La pesadilla de Cristina, el asesinato de Gutiérrez – 6 de junio 2020

Santiago Cafiero dice que Cristina no tiene un pomo que ver.
Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que el secuestro, desaparición, tortura y asesinato de Fabián Gutiérrez es una pesadilla para Cristina. Un fantasma que la va a perseguir por mucho tiempo.
Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que el crimen tiene un alto impacto político porque Gutiérrez era pobre y se hizo millonario como secretario de Cristina y porque, como arrepentido, denunció ante la justicia el mecanismo de recaudación y el circuito que recorría el dinero sucio de la corrupción de estado.
Yo no digo que Cristina lo mató ni que lo mandó a matar. Yo digo que todo el país y las redes sociales, se estremecieron al conocer que otro denunciante de los delitos de Cristina, había sido asesinado.
Por eso en internet, gente anónima y sin aportar ningún dato, lo comparó con el caso Nisman.
También hubo comentarios muy contundentes al respecto de personas que se identifican. Augusto Salvatto, por ejemplo. Politólogo y máster en Ciencias Sociales de la Sorbona de Francia, escribió con ironía: “No todos los que dijeron que Cristina era corrupta aparecieron muertos. Otros terminaron siendo sus compañeros de fórmula. Digamos todo:”
Alberto rompió su silencio para calificar de “miserables y mafiosos” a los tres presidentes de los partidos políticos opositores solamente porque expresaron cuestiones de sentido común. Que el crimen de Fabián Gutiérrez es de extrema gravedad institucional. Que la investigación del delito debe pasar a la órbita de la justicia federal para garantizar imparcialidad y transparencia. Y que Natalia Mercado se tiene que apartar como fiscal del caso por ser la sobrina de Cristina, la persona que fue denunciada por el asesinado. Son todos pedidos absolutamente racionales y democráticos. ¿Dónde está la actitud de miserables y canallas?
Alberto Fernández, antes de subordinarse a Cristina, hizo acusaciones mucho más fuertes y directas contra su actual vice. Fue despiadado. La trató de “cínicamente delirante”. Nadie se atrevió a decir eso, por televisión, en vivo y en directo.
Pero por tuit, ya había traspasado la línea del buen gusto, cuando escribió que el gobierno de Cristina era “psicótico y ella también actúa como una psicópata”.
Alberto denunció, en aquel momento, que “nadie cree en la Argentina que Nisman se haya suicidado. Y que la primera que no lo cree, es Cristina”.
Ya mostramos muchas veces estos videos y capturas de tuits. ¿Es necesario que se muestren de nuevo? Si. Para que nadie dude ni un segundo del nivel de agresividad de Alberto contra Cristina.
Si Alberto fue capaz de decirle “cínicamente delirante y psicópata”, no veo donde está la actitud canallesca y miserable de la oposición que apenas habló de gravedad institucional y que pidió apartar del caso a la sobrina de Cristina y que la causa pase a la justicia federal. ¿Dónde están las actitudes canallescas y miserables? Son todos reclamos institucionales, republicanos y no hay un solo insulto ni descalificación.
¿Sabe quiénes son los miserables y los canallas, presidente?
Los que saquearon al estado y protagonizaron el robo más grande del siglo mediante una asociación ilícita. Fue tan inmensa la montaña de dólares sucios de la corrupción de Néstor y Cristina que casi todo su gabinete salieron millonarios del poder y que sus secretarios personales lograron un nivel de vida de jeques árabes.
¿Sabe quiénes son los miserables y los canallas, presidente?
Los que por codicia demostraron una infinita bulimia por el poder y por el dinero. Fueron tantos los billetes físicos negros robados y lavados, que no hubo bolsos, valijas, mochilas, bóvedas, cajas de seguridad que le alcanzaran para esconder todo eso. Casi no hay antecedentes en el mundo de que los secretarios personales de dos presidentes hayan ingresado al gobierno pobres de toda pobreza y hayan salido con propiedades lujosas y autos de alta gama, típico de potentados. Por eso Daniel Muñoz, solo en Estados Unidos compró propiedades por más de 70 millones de dólares. Miami, Turks and Caicos, el Hotel Plaza de Nueva York y sigue la lista repugnante.
Pero Fabián Gutiérrez, con un sueldo del estado, logró construir un emporio de dos concesionarias de más de 55 autos Mercedes Benz, BMW, Porsche, Ferrari y tener 27 propiedades y un hotel.
¿Eran dólares y euros que se les caían de los bolsillos y las valijas a Néstor y Cristina? ¿Eran fortunas que Néstor y Cristina le daban a sus secretarios para que actuaran como testaferros y ellos se las robaron con la excusa de que el que roba a un ladrón tienen 100 años de perdón? No sabemos. Pero está muy claro que no fue magia, fue mafia. En pocos años y con un trabajo de cadetes de lujo, Muñoz y Gutiérrez se convirtieron en empresarios acaudalados.
Esto es lo que convierte al secuestro, desaparición, tortura y asesinato de Fabián Víctor Gutiérrez en un caso de extrema gravedad institucional. Y de alto impacto político. Y en una pesadilla para Cristina que no dijo una palabra. Ni siquiera el pésame le dio a la familia de Gutiérrez que entró en un pánico tan grande que pidió que “no involucren a Cristina en los comentarios” sobre un homicidio con repercusiones en todo el mundo.
Todo empezó, cuando no, con una investigación de Jorge Lanata. Todo Calafate estaba encandilado y asombrado por la mansión inteligente que Gutiérrez se había construido. Pileta cubierta, spa, lujos en casi 800 metros cuadrados y con una seguridad obsesiva, típica de los que quieren esconder algún tesoro.
Esto derivó en que Gutiérrez fuera expulsado del gobierno por ostentar riqueza y convertirse un imán para los investigadores judiciales y periodísticos.
Pero el muchacho no detuvo su carrera delictiva. Hizo lo mismo que sus patrones. Acumuló casas, departamentos, un hotel y mucho dinero vivo. ¿Si Muñoz y Gutiérrez, dos perejiles, se convirtieron en magnates con solo robarle a los Kirchner, se imaginan el océano de plata, que habían encanutado?
Y esto es clave para entender el estrépito social, político y periodístico que se generó. No fue un asesinato de un amante despechado o de un taxi boy que reclamaba su paga en dólares? Fue lo que denominamos “La búsqueda del tesoro K”.
En Santa Cruz se desató una macabra búsqueda del tesoro escondido por Néstor, Cristina y el Cártel de los Pinguinos. Nicolás Wiñazky recogió los mismos testimonios que yo. Vecinos de Rio Gallegos que temblando y con pedido de estricta reserva comentaron que: “Lo torturaron para que le diera la llave del lugar en donde guardaba su plata negra y que les revelara en lugar en donde los Kirchner habían escondido gran parte de su botín”. Por eso lo torturaron antes de matarlo con un golpe en la cabeza y un puñal en la garganta. Porque ellos también querían ser parte del enriquecimiento aluvional de todos y todas.
Querían sacarle información que tal vez Gutiérrez ya no tenía porque hacía mucho que había sido expulsado del entorno de Cristina. “La fiebre del oro”, la bautizó Daniel Santa Cruz en su columna. Es que la provincia asistió conmovida a la aparición de una actividad sin precedentes. Ingresos a casas para derribar paredes, o levantar la madera o los mosaicos de los pisos, hacer huecos en los techos, excavaciones en los jardines.
La nada exitosa abogada tenía a Fabián en la mira. Toda la Patagonia lo sabía. Fabián, era el encargado de comprar la ropa, los zapatos y las joyas en cada viaje. Llevaba un promedio de 6 mil dólares para pagar y retirar lo que Cristina elegía en los negocios de las grandes marcas. Pero Cristina se llenó de ira contra Fabián, no solamente porque confirmó el mecanismo de recaudación y el circuito que recorrían las coimas y sobornos. Ella no le perdonó nunca que ante el juez Claudio Bonadio la describiera como una persona que nadie aguantaba y con la que nadie quería trabajar por el trato de esclavo que les daba a sus colaboradores. Es más, Fabián confesó como se referían a Cristina todos los empleados. Fue una manera cruel y muy machista de radiografiarla: “Le decíamos la loca o la yegua y otro término que no quiero mencionar por cuestiones de género”.
Roxana Reyes, diputada por el radicalismo de Santa Cruz dijo que “el estado es responsable de la muerte de Gutiérrez. Alberto y Cristina, son responsables porque no lo cuidaron”.
Es cierto que el ex secretario personal y denunciante de Cristina no había pedido ingresar en el programa de Testigos Protegidos. De todos modos era peligroso para él que lo cuidaran los mismos que había denunciado. Pero la ley del arrepentido, en su artículo 14 dice claramente y sin potencial que “el estado debe proteger” a estas personas y hacerse cargo de su seguridad
Incluso al propio gobierno y a la mismísima Cristina, les conviene tener seguros y cuidados a los testigos contra la corrupción de estado. Si no lo hacen, cualquier accidente, o extorsión o asesinato, siempre va a levantar muchas sorpresas. Eso le da pié a muchos memes tragicómicos. “Investigar a los Kirchner tiene una tasa de mortalidad más alta que el coronavirus” o “hay que aplanar la curva de testigos”.
Por eso todo impacta políticamente. Por eso yo no digo que Cristina lo mató ni lo mandó a matar, pero este asesinato es una pesadilla que no va a dejar dormir a Cristina. Y que pone piedras en el camino de la impunidad y el monumento que busca. El chiste es un lugar común: ella busca el bronce, porque el oro ya lo tiene.

Celebración del locutor – 3 de julio 2020

Hoy es el día del locutor. Y a nuestros hermanos de radio les quiero agradecer por tanto. Todos los años me gusta insistir, corregido y aumentado, con este humilde homenaje. Primero el reconocimiento para ella, la mejor: Marcelita. Ella decía que era la Mascherano de Leuco. Desde que ganó el Martín Fierro fue, es y será, para mí, la mejor locutora argentina. La que con su alegría borra todo lo malo. Ella, está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi. Ella es la joya, nuestro arsenal, la nave insignia como me gusta decirle. Siento que jugamos de taquito. Yo digo: “fíjese Marcela la hora que se hizo y nosotros hablando tantas pavadas” y cien guiños radiales más y ella devuelve la pared redonda como si fuera Bochini. O su admirado Kun Agüero.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque, insisto, son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón, Paola Agostino, Mariel Di Lenarda que como Mitre, siempre informa primero y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Y aprovecho para decir una vez más la felicidad que me produjo reencontrarme en el aire de Mitre con Andrea Estevez Mirson. Ella reemplazó a Marcela durante sus vacaciones y sembró el estudio de sonrisas y campanas.
Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hacen escuela, como Juan Carlos Pascual. O la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, que falleció y se transformó en una leyenda. Celebro la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”. Son todas herederas de Rina Morán, las salieris de Beba Vignola.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que hoy da cátedra en el cielo de las voces o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente o del querido Negro Luis Garibotti y las ampollas para el cabello o las pulsaciones milimétricas del Negro Albornoz o el legendario Pancho Ibañez, lo que daría por decir: “Alfajor leuquito… Ya probaste el chiquito, ahora proba el grandote”. O “Señor instalador”.
Son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, dos entradas para ver a Palito, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora y amiga entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud con Graciela Mancuso haciendo escuela.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor. Defiende el carné del ISER con uñas y dientes. Años de viajar en tren y de estudiar para lograr ese bendito título habilitante que logró con Julio Lagos de compañero de banco.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio.
Y uno muy especialmente a dos titanes de la comunicación. Por un lado a ese negro inmenso llamado Hugo Guerrero Martinheitz que está en el cielo y al que le voy a agradecer toda la vida que me haya arrancado del periodismo gráfico. Cuando saqué mi primer libro, me hizo tres entrevistas consecutivas de una hora en su programa de televisión. Al final, miró a cámara y dijo: señores empresarios que están esperando para contratar a Leuco para la radio y la tele. Este señor habla con copete. Que ya mismo deje los diarios y las revistas”. Jamás lo olvidaré. Semejante prócer logró torcer el rumbo de mi vida profesional.
Pero ahora me enteré que el Negro querido también fue decisivo para el destino de otro gigantesco locutor que admiro y que lleva en sus tonos el ADN de radio Mitre. Hablo de Juan Carlos Del Missier. Le confieso que me regocijo escuchando a Juan Carlos en “Vivamos la vida”. Hace una impresionante exhibición de recursos para comunicar. Te hace la vida más placentera, reparte el juego con la pelota al pié y juega con las pausas y el volumen de su voz hasta convertirla en un show radial imperdible. Con los mismos malabares y la misma magia que instala en ese horario misterioso de las madrugadas, “De la noche a la mañana”. Los alumnos del ISER o de las facultades de periodismo deberían escuchar a Juan Carlos Del Missier para saber cómo se fabrica un gran programa en el aire puro de una radio. Tiene un estilo muy popular y para nada chabacano. Me enteré que un día le hizo una entrevista a Martinheitz en su querida provincia de Santa Fé y después, el Negro le dijo que se subiera a su Ford Falcon y lo llevó derechito a la victoria de vivir haciendo radio, lo que más amaba y lo que más ama. Juan Carlos tenía 20 años en ese momento. Se podría decir que Martinheitz lo descubrió. Otro motivo para admirar al Negro y a Juan Carlos en el día del locutor. Guerrero decía que la radio es el teatro de la mente. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda. Y hasta la próxima magia.

El delirio de Parrilli – 2 de julio 2020

El senador Oscar Parrilli entró en la fase delirante. Según el diccionario de la Real Academia, el delirio es “una confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia”. Sus declaraciones a una radio cristinista y a la agencia del estado camporista, me llevaron a esta conclusión. En sus alucinaciones y pensamientos absurdos, Parrilli, mayordomo político de Cristina, dijo que “Jorge Lanata es al periodismo lo que Alfredo Astiz es a los derechos humanos” y que “hace muchos años que le vendió el alma al diablo y se vistió de periodista para llenarse de plata”. Son tantas falsedades que al principio causa risa, pero también preocupación por su desequilibrio emocional. De inmediato, cuando uno hace un análisis político, se dá cuenta de la gravedad de sus tragicómicas conclusiones. Primero porque Parrilli no habla por sí mismo. Hay serias dudas acerca de si tiene pensamiento propio. Es un lorito repetidor de las órdenes que le da su dueña, la falsamente exitosa abogada que nunca ganó un juicio y que lo perdió varias veces. Eso sí, es inquietante. Porque Cristina tiene poder y lo ejerce con ferocidad. Es vengativa y combate para zafar de todas las causas de corrupción que la involucran a ella, sus hijos y los gerentes del Cártel de los Pingüinos. Cristina tiene una gran capacidad de daño. Es la jefa política de este gobierno. Maneja la justicia, cajas millonarias, ahora los servicios de inteligencia y una tropa de muchachos pesados que son capaces de hacer cualquier cosa. Son fanáticos que están convencidos que ella es una santa y que todos los que la critican son diablos. Por eso Parrilli dice que Lanata le vendió el alma al diablo.
Pero vale pena desnudar lo ridículo de las declaraciones de Parrilli. Debería saber que fue Perón el que dijo “del ridículo nunca se vuelve”. Comparar a Lanata con Astiz es, entre otras cosas, banalizar el terrorismo de estado. Astiz fue un torturador de monjas, un asesino en los campos de concentración y un cobarde a la hora de rendirse en Malvinas sin disparar un solo tiro. Va este recuerdo terrible para los más jóvenes.
El 8 de diciembre de 1977, el entonces teniente de Fragata Alfredo Ignacio Astiz, disfrazado de cordero, fingiendo que tenía un hermano desaparecido e infiltrado con el nombre de Gustavo Niño, tomó el camino de Judas y marcó con un beso a Alice, una de las religiosas, para que la secuestraran junto a 7 personas más. Los franceses no olvidaron y Alfredo Astiz, el ángel de la muerte, fue juzgado en ausencia en Paris y condenado a cadena perpetua. En Suecia, hicieron lo mismo, por la desaparición de la joven Dagmar Hagelin. Un criminal hecho y derecho. Un criminal de lesa humanidad.
Lanata, parece mentira que haya que explicarlo, es el periodista más importante de la Argentina, el que tuvo la valentía y la capacidad de mostrar en vivo y en directo el saqueo del estado encabezado por Cristina, nunca tiró un tiro en su vida, es totalmente pacífico, solo utiliza palabras y valores en su trabajo y desde Página 12 fue uno de los que más defendió los derechos humanos y la búsqueda de los nietos desaparecidos. En esa época, el matrimonio Kirchner no decía una sola palabra en contra de la dictadura, no presentaban ni un habeas corpus, se negaban a ayudar a las madres y abuelas de Plaza de Mayo y llenaban sus bolsillos embargando casas de gente que no podía pagar sus deudas bajo una ley de la dictadura. La diferencia entre Lanata y Astiz, es abismal. Pero además, supongamos que Lanata se llenó de plata. No se si eso es así. Pero si lo hizo, lo hizo trabajando honradamente en la actividad privada. No la robó, como la mayoría de los integrantes del gobierno K, el más corrupto de la historia democrática.
Parrilli es el ariete de este plan sistemático para estigmatizar y atacar a periodistas independientes. Cristina pone las ideas y las locuta en off. El ministro de la propaganda y la venganza, Tristán, elige las caras para escrachar y las imágenes y Parrilli, encabeza el grupo de choque. ¿Cuál es el objetivo? Primero tomarse revancha de todos los trabajadores de prensa que denunciaron el robo del siglo. Meter miedo, intimidar para que nadie se atreve a opinar o a seguir investigando. Pero además de apuntar a la autocensura, el objetivo es encarcelar si es posible a algunos de los periodistas o por lo menos, apuntarlos para que los procesen o para que los grupos de tareas patoteras los provoque y si puede les pegue una paliza o algo peor. Borrar al periodismo de la faz de la tierra es uno, pero solo uno, de los caminos hacia la impunidad y el monumento en su homenaje que busca Cristina.
Por eso Parrilli dijo que Luis Majul, Nicolás Wiñazky y Daniel Santoro, también eran servicios de inteligencia. No se lo cree nadie. Cristina me puso en la mira a mí, a mi hijo, a Lanata, a Nico, a su padre, Miguel, a Santoro, a Baby Etchecopar y a otros colegas que no se callan, ni se venden ni se alquilan.
Hubo fuertes reacciones de entidades que nuclean a las entidades periodísticas y a los cronistas. Joaquín Morales Solá, flamante presidente de la Academia Nacional de Periodismo, fue uno de los más contundentes. En el diario La Nación, ayer, escribió que Alberto Fernández no “se ha pronunciado sobre la campaña de hostigamiento y escrache que afecta a muchos periodistas, aunque es especialmente grave la operación de acoso y derribo contra el periodista Luis Majul”.
Ayer, Marcelo Longobardi, me hizo una entrevista para reflexionar juntos sobre el tema. Yo le dije y lo repito que: “El tema de las escuchas en manos de Leopoldo Moreau es una de las noticias más preocupantes. Ya sabemos la tirria y el odio ilimitado de Leopoldo Moreau en nombre de Cristina de Kirchner contra el periodismo”. Leopoldo Moreau, fue expulsado del radicalismo porque se hizo cristinista fanático y es recordado porque como candidato a presidente llevó al partido de Yrigoyen a los infiernos y sacó apenas el 2,34% de los votos.
Y también le dije a Marcelo que: “Los Kirchner desde siempre, han tenido predilección por los servicios. Quien históricamente espiaba a todo el mundo, incluida su propia tropa, era Néstor Kirchner. El propio presidente Alberto Ángel Fernández denunció en su momento, que Cristina lo estaba espiando cuando se reunía con Julio Cobos. Gustavo Béliz, hoy la mano derecha de Alberto, se tuvo que ir del gobierno y de la Argentina por haber denunciado al jefe de los espías, Antonio Stiusso. Néstor Kirchner se quedó con Stiusso y eligió que Béliz se fuera”.
Todo esto que le digo se puede buscar en archivos porque todo esto es verdad.
Pero, en la mayoría de los casos, la credibilidad de quien dice las cosas inclina la balanza ante gran parte de la opinión pública. Y Oscar Parrilli carece de toda credibilidad por varios motivos. Fue el miembro informante del bloque peronista en su momento cuando se privatizó YPF. Lo hizo en nombre del menemismo y los Kirchner estaban totalmente de acuerdo. Repito: el peronismo privatizó YPY. Después, Parrilli, se dio vuelta en el aire como un panqueque y levantó la bandera de la soberanía energética, para estatizar YPY. Hoy Parrilli, está procesado en la causa por el encubrimiento a los terroristas que dinamitaron la AMIA y lo más grave de todo es su comportamiento genuflexo. Nadie que se respete puede seguir siendo el mayordomo de Cristina que lo trató en varias situaciones de “Pelotudo”. Esa humillación y maltrato, tan típica de los Kirchner demuestra que Parrilli no se respeta a sí mismo y por lo tanto, tampoco puede hacer respetar al pueblo que dice defender. Esa actitud de felpudo lo transformó en un corre ve y dile de Cristina y nada más. A sus espaldas, el resto de los peronistas, se burlan de él. Julio Bárbaro, en su momento, se rió hasta de sus capacidades intelectuales. Dijo que poner a Parrilli en inteligencia era como ponerlo al él, al frente de los melenudos. La fama de Parrilli en la política es por su nivel de obsecuencia hacia sus jefes. Fue así con todos los jefes políticos que tuvo: Carlos Menem, Néstor o Cristina. Él dice que eso es lealtad. Otros opinan que es un intento de reemplazar mediocridad por obediencia debida. Esta es una idea de lo que es Parrilli. Pero la desesperación por complacer a su jefa lo hizo entrar en la fase delirante. Y eso es muy peligroso.