Cristina y Alberto contra todos – 1 de julio 2020

Cristina y Alberto atacan de nuevo. La gran mayoría de sus acciones y declaraciones son contra todos. Es como si el autoritarismo o el patoterismo de estado, fueran una actividad esencial de este cuarto gobierno kirchnerista. No descansan en su agresividad ni en la cuarentena eterna. Gran parte de la sociedad se pregunta: ¿Cuándo volveremos a la fase constitucional?
Casi ningún sector se salva de sus retos, escraches y amenazas. Les están arruinando la vida a los jubilados y a los comerciantes de clase media.
Pero primero van por el resto de los pilares republicanos para quedarse casi con la suma del poder público. Hablo del poder judicial y el legislativo.
Contra la justicia. Desde que sellaron el pacto de impunidad y Cristina le ofreció ser presidente, Alberto Fernández mira para otro lado mientras la reina mueve sus piezas de ajedrez. La ministra Marcela Losardo, apreciada por prudencia y capacidad técnica, está prácticamente pintada. Ni habla ni ejerce como jefa de su cartera. Dicen que no pega el portazo con su renuncia para no provocarle más daño a la erosionada investidura presidencial. Pero la justicia en este país la maneja Cristina con Juan Martín Mena que solo en los papeles es el segundo. Es un ministerio expropiado por Cristina. Copó con sus soldados todos los puestos claves. Carlos Zannini, Horacio Pietragalla, María Laura Garrigós de Rébori, Felix Crous, Claudio Cholakian, Gerónimo Ustarroz, Mariano Recalde, Vanesa Siley, son solo algunos de los más importantes. Ellos tienen el mismo objetivo de lograr la impunidad para Cristina y todos los integrantes del Cartel de los Pinguinos y de paso, hacer desfilar por tribunales a la mayor cantidad de opositores y periodistas independientes que puedan.
Pero eso no les alcanza. Van por la Reforma Judicial y la Corte Suprema. Con una ingenuidad rayana con la complicidad, Gustavo Béliz y Vilma Ibarra, honestos funcionarios, le dieron forma a una reforma que por lo que se conoció, es bastante razonable. Pero, los cristinistas le arrebataron el proyecto. El nuevo, en la interna, es conocido como “La Deforma Judicial”. Estará a cargo de los talibanes de Cristina como Eugenio Zaffaroni y su propio abogado, Carlos Beraldi y tendrá cambios revolucionarios que es la forma que tienen de llamar al chavismo K en los tribunales. Tirar por la ventana a los actuales jueces y fiscales independientes y ampliar los miembros de Comodoro Py y de la Corte es parte de su agenda. Quieren militantes en cada despacho y mayoría automática en el máximo tribunal. Ya avisaron las doctoras Garrigós de Rébori, fundadora de Justicia Legítima y Graciana Peñafort, abogada de Cristina y de Boudou y jefa legal del Senado. Ambas dijeron que no les gusta el funcionamiento actual de la Corte y es como si lo hubiera dicho Cristina. Por lo menos fueron más civilizadas que Hebe Bonafini que propuso directamente tomar la Corte Suprema ante el aplauso de Gabriel Mariotto y hasta del mismísimo Julio Piumatto.
Contra el Congreso.
Cristina no tiene los dos tercios de los senadores y por lo tanto le va a costar muchísimo consagrar a Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación. El próximo jefe de todos los fiscales es la frutilla del postre de la impunidad. De todos modos, a Cristina le importan poco los reglamentos y los límites. Ni siquiera cumple con la mínima exigencia de utilizar barbijo como todos los mortales. Ella va por todo y lo demuestra en cada sesión. Se trataron proyectos por afuera del tema de la pandemia, cosa que no estaba dentro del acuerdo. Y se votó una comisión investigadora ilegal e inconstitucional solo a los efectos de apretar a Vicentín y ensuciar a Javier González Fraga ex jefe del Banco Nación. Lo aprobaron por simple mayoría y encima Cristina dejó mudo al jefe del bloque opositor porque desconectó el sistema remoto.
El maltrato y la soberbia, además son permanentes. Así será difícil acercar algún senador más para juntar mayorías calificadas. Salvo que la billetera del presidente le quiebre la resistencia a los gobernadores opositores y obliguen a sus senadores a votar al lado de Cristina. Sería un escándalo institucional muy grave. Veremos si eso ocurre.
Contra las empresas.
Los casos de Vicentín y Latam son bastante conocidos. A una la quisieron expropiar y la sociedad civil se los impidió. A la otra, lograron fundirla y obligarla a que se vaya del país. La Cámpora en Aerolíneas y Pablo Biró entre los gremios aeronáuticos, le hicieron la vida imposible. Apelaron a “La gran Néstor” que se utilizó tanto en Santa Cruz. Hostilidad permanente hasta obligarlos a vender o a que se vayan.
Lo de Vicentín fue tragicómico. Los setentistas sin votos y La Cámpora celebraron la expropiación inminente como si fuera el Asalto al Cuartel Moncada. Pero Alberto reculó y los dejó colgados del pincel. Hasta Graciana Peñafort, la propia vocera legal de Cristina, prometió una expropiación que hasta ahora no pudieron cumplir. Hacen una lectura equivocada de la correlación de fuerzas. Ganaron la elección pero más de 10 millones de personas van a resistir las “ideas más locas”, como dijo en su momento Alberto. Necesitan más volumen político para avanzar y se les hace complicado por la actitud sectaria y altanera de la vice presidenta. Tal vez recurran a más autoritarismo y ciertos niveles de violencia y eso podría complicar todo. De bronca acusaron a Vicentín de aportar a la campaña de Macri. De inmediato se supo que diez accionistas de esa empresa habían hecho fuertes aportes económicos para la campaña de Cristina y que ella había estado en una inauguración del grupo y que hasta había pedido su parte de acciones. En broma por supuesto.
Pero lo de estos día no es ninguna broma. Acusaron al Banco Nación gestión macrista de la cantidad de créditos que le dieron a Vicentín. Y otra vez, enseguida se supo que durante la gestión de Cristina le habían dado más créditos todavía. No pegan una porque quieren jugar por afuera del sistema.
Alberto los trató de miserables a los de Techint. Pero hace unos días, intentó cambiar el clima anti negocios y felicitó al empresario Marcelo Midlin, durante la puesta en marcha de una planta de generación térmica.
Fue una señal positiva para los empresarios que otra vez destruyó con un tuit una cristinista chavista de la primera hora. Alicia Castro, escribió: “Midlin compró IECSA, del primo de Macri y fue el campeón de los que operaron con dólares y el mecanismo macrista de vaciar al país con sus amigos y cargar la deuda privada sobre la espalda del pueblo. Felicitar a Midlin es como si en Estados Unidos felicitaran a Al Capone” Teléfono para Alberto.
El exitoso desarrollador Eduardo Costantini, durante una video conferencia dijo lo que muchos de sus pares no se atreven: “al gobierno se le ocurren cosas que meten miedo. No será fácil cambiar las expectativas negativas. La economía fue puesta en coma farmacológico. Liberaron personas como Boudou, hablan de impuesto a la riqueza. (Horacio Verbitsky, operador en las sombras de Cristina anunció que lo presentarán el 14 de julio).
Constantini dijo ante la Bolsa de Comercio de Córdoba que todo esto va a producir mayor recesión, sobre todo cuando avanzan sobre Vicentín o cuando dicen que sus planes los van a concretar “por la razón o por la fuerza”. Finalmente confirmó que la clase media va a sufrir mucho porque el efecto económico de la cuarentena va a ser monumental y además Argentina está aislada”. El dato de la caída económica de abril es pavoroso. El 26,4% es el derrumbe más grave de la historia y confirma la hecatombe social a la que vamos.
Contra el campo.
Hubo más de 60 roturas de silo bolsas en las zonas más productivas de la Argentina agropecuaria. Hubo hasta robo de ganado, carneo de corderos e incendio intencional de un par de campos. La queja de los chacareros se hizo escuchar fuerte porque el nivel de impunidad para cometer esos delitos salvajes es total. No hubo un solo detenido, ni un solo sospechoso. Son ataques coordinados cargados de odio ideológico absolutamente irracional. Porque ni siquiera lo roban para utilizarlo. Destruyen los granos pese a que esos productos podrían ser alimentos para la gente, los animales o dólares de exportación, tres cuestiones que el país necesita y que militantes kirchneristas se encargan de destruir. Entre algunos tuiteros K se incentivó para cometer esos delitos como una forma de venganza contra la oligarquía macrista. Pero Hebe Bonafini no tuvo problemas en convocar a semejante irracionalidad y violación de la ley. Los ministros, Sabina Frederic y Luis Basterra descartaron ante los representantes del campo que “se tratara de cuestiones de odio ideológico o por política y militancia”. ¿Cómo saben Basterra y Fréderic que no son militantes cristinistas empujados por la bronca contra el campo o por las órdenes de Hebe que hizo públicas. ¿Cómo saben si nunca detuvieron a nadie? Ojo que este tema tiene otro costado de mucha gravedad. Estos sabotajes en algunos casos dejan a los agricultores sin posibilidades de seguir trabajando o pierden gran parte de su esfuerzo. Lo más grave sería que ante la inacción del estado, muchos quisieran hacer justicia por mano propia. Ojo con eso. Seria producto de una descomposición social de la que sería muy difícil regresar y que nadie quiere.
Todas historias tenebrosas de los Fernández que van por todo y que atacan de nuevo.

Alberto, el comandante chavista – 30 de junio 2020

Hasta ahora, Alberto Fernández de Kirchner se venía haciendo el otario. Gambeteaba el tema. Sanateaba las respuestas. Pero en los últimos días, el “presidente testigo” salió del placard y confirmó su amor por Hugo Chávez, el socio fundador con Fidel Castro de las dictaduras nacional populistas en América Latina. Un poco de cholulo con Lula, en una video conferencia, Alberto se confesó y dijo que extraña a todos los líderes fascistas de izquierda como Evo Morales, Rafael Correa (ambos prófugos de la justicia de sus países), entre otros a los que mezcló con ex presidentes socialistas democráticos y honrados como Michelle Bachellet, Ricardo Lagos o Tabaré Vázquez. En un impulso de soberbia y altanería, Alberto dijo que solamente hay dos presidentes que quieren cambiar el mundo: el impresentable machirulo Andrés Manuel López Obrador de México y el mismo. Vale la pena escucharlo para conocer al verdadero Alberto, al de las mil caras, capaz de cambiar y dar un giro de 180 grados en dos minutos.
Alberto, en su lamento por no tener a Néstor o a Chávez, comete un par de olvidos imperdonables. No nombra a Cristina. ¿Qué pasó? Esto no termina bien, profesor. Se vienen los retos monárquicos. Alberto nombra como “próceres” a Néstor y a Chávez y no dicen ni una palabra de Cristina. Y el otro problema, tal vez haya sido una amnesia parcial o fue no se animó a tanto. No nombró a Fidel Castro, el padre ideológico y reverenciado de la mayoría de todos esos muchachos. ¿Por qué Alberto no dijo que extrañaba a Fidel? ¿No se animó? ¿Era too much, diría Cristina? Porque ella y su hija Florencia están totalmente agradecidas al marxismo jurásico de la decadencia cubana que tiene presos políticos a granel, vinculaciones graves con los narcos, persecución a los homosexuales y una absoluta falta de libertad. Por eso, al igual que en Venezuela, millones de ciudadanos son capaces de arriesgar su vida para huir de Venezuela o Cuba.
Hasta ahora, Alberto venía disimulando. Es más. Una vez en un tuit se atrevió a criticar a Maduro y a Cristina. Fue el 18 de mayo del 2016, hace apenas 4 años. En términos históricos no es tanto.
Pero este deschave chavizante de Alberto se reflejó no solo partidariamente con Lula. También institucionalmente en dos decisiones del gobierno nacional que dan vergüenza ajena.
Primero, llevaron a nuestro país al peor de los mundos en la Organización de Estados Americanos. Solo seis países se abstuvieron de condenar la tiranía de Maduro: México, cuatro países pequeños sin demasiado peso político específico y Argentina. El mundo libre y civilizado, nos mira con sorpresa e indignación. Los inversores ni nos miran. Se van para otros países.
Pero como si esto fuera poco, desde el punto de vista de la seguridad nacional y de la lucha contra el terrorismo, el gobierno de los Fernández resolvió mediante un decreto y en medio de la cortina de humo de la pandemia, derogar la doctrina de defensa que consideraba al actual régimen de Venezuela como “una amenaza a la paz sudamericana”. Los Fernández resolvieron volver a la normativa cristinista que pone la mira en el “poder descomunal y la supremacía indiscutible” de los Estados Unidos.
Maduro acaba de expulsar a la embajadora de la Unión Europea en represalia porque ese organismo sancionó a 11 funcionarios chavistas por graves violaciones a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.
La decisión de los Fernández nos vuelve a alinear con los peores países del mundo, con los menos democráticos y los más beligerantes y que, en muchos casos, impulsan al terrorismo.
La relación de Venezuela como cabecera de playa de Irán en esta parte del mundo también explica el pacto tenebroso que Cristina y Héctor Timerman firmaron para encubrir a los terroristas que volaron la AMIA. En estas horas, Maduro tiembla por la detención de Alex Saab, testaferro de las autoridades chavistas y nexo con Teherán. Está preso en Cabo Verde y a punto de ser extraditado a los Estados Unidos. Nada casualmente, Cristina publicó otro video novelesco de la factoría de Tristán, el ministro de la Propaganda y la Venganza que viene de fracasar en Tecnópolis con su intento de ayudar al combate sanitario contra el coronavirus.
En el flamante capítulo del Netflix ladri progresista, Cristina nuevamente responsabiliza al macrismo, a los medios hegemónicos y el poder judicial, de sus propias culpas en el encubrimiento a los terroristas que volaron la AMIA. Según su expresión de deseo, dice que un informe de Interpol hace caer todas las mentiras que armaron para “perseguir, destruir y encarcelar a opositores políticos” porque las “alertas rojas siempre estuvieron vigentes” Con su tono de actriz melodramática dice: “Lawfare al palo”.
Tomás Farini Duggan, abogado de familiares de víctimas de la AMIA, destrozó en un minuto los argumentos de la ex presidenta que está procesada en esta causa que inició el fiscal Alberto Nisman unos días antes de ser asesinado. Farini Duggan dijo que el informe de Interpol, demuestra “todo lo contrario de lo que dice Cristina porque las alertas rojas si estuvieron en peligro y sufrieron una mácula”.
Como si esta escandalosa búsqueda de impunidad fuera poca, el jefe de todos los abogados del estado, Carlos Zannini, que también está procesado en esa causa, le pidió al tribunal que anulara el juicio que está en marcha. Juez y Parte, que le dicen. O Lawfare al palo.
Pero lo más trágico del episodio de Netflix de “Cristina eterna” es que uno de los que con más contundencia y rigurosidad fustigó a Cristina por esto fue Alberto Fernández. No sé si lo ubica, doctora. No es macrista, ni periodista ni juez. Es el presidente que usted bendijo. En la ya legendaria columna del diario La Nación, del 16 de febrero de 2015, titulada “Hasta que el silencio aturda a la presidenta”, Alberto dice textualmente: “En el centro del poder, allí donde la denuncia tocaba fibras, hablaron de suicidio y de asesinato, acusaron al muerto de ser un padre desatento y un títere de factores que operan en la sombra y hasta afirmaron que una suerte de lucha fraticida entre servicios de inteligencia, acabó detonando su muerte. Todo lo dicho sería poco importante de no ser que ha salido de la boca de la Presidenta imputada por el fiscal muerto. Ignorando la tragedia, se indultó a si misma, apropiándose de la verdad, de la Patria y hasta de la alegría y condenó cínicamente a los que quedamos agobiados por lo patético de lo ocurrido.”.
Aquí Alberto acusa a Cristina de muchas cuestiones graves. De haberse indultado a sí misma, de apropiarse de la verdad y la Patria y de que los servicios de inteligencia que ella conducía, fueron parte de ese magnicidio.
Pero eso no es lo peor. En el párrafo siguiente, Alberto (que, repito, no es macrista, periodista ni juez) dice: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán, solo buscó encubrir a los acusados. No hay nada que probar. (…) ¿Para que pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?
Después acusa a Cristina porque “perversamente, hizo avalar su nefasta decisión con una ley nacional. (…) Solo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado.” Es demoledor. Lo dijo el Presidente de la Nación actual. Y quien fue jefe de gabinete de los Kirchner entre 2003 y 2008 y socio fundador del movimiento.
Este texto termina con cualquier discusión y mentira. No hay videíto tristón de Tristán que pueda ocultar la verdad. De todos modos, si prefieren los videos, también hay. El 26 de febrero de 2015, en el Juego Limpio, el colega Nelson Castro en TN, logró declaraciones trascendentes de Alberto Fernández. La primera es cuando asegura que Cristina terminará su gobierno con dos máculas que fueron las leyes de encubrimiento a Boudou en Ciccone y de casi autoamnistía en el pacto con Irán.
Después el actual presidente asegura que el acto de encubrimiento es la propia firma del acuerdo y que ese delito tiene a Cristina como instigadora y a Héctor Timerman como el autor directo.
Para levantar estos testimonios calificados, Tristán y Cristina van a necesitar cientos de largometrajes. Con un video donde la fuente es Página 12 y se acusa al periodismo una vez más, no se lo cree nadie. Salvo los fanáticos como el ministro Bauer que creen todo lo que Cristina diga. Le pertenezco, doctora, parece decir siempre.
Pero los periodistas tenemos otra obligación y otra misión. Que es la de ser la piedra en el zapato. La de dudar y tener una mirada crítica. Y eso choca todo el tiempo con las ideas de Cristina que odia al periodismo porque quiere controlar todo y que nadie la controle a ella.
Jorge Lanata definió bien este domingo lo que está pasando con esta avanzada del cuarto gobierno kirchnerista contra el periodismo libre y los medios independientes. Dijo que el inquisidor programa del “pauta traficante” Diego Gvirtz, rebautizado por Lanata como “Seis, siete, chorro” ahora está en el poder ejecutivo y no en la televisión mal llamada pública. Nuestra obligación es no callar nada. El silencio siempre favorece al poder y a los que abusan de ese poder. Para el final me queda solamente una reflexión. La mentira tiene patas cortas. De nada vale que corran. El incendio va con ellos.

Todavía duele el golpe contra Illia – 29 de junio 2020

El gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, en una clara provocación discriminatoria, dijo que “a la Argentina que trabaja, le sobran porteños”. Como suele pasar, ni un solo dirigente o funcionario del cristinismo tomó distancia de semejante salvajada. Todos callan, todos otorgan. Yo pienso lo contrario. Que no sobra ningún argentino más allá del territorio en el que viva. Sobran los corruptos que se robaron el país de todos y sobran los autoritarios señores feudales que se robaron la división de poderes y la República. Y nos faltan, más políticos como don Arturo Illia. Gente honrada, austera que busque consensos y diálogo. Porque como dijo Alfonsín, si la democracia no es diálogo, es violencia. Y le hablo de Illia porque ayer se cumplió el aniversario del golpe de estado que lo derrocó. Y es un golpe que todavía duele. Todos los asaltos al poder protagonizados por los militares, tuvieron resultados nefastos porque dinamitaron las instituciones democráticas y la libertad. El de Videla, en 1976, sin dudas fue el más horroroso por el terrorismo de estado y los crímenes de lesa humanidad. El de Uriburu, en 1930, fue el comienzo de la era de los golpes de estado. Pero el de Juan Carlos Onganía contra don Arturo tuvo características especiales porque voltearon a Illia por todo lo bueno que estaba haciendo y porque al cerrar el camino de la democracia, los militares, le abrieron las puertas a la violencia de los civiles.
Un par de veces le conté la anécdota de Cruz del Eje que relató Jairo. La manera en que a la madrugada, en bicicleta y con el sobretodo arriba del pijama, el doctor Illia fue a socorrer a su hermana que tenía temblaba de hipotermia.
Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre.
Mucha gente recuerda a ese médico rural con ponchito sobre los hombros que llegó a ser presidente de la Nación. Pero muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota una verdadera leyenda republicana.
Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII. Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.
Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Por primera vez se redujo la deuda externa.
Las proyecciones para el año 66 eran que el salario real iba a experimentar un aumento promedio del 15 por ciento. Promulgó la Ley de Salario Mínimo Vital y Móvil. El presupuesto en educación y salud aumentó un 24 % ¿Suena a otro planeta, no? Pero quiero ser lo más riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.
Le doy un dato más: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan de lucha que Augusto Timoteo Vandor (a) “El Lobo”, y el resto del sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta, pese al gran crecimiento de las empresas punto com y las tecnológicas: los medicamentos y el petróleo. A Illia nunca le perdonaron eso. Nunca le perdonaron tanta independencia, ley de medicamentos, anulación de contratos petroleros tal como lo había prometido en la campaña electoral… Si hasta se opuso al envío de tropas a Santo Domingo. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. A Illia no lo derrocaron los chistes irónicos ni la caricatura de una tortuga. A Illia lo derrocaron los militares reaccionarios cripto fascistas como Juan Carlos Onganía, los monopolios extranjeros y sus socios internos, los jerarcas sindicales, su debilidad de origen y la indiferencia de la mayoría de la sociedad que no salió a defender al Gobierno como se lo merecía. El mismo lo dijo: “A mí me derrocaron las 20 manzanas que rodean la Casa de Gobierno. Ayer se cumplió un nuevo aniversario de aquel día nefasto donde se instaló el oscurantismo cultural más reaccionario que reprimía libertades y profesores con bastones largos, alargaba minifaldas, allanaba hoteles alojamiento y cortaba pelos largos de rebeldía. Seamos sinceros con nuestra verdad histórica. Aquel día, seguramente el más triste en la vida de don Arturo, cuando el general Julio Alsogaray le comunicó que lo destituían como presidente de la Nación, se tuvo que ir de la Casa Rosada rodeado por un pequeño grupo de amigos. Don Arturo los llamó “salteadores nocturnos” a los sediciosos de Alsogaray y del coronel Luis César Perlinger. “Sus hijos se lo van a reprochar”, les vaticinó el presidente de la cabeza blanca. Y la historia se los reprochó: un hijo Alsogaray se sumó a la guerrilla con el tiempo y fue abatido en un enfrentamiento armado en el monte tucumano durante la dictadura de Videla. Y Perlinger le pidió disculpas públicas a Illia y le agradeció la lección que le dio. Pero con el tiempo el coronel arrepentido sería un colaborador de la criminal insurrección armada trotskista del Ejército Revolucionario del Pueblo. El gobierno de Illia tuvo el primer planteo militar a los dos meses de haber asumido. Y eso que tuvo un rendimiento que para la época fue espectacular aunque en el momento no se valoraba lo suficiente.
Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca más un presidente hizo lo que él hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero don Hipólito Yrigoyen le aconsejó que fuera a vivir a Cruz del Eje para llevar el radicalismo popular a los talleres ferroviarios. Allí, don Arturo, ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes, y peleó por la libertad y la justicia para todos.
Todavía no habían llegado los tiempos de los vidrios polarizados y los guardaespaldas. La plata robada no se pesaba ni se escondía en bóvedas. No se cobraban pensiones vitalicias como las de Cristina y Boudou. A la luz de los Kirchner y su asociación ilícita, la figura de Don Arturo merece un monumento a la honestidad. Illia nació en un hogar de inmigrantes italianos. Sus padres se llamaban Emma y Martín. Su padre era chacarero. Don Arturo tuvo un Renault Dauphine que debió vender cuando dejó de ser presidente para pagarle una operación en la ciudad de Houston a Silvia, su esposa, que, de todas maneras, murió poco tiempo después.
Por eso aquel golpe todavía duele. A Don Arturo Umberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho más pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas y la brigada lanza gases de la Policía Federal lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
– Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.
Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.