Homero Manzi de la identidad – 1 de noviembre 2019

Un día como hoy nació el tango. O mejor dicho, un día como hoy nació Homero Manzi, que es como decir que nació gran parte de lo mejor del tango.
Yo sé que el tango es la voz de Carlos Gardel, Julio Sosa, Alberto Castillo, el Polaco y tantos otros. Yo sé que el tango es la música de Julio de Caro, Aníbal “Pichuco”Troilo, Horacio Salgán, el maestro Osvaldo Pugliese o Astor Piazzolla y muchos talentos más. Pero,
humildemente, como trabajador de las palabras que soy, creo que los letristas y los poetas son parte definitiva de nuestra identidad nacional tanguera
Lo que el tango dice es belleza y sabiduría popular. Y aquí también se abre la polémica. ¿Quién representa mejor los textos de mayor literatura del tango? Cada argentino tiene su candidato. Y todos son respetables. Muchos dicen que como Cátulo Castillo
no hubo ni habrá ninguno igual. O los hermanos Homero y Virgilio Expósito, con Percal, Chau no va más, Maquillaje o Naranjo en flor. Verdaderas joyas, gemas de la orfebrería de las letras y los contenidos. ¿Y Enrique Santo Discépolo y su grotesco dramatismo sarcástico? ¿Y Cadícamo? Hay tanto y tantos. Los poetas tangueros, tal vez sean una de nuestras mayores producciones culturales. Junto con el folklore, por supuesto.
Pero si hay que elegir, yo me quedo con Homero Manzi. Por eso en el día de su nacimiento quiero recordarlo en la ventana de este bar de la calle Mansilla, tomando un café y con fondo del bandoneón compinche de Aníbal Troilo.
Hablo de San Homero de la Identidad Nacional porque está instalado en el altar de la cultura popular, en la dignidad de la soberanía que predicaba un país que no se arrodillara jamás, ante ningún poderoso. Hombres íntegros como ese Homero Manzi son los mejores espejos de vida que les podemos mostrar a nuestros hijos. Porque hombres públicos como él, honestos, geniales, solidarios y patriotas no son precisamente los que sobran en estas pampas tan golpeadas. Homero fue y es muchas cosas: poeta, guionista, director de cine, dramaturgo, periodista, presidente de SADAIC, secretario general de la FUA, militante político y letrista de la murga barrial “Las Tripitas”.
Y eso que apenas vivió 44 años. Primero fue Homero Nicolás Manzione, nacido en el pueblo de Añatuya en Santiago del Estero. El rebautizó a su pueblito Aña-Mía para reafirmar su amor al pago chico y las raíces grandes. En esas calles polvorientas y desvalidas, Homero aprendió a venerar a la gente sencilla. De aquel sol incendiario robó la pasión por la lucha política que luego incorporó a la noche de un barrio de Boedo sembrado de milongas y cafetines. Por esos empedrados se entreveró con su pares, los poetas gladiadores defensores de nuestras cosas y, sobre todo, de nuestro pensamiento, de nuestro lugar en el mundo. Allí empezó a caminar con Cátulo Castillo y escribió algo que me estremece cada vez que lo leo:
“Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo”.
Esa fue su biblia para luchar contra los colonialismos de todo tipo. Contra los contrabandistas culturales de afuera y de adentro. Contra los que viven y mueren trampeando a la gente del montón. Tal vez por eso se transformó en un hecho maldito para los pitucos y sus concubinos, los cipayos. Tal vez por eso fue tan ninguneado, tan discriminado, tan censurado. Tal vez por eso se colocó en la misma trinchera que Don Hipólito Yrigoyen y resistió con todo lo que tuvo a mano a la dictadura del general Uriburu y a las tropas usurpadoras del general Justo. Y no exagero cuando digo con todo lo que tuvo a mano. Conspiró con la pluma y la palabra pero también construyó bombas caseras para resistir al autoritarismo de turno. Estaba dispuesto a dar su vida y su libertad. Por eso fue perseguido y encarcelado.
Así forjó esa forja que todavía sigue forjando banderas nacionales. Las famosas cuatro “pe”: patria, pan y poder al pueblo. Allí se multiplicó en compinches de su misma calaña como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz o Luis Dellepiane. Eran argentinos que no se dejaban domesticar por nadie. Ni por los militares fachistoides de cerebros cuadrados ni por la claudicación alvearista de su propio partido radical. Manzi era capaz de hablarle al pueblo de las humillaciones de la década infame subido a un cajón de cerveza como tribuna.
Cuando lo expulsaron de la Facultad de Derecho, cuando le cerraron el camino de profesor de literatura, mató al hombre de letras y se dispuso a escribir letras para los hombres. Murió el universitario Homero Nicolás Manzioni y nació el orillero Homero Manzi. Se hizo blindado. Su poesía se nutrió de… y volvió hasta… lo más profundo del pueblo. Nunca más pudieron desafiarlo. Porque estaba en todos lados: en el farol balanceando en la barrera y en el codillo llenando el almacén. En la voz de sombra de Malena rebotando contra ese sur, paredón y después que lo harían inmortal. Homero Manzi se hizo sentimiento canyengue y silbido a la salida de las fábricas y de los bailes con chatas entrando al corralón, chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya. Unió la creativa sensibilidad popular con la estética refinada de la Academia y puso al tango en el Olimpo de la gloria.
Después descubrió a Juan Domingo Perón como heredero de Yrigoyen y hasta tuvo la satisfacción de presentarle a Evita en el Luna Park según cuenta Jauretche. Un maldito 3 de mayo de 1951 Homero Manzi murió de cáncer mientras le dictaba por teléfono su último tango a Anibal Troilo. Pichuco absolutamente conmovido por la muerte de su mejor amigo dijo: “se llevó la mitad de mi vida”, y compuso a su memoria un réquiem llamado responso que es una obra de arte inigualable.
León Felipe escribió que el día que los pueblos sean libres, la política será una canción. Yo sueño que ese día vuelva Homero y esa frente triste de pensar la vida que tiraba madrugadas por los ojos, como le dijo Cátulo. En realidad, Homero resucita cada vez que el duende de su son che bandoneón se apiada del dolor de los demás. O cuando alumbra con las estrellas nuestra marcha sin querellas. Homero, pesadumbres de barrio que han cambiado y amargura de un sueño que murió. Con tu nombre flotando en el adiós.

No usarás el nombre de Alfonsín en vano – 31 de octubre 2019

Si fuera posible instalar una suerte de “Tablas de la Ley” para que la política sea menos hipócrita, me gustaría incorporar un segundo mandamiento que diga: “No usarás el nombre de Alfonsín en vano”. Porque es cierto que el padre de la democracia, hoy es un patrimonio de todos los argentinos, pero creo que su épica y su ética no deberían utilizarse en forma oportunista por cualquier dirigente.
Ayer, el presidente electo Alberto Fernández insistió en agitar la figura de Raúl Alfonsín, con el claro objetivo de llevar radicales sueltos para su molino partidario. Fernández aprovechó ese homenaje en donde se recordaron los 36 años de aquel día en que Alfonsín derrotó en las urnas al justicialista Italo Luder por el 51,7% de los votos contra el 40, 1%.
El presidente que asumirá el 10 de diciembre dijo que Alfonsín “fue un gran presidente que influyó en mi formación y en mi pensamiento”. Coincido en que Alfonsín fue un gran presidente y que a medida que pase el tiempo su emblema se agiganta. Pero que influyó en el pensamiento de Alberto, tengo mis dudas. No se nota en sus acciones y es incomprobable. Pero lo más insólito fue cuando Fernández dijo que “Creen que me maltratan cuando me compraran con Alfonsín. Y no saben el orgullo que siento”. ¿Escuchó bien? No lo puedo creer. Sin ofender y con todo respeto le pregunto a Fernández, ¿Quién lo compara a usted con Alfonsín? No escuché nunca a nadie que diga semejante disparate. Y si alguno se lo dijo sería bueno que le recomiende un psicólogo. O tal vez se refiere a lo parecido en el bigote. A lo sumo a Fernández lo comparan con Héctor Cámpora, no por su buena relación con los Montoneros. Lo ubican en ese lugar porque lo ven como un presidente en el gobierno pero con el poder en manos de otro. En el 73 el poder era de Perón y en este caso, es de Cristina hasta que Alberto demuestre lo contrario. Por ahora esa batalla por dilucidar quien toma las decisiones está en pleno desarrollo. Recién empieza y Cristina va ganando con cierta comodidad.
Fernández confesó que lo sedujo el discurso de Alfonsín pero que votó a Luder por disciplina partidaria. La verdad es que sería bueno que Fernández reconociera las profundas diferencias que tiene con Alfonsín para que pueda mejorar en el ejercicio del poder.
Alfonsín fue un adalid del diálogo. Alberto fue el jefe de gabinete de Néstor que fue un ariete autoritario que no buscó consensos, solo sometimientos.
Alfonsín levantó el dedito como gesto de autoridad y firmeza, es verdad. Pero lo hizo ante el presidente de los Estados Unidos y frente al obispo castrense que se atrevieron a mojarle la oreja.
Alberto señaló con nombre y apellido a una mujer independiente, que opina distinto sobre lo que pasa en el Conicet. Y la mandó al frente. Hoy la doctora Sandra Pitta, de ella se trata, escribió el siguiente tuit: “Esto es tan fascista que no sé por dónde empezar. Empiezo por lo obvio: Conicet no es de ningún partido. Es una falta de respeto y una violación a la libertad de pensamiento que debe primar en el ámbito científico. Asco.” Y muestra un afiche firmado por el Conicet a todo color que dice “Ahora el país es de todos”, con el logo del Frente que llevó a Fernández a la presidencia. La primera respuesta dice: “milagrosamente el Conicet ahora tiene recursos y pudo imprimir estos afiches”.
Pero sigamos con Alberto y Alfonsín y esta humilde propuesta mía de “no usar su nombre en vano”. De última “Los diez mandamientos”, son un código de ética, una guía de comportamiento que además dice “No robarás” y “no darás falso testimonio”.
Raúl Alfonsín murió pobre en el mismo departamento de toda su vida de la calle Santa Fe. En su gobierno no hubo un solo caso de corrupción que haya sido condenado por la justicia.
Durante la jefatura de gabinete de Alberto Fernández, con Néstor como capo, hubo un saqueo al estado y un robo colosal sin antecedentes en democracia. La cartelización de la obra pública fue apenas una de esas estafas. Roberto Lavagna que estaba en el edificio del frente renunció después de hacer la denuncia pública. Alberto que estaba en la oficina de al lado y pasaba más horas con Néstor que con su familia, no vió ni escuchó ni denunció absolutamente nada. Y eso que por ser funcionario público tenía la obligación de denunciar todo hecho de corrupción. En el debate, Macri le pasó esta factura monumental y Alberto se excusó diciendo: “Nunca me llamó ningún juez”.
Delia Ferreira Rubio que es presidenta de Transparencia Internacional hoy dice en una entrevista que espera “que Fernández no haga lo que hacía como jefe de gabinete de Néstor”. Ahí cuenta que Alberto ponía trabas y dificultades para entregar información pública necesaria para combatir la corrupción. Y de paso le sugiere que tome medidas contundentes contra los ladrones de estado: que “todos los funcionarios y también los dirigentes sindicales presenten sus declaraciones juradas de bienes”. Le recomienda que la Oficina Anticorrupción la encabece alguien independiente y eso me hizo acordar que Alfonsín le ofreció a Luder ser el presidente de la Corte Suprema de Justicia. En cambio, Alberto con sus amigos más cercanos brindó en su jubileo al grito de “Un minuto de silencio/ para Macri que está muerto”. Hay diferencias. ¿O yo estoy loco?
También sería muy positivo, si quiere emular en algo a Alfonsín, que baje al máximo las contrataciones directas y los Decretos de Necesidad y Urgencia. Y que ordene a sus legisladores que apuren leyes como la de “Etica Pública” o “Ficha Limpia” y yo le agrego la de “Extinción de dominio para que devuelvan lo robado”.
Pero hablando de autoritarismo y de magnates enriquecidos ilegalmente, hace pocas horas, en Tucumán, Alberto se rodeó de muchos dirigentes sindicales que con sus actitudes mafiosas son millonarios mientras sus trabajadores son cada vez más pobres. Son jerarcas sindicales atornillados al cargo, en algunos casos, por más de 20 o 30 años.
Parte de esa dirigencia le hizo la vida imposible con 13 paros a Alfonsín y yo no recuerdo que Alberto Fernández haya levantado la voz por eso. Tal vez era muy joven con 24 años en aquel entonces. Pero pasado el tiempo tampoco condenó el hostigamiento permanente de los sindicatos contra la democracia recién nacida.
Alfonsín sin embargo llegó a la presidencia denunciando “un pacto sindical militar” durante la dictadura mientras él defendía presos políticos y los derechos humanos presentando habeas corpus por los desaparecidos.
Las diferencias son abismales. Le doy más datos. Alberto también estaba rodeados de gobernadores, algunos verdaderos señores feudales como, por ejemplo, Gildo Insfran al que abrazó como si fuera su hermano. Sospecho que Gildo, el monarca de Formosa, no era el modelo de gobernador preferido por Alfonsín.
Vamos al tema internacional. Alfonsín, sin dudas, tiene puntos de contacto ideológicos con socialdemócratas como Michelle Bachellet y Felipe González. Ambos condenaron la dictadura chavista de Nicolás Maduro. La ex presidenta de Chile con un informe demoledor que denuncia más de 6 mil crímenes de lesa humanidad y Felipe ayer definió como “una narco tiranía dictatorial”, el régimen de Caracas.
Alberto dice que se formó con el pensamiento de Alfonsín, pero parece más cercano al nacional populismo chavista. De hecho se niega a reconocer a Venezuela como una dictadura y se dispone a retirar a Argentina del Grupo Lima y sumarla al Grupo Puebla que se reunirán en Buenos Aires para respaldar a Maduro.
Hay un océano que separa a Alberto de Alfonsín. Entre los radicales reconocidos ayer estaba el camarista Juan Ramos Padilla que respaldó la avanzada contra la libertad de prensa de Alejo, su hijo y juez que procesó a Daniel Santoro. Y como si esto fuera poco, Alberto fue el que le ordenó a Mona Moncalvillo que echaran de radio Nacional a Pepe Eliaschev, uno de los periodistas más íntegros y más amigos de Raúl Alfonsín.
Y finalmente, la peor ofensa. Fernández era el jefe de gabinete cuando la seguridad le prohibió la entrada a Raúl Alfonsín a la Casa Rosada para un homenaje a don Arturo Ilia. Al lado de Alfonsín estaba Leopoldo Moreau que ahora está con Cristina. Si no se acuerda, se lo puede preguntar. Elisa Carrió dijo enseguida: “es un nuevo acto fascista del gobierno K” Ese día, el 29 de junio de 2006, se puede ver la foto en Google, Alfonsín se calentó y levantó su voz y su dedito acusador. Era lo más pacífico que podía hacer frente a semejante atropello e injusticia.
Por eso le digo. Sería bueno que alguien estableciera un código de ética y convivencia política. Uno de sus mandamientos debería ser: “Que nadie utilice en vano el nombre de Alfonsín”. Ayer Alberto lo hizo.

Carrió, la fiscal de la República – 30 de octubre 2019

Todos nos enteramos, primero por esta radio y en este programa, que Elisa Carrió se retira de la política activa. Siente que cumplió su misión y después de 25 años, dejará su banca de diputada nacional el día que Alberto Fernández, como presidente de la Nación, abra las sesiones ordinarias en el Parlamento, en marzo del año que viene. Es una gran pérdida para la democracia. Lilita fue la fiscal de la República. Durante un cuarto de siglo demostró ser una mujer insobornable, de una austeridad republicana y de una honradez digna de don Arturo Illia que fue un gran amigo de la persona que Lilita más amó: Coco, su padre. Elisa Carrió fue un verdadero huracán contra la corrupción y los ladrones de estado. Fue la primera y la mejor en denunciar con datos y coraje a Carlos Menem y su banda y a Néstor y Cristina Kirchher y su asociación ilícita para saquear al estado nacional. Le dijeron de todo. La insultaron de arriba abajo. Aníbal Fernández fue el más grosero y como buen machirulo la acusó de “no tener todos los patitos en fila”. Es decir que la acusó de loca, la misma ofensa que tantas mujeres extraordinarios sufrieron a lo largo de la historia de la humanidad por romper con lo establecido y rebelarse ante las injusticias. Fueron crueles con sus ataques pero jamás le encontraron ni un cheque sin fondos. Jamás se quedó con un vuelto. Hizo del combate contra los narcos y los mafiosos su principal religión. Se apoyó en su fe, en sus vírgenes y sus santos y no perdonó a nadie con su lengua filosa y culta. Hasta cuestionó al Papa Francisco pese a que rezan los mismos rezos. Tal vez no sea casual que viva en Exaltación de la Cruz.
Elisa María Avelina Carrió tiene 65 años y quiere ser una mujer. Y una jubilada que pueda disfrutar de su familia. Está en su derecho. Se lo merece. Se ganó el cielo de la ética republicana y de la transparencia.
¿Eso significa que sea perfecta? De ninguna manera. Es un ser humano con valores y equivocaciones, como todos. En su modo torbellino y con fuerte individualismo supo ayudar a construir cuadros políticos que luego no supo, no pudo o no quiso mantener a su lado para formar un partido de masas. Muchos dirigentes de distintos espacios se formaron a su lado pero para crecer se tuvieron que ir de su lado. En su atropellada contra las coimas y los enriquecimientos ilícitos varias veces fue injusta y acusó o destrató a gente de bien, incluso de su propio gobierno. Fue dura hasta con el propio presidente Macri aunque lo bancó hasta el final contra viento y marea.
La construcción política nunca fue su fuerte. Pero deja un bloque de 14 diputados a cargo de Maximiliano Ferraro y la promesa de mantener unido a Cambiemos.
Fue la primera en visualizar y alertar sobre muchas cuestiones: que el mundo venía a la Argentina por nuestras reservas de agua, que Julio de Vido era el cajero, que Aníbal Fernández era de temer y que hay conceptos que instaló para siempre como “coalición”, “civismo”, república de iguales, el contrato moral, la asignación universal para los más necesitados y la defensa de la pluralidad de voces y de la división de poderes. Acercó con fuerza “La condición humana” y el pensamiento de la extraordinaria Hannah Arendt.
Fue socia fundadora y arquitecta de Cambiemos junto al presidente Macri y a Ernesto Sanz. Tuvo en la mira y algunas obsesiones contra dirigentes radicales que no merecían sus acusaciones. Pero sus aciertos y sus aportes fueron infinitamente superiores a sus equivocaciones. Muchas veces su ansiedad pudo más que el sentido político de la oportunidad.
Grabó a fuego en la piedra fundamental de su edificio político el compromiso de no robar, no mentir y no usar a los pobres. No es poco en los tiempos de oportunismo cleptocrático y autoritario que se vienen con todo.
Demostró que las urnas no matan los sueños ni borran los prontuarios. Sacó millones de votos y después se quedó casi en soledad. Siempre apostó fuerte. No fue políticamente correcta ni cobarde.
Fue una topadora que a veces se llevó trigo limpio por delante. Le recuerdo que en un momento, dijo que le había perdido la confianza al presidente Macri y a Ernesto Sanz casi ni le hablaba.
Dejó jirones de su vida en la patriada. Tal vez por eso dice que siente que fue “un alma secuestrada”. Tuvo y tiene una voz política de una potencia impresionante.
A Carrió le gusta citar a Martin Luther King cuando dijo: “Nunca tengas miedo de hacer lo correcto”. Estoy absolutamente de acuerdo con ese concepto que demuestra que tiene los ovarios del tamaño de los planetas.
Suele caer en desmesuras de las que le cuesta regresar. Es una persona mandona que le cuesta integrar direcciones colectivas y tomar decisiones por consensos. Si no se hace lo que ella dice, prende la mecha, se tapa los oídos, tira la granada y se va. Pero hay un alto grado de patriotismo en sus denuncias y también, un alto grado de fragilidad en su imposibilidad de la construcción colectiva que se mantenga en el tiempo.
Pone el grito en el cielo cada vez que siente que se traiciona al pueblo pobre y se refugia en el rezo diario a la virgen Desatanudos. Hace mucho que tantas muertes de seres queridos la hicieron saltar del agnosticismo de Jean Paul Sartre a la fe en Jesucristo. Tuvo una época de un misticismo extremo con vestidos negros como túnicas, cabellos largos como lluvia y un inmenso crucifijo colgando sobre el pecho.
Fue tres veces candidata a presidenta y pre candidata en una ocasión. Es una política atípica, despreció las formalidades y los buenos modales. Atravesó la pantalla y se puso a tomar mate en batón y ruleros con los televidentes. Les habla en forma directa, mano a mano. Por eso disfruta tanto recorrer el país varias veces haciendo campaña, llevando su mensaje como una predicadora.
En algún momento le tuvo miedo a la muerte pero ahora no le teme a nada. Superó esa sucesión de tragedias familiares que fueron balizando el camino de su vida. Tenía 7 años cuando falleció una tía que vivía con ellos. En el colegio murieron dos de sus compañeritas. Fue muy impactada cuando se fueron sus abuelos o cuando en la facultad, un accidente en el que ella sobrevivió milagrosamente, se llevó la vida de 6 de sus compañeras en la facultad de derecho y la de su novio.
La muerte temprana de su hermano y de su padre, la persona que más admiró y el recuerdo por el que siente una debilidad especial que la puede llevar rápidamente al llanto emocionado. Es que Rolando “Coco” Carrió era un ser especial, muy divertido y carismático. Era un bohemio que se escapada de su casa para irse de farra con los amigos. Cuando falleció, uno de sus hijos dijo: “el velorio de Papá fue un éxito, no faltó nadie”. Lo querían todos: desde los ganaderos más encumbrados hasta los peones más sacrificados. Pulsaba la guitarra en la ronda de los mates y cantaba tanto en guaraní como en inglés. Su tema preferido era “El carrero Chachapecero” que relata la tarea del pobre que sale a trabajar de madrugada con sus bueyes, su chiripá de lona y su alpargata rota. Va a descargar el chachapé y pesados troncos para sacar el tanino.
Asi termina la canción:
Yo conozco todo el Chaco
nadie se acuerda de mí
mi consuelo es beber caña
y cantar en guaraní.
Durante el embarazo de su hija Victoria, Lilita, comió chipá a más no poder. Casi hasta reventar. Decía que estaba cansada de que la valoraran solo por ser linda y flaca. Una reina de belleza en el pueblo. Se casó muy jovencita. Todo lo hizo a mil por hora. Tenía 16 años cuando se casó. Fue madre a los 17 y se separó a los 18. Ya trabajaba como profesora de Instrucción Cívica en una escuela nocturna.
La noticia es impactante: Elisa Carrió, de la estirpe de Genaro Carrió, se retira de la política activa. Muchos argentinos están tristes por eso. Pero a los combatientes contra los ladrones de estado como Lilita, no se los llora. Se los reemplaza. Por eso, ya la estamos extrañando.