El espejo de Illia – 5 de agosto 2019

Ayer se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de don Arturo Illia. Siempre es bueno recordar su ejemplo y transmitirles a los más jóvenes que tipo de político fue. Para que tengan un espejo ético en el que mirarse. Hoy que está en el centro de la escena el debate entre la honradez y la corrupción o la polémica entre la república y el chavismo autoritario vale la pena hablar de don Arturo al que lo extrañamos más que nunca.
No me canso repetir estas historias que pintan de cuerpo entero al presidente patriota. Una noche de gloria Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama, se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No sé si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo. La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.
A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche.
Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre.
Mucha gente recuerda a ese médico rural con ponchito sobre los hombros que llegó a ser presidente de la Nación. Pero muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota una verdadera leyenda republicana.
Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII. Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.
Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Por primera vez se redujo la deuda externa.
Las proyecciones para el año 66 eran que el salario real iba a experimentar un aumento promedio del 15 por ciento. Promulgó la Ley de Salario Mínimo Vital y Móvil. El presupuesto en educación y salud aumentó un 24 % ¿Suena a otro planeta, no? Pero quiero ser lo más riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.
Le doy un dato más: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan de lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta, pese al gran crecimiento de las empresas punto com y las tecnológicas: los medicamentos y el petróleo.
A Illia nunca le perdonaron eso. Nunca le perdonaron tanta independencia, ley de medicamentos, anulación de contratos petroleros tal como lo había prometido en la campaña electoral… Si hasta se opuso al envío de tropas a Santo Domingo. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. A Illia no lo derrocaron los chistes irónicos ni la caricatura de una tortuga. A Illia lo derrocaron los militares reaccionarios cripto fascistas como Juan Carlos Onganía, los monopolios extranjeros y sus socios internos, los jerarcas sindicales, su debilidad de origen y la indiferencia de la mayoría de la sociedad que no salió a defender al Gobierno como se lo merecía. El mismo lo dijo: “A mí me derrocaron las 20 manzanas que rodean la Casa de Gobierno. Aquel día nefasto, se instaló el oscurantismo cultural más reaccionario que reprimía libertades y profesores con bastones largos, alargaba minifaldas, allanaba hoteles alojamiento y cortaba pelos largos de rebeldía. Seamos sinceros con nuestra verdad histórica. Aquel día, seguramente el más triste en la vida de don Arturo, cuando el general Julio Alsogaray le comunicó que lo destituían como presidente de la Nación, se tuvo que ir de la Casa Rosada rodeado por un pequeño grupo de amigos. Don Arturo los llamó salteadores nocturnos a los sediciosos de Alsogaray y del coronel Luis César Perlinger. “Sus hijos se lo van a reprochar”, les vaticinó el presidente de la cabeza blanca. Y la historia se los reprochó: un hijo de Alsogaray se sumó a la guerrilla con el tiempo y fue asesinado en el monte tucumano durante la dictadura de Videla. Y Perlinger le pidió disculpas públicas a Illia y le agradeció la lección que le dio. Pero con el tiempo el coronel arrepentido sería un colaborador de la insurrección armada trotskista del Ejército Revolucionario del Pueblo. El gobierno de Illia tuvo el primer planteo militar a los dos meses de haber asumido. Y eso que tuvo un rendimiento que para la época fue espectacular aunque en el momento no se valoraba lo suficiente.
Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca más un presidente hizo lo que él hizo con los fondos reservados: no los tocó. Y falleció en la pobreza. Pero había nacido en Pergamino. Don Hipólito Yrigoyen le aconsejó que fuera a vivir a Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes, y peleó por la libertad y la justicia para todos.
Todavía no habían llegado los tiempos de los vidrios polarizados y los guardaespaldas. La plata robada no se pesaba ni se escondía en bóvedas. A la luz de los Kirchner y su asociación ilícita, la figura de Don Arturo merece un monumento a la honestidad. Illia nació en un hogar de inmigrantes italianos. Sus padres se llamaban Emma y Martín. Su padre era chacarero. Don Arturo tuvo un Renault Dauphine que debió vender cuando dejó de ser presidente para pagarle una operación en la ciudad de Houston a Silvia, su esposa, que, de todas maneras, murió poco tiempo después. A Don Arturo Umberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho más pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas y la brigada lanza gases de la Policía Federal lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
– Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.
Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.

Santiago Maldonado, a dos años – 2 de agosto 2019

Todavía me sigue asombrando el nivel de auto engaño de algunos grupos minoritarios. La violencia y el vandalismo de la Organización Anarquista, es peligrosa. Ayer, 20 personas vandalizaron el edificio del Cabildo con mensajes criminales: “Paredón a Bullrich”, por ejemplo. Y a eso hay que sumarle que un muñeco con una ropa similar a la de Gendarmería y con la foto de la ministra Patricia Bullrich, apareció colgando de un puente al más puro estilo narco. Otra pintada decía
“Guerra al estado y a los políticos”. Ya pusieron una bomba en el cementerio de la Recoleta y les explotó en la cara.
Ayer se cumplieron dos años de la muerte de Santiago Maldonado. Los grupos más radicalizados hicieron una módica marcha y La Cámpora envió como orador a uno de sus diputados preferidos: Horacio Pietragalla.
Otra pintada cometía un sincericidio: “Basta de democracia”.
Está claro que se trata de muy pocos agitadores, muy fanáticos y que cree más en su delirio que en la realidad. Por eso no quieren la democracia. Porque jamás podrían ganar una elección ni la simpatía de las mayorías. El sentido común rechaza a los lunáticos.
Pero que una organización como Amnistía Internacional se prenda en esa farsa es mucho más preocupante. Salvo que sigan actuando como títeres de Horacio Verbitsky que fue uno de los responsables de este invento vergonzoso.
Amnistía dice que “el estado tiene la obligación de esclarecer el hecho” y es lo que la justicia hizo. Cerró la causa porque está muy claro todo lo que pasó.
Lamentablemente desde que Hebe de Bonafini y Estela Carlotto se pusieron la camiseta de los Kirchner fueron muchas las manchas que ensuciaron la lucha por los derechos humanos. Las más graves fueron las siguientes:
El concubinato ideológico de Bonafini con un general como Milani, actualmente detenido por su participación en el terrorismo de estado y por enriquecimiento ilícito.
La sociedad para el delito que Hebe concretó con un parricida como Sergio Schocklender en esas pesadillas compartidas donde recibieron fortunas de dinero de Néstor y Cristina y una gran parte no se sabe dónde está.
El perdón que Carlotto le concedió a Alberto Rodríguez Saa por una carta que le envió a los criminales de lesa humanidad reclamando “un castigo ejemplar” para varios ex funcionarios democráticos porque “tenían relaciones con movimientos subversivos”. En aquel momento, pedirle eso al genocida de Emilio Eduardo Massera era una condena a muerte de los denunciados.
Pero Estela dijo que eso “era pasado”.
Acusar a Ernestina Herrera de Noble de que sus hijos eran de desaparecidos y que habían sido apropiados. Jamás pidió la mínima y humana disculpa.
Estas son solo algunas de las claudicaciones que Bonafini y Carlotto con el único objetivo de alegrar a Cristina y sus cómplices. Pero la más grave de todas tuvo que ver con el intento de fabricar un detenido desaparecido para que Cristina pudiera tener argumentos para decir “Macri basura/ vos sos la dictadura”. Eso superó todos los límites. Porque violaron algo sagrado como es la figura del detenido desaparecido. El jefe operativo, cuando no, fue el ex periodista Horacio Verbitsky que tituló en Página 12 : “Macri ya tiene su primer desaparecido”, más como una expresión de deseo de su fanatismo resentido que con rigurosidad informativa.
Toda esa farsa se desmoronó el 27 de noviembre de 2017. Fue cuando 55 peritos, entre los que estaban los de la familia, en forma unánime concluyeron por escrito y ante el juez Gustavo Lleral que Santiago Maldonado no había sido secuestrado ni golpeado, ni torturado, ni arrastrado ni plantado en el río Chubut. Que había muerto ahogado en esas aguas heladas. ¿Escuchó bien? No uno ni dos ni diez peritos. Fueron 55 los que llegaron a la misma conclusión.
Y como si esto fuera poco, el testigo E, como se conoció a Lucas Naiman Pilquiman, mintió diciendo que se lo había llevado la gendarmería. En realidad el cometió el delito de falso testimonio y el de abandono de persona porque estaba al lado de Santiago Maldonado cuando se ahogó. Hoy el Pilquiman está borrado y no aparece por ningún lado. Huyó para no tener que rendir cuentas ante la justicia.
Algo parecido pasó con Matías Santana, el violento y mentiroso lugarteniente de Facundo Jones Huala. En su momento dijo que había visto con unos binoculares y subido a un caballo como un camión de la gendarmería se llevaba a Santiago a los golpes. Jamás se encontró el largavistas y después quedó claro que era una mentira para que unos inescrupulosos abogados kirchneristas enviaran una queja a la comisión Interamericana de Derechos Humanos. El papelón y la vergüenza ajena lograron status internacional. Santana tiene varias causas abiertas por invasión de propiedad privada, agresión a las fuerzas de seguridad y cortes de ruta. Un caradura que debería estar preso.
Horacio Verbitsky como comandante del CELS al que redujo a la servidumbre ideológica, con Bonafini, Carlotto y otros organismos menores, cometieron el peor de los delitos de lesa indignidad. Intentaron tirarle un desaparecido al presidente Macri. Una mentira grande como la Patagonia que repitieron muchos para periodistas y artistas, desesperados porque la realidad coincidiera con sus expresiones de deseo.
Agitar el mapuchismo anti sistema es peligroso. Los habitantes de la Patagonia en su mayoría les tienen miedo pero repudian sus acciones violentas. Muchas veces destruyen infraestructura que mejora la calidad de vida de los más pobres y en otras ocasiones, espantan al turismo que es la principal fuente de ingresos y de trabajo por aquellos pagos.
Era tan grande su necesidad de hacer coincidir sus deseos con la realidad que solo faltó que dijeran que lo habían secuestrado en un Falcon verde sin chapa.
Hoy se puede ver la filmación de aquel momento y es patético ver a Cristina, la ex presidenta, que en su sobreactuación, hasta llevó una foto de Maldonado a una misa del obispo Fernando Maletti donde fue increpada por la hoy fallecida madre de una víctima del siniestro de Estación Once. “Asesina”, le gritó la madre de Tatiana Pontiroli.
Maletti, obispo de Merlo suele acompañar a los piqueteros Cayetanos que se referencian en Juan Grabois y el Papa Francisco a las reuniones con el gobierno.
La negación de la militancia K fue tan grande que aún hoy siguen hablando de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado como si hubiera sido asesinado en una mesa de tortura en un campo de concentración clandestino o en la ESMA.
Es tan grande su necesidad de que la historia se repita que intentaron convertir al joven artesano en una suerte de Che Guevara de estos tiempos, llevando su imagen barbada y sus ojos tristes a afiches, banderas y ahora a una película que cierra un capítulo nefasto: la apropiación de la figura de Santiago Maldonado. Hoy Maldonado quiere ser elevado a la categoría de mártir kirchnerista cuando se trataba de un artesano tatuador anarquista que murió ahogado en un río e insisto abandonado en forma oportunista por los que usurpan también la cultura mapuche.
Y, encima, el intento de consagración de la mentira con la película. “El camino de Santiago”, se llama y fue dirigida por Tristán Bauer. El guión es de Florencia Kirchner y Omar Quiroga (que le supo escribir los textos a Diego Capussotto). La voz en off es de Darío Grandinetti y la música de León Gieco. La producción, entre otros es de Osvaldo Papaleo quien supo ser el secretario de prensa de Isabel Perón y amigo de José López Rega, (a) “El brujo”, el fundador y ejecutor de la Triple A, un grupo parapolicial que asesinó a mansalva a militantes de la izquierda y de los derechos humanos entre otros.
Es muy cruel que se utilice en forma tan burda la muerte accidental, dolorosa como toda muerte, pero falsamente heroica de Santiago Maldonado.
No hubo secuestro, ni desaparición ni tortura ni asesinato. Pero ellos redoblaron la apuesta. Su principal enemigo suele ser la realidad. Ojalá un día lo comprendan y respeten a los verdaderos secuestrados, desaparecidos y asesinados en las catacumbas del terrorismo de estado. Ojalá.

Cristina y los cuadernos de su corrupción – 1 de agosto 2019

Hoy, hace exactamente un año, se desató un momento histórico para la lucha contra los ladrones de estado. Oscar Centeno, con sus muñecas esposadas confirmaba la veracidad de esos cuadernos que fueron letales para la banda delictiva de los Kirchner. Esa madrugada, fueron detenidos varios de los empresarios más importantes del país. Los corruptos entraron en pánico.
Hoy, hace exactamente un año, el chofer Oscar Centeno ingresaba en el programa de arrepentidos. Los resultados, hasta ahora, fueron abrumadores. Hoy hay 172 procesados, 71 de los cuales están confirmados por la Cámara Federal y listos para el juicio oral. Entre ellos hay 132 empresarios, 22 ex funcionarios y 14 testaferros. Lo más trascendente es que 31 arrepentidos contaron todo con lujo de detalles. Solo hay 7 detenidos: Julio de Vido, Roberto Baratta, Lázaro Báez, Cristóbal López, Fabián de Sousa, y Gerardo Ferreyra y Oscar Thomas que con tobillera electrónica gozan del beneficio de la prisión domiciliaria. Pero… Todos los caminos de la corrupción conducen a Cristina. Ningún gobierno democrático cometió tantos delitos por tanto dinero y por tanto tiempo. Las pruebas que hay en todos los expedientes son contundentes.
El fiscal Carlos Stornelli, con un trabajo riguroso de 678 páginas le solicitó al juez Claudio Bonadio que eleve el primer tramo a juicio oral y público. Ese texto voluminoso está repleto de medidas probatorias. Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras. Esto lo reveló Diego Cabot, el responsable del logro más importante de la historia argentina en la investigación periodística de la corrupción. Es insólito que en su negacionismo más fanático Cristina y su banda se refieran a este trabajo peyorativamente como “la causa de las fotocopias” y que traten de voltear la causa de cualquier manera.
En esta causa, el juez ya pidió a prisión preventiva para Cristina pero sus fueros como senadora por la minoría lo impidieron. Es que la acusación que pesa sobre Cristina es demoledora. La responsabilizan de ser la jefa de una asociación ilícita que durante 12 años recaudó fondos ilegales y coimas que aportaban contratistas del estado. A Cristina se la acusa concretamente, de haber cobrado coimas en 40 oportunidades por un monto superior a los 19 millones de dólares. Pero hay medio centenar de involucrados en esta monumental maniobra delictiva. Esta “el estado mayor de los retornos y las coimas”, y a cargo del engranaje financiero, Ernesto Clarens y Carlos Wagner, el coordinador de todos los empresarios que participaron de la estafa. Le recuerdo que varios de estos empresarios dicen que fueron obligados, extorsionados pero en muchos casos, ellos estaban felices de participar en esa cartelización nefasta. No estaban obligados a competir, ponían el precio que más le gustaba y le cargaban sobreprecios de hasta el 50% o más en algunos casos y de allí, salían las coimas, el retorno, o como usted las quiera llamar. ¿Se entiende? Los empresarios no pagaban las coimas de sus ganancias. De ninguna manera. La sacaban de los sobreprecios. Por lo tanto todos los argentinos pagamos esas malditas coimas.
Dice la presentación del fiscal Srtornelli que en muchos casos utilizaban ese dinero para cometer nuevos delitos: como blanquear el dinero y comprar casas lujosas, aviones, yates y demás insumos del campo popular.
La mayoría de los empresarios involucrados, son cómplices del kirchnerismo como los dueños de Electro Ingeniería. Gerardo Ferreyra está ahora en prisión domiciliaria con una tobillera con GPS. Le dieron ese privilegio porque aduce que está enfermo. Tanto Ferreyra como su socio, Osvaldo Acosta están acusados de pagar más de 12 millones y medio de dólares cada uno. ¿Escuchó bien? Solo Electro ingeniería pagó más de 25 millones de dólares de retornos.
El primo del presidente Macri, también está hasta las manos porque según el fiscal, pagó 1.600.000 dólares de retornos al estado K.
Esto es solo la punta del iceberg. La estafa de los pingüinos buitres al pueblo pobre de la patria tiene dimensiones colosales. Y en muchos casos, está probado que ese dinero sucio e ilegal iba a tres lugares básicamente: a la quinta de Olivos, al departamento de Juncal y Uruguay y a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Se sintieron tan impunes que dejaron los dedos pegados por todos lados.
La cantidad de información y documentación que aportaron los arrepentidos ante la justicia dejaron desnuda a Cristina. La tienen acorralada. Ya nadie puede dudar que fue la “jefa” que sucedió a Néstor, el jefe.
Está claro que cuando Néstor se murió, ella asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado.
Los Kirchner batieron todos los records de bulimia por el poder y por el dinero y produjeron los 12 años de mayor corrupción de la historia argentina y, probablemente, del mundo. Laura Alonso, que conduce la Oficina Anticorrupción, dice que están en Olimpo junto a los mayores cleptócratas del mundo. Al lado del matrimonio dictatorial de Filipinas, Ferdinando e Imelda Marcos.
Cada vez que un arrepentido del entorno más cercano habla, aparece con más claridad el mecanismo de relojería del sistema de recolección de coimas. Hay revelaciones asombrosas. Hoy se están buscando alrededor de 500 millones de dólares. Y una parte importante se va a poder recuperar. La compra de propiedades y negocios de alta gama en Estados Unidos no los muestra muy antiimperialistas que digamos. Mucho menos cuando de las dos propiedades que compraron en el emblemático Plaza Hotel de New York, en la Quinta Avenida hay una que costó 13 millones de dólares y es de un lujo digno de un jeque patagónico. En ese lugar estuvieron los Rolling Stones, Los Beatles y celebridades como Truman Capote. Pero lo que hace temblar a Cristina y su banda es que hay dos fiscales norteamericanos investigando a fondo toda esta operación escandalosa. Para equilibrar y potenciar su empatía con las revoluciones chavista y castrista, no se privaron de comprar un loft de pesca en Cuba. Seremos como el Che, les faltó decir.
El contador arrepentido que sabe todo, Víctor Manzanares vomitó que Los Sauces era la inmobiliaria con solamente dos clientes, Lázaro y Cristobal y que Hotesur dueña del Hotel Alto Calafate con habitaciones vacías ficticiamente llenas, eran para recibir los retornos de la obra pública y lavar dinero.
También se hicieron muchas inversiones de los dólares robados al pueblo en empresas farmacéuticas, de insumos hospitalarios, de transporte y Ricardo Barreiro, otro secretario que pasó de jardinero a millonario, fue otro gran testaferro.
Hay algunos caraduras y fanáticos K que todavía dicen que se trata de mentiras y de una persecución política a Cristina.
Dicen que la causa, poco menos, la inventó la CIA y Clarín. Pero la causa en realidad, debería llamarse “De los arrepentidos”. Los cuadernos de Oscar Centeno fueron la guía turística que llevó a descubrir a los funcionarios más ladrones, a los empresarios más cómplices y a los jueces más venales. Ahora las pruebas demoledoras e irrefutables son los testimonios de tanta gente de confianza de los Kirchner que se juega la vida y dice la verdad.
¿Alguien puede creer que la CIA o Macri pueden convencer a estos personajes de que cuenten toda la verdad y nada más que la verdad? Son colaboradores y cómplices que tienen años de historia junto al matrimonio K. Estamos hablando de Víctor Manzanares, de Carolina Pochetti, la viuda de Daniel Muñoz, el secretario privado y de mayor confianza de Néstor, de Claudio Uberti, Juan Manuel Campillo, y Ernesto Clarens. Todos apuntan al matrimonio de magnates patagónicos. Hasta José López los mandó al frente y dijo que tenía miedo a Cristina por lo vengativa que era. Pochetti dijo que Muñoz le decía “la loca” a Cristina.
A la exitosa abogada ya no la pueden defender porque las pruebas y testimonios son abrumadores. Pasaron entonces a la fase dos: extorsionar e injuriar con falsedades absolutas y algunas muy burdas a jueces, fiscales y periodistas independientes.
En los cuadernos de Cristina está escrito que ella quedó atrapada y sin salida entre la posibilidad de volver al poder por la urnas, o ir a la cárcel por la verdad y la justicia. Del pueblo argentino depende.