Este no es un país de mierda – 23 de julio 2020

Este no es un país de mierda. En todo caso, a este país, lo hicieron mierda. O lo hicimos mierda. Me involucro, porque creo que todos los argentinos tenemos una cuota parte de responsabilidad. Por supuesto que los dirigentes y funcionarios, son mucho más culpables que los ciudadanos comunes. Los que manejaron y manejan el poder desde la política, las empresas, la justicia, la educación o los gremios, son los primeros que tienen que ir al banquillo de los acusados. Porque tuvieron y tienen las herramientas para cambiar las cosas y en general, por acción u omisión, permitieron o facilitaron que este país se fuera hundiendo cada vez más. Los habitantes de este suelo, seguramente habremos contribuido con nuestras propias agachadas. Insisto con la idea que le comenté el otro día. No creo que haya una sociedad de ángeles y que sus dirigentes sean demonios. Los funcionarios de todos los niveles no vienen de Japón ni los trae la cigüeña de Paris. Son mucho más parecidos a nosotros de lo que creemos. Tienen nuestras mismas miserias y grandezas. Insisto con esta obviedad: no tendremos mejores gobiernos si no tenemos una mejor sociedad.
Este no es un país de mierda. En todo caso, lo hicieron mierda. Estamos entre los pocos países del mundo que vienen cayendo sin prisa pero sin pausa, hace décadas. Vamos para atrás y para abajo. En un momento jugamos en primera y éramos admirados por nuestros recursos naturales y por nuestros recursos humanos. La riqueza del campo y de nuestra educación pública, nos permitía estar en las ligas mayores. Brillaban nuestros científicos, nuestros profesores e investigadores, los premios Nobel que no tiene cualquier país, el progreso y la excelencia, la movilidad social ascendente. Hoy nos fuimos varias veces al descenso. Hemos destruido riqueza, multiplicado por cien la pobreza y el hambre y participamos de una comunidad cargada de odios, revanchismos y mezquindades. Las redes sociales son cloacas donde todos los días aparecen grietas cada vez sembradas de insultos.
Este no es un país de mierda. En todo caso, lo hicieron mierda. Lo digo porque en los últimos tiempos me cansé de escuchar esa frase. “Este es un país de mierda. Argentina es inviable. Hay que irse a vivir a otro lado”. ¿No le pasó lo mismo, señor oyente? ¿No escuchó eso de sus amigos, familiares, compañeros de trabajo y estudio o en el supermercado o en la cola del colectivo?
La única salida que tiene este país es Ezeiza. Que vengan los alemanes o los uruguayos a gobernarnos. Esto no se aguanta más. Son quejas reiteradas que se generalizan. Por supuesto que en muchos casos, estas palabras, están en el plano de la fantasía o de la catarsis. Son pocos los que están en condiciones de irse a otro país. Por idioma, por capacidad técnica o por no alejarse de la familia, no es un tema tan sencillo. Incluso, nada nos garantiza que en otro lugar encontremos mejores condiciones para vivir dignamente y tratar de ser felices. El arraigo, las raíces, nuestro ADN, son muy importantes para saber quiénes somos, que queremos y donde estamos parados. Hay mucha gente exitosa en el exterior que vive añorando su tierra y sus afectos más profundos y que nunca deja de ser un extranjero.
Ojo que con esto no quiero hacer un ensayo sociológico. Porque no me da el cuero y porque este no sería el lugar más adecuado. Solo estoy tratando de que pensemos juntos que nos pasa y porque nos pasa. Y no pretendo tener la verdad revelada ni mucho menos. No soy quien para levantar el dedito y dictar cátedra. Cada uno sabrá cuál es su mejor camino hacia su felicidad y la de sus seres queridos. Porque ese es el gran desafío. Para algunos será peleando en esta tierra para cambiarla, expulsar a los que dinamitaron este país y tratar de ser mejores ciudadanos para tener mejores gobernantes. Y otros preferirán huir despavoridos y probar suerte y construir un destino en otro lado.
Este no es un país de mierda. En todo caso, lo hicieron mierda. Hay un sector importante de la población que está harta. Vamos a decirlo en criollo: muchos compatriotas tienen las bolas por el suelo. Están podridos y por momentos caen en la tentación de bajar los brazos. Es que a cada rato se presentan montañas inmensas que subimos con un esfuerzo terrible y cuando llegamos a la cima, extenuados, resulta que hay un estado que te pone delante otra montaña gigantesca y otra más, y uno no termina nunca de subir la cuesta pese a que las piernas ya no le responden. Cada uno cuando se levanta a la mañana, tiene su propia montaña. Y los dirigentes de todos los ámbitos en lugar de facilitar las cosas, potenciar a los emprendedores e incentivar el trabajo, el esfuerzo y la creatividad, son como decía algún político, una máquina de impedir. Esto no se puede, señor. Tiene que hacer 150 trámites. Ese expediente no sale, señora. Tiene que dejar plata para los muchachos. El abuso del estado llega a la asfixia brutal: hay 165 impuestos en la Argentina. Una locura. Hay sectores del gremialismo que pisan todos los brotes y no dejan crecer a nadie. Se abusan con sus exigencia y al final se funde o cierra la empresa en la que trabajan. Pan para hoy y hambre para mañana. No son todos, por suerte, pero hay una mayoría de dirigentes que se hacen millonarios con el dinero del pueblo. Son ladrones y mafiosos. Crece el hambre, crece la desocupación y los delitos cada vez son más sanguinarios. “La inseguridad es una sensación”, nos decía un lenguaraz. “Argentina es un país de tránsito”, repetía y ahora a los narcos los tenemos adentro, bien adentro, prostituyendo todo lo que tocan. Incluso, las respuestas desesperadas de muchos ciudadanos son defenderse como pueden, a los tiros, con rejas por todos lados. Y muchos despreciables, encima, defienden a los delincuentes. El estado te arranca la cabeza con impuestos, te aturde la vida con burocracias y papeles y no es capaz de brindarte los mínimos servicios de seguridad y educación. Otro tema: el desplome de la calidad educativa también resume múltiples causas. Pero el rol del gremialismo docente, castigando todo lo que sea innovación y blindando sus privilegios, son la madre de todas las dificultades que ahora, además, han multiplicado en muchos casos, adoctrinando chicos y jóvenes en lugar de despertarle curiosidad y amor por el estudio.
Este no es un país de mierda. En todo caso, lo hicieron mierda. Si vamos a la historia, seguramente encontraremos hitos de nuestra implosión, de nuestro suicidio colectivo. Los que amamos la democracia, pondremos el acento en aquél golpe de estado de 1930 del teniente general José Félix Uriburu que fue el comienzo de muchas dictaduras posteriores. Los que amamos la República, no podemos desconocer el populismo peronista que sumó derechos, pero que también potenció los autoritarismos, el facilismo, la venganza y las persecuciones. Los que amamos el progreso y la carrera por superarse a sí mismo, observamos que concepciones religiosas masivas fueron poco a poco consolidando el clientelismo, el combate a los que generan riqueza y el resentimiento hacia los que encabezan la locomotora del crecimiento. Los falsos progresismos de los últimos años, vienen satanizando incluso la meritocracia. Son tan burdos y dogmáticos que creen que el avance social siempre debe ser colectivo e impulsado solamente por el estado que reparte prebendas y planes. Así nos va. Han edificado un drama conceptual que está en las convicciones de muchísimos argentinos: solamente tenemos derechos y ninguna obligación. La obligación es del estado que nos tiene que proveer todo. Y eso ha generado un achatamiento en la curva de los emprendedores y un castigo insólito hacia los que crean fuentes de trabajo. Son tan jurásicos que creen que una sociedad más igualitaria es igualar hacia abajo. En lugar de distribuir la riqueza, como dicen, potencian la pobreza. Se puede ver en todas las estadísticas.
Este no es un país de mierda. Este es un país maravilloso que recibió con los brazos abiertos a mis abuelos que huían del hambre, los nazis y las guerras. Les dio respeto y un lugar para que pudieran pelearla. Desde los conventillos, pudieron convivir en paz y sin discriminaciones con otras clases sociales, razas o religiones. Mis abuelos eran muy pobres y rompiéndose el lomo trabajando pudieron enviar a algunos de sus hijos a la universidad. Y eso que uno vendía pan y facturas por las calles de Córdoba y el otro tenía una mercería en la calle Pasteur, en el corazón del barrio de Once.
Este no es un país de mierda. Este en un país maravilloso que fue un faro en muchos aspectos. No estoy seguro, pero tal vez en algún momento nos comportamos como esos hijos inútiles que funden la empresa próspera que le dejaron sus padres. Nos subimos al pedestal de la soberbia. Nos creímos de verdad que Dios era argentino y que siempre nos iba a salvar una buena cosecha. Nada es para siempre. Hasta los países y las empresas más ricas quiebran si no se les sigue poniendo el combustible del esfuerzo, del sacrificio, de la excelencia, de la honradez, de la solidaridad.
Ningún país, ninguna empresa y ninguna familia, aguanta mucho tiempo la corrupción, la envidia, el revanchismo resentido, la falta de incentivos, la insensatez cotidiana del estado, la mezquindad y la altanería de creernos los más vivos del mundo. Tenemos que recuperar esos valores de nuestros abuelos y nuestros padres. Ellos no merecen que tiremos a la basura de la historia el ejemplo que nos dieron. Este país no debe ser gobernado. Debe ser refundado. No hace falta que miremos modelos extraños ni de otro planeta. Miremos con ojos de hoy y con modernidad, como fue que ellos lograron poner este país de pie y cómo fue que nosotros, lo acostamos en la lona. Refundemos el país desde la periferia al centro. En el interior profundo, los valores, todavía no están tan contaminados.
Mucha gente se quiere ir porque dice que este es un país de mierda. Muchos se quedan y bajan los brazos y dicen: “Yo no me meto más, que se arreglen”. Yo no juzgo a nadie. Cada uno se arregla como puede y hace lo que quiere. Pero tengo la impresión de que la epopeya de refundar la Argentina con los valores de nuestros mayores, puede ser apasionante. Nos puede cargar de épica y energía productiva. Es un trabajo duro, a mediano y largo plazo. No se puede cambiar todo de la noche a la mañana. Son décadas de despropósitos y de creer que la Argentina es de goma y resiste todas las tropelías de los delincuentes, los vagos, los autoritarios y los incapaces.
Pero creo que vale la pena empezar cuanto antes.
Tengo la sospecha o la ilusión de que este, no es un país de mierda. Y que podemos hacer mierda a los que lo hicieron mierda. ¿No le parece? Es ahora y es acá.
Soledad Pastorutti suele cantar un tema hermoso llamado “Entre a mi pago sin golpear” que dice: “Fue mucho mi penar/ andando lejos del pago/ Tanto correr/ Pa’ llegar a ningún lado. Estaba donde nací/ lo que buscaba por ahí”.

Mercado Libre, Moyano preso – 21 de julio 2020

Alguien resumió gran parte de los problemas argentinos con un tuit: “Moyano preso, Mercado libre”. Es que en estos días, los argentinos, asistimos a una película de terror donde la familia Moyano se mostró en forma pornográfica como si fuera la familia Soprano. Una serie muy exitosa llevó como título el apellido de esa familia, liderada por Tony Soprano, que era el jefe de la mafia de New Jersey.
No es la primera vez que cometen este delito. Pero la oligarquía gremial, propietaria del sindicato de camioneros, una vez más utilizó el mecanismo ilegal de la patota, el bloqueo y la extorsión. El objetivo fue intimidar con su violencia a la empresa más grande e innovadora de la Argentina: Mercado Libre, que tiene filiales en 17 países, como Brasil, Chile, Uruguay y Colombia, entre otros.
Con Hugo, en cuarentena en su mansión de Parque Leloir, la operación quedó a cargo su hijo Pablo. En el ministerio de trabajo, definieron a Pablo como “incontrolable”. Y sus compañeros de tropelías lo llaman “El Salvaje”. Los Moyano, como han hecho a lo largo de toda su vida, quisieron robarle afiliados a otro sindicato. Son 1.250 trabajadores que son empleados de los centros de distribución y logística de Mercado Libre y que pertenecen al gremio de Carga y Descarga. Como la empresa dice que no corresponde y los operarios no quieren cambiar de entidad gremial, apelaron a su metodología ilegal. Bloquearon la entrada en cinco plantas para sabotear la entrega de los paquetes que en estos tiempos de cuarentena son vitales para el abastecimiento de comida, medicamentos, repuestos y cien productos más para personas y para pequeñas y medianas empresas.
Le aclaro que el bloque como instrumento de protesta no está contemplado en ninguna legislación laboral. Es un delito que los Moyano repiten una y otra vez y por el cual nunca han sido sancionados. Repito: jamás han sido sancionados. Son impunes. La justicia en general y la laboral en particular les tienen pánico a estos muchachos peligrosos. Durante años y con esos aprietes, sumaron alrededor de 50 mil afiliados que le sacaron a los gremios de Comercio, Alimentación, Seguridad y Aguas Gaseosas, entre otros. Y contaron con la complicidad de Carlos Tomada y Néstor Kirchner que aprobaron esos nuevos encuadramientos. También hay que decir que en muchos casos, los trabajadores mejoraron sus ingresos salariales con la nueva situación. Eran época en que Moyano, envalentonado, decía “Todo lo que tenga ruedas, es nuestro”.
Pero el bloqueo es también, aunque parezca contradictorio, un síntoma de debilidad. Porque con llevar un centenar de personas les alcanza. Porque la mayoría de los que llevan son empleados del gremio y no choferes de camiones y porque demuestran que los trabajadores de Carga y Descarga no quieren afiliarse a camioneros. De lo contrario harían un paro o alguna medida de fuerza. Evitar que entren y salgan camiones es una flagrante violación de la ley. Pero hay otros agravantes. Entraron a la planta pegándole un par de trompadas a quien salió a escucharlos y lo empujaron para que el portón cediera y pudieran entrar en manada.
El jefe de esa banda, amenazó, cara a cara a quien, sin reaccionar y con toda gentileza salió a dialogar. Actuaron como barras bravas. Cantaron que son camioneros, pero esa melodía tiene una letra que los define: “Ohh soy camionero/ Estamos todos de la cabeza/ Pero eso a Moyano no le interesa/ tomamos vino en damajuana/ y nos fumamos toda la marihuana/ Ohh soy camionero”.
Esos son sus valores. Se manifiestan orgullosos de los puñetazos y las patadas, del vino y la marihuana. Pablo Moyano no podía entender como los trabajadores de Mercado Libre se negaban a sumarse a camioneros. “Los explotan”, decía Pablo. Pero Daniel Vila, el titular del gremio de carga y descarga explicó que eso no es cierto. El dirigente que pertenece a la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo, explicó que tienen un básico de 78 mil pesos, que lograron un premio de 500 dólares para cada uno por el esfuerzo realizado durante la cuarentena y que tienen un transporte especial que les pone la empresa y hasta gimnasio, guardería y cursos de capacitación y de inglés para que sigan progresando. Vila tiene 56 años y como se imaginarán no es un nene de pecho ni tiene los modales de la diplomacia. Varias veces puso el pecho y dijo que no le tiene miedo a los Moyano. Nació en un barrio muy humilde y se hizo dirigente subiendo y bajando cajones en el mercado.
La empresa, según su valor bursátil es de lejos la más importante del país. Pura tecnología y modernidad. Vale alrededor de 47 mil millones de dólares, 18 veces lo que cuesta YPF. Es una gigantesca fuente de trabajo y aún en plena crisis, sigue creciendo y tomando personal. En cualquier país del mundo, la fortaleza de semejante firma que no contamina el ambiente, que utiliza inteligencia artificial y tecnología de punta, que paga impuestos y que entró en el futuro, sería un ejemplo y alentada para que siga creciendo. Ni el Pepe Mujica, marxista, ex tupamaro y ex presidente de Uruguay, cuestionaría esto. Varias veces dijo, zapatero a tus zapatos. Los empresarios a generar trabajo y riqueza y el gobierno a buscar mayor igualdad en el reparto.
Acá, Juan Grabois estigmatizó a la empresa y acusó a su dueño de contrabandista, evasor y de haber tenido privilegios del macrismo para gozar de una competencia desleal. Agredió verbalmente tanto con Marcos Galperin que por las dudas y ante tantos amenazas e insultos, el líder de Mercado Libre, se fue a vivir a Uruguay con toda su familia. Ojalá no lo sigan atacando. Ojalá que no lo obliguen a que se lleve también su empresa a otros países. En Argentina, solo factura el 20% del total.
Moyano quiere afiliar a sus trabajadores para tener más poder de daño y cerrar todo tipo de circulación cuando se le cante. El presidente Alberto Fernández, miró para otro lado y ante la pregunta de un periodista dijo que no estaba al tanto del motivo del conflicto. Pero la historia reciente lo condena. Alberto asegura que quiere defender a los pobres. Pero puso como ejemplo a estos burócratas sindicales que viven como millonarios y encima, les dijo a sus hijos que sigan su ejemplo. Alberto le dio aquel día, en el sanatorio Antártida, un cheque en blanco a los Moyano, los empoderó más todavía. Llegó a decir que los empresarios no lo quieren, porque Moyano cuida a los trabajadores.
Esta forma delictiva de actuar que por suerte no tienen todos los sindicatos que además, no quieren a Moyano, genera la huída de muchos inversores que se resisten a poner su dinero en un país que blinda y protege a estos irracionales. Con la participación de los Camioneros, también se bloqueó una planta de garrafas de Cañuelas y en complicidad con otros violentos del gremio de marineros del Caballo Suárez, otro kirchnerista, produjeron una catástrofe alimenticia: obligaron a que se pudran y que se tiren a la basura 500 mil kilos de langostinos. Con el hambre que hay y con la necesidad de dólares de exportación que tiene este país.
Fue muy temerario Alberto Fernández. Nadie se atrevió a elogiar tanto a Moyano que está entre las tres personas de mayor imagen negativa de la Argentina. Si Moyano, como dice Alberto, es el dirigente sindical ejemplar en el que se tienen que mirar todos sus pares, este país no tiene salida.
Colocar a Moyano en un altar es una metida de pata de la que se va a acordar toda su vida. Si este es el modelo de sindicalista que Alberto elige está muy lejos de ser un “liberal progresista”, como se auto percibió en una entrevista. Hugo se formó en el peronismo derechoso y violento que, en los 70, hacía caza de brujas contra la Juventud Peronista que Cristina pretende representar. Con Moyano fue sepultada la alternancia. Es un gremio monárquico que heredan sus hijos. Son ejemplo de personajes antidemocráticos y nada transparentes. Mucha gente lo quiere ver presos. O por lo menos que Dios y la patria se los demanden.
Tiene fobia por los periodistas y eso lo une a Cristina. En su momento, con lenguaje de matón dijo que “los periodistas la van a pagar. Que han hecho mucho daño y que la tienen que pagar. No puede ser gratis lo que dijeron o lo que le mandaron a decir.”
Moyano no puede confesarlo, pero lo único que busca es impunidad para poder cerrar todas las causas sobre corrupción que están abiertas por su comportamiento y el de su hijo Pablo tanto en el gremio como en el club Independiente. Hay muchas pruebas y en varios casos fueron descubiertas por el trabajo riguroso y valiente de muchos periodistas.
El genio humorístico de Ariel Tarico en las redes, también apeló a la ironía. “El problema es que circula libremente y es letal. ¿El Covid 19? No, Moyano”.
Alguna vez nuestro país, deberá elegir el camino correcto. ¿La innovación y el progreso o las patotas sindicales? Es la dicotomía sarmientina: ¿Civilización o barbarie?

El día del amigo y Fontanarrosa – 20 de julio 2020

Voltaire decía que “solo entre gente de bien, puede existir la amistad. La gente perversa, solo tiene cómplices. La gente interesada, tiene socios. La gente política, partidarios. La gente de la realeza, cortesanos. Únicamente la gente buena tiene amigos”.
Este es un día del amigo que nadie olvidará por mucho tiempo. Es insólito, porque la mejor forma de expresar nuestros sentimientos de afecto y hermandad con ellos, es no verlos en forma personal. Presencial, como se dice ahora. Suena raro, como todo lo que pasa en el mundo desde que ese maldito virus nos invadió y alteró nuestra vida cotidiana. Menos te veo, más te quiero. Mientras más lejos estoy, más cerca te siento. Mientras más me lavo las manos, más me comprometo con mis semejantes. Mientras menos me muevo, mas ayudo. Para los argentinos esto es una gran frustración. Porque somos amigueros, toquetones, besuqueiros. Nos abrazamos y nos besamos como pocas personas hacen en otros países del mundo. Y hoy tenemos que aferrarnos a esos rectángulos que están en la pantalla y el audio que viene del parlante de la compu. Hoy los amigos, son una voz en el teléfono o una imagen en la camarita. Pero todos sabemos que esto es absolutamente momentáneo. Que pasará. Que pronto, cuando salgamos de esta pesadilla, volverá el cuerpo a cuerpo, las carcajadas cara a cara, los brindis o la ronda de mate sin que nadie te mire feo porque no sabe si en la bombilla hay un bichito maligno.
Por eso tenemos que brindar en forma remota con nuestros amigos. Para que pronto podamos vernos sin miedos a contagiarnos. Levantar las copas, cada uno en su casa, para pedir que pronto podamos chocarlas, como corresponde. En este lunes, me quiero dar el gusto de mixturar dos acontecimientos. Este día del amigo y el nuevo aniversario de la partida de ese genio llamado Roberto Fontanarrosa. Ayer se cumplieron 13 años del fallecimiento del querido Negro.
Creo que no me equivoco demasiado al decir que el Negro era una máquina de cosechar amigos y que muchos sentíamos que Fontanarrosa era un amigo de todos.
Me pregunto: El Negro ¿Se habrá enterado que la ley 27.100 instituyó su día de nacimiento, el 26 de noviembre como Día Nacional del Humorista?
Yo sé que el Negro se murió, aunque me cuesta procesarlo. Porque sigue siendo el símbolo de la amistad frente a un pocillo de café. Ya pasaron 13 años y todavía no lo puedo creer. Hace 13 años y parece que fue ayer. El 19 de julio de 2007 estábamos despidiendo el cuerpo del Negro Fontanarrosa, artista de la patria. Por los siglos de los siglos debemos repetir: Gracias por tu humor nacional y tu sabiduría popular elevada a la máxima potencia literaria. Gracias por re-inventar el realismo costumbrista argentino. Por conocernos como nadie y por mostrarnos con ternura. Gracias por escribir como los dioses y no calentarse porque las capillas literarias jamás te reconocieron. Los dogmas elitistas nunca encajaron en tu barrio. Una vez dijiste que “algunos intelectuales serios habrán ocupado sus horas leyendo a Tolstoi”, mientras vos leías El Gráfico.
Gracias Negro por ser amigo de los negros. De los futbolistas como el Negro Palma, o del Negro Caloi que después fue a visitarte en un desgarro que nos dibujó muchas lágrimas en el alma.
Gracias por ser amigo del Negro Crist, es decir esa magia que dibuja llamada Cristóbal Reynoso o simplemente Mandrú, para los amigos del vino manso y la servilleta garabateada con la creatividad de los talentosos. Me resulta de una hermandad cargada de ternura que Crist haya hecho tus dibujos cuando esa enfermedad maldita te había paralizado la mano santa. Te aferraste al lema de trabajar como si te fueras a morir mañana. Y eso hiciste. Eras el goleador de ese equipo de los sueños que formaba con Caloi, Crist, Carlos Trillo y Horacio Altuna con “El loco Chávez” y otros cracks como Fontanarrosa, que fueron a contra mano del orden natural de los diarios. Clarín se empezaba a leer de atrás para adelante. Primero las historietas y la risa. Después la noticias.
Gracias por comprender enseguida que en el vuelo de la palomita de Aldo Pedro Poy hay más poesía que en mil libros. Botines si, libros también. El fútbol te dio esa picardía popular de la ironía frente a las verdades reveladas. Muy serio, decías: “Se aprende más en las derrotas que en las victorias. Pero yo prefiero esa ignorancia”. Brillante provocador de reflexiones y sonrisas.
Gracias por haberte mezclado con los cordobeses de Hortensia para jugar en primera. Por haberte entreverado con Serrat y Les Luthiers para ganar todos los campeonatos del talento y la ética profesional. Gracias por el coraje de Satiricón y Humor donde había que poner la tinta y los huevos cuando no era fácil. Por ese Inodoro Pereyra, el renegau, con que celebraste el nacimiento de mi hijo Diego y el Mendieta diciendo: “que lo parió”. Lo tengo al lado de la foto que nos sacamos con el Zorro, en tu Rosario siempre estuvo cerca, muy cerca de la Mesa de los Galanes. Estaban el Pitu y el colorado Vázquez que son más enfermos de Central que vos. Gracias por ayudarme a arrancar a mi hijo de la pantalla de la computadora para meterlo de lleno en los libros por tu camino del fútbol hecho arte y escritura. Por haber sacudido toda la formalidad del Congreso de la Lengua y reivindicar ante los académicos más rigurosos y circunspectos el valor de las malas palabras que no son tan malas. Vos consagraste que pelotudo y mierda son términos irremplazables, pura contundencia y melodía.
Gracias Negro Fontanarrosa por ese Boggie tan aceitoso y combativo que sin bajar línea ni levantar el dedito marcaba los límites de la paz y la convivencia frente a la prepotencia de los poderosos y mercenarios armados hasta los dientes y mascando chicle. Nunca te gustaron los sacerdotes del dogma ni las verdades reveladas. Hoy te burlarías del pelo naranja y las ideas negras de Donald Trump.
Gracias por ser tan Rosario desde las mesas de El Cairo porque siempre estuviste cerca como ese Rosario que es una colección de tardes preciosas en la voz de Lalo de los Santos. Si supieras que el Monumento Nacional a la Bandera te homenajeó con la enseña flameando a media asta. Y pensar que pateaste las primeras pelotas de trapo en la segunda cuadra de la calle Catamarca.
Pero hoy más que nunca, tenemos que decirte gracias por elevar a la categoría de mito el valor de la amistad, justo unas horas antes del día del amigo que fue el día en que te despedimos con lágrimas y risas. Gracias por dignificar el cielo que vas a dibujar hasta que vuelvas a la vida. Gracias por edificar un paraíso como un bar para hablar de fútbol y de minas. Gracias por la emoción de ese momento tremendo cuando para agradecer una de las miles de ovaciones que te brindaban dijiste: “Valoro mucho el grito de esta hinchada porque estoy jugando con ocho jugadores”. Era tu forma de decir que estabas en esa maldita silla de ruedas, con tus músculos desflecados y con tu cabeza más lúcida que nunca. Hoy tenés tu lugar eterno en las tribunas del gigante de Arroyito y se siente tu risa, tu aliento y tus puteadas al árbitro. Era tanta tu ironía y la forma de burlarte hasta de tu enfermedad que un día, rodeado de gente que se persignaba ante tu presencia frágil le dijiste a mi compadre Daniel Milicich: “Zorro, por momentos me siento el gauchito Gil”. Pocos saben que el Negro se llamaba Alfredo de segundo nombre. Y que “El mundo ha vivido equivocado”, nos ayudó a mejorar nuestro rendimiento en el sexo.
Seguramente, Quino, tan ídolo del Negro como Poy, hoy a sus 88 años celebrará su recuerdo y su amistad.
El Menchi Sabat, otro gigante compañero tuyo en Clarín que también fue a tu encuentro en lo alto, escribió como prólogo de la tercera entrega de tus libros: “Fontanarrosa tuvo la capacidad de generar historias y desarticular lenguajes que parecían cristalizados y destinados a un oscuro lugar en el inodoro de la historia”.
Los argentinos te debemos mucho, Negro Fontanarrosa. Nos llenaste el alma de milagros cotidianos. Nos hiciste muy felices. Por eso seguimos tan golpeados ahora al recordarte. Y eso que inventaste el más grande de los milagros, lograste que un canalla llegue al cielo y haya fiesta, con vuelta olímpica y todo. Gracias Negro Fontanarrosa. Extrañamos tanto al Negro. Hace 13 años que le decimos adiós al amigo al que despedimos un día del amigo. Organizá para mañana un picado entre las nubes. Y después una picada en un bar de morondanga. Eso sí, invitá a los amigos. Y no te mueras nunca, negro querido.