La voz de Mitre informa primero – 6 de noviembre 2018

Todos los que trabajamos en Radio Mitre nos levantamos con una sonrisa. Porque Clarín y el colega Federico Ladrón de Guevara, hicieron justicia con una entrevista a nuestro querido Héctor Norberto Tricinello, conocido en los pasillos como “Trichi”. El título de la nota lo dice casi todo: “La voz vitalicia del servicio informativo”. El gran Trichi, cuenta ahí que el Mitre Informa primero compite contra twitter y le gana. Y que siempre chequea toda la información porque el insumo más importante de esta radio es la noticia y su principal capital es la credibilidad.
Hace 4 años me dí el gusto de hacerle un humilde homenaje que hoy vale la pena corregir y aumentar. Allí decía:
Es la voz de la radio y por lo tanto es la voz de la historia de los últimos 51 años. Es el capitán de la selección nacional de periodismo que juega en esta cancha llamada radio Mitre. Cuando el habla, todos nos callamos. Escuchamos y aprendemos. Todos lo queremos y le decimos Trichi, como si fuera de la familia. Es que tal vez todos somos o queremos ser de la familia de Héctor Norberto Tricinello que es como ser de la familia de las noticias, de las primicias y las verdades. Trichi mira fijo al micrófono y el micrófono sabe que tiene que respetarlo. Jamás le temblaron las cuerdas vocales para anunciar un último momento porque ya se sabe que Mitre informa primero. Su voz le anuncio a los argentinos que Alfredo Yabrán se había suicidado. Su tono te obliga a escuchar. Tiene en la garganta la melodía de los grandes del periodismo radial. Es el Cacho Fontana de los informativos. El que dice con seguridad, a las 18 hs de los domingos de elecciones, quien será el presidente de la Nación, según los bocas de urnas. Su vida es la radio y su familia. Nació entre auriculares y luces rojas. Su padre, Alfonso, era el jefe de ordenanzas de radio Belgrano y por ahí andaba jugando el Trichi, de pantalones cortos, soñando con salir al aire, con hablar para las multitudes desde la soledad de un estudio. Se hizo bien de abajo y por eso llegó tan alto. Fue cadete todo terreno, corto cables, cebo mate, hizo miles de llamados averiguando información, aprendió a redactar los boletines en una vieja máquina Olivetti cuando nadie soñaba que existiría el Facebook. Jamás olvidara su primicia más terrible. Cuando dijo que había un incendio en un boliche de Once y no imagino la tragedia Cromagnón que se venía. La vida del hombre de radio siempre está al borde de la tragicomedia de los furcios, de los errores nuestros y de los ajenos. En un aniversario de Mitre estaban pasando de archivo el viejo audio de cuando anuncio Cromagnon. Y en un minuto, la placa roja de Crónica repitió como si fuera actual aquel antiguo adelanto. Era tanta la confiabilidad de Trichi que aún grabado y de archivo parecía de actualidad caliente. Así es Trichi desde hace más de 51 años cuando empezó por este camino. Subió muchas veces con Jorge Porta y sus compañeros a levantar algunos de los 24 Martin Fierro que ganaron al mejor noticiero. Se habían cansado de ganarlo. Habían hecho escuela. Todos los informativos fueron hechos a su imagen y semejanza. Habría que ponerse de pie para nombrarlo. Es el que ayuda a todos, el que da consejos, el que jamás hace una zancadilla ni tiene veleidades de vedette de los medios. Que lo sepan todos los oyentes, Héctor Norberto Tricinello es un laburante, un artesano de la noticia que redactó y leyó miles y miles de boletines. Micrófono en mano, cubrió en la calle el asesinato de José Ignacio Rucci. Era movilero de tiempo completo. Eran tiempos donde las balas picaban cerca. En un ambiente donde sobran los soberbios que se creen dioses y no le ganaron a nadie, Trichi es un tipo sencillo que espera la luz roja y la cortina y saca conejos de su galera de noticias. Es periodista, locutor, es el sumo pontífice de este templo del periodismo. Fue el que anunció el secuestro de Mauricio Macri. Su primer día de trabajo fue el 22 de marzo del 67, justo el día del cumpleaños de su viejo. Su primer boletín lo leyó en 1974 en un programa que conducía Fernando Bravo. Allí puso en práctica todo lo que había aprendido en el COSAL pero todas las condiciones naturales de una garganta prodigiosa.
El gran dolor de su vida fue no haber podido llevar a sus viejos a Italia. Maldita suerte, Alfonso y Catalina se le murieron antes. Sus padres, se habían puesto de novios en el primer trabajo, en la fábrica de bombones. Ella además aportaba a esa casa de parque Chacabuco donde nunca faltaba ni sobraba nada con su trabajo de modista. Se quedaba cosiendo hasta la madrugada. Tanos laburantes que apostaron a la cultura del esfuerzo. Pero la gran alegría de Trichi es que pudo ir a la tierra de sus ancestros con Patricia, su amada esposa y lo que más quiere en la vida, el pibe, Alejandro que se recibió de abogado y su padre tuvo la tentación de anunciarlo como un título en el panorama de las 17 hs. Le tendríamos que haber regalado al Trichi un camión de baberos. Se pudo dar el gusto de ir al Vaticano y saludar a un papa argentino. Las cámaras de la tele enfocaban a Francisco y en un momento le hicieron un primer plano a el. “Es el Trichi “, gritaron todos en la radio y después le hicieron un video de recuerdo. Un milagro más del Papa. Un último momento de la vida. Un esto pasa ahora. Nació cerca del viejo Gasómetro pero sufre por su Racing de Avellaneda. Alguna vez quiso ser dentista pero eligió dejarnos con la boca abierta de asombro por las noticias. Siente pasión por la radio. El hijo del ordenanza que nació en un conventillo del barrio de San Cristobal y una obrera de la alimentación y modista es un hijo y un padre de la radio. Sus documentos dicen que se llama Hector Norberto Tricinello. Hoy salió en Clarín y fue una caricia para todos los periodistas que amamos y buscamos la verdad. Señor oyente, dígale, te felicito Trichi y no se va a equivocar. Es la voz del periodismo. El capitán del equipo.
La voz que siempre informa primero.

Calabró x 5 – 5 de noviembre 2018

Hoy se cumplen 5 años de la muerte de Juan Carlos Calabró. Aquel día y durante mucho tiempo, el humor nacional estuvo de luto. Aunque suene contradictorio, es verdad: a la sonrisa argentina se le escapó una lágrima. Esto es como una mueca mezclada de columna en homenaje a un artista inmenso que nos mejoró la vida a todos y recuerdo por el dolor por la pérdida de un ser querido.
Con la muerte de Juan Carlos Calabró, murieron muchas cosas. Porque era uno de los últimos de una estirpe de cómicos que formatearon nuestra identidad como Luis Sandrini, Juan Carlos Altavista, Dringue Farías, José Marrone, Pepe Biondi, Alberto Olmedo, Tato Bores y tantos otros. Todos hicieron cine y teatro pero explotaron en la televisión. Allí se metieron en nuestras casas y en nuestros corazones. Allí se hicieron pasión y carcajadas de multitudes. Era un tiempo que fue hermoso. Era otra televisión donde la ingenuidad y el chiste de salón con alguna que otra picardía zafada, convocaba a la familia alrededor de la pantalla. Todavía no habían desembarcado en la tele males como el puterío y la pelea a los gritos para mejorar el minuto a minuto pero para tirar a la basura la gloria y la historia.
Con Juan Carlos Calabró, hemos perdido además a un oyente y a un amigo de todas las tardes. Tal vez porque su carrera de locutor lo hizo arrancar por la radio con un programa que se llamaba “Farandulandia”. El Cala era nuestra conciencia del otro lado del micrófono. Era capaz de llamar por teléfono y hablar con un productor para aportar un dato, una anécdota y para elogiar un momento de radio, una columna como esta. Ojalá Juan Carlos pueda escuchar estas palabras. Ojalá pueda sintonizar radio Mitre, donde hoy trabaja su hija Marina, desde el paraíso de la risa a donde seguramente fue a parar. Ojalá tome este responso como un gran abrazo que le dice gracias por todo. Por tu vida y obra. Y por los regalitos pintados a mano que solías traernos al estudio. Esos platos, esas botellas, esa manera de pasar las horas entretenido cuando los 80 venían degollando. Juan Carlos, Cala, Calita, gracias por tantos cuentos. Por tu mirada pícara. Por ese “contra” tan argentino y tan nuestro donde cabeceabas al gol los centros que te tiraba Marcos Zucker al principio y después Antonio Carrizo y también Fernando Bravo. Gracias por demostrar que no hace falta ser chabacano ni putear todo el tiempo. Por tu apuesta a la trayectoria de manos limpias hoy te recuerdan Coca, tu esposa eterna. Tus hijas, Ileana y Marina y 4 nietos que te disfrutaron hasta el final, hasta que ese maldito riñón con cara de vinagre y mala onda te mandó al cielo que te habías ganado con gran esfuerzo. Que se enciendan las luces del viejo varieté como en aquellos teatros de revista donde luciste tu talento y tu frac impecable en el Maipo, el Nacional y el Astros. Que un director diga vamos que venimos y se prenda la luz roja, que te rías improvisando chistes al aire como en Telecómicos, con los textos de Aldo Camarotta y Delfor. Que la radio te convoque locutor y actor como en tus comienzos, que no falte Jhonny Tolengo (a) El Majestuoso y sus anteojos exagerados. O el gran Renato, la ternura de Anibal y tantos personajes que supiste rescatar de la realidad cotidiana.
Aníbal y Mingo fueron una pareja emblemática que se cansó de meter éxitos y carcajadas en el cine. Minguito Tinguitella y Calabró fabricaron “Mingo y Aníbal en la mansión embrujada contra los fantasmas, o dos pelotazos en contra. Calabró participó en 16 películas, y en 3 de ellas compartió cartel con Susana Giménez. Hincha del humilde de Villa Dálmine, disfrutaba sus cafecitos en Tabac y celebraba los premios con todos: el Konex, el Estrella de Mar y, por supuesto, el Martín Fierro.
Juan Carlos tenía la sensibilidad actoral suficiente como para inventar sus propios personajes. Era como mirar nuestros defectos o nuestras exageraciones y desmesuras y reírnos de eso. Nos queda mucho de su herencia. Jamás olvidaremos sus “Calabromas”. Ni aquel silencio inmenso y ovación inmediata que logró en el homenaje durante la entrega de los premios Martin Fierro. Nos quebró la voz a todos. Nos llenó la garganta de angustia. Y como buen genio no quiso romper una regla del mundo del espectáculo y terminó con una broma. Levantó la estatuilla y le dijo a su esposa: “Coca, uno más para lustrar. Ya estamos cerca de Mirtha, nos faltan 14.”
El decía que supo fabricar sus propios muñecos y personajes. Fueron creaciones totalmente originales que llevaban su marca en el orillo. Son los fantasmas de la risa que hoy estarán derramando una lágrima.
Esas alegrías repartidas a domicilio vivirán eternas en los momentos de felicidad de nuestro pueblo. El humor hace 5 años que lo extraña. Un día como hoy, Juan Carlos Calabró se iba de gira.
Que en aplausos y risas descanse.

Maldacena, el genio de Caballito – 2 de noviembre 2018

Le confieso que estoy intoxicado de ver a tantos corruptos que todavía están en carrera. A veces nos invade una sensación de impotencia que nos lleva a pensar que todo está perdido y que este país no tiene solución. O que todos los argentinos somos iguales. Y yo estoy convencido que no es así. Que la inmensa mayoría somos gente buena, trabajadora, inteligente, honesta y solidaria. Y que hay algunos que son unos genios que no terminamos de admirar como debemos. Está muy bien que nos llene de orgullo Lionel Messi y sus gambetas mágicas. Pero también tenemos que emocionarnos y convertir en ídolos o ejemplos a seguir, a los Messi de la ciencia.
Hoy vuelvo sobre la epopeya de Juan Maldacena que vivía a la vuelta de mi casa, en Caballito. Lo hago como una suerte de apuesta a la autoayuda. Para levantarnos el ánimo y no permitir que nos ganen los Lázaros, ni los Cristóbal ni las Cristinas.
Juan Martín Maldacena está a punto de convertirse en el primer latinoamericano en recibir la “Medalla Lorentz” que otorga la Academia Real de Artes y Ciencias de los Países Bajos. Todo el mundo dice que es la antesala del premio Nóbel. Y aportan un argumento numérico: de los 21 científicos que recibieron esa medalla, luego 11 llegaron al Nobel.
Maldacena es un gigante de las neuronas y la materia gris. Lo vengo siguiendo desde junio de 1999. Hace 19 años escribí la primera columna sobre Maldacena jugando con el título de “El Einstein de Caballito”. Medio en broma y medio en serio yo decía que el nuevo Albert Einstein vivía a la vuelta de mi casa.
Usted va a pensar que estoy loco, que se me disparó un chip. Pero le estoy diciendo la verdad y nada más que la verdad. Es más, se lo repito por si no lo escuchó: el nuevo Einstein vivía a la vuelta de mi casa.
¿No me cree? ¿Quiere que le dé más datos? Maldacena tiene 50 años recién cumplidos. Nació en Caballito y supo estar en la tapa de varios diarios del mundo porque ganó el Yuri Milner que es un premio a la física fundamental que consta de tres millones de dólares. ¿Escuchó bien? Tres millones de dólares. Le doy un dato para comparar. El premio Nóbel otorga apenas un millón doscientos mil dólares. Otro dato emocionante: gran parte de ese premio se convirtió en una generosa donación para el Instituto Balseiro, a donde vuelve siempre para formar estudiantes. Pero esto no es todo. A los 30 años, Juan, recibió en Budapest uno de los mayores reconocimientos que existen en el campo de la ciencia y fue tapa del New York Times. ¿Qué me cuenta? Podríamos hacer una película titulada: “Juan, de Caballito a Budapest”. O mejor dicho, a Harvard, porque allí en Harvard, en la cumbre de la excelencia educativa se mueve este ex vecino del barrio de Caballito. Es el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard.
Permítame que le cuente esta historia luminosa que nos debería hacer inflar el pecho de orgullo a los argentinos. Es una forma de superar tanta irracionalidad y odio que a veces siembra la realidad cotidiana. Una manera de equilibrar tanta mala nueva. Le hablo de Juan Martín Maldacena a quien deberíamos subir al podio más alto y otorgarle una medalla de oro gigante. Maldacena es el creador de una teoría revolucionaria que lo convirtió en el niño mimado de la física moderna y en uno de los científicos más populares del planeta. Muchas publicaciones científicas se preguntan si no estamos ante la presencia de un nuevo Albert Einstein. Es que precisamente, su gran descubrimiento tiene que ver con ese emblema universal del conocimiento. Juan formuló una nueva teoría que explica mejor como está formado y cómo funciona el universo. Una pavadita, ¿no?. Repito: como está formado y cómo funciona el universo. Y yo muchas veces no puedo programar el control remoto de la tele. Esa teoría fue bautizada “La conjetura de Maldacena” y logró unificar teorías que parecían irreconciliables: la teoría de la relatividad de Einstein y la de la mecánica cuántica. Por eso le digo que el nuevo Einstein nació a la vuelta de mi casa en Caballito. Y porque es profesor en la Escuela de Ciencias Naturales del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo en el que trabajó y murió Einstein.
Hasta los 15 años vivió en Avenida La Plata y Guayaquil. Juan es producto de la movilidad social ascendente de una típica familia de clase media que pudo enviar a su hijo a la universidad. Luis, ingeniero y Carmen, traductora de inglés, los padres de Juan le pudieron dar educación superior también a sus otras dos hijas. De aquel sueño de “Mi hijo el doctor” de Florencio Sánchez a esa utopía del progreso que es que nuestros hijos sean mejores y más felices que nosotros. Juan estudió dos años en Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Y después en nuestra meca científica del Instituto Balseiro de Bariloche. Insisto con esta propuesta: creo que historias como esta merecen ser contadas porque nos ayudan a levantar el ánimo entre tanta basura de inseguridad y mega corrupción con impunidad. Es como una forma de decir que podemos. Si alguna vez pudimos, podemos. Como dice el lema de la maravillosa expedición argentina de Atlantis: “Que el hombre sepa que el hombre puede”.
Es emocionante recordar cuando recibió el premio “Javed Husain”, en Hungría ante 2.000 científicos, uno más bocho que el otro. Tenía 30 años. Y los más grandes centros científicos del mundo lo querían fichar en su plantel. Solo basta con decir ese apellido y entre los más grandes intelectuales saben que se está hablando de Argentina. La CNN y la revista Time apostaron a él como futuro líder. ¿Y cuando dio la vuelta olímpica? Se lo trato de explicar con palabras sencillas tal como lo entendí yo que soy un humilde e ignorante mortal. Mi ex vecino de Caballito relacionó y unificó la “Teoría de la Relatividad” que describe el funcionamiento de objetos tan grandes como estrellas, galaxias o el propio universo con la teoría de la mecánica cuántica que analiza el comportamiento de los mundos infinitesimales como los electrones o los Quarks. Hasta ahí llego y no sigo porque me estalla el cerebro.
Juan es católico practicante y fue condecorado por Juan Pablo II igual que el recientemente fallecido Steven Hawking, con el que también trabajó y hace años ingresó como miembro a la Academia Pontificia de Ciencias.
Vive entre complejas ecuaciones, moléculas, el cosmos y los agujeros negros. Trabaja en un espacio con 5 dimensiones que se llama hiperbólico. Anota todo en papel y lápiz y la computadora la deja solo para contestar mails y navegar por internet. Pero Juan extraña las montañas de Bariloche que solía escalar, y nuestra música folcklórica, con guitarra y bombo. Con sus neuronas Juan supo generar cosas insólitas. En una convención muy importante de estas mentes superiores, uno de la universidad de Chicago, cambió la letra de “Macarena” por “Maldacena”. ¿Se acuerda? “Dale alegría a tu cuerpo Maldacena” y todos se sumaron al coro de la canción más popular de la historia contemporánea en los Estados Unidos y que fue la base de la campaña electoral de Bill Clinton. Dale alegría a tu teoría Maldacena, cantaban los muchachos. Dale alegría a la Argentina, Maldacena, podríamos cantar nosotros en estos tiempos de cólera.
Aunque algún descreído diga: que va a cantar bien Maldacena si vive a la vuelta de casa. Es un Einstein celeste y blanco.