De Varisco a Illia – 29 de junio 2018

“Me imagino que usted no se compara con Arturo Illia”, le dijo anoche mi hijo Diego en TN a Sergio Varisco el intendente de Paraná procesado por narco. Ayer le hablé pestes de este radical que no merece ser radical y por eso el partido lo suspendió. Pero es cierto que ayer se cumplió un aniversario del derrocamiento de don Arturo.
Muchos oyentes me pidieron que a modo de desagravio de don Arturo recuperara la columna donde hago una semblanza de quien fue el mejor ejemplo de la honestidad en el poder. Dice así:
Una noche de gloria Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y recurrieron al médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama, se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No sé si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo. La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.
A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche.
Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre.
Mucha gente recuerda a ese médico rural con ponchito sobre los hombros que llegó a ser presidente de la Nación. Pero muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota una verdadera leyenda republicana.
Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII. Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.
Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Por primera vez se redujo la deuda externa.
Las proyecciones para el año 66 eran que el salario real iba a experimentar un aumento promedio del 15 por ciento. Promulgó la Ley de Salario Mínimo Vital y Móvil. El presupuesto en educación y salud aumentó un 24 % ¿Suena a otro planeta, no? Pero quiero ser lo más riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.
Le doy un dato más: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan de lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta, pese al gran crecimiento de las empresas punto com y las tecnológicas: los medicamentos y el petróleo.
A Illia nunca le perdonaron eso. Nunca le perdonaron tanta independencia, ley de medicamentos, anulación de contratos petroleros tal como lo había prometido en la campaña electoral… Si hasta se opuso al envío de tropas a Santo Domingo. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. A Illia no lo derrocaron los chistes irónicos ni la caricatura de una tortuga. A Illia lo derrocaron los militares reaccionarios cripto fascistas como Juan Carlos Onganía, los monopolios extranjeros y sus socios internos, los jerarcas sindicales, su debilidad de origen y la indiferencia de la mayoría de la sociedad que no salió a defender al Gobierno como se lo merecía. El mismo lo dijo: «A mí me derrocaron las 20 manzanas que rodean la Casa de Gobierno. Aquel fue un día nefasto. Se instaló el oscurantismo cultural más reaccionario que reprimía libertades y profesores con bastones largos, alargaba minifaldas, allanaba hoteles alojamiento y cortaba pelos largos de rebeldía. Seamos sinceros con nuestra verdad histórica. Aquel día, seguramente el más triste en la vida de don Arturo, cuando el general Julio Alsogaray le comunicó que lo destituían como presidente de la Nación, se tuvo que ir de la Casa Rosada rodeado por un pequeño grupo de amigos. Don Arturo los llamó salteadores nocturnos a los sediciosos de Alsogaray y del coronel Luis César Perlinger. “Sus hijos se lo van a reprochar”, les vaticinó el presidente de la cabeza blanca. Y la historia se los reprochó: un hijo de Alsogaray se sumó a la guerrilla con el tiempo y fue acribillado en el monte tucumano durante la dictadura de Videla. Y Perlinger le pidió disculpas públicas a Illia y le agradeció la lección que le dio. Pero con el tiempo el coronel arrepentido sería un colaborador de la insurrección armada trotskista del Ejército Revolucionario del Pueblo. El gobierno de Illia tuvo el primer planteo militar a los dos meses de haber asumido. Y eso que tuvo un rendimiento que para la época fue espectacular aunque en el momento no se valoraba lo suficiente.
Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca más un presidente hizo lo que él hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero don Hipólito Yrigoyen le aconsejó que fuera a vivir a Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes, a los obreros ferroviarios y peleó por la libertad y la justicia para todos.
Todavía no habían llegado los tiempos de los vidrios polarizados y los guardaespaldas. La plata robada no se pesaba ni se escondía en bóvedas. A la luz de los Kirchner y su asociación ilícita, la figura de Don Arturo merece un monumento a la honestidad. Illia nació en un hogar de inmigrantes italianos. Sus padres se llamaban Emma y Martín. Su padre era chacarero. Don Arturo tuvo un Renault Dauphine que debió vender cuando dejó de ser presidente para pagarle una operación en la ciudad de Houston a Silvia, su esposa, que, de todas maneras, murió poco tiempo después. A Don Arturo Umberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho más pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas y la brigada lanza gases de la Policía Federal lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
– Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.
Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.
Y ahora mi hijo también tuvo razón. Por supuesto que sería una locura que Sergio Varisco pretendiera compararse con don Arturo.

Radical y narco – 28 de junio 2018

El escándalo de Sergio Varisco tiene ingredientes de alto impacto y gran repercusión a nivel nacional. Varisco es intendente de Paraná y está procesado por narcotraficante. Como si esto fuera poco, le recuerdo que la Unión Cívica Radical le suspendió la afiliación a Varisco por pedido la Comité de Ética de Cambiemos.
No es habitual que un intendente de una ciudad tan importante como Paraná esté implicado directamente en una investigación de corrupción que, encima, tiene su eje en la compra y venta de droga para financiar su campaña electoral. La sociedad entre el intendente Varisco y el capo narco detenido, Daniel Celis (a) Tavi viene de larga data. Ya en el 2011 formaron un concubinato ilegal y repugnante. Según declararon algunos testigos en el expediente judicial dice que como Varisco perdió los comicios, no le pagó a Célis que dejó de trabajar con él por mucho tiempo. Varisco está transitando su segundo período como intendente. Ya lo fue desde 1999 al 2003. La relación, según dicen en el juzgado federal del doctor Leandro Ríos, tiene varios formatos. La mercancía es siempre la marihuana o la cocaína. Algunas veces las venden y las compran para conseguir dinero sucio. Otras veces, distribuyen gratis esa droga entre los punteros del Movimiento Vecinal Oeste que se encarga de movilizar gente para los actos y en el día de colocar el voto en las urnas. Vergonzoso y repugnante por donde se los mire. La situación de Varisco quedó mucho más comprometida luego del testimonio que dió la ex mujer del capo narco ante la justicia. Estamos hablando de Luciana Lemos. Ella es empleada municipal desde hace 2 años e ingresó con un contrato que Varisco le dio a su ex pareja como una forma de pagarle en especies y en cargos los 2 millones de pesos que el narco había puesto para la campaña.
Es increíble pero también le paga con un nombramiento a cargo de una comuna y eso le permite contratar a varios de sus cómplices y distribuir marihuana con camiones de la recolección de residuos del municipio. Camiones de basura que transportan basura. Realismo mágico perverso.
Lemos está presa y dijo con toda claridad que un día llevó en su mochila 6 kilos de cocaína a la oficina de la mismísima Griselda Bordeira. ¿Quién es Bordeira? Es suboficial de la policía y subsecretaria de Seguridad del municipio. Una verdadera joyita. La responsable de combatir a los delitos en Paraná ve la mochila y se asusta. Discuten con Lemos pero esta señora le dice que no está dispuesta a volver a su casa con semejante carga peligrosa. Deja la mochila con los 6 kilos de cocaína y se va. Ya había cobrado por adelantado los 200 mil pesos correspondientes.
Esa droga era para repartir entre el intendente Varisco y el resto de los implicados y procesados. Todos integrantes de Cambiemos. A Todos se los puede ver en un acto con Macri. A todos menos al jefe narco actualmente preso porque Varisco que es corrupto pero que no come vidrio, le dijo que no aparezca porque va a haber muchos periodistas y cámaras de televisión. Célis se enoja, se siente discriminado y con una pistola amenazó con asesinar al intendente. Su ex pareja, la que dejó la mochila, se desmayó del miedo y eso le salvó la vida al intendente que no quiere dar un paso al costado.
Se allanaron varias oficinas y hasta el local del PRO en Paraná. Es una vergüenza y un retroceso en una coalición política que levantó las banderas de la honradez y la transparencia. Rogelio Frigerio como entrerriano y Patricia Bullrich como la ministra que más y mejor combate a los narcotraficantes están muy preocupados.
Pero hay algo para destacar en todo esto. Hay algo que marca la diferencia con la hipercorrupción del kirchnerismo. Los K nunca condenaron la corrupción de su gente.Todo lo contrario. Defienden a Julio de Vido o a Lázaro Báez como si fueran presos políticos. Con Ricardo Jaime (confeso corrupto) y con José López no se animan a tanto.
Pero Cambiemos, si dio un paso correcto. El Comité de Ética integrado por dos dirigentes intachables le pidió al radicalismo que suspendieran la afiliación de Varisco. Y así se hizo con el apoyo de Alfredo Cornejo,el presidente del Comité Naciónal partidario en el que revista como vocal el cuestionado Sergio Varisco.
La decisión la tomaron Leandro Despouy ex integrante de la Auditoría General de la Nación y Federico Pinedo, presidente provisional del Senado.
En síntesis, ningún partido político por mas honrado que sea está a salvo de que haya manzanas podridas o delincuentes en sus filas. La diferencia es la actitud que cada agrupación toma frente a esa situación. Como le dije, Cristina y sus cómplices presos denuncian persecución política y se victimizan pese a que se robaron hasta el agua de los floreros y se enriquecieron ilícitamente como nunca en la historia democrática. Como en la mafia, apelan a la omertá y nadie habla ni siquiera para repudiar a los corruptos. De eso no se habla en las huestes de Cristina. Por lealtad partidaria, por temor a ser acusados de buchones o directamente porque tienen miedo de ser involucrados en otros hechos de corrupción.
Cambiemos en Entre Ríos es un infierno de versiones y cruces verbales. Pero hasta que la justicia se expida con toda contundencia resolvieron suspender la ficha de afiliación de Varisco. Es un gesto. Es una manera de decir no protegemos a nadie, no somos un aguantadero. Y eso que Varisco todavía no fue condenado ni en primera instancia. Solo está procesado. El kirchnerismo tiene un batallón de ex funcionarios presos y no dicen ni una palabra.
Varisco está contra las cuerdas. Un periodista respetable como Daniel Enz contribuyó a esta investigación desde su libro “Cenizas del Narco”. Parece que un cartel narco de Perú está ligado a este escándalo insólito.
En los allanamientos encontraron un cuaderno con anotaciones. Al principio figuraban con sus nombres verdaderos todos los involucrados que compraban droga con sus respectivos importes y montos. Pero después les pusieron nombres falsos para ocultar sus identidades. Amiga era por Griselda Bordeira, Daniel era el concejal Pablo Hernández, Chino era Emanuel Gainza, vicepresidente del Consejo Deliberante. Y finalmente, Nacho era como se nombraba al intendente Sergio Varisco.
La comunidad de Paraná está realmente conmovida. El concubinato entre la dirigencia política, el estado y los narcos quedó al desnudo como pocas veces en la Argentina. Los narcos tiran con misiles de millones de pesos. Perforan y prostituyen todas las instituciones de la Republica. Incluso dicen que Celis desde la cárcel sigue manejando ese negociado despreciable que entre otras cosas arruina a los jóvenes y hace estallar sus cabezas. La droga es el peor de los delitos porque es la madre del resto de los delitos. Los hace más feroces y sanguinarios. El crimen organizado desorganiza toda una sociedad. Los narcos y los políticos son un matrimonio que dinamita los lazos solidarios y degrada a los entrerrianos. Que nadie mire para otro lado. Que ningún inocente sea castigado. Pero que los que cometieron delitos tan aberrantes tengan verdad, juicio y condena. Como corresponde. Como la ley manda.

Maradona de Dios a Diablo – 27 de julio 2018

Me gustaría dejar las cosas en claro desde el comienzo. En esta columna editorial no voy a hablar del Diego Maradona futbolista. Por lejos, fue el más grande jugador que vi en mi vida. Y lo vi muy de cerca porque yo era periodista deportivo en sus momentos de gloria. A ese Diego no tengo nada que reprocharle. Repartía felicidad a las multitudes en los estadios con sus pies alados y su cabeza creativa y mágica. Ese Maradona lo disfruté como quien disfruta a un artista descomunal. Ese Diego que admiré tanto me llevó incluso a ponerle su nombre a lo que más quiero en la vida: a mi hijo. Aquel Maradona no me lo quita nadie. Ni el mismísimo Maradona con ese personaje nefasto, oportunista y descontrolado en el que se convirtió.
Comprendo que hay excusas. Que nadie de tan abajo llegó tan arriba y que tantas tentaciones y millones de dólares hacen que sea difícil ser Maradona aún para Maradona.
Pero quiero hablar del Maradona ciudadano, de sus contradicciones insólitas, del que vive en Dubai y pronto en Bielorusia, entre el lujo de los jeques árabes que nadan en petrodólares y su apoyo a regímenes dictatoriales que violan los derechos humanos y hambrean a su pueblo como la Cuba castrista y la Venezuela chavista.
Muchas veces me pregunto, ¿cuál es el verdadero Maradona?
El que tiene tatuado al Ché Guevara en su piel o el que en 1978 cuando la selección ganó el mundial juvenil le dijo al genocida de Jorge Videla que “era un orgullo” tener las felicitaciones “de nuestro presidente. Este triunfo es para usted y para todos los argentinos”.
Es verdad que Diego era un pibe y todavía no conocía demasiado el mundo de la democracia. Pero lo cierto es que no recuerdo que se haya autocriticado de aquella efusividad con el jefe de los terroristas de estado.
En realidad, todas las opiniones de Diego estuvieron cargadas de conveniencia y oficialismo permanente. Expresó su apoyo a todos los presidentes que tuvimos. En 1986 con Raúl Alfonsín y después levantando la copa en el balcón de la Casa Rosada, por ejemplo.
Pero su devoción y entrega total la tuvo con Carlos Menem. Hasta en la tapa de El Gráfico salieron juntos después de un partido en el que ambos vistieron la camiseta celeste y blanca. Diego llegó a decir muy suelto de cuerpo: “Si Menem me lo pide acepto ser su compañero de fórmula”. ¿Se imaginan lo que hubiera sido Maradona como vice de Menem? Vade retro. Menem hizo muchas macanas pero esa la gambeteó. Hay cientos de fotos en los archivos de ambos en todas las circunstancias imaginables.
Simultáneamente Maradona ya comenzaba a expresar por su admiración primero por Fidel y luego por el comandante Chávez y nunca se dio por enterado que era como ser hincha de River y de Boca al mismo tiempo. Mientras tanto, disfrutaba del calorcito y de los privilegios que le daba la cercanía al poder. Hay que decir que la cuestión fue un ida y vuelta. Que Maradona usó a los políticos y que los políticos lo usaron a él. Intercambio de servicios, se llama eso.
Diego también expresó públicamente su respaldo electoral a Fernando de la Rua. “El chupete es mi preferido, es un hombre muy creíble” dijo antes de sacarse una foto con la camiseta de Boca y los hijos del ex presidente radical.
Eso no le impidió ponerse la camiseta del equipo de los Kirchner pero también meterles un gol en contra cuando menos lo esperaban. En plena guerra del gobierno contra el campo, en el debate parlamentario por la 125, Diego se despachó con un respaldo inesperado al vicepresidente Julio César Cobos. Después de aquel legendario voto no positivo de madrugada, Maradona lo llamó por teléfono para felicitarlo. Maradona le confesó a Cobos que su voto, el que le asestó una derrota tremenda a Cristina, él lo había “gritado como si hubiera hecho un gol. Lo grité por mi país y por mi bandera. Porque desde el día anterior la gente había dicho basta. Cobos nos enseñó a ser argentinos y si decía que si, el kirchnerismo nos iba a seguir empomando”. Son todas declaraciones textuales tomadas de archivos que cualquiera puede certificar.
¿En qué quedamos, Diego? Apoyaba a los Kirchner pero celebraba el triunfo de lo que los Kirchner habían definido como “la oligarquía golpista”. Otra vez jugando para Boca y River simultáneamente.
El colmo del doble discurso fue con Julio Grondona. Igual que su amigo Víctor Hugo Morales apoyó la estafa propagandística de Fútbol para Todos pero después calificaron a Julio Grondona de mafioso. ¿En qué quedamos? Maradona estuvo en aquel acto al lado de Cristina, Aníbal y el mismo don Julio de siempre?
En el mundial pasado hizo un programa llamado “De Zurda” con el relator del relato y ambos le cobraron fortunas a Telesur el canal chavista mientras el pueblo de Venezuela no tenía ni tiene para comer. Hoy Diego y Víctor Hugo están haciendo lo mismo. Le sacan fortunas a Nicolás Maduro para comentar el mundial y eso es como sacarle el pan de la boca a los venezolanos más pobres que cada vez son más y más pobres. Si aman tanto al socialismo bolivariano, por lo menos podrían trabajar gratis o donar sus sueldazos a los hospitales que no tienen ni algodón.
La contradicción y el oportunismo es una constante en Diego. En su vida personal no me quiero meter. Pero su adicción a las drogas le generó un infierno a su vida familiar. El descontrol y la lengua pesada lo llevaron a decir que su ex mujer, Claudia y sus hijas a las que tantas veces dijo adorar, eran unas ladronas y que estaba dispuesto a meterlas presa si no le devolvían su dinero”.
Tiene varios hijos que fue reconociendo con el tiempo. Pero no estuvo en el casamiento de su hija.
Hace dos años, Diego sacó a relucir toda su furia cristinista y su odio al presidente Macri. Hay un video en el que está rodeado de pibes de La Cámpora donde canta “vamos a volver” con algún insulto en el medio que, muchos medios, decidimos no pasarlo por pudor. Está tan descontrolado que no puede coordinar sus movimientos ni sus palabras. Es una imagen patética y triste.
Es raro porque hace un tiempo, supo jugar en la quinta de Macri y en su equipo contra una formación integrada por Marcelo Tinelli y sus muchachos. Eran tiempos de buenas relaciones entre los tres. Hoy Diego habla pestes de Macri y también de Tinelli. Hay fotos de Maradona abrazado a Macri en el centenario de Boca Juniors cuando lo distinguieron con una medalla.
Pero ahora superó todos los records. Junto a Hebe Bonafini, el Diego se convirtió en el crítico más despiadado del jefe de estado: Le dijo de todo, Que no sabe leer. Que el con segundo grado del comercial lee mejor que el ingeniero. Que es el peor presidente de la historia y que por su culpa el país está de rodillas y, finalmente, dijo que Macri “me haga lo que me haga, voy a ser cristinista hasta los huevos: ya nos vienen robando desde Franco Macri”.
Eso está por verse. Dio tantas vueltas Maradona que nunca se sabe. Hizo tantas gambetas que nunca es la última. De hecho calificó de traidor al intendente de Ezeiza, Alejandro Granados cuando él y su familia lo protegieron en sus momentos de crisis y hasta le dieron casi la dirección técnica de Tristán Súarez, el equipo de los Granados.
Ayer se reconcilió con su histórico amigo Guillermo Cóppola. Pasó de acusarlo de ladrón, de que le había robado su dinero, a abrazarlo en Rusia. En los estadios rusos hizo papelones y dio vergüenza ajena. Fumó un habano pese a que está prohibido. Festejó el gol de Rojo haciendo fuck you con ambas manos para insultar a los sencillos y pacíficos nigerianos. Después lo de siempre: pérdida del equilibrio en todo el sentido de la palabra y la demostración de que no se murió como falsamente dijeron algunos medios truchos, pero que se va a morir pronto si sus amigos no lo ayudan en forma urgente. La pregunta es si le quedan amigos de verdad. O solamente los rodean quienes le comen la billetera.
Con Guillermo Moreno son tal para cual. Agresivos, puteadores, groseros. Hay un video en donde juntos cantan la marcha peronista en el Vaticano con una bandera que dice: “Clarin, la tenes adentro”. El Papa Francisco lo recibió varias veces y él lo llama “Francisquito”.
Todos estos Maradona fueron y serán Maradona. Llegó a decir que Menem era inocente en el contrabando de armas y ahora mira para otro lado. Utilizó una remera que decía: “Aguante Mingo”, en defensa de Cavallo. Maradona amaga por izquierda y sale por derecha. Con la pelota en los pies era imparable. Un genio. El Dios de los estadios. Pero afuera de la cancha, a esta altura, es un señor que representa lo peor de nosotros, un diablo. Diego Armando Maradona. Aquel futbolista merece la gloria. Esta caricatura decadente merece la tarjeta roja. ¿No le parece?