Maduro, golpe a golpe – 6 de enero 2020

Una de las ideas más nefastas de Cristina, es que lo que no se nombra, no existe. Todo el tiempo está apelando a eufemismos y a ocultamientos. Su omnipotencia es tan grande que cree que puede tapar el sol con las manos y no llamar dictadura o narco dictadura al régimen que encabeza Nicolás Maduro. Los militantes cristinistas, hacen malabarismos con el lenguaje para disfrazar lo que no se puede disfrazar. La narco dictadura ha generado una verdadera hecatombe social en Venezuela. Más de 7 mil asesinados, denunciados, no por Donald Trump ni por Jair Bolsonaro. Crímenes de lesa humanidad o terrorismo de estado revelados por Michel Bachellet, la ex presidenta chilena del partido socialista de Salvador Allende. No la pueden acusar de pro imperialista o de derechista. Hay presos políticos en todas las cárceles, torturas, el nivel más alto del mundo en inflación y en inseguridad callejera, falta nafta (si, repito, falta nafta en la tierra del petróleo), faltan alimentos, faltan medicamentos, faltan casi 4 millones y medios de venezolanos que huyeron del totalitarismo y sobre todo, falta libertad y justicia.
Pero los ladri progesistas que todavía aman a Cuba e incluso justifican a Irán, se niegan a utilizar el término dictadura como si eso los alejara del demonio.
Alberto Fernández, planteó que lo sucedido en Caracas, “generó un nuevo obstáculo para el pleno funcionamiento del estado de derecho”. Eso dijo nuestra cancillería. Así de liviano fue el comunicado oficial firmado por Felipe Solá que avanzó diciendo que “resulta inadmisible para la convivencia democrática los actos de hostigamiento padecidos ayer por diputados y periodistas”. Eso fue todo.
Cristina no los deja utilizar el término que hay que utilizar. Y la verdad es que, a esta altura, es mucho más que un capricho ideológico. Es una forma de manifestar su afecto y cercanía por la feroz tiranía chavista. Está claro que Cristina y los suyos, se sienten compañeros bolivarianos de Maduro y de Evo Morales (que produjo un fenomenal fraude electoral) o de Rafael Correa, que está prófugo de la justicia de su país porque no puede explicar las coimas que cobró en el caso Odebrecht.
Lo de ayer en Caracas fue un golpe sobre el golpe. Voltearon el último pulmón que era el Congreso. Eso es totalitarismo. No tiene otro nombre. Soldados armados y antidemocráticos no les permitieron la entrada a diputados republicanos y pacíficos. No los dejaron votar en la elección de autoridades. Y en forma absolutamente ilegal, sin quorum, eligieron a un delincuente, diputado corrupto que recibió coimas para darse vuelta que se llama Luis Parra. El presidente interino, Juan Guaidó, con su traje azul y su corbata celeste, armado solamente con su coraje, intentó saltar las rejas, pero los uniformados armados hasta los dientes lo bajaron violentamente. Un ataque furibundo a todos los valores democráticos. Un golpe dentro del golpe. La fuerza bruta con ametralladoras contra las ideas y la razón. Maduro se sostiene solamente con las bayonetas y los fusiles de sus generales corruptos que ganan fortunas y con el apoyo de dólares y armamento de Rusia, la hinchada de Raúl Castro que aporta sus espías y comandos y con el respaldo algo más distante de China. Maduro sigue usurpando el cargo también por la complicidad de los líderes chavistas como Cristina Fernández de Kirchner, por ejemplo.
La militarización del Parlamento demuestra la desesperación y la falta de apoyo popular de un fantoche con ideas podridas, pero que se cae de Maduro.
Guaidó reunió la asamblea de legisladores en la redacción del diario “El Nacional”, como un nuevo símbolo de resistencia. Veremos cómo repercute esto en las Fuerzas Armadas que tienen una cúpula de comandantes magnates y una mayoría obligada a reprimir que cada tanto amaga con no aceptar más esa obediencia debida.
Argentina abandonó el Grupo de Lima que condenó sin medias tintas a la dictadura chavista. La Argentina en su cuarto gobierno kirchnerista se abrió de países como Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana Holandesa, Panamá, Paraguay, Perú y la OEA.
Hace algunos meses, 20 ex presidentes democráticos, emitieron un documento para criticar al Papa Francisco por ser cómplice con su silencio de la sistemática violación a los derechos humanos en Venezuela y en Nicaragua. Le recuerdo que todos esos ex jefes de estado latinoamericanos fueron elegidos en las urnas, en su mayoría son socialdemócratas o socialcristianos y que su líder, es Oscar Arias un hombre tan prestigioso que hasta recibió el Premio Nobel de la Paz.
Fue cuando el Sumo Pontífice llamó a una genérica “concordia y reconciliación” en esos países como si quisiera que se pusieran de acuerdo los asesinados y los asesinos. Esto le generó a Jorge Bergoglio una serie de críticas muy duras y hasta la propia iglesia venezolanza salió duramente al cruce ya que padece cotidianamente la violencia estatal de Nicolás Maduro en particular y del chavismo en general. Por segunda vez la Conferencia Episcopal denunció que Maduro “buscar perpetuarse en su mandato en forma ilegítima, ilegal e inmoral”.
Según el FMI, la inflación va a trepar a 10.000.000 % en este año. Si escuchó bien. El chavismo dejó al país sin moneda y un sueldo alcanza para comprar apenas una gaseosa y un pedazo de pan. Una tiranía feroz en nombre de los pobres y de la revolución bolivariana. En lugar de combatir la pobreza, combatieron a los pobres que escapan como pueden de Venezuela.
Ya fallecieron, pero está claro históricamente, que Hugo Chávez fue el heredero de Fidel Castro.
De hecho, en los tres gobiernos K anteriores, las relaciones carnales que establecieron con Venezuela fueron muy intensas y por supuesto, sazonadas con negociados sucios y delictivos de todo tipo.
Hoy en Venezuela se instaló un modelo jurásicamente estalinista, donde está prohibido pensar distinto. O mejor dicho, está prohibido pensar.
Es bueno que los argentinos nos miremos en el espejo de Venezuela porque hacia allí nos quisieron llevar e insisto, aún nos quiere llevar Cristina y su banda de ladrones.
Luis D’Elía, en su momento, incluso, llegó a decir que Maduro, debía fusilar a los opositores. Esa es la democracia en la que creen. La de los tiros para silenciar la palabra.
Nunca vamos a olvidar lo que el chavismo y el kirchnerismo hicieron para estafar a ambos pueblos: Prestamos de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo. Bicicletas con el dólar en el mercado negro. La valija de dólares sucios de Antonini Wilson que llegó para la campaña de Cristina. Los negociados de Julio de Vido con el tema petrolero y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuanto nos costaron. Los 50 millones de dólares físicos que se repartieron Néstor y Chávez, según denunció Claudio Uberti Y las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola.
La rebeldía pacífica siempre es sana. Nadie debería rendirse frente a un ejército opresor interno. Hay que ponerse de pié y no dejarse arrodillar por los autoritarios.
También los tres capos del Frente Amplio definieron al gobierno de Maduro como una dictadura. Primero el ícono y ex presidente Pepe Mujica, segundo el candidato a presidente Daniel Martínez, derrotado en las elecciones y después el ministro de economía, Danilo Astori. Otra vez doctora: ¿Usted diría que Bachellet y Pepe Mujica mienten por orden de los yankys o están describiendo la realidad? Sin embargo usted mantiene su silencio cómplice.
Jean Paul Sartre dijo que “a todo puede renunciar el hombre, sin dejar de ser hombre. A todo, menos a la libertad”. Y está todo dicho.
Las fuerzas democráticas y republicanas deben frenar la hecatombe dictatorial y la tragedia humanitaria. Condenar al régimen en todos los foros y apoyar el regreso de las instituciones y la libertad.
Ayer Venezuela podría haber resumido su crisis, cantando un himno de Serrat.
Golpe a golpe, verso a verso. El republicano Antonio Machado lo dijo con claridad: caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Una década sin Sandro – 3 de enero 2020

Mañana se cumplen diez años de la muerte de Sandro. Hace una década que odiamos más que nunca al EPOC que lo asesinó. La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica perforó su respiración para siempre. Ni siquiera el trasplante cardíaco bi pulmonar que le hicieron, pudo derrotar semejante asfixia.
Si usted me permite le quiero hacer un humilde homenaje a Sandro. Porque todos los argentinos tenemos un Sandro metido adentro de nuestra identidad. A todos nos dice algo. A todos nos despierta los recuerdos. A todos alguna vez nos expresó en nuestros sentimientos más íntimos. Queremos tanto a Sandro.
Es que su leyenda va mucho más allá de los 22 millones de discos que vendió, de los cientos de estadios que llenó, de los 46 long play que editó, de los 11 discos de oro y los incontables de platino.
Su mística es muy superior al record de 40 recitales seguidos con localidades agotadas en el Gran Rex, y su premio Grammy que lo consagró en todo el continente como “Sandro de América”.
En mi caso, Sandro tiene dos momentos muy especiales. Aquel “Sandro y Los de Fuego” que desde los Sábados Circulares de Pipo Mancera hacía bailar a una juventud que empezaba a patear todos los tableros. La sensualidad de aquel muchacho arrabalero de Valentín Alsina que moviendo su pelvis como Elvis llegó a la gloria del Madison Square Garden con la transmisión en vivo de otro grande: Cacho Fontana. El día que más me conmovió fue cuando lo distinguieron en el Senado de la Nación. Recibió el premio, lo aferró junto a su pecho y gritó: “Mami, viste donde llegó el nene”.
Nos hizo llorar a todos. Se sentía orgulloso de sus orígenes, de su barrio, “siempre voy a ser el hijo de doña Nina y de Don Vicente, el que necesitaba dos meses para ganar lo que a los 17 años yo ganaba en un rato sobre un escenario.” Es que nació en un conventillo de la calle Tuyutí donde tenían que compartir el baño y la cocina con otros vecinos. Muchas veces su madre le tuvo que hacer pantalones con tela de colchones. El dinero era escaso pero el corazón gigante. Algunos creyeron que su origen gitano era apenas un recurso de marketing. Pero lo cierto es que los zíngaros lo adoraban y cada tanto se aparecía en alguna celebración de la colectividad. Tuvo un abuelo paterno llamado José que nació en Hungría con apellido típicamente gitano pero cuando emigraron a estas pampas por los milagros de las burocracias, su apellido se transformó en Sánchez. Dicen que le pusieron Roberto en homenaje a Roberto Escalada que era el galán de moda por aquél entonces.
Aquel Sandro fue sembrando romanticismo en toda América y cosechó legiones de admiradores. Se convirtió en pasión de multitudes. Sin escándalos ni chismes. Atrincherado en su casa de Banfield para que le respetaran su intimidad. Todo lo que ganó se lo ganó arriba del escenario. Cantando o actuando en sus películas que ya son de culto. Ese muchacho que empezó a ganarse la vida como changarín y tornero pudo radiografiar el amor y decir: “Por ese palpitar / que tiene tu mirar/ yo puedo presentir/ que tu debes sufrir/ igual que sufro yo, por esta situación/ que nubla la razón, sin permitir pensar.
Le gustaba cocinar sofisticaciones de la comida china, francesa y japonesa. Su mundo era rococó, casi bizarro. Una suerte de personaje almodovariano que te recibía en el camarín con batas rojas de seda y botas negras de cuero. Y un whisky y un cigarro, que eran infaltables.
Era un travieso que llamaba a la radio en medio del programa para elogiar una nota o completar un comentario. Los productores no lo podían creer cuando atendían el teléfono: ¿Quién habla? ¿Sandro? Y era Sandro, nomás.
Siempre fue muy creyente. Una persona de fe que tenía en su casa un pesebre que le había traído un amigo desde Jerusalén y una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa ante la que se arrodillaba a rezar antes de cada espectáculo. Por momento parecía un torero. Muy lejos había quedado ese chico que en bicicleta ayudaba a su padre con el reparto de vino a domicilio.
En su madurez hubo otro Sandro que ratificó y multiplicó en tres generaciones su romance y lealtad con la gente. Ese que se convirtió en un fenómeno social. En un Gardel gitano. Ejerció una suerte de resistencia cultural a los tiempos light que vivimos. Hoy para muchos mercaderes del cerebro vacío el éxito es sinónimo de delgadez y juventud. Y Sandro batió todos los records de público sin ser flaco ni joven. Todo lo contrario. Entrado en kilos y en años no ocultó una cosa ni la otra. Convivió dignamente con eso. Se reía de sí mismo. Se tomaba el pelo. Movía su cuerpo con esa rosa rosa tan maravillosa para que las nenas deliraran y le tiraran sus bombachas ansiosas y les decía: “Esto que están viendo es un mezcla de ridículo y milagro”. Y era verdad.
Todos somos una mezcla de ridículo y milagro cuando nos despojamos de todas las caretas y los disfraces y nos quedamos desnudos frente al espejo de nuestra propia conciencia. Todos somos tan ridículos como milagrosos. Pero es así la vida cuando se valora lo auténtico y se sabe que no hay plástico ni siliconas que garanticen la juventud eterna. Hoy todo es rapidito, liviano y por arriba. Relaciones humanas fugaces porque no hay tiempo para nada. Intercambios de bajas calorías. Finamente gasificados. Hay una cultura de la raspadita. Del clip, del pensamiento tuitero de 140 caracteres, del videogame y del chat. No se lo que quiero pero lo quiero ya. Todo se sobrevuela. Sandro representó todo lo contrario. La profundidad de las cosas. La intensidad que desprecia lo efímero. Aquel tocadisco Winco para enfrentar la banalidad del mal. Hoy que las modelos son modelo se puede decir que él le dio batalla a lo insípido y a lo incoloro, que prefería las flores a los Ipad y las velas a las leds. Es que siempre fue rebelde y peleó por ser cada vez más auténtico.
Sandro fue un estandarte en defensa de las cosas más profundas de la vida. Tan profundas que muchos presuntos piolas creían que eran grasas, antiguas o cursis.
¿Desde cuándo es cursi llorar por el amor de una mujer? ¿Desde cuándo es antiguo el juego maravilloso de la seducción? ¿Quién es el marciano que dijo que es grasa susurrarle te quiero a una mujer? Sandro rompe con esa mentira noventista de que es más importante tener y parecer que ser. Era un divo pero actuaba como el muchacho de barrio que llegó. En uno de sus espectáculos habló de recuperar el almacén de las cosas perdidas. Es la revalorización de lo simple, de la emoción y la sensibilidad. Ahora se convertirá en mito. O en leyenda. Pero Sandro es un sentimiento. Roberto Sánchez vive eterno en el corazón de sus nenas. Volverá y será millones como todos los ídolos populares. Decía que la gente solo quería un poco de aire fresco. Y tenía razón.
Tuvo la lucidez anticipatoria de cantarnos en vida eso de que: “no quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad. Quiero que me recuerden como a la misma felicidad”. Sandro querido. No te lloramos. Te extrañamos…

Alberto juega con fuego – 2 de enero 2020

Cada vez es más difícil creer en lo que dice el presidente Alberto Fernández. Sus mentiras son de tanta magnitud que empieza a generarse un abismo entre lo que Alberto dijo en el llano, y lo que dice ahora. Su compromiso con la palabra parece una montaña rusa. Cuando formaba parte de la mesa chica de los Kirchner defendía a libro cerrado todo lo que Cristina decía. Cuando se fue del gobierno peleado con Cristina, sus críticas fueron de las más duras e implacables. Ahora que se reconcilió para poder ser presidente, y como parte del acuerdo por la Impunidad K, otra vez Alberto se ha convertido en un escribano que certifica y explica todo lo malo que Cristina hizo y dijo. Solo basta contrastar los videos de los programas en los que Alberto participó a las notas que escribió con lo que plantea ahora y está todo dicho. No hay más nada que agregar. Lo grave es que, ese mecanismo perverso de panquequear sus definiciones una y otra vez, ahora lo está aplicando al caso Nisman y al tenebroso pacto firmado con Irán. Y eso es manchar con sangre las palabras. Eso es jugar literalmente con fuego porque estamos hablando del magnicidio más inquietante y peligroso de la democracia recuperada.
Por eso es tan impactante y genera tanta preocupación lo que Alberto dijo antes y dice ahora. Son posturas diametralmente opuestas. Y eso devalúa su palabra casi a cero. Porque en el documental de Netflix, grabado en el 2017 dice textualmente “hasta el día de hoy, dudo de que el fiscal se haya suicidado”. Y ayer llamó al diario Clarín para desmentirse a sí mismo. Ahora dice todo lo contrario con la misma contundencia y cara de piedra. Sostiene Fernández que “las pruebas no dan lugar a pensar que Nisman fue asesinado”. Semejante cabriola en el aire no le alcanza y pasa a lo peor de su comentario, que es directamente una injerencia absolutamente intolerable, en el poder judicial. Su ataque como jefe del estado a la división de poderes es demoledor cuando plantea que “hay que revisar la pericia que hizo Gendarmería.” Primero dijo que ese trabajo monumental y preciso “carece de todo rigor científico” y luego desbarrancó asegurado que es un trabajo “ridículo”. Alberto dio un giro de 180 grados. Está claro que solo hay dos explicaciones. O antes opinó livianamente, sin saber nada de un tema tan pesado o ahora está mintiendo descaradamente para cumplir el pacto con Cristina. De una u otra manera es delicado y muy inquietante.
Todo esto Alberto presidente lo dice después de que su ministra de Inseguridad, Sabina Fréderic dijo algo parecido. Eso provocó que la justicia confirme la validez absoluta de la pericia que confirma que Alberto Nisman fue asesinado por dos personas y anticipe que de ninguna manera va a encargar una nueva pericia.
Esos trabajos los encarga la justicia. No lo pueden hacer ni el poder ejecutivo ni los ministros.
Ahora queda claro que Alberto, en este y en otros temas, cada día que pasa se mimetiza más con los planteos irracionales y autodefensivos de Cristina y empieza a repetir como un loro sus mismos falsos argumentos. Cuando dijo que Cristina y él eran lo mismo estaba anticipando una verdad.
Después dijo que Cristina es una perseguida política en todos los casos de evidente mega corrupción de estado. Avanzó asegurando que no había pruebas para condenarla. Y ahora no se le cae la cara de vergüenza al meterse de lleno en los temas más explosivos. No solamente descalificó la pericia de los más grandes expertos que hay en la Argentina. También dijo que aplicando las lógicas de la novela policial hay que ver a quién beneficia la muerte de Nisman. Y que si fue un asesinato, seguro que Cristina no tuvo nada que ver porque ella fue la principal perjudicada. Bad Information, presidente. Los principales perjudicados fueron sus hijas, su madre y todos los fiscales que en forman honesta buscan la verdad. No fue casual la masiva manifestación de sus compañeros fiscales, con banderas de luto y exigencia de justicia para Nisman. Si Cristina hubiera sido la principal perjudicada, por lo menos, le hubiera dado el pésame a la familia, hubiese expresado su dolor y consternación o no le hubiera mandado a sus esbirros más lenguaraces a dinamitar la memoria y la trayectoria del fiscal. El más audaz fue Aníbal Fernández que acusó de todo a Nisman. De putañero, de homosexual, de delincuente, absolutamente de todo y encima pidió que metieran presa a la madre del fiscal, la señora Sara Garfunkel.
Alberto fue una oveja descarriada del cristinismo y ahora está volviendo en forma disciplinada a la manada. Y está cumpliendo todos los ritos para que lo acepten sin desconfianza. Veremos si lo logra. Porque Cristina le pide pruebas de fidelidad y lealtad que, a veces, le pueden dinamitar gran parte del poder político a Alberto. Veremos. Ya son cada vez menos los que sostienen que Alberto es bueno y democrático y Cristina es mala y chavista. Cada vez son más lo que argumentan que la gran verdad que dijo Alberto en estos últimos tiempos fue “Cristina y yo somos lo mismo”. Y yo eso se lo creo. De todo lo demás, dudo.
Dudo por ejemplo de lo que dijo en su discurso inaugural. Gritó a los cuatro vientos que se habían terminado los sótanos de la política y los servicios y los operadores en la justicia. Eso dijo. Pero Cristina colonizó todos los lugares claves del gobierno con el objetivo de pasar de ser la jefa de una asociación ilícita que saqueó al estado, a ser una santa revolucionaria. Quieren voltear a los Bonadios, Ercolinis e Irurzun y diseminar Oyarbides por todos los tribunales.
Le confieso que no me sorprenden las operaciones para que Cristina, su familia y el cártel de los pingüinos queden impunes pese a la mega corrupción de estado que protagonizaron. Tengo claro que ese pacto, es el ADN del acuerdo entre los Fernández. Si me sorprende lo burdo de los mecanismos. Han perdido eficacia en tejer operaciones un poco más creíbles. Utilizan al para periodismo basura y a los de mayor imagen negativa de la política. La sociedad ya los descubrió y ahora no pueden inventar cualquier cosa. Verbitsky publicó en su cloaca que el diputado Waldo Wolf había cobrado un millón de pesos de Emilio Monzó, como presidente de la Cámara, por un día de viático para ir a Uruguay. Una falsedad gigantesca muy fácil de desarticular. Wolf viajó a participar de un acto por el atentado contra la AMIA. Hoy se conoció la confirmación institucional de que Wolf solo recibió lo que corresponde: 253 dólares. El comunicado está firmado por Matías Lamonega, Director General del departamento que maneja estos temas en la cámara baja.
Otra desmesura fue utilizar al Marciano Moreau, para vomitar una declaración de un nivel de odio antisemita al que no se atrevieron ni fachos históricos como Alejandro Biondini. Cito textual a Moreu, uno de los diputados preferidos de Cristina: “El invento del asesinato de Nisman, fue una de las operaciones de marketing mejor concebidas a nivel global. La empujaron el Estado de Israel, la derecha norteamericana, los fondos buitres y los socios locales de ese club”.
No conforme con semejante ataque, Moreau redobló la apuesta de Cristina al año de la muerte de Héctor Timerman y tuiteó que el ex canciller era “una buena persona y un militante comprometido con la vida. Bonadio, la derecha norteamericana, la DAIA del Pro y Clarín lo persiguieron y lo mortificaron. No olvidar”.
Moreau ya fue condenado por la justicia por sus dichos discriminatorios y xenófobos contra Waldo Wolf. Pero insiste con su siembra chavista y pro iraní, aunque cada vez coseche más repudios. A esta altura, Moreau no interesa demasiado porque es casi nulo su predicamento en la sociedad. Lo grave es que Cristina, su ministra Fréderic y ahora su presidente Alberto, están violando la división de poderes y metiendo sus operaciones en la justicia. La mentira tiene patas cortas, entre otras cosas porque los archivos no se pueden borrar.
Escuche lo que dice esta columna a la que adhiero absolutamente. Le leo algunos párrafos. Dice asi:
“… Un fiscal que denunció penalmente a la Presidenta apareció muerto días después de formular su demanda y sólo un día antes de fundar su imputación ante el Congreso Nacional. En el centro del poder, allí donde la denuncia tocaba fibras, hablaron de suicidio y de asesinato, acusaron al muerto de ser un padre desatento y un títere de factores que operan en las sombras y hasta afirmaron que una suerte de lucha fratricida entre servicios de inteligencia acabó detonando esa muerte. Todo lo dicho sería poco importante de no ser que ha salido de la boca de la Presidenta imputada por el fiscal muerto. Ignorando la tragedia, se indultó a sí misma apropiándose de la verdad, de la Patria y hasta de la alegría y condenó cínicamente a los que quedamos agobiados por lo patético de lo ocurrido (…) Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar. (…) Pero Cristina se siente ajena a la disputa. Está segura de que la ley penal no caerá sobre ella porque perversamente hizo avalar su nefasta decisión con una ley nacional. Irónicamente, senadores y diputados legitimaron con sus votos el encubrimiento de los presuntos asesinos. No es la primera vez que se actúa de ese modo. También encubrió la corrupción de su vicepresidente expropiando una empresa fabricante de moneda y logrando que los votos de diputados y senadores legitimaran el ocultamiento de pruebas. Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado”. Gran parte de la verdad está encerrada en estas valientes líneas. Solo me queda decirle que las firma Alberto Fernández. Fue en el diario La Nación del 16 de febrero de 2015. A confesión de partes, relevo de pruebas. No haré más preguntas señor juez. Quien quiera oír que oiga.