Houssay y la ciencia – 10 de abril 2018

Le pido perdón por la impertinencia a todos los docentes argentinos, pero si yo fuera maestro hoy les hablaría a los chicos (aunque sea durante 5 minutos) sobre la vida y obra de Bernardo Houssay. Hoy es el día mundial de la Ciencia y la Tecnología y, en Argentina, se celebra en honor a Houssay que nació un 10 de abril como hoy pero de 1887 y que en 1947 logró el premio Nobel de medicina.
Y como si esto fuera poco motivo, un día como hoy, pero de 1934, falleció Cecilia Grierson, la primera médica argentina, higienista y educadora.
Por eso le digo, que si yo fuera docente me gustaría exorcizar (aunque sea por un rato) tanto Cristóbal López corrupto y tanto Lázaro Báez y Cristina, socios para la gran estaba nacional.
Me gustaría contrarrestar tanta desesperanza y desilusión que anda por ahí, reptando entre nosotros. Y la mejor manera es que se conozca la historia de un compatriota que fue mucho más que un ejemplo. Fue un milagro.
Me pararía al frente del aula y diría que el doctor Bernardo Alberto Houssay fue mucho más que el argentino que ganó el premio Nobel de medicina y el primer latinoamericano de la historia en ganarlo en esa especialidad.
Ese día histórico en que recibió el anuncio, Houssay estaba trabajando en su humilde laboratorio junto a su discípulo Luis Federico Leloir quien con el tiempo, también recibiría el Nobel pero de Química. Fue toda una señal.
Houssay era un niño con talento especial. A los 13 años terminó el bachillerato, a los 17 se recibió de farmacéutico y a los 23 de médico. ¿Escuchó bien? A los 13 el secundario, a los 17 fue farmacéutico y a los 23 médico y con diploma de honor. ¿Qué más se puede agregar? Su cerebro era un océano de neuronas y su corazón estaba construido con toneladas de sentimientos humanitarios.
Bernardo Houssay se dedicó a lo que él llamaba “El patriotismo práctico”, mucho más eficiente que los discursos y las escarapelas. Se dedicó a la investigación y a la docencia. Era austero como todos los grandes. Nunca tuvo auto y con un sueldo modesto mantuvo a su familia de siete integrantes. Nació y murió pobre. En sus épocas de estudiante y trabajador, caminaba 100 cuadras por día porque su familia no tenía unas chirolas para el colectivo.
Tuvo un rechazo visceral por el autoritarismo y por eso tuvo problemas en 1943 cuando el gobierno militar dispuso expulsar a todos los profesores de la universidad que habían firmado un manifiesto anti oficialista y el, por supuesto, lo había firmado.
Con disculpas por mi ignorancia, me gustaría decirles que el Premio Nobel lo ganó porque estableció la relación entre la acción de las hormonas y la glándula hipófisis. Dicen los que saben que, a partir de ese momento, comenzó a entenderse el cuerpo humano como un sistema que se auto regula.
Pero lo más importante es que fue un genio celeste y blanco que nos llenó de orgullo. Por su decencia y por su docencia; por su humildad y por su amor a la ciencia. Estaba convencido que ningún país progresa si no tiene investigación. Y por eso fue el inspirador de la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo del que fue su primer presidente hasta su muerte en 1971.
Nació en una casa del barrio porteñísimo de Almagro un día como hoy. Sus padres, Clara Lafont y Alberto Houssay eran dos de los 20 mil franceses que vivían en esta bendita ciudad que, por esa época, tenía una población de 437 mil habitantes, incluyendo Flores y Belgrano que recién habían sido cedidos por la provincia de Buenos Aires.
Al joven Bernardo le trajo problemas su incansable lucha antifascista y, repito, en 1943 lo expulsaron de todos sus lugares de trabajo junto a otros 150 profesores que repudiaron el lugar que los nazis tuvieron durante el gobierno en ciernes de Juan Domingo Perón. También es cierto que sus posturas conservadoras y contrarias al gremialismo estudiantil le generaron muchas polémicas y algunos disgustos. Houssay estaba convencido que la universidad debía ser el centro de la actividad intelectual superior y que por eso cumplía un papel social de la jerarquía más elevada. Los claustros eran sagrados. Un templo del conocimiento y la innovación. Una vez dijo que la función de la universidad “consiste en crear conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia y formar hombres más selectos por su cultura, excelencia académica y capacidad”. En su museo se pueden ver cartas amarillentas de las mentes más brillantes del planeta que luego de hacerle alguna consulta, terminaban el texto diciendo: Un abrazo para usted y otro para el doctor Leloir”.
El joven Bernardo fue back del equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. La Unión de Rugby le debe a Houssay que las actas de la institución se hayan empezado a escribir en castellano, porque hasta la incorporación de su club, se redactaban en inglés.
Desde el punto de vista científico el doctor Houssay tuvo todos los reconocimientos posibles, además del Nobel. Fue miembro honorario de las Academias de Ciencias más prestigiosas del mundo como las de Madrid y Nueva York. Tuvo cientos de propuestas para irse a trabajar al exterior pero, él, siempre contestaba lo mismo:
– La ciencia no tiene patria. Pero el hombre de ciencia, si la tiene. No acepto ir a los Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir para que alguna vez lleguemos a ser potencia mundial científica de primera clase.
Si se levantara de su tumba ahora, creo que se volvería a morir, pero de vergüenza ajena.
El día que recibió el Nobel por su descubrimiento de la hormona reguladora del azúcar y al ver que el periodismo argentino estaba muy censurado por el peronismo, dijo que esa distinción era un tiro por elevación al gobierno argentino. Lo dijo con mucha ironía:
– No hay que confundir las cosas pequeñas como Perón con las cosas grandes como el Nobel.
Se imaginan que de gorila y oligarca para arriba, le dijeron de todo. Pero no tenía pelos en la lengua, tenía coraje para decir lo que pensaba y por eso yo lo admiro tanto.
Sus pasiones eran el laboratorio, la cátedra, la justicia y la libertad.
El día que cumplió 80 años, un periodista le preguntó:
– ¿Se siente viejo, doctor? Y él contestó:
– Solo es viejo quien no ve cosas nuevas todos los días.
Su vida es un testimonio pero también un espejo en donde mirarnos. Es un amuleto contra la Argentina trucha de los chantas, los corruptos y los autoritarios que tanto mal nos hizo a los argentinos durante tanto tiempo.
La memoria del doctor Houssay es un talismán al que tenemos que aferrarnos para construir un país mejor para nuestros hijos. Con más ciencia y menos ignorancia. Con más austeridad franciscana y menos frivolidad. Con más decencia y menos corrupción. Un país que se ponga de pié y sea admirado en el mundo. Como el doctor Bernardo Houssay, que ojalá nos ilumine.

Lula y Cristina – 9 de abril 2018

Lula está preso y Cristina está libre. Lula, por ahora está preso y Cristina, por ahora está libre. Esa es la principal diferencia entre varias que tienen las realidades políticas de ambos ex presidentes.
Lula está preso por decisión del riguroso juez Sergio Moro que lo acusa de haber recibido un departamento en Guarujá como dádiva para favorecer un negociado.
Cristina está libre por indecisión de una desprestigiada justicia argentina que va y que vuelve, porque tiene tres tipos de magistrados: los corruptos, los militantes y los honestos.
La propia Elisa Carrió, que es implacable, dijo que no creía que Lula fuera un gran corrupto en el sentido de que no se probó que haya tenido un enriquecimiento ilícito descomunal. Ella y mucha gente creen que Lula habilitó o miró para otro lado frente a un aceitado sistema de corrupción generalizado que manchó a casi toda la dirigencia política de Brasil.
Cristina y Néstor fueron los jefes de una asociación ilícita criminal dedicada a saquear al estado y a enriquecerse personalmente de forma sideral.
Lula utilizó o fue utilizado básicamente por dos empresas monumentales, Petrobras (la estatal más grande de América Latina) y Odebrecht (la compañía privada más corrupta del mundo) y su partido, el de los Trabajadores, fue la herramienta de distribución de coimas a casi todos los legisladores.
Cristina y Néstor, inventaron un par de empresarios como Lázaro Báez y Cristóbal López a los que enriquecieron para enriquecerse ellos por los retornos que recibieron o porque directamente fueron sus socios, empleados o testaferros. Una vez muerto Néstor, la corrupción de estado centralizada, se le fue de las manos a Cristina y el robo fue generalizado. Casi todos los ministros y un gran número de funcionarios nacionales, provinciales y municipales se hicieron millonarios de la noche a la mañana con el dinero de pueblo.
Lula nació en la pobreza extrema, hijo de padres analfabetos, se ganó la vida como lustrabotas y desde la dirigencia sindical en San Pablo fundó la central obrera más grande de occidente y un partido político de izquierda diverso donde conviven desde socialdemócratas y cristianos hasta trotskistas. “Somos una agrupación socialista de extrema democracia”, supo definir Lula. Estuvo preso durante la dictadura y siempre defendió los derechos humanos.
Cristina y Néstor fueron dos abogados que en Santa Cruz, hicieron su primera pequeña fortuna al quedarse con las propiedades de gente que no podía pagar sus cuotas, en una clara actividad usuraria durante el terrorismo de estado al que no enfrentaron de ninguna manera. No presentaron ni un habeas, mientras muchos de sus compañeros se jugaban la vida defendiendo presos políticos. Y una vez en el estado, en la municipalidad de Rio Gallegos o en la gobernación de Santa Cruz, armaron un esquema de cleptocracia que mantuvieron y multiplicaron desde la presidencia de la Nación.
El Partido de los Trabajadores no perdió ninguna elección nacional desde que llegó al poder y sacó a más de 30 millones de brasileños de la pobreza. Lula dos veces fue presidente y Dilma Rousseff fue destituida por un delito muy poco claro y con una forzada mayoría parlamentaria.
El Frente para la Victoria fue desalojado del poder por la soberanía popular de las urnas. El cristinismo perdió tres elecciones consecutivas y empujó al peronismo a la peor crisis de su historia. Cristina dos veces y Néstor gobernaron casi con la suma del poder público y no hubo ninguna maniobra extraña para destituirlos. Fue la democracia la encargada de renovar la conducción de la Argentina.
Julio Bárbaro dice que Lula y Cristina no se asemejan en nada: “Él es la expresión de la conciencia popular de los humildes, como Perón y ella, de las clases medias de izquierda y los derechos humanos”.
Lula está en la cárcel y aunque se considera un preso político perseguido por su gran tarea social de ayuda a los más necesitados, acató la decisión después de unas horas en donde miles de brasileños fueron a darle su apoyo y su cariño.
Cristina fomenta y espera una sublevación popular, un 17 de octubre, para el caso de que ella fuera detenida. Se refugió en sus fueros parlamentarios para no cumplir la prisión preventiva y sigue operando en la justicia para dilatar todas las causas gravísimas que tienen y en las que tiene 6 procesamientos.
Entre las diferencias y similitudes que hay entre Lula y Cristina, hay que decir que si el brasileño se presenta a las elecciones de octubre seguramente va a ganar la primera vuelta con mucha comodidad, según dicen todas las encuestas. En cambio, si Cristina se presenta en los comicios del 2019 es una garantía de reelección de Mauricio Macri al enfrentar a un peronismo dividido que no termina de digerir el sapo de Cristina.
Lo más peligroso y preocupante para la democracia de la región es que en Brasil un sector de la población defiende a cara descubierta las dictaduras militares. Un candidato de ultraderecha y discriminador como Jair Bolsonaro, es el segundo en las encuestas. Y el jefe del Ejército tuvo la caradurez de presionar para que Lula fuera detenido. Lamentablemente ese general llamado Eduardo Villas Boas no fue detenido inmediatamente como debería por su incitación al golpismo y su salvaje participación en temas que no le competen.
Lula tuvo el apoyo de populistas autoritarios y corruptos como los ex presidentes Rafael Correa o Cristina pero también de ex jefes de estado socialistas democráticos y probadamente honrados como Ricardo Lagos y Pepe Mujica.
Cristina fue definida en la sinceridad que da la intimidad por el Pepe Mujica como “esta vieja terca que es peor que el tuerto”. Y Ricardo Lagos cortó relaciones con los Kirchner cuando Néstor lo engañó con el tema del gasoducto a Chile y le produjo una dura crisis energética a Chile.
Las uñas de Odebrecht llegaron a la Argentina donde pagaron coimas o propinas como le dicen en Brasil por 35 millones de dólares. El procesado más importante por esta causa es Julio de Vido. Era el gerente del cartel de los pingüinos que se robaron todo. Hoy está preso por otra causa pero en la que involucra a la empresa de Brasil también hay que anotar a Daniel Cameron y a quien todo el mundo señala como el intermediario y portador del dinero sucio, Jorge “El Corcho” Rodríguez. Fue por la ampliación de gasoductos que no se terminaron, con licitación a la medida de Odebrecht donde se pagaron sobreprecios por 800 millones de dólares. En otra causa, la del soterramiento del tren Sarmiento, varios caminos conducen a la empresa de Angelo Calcaterra, el primo del presidente Macri.
Tanto en Brasil como en Argentina instalaron las famosas grietas que dividen a la sociedad y la cargan de odio. Un operador aeronáutico diciendo que tiren esa basura por la ventana al avión que transportaba a Lula hacia Curitiba es solo un botón de muestra.
Carrió dijo que Cristina debería ir presa por la asociación ilícita que montó y por los procesamientos que tiene en varios delitos que podrían asimilarse a traición a la patria.
Lula tuvo definiciones humanas, sensatas y populares hasta que le llegó la tentación por el dinero ilegal. En su mejor momento, cuando dejó el poder con 87% de imagen positiva y sin destruir el sistema macro económico que había dejado Fernando Henrique Cardoso, pudo sacar a alrededor de 30 millones de compatriotas de la pobreza y sin grieta decir que democracia es que mi pueblo coma cinco veces al día y no que coman una vez cada cinco días.
Eso me dijo en un reportaje. O que su proyecto político es que ningún brasileño tenga que agachar la cabeza ante ningún poderoso. Fue una estrella planetaria durante varios años y gobernó al quinto país más importante del mundo por territorio y población.
Lula superó un cáncer de garganta y Cristina tuvo varios problemas de salud.
En eso estuvieron iguales.
La diferencia, por ahora, es que Lula está preso y Cristina está libre. Insisto: por ahora.

Brasil arde con Lula – 6 de abril 2018

Brasil está que arde. Está atravesando el momento más grave de su crisis política desde la recuperación de la democracia.
La detención (aunque a esta hora todavía no sabemos si se efectivizó) del ex presidente Lula generó un tsunami de protestas y apoyos callejeros que ponen al país al borde de un precipicio institucional. Brasil está que arde y también está partido por una grieta irreconciliable. Por un lado están los ciudadanos que están hartos de un sistema de mega corrupción que involucró a casi toda la clase política y a dos empresas gigantescas: la estatal Petrobras (la más poderosa de América Latina) y Odebrecht (la más coimera del mundo). Por el otro lado está el Partido de los Trabajadores, con su gran capacidad de movilización militante y un sector de la población que fue favorecido durante el gobierno de Lula. Millones de pobres dejaron de serlo y se incorporaron a las clases medias de Brasil.
Simultáneamente hay una pelea entre los dos hombres de mayor apoyo popular. Lula que tiene alrededor del 35% de intención de votos para volver a ser presidente de la Nación en octubre y el juez federal Sergio Moro quien ordenó que Lula se entregue prisionero en Curitiba. El magistrado es la cara visible del proceso llamado “Lava Jato” que, como el “Mani Puliti” en Italia, barrió de cuajo los negocios sucios y las millonarias propinas (así se les dice a las coimas en portugués) que calculan en alrededor de 2 mil millones de dólares.
La condena en dos instancias contra Lula es por haber recibido un lujoso departamento triplex en una zona turística de Guarujá a cambio de favorecer los negocios de una constructora llamada OAS. La justicia probó que Lula no pudo explicar de dónde sacó los fondos para esa compra.
Por lo tanto hay una pelea entre la política y la justicia. Lula dice que es un perseguido político y que en realidad los poderosos de Brasil lo están castigando con 12 años de prisión por la gran tarea social que hizo con los más humildes. Sus adversarios políticos y la justicia aseguran que se persigue el delito que cometió y no las ideas ni la gestión del Partido de los Trabajadores.
Es todo muy delicado y peligroso. Una batalla callejera entre ambos sectores podría derivar en una tragedia humana e institucional. La región en general y Argentina en particular recibirían las esquirlas de esa explosión por varios motivos. Primero porque Cristina está en una situación similar. No digo igual porque Cristina fue derrotada en las urnas en tres ocasiones y no tiene chances de volver a ser presidenta. En cambio, en Brasil, Dilma Rousseff fue destituía por la justicia (por un tema polémico y vidrioso) y según todas las encuestas, en primera vuelta nadie puede ni competir con la catarata de votos que sacaría Lula.
Pero también hay consecuencias económicas. Todos saben que nuestro principal socio comercial es Brasil. Y que si ellos se resfrían nosotros estornudamos. En varios rubros, pero sobre todo en el automotriz, dependemos mucho del crecimiento o de la caída de nuestros vecinos.
Hay que decir que casi todos los ex presidente de la región, salieron a apoyar a Lula y a denunciar a las clases dominantes como los victimarios de este líder carismático monumental. Cristina, Evo, Correa, Maduro están en ese mismo barco y también tienen acusaciones de corrupción en sus países. Pero hay que decir que Ricardo Lagos y Pepe Mujica, los ex jefes de estado chileno y uruguayo respectivamente, son gente honrada e intachable y también apoyaron a Lula.
La sociedad está conmovida y expectante. Todavía no lo sabemos. Pero Lula dijo que no se va a entregar y presentó un nuevo habeas corpus que fue rechazado de inmediato. Hace dos días el Tribunal Superior de Justicia ya le había rechazado otro. Si Lula no se presenta es una forma clara de desafiar a la justicia y hay que ver si el sistema aguanta ir a detenerlo con la fuerza pública. La marea roja de su militancia ha dicho que lo van a rodear como un escudo humano para que no se lo lleven detenido. Veremos.
Dilma dijo que Lula es un guerrero y en eso tiene razón. Ayer volvió a sus orígenes para refugiarse en sus viejos compañeros del sindicato metalúrgico del ABC de San Pablo donde se hizo primero dirigente sindical de la CUT y luego jefe del Partido de los Trabajadores.
Lula viene de muy abajo. Y ahora es un gigante de la política internacional. Es asombrosa su capacidad de acción pero también su impresionante facilidad para transformar conceptos complejos en consignas populares. Democracia es que mi pueblo coma cinco veces al día y no que coman una vez cada cinco días.
Eso me dijo en un reportaje. O que su proyecto político es que ningún brasileño tenga que agachar la cabeza ante ningún poderoso. Habla el idioma de los más necesitados porque en ese océano estuvo a punto de ahogarse y siempre nadó con fuerza y valentía hasta la orilla. El fundó un partido socialista multicolor que junta desde socialdemócratas o cristianos hasta trotskistas. Es el partido de izquierda más grande de occidente. Y la central sindical con más afiliados. Cuando tomaba grapa era marxista revolucionario. Ahora toma agua mineral y dice que su felicidad es ayudar a la felicidad de su pueblo.
Definió muy claramente su ideología: “somos un partido socialista de extrema democracia”. En un coloquio de IDEA al que vino a dar una charla tuve la ocasión de conversar con él unos minutos y recordarle un intercambio que tuvimos gracias a mi oficio de periodista.
Lo recuerdo así:
– Lula, le quiero desear un feliz cumpleaños y un feliz gobierno.
Eran las 9.37 del domingo 27 de octubre de 2002, el día más importante de su vida porque cumplía 57 años y estaba a horas de convertirse en el presidente electo de Brasil. Me dijo “muito obrigado”, me estrechó la mano y siguió de largo como si nada. Tuve que apelar a mi arma secreta:
– Ah, Lula, el viernes estuve con Víctor de Gennaro y le manda un gran abrazo.
Logré detener su marcha sin mentir. Y le sacudí la primera pregunta:
– ¿En quién pensó cuando apagó las velitas y se emocionó tanto?
– En mi madre. Ella era lavandera. Me acordé del día de su muerte. Yo estaba preso por la dictadura militar y ella se murió sin saberlo. Mi carcelero se conmovió y me saco media hora a escondidas de sus superiores para que yo estuviese en el velorio. Pero no me permitieron estar en su entierro ni hablar con mis familiares.
– No pudo contener el llanto…
– ¿Y qué le parece?, ella era analfabeta igual que mi padre. Me mandaban a comprar el diario solo para ver las fotos y los dibujos. Me hubiese gustado tanto tenerla esta noche a mi lado…
Lula fue protagonista de la epopeya del lustrabotas que llegó a conducir el quinto país más importante del mundo por territorio y población.
Sus admiradores dicen que Lula superó incluso un maldito cáncer que tenía alojado en su garganta. La consigna con la que ganó la presidencia por primera vez decía: “La esperanza vence al miedo”.
No sabemos si en estos momentos ese concepto le va a ser útil. Toda refundación de la república fundida exige verdad y justicia. Porque está claro que solo la verdad nos hará libres. En Brasil y en Argentina, nunca es triste, la verad, lo que no tiene es remedio.