La Cámpora se queda con todo – 12 de agosto 2021

En forma sigilosa y a paso redoblado, La Cámpora se está quedando con la suma del poder en la Argentina. Tienen un proyecto a mediano plazo y lo cumplen con una disciplina castrense que transforma la influencia de Cristina en hegemonía territorial y en ocupación de casi todos los cargos del estado.
Se parece a la tácita del
“entrismo” de los Montoneros en los 70. Venían de diversos marxismos pero asumieron que “el pueblo trabajador era peronista” y que su espacio de militancia debía ser el partido del general. Se mimetizaron en el movimiento y por lo bajo criticaban por reformista al “viejo” hasta que Perón los echó de la Plaza de Mayo por imberbes y estúpidos.
Tenían un proyecto de socialismo nacional por la vía de la insurrección armada y llevaron a la muerte a media generación.
El proyecto de La Cámpora, por ahora,
no apela a los fusiles ni a la guerra popular prolongada. Su metodología es otra, pero el objetivo es el mismo: escriturar el peronismo a nombre de Máximo Kirchner. Ya lo lograron en la provincia de Buenos Aires que es el corazón de la masividad del voto. Aunque parezca mentira, Máximo Kirchner, nacido, criado y afiliado al Pejota de Santa Cruz, hoy es el presidente del poderoso Partido Justicialista bonaerense. No cumplía con los requisitos legales de tiempo de afiliación ni de residencia en el distrito, pero cuando hay voluntad política y capacidad de presión (o extorsión), todo se arregla.
Todos los intendentes menos uno se rindieron ante el avance de la tropa camporista. El único que resistió fue Fernando Gray de Esteban Echeverría y veremos si se va a convertir en la vanguardia de un cambio o en el último que se va a arrodillar.
Por eso le digo que La Cámpora se está quedando con todo. Ubicó soldados de su ejército en casi todas las segundas y terceras líneas de los ministerios, embajadas y consulados. La mayoría de los consejos deliberantes bonaerenses están muy cerca de su control absoluto y están trabajando en el mismo rumbo en todas las provincias. Son una fuerza poderosa. Con alta capacidad de movilización, con recursos económicos millonarios y con un verticalismo típico de las orga revolucionarias.
No dejan un solo sector de la vida nacional sin intentar copar o conducir. Incluso van por la conducción de los movimientos sociales que es donde tienen menos inserción. Por eso se odian con el Movimiento Evita. Hoy Carlos Pagni retrata esa pelea con los piqueteros. Se puede resumir en Andrés “El Cuervo” Larroque contra Juan Grabois. Pero la batalla es para dejar de darle planes a los movimientos sociales. Dicen que eso fracasó y que hay que crear fuentes de trabajo. Eso es verdad. Pero, en realidad, quieren cortar la fuente de financiamiento de los piqueteros que finalmente, les disputan el control de la calle y los barrios humildes.
Suena exagerado, pero hay pruebas de que también quieren manejar los clubes de fútbol y las asociaciones gremiales de trabajadores y hasta las organizaciones patronales. Hoy se conoció una denuncia de que La Cámpora se quiera encaramar en la conducción de la CAME que tiene elecciones la semana que viene. La entidad que nuclea a 600 mil pequeñas y medianas empresas que preside Gerardo Díaz Beltrán, advierte que el grupo de Máximo sumó a su proyecto a Alfredo González que es actualmente el secretario gremial. Y dicen que el operador de esta movida es el propio ministro del interior, Eduardo Wado de Pedro, un empresario muy próspero que está comprando cantidad de propiedades y terrenos en Mercedes.
Pero no hay que perder el foco de lo que está ocurriendo en el subsuelo de la actualidad informativa. La bulimia de poder de los camporistas es insaciable. Van por todo, como les recomendó Cristina. Con todos los resortes en sus manos, después será mucho más fácil decidir quién será presidente y la velocidad rumbo a un modelo chavista del que no ocultan su admiración.
Fue tragicómico lo que pasó con un posteo del Partido Justicialista que recordó el triunfo de las PASO del 2019.
En la foto de los festejos que subieron, no estaba Cristina. Herejía. Vade Retro. Sonaron todas las alarmas. No se sabe si fue un error a los que nos tiene acostumbrado Santiago Cafiero o una expresión de deseo. En la cuenta de La Cámpora de Instagram pusieron solamente “Che, se olvidaron de alguien” y en dos minutos, ya estaba Cristina en un primer plano. Pobre Santiaguito. No pega una y los camporistas le pegan siempre. Todos los días se lo quieren cargar y poner a alguien de su confianza en ese lugar.
Como si fueran un pacman que deglute espacios de poder, cada minuto, meten militantes en los lugares más estratégicos y en donde las cajas de dinero son más suculentas.
Hay que estar atentos porque las próximas movidas son para terminar de copar la justicia y la salud, o mejor dicho las millonarias fortunas que manejan las más de 200 obras sociales de los gremios.
YPF es el juguete preferido de la corrupción de los Kirchner. Según los vientos de la época, fueron fervorosos estatizadores, privatizadores y lo que hiciera falta para llenar sus bolsillos de dólares y de militantes la estructura organizativa de la empresa. Entronizaron a Pablo González, que es de la íntima confianza de Alicia, Cristina y Máximo Kirchner.
Para ellos, el poder debe ser total o no será nada. Eso se llama totalitarismo.
Fernanda Raverta se hizo cargo del Anses, que dispone del 40% del presupuesto. ¿Escuchó bien? El 40 % del presupuesto, alrededor de dos billones de pesos. Si con “b” larga. Dos billones.
Lo mismo pasa con Luana Volnovich, en otra de las cajas monumentales: el PAMI. Mucho dinero y poder territorial en todo el país.
La mano derecha de Mariano Recalde cuando estuvo al frente de Aerolíneas Argentinas, ahora es el número uno de la empresa: Pablo Ceriani que ya cerró Austral.
Según reveló Carlos Pagni, en su momento, la tropa camporista asumió el manejo de todo el sistema informático del Poder Judicial. Eso incluye el tema de las elecciones. Peligro en puerta. La designación de un fanático K como el juez Alejo Ramos Padilla como juez electoral en Buenos Aires, cierra el círculo.
Alerta, alerta que camina, toda La Cámpora por nuestra bendita argentina. Se están quedando con todo. Quien quiera oír que oiga.

Goyeneche siempre está llegando – 11 de agosto 2021

Nicolás Pichersky recuerda hoy en La
Nación que se cumplen 50 años de un disco emblemático para la historia del tango. Hace medio siglo, Roberto Goyeneche, “el Polaco” y Anibal Troilo, “Pichuco”, parieron un vinilo de larga duración que se convirtió en una de las joyas más preciadas de nuestra música urbana. Se tituló: “Te acordás… Polaco?” y fue la última grabación del duende del bandoneón. El gordo triste de la cabeza peinada a la gomina supo sentenciar que el nunca se había ido de su barrio, que siempre estaba llegando.
Es lo mismo que podríamos decir del Polaco para celebrarlo siempre como se merece.
Sus restos están enterrados en el cementerio de la Chacarita. Una neumonía criminal, finalmente lo llevó a la tumba. Pero el Polaco Goyeneche vive en el corazón de su pueblo.
Es uno de los íconos de la porteñidad. Debo confesar que Buenos Aires ya no es la misma. Que el corazón de Saavedra late más lento, como arrastrando su sangre olvidada que se nos esfumó en plena madrugada gris. Lo seguimos extrañando. Cada tanto se nos aparece con todo su talento y nos explota una nostalgia de 2×4.
Si algún pibe que no lo conoció ni escuchó hablar de su leyenda le digo que puede darse una vuelta por el bar “La Sirena” de la ex Avenida del Tejar y Nuñez. No se sorprenda si ve un cigarrillo apoyado en el cenicero de lata de Cinzano… entristeciendo la ventana con el humo. No se sorprenda si hay un café listo, un aroma de amistad y no hay nadie sentado en la silla. Es el fantasma del Polaco que vuelve a sus pagos. Es el fantasma del Polaco que de vez en cuando aparece en el espejo de algún colectivo que supo manejar para ganarse la vida pese a que ya cantaba en la orquesta del maestro Horacio Salgán.
Goyeneche fue taxista y mecánico de barrio. Muchos no saben que el Polaco fue colectivero de la línea 19. Que tal vez por eso fue el cantor nacional con más empedrado y asfalto. Goyeneche, que en milongas descanse, siempre recordaba con afecto su mundo de 20 asientos, el que le arruinaba los riñones, pero que fue su curso de ingreso a la universidad de la calle. Por eso el mejor de los homenajes es que una calle de su barrio de Saavedra, lleva su nombre igual que la tribuna popular de ese estadio donde tantas veces se quedó sin voz por alentar a Platense.
Ese fantasma del Polaco se aparece generalmente los sábados porque es el día de la noche, del tango compadrito, cargado de erotismo.
Nunca falta gente soñadora que lo saluda con un movimiento de cabeza en el club social y deportivo “Federal Argentino” donde a los 15 años ganó un concurso de voces nuevas y como premio fue contratado para cantar en la orquesta de Raúl Kaplun.
Algún domingo suele merodear los viejos micrófonos del club social y deportivo “El Tábano” o los gritos de gol marrones y desesperados de calamar y de Platense.
Hay quien dice que se lo puede escuchar muy a los lejos en Villa Urquiza, en una vieja parada del tranvía 35 donde su viejo lo esperaba cuando volvía del cabaret, con el sol castigando las miradas. Ese mundo de tanguerías, de piso de parquet, piringundines almodovarianos con bronces por todos lados y de mujeres coperas y alternadoras habían sido sus divisiones inferiores. Desde muy chico se movía entre las mesas y los escenarios como un sabio veterano.
La estampa del Polaco está en todos lados. Como un Dios pagano. En
Radio Belgrano y los viejos micrófonos de los afiches de Evita, Caño 14, la catedral del corte y la quebrada, los clubes de barrio, la tele y en los discos long play. Pero sobre todo en esos boliches prohibidos, esos supermercados del vicio y el placer que nunca dejaron vivir ni morir en paz a su madre lavandera que nunca lo llamó Polaco.
El primero que le dijo Polaco fue otro mito de la fundación de Buenos Aires. Otro que siempre está volviendo, el de las manos como patios: Aníbal Troilo, Pichuco. Lo escuchó una noche, no lo esperaba. Lo llamó y le dijo: “pibe, usted así tan rubio parece un polaco” y le quedó para siempre ese apodo y de nada sirvió tanto vasco antepasado llamado Goyeneche ni que haya nacido en Entre Ríos.
Goyeneche no se privó de cantar con Astor Piazzolla y la rompió, dejó la pelota chiquita y se fue ovacionado. Pero con Pichuco, el Polaco construyó una amistad inmensa y una pareja de leyenda. Goyeneche y su personalidad para decir los tangos siempre me puso la piel de gallina. Siento una emoción canyengue, de chata cadenera del barrio de La Boca, pocas cosas tan urbanas como su voz y sus murmullos.
Por eso Buenos Aires no es la misma sin su cara angulosa, sin su bigotito anchoa, es como tener un prócer menos. Nos falta su voz de barítono de mediana tesitura, su buen oído, su susurro de fango, sus amagues futboleros, sus fileteados verbales, su bandoneón en la garganta.
¿Sabe qué consejo le daba siempre Pichuco? Le decía: ”Pibe… hay que contarle al público, no cantarle. De cantar se encarga la orquesta.”
Y si me permiten señores oyentes, le robo un párrafo a Fernán Silva Valdes para tratar de definir mejor lo que era el tango interpretado por el Polaco: “El tango es una música rara/ que se acompaña con el cuerpo y con los labios y con los dientes/ como si se mascara”.
Y le robo otro a Homero Expósito, ¿Me permite?. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”.
Así era el Polaco, por eso fue el más rockero de los tangueros, el más zarpado, el menos dogmático, el que tenía los poros más abiertos para enriquecerse con otros vientos.
Era llorón, sensiblero, calentón, a veces se encerraba en su humilde casita de la calle Melián a hundirse en las nostalgias. Su primer contacto con el tango fue a través de las letras que publicaba aquella revista emblemática llamada “El Alma que canta”. Y fue casi como un toque premonitorio porque el Polaco Goyeneche hoy podríamos definirlo como “El alma que canta”.
Extrañamos tanto su fraseo único, ese paladear el tango desde cada palabra con puntos y coma, gota a gota, tango a tango.
Extrañamos su carraspeo, sus silencios abismales, su escenario, su estaño, su última curda y su garganta con arena como le dijo Cacho Castaña, tal vez su heredero, que también se fue de gira a acompañarlo en el cielo de Buenos Aires. Juntos, ahora podrán actuar de “cantor de un tango insolente, hiciste que a la gente le duela tu dolor”. Ahí estarán Troilo que le dejará un verso debajo de su almohada para que entone ese tanto que lo emociona, diciendo punto y coma, que nadie le cantó”. Y habrá “duendes y fantasmas” que respiran con el asma de un viejo bandoneón”.
En el frente del Parque Sarmiento hay una estatua suya de tamaño real aunque nunca podremos tomar dimensión de su verdadero tamaño. Allí está el Polaco, que también es un bronce que canta, mirando al sur, como corresponde.
Nos duele el dolor del Polaco y de su ausencia. Si nos paramos a mirar la vida debajo de una luz de almacén, seguro que nos invade un perfume de yuyos y de alfalfa que nos hace extrañar más su misterio sureño y desafiante.
Y a veces, la angustia nos invade porque solo nos queda su nombre flotando en el adiós. Arena y garganta con arena, que la vida se llevó…

Los masoquistas maltratados por Cristina – 10 de agosto 2021

Valoro mucho la política porque creo que
no hay otra manera de extirpar las injusticias de una sociedad. Y para eso hace falta democracia y mejores partidos políticos y dirigentes honestos y capacitados. Pero hay venenos de la política que no soporto. Malversaciones que fomentan que tanta gente diga que la política es sucia. Hablo de los ladrones de estado y de los autoritarios que siempre buscan culpables y enemigos. Esta gente degrada la política y las instituciones republicanas. Las va erosionando de adentro. Pero hay otra situación que me resulta directamente incomprensible y repugnante. El maltrato brutal que muchos dirigentes y funcionarios soportan con tal de mantenerse atornillados al poder. Son como masoquistas que se bancan humillaciones de todo tipo con tal de recibir aunque sea una mínima porción del queso. Son capaces de arrastrarse y de tirar su honra a los perros.
En estos últimos días hubo varios acontecimientos que me recordaron episodios de esta naturaleza que producen vergüenza ajena.
Jorge Taiana, flamante ministro de Defensa fue insultado por Cristina cuando lo eyecto de su cargo de Canciller porque se había reunido a charlar con un periodista del Grupo Clarín. En ese momento, año 2010, los periodistas políticos recibimos la siguiente información: “Cristina le dijo traidor y le puso como ejemplo de buen comportamiento a Amado Boudou”. Eso fue too much. Taiana es un hombre radicalizado y dogmático pero no hay una sola acusación sobre su honradez. Compararlo con un ladrón de estado de magnitud como Boudou, fue demasiado. Taiana se enojó tanto que dejó de tener contacto con Cristina y junto al Movimiento Evita, en su momento, apoyó la candidatura de Florencio Randazzo. El jefe de esa campaña fue Alberto Fernández, no se si lo ubica. El actual presidente contó muchas veces, en forma reservada, el maltrato que habían recibido de Cristina y también de Néstor. Sin embargo, al poco tiempo, Taiana, la agrupación de Emilio Pérsico y Alberto olvidaron esos cachetazos verbales y volvieron a colocarse debajo de la pollera de Cristina, simplemente, porque es la dueña de los votos y el poder.
Algunos podrán decir que eso es pragmatismo o que son generosos a la hora de perdonar. Yo creo que la persona que se deja ofender, pierde la dignidad. Y el que no tiene dignidad ni respeto por sí mismo, difícilmente pueda defender la dignidad y el respeto que se merece el pueblo argentino. ¿Se entiende? No hago de esto una cuestión personal. Creo que es un tema político. Quien no se hace respetar, no puede conseguir respeto. Y Cristina es una maltratadora serial. Todos los periodistas lo sabemos. Sus gritos e insultos groseros son famosos.
El multipremiado creativo publicitario, Ramiro Agulla, armó un spot para Randazzo que fue muy disruptivo porque representó con una actriz las peleas que el ex ministro tuvo con la ex presidenta. Quien actúa de Cristina, parece tener una cloaca en su boca y a nadie pareció llamarle demasiado la atención.
Son muy conocidos, algunos lo tienen como ringtone en su teléfono, la cantidad de veces que Cristina agravió a Oscar Parrilli llamándolo claramente “pelotudo”. El senador sigue siendo su principal dirigente en el Instituto Patria, un operador todo terreno, casi un mayordomo.
Hay baldones que son más sutiles. De gente que se va de al lado de Cristina pero que regresa por conveniencia. Desde el Movimiento Evita al que Cristna llamó “hijos de puta” hasta Daniel Arroyo o Felipe Solá, que después de haberse alejado de su gobierno, de la mano de Massa y Alberto ayudaron a que volviera al poder como vice presidenta y jefa del jefe del estado, quien los había injuriado. En voz baja, Pérsico, desde aquel momento dice que su único jefe es “el Papa Francisco”. “Felipe es Felipe”, repetía en sus tiempos el propio Néstor. Se reía cuando Verbitsky lo llamaba “Felipe Solo”.
Otro caso incomprensible es el de Gustavo Béliz. Nadie lo acusó de corrupción. Es un hombre de fe, muy allegado al Papa Francisco. Los Kirchner lo persiguieron tanto que lo obligaron a irse del país. Llamaban a las empresas privadas para amenazarlos con represalias si le daban trabajo a Béliz. ¿Qué pecado había cometido? Mostró una foto de Stiuso por televisión. Era el jefe de inteligencia preferido de los Kirchner hasta que la tortilla se dio vuelta y pasó a ser un enemigo diabólico. Hasta Alberto denunció en su momento que los topos de Cristina lo espiaban y los seguían.
Como puede verse no hay un solo caso. Son varios los que repiten el mismo esquema. Se enojan y se van del lado de Cristina, pero vuelven vencidos a la casita de Cristina. Esa medicina amarga acaba de probarla Agustín Rossi. Le soltaron la mano y Cristina apoyó la lista, con foto y todo, que impulsa el gobernador Perotti.
Fabián Gutiérrez, el secretario privado de Cristina que fue asesinado, como arrepentido aportó datos claves de cómo funcionaba el mecanismo de recaudación de coimas y lavado. Cristina pasó a odiarlo. Pero lo que más le molestó de su declaración ante el juez Claudio Bonadío fue la revelación de cómo era el maltrato cotidiano que todos los empleados recibían. Ella no le perdonó nunca que la describiera como una persona que nadie aguantaba y con la que nadie quería trabajar por el trato de esclavo que les daba a sus colaboradores. Es más, Fabián confesó como se referían a Cristina todos los empleados. Fue una manera cruel y muy machista de radiografiarla: “Le decíamos la loca o la yegua y otro término que no quiero mencionar por cuestiones de género”. Pero está escrito en el expediente.
Sergio Massa también cayó en la volteada de las ofensas de Cristina. Pero también fue y es pieza clave de su aparato de búsqueda de impunidad y venganza. De Daniel Scioli, ni hablar. Una vez, en el senado, lo redujo a la condición de felpudo delante de todos. La lista sigue y es larga. Pero creo suficientemente demostrado lo que intento plantear. Entre las diversas líneas internas del cristinismo, habría que fundar una llamada “Masoquismo K”. Son los que encuentran placer en ser ultrajados. De esas personas que se arrodillan, no espero nada. Y no les creo nada. Es lo peor de la política.