Frente de Todos los hipócritas – 26 de julio 2021

La presentación de los candidatos del
cristinismo fue un festival de la hipocresía. En el escenario hubo actuaciones memorables pero, sin dudas, como siempre, la estrella fue Cristina. Sobre todo cuando dijo que todos los partidos y pensamientos políticos habían gobernado la Argentina. Quiso repartir culpas e igualar todo para abajo. En ese instante, aparecieron las mentiras más descaradas. La primera actriz del festival de la hipocresía, dijo, muy suelta de cuerpo, como si no existieran la historia y los archivos que no era cierto que los liberales nunca habían gobernado. Y en lenguaje coloquial y presuntamente canchero, Cristina dijo “vamos, che, ¿y Cavallo que era? ¿Cómo que nunca gobernaron? ¿Y el menemismo de nuestro partido que fue cooptado por los liberales… vamos che, háganse cargo.”
Como un aporte a los que no están demasiado informados o los más jóvenes, intentaré desarmar esas falsedades. Por definición, hipocresía es “fingir sentimientos, ideas y cualidades, generalmente positivos, contrarios a los que se experimentan”. En el lenguaje popular es decir una cosa y hacer otra. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Esa simulación es tirar el tema liberalismo, Menem y Cavallo sobre la mesa y pedir que se hagan cargo. Es Cristina la que se tiene que hacer cargo. Podría escribir un libro solo con las relaciones carnales de los Kirchner con Menem y Cavallo. Pero voy a mostrar solo algunas.
Néstor Kirchner compartió siete veces la boleta electoral con Carlos Menem. ¿Escuchó bien? No una, ni dos. Siete veces fueron a elecciones en forma conjunta y ya es legendario aquel día en el que Néstor elogió a Menem y lo comparó con Perón.
Pero Cristina no fue ajena a ese maridaje con Menem. En sus declaraciones queda todo bastante claro: “Voté a Menem y creo que no me equivoqué, le dijo a la revista Noticias en 1996.
Y con respecto a Cavallo, los vínculos fueron mucho más sólidos. Néstor era el gobernador preferido de Cavallo que apoyó la privatización de YPF y que fue uno de los primeros en privatizar el banco de Santa Cruz. Néstor fue uno de los mejores alumnos de ese “liberal” como lo llamó Cristina peyorativamente. Y fue Cavallo el que le otorgó una verdadera fortuna en fondos mal liquidados que Kirchner transformó en mil millones de dólares que nunca se supieron de que manera, se esfumaron en el aire. No hay una sola boleta de depósito no hay un resumen bancario ni una idea de porque bancos pasaron ni que intereses devengaron. Fueron los tristemente célebres Fondos de Santa Cruz que se perdieron en el agujero negro de los bolsillos de los funcionarios. Esa fortuna de la cual los santacruceños no vieron un peso, fue la plataforma en la que se apoyó toda la proyección nacional de Néstor y Cristina. Y se los dio Cavallo.
Pero hay mucho más. En su momento hubo internas entre Cavallo y Béliz en el Partido Justicialista porteño. En una de las 12 entrevista que le realicé a Cristina mientras fue diputada y senadora le pregunté a quién iba a apoyar y me contestó que “no se quería meter porque ambos eran amigos y grandes candidatos”.
Pero el propio Alberto Fernández, hoy presidente, fue de candidato a legislador en el puesto 11, en la lista 270, “Encuentro por la Ciudad”, que apoyaba a Cavallo-Béliz como jefe y vice jefe de gobierno. Vale la pena recordar esa boleta que además de Béliz tenía otras figuras del actual gobierno como Jorge Arguello, Julio Vitobello, Nicolás Trotta y Víctor Santa María. Sorpresas te da la vida.
¿Quién se tiene que hacer cargo de esos liberales, como los llama Cristina?
En una entrevista con Julio Bárbaro en su programa de cable, la joven legisladora santacruceña aseguró que Menem fue el “articulador de las grandes mayorías nacionales” y que Cavallo “fue un paradigma, el cuadro más lúcido”.
Insisto en que podría seguir horas fundamentando que “esos liberales”, que ahora Cristina estigmatiza tanto, fueron sus socios políticos durante muchos años. Hay recortes de la época que Cristina prefiere ni ver. Ambito Financiero en 1991, donde dice que Kirchner es un admirador de Cavallo o el título de “juró otro seguidor de Cavallo” o el diario Crónica del 97 donde la senadora Cristina dice “Conozco a Corach, le creo a Cavallo”.
Insisto en que Cristina se robó (cuando no) la atención mayoritaria en el festival de la hipocresía. Pero los restantes protagonistas no se quedaron atrás.
Sergio Massa, muy experimentado en el rubro, fue muy exitoso en ver la paja en el ojo ajeno y no en el propio. Criticó a Diego Santilli porque se había cambiado de distrito: “No me imagino a un salteño como candidato en Río Negro”.
Massa no registró que Kicillof, que estaba a su lado, hizo lo mismo porque es porteño o la propia Cristina que es santacruceña y fue candidata por Buenos Aires y ni hablar de Máximo que hace poco se afilió al PJ bonaerense porque venía de Río Gallegos.
El anfitrión, intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, emocionado contó que hacía poco había superado al covid y que estuvo internado en el hospital público Néstor Kirchner de su distrito. Es lo que corresponde pero, otra vez. ¿Y Mayra Mendoza de La Cámpora que fue al Austral porque el hospital de Quilmes tiene graves falencias? ¿Y la propia Cristina que no se baja del sanatorio Otamendi?
Y Alberto Fernández, a la hora de presentar a los candidatos elogió el trabajo de Victoria Tolosa Paz en el tema pobreza que creció de una manera horrorosa y hoy está en el 47% y de Daniel Gollán, una de las caras visibles del fracaso sanitario y del desgarro social de tener más de 103 mil muertos de los cuales un alto porcentaje, fueron fallecidos evitables si se hubieran aplicado todas las vacunas en tiempo y forma. A Leandro Santoro lo presentó como alguien “que se cree radical” y de Gisela Marziota elogió un libro, pero hizo referencia a otro en el que confundió el autor.
Y ni que hablar de la hipocresía general de todos contra todos. No se pueden olvidar los tuit de Santoro atacando al “faraón” Néstor por su mausoleo- tumba o faltándole el respeto en forma grosera a Cristina y el Papa Francisco, algo a lo que solo se atrevió Alberto cuando la llamó psicópata y conductora de un gobierno deplorable.
O lo que Sergio Massa dijo en su momento sobre los corruptos que iba a meter preso o como iba a barrer a los ñoquis de La Cámpora. Ahora, se sabe que puso una fábrica de pastas con Máximo Kirchner.
Hay que decir todo. Que las candidaturas no nos tapen el bosque. Y que las declaraciones electorales no oculten la hipocresía y el pragmatismo feroz. Cristinismo al palo.

Gracias a Tenembaum y Sietecase – 23 de julio 2021

Esta es una columna de agradecimiento
a Ernesto Tenembaum y Reynaldo Sietecase. Son kirchneristas vergonzantes pero tienen una gran vocación docente. Deberían afiliarse al gremio de Roberto Baradel a quien admiran y respetan tanto. En una charla que tuvieron en radio, me explicaron cómo ser un buen periodista y no decir cualquier barbaridad como habitualmente digo. Por suerte fueron a fondo y además, me estuvieron aleccionando acerca de cómo ser una persona inteligente como son ellos que, como todo el mundo sabe, son brillantes.
Le pido que escuche estos comentarios.
VA AUDIO QUE MANDO POR WA (
DESDE 8:42 “ahora, plantear Cristinato”…. HASTA 9:37 “y son el uno, dos o tres puntitos de rating).
Dice Tenembaum, que yo planteo que estamos viviendo un Cristinato y que él ve otra cosa totalmente distinta.
Mil disculpas Tenembaum si vos ves una cosa distinta. Pero yo opino que estamos en un claro Cristinato. Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Aquellos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.
El Cristinato no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y tambor batiente. A eso también se le puede llamar nacional populismo o autocracia, como prefiere el presidente Joe Biden. No alertar sobre este peligro real y latente, relativizarlo todo el tiempo, también podría conducirnos a la palabra “cómplice”.
Pido disculpas por ser tan frontal y descarnado en mis adjetivos y opiniones. No me sale ser prudente ni moderado. Tal vez estoy equivocado. Pero sé que ser pecho frío cuando están pasando cosas tan graves en nuestro bendito país, es una tranquilizadora negación y un buen negocio. Pero hay límites. Valores que no deben medirse por la cobardía ni por la especulación.
Está a la vista que hay una incautación del cargo por parte de Cristina que es la única que conduce en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante del país, definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró, repito, que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo.
Pero sigamos con las enseñanzas que gentilmente me ofrecieron “los salieri de Horacio Verbitsky”. Lo digo porque “Seissieteochocase”, como lo llama Jorge Lanata que lo conoce bien, fue gran operador de esa mentira gigantesca llamada “Macri tiene su primer desaparecido” por Santiago Maldonado. Pocas cosas le hicieron
tanto daño a la sagrada causa de los verdaderos desaparecidos como esa burda acción sicológica. Y Tenembaum debe ser la persona que más entrevistó amigablemente a Alberto Fernández y más contribuyó a otra falsedad gigantesca llamada “Alberto es bueno, moderado y va a contener la agresividad de Cristina”. ¿Cuántos reportajes le concedió Alberto a Ernesto? 50? Estoy exagerando? 40, 30, no tengo tiempo de hacer la cuenta. Pero es el periodista que más lo entrevistó y por el trato amable que le dio, Alberto, que es un pésimo presidente pero no come vidrio, siempre lo eligió como interlocutor. Es su preferido y todos sabemos porque.
Y Sietecase, experto en audiencia, dice que son los tres puntitos de rating de ese segmentito que quiere escuchar un discurso poco inteligente como el mío. Le cuento que trato de expresar lo que pienso, sin eufemismos ni gambetas al lenguaje. Y que eso, que él desprecia es mucha gente, ciudadanos que están angustiados por el rumbo autoritario y decadente del país. Y tal vez, sospecho que esos argentinos sienten que los respeto y no les miento. Que hablo con franqueza y que no me interesa ser políticamente correcto. Son miles y miles los oyentes y los televidentes. Y la inmensa mayoría de ellos, son laburantes honestos y patriotas. Salvo que crean que a mí me escuchan los oligarcas y a ustedes el proletariado industrial concentrado, vanguardia de la revolución bolchevique de Palermo Hollywood.
Por el amplio espectro, veo que son ciudadanos de todos los barrios y todas las clases sociales que se interesan por mis programas. De hecho hace años que lidero mi franja en audiencia tanto en radio como en televisión.
En otros fragmentos de la charla, los muchachos cristinistas, dicen que mis opiniones les producen risa porque son ridículas.
Me alegro que se diviertan barato. Siempre es más sano y menos perverso que banalizar la pedofilia.
Nunca me metí con ellos porque prefiero dar batallas de mayor envergadura. Discutir y criticar a los poderosos, por ejemplo. Y sobre todo cuando están en el poder, como el caso de Cristina, que es la más poderosa de todas. Pero ustedes abrieron las hostilidades y no tengo más remedio que recoger el guante. Retroceder nunca, rendirse jamás.
Como si esto fuera poco, esta inocente conversación de estos dos militantes oficialistas, fue simultánea con una campaña feroz, casi con los mismos argumentos de pauta traficantes como Diego Gvirtz y Roberto Navarro.
Afirmo que mis palabras no me parecen para nada radicalizadas. Porque defiendo la democracia, la república, la división de poderes, la coexistencia pacífica, los derechos humanos y sobre todo, la libertad. Por eso soy tan implacable con la dictadura cubana, con el chavismo o el tirano Ortega que se convirtió en Somoza. ¿A propósito, Sietecase y Tenembaum, condenas esos regímenes criminales o les perdonan la vida porque son progres? Pregunto, nomás.
Por eso castigo lo más fuerte que puedo con sustantivos y adjetivos a los que instalaron la corrupción más grande de la historia democrática como fueron Néstor y Cristina Kirchner ¿Sietecase y Tenembaum creen lo mismo o adhieren a la teoría del Lawfare de Cristina? ¿Es un invento de los medios el enriquecimiento ilícito de Cristina, Máximo, Lázaro, Cristóbal, Daniel Muñoz, y siguen las firmas? Pregunto, nomás.
No creo haber utilizado terminología muy distinta de la que hoy está en el debate público. Hice un rápido resumen y encontré lo siguiente:
Cristina habla de golpe contra las instituciones. Elisa Carrió dice que hay un golpe contra la justicia. Joaquín Morales Solá plantea que hay un golpe palaciego de Cristina contra Alberto. Pepe Nun en su momento, definió a Cristina como “la presidenta de facto”.
Muchas veces, utilizamos “gobierno de facto” como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.
Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la
principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Eso es de imposible cumplimiento. No hay manera de hacer zafar a Cristina de su cleptocracia sin romper el régimen democrático.
Insisto, hemos entrado en una pendiente resbaladiza que nos conduce a un abismo institucional. Es hora de decirlo con todas las letras. De hablar sin disfraces. Carlos Pagni lo denomina “proyecto cesarista”, Marcelo Longobardi habla del comienzo de una “autocracia”. Muchos venimos denunciando un rumbo hacia el chavismo o el feudalismo de Santa Cruz o Formosa. Y obviamente, esto es muy grave.
Como si esto fuera poco, nadie fue tan duro con Cristina como Alberto. Nadie le hizo tanto daño. Dijo que todo su
gobierno fue deplorable, que ella era patética y sicópata y se la pasó recorriendo los canales, las radios y los diarios más críticos del kirchnerismo. Ojalá Dios y la patria se lo demanden.
Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.

El riesgo de tener relaciones carnales con Putin – 22 de julio 2021

La sabiduría popular lo dice claramente:
“El que se acuesta con chicos, amanece mojado”. El gobierno de los Fernández, debería saber que el que se acuesta con autócratas, amanece sometido. Las relaciones carnales con un zar como Vladimir Putin, que viola los derechos humanos esenciales, son extremadamente peligrosas. En los vínculos con los países democráticos hay a quien reclamar o tribunales a dónde apelar. Pero en los regímenes autoritarios donde una sola persona sojuzga con puño de hierro, no queda otra que llorar sobre la leche derramada. Y ya aprendimos en el cine, que “Moscú,
no cree en lágrimas”.
Esa es mi lectura de la carta mendicante
de Cecilia Nicolini a los funcionarios
rusos. Llora sobre la leche derramada. Se rebaja, se arrodilla por momentos, frente a un déspota que ni le contesta los mensajes desesperados.
Ese texto conseguido por Carlos Pagni,
es un gran hallazgo periodístico que nos permite confirmar muchas de las certezas que teníamos sobre el nivel de desidia, improvisación, mala praxis y capricho ideológico jurásico del presidente Fernández y también, y sobre todo, de Cristina, la jefa del jefe del estado.
Nadie se olvida cuando Alberto le chupó
las medias a Putin y le dijo “Los amigos se conocen en los momentos difíciles”.
Hoy podría decir que los enemigos
también se conocen en los momentos difíciles. O que con amigos así, quien necesita enemigos.
Alberto fue en la misma línea de Cristina cuando con pretendía ironía planteó “Quién diría que las únicas vacunas con las que contamos son las rusas y las chinas”.
Fue aquel día, en el acto en Las Flores cuando hizo el ridículo hablando de Disneylanda y lo que se divertía Néstor con Mickey y seguramente con el Tío Rico del Pato Donald.
Máximo, el príncipe heredero, también mostró la hilacha de su fanatismo pro comunista cuando desde su banca en diputados manifestó su enojo porque Alberto se había bajado los pantalones ante los caprichos de los laboratorios norteamericanos y se preguntó qué pasaría con el acuerdo con el Fondo Monetario.
El texto sincericida de Cecilia Nicolini, tiene párrafos memorables. Por ejemplo cuando confiesa que “estamos en una situación crítica” y que las cosas han empeorado” porque no llegan los componentes de la segunda dosis de la vacuna Sputnik. Eso deja a casi siete millones de argentinos colgados del pincel y rogando que la variante Delta no inunde este país. Yo soy uno de ellos. Tengo la primera dosis de Sputnik y ya sabemos que el que espera, desespera.
Nicolini, que fue convocada al Congreso para explicar lo inexplicable, en un momento se arrastra “aunque sea un millón” de dosis. Le faltó agregar, “por el amor de Dios”, aunque ese argumento difícilmente conmueva a un Oso de granito, ex integrante de la sanguinaria KGB como Putin.
Por ahí dice Nicolini en nombre del gobierno de la República Argentina que “urgente, necesitamos algo del componente dos”. Suena casi arrodillada porque confiesa que la obsecuencia con los rusos fue absoluta, “hicimos” todo lo que nos pidieron, aunque en realidad, hicieron todo lo que les ordenaron. Putin no pide. Ordena. Igual que la zarina Cristina Elisabet. La funcionaria argentina reconoce su temor porque varios funcionarios están perseguidos legalmente frente a la gravedad institucional y sanitaria de este tema. Y amenaza con que “todo el contrato está en riesgo y puede ser públicamente cancelado”.
No sé cómo se dice en rusa, “Ay… mirá como tiemblo”. Pero es patética esa parte. Una argentina con un revolver de juguete quiere asustar a un ruso que tiene misiles con cabezas nucleares. A Putin no se le mueve un pelo cuando Angela Merkel, jefa de la poderosa Alemania, le pide explicaciones sobre los envenenamientos de disidentes en Rusia.
Otro fragmento para la historia del mamarracho es cuando con una ingenuidad de niña, Nicolini le dice a los rusos que si no cumplen se van a cambiar de vereda, van a cancelar el romance y van a empezar a noviar con los yankys que, dicho sea de paso, acaban de regarlar a la Argentina 3,5 millones de vacunas.
Dicen que en toda guerra, la primera víctima es la verdad. En esta guerra contra el virus, la primera víctima en Argentina, también fue la verdad, pero la segunda víctima fue la soberanía nacional. El nivel de sumisión a los países del eje ruso cubano chavista y anti capitalista que evidenciaron es terrorífico.
Alberto y Cristina fracasaron con la Sputnik. Pero con la Astra Zéneca, también fracasaron. Privilegiaron el alineamiento anti norteamericano y los negocios sucios antes que la salud de los argentinos.
¿Nunca se preguntaron porque en Rusia solo el 14,23% de los ciudadanos están vacunados? ¿No les llamó la atención que casi no hay fotos de colas de gente vacunándose en Rusia o en China? El nivel de censura informativa tiene poderosas razones para existir.
Cristina y Axel fueron los abanderados de la hoz y el martillo. Llevaron la bandera roja como si estuvieran en una asamblea universitaria de los 70. Con ese nivel de irresponsabilidad.
La carta revela mucho (con “ve” corta) y rebela mucho (con “be” larga) Asusta conocer por confesión de partes y relevo de pruebas, hasta donde pueden llegar estos muchachos en su loca carrera hacia el precipicio.
¿En manos de quién estamos? ¿Hasta dónde llega la irracionalidad y el amor por el pasado? Veo la fotografía de Cristina con Putin o de Nicolini y Vizzotti en la Plaza Roja, frente al Kremlin
y creo que estamos en el horno.
Coincido con el tuit de Paula Oliveto.
La diputada de la Coalición Cívica dice al final: “Hay que ser delincuentes para jugar a la geopolítica con la vida de los argentinos. Sin vergüenza y sin perdón. Prohibido olvidar”.
Tiene razón. Ni olvido ni perdón. Democracia, juicio, castigo y condena.