Massa es menos de lo mismo – 27 de julio 2022

Malena Galmarini, casi como jefa de campaña, nos quiso engañar a todos con una mentirita piadosa. Dijo que estaba atrapada por el insomnio y al ordenar los videos de su teléfono, encontró uno que muestra a su esposo, Sergio Massa en plena campaña electoral del 2013. Qué casualidad tan casual, dicen los chicos.
Las imágenes lo muestran como un
candidato a diputado típico, besando y abrazando gente, al ritmo de un jingle pegadizo, justo en el momento en que el entorno de Massa instaló la versión de que podría desembarcar como jefe de gabinete todo poderoso.
Malena pidió una remera que diga “Todo pasa, todo llega, todo vuelve”. Es un concepto de un relativismo moral que indigna. Porque no todo pasa. Hay panquequeadas, traiciones y posturas que no se pueden olvidar. La memoria es la base de una democracia más sana.
Malena es la titular de la empresa estatal de agua, pero apuesta a que Massa juegue su última carta. Ese insomnio se puede convertir en una pesadilla para los argentinos. Hay versiones de todo tipo. Pero dos declaraciones que vale la pena analizar. La diputada Victoria Tolosa Paz, dueña del departamento que le prestaban a Alberto Fernández en Puerto Madero, en una radio amiga no anduvo con vueltas y postuló al presidente de la Cámara de Diputados: “Hay que hacer cambios en el gabinete. Y Creo que Sergio es un buen jugador, en estos momentos en los que tenés que dar señales a los mercados, pero contener hacia adentro”.
Y hasta Hugo Yasky, uno de los sindicalistas con menos representatividad, pero más querido por Cristina, apoyó la moción. Dijo que sería una buena idea porque es una de las tres cabezas del Frente de Todos. Hay algo cierto, Sergio Massa en uno de los cómplices de esta coalición que permitió el regreso de Cristina al poder y el peor gobierno de la historia democrática de Alberto.
Sergio Massa, igual que Alberto, se dieron vuelta en el aire, y de ser duros críticos de Cristina y La Cámpora, se pusieron a su servicio. Pero dejaron en evidencia que son menos de lo mismo que la reina de la Recoleta.
Todavía no está confirmado que Massa vaya a ocupar el lugar de Juan Manzur. Pero por las dudas, es bueno abrir el paraguas y recordar varias cuestiones para enfrentar eso que dice Malena, de que todo pasa.
En febrero de este año, Sergio Massa, al igual que Alberto Fernández, mintió descaradamente ante la justicia. Ambos fueron fiscales acusadores de Cristina cuando estaban en el llano. Pero cuando fueron convocados como testigos por ella, se convirtieron en abogados defensores de la jefa de la corrupción de estado más colosal de la historia democrática.
“No me consta, no fueron hechos judiciables”, dijo el presidente de la Nación sin que se le cayera la cara de vergüenza. La complicidad con Lázaro Báez fue y es más que evidente.
Sergio Massa tuvo estómago para decir, muy suelto de cuerpo, algo similar a Alberto: “No recibí ninguna orden”. Se refería al direccionamiento de 51 licitaciones viales que llegaron por un dinero ducto al bolsillo de Báez por la friolera de 46 mil millones de pesos de aquella época. Los abogados de Cristina y Báez tiraron centros y Massa los cabeceó a todos.
Tanto Fernández como Massa cayeron en falsedades flagrantes que mancharon sus manos y los convirtieron en cómplices del latrocinio.
Massa no tiene autoridad moral para fingir moderación y proponer dialogo, cuando es parte de un gobierno agresivo que quiere instalar un nacional populismo autoritario por 20 años.
Massa, nuevamente está reformateando su perfil. Su anterior personaje perdió muchísimo apoyo. Se nota en todas las encuestas y en las redes. Es que se vendió como una persona que iba a moderar la locura chavista de Cristina. Se ofreció como un reaseguro de la defensa de la racionalidad capitalista, de la clase media y de la lucha contra la inseguridad, pero, su alianza con Cristina y su guardia de hierro, La Cámpora, lo vació de credibilidad. Apostó durante un tiempo a diferenciarse tibiamente de los K, pero los K no te lo permiten. Para ellos no existe la autonomía de pensamiento. Una de dos: sos amigo o enemigo. Esa jugada, tampoco le salió bien a Massa.
Massa hizo de la mentira una militancia.
Son datos de la realidad. Un sector de la sociedad y de los periodistas compró esa falsa postura de Massa y ahora, prefieren olvidar todo lo que dijo y lo que hizo. ¿Se acuerda de aquel discurso en voz alta, en la cancha de Vélez, cuando garantizó que iba a barrer a los ñoquis camporistas?
Los definió como “parásitos que están tomando el control del estado”. Hoy es el principal socio (y cómplice) de Máximo Kirchner, el comandante en jefe de la Orga.
Hoy, no solamente no barrió a ningún ñoqui. Se puso una fábrica de pastas con Máximo.
¿Se acuerda cuando propuso ponerle fin a los corruptos?
Hoy es un guarda espaldas de la impunidad de Cristina, sus hijos y los integrantes del Cártel de los Pingüinos..
Hoy Sergio Tomás Massa es más cristinista que Cristina. Y la banda millonaria le pide todos los días una prueba de amor. Es que no terminan de confiar en su palabra. Y hacen muy bien. La palabra de Sergio Massa está hecha añicos, igual que la de Alberto Fernández. Ambos son menos de lo mismo. Y a Sergio, lo agarraron varias veces con las manos en la Massa.

El gobierno fomenta la violencia – 26 de julio 2022

El presidente formal de la Nación, Alberto Fernández demostró una vez más su irresponsabilidad. Solo que en este caso, es muy peligrosa porque se puede convertir en una incitación a la violencia colectiva. A los gritos, y con el dedito acusador dijo que va a “enfrentar a los que especulan y a los que guardan 20 mil millones de dólares en el campo y no los liquidan esperando una mejor rentabilidad cuando el país los necesita”.
No conforme con eso, dijo que le iba poner el pecho a esta pelea y que los necesitaba a todos movilizados.
A las pocas horas se sucedieron varios acontecimientos que solo sirven para potenciar el polvorín social. En Casilda, corazón productivo de Santa Fé, algunos delincuentes vandalizaron un silobolsa que contenía 8 mil kilos de soja. Ese solo hecho es una demostración de la degradación y el odio que siembra este cuarto gobierno kirchnerista que insiste en apuntar como enemigo al sector más competitivo de la economía argentina que es el campo.
La soja desparramada es alimento que se pierde, dólares que no ingresan y un mensaje mafioso y extorsivo contra los que trabajan de sol a sol. Esta cobardía fue repetida en 265 oportunidades, el año pasado. Y nunca hubo un solo detenido. Los kirchneristas festejan cada bolsa rota como si ganaran una batalla. Están enfermos de autoritarismo y perdieron hasta el sentido común.
Un fanático ultra cristinista como el intendente de Pehuajó, Pablo Zurro, propuso acelerar el camino hacia Cuba y “obligar al campo a liquidar la soja mediante un Decreto”.
Pero la cosa se complicó porque los piqueteros más oficialistas, los que tienen a sus dirigentes como funcionarios del gobierno, convocaron a una marcha de protesta para este sábado en el predio de la Rural, a la hora en que se producirá el acto de inauguración. Todo tipo de protesta pacífica que exprese una queja o una propuesta es bienvenida en democracia. Ese es el pulmón donde respira el sistema. Pero ir a la casa del otro con insultos y pólvora en las consignas, es otra cosa. Eso se llama provocación. Eso es mojarle la oreja y desafiar al otro. Es ir a buscar una reacción y un conflicto que se sabe cómo empieza pero nunca se sabe cómo termina. Los Fernández que desgobiernan, Cristina, Alberto y Aníbal en ese orden, deben frenar ese hostigamiento antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Si se produce algún tipo de enfrentamiento o destrucción de la propiedad privada, puede haber heridos o algo peor todavía. En ese caso, toda la responsabilidad será de los Fernández. El que hizo punta se llama Daniel Menéndez, de Somos Barrios de Pié. Es funcionario del ministerio de Juanchi Zabaleta. Tiene más planes que votos. Tienen un bajo nivel de representación y se esconden debajo de la pollera de Cristina y de la sotana del Papa Francisco para seguir prendidos a la teta del estado. Si fueran solos a elecciones sacarían una insignificante cantidad de votos. Se han peleado entre ellos y se dividieron. El otro grupo que lidera Silvia Saravia se llama Barrios de Pié- Libres del Sur y hoy están codo en las calles con los grupos trostskistas. Pero en su momento apoyaron la candidatura de Florencio Randazzo que tuvo como jefe de campaña a Alberto Fernández. También se sumará a la bravuconada del sábado la Corriente Clasista y Combativa del diputado Juan Carlos Alderete. Esta agrupación tiene una extraña mezcla de maoísmo del Partido Comunista Revolucionario y su adhesión a este grupo denominado “Los Cayetanos” porque se referencian también en el Papa Francisco. Por ahora, el Movimiento Evita de Emilio Pérsico, dijo que no va a concurrir. Veremos. Ojalá reflexionen y entren en razones. Si quieren protestar contra lo que quieran, lo pueden hacer, por supuesto, pero en alguna plaza o en un espacio imparcial. Pero ir a buscar a los productores agropecuarios es de un aventurerismo beligerante. ¿Qué pasaría si los chacareros salen a responderles? ¿Qué drama podría estallar en las calles? Juan Grabois, otro de los que podría ir a la manifestación, ya instaló palabras tenebrosas como sangre y saqueos. Y el escriba Memo Giardinelli, en su delirio que denuncia un golpe de la derecha, dijo que teme que “puedan volver las desapariciones de personas, los secuestros de niños y demás bestialidades”.
Nunca se debe jugar con fuego en el conflicto social. Y mucho menos ahora que una senadora propone apelar a la policía para solucionar un tema económico o que un energúmeno fascista como Aldo Rico convoca a jurásicas organizaciones. Pablo Moyano y Hugo Yasky por su lado tampoco tienen votos pero quieren ir a la puerta de las empresas que según ellos “son formadores de precios y culpables de la inflación”. Eso es chavismo de la peor calaña.
La política es diálogo y consensos, de lo contrario será violencia. Eso dijo Alfonsín y tiene razón. Yo no olvido que cuando Cristina desató la guerra de la 125 contra el campo, sufrió tres derrotas consecutivas. En el Congreso, con el voto no positivo. En las calles con las multitudinarias convocatorias en el Monumento a los Españoles y a la Bandera en Rosario y en la urnas, con el triunfo de Francisco de Narváez en las elecciones de medio tiempo. ¿Saben quién integraba la lista que perdió? Nestor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa. Cristina se deprimió tanto que quiso renunciar a la presidencia. “Este pueblo no nos merece, Néstor”: Eso dijo según contó en su momento Alberto Fernández que fue la fuente de los periodistas y que se atribuyó haber calmado a Cristina coordinando un llamado telefónico con Lula.
Tampoco olvido que cuando los camioneros de Moyano fueron a patotear a los campesinos que estaban en Entre Rios cortando la ruta, muchos los estaban esperando con escopetas y rifles tan comunes en el campo. Pudo haber sido una tragedia. Por eso creo que no hay que fomentar los viejos odios ni repetir una película de terror que nos lleva al peor de los abismos. No le tiren de la cola al león.
“Basta de especular, primero la patria”, es el lema de los piqueteros oficialistas.
Se les podría contestar: “Basta de extorsionar, primero las leyes”.
Y algo para el gobierno nacional: “Dejen de fomentar la violencia”. Ghandi decía que lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia”. Y ese el principio del fin de la democracia y el comienzo de las tiranías.

Nadie más golpista que Cristina – 25 de julio 2022

El bloque de diputados oficialista emitió un comunicado cargado de mentiras y falsedades. Acusaron a la oposición de “maniobras y expresiones de neto corte golpista”.

El cristinismo extremo ya no tiene ni vergüenza. Pretenden convertirse en víctimas cuando en realidad son los victimarios de este gobierno y de todos los argentinos. No hay nadie más golpista que Cristina y su tropa de talibanes.

¿Quién vive retando en público al presidente, erosionando su investidura? ¿Quién le gritó en la cara que había funcionarios que no funcionaban y les aconsejó que si tenían miedo, se buscaran otro laburo?

¿Quién se la pasó revoleando ministros por la ventana? Incluso los más amigos de Alberto como Marcela Losardo y Matías Kulfas.

¿Quién le serruchó el piso todo el tiempo al ministro Martín Guzmán hasta que lo obligó a renunciar con un portazo?

¿Quién quebró emocionalmente al presidente y lo convirtió en un trapo de piso rendido a sus pies?

¿Quién amenazó al Presidente con mostrar sus mensajes telefónicos privados e íntimos?

¿Quién denigra al jefe de estado con un apodo grosero, asociado a un tema sexual que no se puede ni repetir?

¿Quién, según Jorge Liotti, ayer en La Nación, llegó a la perversidad de “decir en un tono de broma mal disimulado que Francisco es un bebe tan lindo, que no parece hijo de él”.

Cristina. Esa es la respuesta: Cristina.

¿Quién renunció a la jefatura de su bloque y se negó a aprobar un acuerdo con el Fondo Monetario que Alberto Fernández tanto necesitaba?

Máximo. Esa es la respuesta: Máximo.

¿Quién dijo que el que trajo al borracho se lo lleve?

Sergio Berni.

¿Quién degradó al presidente gritando en las tribunas “para eso te pusimos ahí, Alberto, para que haya menos pobres y no más. No es tan complicado? ¿Quién metió en el debate público la palabra sangre y saqueos?

Juan Grabois.

¿Quién calificó al Presidente como mequetrefe, enfermo y okupa del sillón de Rivadavia sin recibir ni una desautorización?

Fernanda Vallejos.

¿Quién dijo que ya no le cree más y que Alberto es cada vez más mentiroso? ¿Quién sugirió que en Estados Unidos, el presidente iba a entregar el litio o alguna parte del sur?

Hebe de Bonafini.

¿Quién renunció a las pocas horas de la derrota en las elecciones parlamentarias y el presidente se enteró por los periodistas?

Eduardo Wado de Pedro.

¿Quién recordó que Alberto Fernández fue jefe de campaña de un espacio que sacó el 4% de los votos?

Andrés Larroque.

Cristina es la jefa indiscutida de las maniobras desestabilizadoras. Sus soldados mas obedientes son Máximo, Sergio Berni, Juan Grabois, Fernanda Vallejos, Hebe de Bonafini, Wado de Pedro y Andrés Larroque.

Nadie fue tan duro con Alberto como Cristina y nadie fue tan crítico de Cristina como Alberto. Ninguno puede digerir ni procesar el odio que se tienen mutuamente.

La usina desestabilizadora está en el Instituto Patria, en la presidencia del Senado y en el departamento de Recoleta. Cristina destruyó el gabinete, ocupó todas las cajas millonarias con sus brigadas camporistas y ni siquiera tiene un plan económico alternativo. Solo está dedicada a diferenciarse del gobierno nefasto que ella parió y de la búsqueda desesperada de impunidad con sus ataques feroces a la Corte Suprema.

Es tan grande el infantilismo mesiánico que Cristina quiere que la gente piense que no tiene nada que ver con este desgobierno. Y en realidad tiene todo que ver. Es la madre de este gobierno. Y la mariscal de la derrota.

¿Quién anticipó esto?

Alberto Fernández lo dijo claramente. “No quiero que el poder esté en Uruguay y Juncal y en la casa de gobierno haya un títere.

Estamos en emergencia institucional. La oposición tiene que tener una actitud prudente e inteligente. Su camino es muy angosto. No puede aceptar el abrazo del oso que el gobierno le quiere dar para ensuciarlo y hacerlo socio de este fracaso trágico. Pero tampoco puede empujarlo ni caer en la provocación de acelerar su final o adelantar elecciones ni hacer un juicio político.

La mejor postura histórica opositora debe ser marcar las contradicciones, locuras y mamarrachos que hacen Alberto y Cristina, plantear alternativas en todos los temas y obligar a que el gobierno cumpla con su período hasta que quede en absoluta evidencia la implosión del mito de que solo el peronismo puede gobernar este país.

La dirigencia democrática y republicana debe acudir en ayuda de los ciudadanos, aportando ideas y soluciones para mantener viva una lucecita de esperanza hacia el 2023. El gobierno debe gobernar y la oposición debe controlar y decir con claridad que haría en cada uno de los temas si le toca volver al poder.

Ese es el mandato sagrado de las urnas.

Nunca hubo un gobierno que se boicoteara tanto a sí mismo. Su principal actividad fue pegarse tiros en los pies. Nunca hubo una coalición oficialista que conspirara con tanta saña contra su propio presidente. El gobierno debe dejar de sembrar vientos si no quiere cosechar tempestades.

Y nunca hubo una oposición más responsable y que respete las instituciones democráticas.

Está muy claro para todos.

No hay nadie más golpista que Cristina.