El remedio de Cristina es peor que la enfermedad – 21 de junio 2022

El viejo truco peronista de ser gobierno y oposición al mismo tiempo, ya no engaña a nadie. Pero la infame costumbre de involucrar a todos los argentinos en sus feroces peleas internas, está acelerando el hartazgo social. Porque el espectáculo que ofrecen estos Pimpinella de la degradación nacional es pornográfico. Y el nivel de desconfianza absoluta que producen en los inversores y emprendedores hace que nos quedemos empantanados en el peor de los mundos. Cristina insiste en su discurso altanero, anticapitalista y negador de la realidad. Reconoce lo que ella llamó “ultra inflación”, pero responsabilizó de esa enfermedad “al endeudamiento criminal de Mauricio Macri”. Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre ultra inflación e híper inflación? Ojo que las palabras pueden ser chispas que desaten el infierno. Lo más grave es que Cristina propuso un remedio que es mucho peor que la enfermedad que padece la economía. Ella exige una menor libertad económica, y controles más policiales, más castigo y represión desde el estado y una peligrosa idea delictiva de violar secretos garantizados por la Constitución Nacional.
El inédito artefacto electoral que inventó Cristina se impuso en las elecciones presidenciales. Engañó a mucha gente. Pero hoy, es un cepo de acero a cualquier solución que pueda aportar el gobierno y eso los hizo perder cuatro millones de votos y las elecciones de medio tiempo. No resolvieron ninguno de los problemas heredados y han generado inconvenientes de una magnitud colosal, además de nuevos impuestos y el mayor endeudamiento del que se tenga memoria.
Pero Cristina niega esa realidad. Mira para otro lado. Y le apunta sus misiles verbales a Martín Guzmán, Miguel Pesce, Claudio Moroni y Mercedes Marcó del Pont. La nada exitosa abogada, parece a un gigantesco dragón que se alimenta con las cabezas de los funcionarios de Alberto. Todavía no terminó de deglutir a Matías Kulfas y ya reclama más de lo mismo. Su apetito es insaciable. ¿Se comerá también a Alberto?
Cristina tiene razón cuando plantea que el gobierno es un desastre y que el Presidente pasó de títere a espantapájaros. Ambos, gobierno y presidente, son los peores de la democracia. Pero ella dice eso para lavarse las manos y evadir su responsabilidad. Todos sabemos que Cristina lo hizo. Ella es la mariscal de esta derrota de gestión que los lleva a una debacle electoral. Tanto Cristina como Alberto son los victimarios de un pueblo que está sufriendo como pocas veces el hambre, la miseria, la exclusión y el salvajismo del delito de la inseguridad criminal que el gobierno no combate.
Los Fernández han demostrado que no pueden manejar cuestiones muy simples y se atreven a pensar en huir hacia el pasado con una empresa estatal de alimentos. El arquero Alberto no ataja una y ya estamos acostumbrados. Pero que por lo menos no meta adentro a las pelotas que vayan afuera. ¿Será mucho pedir para estos gobernantes que no gobiernan?
Así como el Alberto del llano fue uno de los críticos más duros de Cristina (llegó a llamarla psicópata), ahora ella se está vengando y asfixia al presidente hasta el límite del precipicio institucional. Este gobierno esquizofrénico, de disociaciones y alucinaciones frenó todos los engranajes de la gestión.
No hacen bien ni el mal.
No se hacen cargo de haber gobernado 14 de los últimos 18 años y de la actualidad con la inflación más alta en 30 años y un gasto público atómico que llega al 47% del producto bruto.
Caen en situaciones patéticas o tragicómicas. Cristina bailando el himno nacional, por ejemplo.
Repudia el festival de importaciones mientras pelea con su I Phone galáctico.
Estamos naturalizando situaciones totalmente irregulares. El día de la bandera hubo dos actos porque el presidente y la vice no se hablan ni se nombran. En 70 minutos de discurso, la vice ni siquiera pronunció el nombre ni el apellido de Alberto. Y le sacudió infinidad de cachetazos verbales. Y Alberto, en un discurso escolar, tipo Billiken, tuvo estómago para utilizar políticamente a unos alumnitos de guardapolvos que cantaban “Pre-si-den-te”.
Casi como una metáfora de la profunda grieta que divide al gobierno, en el acto de Avellaneda, la consigna que más se cantó fue “Cristina presidenta”. Y la jefa del jefe del estado le ordenó a Jorge Ferraresi que, como ministro de Alberto le explicara lo que hizo como intendente en Avellaneda, para ver si podían hacer algo parecido.
Otra humillación a cielo abierto para Alberto que no sabe cómo cerrar la hemorragia de la pésima imagen de su gobierno. Lo más grave es que Cristina, la principal responsable, exige remedios que son mucho peor que la enfermedad.

Belgrano y Kirchner, el día y la noche – 20 de junio 2022

En junio del 2013, aunque no lo crean, lo puede googlear, Cristina comparó a Néstor Kirchner con Manuel Belgrano.
De hecho, Cristina tuiteó:» Jessica me dice:» No dudo que Belgrano habría sido kirchnerista si hubiera vivido en esta época. Que tul». Son 140 caracteres textuales de Cristina. Les juro que no inventé nada.
Eso me obliga a insistir en el intento de buscar la verdad histórica. Aquí va:
Manuel nació en cuna de oro y murió en la más terrible de las miserias. Se fue al cielo de la historia vencido por las enfermedades y con el único tesoro de su reloj personal para recompensar al médico que lo asistió hasta el final. Su cuerpo estuvo ocho días sin poder ser sepultado por falta de dinero. El mármol de una cómoda de su casa sirvió de lápida para identificarlo. Sus restos descansan en el atrio del convento de Santo Domingo y su monumento fue construido con el aporte del pueblo. En la función pública se empobreció lícitamente.
Néstor nació en un hogar humilde y murió megamillonario, con cientos de calles, puentes, barrios y plazas que recuerdan su nombre. Se desarrolló el culto a su personalidad con la intención de beatificarlo y llevarlo a la categoría de mito político. Su mausoleo faraónico, digno de un prócer, fue construido por su socio, testaferro y cómplice en la corrupción de estado. En la función pública se enriqueció ilícitamente.
Manuel dijo que el sentimiento de libertad es capaz de transformar en héroes a los ciudadanos más simples. Combatió contra los monopolios y todo tipo de autoritarismo. Defendió la libertad de prensa y la modernización y trajo de Europa las ideas más avanzadas de soberanía y emancipación.
Néstor dijo “que te pasa Clarín, tenés miedo” y fogoneó el plan sistemático de ataque a la libertad de prensa más feroz desde 1983. Con la excusa de democratizar los medios edificó su propio amigopolio mediático y de obra pública. Trajo desde el fondo de la historia las ideas más autoritarias que encarnaron en su mayor aliado económico llamado Hugo Chávez.
Manuel fue un progresista moderno. Protegió siempre a los más desprotegidos, a los más humildes, a los ancianos, a las mujeres y a los indios. Apostó a la prosperidad y al bienestar de la gente. Le dio a la tierra el carácter de generadora de riquezas y no combatió a los chacareros.
Néstor fue un populista autocrático. Imaginó un relato a favor de los trabajadores pero dinamitó sus organizaciones sindicales en varios pedazos y las cooptó con fondos y prebendas. Su esposa cobra dos jubilaciones de recontra privilegio y con los aumentos superará los 4 millones de pesos mensuales. Los jubilados de la mínima, no llegan a los 40 mil pesos. Habláme de justicia social e igualdad. Cristina no quiso recibir a la comunidad Qom para preservar su alianza estratégica con el señor feudal de Formosa. Castigó a los productores agropecuarios con retenciones altísimas y los humilló llamándolos golpistas para desatar la famosa guerra de las 125 que Cristina perdió en todos los frentes: la calle, en las elecciones de medio término y con el voto no positivo del Senado.
Manuel fue un hombre culto, un renacentista. Pasó por Salamanca y Valladolid, hablaba y leía perfectamente en inglés, francés, italiano y latín. Redactó junto a Mariano Moreno el Plan Revolucionario que se presentó a la Junta. Combatió en las invasiones inglesas y se hizo general de la Nación porque la patria lo necesitó pese a que su formación era de abogado, economista, diplomático y periodista.
Néstor fue un lector de pocos textos y muy esporádicos. Se recibió de abogado en la Universidad de La Plata y se dedicó en su estudio jurídico a prestar dinero en forma usuraria y a ejecutar y a quedarse con las propiedades de muchos deudores morosos durante la dictadura. Solamente hablaba castellano aunque le costaba expresarse en las tribunas y no escribió ningún libro.
Manuel donó sus sueldos para levantar la biblioteca pública y varias escuelas que se construyeron 170 años después. Les salvó la vida a la esposa y a la hija del general San Martín.
Néstor multiplicó sus cuentas bancarias y bóvedas pese a que fue empleado público durante más de 20 años y le dejó una fortuna como herencia a su esposa y sus dos hijos. Lo salvó para toda la vida a Lázaro Báez y toda su familia, a varios ministros y colaboradores.
Manuel cohesiona a los argentinos detrás de su ejemplo. Es una figura casi indiscutida como emblema del país que queremos. La etimología de la palabra bandera lo dice todo: viene de banda, de lazo que amarra, que nos liga y nos mantiene estrechamente abrazados. Nos une en nuestra identidad
Néstor fracturó la sociedad en todas sus entidades y organizaciones intermedias. Sembró el odio y nos hizo retroceder a los años 50 cuando la Argentina se partió en dos mitades a favor o en contra de Perón. Familias enteras fracturadas, amigos que no se hablan. Nos peleamos como nunca culpa de la bulimia de poder y el chavismo K.
Debo pedir disculpas por la herejía histórica y porque todas las comparaciones son odiosas. Jamás se me hubiera ocurrido comparar a Manuel Belgrano con Néstor Kirchner. Pero fue una idea de quien en ese entonces, era la presidenta de la Nación. Cristina lo hizo.

Día del padre sin mi padre – 17 de junio 2022

El domingo, será mi primer día del padre sin mi padre. Falleció rodeado del amor gigantesco de toda la familia. Pudimos abrazarlo, besarlo, venerarlo en sus últimos momentos. Mi hijo Diego, acostado en la cama a su lado, le sacó la última sonrisa con un chiste que siempre hacían entre ellos.
Ninguna persona es la misma después de la muerte del padre. Dice Freud que esa pérdida es el acontecimiento más importante en la vida de un ser humano.
Es verdad, yo no soy la misma persona. Estoy en pleno proceso de elaboración de ese duelo y de transformación. Cambian muchas cosas. Las prioridades de la vida, por ejemplo.
Mi amigo el Zorro perdió a su viejo, el gran médico de Alcorta hace muchos años y me dice que lo recuerda todos los días. Pude ver mi amigo Jorge Fernández Díaz acelerar de golpe su carrera hacia la cima después de despedir a Marcial, el padre que tanto lo marcó. Me ayudó un concepto que me dieron con el pésame: nuestros padres dejan de estar a nuestro lado y pasan a estar adentro nuestro.
Yo también recuerdo a Mayor todos los días. Todavía no le prendo velas ni rezo plegarias, pero pronto lo voy a hacer. Tengo que aprender. La imagen más recurrente es una foto luminosa de su cara alegre que elegimos para colocar sobre su tumba. Un rayo de sol golpea sobre sus lentes y eso produce un efecto celestial.
Fue un gran hijo, un gran padre y un gran abuelo. Pocas palabras y mucho ejemplo. Fuimos, somos y seremos, continuidad en la sangre. El fue la sangre de Samuel y Diego es mi sangre en pleno crecimiento y desarrollo. Pocas cadenas deben ser tan poderosas e indestructibles como esa.
Es blindada. Irrompible. No me entra en la cabeza que existan hijos peleados con padres y viceversa. No sabría cómo vivir sin ese combustible y ese afecto. Me estremezco de solo pensar en ellos. En mi viejo y en mi hijo. En sentirme un eslabón entre ambos. En haber experimentado en el cuerpo el paso de los años y los distintos roles que la vida nos va dando. Recuerdo mis peleas de rebeldía con quien soñaba tener un hijo farmacéutico, formal y cortés y le salió un vago militante que hizo del Bar Mitzvá solo por respeto hacia él y que no se casó con una chica judía.
Hasta hace poco le seguía pidiendo consejos a mi viejo, pero hubo un momento en que él me los empezó a pedir a mí. Cuando comprobó que yo me podía ganar la vida con honradez y compromiso, creo, que me dio el título de hombre y pasó a darle más valor a mi palabra que a la suya. Esa transición es impresionante y cada vez se hace con una edad más temprana. Yo hoy tomo las decisiones más importantes de mi vida profesional pero en muchos casos le pido la opinión a Diego y suelen ser de una madura sensatez que me asusta.
Una vez que pasamos tres días juntos con mi viejo y mi vieja, jugamos en la pileta del hotel de Carlos Paz como cuando yo era chico y él me ensañaba a nadar. Jamás en mi vida olvidaré esa sonrisa cuando salió del agua después de haber nadado con estilo y velocidad. Hablamos de todo. Una noche en la cabaña me preguntó ante mi asombro: “¿Qué es el twitter?”. Es que nada de lo humano le resulta ajeno. Era curioso, inteligente, siempre quería saber y aprender más. Y a la noche me contó otra vez esa historia de cuando uno de sus hermanos por huir de los nazis se tiró a un río maldito y polaco y nunca más apareció. Lloramos los tres. Los Lewkowicz somos flojos de lágrimas. Y lo digo con orgullo. El que no sabe llorar no sabe reir. Y yo aprendí a su lado ambas cosas. A gritar juntos un gol y a reírnos de los gorritos de Talleres bailando en nuestras cabezas. La foto que más quiero es la que nos sacamos las tres generaciones en la cancha de Talleres con el mismo gorrito tejido azul y blanco.
Y también aprendí a quebrarnos hasta el desgarro del alma cuando viajamos en el tiempo hasta ese día cruel y ateo en el que mi zeide, su viejo, el fortachón y rudo campesino y panadero murió en plena calle cordobesa con su cabeza golpeando contra el cordón de la vereda. Quiso laburar hasta el último aliento y lo hizo. Tampoco olvidaré jamás su cara desencajada que no podía parar de lamentarse por semejante tragedia. Recién ahora me doy cuenta que el zeide murió tan joven. En esa época yo era chico y el zeide me parecía viejito. Es lo que estoy tratando de explicar desde el principio. Como cambia la perspectiva a medida que pasan los años en la relación padre e hijo que es una de las más maravillosas y profundas que existen en la vida. Lo único que no cambia es el pedido, casi el ruego: “Cuidate mucho por favor”. Siempre me lo decía Mayor y siempre se lo digo a Diego. Cuando uno es pibe se deja proteger por su viejo. Y cuando uno es padre, protege a su hijo. Pero cuando supera los 50 y se acerca a los 60 aparece una dicha milagrosa, la posibilidad de cuidar y proteger a los dos, a mi padre y a mi hijo. Pude disfrutar ambos privilegios. Ahora seguiré cuidando a mi viejo, desde el corazón y sus enseñanzas.
Pruebe este domingo algo que le recomiendo desde el alma. Sin que su padre se de cuenta, sígalo profundamente con la mirada. Atenta y minuciosamente. Descubra en sus arrugas las arrugas que a usted le van creciendo. En esas canas, sus propia canas. Descubra todos los gestos que usted heredó. ¿No me diga que tienen la misma forma de caminar? ¿Vió, que le dije? ¿Cómo le decía su madre en aquella vieja casa de la infancia? ¿Cómo le decía? Nene, vos sos igual a tu padre!!! Le recomiendo que repita la operación mirada profunda con su hijo. Abra los ojos hasta el cerebro, abra los poros, déjese invadir por ese aroma maravilloso que viene de la cocina. Reconozca que el pibe es ansioso porque usted lo es. Que cuenta las cosas con pasión porque lo aprendió de chico. Descubra en su hijo esa mirada húmeda y esa sonrisa que tiene tanto de usted y de su padre. Y del padre de su padre.
Este domingo es ideal para practicar esto que le digo. Pregúntele a su padre y a su hijo como ándan y tomese todo el tiempo para escucharlos. Hagan un campeonato de chistes mientras esperan el almuerzo familiar. Saquele el cuero a las mujeres empezando por su propia madre y después abrácela y dele un beso en la mejilla, un beso que haga mucho ruido y que contagie. Confiese que la quiere mucho. Y si puede cante, cante con su hijo y con su padre y con toda la familia. Cante por la alegría y por la esperanza. Cante para no llorar o cante y llore si quiere. Pero viva este domingo con toda la intensidad que pueda. No cuesta un peso y vale oro.
Esa entrega que hace que uno sea capaz de dar la vida por los hijos es el acero más resistente que conozco. Es invencible. Por eso Samuel que era de menos palabras todavía que Mayor sorprendió el día que le entregó todo lo que tenía simplemente porque mi viejo lo necesitaba. “La casa es tuya, hace lo que quieras”. Eso fue todo lo que le dijo. Mi viejo la hipotecó para comprar la farmacia y concretar el sueño. Samuel había dejado la espalda quebrada y las manos callosas para levantar esa casa. Esa generosidad, ese sacrificio, esa honradez, esa apuesta a no arrodillarse ante nadie pero tampoco a hacer arrodillar a nadie es lo mejor que me pasó en la vida. En esos valores me formé y esos valores transmito. La ética es también una forma de egoísmo. Porque nos hace bien a nosotros. Nos permite dormir en paz. Nos permite sentir orgullo por lo que hacemos y por lo que somos. Durante mucho tiempo fui el hijo de Mayor. En cierto momento me di cuenta que algunos pasaron a decir que Mayor era el padre de Leuco. Por suerte, kenore, diría la Esther, de a poco están empezando a decir que soy el padre de Diego. Baruj Ashem. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?