La Pata K de la mafia – 28 de diciembre 2021

Cristina está desesperada por lograr su impunidad y, por eso, es capaz de hacer cualquier cosa. Por ejemplo, es capaz de manipular material sensible y repugnante de los servicios de inteligencia para defender a un capo mafia como el Pata Medina. Su catarata de tuits de ayer también intenta probar lo improbable: que ella no es una delincuente de magnitud colosal. Que es una perseguida política de Macri, los jueces, los medios y el imperialismo norteamericano.
Para explicar lo inexplicable se montó en una declaración repudiable y repugnante de un ex funcionario bonaerense. La operación de blanqueo al Pata Medina incluyó a medios de comunicación y militantes cristinistas y a ella misma con su catarata de tuits.
No se puede defender lo indefendible. ¿Quién es el Pata Medina?
En su momento, la ex gobernadora María Eugenia Vidal,
lo definió con claridad cuando dijo que:
es el símbolo de la mafia. Todos saben
que para hacer una obra, había que pagarle”. En agosto, el Pata hizo un acto masivo que fue una provocación y un desafío a la justicia que lo liberó, pero, simultáneamente, le prohibió que desarrollara actividad sindical. Y eso es justamente lo que el Pata hizo. Cantaron la marcha peronista y en el escenario, saludó con los dedos en “V”, el símbolo de la victoria y también de Victoria Tolosa Paz, la candidata cristinista que este salvaje apoyó. Porque siempre apoyó a todos los candidatos del peronismo de todos los colores.
¿Alguien se atrevió a sancionarlo por su desacato a la justicia? ¿Le revocaron su libertad y volvió a la cárcel? De ninguna manera. El Pata es poderoso. Y ahora con el apoyo de Cristina y Baradel es mucho más poderoso todavía.
Y eso que sigue procesado por asociación ilícita, coacción agravada y extorsión reiterada. Una gran parte de los tribunales le tiene pánico por sus amenazas patoteras y su poder de fuego nada metafórico. Poder de fuego es poder de fuego. Y otra parte de los magistrados, está a su servicio y al servicio de la impunidad de cualquier simpatizante kirchnerista que cometa delitos. Así nos va. Es el realismo trágico, de un kirchnerismo que siempre se coloca del lado de los delincuentes.
Todavía tengo el estómago revuelto de asco al ver el video en el que el Pata celebra su excarcelación con los dedos en “ve” con ambas manos y cantando que “soy argentino, soy peronista y quiero vivir mejor”.
Estamos frente a una verdadera organización criminal cuyo jefe es el Pata Medina. Cuenta con un ejército de barras bravas disfrazados de trabajadores que andan armados, muchas veces borrachos e incluso drogados. Son pesados de verdad. Nadie se le atrevía al Pata. Medina se sentía tan todo poderoso que se atrincheró en su gremio dispuesto a resistir la orden de detención de la justicia. Llamó a sus muchachos, los agitó para que estén bien descontrolados y los abasteció de facas, bombas molotov, piedras y unos cables de acero que se utilizaron para atar postes de la luz y árboles y armar un cerco alrededor del edificio del gremio de la UOCRA de La Plata.
Cuando llegaron 43 camiones con 400 integrantes de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura, el Pata lo pensó mejor, escapó por atrás de la sede del sindicato y por unas horas, no se supo su paradero. A la noche se entregó cuando las fuerzas del orden habían rodeado su casa de Punta Lara.
Medina siempre militó dentro del peronismo. Apoyó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Hay videos de actos que comparte con Daniel Scioli y fotos con Carlos Kunkel. Medina banca su aparato con delitos de todo tipo. Desde la tradicional coima que les cobraba a los empresarios de la construcción para no hacerles la vida imposible, hasta la extorsión a la que los sometía obligándolos a contratar empresas de catering y transporte que eran de testaferros del Pata. Ese dinero negro recaudado era lavado en otras actividades. Aquí la lupa de la justicia está puesta sobre la empresa Abril Catering que además de proveer comida a los albañiles cambiaba cheques en efectivo y en una actividad totalmente ilegal. La organización de comidas y mordidas tiene 40 autos de alta gama, camiones utilitarios, un avión y un barco. Medina se llena la boca hablando de Perón, Evita y Cristina y de la defensa de los trabajadores, pero él, tiene un nivel de vida imposible de explicar. Muchos quieren saber que mercaderías traficaba en el avión de Abril.
Estuvo detenido en el penal de Ezeiza, en “Pabellón Néstor Kirchner”, según el humor negro de la jerga carcelaria y bajo el mismo techo que otros mafiosos pero de guante blanco como Lázaro Báez, Ricardo Jaime, y José López, entre otros.
El Pata, como todos estos malandras, se proclamó un perseguido político del presidente Mauricio Macri. El ex jefe del estado solamente dijo que “no hay lugar para comportamientos mafiosos de los que creen que tienen derechos especiales”.
El Pata ya estuvo preso durante varios años por delitos similares. Y el juez que lo liberó dijo que no tiene antecedentes penales. Increíble, pero cierto.
Una vez amenazó con hacer estallar la destilería de YPF en Ensenada.
Durante un tiempo, eligió como abogado a un personaje nefasto llamado Víctor Hortel. ¿Se acuerda? Fue el jefe del Servicio Penitenciario Nacional y líder de Vatayón Militante, esa agrupación de presos que eran sacados de sus celdas para que participaran de actos kirchneristas disfrazados como eventos culturales.
Parece mentira que estos delincuentes millonarios que representan a trabajadores pobres quieran victimizarse como presos políticos. Representan lo peor de la corporación sindical que por supuesto tiene otros dirigentes que son honrados y democráticos. Pero Medina es el emblema de la patota sindical y de la corrupción. Es la pata de los mafiosos, autoritarios y ladrones. Así nos va. Y así nos seguirá yendo hasta que no los extirpemos de la dirigencia nacional. ¿Llegará ese día en que los pueblos sean libres y la política sea una canción? Tengo mis dudas. Pero vamos por eso. Más democracia y honradez para la democracia.

La despedida de Serrat a los 78 años – 27 de diciembre 2021

Parece mentira, pero hoy Joan Manuel Serrat, cumple 78 años.
Parece mentira pero Serrat se despedirá de los escenarios con una gran gira que hará el año que viene. Va a dedicarse a tocar y componer en su casa y hasta es probable, que grabe algún disco. Pero, nunca más lo veremos en un teatro o en un estadio.
Su despedida de los shows en vivo, comenzará en Nueva York y finalizará en su tierra de Barcelona. “El vicio de cantar”, así se llama la gira, brillará en su Buenos Aires querido el próximo 19 de noviembre. Así se despedirá de sus seguidores, en forma personal y presencial, si el destino y la pandemia lo quieren.
Hoy es su cumpleaños y los miles y miles de personas que lo quieren levantaran la copa para desearle, “hasta los 120, querido Nano”.
Parece mentira, pero hace un par de años, un fanático desubicado le gritó en pleno recital que cantara en catalán porque estaba en Barcelona. El Nano hizo lo que nunca hizo. Interrumpió su show y le dio una clase de democracia que el intolerante escuchó ante el aplauso de todo el teatro.
Parece mentira que hace un par de años, algunos insultaron a Serrat y hasta le dijeron fascista porque estuvo en contra de la manera en que se formuló el referéndum por la independencia de Cataluña.
Parece mentira que los que se creen dueños de la verdad lo intimen a cantar en catalán cuando Serrat estuvo 5 años censurado en las radios y la televisión oficial, precisamente, por cantar en catalán en el festival de Eurovisión.
Ahora es fácil cantar en catalán. En aquel momento había que tener coraje porque las balas picaban cerca.
Parece mentira porque Serrat tuvo que exiliarse en México frente a la persecución de la dictadura de Francisco Franco y solo fue amnistiado cuando murió el “generalísimo”. Regresó a España el 20 de agosto de 1976 ante un recibimiento de una masividad y un afecto extraordinario en las calles.
Parece mentira que algunos ignorantes crean que inventaron la pólvora y la revolución y no hayan leído ni medio libro de historia.
La última vez que estuvo en Argentina, las madres decían: “Serrat es un capo”, mientras lo acariciaban y le pedían fotos en el Hospital Garraham. Era como una forma de devolver el cariño y la medicina que, con su presencia solidaria y sus canciones, les llevó a tantos chicos que estaban sufriendo enfermedades. Serrat es un capo que se emociona y nos emociona. Que sufre cuando ve a los pibes peladitos que están combatiendo al maldito cáncer y recuerda sus propias batallas.
No se sabe demasiado porque por pudor no le gusta contarlo. Pero Joan Manuel Serrat tiene que hacerse estudios y análisis en forma periódica. Tres veces le detectaron cáncer y tres veces lo derrotó a pura ciencia y cachetazos.
Siempre tiene un gesto hacia los que necesitan. Hace una docena de años que visita el hospital de niños. Y allí canta “Esos locos bajitos”, por supuesto. Porque “A menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor.”
Abraza fuerte a los familiares de los soldados caídos en Malvinas y a todos se nos vienen a la cabeza los versos de “Algo Personal”. Recordamos que “se arman hasta los dientes/ en nombre de la paz/ juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es de los otros si algo sale mal.” No hay dudas que entre esos tipos y Serrat hay algo personal.
No importa si es en el Teatro Colón, de saco y corbata o en la Plaza Vaticano, de jeans y remera. Hay una relación indestructible entre el artista catalán y nuestra gente. Es pasión de multitudes y todos los aplauden. Lo hacen de pié. Todo el mundo corea las canciones y se conmueve. Tiene 53 años de carrera, más de 450 canciones.
Pero para mi generación, para los que tenemos algo más o algo menos de 65 años, Joan Manuel Serrat fue una suerte de hermano que nos fue abriendo los ojos al amor y al combate. Fue como ese amigo que sabe más que nosotros y vá unos pasos adelante anunciando los peligros y los milagros que se vienen. Fue como un susurro al oído de aquella piba del colegio primario que apoyaba su cuerpito en el mío por primera vez mientras le cantaba que su nombre me sabe a hierba. De la que nace en el valle, por supuesto. Recuerdo eso y todavía me tiemblan las piernas por las primeras emociones eróticas, los ojitos pícaros seduciendo nuestra inocencia y convencidos de que se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur. Todo eso nacía de la fantasía del primer Wincofon que tuve en mi vida y del primer long play que, por supuesto, era de Serrat.
Después fuimos creciendo a la militancia y a la política y Joan Manuel se convirtió en nuestro norte sin paloma confundida. En la encarnación de la resistencia cultural. Serrat se fue transformando en una bandera que nos dio letra para todo. Nos ayudó a parir como generación, nos ayudó a levantarnos minas que en algunas épocas, es la máxima utopía. Nos ayudó a levantarnos utopías que, podríamos decir, es la máxima mina. El Nano se convirtió en sinónimo de libertad y por ella sangró, luchó y pervivió. Por aquí enarbolábamos pancartas por las calles que hablaban de que la dictadura se iba a acabar. Y se acabó.
Eran tiempos en que a Serrat lo prohibían acá y allá. Y sin embargo no podían. Eran tiempos de amar a España, de sentir orgullo por Rafael Alberti y por García Lorca, de tomar partido en la guerra civil española aunque ya era un poco tarde. Eran tiempos de saber de memoria todas las canciones de Serrat y de gastarlas en los fogones playeros de Valeria del Mar o en las peñas del comedor universitario de Córdoba donde la política era una canción como si por esos días los pueblos fueran libres, como quería León Felipe. Después vino la noche del terror, del asesinato masivo a esta tierra y Serrat se convirtió en una contraseña.
Era tanto el silencio y el miedo a que te secuestraran que hasta escuchar a Serrat era todo un desafío. Y si algún conductor de radio se atrevía y lo pasaba o si algún compañero de trabajo se atrevía y lo escuchaba sabíamos que había algo secreto que nos unía frente a la locura del terrorismo de estado. Era una contraseña y una trinchera. Era una luz en las tinieblas. Por eso Serrat se quedó a vivir entre nosotros aunque se volviera físicamente a España. Se convirtió como el mismo dice en la banda sonora de los mejores momentos de nuestras vidas. Hoy mucha gente repite que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. O caminante no hay camino, se hace camino al andar. Y es como si se rezara un padre nuestro. O como si cantara el himno. Gardel será uruguayo pero es argentino. Serrat será español pero es argentino.
Gracias por todo Joan Manual. En tu cumpleaños, me gustaría regalarte la vuelta olímpica del Barsa con Kubala y el recuerdo de Messi de la mano para que ningún niño se deje ya de joder con la pelota. O una España donde nunca más corra la sangre por las calles y ya nadie utilice el tiro en la nuca con los que piensan distinto. O el secreto de tu seducción que todavía hace mojar bombachitas. Y finalmente me gustaría condenarte a regresar un rato y cuando quieras a tu barrio de Poble Sec a preguntarle a Ángeles, tu vieja, cuál era su patria. Para que ella te conteste, profunda y duradera, yo soy de donde comen mis hijos. Y para que una vez más puedas ver sus ojos tristes por el asesinato de toda su familia durante la guerra.
Gracias por todo Joan Manuel. Gracias por ser nuestro hermano y por estar siempre cuando te necesitamos.
Me gustaría regalarte un poco de tus pasiones, un día de pesca, vino Malbec y las mollejas… una tarde de ciclismo y el eco rumoroso que baja de las tribunas en el Nou Camp y celebrar el césped que huele a gloria y donde el pro hombre y el gusano bailan y se dan la mano. O escuchar tus anécdotas de secundario donde te recibiste de tornero fresador, algo que nadie conoce demasiado.
Muchos te han hecho su mejor homenaje poniendo Juan Manuel a sus hijos y no por Rosas, precisamente. O Lucías y Penélopes, que andan por los ríos de tiempo sembrando tu melodía. Gracias…
Un abrazo en el tiempo para tu padre, Josep, obrero para toda la muerte.
Gracias por venir a despedirte en Noviembre. Serrat, querido Serrat, gracias por ser un regalo de Navidad para el alma. Una fiesta para tus felices 78 años…

Nacer de nuevo en Navidad – 24 de diciembre 2021

No me canso de contar esta historia. Cada día tiene más vigencia.
Entre tantos videítos que llegan a mi celular, hubo uno que me conmovió especialmente. Es una cena familiar navideña donde arman un juego como si fuera un reality show. El gran hermano es una voz que les hace preguntas. Si aciertan las respuestas, se quedan en la mesa y si se equivocan, deben abandonar la casa.
Me permito cambiar las consultas y los personajes para hacerlo más “argentino”.
Preguntan a la adolescente María. ¿Cómo se llama el primer esposo de Wanda Nara? Y ella contesta con seguridad: Maxi López. Correcto.
Es el turno de su primo, Javier. ¿Quiénes son los streamers más importantes del país? Respuesta: “Luquita Rodríguez, Nico Occhiato, Grego Roselló” Impecable.
Es el turno de Matías, el más chico de los primos. ¿Cuál es la última play station que salió al mercado? La 5, contesta el chico con precisión y agrega: “mi amigo Dieguito ya la tiene”.
Verónica es la más grande. Tiene 19 años. ¿Quién es Bad Bunny? Un rapero y cantante de música urbana y pop latino.
Todos aplauden. La familia esta asombrada de los conocimientos de los hijos, primos y nietos.
Viene la segunda ronda de preguntas. Le recuerdo que el que contesta mal debe abandonar la mesa navideña.
María, ¿Por qué tu abuelo tuvo que dejar el básquet tan joven? No… no lo sé. Ni sabía que había jugado el básquet. María, debes retirarte, dice la voz grave en off.
Javier, es tu turno. ¿Qué está estudiando últimamente tu madre? Cocina, no… inglés, no… no lo sé. Debes abandonar la mesa.
Matías, ¿A dónde fueron de luna de miel tus padres? A Mar del Plata, no… a Bariloche… no, no lo sé. Deja tu silla libre, por favor Matías.
Los que se van y los que se quedan se empiezan a mirar con los ojos húmedos de la emoción. Están aturdidos por no saber cosas tan elementales de su propia familia.
Verónica, la mayor que tanto sabe de música. ¿Qué canción de Sting pusieron cuando tus padres ingresaron a la fiesta de casamiento? No tengo ni idea. Lo lamento. Me voy.
Llega el turno de los padres. Marcelo, el ingeniero. ¿Cuál es el libro preferido de tu hijo Matías? Uyyy no sabría responder.
Fue pasando el juego y solamente quedaron los abuelos en la mesa. Varios lloraron porque se dieron cuenta que sabían más de la vida de la farándula o de sus ídolos musicales que de sus propios padres o hermanos. Se sorprendieron con información que los podría haber enriquecido a todos y que podrían haber compartido. ¿Sabés que a mí también me gusta Sting, dijo uno de los muchachos? No sabía que el abuelo fundó una carpintería en Córdoba y luego se fundió. ¿En qué año abrió la pizzería?
La enseñanza es clara. El spot publicitario no lo dice explícitamente pero llama a apagar un poco las pantallas y encender nuestras neuronas y corazones asombrados. Y termina diciendo: “Esta Navidad, desconectá para volver a conectarte”. Las redes sociales y la tele van a estar siempre. Tu familia, no. Aprovechá ahora que los tenes. Me acordé de una canción de Cesar Isella que en una parte dice asi: “Si es el dolor, al fin quien nos iguala. Y la esperanza quien nos ilumina”. Y Eso me empujó a contarles otra vez una de mis columnas preferidas. Un auto regalo que me hago en Navidad.
Hace más de 40 años que ejerzo el periodismo. Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo. Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis padres que esta semana cumplieron 68 años de casados. Mi viejo falleció hace 5 meses y cada día lo extraño más. Pero Mayor se fue siendo 8 veces bisabuelo. Y Esther lo sigue siendo. Sus mayores tesoros fueron, son y serán: Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y el Eitan.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 32 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado y valorado, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida. Es exactamente lo mismo que siente Silvana, su madre.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros.
El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”. Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red. Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y ahora últimamente nos sorprendimos con un miedo nuevo: al coronavirus. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz.
Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play, aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros. Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín. O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos. Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar de vez en cuando, para que no se desmoralizara. Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo imitando el estilo de la radio dominguera. Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas situaciones”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista, pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.