Alberto se cagó en la amistad de Néstor Kirchner, que durmió en la cama de Máximo y comió en la mesa familiar y que ahora se la pasa criticando como si fuera Macaya Márquez. Le ordenó que cerrara el pico y se fuera a su casa como hace un caballero y que dejara tirar piedras de la vereda de enfrente.
Tanta ferocidad tuvo una respuesta en los mismos términos. Alberto le dijo “energúmeno verbal” que sufre complejo de inferioridad y le enrostró que ahora se disfrace de progresista para agradar a La Cámpora, y le recordó que cuando era intendente de Quilmes tuvo que salir escondido en el baúl de un auto.
¿Qué me cuenta?
Hay un documento histórico del 28 de julio del 2011. Una carta abierta publicada en La Nación en la que Aníbal repitiendo conceptos de Cristina acusa a Alberto de ser un traidor, vocero de Héctor Magnetto, CEO de Clarin y de las corporaciones.
Alberto venía diciendo que Cristina vivía en un mundo dual y que actuaba como una adolescente, que sufría una distorsión de la realidad y que debía recuperar la cordura. Muchos no se acuerdan. Pero este era el tono de los palazos que se pegaban Alberto, Cristina y Aníbal. Hoy volvieron a ser todos compañeros y hacen borrón y cuenta nueva.
Y algo más grave todavía: el actual canciller, Felipe es Felipe, lo acusó de “ser más droga” y eso no es broma. Y en un spot de campaña en el que aparece con Daniel Arroyo, se comparó con Aníbal con la consigna “Droga si o droga no. En aquel tiempo Solá y Arroyo expresaban la postura de la Iglesia católica en ese tema.
Sería bueno que Sola diga que se arrepiente de haber dicho eso o que explique porque designan a alguien que es más droga en un puesto tan importante. Y ni hablar de la veleta oportunista de Pino Solanas, hoy designado embajador ante la Unesco que dijo que “Aníbal es el narco estado”. Solo hay que saber googlear.
La respuesta de Aníbal ante los periodistas fue una chicana de la que es difícil volver, aún para los peronistas: dijo que no le vendería un auto a Felipe porque nunca paga lo que compra. Que tiene fama de eso y que si le trae dinero al contado, el creería que son billetes falsos.
Lo cierto es que el plan de Cristina avanza. Se muestra con Gerardo Ferrerya de Electroingeniería y le pide a Alberto que terminen las represas de la corrupción en Santa Cruz. Hace lo mismo con la ruta 9 provincial, obra cobrada y no realizada por Lázaro Báez que, por ahora seguirá preso. Designa a todo su estado mayor en justicia, inteligencia y las cajas de fondos más suculentas. Y como frutilla del postre abre las puertas del gobierno para que Aníbal Fernández regrese del infierno. Insisto con el concepto: parece la directora de la película “El regreso de los muertos vivos”. Cristina se da todo los gustos y nos hace ver una vez más, una película de terror.

Una década sin Tomás – 31 de enero 2020

Hoy se cumplen diez años de su muerte y lo seguimos extrañando. Es que todos los periodistas argentinos le debemos mucho a Tomás Eloy Martínez. Somos los salieris de Tomás. Es como nuestro santo protector de la búsqueda de la verdad con rigurosidad, independencia y belleza. Santo Tomás del Periodismo.
Tomás Eloy fue uno de los más grandes periodistas argentinos y uno de los escritores más potentes y extraordinarios que dio esta tierra. Me gusta recordarlo como alguien para el que nada que tuviera que ver con la palabra le era ajeno. Como el tucumano que empezó en La Gaceta y consumó el maravilloso casamiento entre el periodismo y la literatura. Los unió hasta que la muerte los separe. Bendijo con su talento la crónica pura y dura y la ficción. Utilizó como nadie los instrumentos más poéticos para contar las verdades más profundas. No debería permitirse ejercer el periodismo a quien no haya leído “Lugar Común La Muerte”. Ese texto es un ejemplo emblemático de nuevo periodismo argentino. Escrito con precisión de cirujano en la información y con la magia de un novelista en el relato. Noticias certeras e imaginación como dos caras de la misma moneda del talento.
Comparto con Jorge Fernández Díaz, con quien Tomás conversó hasta sus últimas horas, que “La novela de Perón” y “Santa Evita” conforman la mejor historia mítica del peronismo jamás escrita. El texto sobre el general, cumple 35 años y primero, apareció como folletín en “El Periodista de Buenos Aires” de Andrés Cascioli, que dirigía Carlos Gabetta y en donde pude trabajar e intercambiar algunas pocas charlas con Tomás. Y Santa Evita, cumple 25 y además, es la novela argentina más traducida de todos los tiempos. Tomás, que nunca fue peronista, entrevistó por primera vez a Perón en 1966. Confesó que afrontó esa charla “con el desasosiego y el entusiasmo de quien advierte por primera vez que el secreto viento de la historia está pasando ante sus ojos”.
Tomás Eloy fue el que le dio el primer empujón a la gloriosa literatura de Gabriel García Márquez. El propio Gabo, su amigo de siempre, lo reconoció muchas veces. Hoy seguramente estarán hablando de literatura y política en alguna nube del paraíso con forma de biblioteca, tomando un café entre dos periodistas. Gabo en su momento dijo que Tomás Eloy tuvo el coraje y la visión de ponerlo en la tapa de Primera Plana y elogiar a Cien Años de Soledad pese a que nadie lo conocía. Cuando García Márquez ganó el Premio Nobel dijo que ese dinero lo iba a invertir para sacar un nuevo tipo de diario latinoamericano que se iba a llamar “El Otro”. Y llamó a Tomas Eloy para que lo dirigiera. Sabía que era un ebanista del abecedario.
Pocos saben que a los 14 años, ganó un concurso de poesía y que empezó escribiendo noticias con letras móviles en un pizarrón que se colocaba en la puerta del diario. Eran los twitter de aquella época. Pero solo los leía el que pasaba caminando por la vereda. Después ascendió y fue corrector de pruebas y eso lo entrenó para buscar la pureza del lenguaje. Con el tiempo, escribió hasta guiones para el cine.
Su primera crónica política fue el día que la convención del radicalismo proclamó candidato a presidente a don Arturo Frondizi, que con su mente privilegiada y su desarrollismo, quedó un poco enganchada en el corazón de Tomás.
Columnista de La Nación hasta el final, también, publicó sus destrezas luminosas en El País, en el New York Times y fue el primer director de Telenoche. Tomás es todo esto que le cuento y mucho más que un orgullo ético de la creatividad para ejercer el oficio de las letras. Fue perseguido por ser un inclaudicable combatiente de la libertad. Tuvo que exiliarse porque la Triple A lo había amenazado de muerte. Una vez lo esperaban en la puerta de un bar para acribillarlo. Tomás llamó a varios cronistas amigos para que cubrieran su propio crimen. La presencia de los colegas hizo que los asesinos enviados por José López Rega huyeran espantados.
Su relato periodístico “La pasión según Trelew”, al más puro estilo nazi fue quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba por el furher criollo, Luciano Benjamín Menéndez. Después fue incorporado como prueba al expediente de la causa que investiga la masacre. Hasta avanzada la democracia, Tomás tuvo que enfrentar un juicio por calumnias e injurias que le hizo el Mussolini tucumano, Antonio Domingo Bussi. Finalmente, la justicia le dio la razón a Tomás, como correspondía.
En el discurso de apertura de la Feria del Libro del 2006, Tomás Eloy fue muy duro e irónico con el presidente Néstor Kirchner:” La presencia de un jefe de estado en un acto como este es insustituible”, dijo desde el escenario. Y después propuso crear otra vez el país pero a partir de los libros. Sarmientinamente sugirió apagar con civilización los fuegos de la barbarie pasada. Y dijo que con el poder iletrado es imposible dialogar. Solo hay órdenes, subordinación y monosílabos.
Estamos transitando momentos difíciles para ejercer el periodismo independiente. Las profundas convicciones de Tomás Eloy Martinez nos pueden servir como estandarte. El escribió que “El periodismo, no tiene porque conciliar con nada ni con nadie. Su misión es en eso idéntica a la del artista: revelar los abismos y las luces más secretas del hombre, agitar las aguas, estimular la imaginación, provocar el cambio, luchar sin sosiego para que las perezas y los conformismos que adormecen la inteligencia sean derribados con el mismo estrépito liberador que hace tres milenios hizo caer las murallas de Jericó. Si el periodista concilia, si transa con el poder, si se vuelve cómplice de la mentira y de la injusticia, no solo está traicionándose a sí mismo, traiciona sobre todo la fe que el lector ha puesto en él y con eso destroza el mejor argumento de su legitimidad y el único escudo de su fortaleza”.
En estos tiempos de cólera contra el periodismo vale la pena recordar lo que dijo, cuando agradeció el premio Ortega y Gasset en España: “aunque a la palabra se le impongan cerrojos y diques, se seguirá abriendo paso como el agua, fortalecida por la adversidad.” Tomás Eloy Martínez no había cumplido 10 años cuando se escapó de su casa a ver un circo sin el permiso de sus padres. Como castigo lo encerraron en una habitación y él allí escribió su primer cuento. Se trataba de un chico que se metía en una estampilla para poder viajar. Así, con fantasía e imaginación, típica del realismo mágico, escapó de aquel encierro. Desde ese día empezó a viajar por países, ideas y mujeres y logró transformarse en un torrente cultural que se metió en el corazón y las mentes de sus lectores. Desde ese día se convirtió en estampilla para siempre y nunca más paró pese a que tres tipos distintos de malditos cáncer intentaron borrarlo de la faz de las letras.
Tomás elevó la crónica a la categoría de bella arte. Instaló el concepto de “ficciones verdaderas” para hacer más cierto el periodismo y más hermosa la escritura. Era el mejor de todos nosotros, dijo García Márquez.
Sergio Ramírez lo definió, “así, escritor hasta el último aliento, siguió adelante tratando de terminar su última novela sobre el Olimpo, dictándola cuando ya no pudo con los dedos, sin dejarse nunca amedrentar por la muerte”.
A ese lugar común, la muerte, Tomás dijo que la iba a esperar con los ojos bien abiertos para saber, que hay del otro lado”. Fue fiel a una de sus grandes consejos para los colegas en ciernes: “Preguntar, indagar, conocer, dudar, confirmar cien veces antes de informar: verbos capitales” del periodismo.
Carlos Fuentes lo despidió diciendo una genialidad como suele ser su costumbre: “Tomás, como pocos, nos acercó a la verdad. Huidiza, interminable, como la libertad misma.” Tomás Eloy Martínez. A diez años de su muerte. Cada día lo extrañamos más.