Extrañamos a María Elena – 10 de enero 2019

Los argentinos extrañamos muchísimo a María Elena Walsh. La necesitamos como nunca. Hoy hace 8 años que falleció. Ocho largos años. Y no dejamos de llorarla. El año que pasó estuvimos asfixiados por el barro nauseabundo de la corrupción de Cristina y su banda. “Los cuadernos las coimas K” nos envenenaron y nos siguen envenenando la vida y la esperanza. Hace días que vengo haciendo editoriales sobre estos temas y seguramente voy a seguir porque se trata de la investigación más importante de la historia sobre la colosal asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado.
Meter presos a todos los integrantes de la mafia que radiografían los cuadernos de Centeno y lograr que devuelvan el dinero nos ayudará a refundar la República. Por eso vamos a seguir durante mucho tiempo analizando y multiplicando estas denuncias tan rigurosas.
Pero usted ya sabe que de vez en cuando necesito salir de semejante oscuridad repugnante. Iluminar los días para rescatar las ilusiones. Hoy le quiero hablar de otros cuadernos. De la magia de María Elena Walsh que a los 17 años publicó su primer libro de poemas llamado: “Otoño imperdonable”. Es una gran posibilidad de respirar aire puro. Y salir aunque sea por un rato de ese túnel miserable de los que le roban al pueblo.
El maravilloso Teatro Colón, en agosto pasado, hizo un merecido homenaje a la genialidad y a la sensibilidad humana de María Elena. Lo organizó el suplemento cultural de La Nación y se llamó “Varieté Walsh”. Participó mucha gente brillante. Pero le nombro solamente a tres: Lino Patalano desde la cabeza del proyecto, Norma Aleandro desde la conducción y la actuación y Palito Ortega que compuso junto a María Elena esa belleza llamada “La canción del jacarandá”.
Lo trascendente es que a 8 años de su muerte, María Elena, estuvo sobre el máximo escenario de los argentinos. Su espíritu, sus ojos azules, su combate contra todo tipo de solemnidades y almidones, su lucha a favor de todas las libertades como buena defensora de los derechos de la mujer de la primera hora.
Siempre podemos saborear todos los platos exquisitos que supo cocinar María Elena. Nada de los humano le era ajeno. Por eso apeló a todos sus instrumentos: la poesía, la canción, las columnas de opinión, los cuentos, el teatro, la sátira, la literatura infantil, sus denuncias a los autoritarismos, el music hall. El gran amor de su vida, Sara Facio, aportó materiales desconocidos y reveladores.
Dicen que cuando María Elena murió, se elevó al cielo como una bandera de libertad. Por eso, si me permiten, me gustaría decirles que yo no creo demasiado en su muerte. Ni en la de María Elena ni en la muerte de la libertad. La historia demuestra que son llamas que arden para que la vida sea vida. Y que no se apagan jamás.
Yo le creo más a ella cuando dice que tantas veces la mataron, que tantas veces se murió y sin embargo está aquí resucitando. En eso creo. En que ella volverá y será millones de benditas mujeres de esta tierra que nos seguirán ayudando a ser felices y a pensar. No tengo dudas de que María Elena sigue estando al lado nuestro cada vez que la necesitamos para que navegue por nuestra conciencia y nos ayude a ver lo mejor y lo peor de nosotros. Ese fue, es y será siempre el gigantesco aporte inagotable de María Elena. A su talento para bordar letras y melodías o para darle a las palabras alas y colores como decía José Martí, le agregó esa capacidad para decir las cosas de frente, sin pelos en la lengua, con la polémica y el coraje en el bolsillo.
Por eso revolucionó el lenguaje. Porque fue la primera en no tratar a los chicos como si fueran tontos. Fue la primera en sacarle ese protocolo severo a las canciones, en hablar jugando, en cantar divertido, en crecer con sonrisas. Por eso Manuelita con su nueva estética y su vieja ética quedó grabada a fuego en el corazón de las multitudes. Un día María Elena se marchó, igual que Manuelita. Tuvo dos viajes que la refundaron. Fue a Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez aquél de la literatura inolvidable de “Platero y yo”. Y a Europa de la mano de Leda Valladares para huir de un peronismo que le sonaba autoritario y para armar un dúo inolvidable de vidalas, de bagualas y de vinchas. En París se enriqueció “lícitamente”. Su sensibilidad y su espíritu se multiplicaron interactuando con George Brassens, Jaques Brel, Charles Aznavour, Ives Montand, Pablo Neruda y la mismísima Violeta Parra. Fue su propia serenata para la tierra de uno, una de las canciones más hermosas que se han escrito sobre estas tierras y sobre estas pasiones inmigrantes y criollas que en ella se mezclan. ¿Se acuerda? ¿Me permite?
“Porque me duele si me quedo/Pero me muero si me voy/Por todo y a pesar de todo, mi amor/ Yo quiero vivir en vos.
¿Me deja seguir?
“Por tu decencia de Vidala/ Y por tu escándalo de sol/Por tu verano de jazmines, mi amor/ Yo quiero vivir en vos…
¿Qué maravilla, no? Por el idioma de infancia, por tus antiguas rebeldías.
Casi nadie modeló la ternura y la ironía para hacerla belleza como ella. Siente lo que pasa, presiente lo que pasará. Mucho antes de que los dictadores argentinos inventaran la desaparición forzada de personas escribió: “Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui/Sola y llorando/Cantando al sol como la cigarra/ después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que viene de la guerra.
Descubrió el ADN de nuestro país cuando habló del Reino del revés. Nadie baila con los pies. Un ladrón es vigilante y otro es juez. Esa editorial cantada por todos la escribió hace 60 años y parece que fuera hoy.
Si hasta los trabajadores del INDEC, aprovecharon su melodía en su momento para quejarse cuando Guillermo Moreno los intervino porque dos más dos empezaron a ser tres.
Un día sacudió a la temible y blindada dictadura militar desde Clarín con un texto que pasó a la historia. ”Desventuras en el país jardín de infantes”, se llamaba. Y fue un golpe cultural demoledor al golpe militar. Y vino la democracia y vino Alfonsín que le ofreció un lugar en la política y otro en la tele junto a María Herminia Avellaneda. Y vino el peor de los dramas de 6 letras pero innombrable. Y ella le puso el cuerpo y las agallas para agarrar al cáncer a cachetadas y a los gritos. Lo maltrató, lo expulsó de su cuerpo, lo mantuvo a raya fuera de sus límites. Vade retro satanás. Y se puso de pié nuevamente, como La Cigarra. Y todos los argentinos dimos gracias a la desgracia y a la mano con puñal porque la mató tan mal y siguió cantando.
María Elena nos hizo mejores a todos. Nos hizo más felices y pensantes. Nos hizo más chicos y más grandes. Nos hizo más alegres y llorones. María Elena de la palabra, María Elena de la conciencia, María Elena de la decencia. Una vida militando en la imaginación no es poco. Una vida militando en la libertad lo dice todo. María Elena, nos hizo más y mejores argentinos, si eso es posible. Por eso está en el cielo de la argentinidad: con Borges, Gardel, Piazzola, Spinetta y Atahualpa Yupanqui.
Hay que recoger su nombre y llevarlo a la victoria. Para que los cuadernos de Centeno y la peor corrupción queden sepultados en el olvido y sus protagonistas presos. Y para que los cuadernos de María Elena se repartan como pan caliente por las calles. Y tal vez así, algún día dejemos de ser un país jardín de infantes lleno de corruptos y golpistas. Y tal vez el día que los pueblos sean libre la política será una canción…

Moyano x 75 – 9 de enero 2019

Uno de los hombres más poderosos y con mayor capacidad de daño hoy cumple 75 años. Hablo de Hugo Antonio Moyano, el líder de los camioneros. Su mejor regalo fue en octubre del año pasado cuando la iglesia bendijo a su familia y a su comportamiento.
La que mejor definió la situación en aquel momento fue la diputada Paula Oliveto. Ella milita con una católica consecuente como Elisa Carrió y dijo: “Que tristeza, convertir a la iglesia, a mi iglesia en una Unidad Básica”. Un abogado prestigioso formado en las parroquias y en las misas, sintió vergüenza ajena, pidió reserva sobre su identidad y me dijo: “Lo único que falta es que decreten que el nuevo santo patrono del trabajo sea San Moyano y no San Cayetano”. A esta altura poco importa quien dijo la verdad entre Pablo Moyano y el obispo Agustín Radrizzani dos feroces críticos del gobierno de Mauricio Macri. El vice de Independiente y de los Camioneros apodado “El Salvaje” aseguró que “esta misa no se podría haber realizado sin la venia del Papa”. Y el religioso que en su momento agradeció a Cristina por los 120 millones de pesos que le dio para poner en valor la hermosa Basílica de Lujan y que además, apoyó la ley de medios K mediante un comunicado, negó cualquier tipo de injerencia del Papa Francisco.
Un obispo que aprecio mucho, por lo bajo me preguntó cómo era posible que “el vicario de Cristo en la tierra” tuviera como vocero a un muchacho descontrolado y patotero acusado de lavado de dinero y asociación ilícita”.
A esta altura no hace falta explicar si el Papa estaba enterado o no de la misa. Está claro que el Papa, fiel a su militancia peronista en Guardia de Hierro durante su juventud, resolvió hace tiempo empujar a la Iglesia argentina hacia esa camiseta partidaria.
Algo similar está pasando hoy con el Papa y las violaciones a los derechos humanos en Venezuela y Nicaragua. Mira para otro lado. No sabe, no contesta. Llama a la concordia entre dictadores asesinos y víctimas ciudadanas. Aquel día histórico en la basílica de Lujan estaban los mejores amigos del Papa en el peronismo, los más irracionales integrantes del club del helicóptero y el discurso de Radrizzani fue la culminación de un rosario de hechos en el mismo y la confirmación de que estaba más cerca de las 20 verdades peronistas que de los 10 mandamientos. De hecho lo más inquietante fue que entre sus críticas, el obispo a cargo de la diócesis de Mercedes Luján, no tuvo una sola palabra de condena hacia la corrupción más grande de la historia democrática. Fue como si se hubiera olvidado del séptimo mandamiento de “no robarás”.
Radrizzani se encargó de criticar al FMI y el plan económico del oficialismo pero lo verdaderamente imperdonable es que se puso como protector de los delincuentes cuando dijo textualmente:” Sufrimos un poder judicial que cree que hacer justicia es desechar la presunción de inocencia”.
Envalentonados, los Moyano, se pintaron la cara. Desafiaron a un poder constitucional como la justicia. Descalifican a un fiscal, le dijeron “payaso” al servicio de Clarín y recibieron a Pablo en Ezeiza como si fuera una caricatura de Perón. Un día antes, monseñor Jorge Lugones había recibido a Hugo como una forma de respaldar esos gestos antidemocráticos. Lugones es otro militante del peronismo que le viene de familia.
Graciela Ocaña fue la persona que más cantidad de votos recibió en las últimas elecciones. Es conocida por su honradez y su lucha incansable contra todo tipo de corrupción. Es una de las dirigentes que más denunció y con mayor cantidad de datos al clan Moyano. Eso le trajo varios problemas graves. Amenazas mafiosas y hasta el insulto público de “cucaracha”. Por supuesto que el colectivo “Ni Una Menos”, copado por el cristinismo, no dijo una palabra en solidaridad con la diputada agredida.
Los carapintadas del moyanismo comparten la matriz ideológica de la ultraderecha peronista de los 70, donde Hugo se forjó denunciando zurdos y montoneros y sobre todo, esta actitud de ponerse de prepo, por encima de la ley. Y si hablamos de armas, no son elementos extraños entre estos muchachos pesados que se atrincheran y extorsionan a la justicia para evitar ir a la cárcel. El chofer de Pablo, él tristemente célebre Madonna Quiroz fue el que disparó su pistola cuando se trasladaron los restos de Perón. Son homéricas las guerras a balazos limpios con sus históricos rivales del gremio de los albañiles. Y en el accionar de las barras bravas de Independiente, aparecen en varias escuchas, menciones a la utilización de armas de fuego para apretar gente. Por lo tanto, no son los fusiles de los carapintadas pero son muchachos de armas llevar. Culatas, guardaespaldas y una organización de vigiladores privados cuyos propietarios pertenecen a la familia Moyano.
El poderoso clan Moyano apuesta a un quiebre institucional. Tienen una gran capacidad de daño con movilizaciones y paros que pueden paralizar al país.
Tiene razón Jorge Fernández Díaz cuando dice que la actual contradicción fundamental es entre democracia o mafia.
Por eso extraña que casi la totalidad de los dirigentes sindicales y de la oposición a Cambiemos hayan apoyado las amenazas de rebelión de Moyano o no hayan dicho una sola palabra de repudio.
Hugo y su banda tienen un nivel de imagen negativa y desprestigio social que es un salvavidas de plomo para cualquier espacio que lo quiera sumar a sus filas. Por ahora el concubinato político es con Cristina. No los une el amor sino es espanto a ir presos. Ambos tienen que explicar ante la justicia los delitos que cometieron y sin embargo denuncian que son “perseguidos políticos”. Intentan salvarse de la cárcel. Los Moyano tienen 8 causas judiciales graves en marcha y Cristina seis procesamientos, dos con prisión preventiva, un pedido de desafuero y el año que viene pasará más tiempo en el banquillo de los acusados en los juicios orales que en su banca de senadora por la minoría.
Por eso no extraña que los Hugo Yasky o Pablo Micheli con bajo nivel de representatividad y alto nivel de respaldo a Cristina, hayan estado en la primera línea de defensa de Pablo que está acusado de asociación ilícita y lavado de dinero en sociedad con Pablo Bebote Alvarez, el jefe de la barra brava de Independiente.
Tanto el padre como el hijo están involucrados. Tienen que explicar ante la justicia porque contratan a empresas de su propiedad para ser proveedores del gremio que conducen. Ni una licitación, ni una compulsa de precios. Nada. Legalidad cero.
Moyano dijo que él sabe que contratar a su esposa Liliana Zulet es más barato y mejor para los trabajadores. Y cualquiera sabe que así no se manejan los dineros públicos. Es una absoluta falta de transparencia que abre las puertas de las coimas, sobre precios, corrupción y lavado de dinero. Todo eso está investigando la justicia.
El kirchnerismo y muchos, no todos, pero muchos dirigentes sindicales, hablan en nombre de los pobres, de los descamisados, de los grasitas, del pueblo trabajador y acusan al resto de la humanidad de ser insensibles explotadores de derecha que solo quieren hacerse más ricos.
Y yo creo que hay una oligarquía sindical en la Argentina que no tiene autoridad moral para hablar en defensa de los pobres ni de los trabajadores. Porque muchas veces perjudican a los afiliados al gremio para beneficiarse ellos y porque hay muchos, insisto, no todos, que son magnates que no pueden explicar como hicieron su fortuna.
Hugo Moyano es un afortunado. Tiene una fortuna. El y sus hijos y su esposa y los hijos de ella tienen una fortuna difícil de explicar. Es el mejor regalo de cumpleaños de Hugo Moyano que hoy cumple 75 años. Millones que le cayeron del cielo como la bendición de la iglesia. Para ellos un regalo extraordinario. Pero para los argentinos, es un presente griego. ¿No le parece?

La matemática de Paenza – 8 de enero 2019

Adrián Paenza rompió el silencio. El matemático que escribe en Página 12 de vez en cuando y sigue viviendo en Estados Unidos como gran parte de su patriótica vida. Pero lo llamaron de una radio kirchnerista y dijo lo que ustedes acaban de escuchar: “Que jamás se hubiera imaginado vivir en un país donde la gente votara a Mauricio Macri”. Luego confiesa que “no tiene credenciales para opinar” y que “apenas es un observador externo”.
Hay que decir que la democracia tiene un componente aritmético. No todo se puede traducir a números, pero la regla básica es que el que saca más votos gana la elección. Eso es soberanía popular y respeto a la gente que vota lo que quiere. Macri le ganó a Scioli que era el candidato que puso Cristina básicamente por un rechazo muy importante que tiene la ex presidenta en una mayoría de la sociedad que la ve como una suerte de Chávez con pollera. Y son muy pocos los argentinos que sueñan con tener un país destruido, hundido en el hambre más brutal y en la inseguridad más letal, como hoy es Venezuela. Ese país es “una narco dictadura militarizada que no tiene reparos en conculcar de manera sistemática los derechos a la vida, a la libertad y a la integridad personal”. Acabo de citar textualmente el documento que a modo de duro reproche le hicieron llegar 20 ex presidentes democráticos al Papa Francisco por mirar para otro lado ante los crímenes chavistas y sandinistas. Le recuerdo que los ex presidentes firmantes fueron todos elegidos democráticamente y la mayoría son socialdemócratas o socialcristianos como Oscar Arias (premio nobel de la Paz, además) Luis Lacalle, Felipe Calderón, Vicente Fox, Eduardo Frei o Fernando de la Rúa.
Tal vez Adrián Paenza no se hubiera imaginado que en Costa Rica, Uruguay, México, Chile o Argentina pudieran haber votado a estos presidentes. Pero insisto, la democracia es asi. El que suma más votos, gana. Y en la provincia de Buenos Aires, Cristina en persona perdió la elección ante Esteban Bullrich y por eso fue electa senadora por la minoría.
Otra vez la maldita matemática que no le gusta a Paenza. Bullrich y Graciela Ocaña, dos dirigentes honrados y de manos limpias vencieron a quien está procesada en 6 ocasiones y tiene dos pedidos de prisión preventiva y está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado como nunca en la historia argentina.
La matemática es dura y se maneja con certezas. Pero a veces no alcanza para analizar los sentimientos de los pueblos.
Este sería un caso.
Nada me sorprende porque Adrián Paenza fue cómplice de la persecución hacia los periodistas independientes. Adrián Paenza miró para otro lado, se lavó las manos y no dijo una palabra pese a que el ataque brutal del estado kirchnerista incluyó a algunos colegas que eran muy amigos suyos como el doctor Nelson Castro. El que calla otorga y el calló frente al despiadado plan sistemático para destruir a Jorge Lanata. En este caso tal vez primó el resentimiento y la bronca porque Jorge lo acusó en una ocasión de haberle robado su programa en América TV. Dijo que se fue un tiempo de vacaciones y cuando volvió Paenza se había trepado al lugar de conductor en “complicidad con las autoridades del canal que lo podían manejar más fácilmente”. Son declaraciones textuales de Lanata que recuperé del archivo.
Por eso digo que Adrián Paenza fue cómplice y militante fanático del gobierno que más atentó contra la libertad de prensa. Todos los argentinos tuvimos que pagar 140 mil pesos semanales (de aquella época) para que hiciera su programa sobre ciencia en el canal que en lugar de ser del estado era solo de Cristina y sus caprichos. Es un dinero importante. En un mes, supongamos de cuatro programas, todos poníamos de nuestro bolsillo 560 mil pesos (insisto, de aquella época) para que Claudio Martínez pudiera realizar la producción. No se sabe con certeza cuando de esos 560 se llevaba Paenza como honorarios. Algunos empleados de canal 7 dicen que la mitad era para el conductor y el resto para la realización del programa. Otra vez: 280 mil de sueldo mensual, incluso hoy, casi tres años después, por un programa semanal es un dinero que en la actividad privada había que romperse el lomo para ganarlo. O ser una figura muy popular y atractiva para el rating. Eso solo lo ganan las estrellas.
Pero el tema del dinero no es lo fundamental. Paenza lo hacía por la patria porque dinero le sobra. Adrián Arnoldo Paenza que cumplirá 70 años en mayo, es un millonario más del kirchnerismo que, igual que sus admirados Cristina y Víctor Hugo Morales, viven como reyes acaudalados pero hablan como si fueran guevaristas recién llegados de la Sierra Maestra. Adrián heredó varias decenas de millones de dólares de Ernesto, su padre que fue uno de esos empresarios que administró los negocios encubiertos que el Partido Comunista tenía para financiarse. Con relaciones privilegiadas con la Unión Soviética muchos aprovecharon esos contactos para su propio bolsillo y embolsaron montañas de dinero en nombre del socialismo de Marx y Lenin. Fue muy redituable la militancia clasista para los Paenza.
Nunca se supo porque Adrián Paenza prefiere vivir en la ciudad de Chicago, el corazón de los Estados Unidos imperialistas ni porque Víctor Hugo compró su departamento en Nueva York ni cómo es que Cristina vive en mansiones de Calafate y de Puerto Madero, sus dos lugares en el mundo.
Ni porque Daniel Muñoz, el testaferro del matrimonio Kirchner compró propiedades en Nueva York y Miami por más de 70 millones de dólares.
Tal vez sería una chicana pedirle a Adrián Paenza y a Víctor Hugo que hagan una prueba y vivan un tiempo en la Caracas chavista y en la Cuba castrista que tanto admiran y que luego cuenten si pudieron ejercer su trabajo con libertad.
Recuerdo que cuando cambió el gobierno, en la tele, Paenza empezó su alucinado discurso aclarando que no quería trabajar para el gobierno de Macri. Aquí ya hay varios problemas de comprensión. Primero trabajar en el canal de estado es trabajar para todos los argentinos porque el estado es de todos y no de Macri. Tal vez antes Paenza trabajaba para Cristina pero eso se terminó el día que Scioli perdió las elecciones. Segundo tema: Si no quería trabajar en esta etapa de la televisión realmente pública, ¿Por qué firmó el contrato? ¿Quién lo obligó? ¿Alguien le puso una pistola en la cabeza? Durante el reinado de Néstor y Cristina en el canal gobernó La Cámpora con mano dura. En Fútbol para Todos los muchachos más obsecuentes tipo Javier Vicente, (alias) “el relator militante”, obligaban a algunos a cantar la marcha peronista delante de todo el equipo. Los Araujo y los Tití Fernández íntimos amigos de Paenza bajaban línea y obsecuencia hacia el oficialismo y nadie recuerda ningún periodista que expresara una sola voz crítica en ningún sector horario ni programa. El día que uno de ellos se atrevió a hacer una pregunta sencilla a Andrés “El Cuervo” Larroque, como si fuera un patrón de estancia de Lázaro, al aire lo amonestó y Juan Miceli, que de él se trata, dejó de trabajar en el canal. Lo censuraron por una pregunta aunque hay que decir para ser justos, que Miceli hacía rato que venía tragando sapos patagónicos en silencio.
Adrian Paenza también hizo silencio frente a ese grosero caso de censura y discriminación. Todo sea por la patria liberada y el socialismo de Puerto Madero o el Frente para la Valija.
Bien dijo en ese momento Jorge Sigal, el ex Secretario de Medios, ahora “no se palpa de ideología a los trabajadores, somos locatarios del poder y no sus dueños. Hay que acostumbrarse a vivir en la diferencia. Muchas de las peores tragedias de la humanidad comenzaron con la pretensión de que todas las personas pensaran igual”.
La gente no voto tanto a favor de Macri como en contra de Cristina. Tal vez en octubre ocurra lo mismo. Falta mucho, por ahora.
Cristina representa todo lo que Paenza sueña. Es tan gran matemático que es al único que le cierran las cuentas de Cristina, Máximo y Lázaro Báez. Entre millonarios revolucionarios no se van a pisar la manguera. Paenza debería resolver un problema, algo que le gusta tanto: ¿Cómo hizo Cristina trabajando siempre para el estado y Lázaro Báez en 12 años para pesar la plata y levantarla en pala para esconderlas en bóvedas. Es un gran desafío intelectual y aritmético resolver ese problema. Tal vez solo lo pueda resolver la justicia.