La guillotina de la reina Cristina – 17 de septiembre 2020

Cristina lo hizo. Y Alberto, como si fuese su escribano, ya firmó el decreto. Con su atropello a la justicia, Cristina produjo un hecho de extrema gravedad institucional que no había ocurrido nunca en democracia. No hay antecedentes de semejante ataque con el único objetivo de poner de rodillas a los tribunales y conseguir una auto amnistía para ella, sus hijos y los integrantes del cártel de los Pingüinos. El desplazamiento de tres jueces que preocupan a Cristina, fue escandaloso pero eso, es apenas una parte de un plan mucho más peligroso. Las etapas que se vienen, las podemos encuadrar en un auto golpe que convierta el poder judicial en una unidad básica del kirchnerismo más chavista. Los tres magistrados removidos van a ser reemplazados con jueces militantes, dispuestos a inmolarse si es necesario para otorgarle a Cristina la impunidad que tanto espera y desespera. En unos días, van a plantear la nulidad de todo lo actuado por estos jueces porque su designación no estaba ajustada a derecho. Es como darse a la fuga y eludir a la justicia. De nada vale que corra, el incendio va con ella. Podrá zafar del juicio, castigo y condena. Pero la historia ya la condenó, no la absolvió como ella dijo.
La Reforma Judicial también está destinada a ese mismo objetivo. El copamiento de todos los juzgados con profesionales de La Cámpora, la guardia de Hierro que lidera Máximo Kirchner. El hostigamiento nunca visto contra el jefe de los fiscales, Eduardo Casal, es una pieza clave en este tenebroso camino hacia el nacional populismo autoritario. Quieren poner en su lugar a otro amigo de Cristina y de Horacio Verbitsky, llamado Víctor Abramovich. Y la frutilla del postre, o la consagración del sometimiento de la justicia, será cuando la comisión de amigos de Cristina liderada por su abogado, Carlos Beraldi, recomiende ampliar la cantidad de miembros de la Corte Suprema para instalar una mayoría automática como en los tiempos de Carlos Menem. Es la puesta en práctica de la vieja consigna peronista de “A los amigos, todo y a los enemigos, ni justicia”. Es lo que nuestro compañero Miguel Wiñazki sintetizó con maestría de filósofo: “Si se roban la justicia ya no serán condenado por robar”. Dos profesionales impecables en su ética y en su trayectoria profesional lo denuncian con todas las letras. El actual fiscal José María Campagnoli dijo que el 16 de setiembre “es el día nacional de la impunidad” y el ex fiscal Pablo Lanusse definió esto como “un zarpazo para destruir la independencia judicial. Estamos a un paso de que nos conviertan en Argenzuela. No es hora para tibios”. Incluso advierte sobre un posible fraude electoral el año que viene. Si se apropian de la justicia, se apropian de todo.
Ayer los argentinos fuimos humillados en nuestras convicciones republicanas cuando la reina Cristina accionó la guillotina y les cortó la cabeza a Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli. En el Palacio del Senado, convertido en castillo, desde su trono, la monarca del absolutismo, dio la orden a los verdugos que en este caso fueron 41 senadores, todos súbditos de la corona. La guillotina es una máquina que se utilizó para decapitar gente que había sido condenada a la pena capital. El mecanismo horroroso es una hoja de acero bien afilada que baja a velocidad sobre el cuello de la víctima. Así era en la Francia del 1700.
En épocas más primitivas y salvajes aún, se utilizaba directamente la espada o el hacha. La guillotina permite separar la cabeza del cuerpo del guillotinado y que la cabeza caiga en una canasta. El gran objetivo de la guillotina es comunicacional. Es exhibir esa salvajada para intimidar a lo que se arriesguen a enfrentar a la reina y como una demostración de su poder absoluto que no tiene ningún tipo de control. Por eso Cristina estaba tan contenta. Exhibió ante la televisión su capacidad de daño y les mandó un mensaje a fiscales y jueces involucrados en las 8 causas que tiene elevadas a juicio oral. Es como decirles: tengan miedo a Dios y un poquito a mí. Alberto tiene el botón rojo pero yo tengo la guillotina.
Entre los súbditos y cortesanos se multiplica la sumisión, la obediencia debida, el verticalismo y la subordinación y valor para defender a Cristina. Siempre hay un bufón que es el encargado de divertir a la reina con sus ocurrencias y absorber el maltrato y los insultos cuando está enojada. Ese rol lo cumple Oscar Parrilli que anticipó que estos jueces se iban a tener que ir de Comodoro Py.
Si continuamos con las metáforas del medioevo a donde nos quieren llevar, hay que decir que el papel que está jugando Cristina se parece más al de Luis XIV de Francia, conocido como el rey Sol. En este caso podríamos hablar de la reina Luna del Calafate. La comparación la hizo el senador Luis Naidenhoff por aquella majestad que, ante el Parlamento de Paris, pronunció aquella frase memorable: “El estado soy yo”. Nuestra majestad y su príncipe heredero Máximo podrían decir lo mismo. O repetir el concepto de Luis XV que fue más allí y dijo “Después de mí, el diluvio”.
Volviendo a estos tiempos de cólera mucha gente se pregunta porque Cristina decapitó a estos tres jueces independientes, de trayectoria intachable y de reconocida capacidad técnica. La respuesta es muy sencilla. Bertuzzi y Bruglia como camaristas, confirmaron el procesamiento de Cristina en la causa de los cuadernos que tiene la siguiente carátula en el expediente: “Cristina Elisábet Fernández. Asociación ilícita”. Y Castelli, integra el tribunal oral que la va a juzgar por este caso. La causa de los cuadernos, que investigó el colega Diego Cabot, descubrió el aparato estatal más colosal de corrupción de la historia argentina. Así de terrible. Nunca se robó tanto dinero desde el gobierno, nunca participaron tantos funcionarios y empresarios, nunca se hizo con un sistema tan organizado y nunca hubo tantas pruebas de semejante cleptocracia. Por eso Cristina accionó su guillotina. Porque hay cientos de pruebas, testimonio de arrepentidos tanto de los empresarios despreciables que pagaban las coimas religiosamente como de los funcionarios que recaudaban bolsos y valijas llenos de dólares sucios. Antes de lavar ese dinero, lo escondían en el departamento de Cristina o a la casa de la madre de Néstor. Robaron montañas de billetes. Por eso son todos millonarios y siempre trabajaron como empleados jerárquicos pero empleados al fin, del estado. Sin embargo tienen fortunas imposibles de explicar. Todos. La familia Kirchner completa. Fueron los jefes de esta asociación ilícita. Néstor fue el ideólogo porque lo empezó a hacer en Santa Cruz y luego de su fallecimiento, se hizo cargo Cristina. Pero fue tanta la magnitud del robo que alcanzó para que también se convirtieran en magnates los secretarios privados como el fallecido de cáncer, Daniel Muñóz y el asesinado Fabián Gutiérrez. Ellos le robaban al ladrón buscando los 100 años de perdón. Pero prácticamente todos los funcionarios y testaferros se convirtieron en potentados. Lázaro Báez, Cristóbal López, Amado Boudou, y casi todos los ministros empezando por Julio de Vido, tienen mansiones y patrimonios descomunales que no pueden explicar.
Por eso Cristina se empeñó en remover de su camino a estos tres jueces. Porque si la causa de los cuadernos avanza como debe, se lleva puestos a gran parte del estado mayor kirchnerista liderado por Cristina y a una parte de los empresarios estafadores que participaron de esa inmoralidad sin antecedentes.
Para salvar a la República de este latrocinio que transforma la democracia en un régimen represor y regresivo, solo nos queda la débil esperanza de la Corte Suprema de Justicia. El máximo tribunal puede ponerle límites a esta orgía delictiva del cristinato. Pero digo que la esperanza es débil, porque hasta ahora, esta Corte no se ha mostrado muy valiente que digamos para colocarse a la altura de la historia.
La reina los quiere convertir en cortesanos y si no se despiertan pronto, también irán a la guillotina. Cristina lo hizo. No fue magia, fue mafia. Y por eso, solo nos queda confiar en las multitudes de ciudadanos republicanos y populares que desbordan las calles con su dignidad. Y sentirnos acompañados por la honradez y la cultura de ética de María Elena Walsh.
Ella nos dijo y nos sigue diciendo:
Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.
Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.

Patoterismo de estado en San Juan – 16 de septiembre 2020

Ayer entrevisté en esta radio y en Todo Noticias, a la licenciada Belén Varela. Me pareció, y me sigue pareciendo, que el ataque que sufrió ella y sus padres, fue uno de los hechos más graves desde el retorno del cristinismo al poder. Cruzaron un límite muy peligroso. No fue un simple escrache, aunque eso, solo ya sería absolutamente condenable, como todos los escraches. Ella lo definió como “un apriete mafioso” y eso es lo que fue. Pero como si esto fuera poco, fue impulsado desde el peronismo que gobierna la provincia de San Juan. Por eso yo le agrego que se trató de “escenas de fascismo explícito” y “patoterismo de estado”.
Le cuento con más detalles, como fue la barbarie. Las imágenes que mostré anoche en el canal y las que se pueden ver en “el diario de leuco”, son pruebas que hacen correr frío por la espalda.
Un grupo de barras bravas y piqueteros kirchneristas que funcionan como grupo de choque de la política, fueron a la puerta de la casa de una señora llamada María Belén Varela. Aprovecharon la pandemia para taparse las caras con barbijos y anteojos.
Belén, es licenciada en sicología, viuda reciente y tiene tres hijos chicos. La intimidaron a la manera de las camisas negras de Mussollini o de los colectivos de Maduro.
Más de 40 patoteros que gritaban “aguante Cristina” con una cobardía repugnante, se pararon en la vereda para bloquearle la salida de su domicilio. Querían evitar que fuera a hacer alguna manifestación crítica hacia el presidente Alberto Fernández que ayer visitó San Juan. Estos salvajes, utilizaban redoblantes, insultos groseros y gritos amenazantes. Toda esa banda delictiva contra una señora sola con su hijito en brazos. ¿Por qué fueron? Algún pasquín alimentado a pauta oficial acusó a ella y a otra mujer, de ser las responsables de haber organizado el banderazo del domingo en San Juan. En las redes las ametrallaron con descalificaciones, mentiras e intentos de estigmatizarlas. Y el diario oficialista se sumó a la operación. ¿Qué pasó? ¿Cómo fueron capaces de fomentar semejante locura? Estaban nerviosos porque este domingo, se armó una de las concentraciones más grandes. Hubo muchísima gente protestando contra la impunidad de Cristina y los ladrones de estado y contra el autoritarismo del gobierno. Por supuesto que ese banderazo como todos, es un producto colectivo y autónomo que creció en las redes sociales y que no tiene patrones ni figuras partidarias convocantes. Pero estos capangas, acusaron a dos mujeres. Como esperaban la llegada del presidente Alberto Fernández, algún cobarde con presupuesto y poder, mandó a este grupo de tareas a impedir la salida de su casa de esta señora. La quisieron asustar y evitar que ejerciera su derecho constitucional a la protesta y a peticionar. Pero estos mafiosos y machirulos, no contaban con el coraje de una mujer que salió con su teléfono y su pequeño hijo en brazos y los filmó. Les decía que se bajaran los barbijos, que dieran la cara, que se sacaran los anteojos y los filmaba todo el tiempo.
Los presuntos guapos de los delincuentes, intentaron manotearles el teléfono y como no pudieron, retrocedieron, aumentaron los insultos y hasta una piba se sacó el barbijo y desencajada le gritó: “No me podes hacer nada porque soy menor”. Es la cultura del delito que, en muchos casos, usa a menores para que no puedan ser encarcelados por la justicia. Patético. Terrible. Todo organizado como una banda con un jefe identificado como Raúl Peña, según Varela, que responde al intendente de la capital sanjuanina, Emilio Javier Baistrocchi Guimaraes. Ella también le dijo al diario “El Zonda” que un tal Galván también es responsable de esta movida terrorífica.
¿Quién los mandó?, preguntaba María Belén. ¿Quién los mandó también a atacar la casa de los padres de ella? Son dos personas mayores que podrían haber tenido consecuencias serias para su salud. Quién los mandó tienen que responder el presidente Alberto Fernández, el presidente del Partido Justicialista, José Luis Gioja, el gobernador Sergio Uñac, el intendente Baistrocchi y Cristina Fernández de Kirchner. Porque el secretario de seguridad, Carlos Munizaga, en una entrevista que le hice anoche, trató de minimizar la situación e igualarla con algún escrache que le hicieron antes a ciertos funcionarios. Dijo que había sido una reacción frente a esa acción anterior. Como si hubiera sido algo espontáneo y eso no es cierto. Tengo audios que demuestran cómo fue organizado todo. Incluso la movilización para recibir a Alberto. Y eso que se enojan con los banderazos porque, según dicen, no respetan las reglas del distanciamiento social. Pero el justicialismo sanjuanino organizó un recibimiento a Alberto a lo largo de la ruta que lo llevó a su destino. Uno al lado del otro. Bien juntitos, sin distancia social. Pero ese es otro tema.
Tengo las fotos de los dos colectivos que llevaron los barras bravas al lugar y en los que luego huyeron. Uno de ellos es el interno 01 de la empresa “Alto de Sierra” con la patente AC471MW. Un auto los proveía de viandas y agua. Le doy los datos por si el secretario de Seguridad quiere investigar de verdad para castigar a los culpables con todo el peso de la ley. Porque si le pasa algo a Belén Varela o a algún miembro de su familia, los funcionarios de gobierno serán los responsables.
La policía miró para otro lado. Fue prácticamente una zona liberada. Un patrullero no dejaba pasar a los ciudadanos independientes autoconvocados que quisieron ir en auxilio de la licenciada Varela.
El secretario de seguridad alegó que era para evitar que hubiera conflictos mayores, pero en realidad, no evitaron nada. Todo lo contrario. Protegieron a los delincuentes que estuvieron 4 horas en la puerta de la casa de esta señora. Incluso cuando salió para ir al departamento central de policía y hacer la denuncia correspondiente, tuvo que ir rodeada de un grupo de vecinos para evitar algún otro ataque a su integridad física. Estos mercenarios sembraron las calles de clavos miguelitos para evitar que fueran en auto. No se privaron de nada. El domingo también tiraron clavos para que la caravana de autos del banderazo se frenara con las gomas pinchadas. Otro despropósito autoritario y vengativo.
Ojalá que los encargados de garantizar la seguridad y tranquilidad del pueblo tengan voluntad y sean capaces de investigar a fondo este hecho de intimidación feroz y bien facho, a una mujer sola en su domicilio. Ellos deben responder y castigar severamente con todo el peso de la ley a los responsables. A los que fueron a apretar a una ciudadana y a los que organizaron esta repugnante acción. Por lo pronto sería bueno que repudiaran a coro todo esto. Me refiero sobre todo a los peronistas y los colectivos feministas. Para que no se multiplique la irracionalidad y este país no se transforme en la ley de la selva y en el ojo por ojo. No siembren vientos. No fomenten la violencia. Castiguen con la ley a los que hicieron esto.
Y como si esto fuera poco, una vecina, conmovida por lo que veía, también salió a filmar con su teléfono. Era una forma de protegerla. La policía miraba la situación. Esta vecina comenzó a filmar y uno de estos malandras le pegó delante de una policía femenina, y le tiró su teléfono al suelo.
Y luego lo dejó escapar como si nada. La vecina le exigía que actuara de oficio ante ese delito cometido delante de sus ojos. Le decía que detenga al forajido por la trompada que le pegó o que si no la iba a denunciar por no protegerla. La policía agachó la cabeza, mientras los fascistas de San Juan se retiraban victoriosos de la escena.
Escenas de fascismo explícito. Patoterismo de estado.
Aquellos que defendemos a las mujeres y a la libertad nos sentimos avergonzados frente a este acto horroroso. Dos mujeres, armadas solamente con su valentía, un teléfono y su defensa de la libertad, una de ellas con su hijito en brazo fueron blanco del patoterismo de estado. Los que estamos contra la violencia de género y la violencia estatal y contra todo tipo de violencia, pensamos que es urgente que frente a este escándalo, actúen Alberto, Cristina y el gobernador Uñac que son las autoridades. Con semejante locura, el que calla, otorga. Es necesario que castiguen a los responsables. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.

El Ricardito de Cristina – 15 de septiembre 2020

Hace tiempo que Ricardito viene desparramando elogios al gobierno de los Fernández. Ni una sola crítica. Todo lo contrario, sus reproches han sido contra la oposición. Nadie sabe si le piden tanta subordinación y valor para defender a Cristina, o lo hace de puro agradecido que es por el conchabo que le dieron como embajador en España.
Ayer, Ricardito, fue duro contra las opiniones de Mauricio Macri. ¿Dónde vive Macri, en Narnia?, se preguntó y aseguró que las palabras del ex presidente no eran muy republicanas. Después, defendió a Aníbal Fernández en vivo y en directo en el canal de Cristóbal López donde es entrevistado con asiduidad. El colmo fue cuando dijo que Juntos por el Cambio “quiere que el gobierno haga las cosas mal y, si eso no ocurre, la inventan. Las marchas son por cualquier excusa pero en verdad, es que protestan porque perdieron las elecciones. El radicalismo y el Pro se disputan el liderazgo de la derecha”.
Increíble, pero cierto.
Yo le conté que, en su momento, Luis Brandoni, que venía negándose a opinar sobre el tema, dijo en mi programa de TN, que el hijo del ex presidente “cruzó la raya. Es un error muy grande el que cometió y no está en el centro de sus convicciones, de lo que ha mamado desde que nació. Y me dá mucha pena”.
Es que Ricardito había censurado muy duramente al banderazo patriótico del 17-A. Tal vez fue el más severo de todos. Entre otras cosas, habló de una derecha que solo cree que hay democracia cuando se practican políticas neoliberales. Pero también comparó la protesta contra los K, con la que le hicieron a don Arturo Illia en 1966, durante un brote de fiebre amarilla, en sintonía con los medios. El canal amigo, Cristina 5 Néstor, hizo un informe basado en esa falacia. A don Arturo Illia lo derrocaron los paros feroces y golpistas del gremialismo peronista del Lobo Vandor, llamado plan de lucha, y un ejército atravesado por el fascismo de Juan Carlos Onganía. En esta ocasión, no hubo, ni en la calle ni en las opiniones favorables, mafiosos sindicalistas ni uniformados. Bad information, Ricardito.
El embajador en España dijo que parte del radicalismo no superó la derrota electoral y que se mueven con odio y rencor y “así es muy difícil resolver los problemas del país”. Alvaro de Lamadrid, el diputado que conoce profundamente la dinastía K, dice que el objetivo es armar una fórmula para el 2023 entre Máximo Kirchner y Ricardito Alfonsín. Incomprensible. Sorprendente. Como la catarata de elogios que el senador Martín Lousteau descargó sobre Ricardito para apoyar su designación como embajador. Lousteau, incluso, citó al senador ultra K Jorge Taiana y dijo que Ricardito “tiene tatuado en la piel el interés nacional” y lamentó no poder estar presente para darle un gran abrazo.
Ernesto Sanz, ex titular del radicalismo y arquitecto de Cambiemos, le dijo a sus correligionarios en un Zoom que “Ricardito se subió al altar de la patria y dispara desde todos lados. Presidió el radicalismo bonaerense durante diez años y tuvimos apenas 9 concejales en toda la provincia. Después llegó Daniel Salvador y hoy el radicalismo tiene 32 intendentes, 15 legisladores provinciales, 6 diputados nacionales y cerca de 500 concejales”. La conducción de Ricardito llevaba al radicalismo a la extinción. Y tal vez ese es el mérito que le encuentran los cristinistas.
Se habrán dado cuenta que propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ahora, su nueva jefa política es Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones ni golpistas.
El presidente del interbloque de Cambiemos de diputados, Mario Negri dijo que “el que se quiera ir del radicalismo, que se vaya. No estoy de acuerdo con las expulsiones, pero para estar incómodo en un lugar, mejor que se vaya”
El presidente de la Juventud Radical bonaerense, Martín Borrazas, en su momento, fue mucho más implacable. Directamente pidió la expulsión del partido. “Ricardo fuera de la UCR”, fue su tuit.
Ricardito viene tirando centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un trabajo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de autoritarismo y violencia. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo. Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.
¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Lo digo porque en su explicación asegura que va a apostar con su gestión a la “no restauración de los tiranos”. Por eso sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?
¿Está de acuerdo, Ricardito, en que los 8 procesamientos y elevaciones a juicio oral de Cristina son una campaña armada por la embajada de Estados Unidos, ciertos jueces y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Eso cree Ricardito? Lo pregunto porque pidió respeto por una decisión que tomó, según dijo, “desde la más profunda honestidad y con el mayor sentido patriótico”. ¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?
Por supuesto que le agradeció a Alberto Fernández “por su confianza” y por el ejemplo de amplitud”. Después aclaró que no va a asumir una responsabilidad partidaria, sino de Estado y abogó para que eso en el futuro sea un “deber”. Parece que nos quiere hacer creer que no se trata de una lujosa zanahoria para cooptarlo sino de una obligación y de un sacrificio que hace por todos nosotros. Nadie le pide tanto, Ricardito.
Pregunto: ¿Está feliz con la darle la libertad a los ladrones de estado que este gobierno llama presos políticos? Lo digo porque Ricardito, va a tener que poner la cara por todo esto. Los empresarios y los periodistas españoles le van a preguntar sobre estos temas y muchos más. ¿Usted, Ricardito, compartió el pacto tenebroso que Cristina firmó con Irán? ¿Cree que Nisman se suicidó o fue asesinado?
El revuelo que se armó fue tan grande que Ricardito se vió obligado a emitir un comunicado tratando de explicar lo inexplicable. Sus excusas y justificaciones fueron de una fragilidad notable. Dijo que su padre, también designó a embajadores de otros partidos como el peronismo. No puedo creer como (justo él) pudo hacer semejante comparación. Para cualquier dirigente del justicialismo o de otro partido, era un orgullo, una medalla ética representar esa lucha por los derechos humanos contra todo tipo de dictadura que fomentó Alfonsín. El gobierno de los Fernández no tiene ni punto de comparación con aquella administración alfonsinista. Son el día y la noche. Un tempo de las ideas y los consensos y un prostíbulo de las mafias y los chanchullos. No creo que Ricardito defienda en España la libertad de Julio de Vido.
Como si esto fuera poco, levanta el dedito y para defenderse ataca a los que tienen una mirada crítica con los K. Dice que hay una peligrosa fractura en la sociedad y que hay dirigentes que “no hacen más que estimularla con posiciones irreductibles”. Ricardito quiere cerrar la grieta. ¿Con quién se quiere abrazar? ¿Con Ricardo Jaime? La grieta se cierra con el respeto a la Constitución y a la división de poderes. Con los corruptos de estado y los chavista K, afuera. De lo contrario es sumisión.
Ricardito se preguntó en algún momento porque motivo lo eligió Alberto. ¿Cuál es el objetivo del presidente? ¿Seguir dividiendo al radicalismo y a la oposición? Eso lo viene fogoneando Leopoldo Moreau que quedará como un triste recuerdo en el radicalismo. Cuando fue candidato a presidente, hizo un papelón de padre y señor nuestro. Sacó la menor cantidad de votos de la historia. Cuando Ricardito fue candidato a presidente, en el 2011, llevó de candidato a gobernador a Francisco de Narváez que, ideológicamente, nunca fue muy distinto de Macri. Obtuvo el 11% de los votos contra el 54% de Cristina y dividió a la socialdemocracia porque Hermes Binner fue separado y consiguió el segundo puesto con casi el 17 % de los sufragios.
¿Entonces porque lo eligió Alberto? ¿Por qué Ricardito es un pensador innovador de la política que escribió varios libros de ensayos sobre la caída de las certezas o la fragilidad de las democracias o acerca de las nuevas formas de la comunicación política? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque tiene un armado organizativo que moviliza y convoca a multitudes? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque su carisma y su discurso enamoran desde los medios de comunicación? No. De ninguna manera.
Entonces, ¿Por qué lo eligió? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.