Cristina no es igual a Macri – 13 de marzo 2019

Se equivocó Marcelo Tinelli al poner en un mismo plano a Cristina y Macri. Es un error grave y podría producir un retroceso gigante si entre las mayorías se instala ese concepto injusto de que son todos iguales. Porque no son todos iguales.
El conductor televisivo, pateó el hormiguero cuando dijo que “Cristina y Macri son dos caras de la misma moneda que ya tienen picado el boleto”.
No es razonable meter en la misma bolsa a la que puso la bomba social y económica con el que no tuvo éxito en desactivarla. Es un infantilismo frívolo empatar a Cristina que fue la jefa de la asociación ilícita para producir el robo del siglo, con Macri que abrió todos los canales informativos que reclamaron los jueces para meter presos por mega corrupción a varios de los funcionarios más cercanos a Cristina y a varios empresarios, algo que no había ocurrido nunca en la historia. Una edificó la mafia de los sobre precios y las coimas y el otro generó las condiciones para que la justicia la demoliera. Bajar a Macri al nivel de Cristina es favorecer a la ex presidenta de manera brutal. Y no explica con honestidad intelectual lo que ocurrió en los últimos años. Yo creo que no es lo mismo un piromaníaco que un bombero ineficiente.
Ojo que esto no significa decir que Macri fue un gran presidente. Todo lo contrario.
Por eso muchos votantes de Mauricio Macri están enojados y desilusionados. Y tienen razón. Sobre todo las clases medias que vieron como los tarifazos, la asfixia impositiva y la estanflación fueron deteriorando su nivel de vida y, en muchos casos, los obligaron a cerrar comercios y empresas por falta de rentabilidad. La industria hace 9 meses que viene cayendo en picada. La maquinaria agrícola vendió un 90% menos.
Pero de ninguna manera se puede decir con seriedad que Cristina y Macri son iguales. O que representan lo mismo.
Cristina condecoró a Nicolás Maduro y mantuvo relaciones carnales políticas con Hugo Chávez. Su tropa hace actos de apoyo al narco dictador y no repudia ni la violación a los derechos humanos ni los crímenes ni el asesinato de la libertad y la justicia social.
Macri es uno de los pilares del Grupo Lima y lidera a los países que apoyan que haya elecciones libres en Venezuela y abraza al presidente a cargo, Juan Guaidó al que recibió para darle un respaldo absoluto.
Cristina ordena a sus militantes más salvajes como Hebe o Luis D’Elía que insulten a Macri y sus funcionarios y en este último caso que proponga fusilarlo en la plaza pública. Cristina intenta sojuzgar a los medios de comunicación independientes y profesionales que ella llama mentirosamente hegemónicos y en la intimidad de sus documentos reconocen que fueron muy débiles con la Ley de Medios y que si vuelven al poder, tienen que avanzar en la expropiación de Clarín, La Nación y otros medios audiovisuales.
Macri jamás amonestó públicamente a ningún periodista y su gobierno pauta publicidad oficial aún en los diarios y radios más críticos, todo lo contrario de los que hacía Cristina. Macri ofrece conferencias de prensa donde cualquiera puede preguntar lo que quiera y él y sus ministros responden cuestionamientos en entrevistas no amañadas. Cumple con la ley. No tiene un programa en la televisión pública como fue 678 del pauta traficante Diego Gvirtz, para humillar y estigmatizar a los cronistas que no se dejan domesticar o a los políticos disidentes. El canal del estado es de todos, como corresponde. Será mejor o peor la programación, pero no se hace propaganda desde ahí. Todo lo contrario. Se lo critica a Macri porque hasta Hebe de Bonafini tiene un programa que pagamos todos los argentinos pese a que es la persona que insulta más groseramente la investidura del jefe de estado.
Cristina no es lo mismo que Macri. Están a años luz. Ella no cree en la democracia y propone dinamitar la división de poderes con una reforma constitucional que ponga a los jueces al servicio del poder ejecutivo. Muchos sueñan con crear el ministerio de la venganza. El intendente camporista Francisco Durañona acaba de cometer un sincericidio al decir que quiere una Corte Suprema de Militantes K.
La hipocresía y el relato de Cristina llegó hasta los temas de género y el aborto. Le prohibió a ministros y a la militancia mencionar aunque sea el tema aborto porque ella estaba en contra.
Macri en cambio, habilitó el debate del tema y dejó a sus funcionarios con libertad de acción y de conciencia para que tomaran la posición que creyeran más conveniente. Cristina habla de Machirulo pero la ley de paridad de género, con un hombre y una mujer intercalados en las listas de candidatos fue aprobada por iniciativa de Macri. Y ahora se viene la ley de a igual trabajo, igual salario.
Me parece muy bien que Tinelli y todos los ciudadanos que lo deseen critiquen la terrible situación económica actual. Estamos en democracia. Hasta Susana Giménez y Mirtha Legrand lo hacen y eso que son dos votantes fieles de Macri. Pero no se ajusta ni a la verdad ni a la realidad decir que Cristina es igual a Macri.
Cristina ordena a sus piqueteros y dirigentes sindicales que corten calles y rutas y que hagan paros en forma constante para hacerle la vida imposible al actual gobierno. Roberto Baradel, Hugo Moyano, Juan Grabois, Hugo Yasky son solamente algunos botones de muestra. Están dispuestos a poner palos en la rueda para debilitar al máximo posible a Macri y si lo pueden voltear, mucho mejor.
El macrismo o Cambiemos con los radicales y la Coalición Cívica jamás cortaron una calle, nunca convocaron a un paro, y sus multitudinarias manifestaciones reclamando justicia siempre fueron en forma pacífica y sin generar un solo disturbio.
La frase que estoy cuestionando de Tinelli la dijo en el primero de los varios reportajes que dio. Se vé que alguien le hizo notar que esa comparación era injusta y la corrigió con otra frase:
“Yo hablo con todo el mundo, menos con Cristina. Ella me trató varias veces de idiota”.
Julio Bárbaro que también apoya a Lavagna, fue el que tuvo las mejores definiciones sin caer en el error de poner en un plano de igualdad a Cristina y Macri. Al revés, fue muy duro con los cristinistas y los caracterizó de “una mezcla de revolucionarios oxidados con burócratas extraviados en un triste final del intento de cooptar al peronismo.”
Julio Bárbaro es el que tiene el discurso más preciso dentro del lavagnismo. A los K les dijo que “no son nada, ni peronistas ni revolucionarios, vinieron a dividir a la sociedad y a hacerle el juego a la peor derecha, a la versión más saqueadora del capitalismo. Ustedes son una organización delictiva y nos quieren inocular el veneno de la peor imagen al resto de los mortales”.
Don Julio propone, primero tomar distancia clara y condenar a los K y a la corrupción y luego armar un proyecto que tenga como eje la búsqueda de la justicia social.”
Julio Bárbaro no tiene dudas. Aseguró que “Cristina es peor que Macri porque los K no son democráticos y convirtieron al peronismo en un simple partido de la izquierda agresiva. Se los dijo Perón: les regalé una estancia y pusieron un kiosco”. Sincero confesó que “un nuevo gobierno de Macri sería malo, pero un gobierno de Cristina sería mucho peor.”
El peligro más grande del planteo de que todos son iguales y que Macri es lo mismo que Cristina es que los sectores medios pierdan esperanza y entusiasmo en la lucha contra la corrupción y se potencie las ganas de votar en blanco. Si muchos votantes de Macri apuestan al voto en blanco, crecen las posibilidades de Cristina porque su voto es más duro y militante. El voto de Cambiemos es más reflexivo y fugaz.
Repito para cerrar: Julio Bárbaro dice que Cristina no es democrática y Macri sí y que un nuevo gobierno de Macri sería malo pero uno de Cristina, sería una verdadera tragedia. En síntesis, que Cristina y Macri no son iguales. Bárbaro apoya a Lavagna igual que Tinelli. Uno demostró que es un buen analista político. El otro, que es un conductor de televisión exitoso.
Hay que llamar a las cosas por su nombre.

Alfonsín, la epopeya democrática – 12 de marzo 2019

Un día como hoy nació Raúl Alfonsín. Por eso es el día del militante radical. Frente a su monumento en la Plaza Moreno, se repartieron claveles rojos y blancos. Más allá de lo necesario que sería su estatura de estadista para el país y para su partido en estos tiempos de crisis, se presentará en un rato un sitio web con materiales históricos y en algunos casos inéditos de lo que denominaron “La epopeya democrática”. Hoy cumpliría 92 años. Dentro de 20 días se van a cumplir diez años de su muerte. Casi como una señal del destino, el padre de la democracia recuperada nació el día del Escudo Nacional. Y Alfonsín en vida (y ahora con su legado) fue un escudo contra la corrupción y todo tipo de autoritarismo.
Parece mentira pero ya pasaron 35 años y algunos meses de aquella epopeya refundadora de la democracia. Este sistema, que es el menos malo de los conocidos, llegó para quedarse por 100 años más. “Llegamos”, tituló Clarín con letras gigantes. Por eso Don Raúl está en la eternidad. Seguramente está tomando unos mates con don Hipólito Irigoyen y don Arturo Illia en el cielo de la austeridad republicana y la honradez. O saludando a la gente por las calles de la memoria, con dignidad y la frente alta, como le gustaba hacer aquí en la tierra
Don Raúl, el padre de la democracia recuperada, caminando lento, como perdonando el viento, según la poesía emblemática del día del padre. Don Raúl, firme en sus convicciones y peleando con coraje contra ese maldito cáncer que lo rompió pero que no lo pudo doblar, Como proclamaba Leandro Alem. Ahí está don Raúl que – mirado en perspectiva- fue uno de los mejores presidentes que nos supimos conseguir. Con todos sus errores, con todas sus equivocaciones, a 92 años de su nacimiento y a casi diez años de su muerte, creo que Alfonsín es mejor que la media de los presidentes que tuvimos y –si me apura- creo que es mejor que la media de la sociedad que tenemos. Ahí andaba don Raúl con las manos limpias, viviendo y muriendo en el mismo departamento de siempre, honrado como don Arturo, corajudo como Alem manda. No quiero decir que el doctor Raúl Alfonsín haya sido un presidente perfecto. De ninguna manera. Fue tan imperfecto y tan lleno de contradicciones como todos nosotros. La democracia es imperfecta. Pero nadie puede desmentir que Alfonsín fue un demócrata cabal. Nunca ocupó ningún cargo durante ninguna dictadura. Y eso que muchos de sus correligionarios si lo hicieron. Estuvo detenido por ponerle el pecho a sus ideas. Fue un auténtico defensor de los derechos humanos de la primera hora y en el momento en que las balas picaban cerca. Fue su bandera permanente. Se jugó la vida por eso. No fue por una cuestión de oportunismo ni para cazar dinosaurios en el zoológico. Fue defensor de presos políticos durante la dictadura, reclamó por los desaparecidos y fue co-fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Vale la pena recordar que Alfonsín hizo todo eso. Como para respetar la sagrada verdad de los hechos. Por eso, con toda autoridad, después parió el Nunca Más y la Conadep y el histórico Juicio a las Juntas Militares que ningún otro país del mundo se atrevió a hacer con la dictadura en retirada pero todavía desafiante, poderosa y armada hasta los dientes. Tuvo sublevaciones militares carapintadas, paros salvajes de la CGT y golpes de mercado que intentaron derrocarlo. Es verdad que también existieron los errores y los horrores propios. La economía de guerra y el desmadre inflacionario. La gran desilusión frente al “felices pascuas” y “la casa está en orden”. O el Punto Final y la Obediencia Debida. Y el derrumbe de la confianza en la capacidad para gobernar y ese descontrol que terminó con la entrega anticipada del poder. Si tratamos de ser lo más ecuánimes y rigurosos posibles aparecen las luces y las sombras de una gestión. Pero el paso del tiempo y la comparación con lo que vino después, lo deja a Raúl Ricardo Alfonsín del lado bueno de la historia. En la vereda del sol. Entrando a los libros como un héroe que se definió como el más humilde de todos los servidores del pueblo. Nadie puede negar que fue un patriota. Cada día los extrañamos más. En estos tiempos de cólera su sabiduría nos podría iluminar el camino. Aquellas frases dichas casi como testamento: “Si la política no es diálogo, es violencia” y “gobernar no es solo conflicto, básicamente es construcción”. Algo así como decir que la palabra enemigo hay que extirparla del diccionario político. Que solo hay que marginar a los golpistas y los corruptos. Cada día es más necesaria su apuesta a la coexistencia pacífica de los diferentes, a una república igualitaria y a la libertad. Raúl Alfonsín fue el partero del período democrático más prolongado de toda la historia. Siempre será como un símbolo de la luz de las ideas que salieron del túnel de la muerte y el terrorismo de estado.
Jamás olvidaré una discusión muy fuerte que tuvimos. Yo fui muy irrespetuoso con su investidura. Como director de una revista edité y puse en tapa una investigación que dudada de su transparencia y la de su hermano. No lo hice con mala intención. No hubo real malicia, dirían los abogados. Fue el intento tozudo y permanente de mirar en forma crítica al poder y a los gobiernos. Había información correcta y otra que luego no pudo confirmarse. Alfonsín, gallego calentón como le decían sus amigos, me vino a buscar a la editorial con un bastón en la mano para defender su dignidad. Por un lado me avergüenzo y me autocritico por no haber sido todo lo riguroso que debería haber sido profesionalmente. Pero, por otro lado, me enorgullezco de haber sido amigo de casi todos los presidentes democráticos antes y después que lo fueran. Mientras duraron sus mandatos, tuve una mirada crítica como indica el manual básico de mi oficio. Pero me alegré de recuperar su amistad. La reconciliación fue gracias a Marcelo Bassani y Jesús Rodríguez que me ayudaron. Después fui varias veces a su casa. Vino muchas veces a mi programa de televisión. Y el día que murió hice el programa más conmovedor que me haya tocado hacer. En vivo y en carne viva. Con Pepe Eliaschev, Nelson Castro, Nacho López, Luis Brandoni y Jesús Rodríguez llorando en cámara, conmovidos por tanto dolor.
Emociona ver el monumento a Raúl Alfonsín. Conmueve esa figura granítica como su honradez. Está con las manos entrelazadas en la espalda, con la cabeza algo inclinada en su típica pose. Era la manera de pensar y de dialogar del ex presidente Raúl Alfonsín. Caminar por los jardines de la Quinta de Olivos y reflexionar en forma peripatética.
Hoy está ahí, erguido en la ética de sus convicciones y responsabilidades, como un vigía de la libertad, enclavado en la plaza Moreno de La Plata. Alfonsín murió pero su legado, su coraje sigue en el corazón y en las neuronas de los argentinos. Está frente a la Catedral, con su chaleco impecable, su austeridad franciscana y esa cara de bueno capaz de seducir hasta al más acérrimo de los enemigos.
Ya no es una metáfora. Alfonsín está en el bronce. En el lugar que merecía.
Ahora los argentinos que amamos la democracia, los derechos humanos y la libertad tenemos un lugar para ir a rezarle nuestros rezos laicos.
Como aquel texto emblemático que escribió Jorge Luis Borges ese día. Allí reconoció la derrota de su teoría de que la democracia era un abuso de las estadísticas. Decretó que con el 52 % de los votos, el Cosmos había derrotado al Caos y dijo que lo que fue una agonía puede ser una resurrección porque ya no estaremos a merced de una bruma de generales.
De la utopía de aquel preámbulo que sepultó todas las dictaduras por los siglos de los siglos, amén. San Raúl de la democracia. De aquella oración patriótica que recorrió e inundó el país para poner en un altar a la unión nacional, la justicia, la paz interior, la defensa común, el bienestar general y los beneficios de la libertad.
Hoy cumpliría 92 años. Tal vez nos ayude a parir el país que soñamos. Don Raúl ya tiene su monumento y su vida y obra está en un museo y en un sitio web: es hora de honrarlo.

Vivas las queremos – 8 de marzo 2019

Baleadas, apuñaladas, golpeadas, estranguladas, asfixiadas, ahorcadas, incineradas, degolladas y descuartizadas. De todas estas maneras, durante el año pasado, se registró un femicidio cada 32 horas. Así lo asegura el informe coordinado por la Asociación Civil, Casa del Encuentro.
El Ministerio de Justicia entregó 600 dispositivos electrónicos duales que tienen unidades de rastreo tanto en la víctima de la violencia de género como en el victimario. Es una gran decisión preventiva para que el estado pueda controlar el cumplimiento de las medidas cautelares. Para que el victimario no pueda acercarse y que si lo hace, una pantalla lo detecte inmediatamente por la geo referencia.
En diez días se pone en marcha la selección de profesionales para integrar el Cuerpo de Abogados y Abogadas para víctimas de violencia de género que van a dar asistencia de manera gratuita desde el estado.
Hay que terminar con esta verdadera pandemia de femicidios. Uno cada 32 horas. ¿Escuchó bien? No alcanzan a pasar dos días y hay “un asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”. Esa es la definición institucional. Pero vamos a la ferocidad de la vida real.
Esto pasó en Ingeniero Budge.
Un hijo de puta llamado Ángel que más que ángel es un demonio, asesinó a Carolina, una muchacha de 21 años que estaba embarazada de dos meses. Le metió un balazo en la panza. Caro era la amante de Ángel que ese mismo día tuvo un hijo con su esposa. Es una película de terror que se repite demasiado seguido. No se puede creer pero dicen que la cantidad de este tipo de delitos aberrantes en nuestro país es superior a la media de otros países con mucha violencia doméstica como México, por ejemplo.
La única mujer que integra la Corte Suprema de Justicia puso el grito en el cielo. La doctora Elena Highton de Nolasco dijo que las cifras de femicidios en la Argentina son “escandalosas, un verdadero suplicio”. Suplicio, según el diccionario es “una lesión o muerte aplicada como castigo o un sufrimiento moral que se puede asimilar a la tortura”.
Los datos son aterradores por donde se los mire.
El informe oficial, una verdadera radiografía de este drama, fue presentado por la ministra de seguridad, Patricia Bullrich. Ella definió al femicidio como “el asesinato de una mujer, o de quien se identifique como tal, por el solo hecho de serlo”. Ya le comenté las estadísticas del 2018. Pero las del 2017 muestran que el promedio en el país es de 1,31 muertes cada 100 mil mujeres. Insisto: ese es el promedio. Otro dato terrible: la mitad de las víctimas tenían menos de 30 años. Y el 44% compartía el techo con el victimario. Violencia doméstica.
Highton de Nolasco también denunció el machismo judicial y condenó la liberación temprana de los acusados o condenados por violencia de género. Yo le agregaría que la liberación a la velocidad de la luz de los delincuentes se verifica en todo tipo de delitos. Pero ese es otro tema.
Ahora hay que frenar los femicidios. Decir Nunca más. Basta. Hacer campaña por todos lados. Cambiar la cultura. Sembrar educación.
La prioridad absoluta es parar los femicidios. No desviar nuestra energía en temas menores. Primero la vida.
Le confieso que uno de los casos más repugnantes que recuerdo es el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Es una gigantesca humillación de la condición humana y de género.
El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y asesor de Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer una débil pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor”.
¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché al ala kirchnerista de las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.
La prédica zaffaroniana de que casi todos los delincuentes son producto de ” las injusticias del sistema capitalista”, se hizo doctrina y dogma. Hoy muchos de los criminales de mujeres reincidentes y violadores caminan por las calles.
Por eso hoy, en el día de la mujer, emociona y conmociona ver y sumarse a miles de mujeres que en la calle se juran a sí mismas luchar hasta exterminar la violencia de género y los trogloditas criminales del machismo. Los carteles caseros lo vienen diciendo todo. Lo gritan, en realidad, lo exigen: “No nos maten más”, “Juntas somos infinitas” y “Vivas nos queremos”.
Claro que las queremos vivas, claro que nos queremos vivos y que juntos somos ciudadanos en movimiento que levantamos la guardia para defendernos y extirpar la parte más oscura y repugnante de una sociedad que denigra a la mujer, que la somete y la reduce a la servidumbre. Por momentos siento que algunos varones han retrocedido a la época de las cavernas, que han escupido a la civilización y que creen que pueden tener a una mujer en un puño con un puñetazo.
Hay que ser muy perverso. Una mujer es una mina que amamos, nuestra vieja querida del alma, la hija que tanto miedo nos provoca cuando tarda en llegar de la facultad, la madre que nos sembró de hijos nuestra existencia, nuestra abuela de la sabiduría. 
En los momentos más terribles, a la hora de descender a los infiernos, las pobres mujeres llegan a preguntarse si las culpables no son ellas. Hasta tanto llega la humillación que ella, la víctima, llega a dudar de su condición. Llegan a pensar que por su culpa él golpeador, las golpea.
Por eso tienen que asesorarse con un abogado y hacer la denuncia. Saber que están dando el paso más importante de su vida. Y que es para salvarse de la muerte. Nada menos. Ni una menos. Ni una más. Nunca Más.
Las crónicas de los últimos tiempos están repletas de muerte y sangre. Una violencia de género cargada de un odio sin límites que extermina incluso a familiares o amigos en lo que se llama técnicamente “femicidios vinculados”.
Es tan grande el horror que la información parece inventada o salida de las novelas de la crueldad.
Hay que combatir a esos criminales que matan a sus seres queridos. A sus esposas o novias, a sus hijos a los familiares y a los amigos. Pretenden dinamitar todo vestigio de esas mujeres que no quieren ser propiedad de nadie. Saben que hace mucho se acabó la esclavitud. Todos los que rodean a una mujer amenazada tienen que hacer la denuncia y no dejarla sola. Estar cerca, acompañarla, protegerla y estar alertas, siempre con la guardia alta.
No me entra en la cabeza que algún animal que no merece ser llamado hombre pueda cometer semejantes aberraciones.
¿Que nos está pasando? ¿Cuál es el nivel de cobardía y de salvajismo de andar matando mujeres? ¿Cuántos casos por día hay de maltratos, de golpes brutales que terminan con la muerte femenina?
Insisto con la pregunta original que no tiene respuesta: ¿Qué nos pasa? Esta opinión intenta ser un alerta y un aporte al combate contra semejante horror y a aumentar la condena social. Todo el que sea víctima de violencia de género o conozca a alguien puede hacer la denuncia al teléfono 144 durante las 24 horas.
Son mujeres asesinadas por machos que, insisto, no merecen llamarse hombres. Son infames varones que avergüenzan al género y a la condición humana.
Estos energúmenos por lo general están cortados todos por la misma tijera. Responden al mismo patrón criminal. Primero les gritan a sus esposas, novias o amantes. Se sienten sus propietarios y no sus compañeros de afecto. Después les pegan, las humillan, las castigan con ferocidad, y les provocan un pánico que las paraliza. Muchas veces, los golpeadores se descontrolan con el alcohol o la droga. No los frenan ni los hijos en común ni los embarazos.
Son realidades repugnantes y horrorosas.
La canción de Axel y Soledad lo dice con toda claridad.
No es no 
Y hay una sola forma de decirlo entiéndelo 
No es no 
Y no hace falta que lo justifique 
Cuando digo no es no 
No tengo que gritarlo ni sentir vergüenza al decirlo, no
No es no 
No importa si lo digo sonriendo o llorando 
No es no 
En cualquier idioma se comprende y queda claro 
Porque no es no 
Con una vez alcanza no hace falta repetirlo 
No es no. Debemos unirnos en la exigencia de juicio, castigo y condena a los culpables. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: “Basta. Nunca más un femicidio. No es no.