Cortázar, a 35 años – 12 de febrero 2019

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Es la mejor ocasión para repetir una y mil veces:
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto los argentinos a Julio Cortázar que en paz descanse. Murió en Paris donde eligió vivir. Una leucemia analfabeta le fue erosionando su cuerpo pero su corazón ya venía muerto desde la muerte de su gran amor, de Carol Dunlop, su tercera esposa con la que hoy comparte el cielo y la tierra en el cementerio de Montparnasse.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. En la literatura, es decir en el placer y el goce por la belleza pura y en la política, es decir en el compromiso solidario con los más débiles y los buscadores eternos de utopías y de la igualdad entre los hombres.
Los libros fueron su tabla de salvación. La posibilidad de seguir flotando aún en las tormentas más terribles. En su casa de la infancia de Banfield, se encerró a leer día y noche cuando su padre los abandonó para siempre, sin decir una palabra. A escribir día y noche, también se encerró en su casa de la madurez en Paris cuando América Latina empezó a desgarrarse en su alma. Nunca dejó de ser un cronopio que sólo perseguía su regocijo personal. Vos sabes, le dijo a Fernández Retamar, en una carta de 1967, que el almidón y yo, no hacemos buenas camisas. Era tierno y tenía un sentido del humor maravilloso. Disfrutaba de la metafísica de Macedonio Fernández porque se reía a carcajadas. El realismo socialista siempre le resultó aburrido, pesado, decía que en esos casos la ideología mataba a la literatura y que llegó a sentir horror por esos escritores de la obediencia debida.
Julio Florencio Cortazar tenía cara de chico aún en sus 69 moribundos años. Y era un chico a la hora de escribir como un cronopio que buscaba lo lúdico. Siempre el juego. En su niñez imaginaba animales mitológicos para sorprender y sorprenderse y apostó siempre a lo fantástico, a esa dimensión alucinante de la realidad más cotidiana. La supo encontrar y la supo contar.
Con Borges compartió muchas más cosas de lo que los militantes políticos literarios de los finales del 60 podían imaginar. Porque era una de las tantas antinomias, como se decía entonces. Borges o Cortázar. El reaccionario de derecha o el amigo de la Cuba de Fidel y el Chile de Salvador Allende. Borges o Cortázar, como una segunda vuelta de la batalla entre Boedo y Florida, era discusión apasionada en las universidades y los bares. Sin embargo, ambos amaron profundamente los laberintos, el tango, el jazz y las muchachas de ojos verdes como La Maga. Ambos fueron tozudos antiperonistas y quisieron morir fuera de la Argentina. Y allá están sus restos, más cerca entre sí que de nosotros. Y en lo que para muchos fue una señal mágica, Borges fue el editor del primer cuento de Cortázar en la revista “Los anales de Buenos Aires”.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto. Y los periodistas de mi generación lo amamos porque metió de prepo el lenguaje de la calle en la alta literatura. Porque todos alguna vez intentamos imitarlo sin el menor de los éxitos, porque todos alguna vez lo leímos con el mayor de los placeres.
Primero fue un revolucionario de las letras y después de las ideas. Fue un antes y un después de la barba. Primero sacudió la estructura de la novela con Rayuela. Hoy una edición original en buen estado se puede comprar por 30 mil pesos. En 1963, puso al lector en un pié de igualdad con el autor. Le permitió que cada uno eligiera su propia novela en esa maravillosa caja china que fue Rayuela, con una novela dentro de otra, con ese rompecabezas para jugar, siempre jugar con el ingenio y las neuronas y sobre todo con el lenguaje al que lo dio vuelta como una media una y mil veces. El año que viene, más precisamente el 27 de marzo, en el marco del Congreso de la Lengua que se va a realizar en mi querida Córdoba, se presentará una nueva edición conmemorativa de Rayuela preparada por la Real Academia Española, la Academia Argentina de Letras y la editorial Alfaguara. Ahí se incluye la reproducción del “Cuaderno de Bitácora”, con las notas de Julio para la escritura de la novela. Va a tener textos complementarios de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Adolfo Bioy Casares y Mario Vargas Llosa, entre otros.
Cuando viajó a Cuba se conmovió al ver un pueblo haciendo la revolución y su vida cambió. Y los personajes y los puntos de vista en sus libros, también. Con el Che Guevara, en su “Libro de Manuel” hizo una crítica dura a los dogmáticos de la guerrilla y ya que estamos en ese libro imperdible digamos que el protagonista se llamaba Marcos y que por eso el subcomandante zapatista de Chiapas se bautizó con ese nombre. En homenaje a Cortázar que, de estar vivo, dijo que apoyaría la causa que fue casi pacifista de los zapatistas y que hoy está casi extinguida, con el mismo entusiasmo con que apoyó a los sandinistas en esa Nicaragua tan violentamente dulce, antes de que Daniel Ortega la amargara y malversara con una dictadura feroz y corrupta de un señor que incluso abusó sexualmente hasta de su hija.
Queremos tanto a Julio.
Le debemos tanto.
Hoy Clarín publica una hermosa foto de Julio que tomó Dani Yako en diciembre de 1983. Sus ojos vivaces detrás de unos lentes gigantescos y el cigarro en su boca lo integran al paisaje de una calle bien porteña. Julio había vuelto después de una década.
Su inclaudicable y corajuda lucha por denunciar a la dictadura argentina y reclamar por los desaparecidos porque sentía al país lejano como su “Casa Tomada”, como esa pesadilla que escribió de un saque, con todos los fuegos el fuego. Cortázar sí que dio vuelta al día en 80 mundos y en su último round tuvo “62 modelos para armar”. Nunca olvidó el susto que se pegó a los 9 años cuando robó un libro de Edgar Allan Poe para leerlo ni el placer que sintió cuando tradujo toda su obra. Julio Cortázar fue un grande, uno de los padres eternos de nuestra literatura. Sus cuentos tienen la impronta de dos de sus ídolos, de Charlie Parker y de Justo Suarez. La cadencia y el torrente que improvisa del saxofonista del jazz y la habilidad para esquivar y la dureza para pegar del boxeo del Torito de Mataderos. Una vea, Julio publicó una nota sobre el arte del pugilato en las páginas de El Gráfico.
Queremos tanto a Julio. Le debemos tanto. Por dos motivos fundamentales. Porque todos sus textos son una incitación a la libertad y una apología de la belleza.

Cristina, la jefa de la corrupción – 11 de febrero 2019

En estos días se desató un verdadero tsunami contra Cristina. La cantidad de información y documentación que aportaron los arrepentidos ante la justicia dejaron desnuda a Cristina. La tienen acorralada. Ya nadie puede dudar que “fue la jefa de una asociación ilícita destina a enriquecerse con el saqueo del estado”, como lo definieron en los expedientes los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques. Está claro que cuando Néstor se murió, ella asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado. Nunca se cometieron tantos delitos, por tanto dinero y por tanto tiempo. Los Kirchner batieron todos los records de bulimia por el poder y por el dinero y produjeron los 12 años de mayor corrupción de la historia argentina y, probablemente, del mundo. Laura Alonso, que conduce la Oficina Anticorrupción, dice que están en Olimpo junto a los mayores cleptócratas del mundo. Al lado del matrimonio dictatorial de Filipinas, Ferdinando e Imelda Marcos.
Cada vez que un arrepentido del entorno más cercano habla, aparece con más claridad el mecanismo de relojería del sistema de recolección de coimas. Hay revelaciones asombrosas: escondían los billetes físicos en la casa de María Ostoic, la madre de Néstor o los sacaban afuera con sociedades fantasmas y con bancos en guaridas fiscales. Hoy se están buscando alrededor de 500 millones de dólares. Y una parte importante se va a poder recuperar. La compra de propiedades y negocios de alta gama en Estados Unidos no los muestra muy antiimperialistas que digamos. Mucho menos cuando de las dos propiedades que compraron en el emblemático Plaza Hotel de New York, en la Quinta Avenida hay una que costó 13 millones de dólares y es de un lujo digno de un jeque patagónico. En ese lugar estuvieron los Rolling Stones, Los Beatles y celebridades como Truman Capote. Pero lo que hace temblar a Cristina y su banda es que hay dos fiscales norteamericanos investigando a fondo toda esta operación escandalosa. Para equilibrar y potenciar su empatía con las revoluciones chavista y castrista, no se privaron de comprar un loft de pesca en Cuba. Seremos como el Che, les faltó decir.
Manzanares vomitó que Los Sauces era la inmobiliaria con solamente dos clientes, Lázaro y Cristobal y que Hotesur dueña del Hotel Alto Calafate con habitaciones vacías ficticiamente llenas eran para recibir los retornos de la obra pública y lavar dinero. Gerardo Ferrerya, el ex capo de Electro ingeniería era el tercer empresario que tributaba mucho, pero directamente a Néstor y Cristina. El resto pasaban por Julio de Vido, Roberto Baratta, Daniel Muñoz, su ruta del dinero K.
También se hicieron muchas inversiones de los dólares robados al pueblo en empresas farmacéuticas, de insumos hospitalarios, de transporte y Ricardo Barreiro, otro secretario que pasó de jardinero a millonario, fue otro gran testaferro.
Hay algunos caraduras y fanáticos K que todavía dicen que se trata de mentiras y de una persecución política a Cristina. Le llaman “la causa de las fotocopias” y dicen que, poco menos, la inventó la CIA y Clarín. Pero la causa en realidad, debería llamarse “De los arrepentidos”. Los cuadernos de Oscar Centeno fueron la guía turística que llevó a descubrir a los funcionarios más ladrones, a los empresarios más cómplices y a los jueces más venales. Ahora las pruebas demoledoras e irrefutables son los testimonios de tanta gente de confianza de los Kirchner que se juega la vida y dice la verdad.
Manzanares reconoció que el ex juez Norberto Oyarbide les recomendó fraguar un peritaje para dejar libres de culpa y cargo a Néstor y Cristina en menos de lo que canta un gallo. Y pensar que este juez de pacotilla, emblema de la corrupción, llorando, llegó a decir que lo habían “agarrado del cogote”.
Ni hablar de la coima de diez millones de dólares que le pagaron al juez Luis Rodríguez para que frenara el encarcelamiento de Daniel Muñoz. Los billetes los llevó Miguel Plo, el ex abogado de Pochetti que también está preso.
Rodríguez fue denunciado por Elisa Carrió y ahora nuevamente por Guillermo Lipera, presidente del Colegio de Abogados. Lo acusan de todo: de haber copiado en el examen para juez, de tener objetos de admiración al nazismo en su casa y de ser un delincuente que tenía tarifado su juzgado. Ahora hay un testimonio de lo asegura. Por eso debería ser destituido lo antes posible por el Consejo de la Magistratura.
¿Alguien puede creer que la CIA o Macri pueden convencer a estos personajes de que cuenten toda la verdad y nada más que la verdad? Son colaboradores y cómplices que tienen años de historia junto al matrimonio K. Estamos hablando de Víctor Manzanares, el contador, de Carolina Pochetti, la viuda de Daniel Muñoz,el secretario privado y de mayor confianza de Néstor, de Claudio Uberti, Juan Manuel Campillo y Ernesto Clarens que manejaron las finanzas y el ocultamiento del dinero de Néstor y Cristina. Todos apuntan al matrimonio de magnates pingüinos. Hasta José López los mandó al frente y dijo que tenía miedo a Cristina por lo vengativa que era. Pochetti dijo que Muñoz le decía “la loca” a Cristina.
Está más claro que nunca que ella fue la jefa de la corrupción, la que reemplazó en ese lugar a Néstor cuando murió.
En la desesperación y ante las pruebas y evidencias tan contundentes, los grupos de tareas K dedicados a hacer operaciones sucias de poca inteligencia, resolvieron ensuciar a los que llevan adelante las investigaciones o a los periodistas independientes. Carlos Stornelli fue víctima de Horacio Verbitsky, como comandante, del juez de la Campora, Alejo Ramos Padillla, del pauta traficante Diego Gvirtz y del espía Rodolfo Tailhade y otros personajes que se mueven en la oscuridad y la mentira. A Cristina ya no la pueden defender porque las pruebas y testimonios son abrumadores. Pasaron entonces a la fase dos, la que también los mismos personajes hicieron con Alberto Nisman: extorsionar e injuriar con falsedades absolutas y algunas muy burdas.
Las causas siguen su curso y dentro de 15 días Cristina tendrá que afrontar por primera vez un juicio oral por corrupción por entregar fortunas de obra pública a Lázaro Báez a cambio de sobre precios, retornos y coimas. En realidad, Cristina tiene varios procesamientos y juicios orales y con dos pedidos de prisión preventiva. Pasará más tiempo en el banquillo de los acusados que en su banca de senadora por la minoría en la provincia de Buenos Aires.
La Oficina Anticorrupción acaba de pedir que Cristina y sus hijos vayan a juicio oral por el lavado de dinero en los hoteles, cosa que Manzanares confirmó como absolutamente cierta.
El juez Claudio Bonadio citó a los tres jefes de gabinete, Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y José Manuel Abal Medina y a 92 intendentes entre los que están emblemáticos cristinistas como Francisco “El Barba” Gutiérrez y Francisco Durañona. Unos enviaban fondos para saneamiento y medio ambiente y otros los gastaban en campaña electoral o se lo llevaban a su propio bolsillo.
Simultáneamente hay que decir que Cristóbal López ya debe 13 mil millones de pesos que utilizó para comprar medios de comunicación y propaganda en lugar de pagar impuestos al combustible que retenía y no devolvía en forma ilegal. El y su socio, Fabián de Sousa, alquilaban propiedades y departamentos en Puerto Madero y el hermano de Fabián, oh casualidad, es el dueño de dos departamentos del edificio de Uruguay y Juncal donde vivía Cristina y Néstor.
El tsunami de información y documentación que aportaron a la justicia los arrepentidos de la máxima confianza de Cristina la tienen acorralada. Atrapada y sin salida entre la posibilidad de volver al poder por la urnas o ir a la cárcel por la verdad y la justicia. Del pueblo argentino depende.
Hay una gran diferencia entre los que protagonizaron el robo del siglo, instalaron el autoritarismo chavista y dejaron una bomba social y económica terrible y los que intentaron desactivarla sin éxito, pero que no persiguieron a nadie ni robaron sistemáticamente. Otra vez: del pueblo argentino depende.

Macri x 60 – 8 de febrero 2019

Es bad information, dijo el presidente, con humor recordando la antológica excusa de Cristina ante un periodista. Dijo Macri que es bad information sus 60 años. Que no se siente de 60. Que a lo sumo tiene 35 años de ingeniero: “Me comprometo a trabajar 60 años más por lo menos”. Pero más allá de las bromas, cumplir 60 años es todo un hito en la vida de las personas. Hoy le toca al presidente Mauricio Macri. Está en el momento más difícil. El mismo confesó que el tsunami económico del año pasado derrumbó el castillo de arena que había construido y tuvo que empezar casi de nuevo. Eso le provocó tantas o más amarguras y arrugas que el momento en que fue secuestrado y estuvo al borde de la muerte.
Ayer también recordó otro momento no tan conocido cuando estuvo muy cerca de perder su vida. Tanía 39 años y estaba muy preocupado por los 40. Esquiando en Estados Unidos se pegó un palo terrible contra un árbol y estuvo 9 meses en la cornisa de la terapia intensiva.
Macri tiene la contención y el amor de la hechicera, como él llama a Juliana Awada y los mimos diarios de su hijita Antonia. Trata de rodearse de sus históricos amigos para hablar de cualquier cosa, sobre todo de fútbol y desenchufarse del stress cotidiano y de la presión que es demoledora. Es que hay más inflación, mas desocupación y más pobres de lo que había cuando juró como presidente. Y eso lo desespera. Quiere la revancha y por eso se jugará todo en octubre por la reelección. En Boca Juniors, como presidente y en la ciudad de Buenos Aires, como jefe de gobierno, sus segundas administraciones fueron mucho mejor que las primeras, Por eso sueña con que sus votantes le den otra oportunidad y poder dejar un país más creíble y razonable, en marcha hacia el progreso y la inclusión y lejos de la cleptocracia autoritaria chavista de Cristina y su banda.
Cuando deje el sillón de Rivadavia y el bastón de mando, este 10 de diciembre o en 4 años, piensa vivir un tiempo en un pueblito de Italia y en escribir un libro para reivindicar a su padre Franco. Quiere contar como se hizo millonario por su astucia y no por corrupción. Hace una semana le contó a un amigo su dolor más profundo: las dos veces que su padre estuvo lúcido, en medio de la demencia senil que lo acorrala, le pidió que le diera una pastilla para morir.
A veces recuerda aquella noche del triunfo electoral que muy pocos anunciaron. “Ustedes hicieron posible lo imposible”. Esa frase le salió del fondo del alma a Mauricio Macri. Es que ni él lo podía creer. Por primera vez en la historia había llegado a la jefatura del estado el líder de un partido chico que tenía apenas doce años de vida y que no se había forjado en la matriz del radicalismo ni del peronismo. Tal vez si Macri hubiera dejado hablar a su inconsciente sus palabras hubiesen sido: “Llegué Papá, soy presidente, pude superarte”. No quiero hacer sicologismo barato, pero Mauricio le dedicó su vida a demostrarle a Franco que podía llegar muy alto sin su ayuda y por sus propios méritos. Franco Macri fue un padre asfixiante, ultra exigente y más competitivo que lo aconsejable con su hijo. Varias veces lo desafió públicamente. Varias veces fue a contramano de los deseos de su hijo. Varias veces apostó en su contra y boicoteó sus proyectos. Por eso durante tanto tiempo estuvieron peleados. Mauricio fue a estudiar Bridge con un profesor solo para derrotar a su padre en ese juego de cartas.
Un día Mauricio decidió romper amarras y construir su propio destino. Sabía que en esa pelea iba a encontrar la felicidad y la alegría. Y se aferró a esa utopía que persiguió durante tanto tiempo. El hijo del albañil, el tano inmigrante que edificó un imperio económico llegó a la presidencia de la Nación sin que su padre le abriera ninguna puerta. Lo hizo por derecho propio. En nombre del padre. Pero con su propio esfuerzo.
Los kirchneristas lo chicaneaban acusándolo de vago: “Nunca trabajó, siempre vivió de Franco”, pintaron en las paredes. Y esas cachetadas en lugar de intimidarlo le dieron más fuerza para la batalla final contra Daniel Scioli.
Esa relación de amor-odio con su viejo lo marcó para siempre. Y su carácter y garra también se templó en la adversidad terrorífica de aquel secuestro extorsivo que lo tuvo 14 días bajo tierra. Lo encerraron en un ataúd y lo encarcelaron en un sótano de Garay al 2.800. Nadie sigue siendo la misma persona después de semejante experiencia. Su mirada perdida a veces expresa el sufrimiento de ese corazón en aquel momento dramático al que lo sometieron una banda de criminales que eran comisarios de la Policía Federal.
El salto que pegó Mauricio es gigantesco. Desde aquel vicepresidente del holding SOCMA al que arribó por portación de apellido y por ser el hijo del dueño hasta la presidencia de la Nación. Como buen ingeniero se apoyó siempre en la gestión. En el hacer más que en el decir. En Boca Juniors hizo una verdadera revolución de campeonatos y 16 vueltas olímpicas, pero también marcó un camino de responsabilidad y eficiencia. Fue presidente del equipo más popular de la Argentina, superó problemas, abrió ventanas y logró la reelección.
Esos fueron los cimientos del Macri de hoy. No podría haber ganado la presidencia si no hubiese tenido el nivel de conocimiento y popularidad que le dio Boca. Con eso demostró y se demostró que estaba para más. Que el destino de niño cheto, de creído de Barrio Parque, no era para él.
En la ciudad de Buenos Aires hizo lo mismo. Puso ladrillo sobre ladrillo y eligió el camino más sólido y no el más rápido que le había ofrecido Eduardo Duhalde: ser candidato por el peronismo. Edificó un partido y lo fue haciendo crecer. Con ensayo y error. Con metidas de pata y correcciones. Aprendió a ser gobernante en el gobierno de la Ciudad. Su primera administración estuvo apenas por arriba de la mediocridad general, pero, en su segunda jefatura, mejoró la calidad de vida de gran parte de los porteños. Esa buena tarea en el transporte, en la derrota que le propinó a las inundaciones, en la educación y en el respeto por las disidencias y el pluralismo lo fue perfilando. Fue el primer jefe de gobierno de la Ciudad reelecto y que terminó su mandato y dejó un sucesor de su mismo partido: Horacio Rodríguez Larreta. Y eso que el gobierno de Cristina le hizo la vida imposible. Le tiraron anchoas en el desierto y lo intentaron estigmatizar. Está acostumbrado a buscar consensos porque siempre gobernó sin mayorías parlamentarias y eso es bueno siempre.
Además del amor que siente por Juliana y que se le nota cada vez que la toma de la mano, al frecuentar la meditación budista fue calmando sus ansiedades y aflojando sus durezas formales. Hasta se dio el lujo de emocionar y emocionarse en la quebrada de Humahuaca donde le pidió a la madre tierra ayuda para esta tierra. Macri no es un conservador de la vieja derecha como cree la militancia K. Ejerció el divorcio en dos oportunidades y su cultura es más diversa que muchos K aunque menos intelectual. Macri tampoco es un neoliberal entreguista, amante fiel del mercado como quisieron instalar los medios adictos a Cristina.
Macri como político parido por la anarquía del 2001, es muy difícil de encasillar en las categorías tradicionales. Yo me atrevería a decir que no es un gerente de los grupos concentrados a los que conoce de adentro, que tiene sensibilidad social por los más pobres y que su modelo económico de sentido común y eficiencia está lejos del chavismo jurásico y cerca del desarrollismo de Arturo Frondizi.
Macri logró la presidencia de la Nación. No es parte de la herencia que le dejó su padre. Se ganó solito el honor de ser el jefe del estado argentino. Casi 13 millones de argentinos confiaron en su épica de superación. Nadie nunca había sacado tantos votos. Ahora está en el momento clave de su vida. Tiene que demostrar liderazgo y temple para reconstruir todo el desastre que dejó Cristina y su propio fracaso económico. Yo no podría asegurarlo. La realidad es la única verdad y la verdad es que el partido está muy complicado y falta poco tiempo. Hay mucha gente desilusionada pero que a la hora de la verdad va a elegir entre Macri y el voto en blanco. A Cristina esa gente no la votará jamás. Hay que ver si a Mauricio Macri le alcanza para ganar. Tal vez ese sea uno de los deseos hoy, cuando apague las velitas de su cumpleaños número 60.
Si logra eliminar la pobreza, el autoritarismo, el narcotráfico y la grieta nacional vivirá eterno en la memoria de los argentinos. El mismo dijo que no era infalible y que necesitaba que le marcaran los errores. Además convocó a la verdad como punto de encuentro. Le tomamos la palabra y le damos la palabra. Para que ni Dios ni la Patria se lo tengan que demandar.