King, el rey de la libertad – 4 de abril 2019

Un día como hoy fue asesinado uno de los personajes que más admiro en la historia. Hablo de Martin Luther King que se recibió de mártir en Memphis, Tenesse, un 4 de marzo de 1968. Iba a sumarse a una protesta de los basureros. Salió del hotel a las seis de la tarde y una maldita bala de fusil se le clavó en la yugular. Su asesino, un fanático segregacionista fue atrapado con un pasaporte falso cuando intentaba huir a Canadá. Le dieron 99 años de cárcel.
Los norteamericanos que lo aman suelen honrarlo haciendo el bien sin mirar a quien. O amando a su prójimo como a sí mismo.
En una misa en su memoria que se hizo
en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, al 555 de la calle Temple. José Gómez, el arzobispo dijo que recordamos que “más allá del color de nuestra piel o de los países de donde vengamos, todos somos hermanos, hijos del padre celestial que nos ama y quiere que vivamos en paz”.
La vigencia de sus ideales y su conciencia social nos dicen que Martin Luther King no murió. No solo porque vive en el corazón del pueblo negro de todo el planeta. También porque jamás podría haber sido elegido un Presidente como Barack Obama en los Estados Unidos si Luther King no hubiera entregado su vida a la lucha contra todo tipo de discriminación.
Martin tenía un grave problema: era negro. Se dio cuenta enseguida, apenas comenzó a caminar las hostiles calles de Atlanta en Georgia. Martin era hijo y nieto de predicadores bautistas y eso, tal vez, lo ayudó a encontrar su camino para anunciarle al mundo que la discriminación y el odio racial eran de los pecados más grandes y más mortales. Porque muchos de sus hermanos negros eran asesinados cruelmente. Habían llegado como esclavos, y seguían siendo esclavos en los algodonales del sur.
Un día Martin en su seminario leyó un texto que fue como una iluminación. Se reveló ante sus ojos el pensamiento revolucionario y no violento del Mahatma Ghandi y enseguida salió al mundo a predicar a favor de la igualdad racial y social con un arma que creía imbatible: la palabra. Siguió la tradición de predicador de su padre y su abuelo pero salió de las iglesias y se desparramó por los barrios y los guetos de la marginalidad. Se convirtió en una suerte de Ghandi negro.
En poco tiempo Martin pasó a ser Martin Luther King, el rey de la resistencia activa y pacífica. Su figura imponente marchaba por las calles con pancartas de protesta. Se sentaba en las avenidas.
Un día, una costurera lo marcó para siempre. Era negra pero se llamaba Rosa, Rosa Park. Volvía de su trabajo con la espalda quebrada de tanto coser horas y horas y se quedó sentada en el colectivo. No le dio el asiento a un blanco como era obligación en Alabama y muchos otros estados hasta ese momento. Aunque usted no lo crea los negros no podían ir a las mismas escuelas o los mismos baños que los blancos. La idea de que los blancos eran superiores no solamente pudrió la cabeza podrida de Hitler. La Rosa negra, la costurera que dio el buen paso, Rosa Park se negó y por lo general cuando uno se niega a lo establecido desata una pequeña revolución. Porque le dice que no a la injusticia. Su cuerpo se quedó sentado pero su dignidad se puso de pié, erguida y desafiante. Cuestionó una orden, una reglamentación del tiempo de las cavernas.
La Rosa negra fue encarcelada por semejante desafío a la autoridad blanca. Y Martin Luther King y sus muchachos iniciaron un boicot feroz contra el transporte público hasta que un año después los soberbios fascistas se dieron por vencidos. El histórico capo autoritario del FBI, Edgard Hoovert persiguió a Martin por cielo y tierra. Lo acosó con fotos y pinchaduras de teléfonos. Martin fue detenido pero gracias a la intervención de John Fitzerald Kennedy fue liberado. Los nazis del Ku Klux Klan pusieron una bomba en la casa de Martin. ¿Y el cómo reaccionó? Salió a poner la otra mejilla. Como un Jesucristo negro. El Ku Klux Klan, es la organización más repugnante y nefasta que propone la supremacía de la raza blanca. El atentado criminal de hace poco tiempo en Nueva Zelanda es un herencia de estos despreciables personajes. Trump los sedujo con las promesas xenófobas: La construcción del muro contra los mexicanos, la prohibición de ingreso a los musulmanes, la deportación de 11 millones de inmigrantes y tanto racismo multiplicado. Una web fascista de Andrew Anglin le rogó a Trump que “hiciera nuevamente blanco a los Estados Unidos”.
Pero Martin que se agregó Luther en homenaje a Lutero, el reformador de la iglesia católica, se recibió de mito en aquel agosto de 1963, una marea humana de más de 250 mil personas marcharon sobre Washington y el mundo se conmovió.
Aquel discurso es una pieza literaria memorable cargada del mejor de los combustibles llamado esperanza. Esa bandera hecha de palabras anunciadoras de los nuevos vientos dijo: “Yo aún tengo un sueño de raíces profundas. Todos los hombres han nacido iguales. Y sueño que un día, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, puedan sentarse juntos en la mesa de la fraternidad”. Aquel día, hace más de medio siglo, un tal Barack Obama comenzaba a ser el primer presidente negro de los Estados Unidos. Martin mostró su sabiduría cuando dijo: “Nadie se nos puede subir encima si no encorvamos la espalda”. Otra:
“Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de la gente perversa, sino de los pasmosos silencios de la gente buena”. De hecho el racismo no terminó. La ultraderecha nunca dejó de acusar a Obama de no ser norteamericano y utilizaba caretas de mono para burlarse del presidente. La desocupación entre los afroamericanos es el doble que la de los blancos y en Europa está infectado de “Lepenes” musolinianos.
El presidente Lindon Johnson en 1963 accedió a las exigencias de Martin y proclamó la ley de derechos civiles. Lo invitó a ese acto por la igualdad de todos. Una de las calles principales del Harlem lleva su nombre aunque se cruza en todo el sentido de la palabra con Malcom X, otro líder negro pero con metodología violenta y combativa.
En 1963, Luther King recibió el premio nobel de la paz a los 35 años. Nadie tan joven había recibido antes. Ese año fue el primer afroamericano en ocupar la tapa de la revista Time como el hombre del año.
Su madre, Alberta King también fue asesinada pero 6 años después. Su nieta
Yolanda Renen King tiene apenas 11 años pero la misma convicción que el padre de su padre. Ella dijo: “Mi abuelo tuvo el sueño de que sus 4 hijos no fueran juzgado por el color de su piel sino por su personalidad. Yo tengo el sueño de un mundo sin armas. Difundan la palabra por toda la Nación. Seremos una gran generación.
Martin Luther King pasó a ser una leyenda con solo 39 años. Su vida dejó de ser pero sus ideas se quedaron a vivir para siempre y se derramaron por el planeta. El predicador predicó con el ejemplo. Paz, resistencia y palabras contra el odio, la discriminación y las armas. Martin se había dado cuenta al poco tiempo de nacer que tenía un grave problema: era negro. Aquella tarde negra fue asesinado por ser negro. Y el cielo se puso negro y las lágrimas también.
Cuando ganó Trump, hubo manifestaciones democráticas con banderas que decían “No nos moverán: para proteger el sueño de Martin y el legado de Obama”. Porque sospechan que el huracán reaccionario de Trump va a querer llevarse por delante todo los derechos y todos los avances.
No nos moverán es una propuesta firme.
No nos moverán. Por la memoria y con el ejemplo del Ghandi negro, no podemos permitir que vuelva la edad media.

¿Gana Macri o vuelve Cristina? – 3 de abril 2019

¿Macri gana y logra su reelección?
¿Cristina puede volver?
¿A Lavagna le alcanza?
Todavía falta mucho tiempo y muchas definiciones, pero se puede conjeturar que las tres inquietudes pueden tener respuestas positivas.
Macri tiene posibilidades de ganar igual que Cristina y Lavagna viene un poco de atrás pero con buen ritmo de crecimiento. Así de parejo y enrarecido, está el panorama electoral hacia el 27 de octubre donde los argentinos elegiremos mucho más que un presidente, vamos a optar por un sistema de gobierno democrático y republicano o por el regreso del chavismo cleptocrático.
¿Está confirmado que los tres van a ser candidatos?
En el caso del presidente Mauricio Macri está confirmado en un 95%. Dejo un pequeño margen por si apareciera un cisne negro, alguna hecatombe económica, una corrida feroz que lo dejaría con mucha fragilidad y carente de credibilidad. Solo en ese caso extremo que no se ve a la vista, Cambiemos apelaría a lo que se conoce como el Plan “V”, con “ve” corta que es la inicial del apellido de María Eugenia Vidal. Ninguna persona sensata vaticina ese escenario.
Cristina Fernández de Kirchner se maneja con el misterio de su silencio prolongado. Por lo tanto nada está confirmado de su boca. Pero según mi análisis político ella intentará ser presidenta por tercera vez porque aun perdiendo, todos serían beneficios para ella y su familia y no tendría casi ningún costo en el corto plazo. Si llegara a ganar, todas las causas de mega corrupción de estado se congelarían como el glaciar Perito Moreno y la tendencia en la justicia se revertiría: los que criticamos a Cristina podríamos ir presos.
La única incógnita que hay que despejar es que pasa si Florencia, su hija al parecer enferma, sin fueros y con posibilidades de ir presa, le pide que abandone la política y que ambas se refugien en Cuba donde nadie las va a molestar. Esa variante que tiene que ver con lo familiar, tiene una carga subjetiva que es muy difícil de predecir. Pero parece ser el único motivo que llevaría a Cristina a dar un paso al costado.
Roberto Lavagna avanza lento pero seguro. No va a participar de las internas obligatorias de Alternativa Federal. Ya tiene decidido seguir construyendo algo más amplio y luego, con las encuestas en la mano convencer a Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey para que desistan de sus candidaturas.
¿Qué chances tienen los tres principales candidatos de ganar según la foto de hoy?
Aclaro que es según la foto de hoy porque la vida económica se mueve con velocidad y para bien o para mal, todo puede cambiar. Eso va a ser desequilibrante en la última curva, 48 horas antes de las elecciones, cuando el ciudadano más independiente y menos politizado tome su decisión.
Macri y Cristina tienen como principal ventaja un núcleo duro de votantes que puntos más o menos anda entre el 25% y el 30%. Y tienen la desventaja de que la imagen negativa de ambos es superior a la imagen positiva. Esto significa que mucha gente va a votar en contra de… Para que no gane Macri o para que no gane Cristina. Ese dato no habla bien de la calidad democrática que nos supimos conseguir y hace muy difícil el trabajo de los encuestadores porque hay mucho voto oculto o vergonzante. En las reuniones son pocos los que se atreven a decir y defender al voto a ella o a él. Sin embargo medio país por lo menos votará por alguno de los dos.
La ventaja de Lavagna es que su imagen negativa es baja y tiene poco rechazo. De hecho, muchos votantes de Cristina pero sobre todo de Macri, lo tienen como segunda opción de voto. El problema de Lavagna es su bajo nivel de conocimiento. Estuvo mucho tiempo alejado de los grandes escenarios. Eso lo piensa combatir con candidatos muy populares tanto en Buenos Aires donde podría desembarcar Marcelo Tinelli como en la ciudad donde hay varios como el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio o el de San Lorenzo, Matías Lammens.
Veamos cuales son las fortalezas y debilidades de cada candidato.
Mauricio Macri se consagró presidente con 13 millones de votos. Es el argentino más votado de la historia. Hay un concepto que dice que el que votó a alguien alguna vez tiene más posibilidades de volver a votarlo. Si lo votó, es porque no lo odia. La gran pregunta es cuantos le darán una segunda chance. Porque también es cierto que hay más de 3 millones de ciudadanos que votaron a Macri por rechazo a Cristina que hoy están económicamente peor que en el 2015 y están desilusionados o directamente con bronca. Pertenecen a la clase media media. Son pequeños comerciantes, profesionales jóvenes, trabajadores independientes, plomeros, carpinteros que trabajan mucho con las changas y que están asfixiados por los impuestos, sacudidos por la inflación y la caída del consumo y los tarifazos. Este grupo social es el árbitro de las elecciones. Ellos conforman el fiel de la balanza. Pero es casi imposible medir con encuestas que es lo que van a hacer.
Si la mayoría renueva su compromiso con Macri porque le cree y piensa que vendrán tiempos mejores, es muy probable que haya Macri para 4 años más. Pero hay un número importante que miran con simpatía a Roberto Lavagna o que por castigo piensan en votar en blanco. Si esa idea es mayoritaria, sería letal para las posibilidades de Cambiemos. Aprobaría la asignatura pendiente de entregar el mando en tiempo y forma, cosa que no ocurre hace 90 años con un gobierno no peronista pero fracasaría en la continuidad que está reclamando para atravesar el túnel que hoy muestra la oscuridad de todos los indicadores económicos como malas noticias.
Suben la inflación, el dólar, las tasas, la pobreza, la desocupación y la indigencia. Es seguramente el peor momento de Cambiemos. Y pese a todo mantiene un piso de casi un tercio del electorado. Ese es un activo grande. Los capos de Cambiemos dicen que si mejoran un poco las cosas con los 140 millones de toneladas de la cosecha record, el turismo interno, Vaca Muerta y el litio del norte, van a estar seguro en la segunda vuelta.
El radicalismo tiene en sus filas sectores por ahora minoritarios que quieren emigrar hacia Lavagna. Están reclamando mayor protagonismo en las listas y en las decisiones de gobierno. No creo probable que un radical acompañe a Macri como candidato a vice. Veremos si esa fisura se puede sellar o finalmente se profundiza.
Del lado de Cristina, dicen que el país se cae a pedazos y va de mal en peor. Dicen que los datos malos de la crisis económica se van multiplicar y que eso va a dejar a Macri, desnudo y sin chance de ganar. Y que no le van a alcanzar las buenas imágenes y fortalezas electorales que tienen tanto María Eugenia Vidal en la provincia, como Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad. En las últimas encuestas, la caída de Macri arrastró también a Vidal y Larreta pero ambos siguen siendo dos candidatos muy competitivos. ¿Son ellos los que van a sostener la candidatura de Macri o es Macri el que los va a hundir en la derrota? No sabemos.
El cristinismo tiene un gran problema. Su jefa demora el anuncio de su decisión y la logística de la campaña se atrasa demasiado. Hay varios candidatos dando vueltas pero ninguno acusa peso en la balanza. Solo Cristina retiene ese tercio kirchnerista. Encima tiene 11 procesamientos y 5 pedidos de prisión preventiva, uno de ellos confirmado por la Corte Suprema y va a pasar más tiempo en el banquillo de los acusados que en la banca del senado o en los escenarios de campaña.
Roberto Lavagna trata de expresar a los argentinos que quieren saltar la grieta. Se propone construir un frente con el socialismo de Lifschitz, el radicalismo disidente y el grupo de Stolbizer. Confía en que las elecciones PASO van a demostrar que tiene más apoyo que el resto de los peronistas no k. No quiere saber nada con Macri ni con Cristina porque dice que son los jefes que promueven la grieta. Sumaría a la iglesia con quien tiene excelentes relaciones. Se autotitula centro progresista y no va a impulsar investigaciones sobre la corrupción pero jura que tampoco va a interferir para bloquear a la justicia. Su programa es el del peronismo tradicional, con modelo productivo y de consumo y crecimiento y con racionalidad para seguir en el mundo capitalista y alejarse de Venezuela y de Cuba. Muchos creen que a Lavagna no le va a alcanzar la nafta y que solo podría ser un buen ministro de Cristina. Eso lo dijo Juan Grabois que planteó un oxímoron: “Que vuelva Cristina, pero sin corruptos”. Pero ella es, claramente la jefa de la corrupción.
Todavía son fotos, retazos sueltos de lo que hay. Esto es lo que hay. Veremos que puede construir cada uno. ¿Pueden ganar Macri o Cristina? Si. ¿Puede terciar Lavagna? Si. De nosotros depende el rumbo que tome la Argentina.
De nosotros depende el tipo de país que vamos a construir. Como siempre, de nosotros depende la democracia.

El más valiente de Malvinas – 2 de abril 2019

El máximo héroe entre los soldados de la guerra de Malvinas se llama Oscar Ismael Poltronieri. Dolorosamente, pienso que los argentinos en general y los jóvenes en particular, conocen la formación de casi todos sus equipos de fútbol de memoria pero, a Poltro no lo conocen. Es una asignatura pendiente que tenemos todos. Es un insulto a lo mejor y lo más trágico de nuestra historia. El país que no conoce y por lo tanto no reconoce a sus héroes tiene un agujero negro en su memoria y en su corazón colectivo.
Por eso no me canso de repetir una y otra vez la historia del soldado Oscar Ismael Poltronieri. Tiene en su pecho muchísimas medallas y la condecoración más importante que otorga la patria: “La Cruz al heroico valor en combate”. Nadie tiene tantas distinciones como Poltro, como lo conocían los compañeros, a los que les salvó la vida y les permitió escapar, mientras mantuvo durante nueve horas alejado a todo un batallón inglés él solito, con una ametralladora pesada. Solamente lo pienso, lo digo y lo escribo y se me estremece el cuerpo. Hice la colimba, soy artillero y paracaidista y se lo que pesa una MAG: diez kilos. Eso cuanto está seca, recién lustrada y el que la porta está fresco y descansado.
Poltro saltaba de un pozo de zorro y de una piedra a la otra con su MAG como si fuera una escoba. En medio de la helada que fisura los huesos, absolutamente embarrado y hambriento, sin apoyo, con hambre y con lágrimas en los ojos. Es que su compañero de trinchera, el soldado Horisberger se había quedado para apoyarlo y abastecerlo de proyectiles y en un momento una bala maldita del enemigo le atravesó el casco y la cabeza. La sangre se mezcló con la tierra mezquina e irredenta de Malvinas. Estaban defendiendo el Monte Dos Hermanas para que su Regimiento pudiera llegar sano y salvo a destino.
Poltro miró a su querido compañero, apretó los dientes, se aferró al gatillo y al grito de “hijos de puta, lo mataron”, siguió disparando hasta que se quedó sin municiones. El soldado Horisberger no era cualquier compañero de colimba. Era el que le escribía las cartas a María Ester, la madre de Poltro que trabajaba limpiando casas ajenas y que tiene nueve hijos más. Es que Poltronieri, el soldado heroico no sabía ni sabe leer ni escribir.
Los ingleses no lo podían creer. Tiraban bombas desde los barcos, granadas con la infantería, las balas trazantes iluminaban la madrugada de terror, todo el mundo se escapaba del campo de batalla porque habían dado la orden de retirada pero un solo soldado, con coraje sin igual, estaba resistiendo a una de las tropas más entrenadas del mundo. Los tenía a raya. Disparaba una ráfaga y corría hacia otro hueco lleno de agua helada, sangre y orina y volvía a tirar. Los propios enemigos confesaron que pensaban que era un grupo grande de soldados comandos. Estaba solo Poltro y por eso recibió toda la admiración de las tropas inglesas también.
Se había quedado solo por su propia decisión. “Salga de acá mi Sargento, vaya con los soldados. Yo me quedo que no tengo hijos. Usted acaba de ser padre y su hijo lo va a necesitar”. Así convenció al Sargento Tito Echeverría. Es que Poltro no sabía ni sabe leer ni escribir pero conoce la verdad de la vida: la solidaridad, el compañerismo, el coraje, la sensibilidad. La gran periodista Gabriela Cocciffi, directora editorial de Infobae, que tanto tuvo que ver con la recuperación de la identidad de los soldados que están enterrados en el cementerio de Darwin, dice que Poltro los mandó al carajo cuando sus superiores y sus compañeros intentaron convencerlo para que el también huyera:
– Hay que replegarse, Poltro, es una orden…
– Salgan de acá, yo los cubro. No se demoren más.
Había decidido dar la vida por la patria y por sus compañeros del regimiento de Mercedes. Había visto a muchos morir cruelmente. Uno de ellos vio volar su rodilla producto de un pedazo de explosivo que detonó a su lado. Le hicieron un torniquete entre varios pero igual murió desangrado. ¿Hay algo más terrible? Poltro jamás olvidará los gritos y los llantos de ese compañero. Por supuesto que pedía por su madre.
Sus compañeros adoraban a Poltro. No solo porque tenía los huevos del tamaño de la isla. También era el encargado de atrapar a las ovejas y carnearlas para que todos pudieran combatir el hambre, otro de los feroces enemigos. Poltro es hijo de un puestero que los abandonó. Pero en el campo de la estancia Santa Catalina aprendió de muy chico a ordeñar vacas, montar caballos y carnear corderos. Poltronieri no se pudo ni despedir de su madre cuando lo embarcaron hacia Malvinas como parte de la Tercera Sección de la Compañía B del RI 6 de Mercedes.
Cuando Poltro se quedó sin proyectiles, enterró la ametralladora como dice el manual, para que no la utilice el enemigo, y corrió con el último aliento que le quedaba. Se cayó diez veces. Y se levantó cien. Tuvo que esquivar la dinamita que no paraba de caer del cielo.
Cuando por fin llegó, extenuado, entró en una crisis de llanto. Vio lo que jamás hubiera querido ver. La bandera blanca de la rendición flameando sobre sus compañeros que habían sido tomados prisioneros. Nadie les había avisado. Tal vez no había como. Tenía una bronca imparable. El siguió combatiendo como tantos otros, cinco horas después de la rendición. Todos abrazaban a Poltronieri. Y le agradecían su arrojo. Gracias a su valentía incomparable habían podido sobrevivir.
Cuando llegaron de noche y en forma casi clandestina a Campo de Mayo, comenzó otra guerra para Poltro y todos los ex Combatientes. Los trataron como delincuentes. Los militares los escondieron y les prohibieron contar lo que habían visto y lo que habían padecido. Y la mayoría de los civiles también les dio la espalda. Poltro tuvo que empezar de la nada a pelear por su vida en las ciudades y entre la miseria. Vendía estampitas y calcos en los trenes con su uniforme verde oliva. Algunos hijos de puta le gritaban: “Loco de la guerra, anda a venderle estampitas a Galtieri”. No es casual que 649 argentinos hayan perdido su vida durante la guerra y que una cantidad similar haya perdido la vida durante la paz, en el suicidio ante la locura que producen la mezcla del terror bélico y la indiferencia social.
Como Poltro estuvo 9 horas frenando a pura balacera a los ingleses, los burócratas de la guerra, lo dieron por muerto. Y le avisaron a su madre. Cuando el soldado más condecorado llegó al sanatorio donde su madre estaba internada con un ataque de nervios y de desgarro por el anuncio, no lo dejaron entrar. Fue como intentar parar a un elefante. “Es mi vieja, carajo. Está mal porque cree que me mataron y yo estoy vivo. Si no me dejan entrar, rompo todo”.
Aquel abrazo en terapia intensiva fue descomunal. Los cuerpos, las caras, las manos, las lágrimas, todo entrelazado entre la madre y el hijo. María Ester se recuperó. Vio a su hijo vivo y ella volvió a la vida.
Una vez fue el genio de Juan Carlos Mareco que le hizo una nota en la tele y le consiguió trabajo. A esa altura, Poltro ya tenía esposa y cuatro hijos que mantener. En un momento estuvo a punto de vender esas medallas que tanto orgullo le producían pero que no le habían servido para conseguir vivir con la dignidad de un oficio y un sueldo. Nadie quería ex combatientes.
Una noche de necesidades básicas insatisfechas, las imágenes de los fuegos estallando y las balas picando en el cuerpo de sus compañeros se transformaron en pesadilla. Sintió que estaba otra vez en aquel pozo helado y miserable tirando con su ametralladora. Pero los problemas seguían. Se puso una soga al cuello y cuando estaba a punto de ahorcarse, su hijo mayor le gritó y lo abrazó. Estuvo un largo tiempo tirado en el suelo, llorando de impotencia. ¿Cuál fue enemigo más invencible? A los ingleses les entraban las balas. A la mayoría de los argentinos, no.
Otro nota, pero en Clarín, hizo que el jefe de estado, Eduardo Duhalde lo recibiera. El presidente de Boca de entonces, Mauricio Macri lo invitó junto a su familia para que cumpliera su sueño: conocer la Bombonera. Fue uno de los días más felices de su vida, entre panchos, cocas y camisetas firmadas por los jugadores.
Hoy trabaja en Campo de Mayo, se filmó una película sobre su vida, una callecita y un monolito en una plaza de Mercedes llevan su nombre, la revista Gente lo llevó a Europa donde se encontró con otro ex combatiente inglés, que de viejo enemigo pasó a ser casi si hermano de la vida.
Alejandro Lerner logró hablar por todos nosotros cuando escribió: “La isla de la buena memoria”. Nos hizo comprender mejor que no hay guerra que se gane, que las guerras se pierden todas: “Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear; tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá./Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,/con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar”.
Lo último que Poltro hizo por sus viejos camaradas de Malvinas, lo hizo arrodillado ante la virgen y las cruces de las tumbas: le pidió que nadie olvide nunca más a los que quedaron en las Islas. Y a todas las madres de los soldaditos caídos en Malvinas, Poltronieri les dice Mami. Fue una promesa. Quiere que todas ellas lo consideren un hijo. El más condecorado. El más valiente. El héroe de Malvinas.