Todo indica que a Sergio Bartolomé Szpolski le soltaron la mano y se le acabó el blindaje de la impunidad. Szpolski es mucho más que un malandra de los medios de comunicación al servicio de Cristina. La AFIP está reclamando su prisión preventiva. Lo acusa de ser el jefe de una asociación ilícita que se robó 163 millones de pesos de los aportes jubilatorios de los trabajadores de prensa. Es un delito no excarcelable que tiene penas de 5 a 10 años de cárcel. Por esta causa va a tener que dar explicaciones en tribunales dentro de diez días. Pero el juez Claudio Bonadio lo tiene citado antes, concretamente, este viernes a las 10 horas, porque aparece mencionado en los cuadernos de Centeno por las coimas en la empresa Polígrafo del Plata.
Elke, la hermana de Sergio Szpolski, también está involucrada porque firmó la friolera de 116 cheques que fueron rechazados por falta de fondos. Szpolski es integrante del cártel de los malandras de medios K. Lo acompañan Cristóbal López, Gerardo Ferreyra que ya están presos y dos más que todavía están libres aunque no se sabe por cuánto tiempo: Rudy Ulloa Igor y Diego Gvirtz.
En la causa en que estafó a sus empleados, a los que no les depositó fortunas destinas a su futura jubilación también están citados a declaración indagatoria otros personajes de los medios que tuvieron algún tipo de sociedad, vínculo o negocio con Szpolski. Hablo de Alejandro Olmos, uno de los propietarios de Crónica; Mario Pergolini por Vorterix y Raúl Monetta por la Rock and Pop, entre otros.
Así como existió un “Club de la Obra Pública”, que recibió fortunas con sobreprecios y pagó coimas millonarias, en su intento de colonizar al periodismo, Néstor primero y Cristina después, también armaron una banda con la que cometieron delitos de todo tipo que aún falta investigar a fondo.
Más que medios corruptos fueron corruptos enteros. No anduvieron con medias tintas.
Cristina, transitó todos los caminos posibles para hacer arrodillar a los periodistas ante su altar. Instalaron un inédito aparato de persecusión y hostigamiento. Apelaron a todas las trampas y extorsiones posibles. Y no lograron su objetivo porque fueron contra la naturaleza misma de nuestro trabajo.
Compraron medios, dueños de medios y alcahuetes de todo grupo y factor y no consiguieron capturar audiencias importantes. Dilapidaron fortunas en subsidios o regalos encubiertos para fogonear diarios de cuarta, revistas de quinta y programas de televisión o radio que no acusaron peso en la balanza. No les entra en la cabeza que la obsecuencia es enemiga del oficio.
Le cortaron el chorro de la pauta publicitaria estatal a los que no se dejaron domesticar. Apretaron a los empresarios privados como nunca ocurrió para que anunciaran en sus diarios sin lectores y para que dejaran de colocar sus publicidades en los medios que ellos denominaron: “hegemónicos”.
Llegaron al extremo de querer malversar los niveles de audiencia. Igual que con el INDEK patotero de Guillermo Moreno, intentaron medir a su modo, los ratings de la televisión con Tristán Bauer. Una mentira que tampoco les funcionó.
Un ganador de la década como Sergio Szpolski, en su momento, fue obligado, por la prepotencia del dinero fácil, a someterse en dos ocasiones por uno de sus principales enemigos. Luis D´Elía lo acusó en su momento de ser «un perro sionista de derecha». Sin embargo, después, S.S., no tuvo más remedio que darle un programa en su canal para que difundiera su discurso. Para que fomente el fusilamiento de opositores y defienda a Irán, «el más grande exportador de terrorismo del mundo», según precisó el entonces canciller canadiense, John Baird.
Szpolski dejó el tendal de deudas y estafas por donde pasó. Como presidente de la ex Fundación del Banco Patricios o como tesorero de la AMIA, de donde se fue expulsado. No hay que comprarle ni un auto usado. Y si te da la mano, después te tenés que contar los dedos para ver si te falta alguno. Es increíble cómo pudo subsistir tanto tiempo comprando y vendiendo empresas, escondiendo a los verdaderos propietarios, diseñando estructuras que disfrazaban a sus accionistas con testaferros o con indigentes o jubilados prestanombres y sociedades anónimas, verdaderas cajas chinas que hacían muy complejo identificar a los verdaderos propietarios.
Hoy tiene 6 causas abiertas en la justicia donde tiene que dar muchas explicaciones. El juez en lo penal Económico, Juan Galván Greenway posiblemente lo procese con prisión preventiva como hizo con otros directivos de su multimedio al servicio de Cristina. Fue candidata a intendente en Tigre por el Frente para la Victoria y su relación con distintos personajes de la SIDE de De la Rúa, de Kirchner y actualmente de Macri, lo protegieron durante mucho tiempo.
Su figura musculosa de patovica alimentado a proteínas aminoácidos y fierros nunca fue criticada por los 800 periodistas que Szpolski dejó en la calle sin trabajo, sin indemnizaciones y sin aportes jubilatorios. Eso fue lo que denuncié intenté en mi discurso de agradecimiento por el Martin Fierro con el que fui distinguido el año pasado. Les recriminé que muchos compañeros periodistas, por ideología, responsabilizaban a Macri por sus despidos y su desocupación cuando los culpables fueron estos aventureros, estafadores que vaciaron empresas y se guardaron en sus bolsillos los casi mil millones de pesos que recibierón por parte de Cristina en concepto de pauta publicitaria entre en el 2009 y el 2015.
No escuché ni leí críticas sindicales o de los periodistas kirchneristas a Szpolski, Cristóbal o Gerardo Ferreyra. Nadie le dijo Szpolski gato. Le perdonaron la vida a sus victimarios para no criticar a Cristina que fue la que lo alimentó.
Tiempo Argentino y Radio América fueron vendidas a otro empresario delincuente como Mariano Martínez Rojas que también está preso luego de refugiarse en Miami. Incluso Matías Garfunkel, otro de sus socios de Szpolski, se refugió también en Miami. Desde allí acusa a Szpolski de haberlo estafado y dice que no viene a la Argentina porque tiene amenazas de muerte.
Los casos de Cristóbal y Gerardo Ferrerya hoy entre rejas, son más conocidos. Por todos los negocios sucios que hicieron en diversos rubros pero sobre todo en la obra pública los de Electroingeniería y en el petróleo y la timba de los casinos, en el caso de Indalo.
Todos echaron periodistas, evadieron impuestos y aportes y pagan sueldos en cuotas, pero Cristóbal y Fabián de Souza lograron mantener en pié dos de sus naves insignias: C5N y radio 10. Allí se defiende a Cristina y se ataca a Macri con ferocidad y todos tienen problemas para cobrar sus salarios, todos menos Gustavo Silvestre, la nueva estrella del kirchnerismo militante.
Cristóbal se defiende con esa radio y ese canal pero también tiene Ámbito Financiero, las radios Pop, Vale One, la Mega y se quedó con La Corte y Pensado para Televisión cuando cayeron en desgracia y dejaron de recibir negocios millonarios de parte de Cristina.
Ferreyra fue militante del Ejército Revolucionario del Pueblo y preso durante la dictadura. Ahora es ultra millonario y dice en forma bizarra que desprecia el dólar porque es un instrumento de dominación del imperialismo. Infantilismo revolucionario y corrupción gigantesca. Sometió a productores, operadores, administrativos y periodistas a un miserable pago mínimo de sueldos, despidió gran parte de la gente de Radio Del Plata pese a que recibió 57 millones de pesos de publicidad de Cristina, mucho más que las radios líderes. Ferreyra hizo un par de milagros. Del Plata estaba tercera en las mediciones. Pero cuando desembarcó en la radio para chuparle la media a los Kirchner, huímos a tiempo, Jorge Lanata, Fernando Bravo y yo. A Nelson Castro lo despidió por orden de Néstor Kirchner. La radio se cayó a pedazos en audiencia y está casi quebrada. Algo parecido hizo con 360 TV un canal que dejó en manos de Claudio Villarruel y la esposa de Jorge Taiana. Allí también fracasaron, hicieron sapo y terminaron enfrentados acusándose mutuamente de estafa. Entre bomberos se pisaron la manguera.
Diego Gvirtz y 678 fueron los arietes del hostigamiento y la estigmatización de los periodistas independientes y los políticos disidentes. Fueron feroces y persiguieron desde el aparato del estado como nunca antes en la historia de la televisión. Muchos artistas K fueron cómplices.
Concurrían como invitados a esos programas y celebraban mientras fusilaban mediáticamente a mucha gente con mentiras e injurias. Convirtieron a la televisión pública en un grupo de tareas para humillar y quebrar a cualquiera que se atreviera a criticar a Cristina.
La justicia tiene una causa grave abierta contra Gvirtz y Tristán Bauer por una pauta colosal del ANSSES que fue desviada a la empresa de Gvirtz en 88 millones de pesos. Gvirtz tiene varias sociedades en Panamá y allí se deberían buscar esos fondos malversados y gran parte de la pauta de 147 millones que los K le dieron a cambio de sus servicios prestados.
Y finalmente Rudy, el ex cadete de Néstor que quiso comprar Telefé. En Santa Cruz manejó un multimedio adicto que también se enriqueció con pautas monumentales. Hoy todo eso se cayó. El Periódico Austral al que ni gratis la gente lo quería, FM del Carmen y otros medios. De todos modos Rudy Ulloa Igor está procesado con prisión preventiva pero en libertad y embargado en 4 mil millones de pesos porque también participó del festival de coimas y sobreprecios que lideró Cristina como jefa y Julio de Vido como gerente general.
El kirchnerismo en el gobierno hizo mucho daño. Fue el más autoritario desde la democracia recuperada y el más corrupto de la historia. Pero en el tema medios, con los 5 malandras del apocalípsis, abrió la famosa grieta entre los argentinos y sembró de odio cada rincón de la Argentina. Hablo de Szpolski, Cristóbal, Ferrerya, Gvirtz y Rudy. No juraron nunca ante los Santos Evangelios, pero ahora, Dios y la Patria se lo van a demandar. Será Justicia.
La democracia estudiantil – 21 de septiembre 2018
Hoy es el día del estudiante y de la primavera. Tienen mucho que ver una cosa con la otra. Porque primavera significa “primeros brotes” y los que estudian, en todos los niveles, también son los brotes esperanzados de que en el futuro ayuden a hacer florecer una sociedad más igualitaria y menos autoritaria.
Muchos dedican este día a la música, al baile, a enamorarse de la naturaleza y no solo de la naturaleza. Y está muy bien que celebren la vida y las hormonas que explotan en sus cuerpos jóvenes.
Pero hay otros estudiantes que son militantes y eso también me parece muy bien porque la universidad o los últimos años de secundario, son una suerte de incubadora de grandes dirigentes políticos, sociales, o empresariales. En los claustros se van forjando los futuros líderes de la comunidad. Ahí encuentran sus vocaciones, sus ideologías y su manera de ser un mejor ciudadano tratando de aportar a la construcción de un país mejor.
Por eso siempre aliento la participación de la mayor cantidad de gente. Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Y la participación tienen diversos niveles que cada persona puede elegir con toda libertad. Participar poco, con mensajes en las redes sociales o con llamados a las radios y alguna que otra marcha o concentración, participar un poco más, sumando su pensamiento y su presencia en las asambleas y reuniones donde se deciden cuestiones de su carrera o su trabajo y finalmente, el más alto grado de compromiso que es la militancia en un partido político, un gremio, un centro de estudiantes o en una organización vecinal o social.
Cada ciudadano puede elegir. Nadie está obligado a nada. Democracia es hacer lo que cada uno quiera, siempre dentro de la ley. Pero si no vamos a la reunión de consorcio o a la convocatoria para padres en el colegio, por ejemplo, no tenemos derecho al pataleo de lo que allí se resuelva. ¿Se entiende? Si el consorcio elige por mayoría pintar de verde el frente del edificio hay que bancársela. Supongamos que son 30 los propietarios de departamentos y a la asamblea solo fueron 15 y 12 votaron por pintar de verde, no hay mucho más que decir. Pongo un ejemplo muy sencillo para evidenciar el mecanismo. En los colegios secundarios y las universidades pasa algo parecido pero con una mayor dimensión y repercusión en la vida pública. Vea lo que está pasando en el Nacional Buenos Aires y en el Carlos Pellegrini. Grupos minoritarios, por lo general ligados al trotskismo y al kirchnerismo, resuelven tomas del edificio y pierden días de clase fundamentales para la educación. Ambos establecimientos tenían hasta hace pocos años fama de excelencia. Ante la ausencia masiva de estudiantes, los grupos más radicalizados plantean cuestiones cada vez alejadas de la mayoría de los estudiantes y toman decisiones por todo el alumnado. Se llenan la boca defendiendo la educación pública pero con tanto deterioro que produce su militancia sectaria, muchísimos padres optan por mandar a sus hijos a colegios privados o parroquiales.
Ellos dicen que “la asamblea es soberana en sus decisiones”. Está bien y es democrático que las mayorías decidan pero hay una trampa que se repite en muchos lugares: va tan poca gente a las asambleas, participan tan poco, que los pocos que participan imponen sus ideas jurásicas y provocadoras. Los chicos perdieron casi el 50% de los días de clase. Los militantes blindados se sienten orgullosos. Pero a quienes deberían representar, sus compañeros de estudios, tienen una bronca de padre y señor nuestro porque no aprendieron todo lo que tenían que aprender y porque es probable que extiendan los días de clase y avancen sobre el mes de diciembre. “Lo decidió la asamblea”, dicen respecto de una toma, por ejemplo. Pero no dicen que de la totalidad de los alumnos solo participó de esa asamblea, con suerte el 3 por ciento.
En la Facultad de Psicología, tomaron el edificio por tantos días que estaban a punto de perder el año. Hubo padres, alumnos y docentes que cansados de tanto infantilismo autoritario fueron a la puerta de la facultad a reclamar que abandonen la toma y que haya clases.
En mi querida Universidad de Córdoba se superaron todo los límites. Un grupo de anarquistas ligados a los falsos mapuches de Jones Huala, hace 24 días que tiene tomado el edificio del Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria. Ahí funcionan el rectorado, el centro informático de la universidad, un laboratorio científico y un comedor al que concurren alumnos y docentes que necesitan alimentarse con un precio módico porque son argentinos a los que no les sobra la plata y están empecinados en recibirse o en dar clases como corresponde.
Los okupas del edificio duermen en ese lugar, usan las instalaciones sanitarias y no las limpian y se adueñaron de todo al punto de que piden documentos y credenciales para no dejar entrar a nadie extraño a su grupito presuntamente vanguardista y esclarecido. Una verdadera locura. La administración de la Universidad de Córdoba está paralizada porque sus oficinas están ocupadas. Los que se reciben no pueden aspirar a sus diplomas porque nadie puede trabajar en esa tarea, el comedor está con graves dificultades económicas porque hace más de tres semanas que no trabaja. Y los ocupantes violentos no quieren salir. Se sienten los dueños de la universidad y los dueños de la verdad. En su pliego de condiciones utilizan el lenguaje presuntamente inclusivo que apela a la letra “e”. Le hablan a los “decanes” de las “distintes facultades” y piden por las “alumnes embarazades” y en contra de la “entregue al FMI”. Un delirio total que se completa cuando le doy las cifras. Dicen que esta toma la resolvió en forma soberana la asamblea. ¿Sabe cuántas personas participaron de esa asamblea? 300. ¿Sabe cuántos están en la toma? 50 estudiantes. Y lo más grave: lo hacen en nombre del estudiantado de Córdoba. ¿Sabe cuántos alumnos tienen la gloriosa y prestigiosa universidad de Córdoba? 130 mil. Es decir que el 0,04% de los estudiantes universitarios cordobeses tienen paralizados semejante institución.
Los estudiantes que responden en parte a la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y la Franja Morada ligada al radicalismo, hicieron una sentada pacífica para demostrar que son mayoría los que quieren que todo se normalice de una buena vez. Hubo tensión entre ambos grupos, insultos y por suerte la sangre no llegó al rio.
La policía no interviene para hacer cesar ese acto ilegal y para sacarlos, porque el rector Hugo Juri teme que los estudiantes aprovechen eso para victimizarse y encender la chispa de un incendio mayor denunciando la represión del fascismo y la oligarquía. Sería cómico si no fuera trágico. Es burdo y ridículo. Degrada las palabras política, militancia y democracia.
Los dirigentes deben representar con dignidad y honradez las demandas mayoritarias y genuinas de los estudiantes. No sus propios dogmatismos ideológicos que en las elecciones nacionales no sacan ni el uno por ciento de los votos. Son muy poco representativos.
Y los estudiantes deben participar en mayor medida para evitar que las minorías intensas, los militantistas de 24 horas, se atribuyan una representatividad que no tienen.
Pasa lo mismo en muchas elecciones de centros de estudiantes o en sindicatos. Vota muy poca gente y por eso ganan las propuestas más delirantes y con ideologitis, es decir con la inflamación de la ideología. La participación es el mejor combustible de la democracia. Nos permite hacer valer nuestro punto de vista. Y evita que los extremistas del pensamiento y algunas veces de la violencia, ocupen lugares que no les pertenecen. La política es ganarse la voluntad de la gente para conducirla con las mejores propuestas y no imponerles de prepo la agitación irreal de los comisarios políticos. Esa es la democracia. Y esa es la democracia estudiantil.
Giorgi, nuestra joya – 20 de septiembre 2018
Hoy es el cumpleaños de la joya. Ella dijo que es la Mascherano de Leuco, pero yo creo que es nuestra nave insignia. Marcela Giorgi, como dice su cortina musical, te está esperando, nos va alcanzando la luz del día, que todo lo malo lo va borrando nuestra alegría.
Y esa es la verdad. Todo lo malo lo va borrando nuestra alegría que en esta radio y a esta hora se llama Marcela Giorgi.
Me gusta tirar paredes con ella. Siempre la devuelve redonda y al pié. Marcela es una profesional extraordinaria. Sabe todo lo que hay que saber de este maravilloso oficio de ponerle su voz al micrófono de la vida.
Yo le digo fíjese Marcela Giorgi la hora que se ha hecho y nosotros hablando tantas pavadas y ella anuncia la hora y las noticias. Es una pavada pero me divierte. Un guiño a los oyentes que en la calle me repiten el latiguillo.
Es un poco traidora porque hay dos pasiones que la pueden: el golf y la música. Cuando reemplaza a María Isabel Sánchez en el programa de Longobardi hablan de golf como habla de fútbol conmigo. Y no me extraña ni un poquito. Me da celos. Y en los desafíos musicales, la tana de Lanús, la mina de barrio, la rolinga de flequillo y zapatillas, suele votar los temas elitistas que elige Federico Andahasi, el que vive en la torre de marfil y solo consume caviar y Mozart.
Sigo con Carlos Rivera. Dejame que encienda/ una esperanza en tu sonrisa y en un abrazo encuentres libertad.
Sabes que allá afuera
el mundo corre tan de prisa,
la gente se ha olvidado de soñar.
Es que todo lo bueno llega para recordarnos que lo vivido valió la pena.
Y ese es el valor de celebrar el cumpleaños. Recordar que lo vivido valió la pena y que mañana es un día nuevo y que hay mucho por andar, diría Lerner. Las estadísticas demuestras que los que más cumpleaños festejan son los que más tiempo viven.
Marcela es una trabajadora incansable. Se pasa horas y horas frente al micrófono y su buena onda no decae. Retroceder nunca, rendirse jamás. Le sobran pilas.
En julio del 2015, hace más de tres años, yo le dije que el corazón de este programa y esta radio latía de alegría porque Marcela había ganado el Martin Fierro a la mejor locutora. Y fue muy merecido. Porque es claramente la mejor. La gran locutora nacional nos emocionó hasta las lágrimas.
Primero porque Marcela es el alma de la radio. Ama este trabajo, lo disfruta, lo saborea. Se enciende la luz roja y a ella se le encienden todas las luces.
Tiene un humor maravilloso y una sensibilidad especial para saber cuándo algo es noticia y merece un tono grave y cuando algo es entretenimiento y se corresponde con sus maravillosas imitaciones cargadas de ironía y talento. «Reflexionemos, no escuchen más a Lanata», dice imitando a la perfección a Diana Conti y todos nos morimos de risa para renacer en la tanda o el chivo en forma de PNT. Es capaz de decir «salareo o empresareo», como dice Cristina y cambiar el rumbo del programa. Mete un cambio de frente de 50 metros. Estalla su carisma. Le da ritmo con su garganta. Marcela Giorgi es un animal de radio. Una pantera. Siempre está al acecho. Y cuando la tiene frente al arco, no perdona. Ese Independiente, rey de copas, la motiva y por eso siempre canta victoria. No falla nunca. Es muy difícil que ella tire afuera algún pié o una oportunidad de generar un clima, un momento de radio. En general es gol. Y estalla la tribuna virtual de radio Mitre. Y se abrazan con ella los Bochini y los Bertoni y su amado Kum Agüero. A veces le gustaría que venga a abrazarla Ricky Martin y dar la batalla por convencerlo.
Aquel día del Martin Fierro su querido viejo estába mitad herido y mitad feliz. Con el corazón partido entre el desagarro de haber perdido a su compañera de toda la vida y la alegría por la consagración de su hija. Y Marcela estába igualmente quebrada. ¿Cuánto hubiera dado por entregarle esa estatuilla tan preciada a su vieja tan querida? ¿Cuánta picardía de ese Lanus que la contiene y la celebra le da identidad a Marcela Giorgi?. Tiene algo que muchos quieren pero pocos logran. Identidad. Personalidad. Estilo. Uno recorre las radio en el zapping del auto y si está Marcela al aire, sabe de inmediato que llegó a radio Mitre. Ella es la radio. Igual que sus locutoras amigas del alma, que esas diosas que dicen la temperatura y sostienen todas las batallas periodísticas. La Giorgi, la Negra, la Tana es la heredera de aquellas voces emblemáticas de la radio. De Rina Morán, por ejemplo. Es popular y graciosa. Es sensible y precisa. Nadie sabe más que el conductor de un programa lo que significa tener a Marcela Giorgi sentada al lado. Es un cimiento alrededor del que se puede edificar un espacio de radio. Ella es la estructura de granito. Sin locutora no hay radio. Sin Marcela Giorgi no hay «Le doy mi palabra». Se pueden intentar miles de audacias con ella. Se puede confiar en su sabiduría laboral.
Le han pasado cosas muy duras a lo largo de su vida. Pérdidas irreparables, amores frustrados, miedos y angustias como a todos. Pero cuando el programa empieza, ella sube al escenario o sale a la cancha convencida del triunfo. Tiene la radio en su garganta y en sus entrañas. Siempre va al frente y no arruga nunca. ¿Qué más puede pedir un periodista como yo que valora este equipo de los sueños, este verdadero dream team como le vengo diciendo desde el comienzo?
Marcela anda a los saltos con las sonrisas y con sus botas de kangoo jump y el cuidado de las curvas de su cuerpo. Patrulla las redes sociales buscando chismes y noticias. Me sostiene cuando tengo un tropezón para que no sea caída. Cuando cometo un furcio y nos reímos, o cuando no me acuerdo como sigue la película. Marcela siempre está. Le recuerda a los oyentes como pueden ayudarnos a construir el programa, para armar ese ida y vuelta tan mágico de la radio. Me reta porque digo Class o quiero un cafecito sin azúcar. Y hasta me recomienda el mejor colchón.
Será cursi para algunos o pareceremos medio antiguos, pero aquí en este programa, festejamos los cumpleaños. Humildemente hay torta con velitas y todo. Las velas según los historiadores son para espantar a los malos espíritus y para iluminar el camino que viene. Hacemos regalitos, brindamos por la felicidad de compartir el aniversario del nacimiento de Marcelita. Ella sopla las velas y pide los tres deseos que no se los tiene que decir a nadie. Y nosotros cantamos, cantamos y desentonamos el maravilloso deseo de que los cumplas feliz. Es el recuerdo de un año más de vida, de lo más sagrado que tenemos.
Todos la quieren porque nunca te deja en banda. Hoy cumple años la joya. Que los cumplas feliz, Marcela.