Santiago querido – 3 de mayo 2019

La última encuesta de Poliarquía, realizada entre líderes de opinión, colocó a Santiago Kovadloff en el primer lugar, entre los intelectuales y científicos más destacados del país por encima de Beatriz Sarlo, Juan José Sebrelli, Gabriel Rabinovich, Facundo Manes, Pablo Gerchunoff y Juan Martín Maldacena.
Los saberes de Kovadloff son tan diversos que muchos, no saben cómo definirlo. ¿Es filósofo, poeta, ensayista, traductor? Es todo eso junto, pero falta una palabra mayor para calificar su estatura ética y republicana. Es un terapeuta de las enfermedades psicológicas de la patria y un custodio permanente de las ideas que vienen a refundarla. Como un candelabro, una menorá, para decirlo en hebreo, Kovadloff sostiene la luz que ilumina todas las oscuridades.
Santiago además es una persona que disemina por la vida, semillas de afecto y abrazos con todo el cuerpo. Confía en que florezcan en la tierra fértil de Argentina. Su porte elegante, su voz seductora y potente, suele despertar los suspiros de las mujeres. Pero él tiene su corazón y su vida entrelazada y eterna con Patricia, su compañera ideal.
La tesis con la que se recibió en Filosofía y Letras fue sobre Martin Buber y se llamó “El oyente de Dios”. A partir de ahí construyó una trayectoria difícil de igualar. Es académico de la lengua en Argentina y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Fue designado para abrir el Congreso de la Lengua que se hizo en Córdoba junto al premio nobel Mario Vargas Llosa. Es profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid.
Tuvo que exiliarse cuando la dictadura de Videla venía degollando libertades y aprovechó para perfeccionar el portugués con el que tradujo al castellano a próceres como Fernando Pessoa y Vinicius De Moraes. Al revés llevó al portugués textos de Joan Manuel Serrat y Les Luthiers. Pocos saben que también es un tierno autor de relatos para niños. Muchos saben de sus textos memorables: “Las huellas del rencor”, “El silencio primordial” o “La Nueva ignorancia” y “Locos de Dios”.
Sus tesoros son la sonrisa de su mujer al despertar, su intercambio intelectual y sensual con ella, y el yacimiento de amor entrañable por sus hijos, Diego que vive en Londres, Valeria y Julia. Eduardo Galeano, en “El libro de los abrazos”, cuenta que cuando Santiago llevó a conocer al mar a su hijo, el chico atropellado por la inmensidad y la belleza, le pidió a su padre que lo ayudara a mirar. Ese día Diego hizo su primer poema.
La biblioteca de su casa está desborda de libros muy antiguos que Santiago acaricia como a un bebé. Pero la reliquia que venera, tiene que ver con sus genes. Es un samovar del níquel y cobre fabricado en 1898 que de pibe él llamaba “la casita del té” y que estaba en la casa de sus abuelos donde el idish era una campanita de alegría. Los cuatro vinieron de Rusia, de Odesa y de Kiev, huyendo de los pogroms zaristas. Tal vez por eso, Santiago tiene marcado a fuego la palabra libertad en sus neuronas.
Arriba de los escenarios muestra su carisma comunicativo. En el teatro dirigido por su hija o en el café concert bajando a la tierra y a la seducción de las personas comunes a Borges, Cortázar o el mismo Pessoa acompañado por músicos de aquellos. Su firma está en todas las solicitadas a favor de la República y las mentes abiertas y en contra de todo tipo de fanatismos. Su cuerpo está en todas las manifestaciones que pelean por una justicia ejemplar que esté a la altura de lo que necesitamos en este momento de la historia nacional.
Tal vez por eso, los kirchneristas lo atacaron y lo atacan tanto. Incluso alguno de los que fueron sus más brillantes discípulos. Es que los dogmáticos del autoritarismo presuntamente revolucionario y los negacionistas del robo del siglo K, no se pueden permitir dudar con las certezas que predica Santiago. Un energúmeno fascista como Juan Labaké, tuvo la caradurez de acusarlo de “traidor a la patria”, ridiculez que fue rápidamente desestimada.
Con mi hijo Diego, tuvimos el honor de que prologara nuestro libro “Cuidáte changuito”. Ahí dijo cosas que nos inflaron el pecho y el orgullo, con el título: “Dos hombres de palabra”. Y aseguró que Diego “ha entendido que significa heredar. Heredar es transformar lo recibido mediante los propios recursos creadores”.
Pero si de frases lúcidas se trata, se podría citar una montaña de Kovadloff. Yo elijo algunas:
• La muerte no es algo que va a sobrevivir. Uno viviendo se va muriendo y deja de morir cuando expira. Para poder morirse hay que estar vivo.
• La política es un ejercicio moderado de la maldad, pero a la vez es imprescindible porque sin ella no hay organización social.
• La Argentina es una sociedad donde la experiencia no logra transformarse en enseñanza.
Por todo esto, hoy le doy mi palabra a Santiago Kovadloff.
(va audio).

Un monumento al cine – 2 de mayo 2019

Le confieso que estoy escribiendo bajo emoción violenta. Estoy absolutamente colmado de felicidad. Acabo de ver la nueva película de Juan José Campanella y de entrada le digo que se trata de un monumento al cine, un canto al talento y la creatividad que nadie puede dejar de ver.
Por supuesto que le estoy hablando como un simple ciudadano que disfruta de las buenas películas. Estoy lejísimo de ser un crítico cinematográfico. Mi trabajo periodístico es otro. Encima no puedo y no quiero contarle diálogos, situaciones y mucho menos los remates más maravillosos de la película porque eso no se hace y porque no sé si me alcanzan las neuronas para explicar en palabras semejante obra de arte. Alguno puede pensar que estoy exagerando y a lo mejor tiene algo de razón. Yo solo le quiero transmitirle la experiencia que me produjo ver “El cuento de las comadrejas”. A la salida, le comenté a Andy López que para mí es la mejor película de la historia argentina.
El cine estaba lleno de profesionales, de especialistas que vieron y analizaron cientos de películas, que estudian estos temas. Todos aplaudieron a rabiar cuanto terminó. Pero lo más importante es que les ví las caras cuando encendieron las luces. Todos tenían el rostro iluminado porque atravesamos por una cátedra de cine, donde todos se ríen de si mismos y porque fuimos felices durante un par de horas.
¿Sabe que me llenó de orgullo? El talento sin soberbia. La capacidad de narrar una historia que nos hace reír cada dos minutos y nos emociona hasta las lágrimas. Un guión cargado de suspenso que parece un mecanismo de relojería donde nada sobra y nada falta. El clima, la música, la fotografía y el vestuario de Cecilia Monti son maravillosos, especialmente porque esta película permite que Graciela Borge luzca su belleza, su gran capacidad actoral y vestidos almodovarianos que hacían juego con una mansión típica de los cuentos de terror. Y el cuento de las comadrejas es una película de terror o un policial astuto y sorprendente hasta el último minuto. Pero también es una comedia donde Marcos Mundstock remata cien chistes que estallan en carcajadas de la platea. Nadie se equivocará si piensa que en realidad la película no es de terror, ni policial ni una comedia. Muchos pueden interpretar que es una historia de amor descomunal entre dos personas (Graciela Borges y un Luis Brandoni que brilla como la joya que es), o de amor a la vida o un canto de amor al oficio de los actores, de los directores y de los guionistas. Eso es: un homenaje al mejor cine. Y tiene tantas capas de creatividad que también puede leerse como una lucha generacional entre la mirada pragmática de algunos yuppies modernos y la sabiduría de los que llegaron a viejos. Es una remake de la película “Los muchachos de antes no usaban arsénico” de un coloso del cine nacional, maestro de maestros, como José Martínez Suarez al que muchos apenas identifican como el hermano de Mirtha Legrand. Aquel film tuvo tanta mala suerte como el país en 1976. Se estrenó 32 días antes del golpe. La dictadura genocida de Videla y su banda arrasó con todo y también con el trabajo de Martínez Suarez donde se destacaban los insuperables Narciso Ibáñez Menta, Arturo García Burh, Bárbara Mujica, Mecha Ortiz y Mario Soffici que tiene en la actual película un guiño muy especial en medio de muchas señales de complicidad que se disparan sobre los espectadores.
Oscar Martínez vuela alto. Hace de un maldito inteligentísimo que maneja la ironía como si fueran gambetas de su admirado Bochini. No hay un segundo de aburrimiento, no hay un solo lugar común. Todo el tiempo la película te asombra, te mantiene atado al argumento y te llena de alegría.
Las actuaciones son dignas de gigantes. Creo que a esta altura debemos reconocer que los cuatro grandes protagonistas (Borges, Brandoni, Martínez y Mundstock) merecen estar para siempre en las grandes ligas en el listado de los más grandes actores argentinos de todos los tiempos. Nico Francella y Claro Lago también hacen un gran aporte como villanos que son la contracara de los otros villanos pero que despiertan ternura y gran empatía. Son tan queribles los viejos que al final uno tiene ganas de celebrar algo que jamás celebraría en la vida real.
Campanella es el Messi del cine. Pero ganó el Oscar con el secreto de sus ojos que es como salir campeón del mundo. Campanella la rompe. El mejor jugador y el capitán de la celeste y blanca. Juega en toda la cancha. Con la cámara hace lo que quiere. Tiene un manejo de los textos y del lente con varios post grados en los Estados Unidos pero eso no le impide hacer un cine bien nacional y popular.
Es un exquisito de la puesta pero está lejos del elitismo de los falsos intelectuales. Hace un cine y un teatro de masas. No le interesa la masturbación ideológica de las elites. Cuenta historias como el mejor. Nos entretiene y nos pone a jugar en el cine y eso es cada vez más difícil en estos tiempos de cólera.
Además admiro su valentía y coraje como ciudadano. Creo que ahí es sumamente útil como defensor de las libertades y la República. Pero por momentos pensé en decirle alguna vez que no malgaste su energía en pelear con fanáticos o cobardes anónimos a través de las redes sociales y que utilice su tiempo en hacer felices a los argentinos con ese don maravilloso que tiene a la hora de ejercer su mágico oficio. La última película la filmó en 2013 y fue Metegol que es un género de animación muy complicado que tuvo éxito y que abrió caminos y fuentes de trabajo. En cualquier otro país del mundo, Campanella sería Gardel. Sería casi un intocable. Solo los argentinos nos permitimos tratarlo como si fuera un ciudadano común y corriente. Y matarlo con críticas si alguna vez erra un penal como cualquier ser humano. Aunque en este caso creo que los que lo atacan lo hacen no por sus resultados profesionales. Lo hacen por la batalla política del odio y la grieta. Es uno de los grandes que tenemos para fomentar la industria nacional de las fantasías y los sueños que es el cine. Es el que puede contribuir con su trabajo a la refundación cultural de este país para que mantengamos nuestra identidad y nuestras raíces, pero desterremos disvalores como esa famosa picardía criolla que muchas veces deriva en impunidad para los ladrones y los autoritarios.
Campanella está por cumplir apenas 60 años y tiene cuerda para rato. Volvió al país esperanzado. Ojalá no se tenga que ir desilusionado. Necesitamos todas las neuronas y todas las buenas intenciones para que una Argentina más libre, honrada e igualitaria arranque de una vez y para siempre.
Pero ese ya es un comentario político. No me quiero desviar de mi objetivo principal en el día de la fecha: decirle que no se pierda la película “El cuento de las comadrejas”. Será feliz por dos horas. Y eso hoy no tiene precio.

Cristina es Maduro – 1 de mayo 2019

El doctor Daniel Sabsay, el gran constitucionalista, nos recuerda con un tuit que “hoy se celebra el día de la Constitución, aprobada por una Asamblea Constituyente el primero de mayo de 1853. Su principal objetivo fue poner fin a la sangrienta anarquía y sentar las bases de la Organización Nacional. Pese a su escaso cumplimiento, pronto celebraremos 36 años de democracia”.
Por eso, aunque ya se lo dije, no me canso de repetirlo. Hoy está más claro que nunca: Cristina es Maduro. O Maduro es Cristina, como usted prefiera. Después de las elecciones, nadie podrá alegar que fue engañado por los chupamedias de Cristina que dicen que ella cambió, que ahora es dialoguista y
republicana. Juan Grabois llegó a decir que Cristina maduró. Le pifió por un acento. Cristina no maduró, Cristina es Maduro. Por más que se disfrace de cordero patagónico, sigue siendo un lobo feroz. O mejor dicho, una loba feroz. Quiso instalar el chavismo en
Argentina y la mayoría de los ciudadanos se lo impidió con sus votos. Pero Cristina no se rinde. Quiere volver por todo. Para reformar la Constitución y colonizar definitivamente a la justicia, para expropiar los medios de
comunicación y para gobernar con mano
dura y autoritarismo. Eso es chavismo
kirchnerista. Por eso le digo que Cristina es Maduro. Y a las pruebas me remito.
Agustín Rossi, jefe del bloque K y cristinista de paladar negro salió a cruzar a Miguel Angel Pichetto, presidente del bloque de senadores peronistas que llamó a poner fin a la dictadura de Maduro. Rossi le recordó la emoción de Pichetto frente al féretro de Hugo Chavez y le preguntó si le piden tanto. Juan Grabois, directamente por Twitter repitió la teoría de Maduro y los cristinistas: esto es un golpe de estado impulsado por el imperialismo norteamericano.
Andrés Larroque (a) “El Cuervo” el comandante de La Cámpora hace poco tiempo, dijo lo mismo con todas las
letras. Camilo Vaca Narvaja, padre de la nieta de Cristina Fernández de Kirchner dijo que “en Venezuela se vive una democracia plena”. Es lo que opina tanto su ex suegra como La Campora y el kirchnerismo más extremo y fanático. Cristina se mantiene en silencio
porque sabe, porque no come vidrio, que
ese presunto socialismo ladri progresista
tiene un rechazo muy fuerte en la inmensa mayoría de los argentinos.
Esa postura dejó absolutamente
aislado al cristinismo. Solamente fue
compartida por la izquierda radicalizada que, con viento a favor, suele sacar alrededor del 4 % de los votos en las elecciones nacionales.
Cristina es Maduro porque solo Cristina y su tropa, apoyó a Maduro. Los K quedaron del lado de los países más jurásicos y autoritarios de la región como la Nicaragua de Daniel Ortega y la Cuba de los Castro, más allá de la muerte de Fidel y por gobiernos muy cuestionados por la mano dura contra la disidencia y la falta de libertades individuales como Rusia y China. Hasta los
grupos terroristas de Hezbollah y Hamas
apoyaron a Maduro. Y también la feroz
guerrilla colombiana del ELN.
A la hora de la verdad, cuando hay que
elegir, Cristina mostró su verdadero
pensamiento: quedó del lado de la violación a los derechos humanos con presos políticos, de la censura feroz a los medios de comunicación, de la miseria con falta de comida y medicamentos, inflación estratosférica, corrupción descontrolada y del lado de una dictadura militar y narco que
sostiene a un títere que está tan podrido que se cae de Maduro.
Cristina es Maduro porque Luis D’Elía salió (en su momento) con los tapones de punta a aplaudir a Maduro. Le recuerdo que incluso le
recomendó que fusilara a los opositores.
Que no cometiera el mismo error que
cometió Perón cuando fue
derrocado por la Revolución Libertadora.
Hay que tener odio en las venas para pedir fusilamientos de los que piensan distinto. De todos modos, Maduro le está haciendo caso porque con su represión está sembrando de asesinatos y sangre las calles de Venezuela.
Y porque la suma de muertos por la
represión y los grupos de choque para
policiales que reportan al régimen es
estremecedora.
La Conferencia Episcopal de Venezuela, a contramano del silencio y la ambigüedad del Papa Francisco, denunció que Maduro
“busca perpetuarse en su mandato en forma ilegítima, ilegal e inmoral”.
Las parroquias registran la pobreza extrema que se transformó en hambruna y tragedia humanitaria y de una fachada de economía que terminó el año pasado con una inflación del 1.700.000 % y que según el FMI va a trepar a 10.000.000 % en este año. Si escuchó bien. El chavismo dejó al país sin moneda y
un sueldo alcanza para comprar apenas una gaseosa y un pedazo de pan. Una tiranía feroz en nombre de los pobres y de la revolución bolivariana. En lugar de combatirla pobreza, combatieron a los pobres que escapan como pueden de Venezuela. Ya hay 3 millones de venezolanos que huyeron y las
Naciones Unidas estiman que durante este año esa cifra escalofriante va a escalar a 5 millones 400 mil personas que se van a exiliar y refugiar en otros países.
Y los Kirchner y los representantes de la
degradación del marxismo que gobierna
Nicaragua y Cuba insisten con que es Donald Trump y el imperio el que impulsa a Juan Guaidó como presidente. Pregunto: ¿Y a las millones de personas en las calles, y a las millones de personas que se van de su
tierra, ¿quién los manipula? ¿Pelean en las calles o se van del país por orden de Trump o porque ya no aguantan más al peor gobierno de la historia venezolana?
Hay que ver las calles de Caracas
patrulladas por tanques y camiones que
atropellan manifestantes. Igual que el
modelo cubano que lo inspira. De hecho, hay muchísimos militares presos y torturados por oponerse a Maduro y las Fuerzas Armadas están sembradas de oficiales de inteligencia cubanos.
Hoy ya fallecieron pero está claro,
Históricamente, que Hugo Chávez fue el
heredero de Fidel Castro. Y Cristina apoya eso. Y quiere volver a ser presidenta para reflejarse en esos espejos.
Por eso le digo que Cristina es Maduro.
Maduro tiene el apoyo de Irán y también de Diego Maradona que en su momento leregaló un reloj valuado en 60 mil dólares.
De hecho cuando los K estuvieron en el
poder, las relaciones carnales que
establecieron con Venezuela fueron muy
intensas y por supuesto, sazonadas con
negociados sucios y delictivos de todo tipo. Es un régimen típico del pasado estalinista, donde está prohibido pensar distinto. O mejor dicho, está prohibido pensar.
Es bueno que los argentinos nos miremos en el resultado de Venezuela porque hacia allí nos quisieron llevar e insisto, aún nos quiere llevar Cristina y su banda de ladrones.
Nunca vamos a olvidar lo que el chavismo y el kirchnerismo hicieron para estafar a ambos pueblos: Prestamos de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo.
Bicicletas con el dólar en el mercado negro. La valija de dólares sucios de Antonini Wilson que llegó para la campaña de Cristina. Los negociados de Julio de Vido con el tema petrolero y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuanto nos costaron. Y las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola.
? Se acuerda de la embajada paralela de los negocios y negociados? La encabezó
Claudio Uberti, hoy arrepentido. Néstor Kirchner y Hugo Chávez quisieron
quedar en la historia como San Martín y
Bolívar, los próceres de la Patria Grande.
Pero a medida que se conoce información más detallada de las corrupciones colosales que Néstor y Chávez cometieron, van rumbo
a convertirse en el Gordo Valor y La Garza Sosa, los ladrones de la Plata Grande. Los presuntos libertadores de América en realidad se hicieron millonarios, como los estafadores de América, porque se quedaron
con mucho dinero de los argentinos y
venezolanos más pobres.
Uberti confesó ante la justicia que en una sola operación trucha realizada con bonos de la deuda argentina en 2007, Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno. Y que la parte del presidente argentino llegó al país en billetes verdes en aviones especialmente fletados.
Y como si esto fuera poco, entre el chavismo y el kirchnerismo construyeron un puente de plata (en el más amplio sentido de la palabra plata) con Irán.
La rebeldía pacífica siempre es sana. Nadie debería rendirse frente a un ejército opresor interno. Hay que
ponerse de pié y no dejarse arrodillar por los autoritarios. Para construir un país para todos. Para repudiar a los salvajes antidemocráticos y los ladrones. Tanto en Venezuela como en Argentina. Para vivir en paz. Para que no haya más ningún Maduro. Para que Cristina lo sepa. Jean Paul Sartre dijo que “a todo puede renunciar el hombre, sin dejar de ser hombre. A todo, menos a la libertad”. Y está todo dicho.