Hoy es un día de lucha. Se pueden exigir cien consignas y objetivos, pero hay uno que nos debe convocar a todos. La prioridad absoluta es parar los femicidios. No desviar nuestra energía en temas menores. Primero la vida.
Porque los datos duros son aterradores. Según el INDEC la violencia de género se cuadruplicó en 4 años y en el 2017 hubo 295 femicidios, la cifra más alta de la década. En lo que va de este año ya se produjeron 47 femicicios. El 62% de los asesinos son parejas o ex parejas y se cometen en el domicilio de las víctimas.
Le confieso que uno de los casos más repugnantes que recuerdo es el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Es una gigantesca humillación de la condición humana y de género.
El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y actual asesor de Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer una débil pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, «el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor».
¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché al ala kirchnerista de las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.
La prédica zaffaroniana de que casi todos los delincuentes son producto de » las injusticias del sistema capitalista», se hizo doctrina y dogma. Hoy muchos de los criminales de mujeres reincidentes y violadores caminan por las calles porque “Justicia Legítima” se convirtió en una prolongación de su pensamiento y en un intento de domesticar a los jueces independientes.
Por eso emociona y conmociona ver y sumarse a miles de mujeres que en la calle se juran a sí mismas luchar hasta exterminar la violencia de género y los trogloditas criminales del machismo. Los carteles caseros lo vienen diciendo todo. Lo gritan, en realidad, lo exigen: “No nos maten más”, “Juntas somos infinitas” y “Vivas nos queremos”.
Claro que las queremos vivas, claro que nos queremos vivos y que juntos somos ciudadanos en movimiento que levantamos la guardia para defendernos y refundar la parte más oscura y repugnante de una sociedad que denigra a la mujer, que la somete y la reduce a la servidumbre. Por momentos siento que algunos varones han retrocedido a la época de las cavernas, que han escupido a la civilización y que creen que pueden tener a una mujer en un puño con un puñetazo.
Hay que ser muy hijo de puta. Una mujer es una mina que amamos, nuestra vieja querida del alma, la hija que tanto miedo nos provoca cuando tarda en llegar de la facultad, la madre que nos sembró de hijos nuestra existencia, nuestra abuela de la sabiduría.
En los momentos más terribles, a la hora de descender a los infiernos, las pobres mujeres llegan a preguntarse si las culpables no son ellas. Hasta tanto llega la humillación que ella, la víctima, llega a dudar de su condición. Llegan a pensar que por su culpa él golpeador, pasaba de ser un ángel a ser un demonio.
Por eso tienen que asesorarse con un abogado y hacer la denuncia. Saber que están dando el paso más importante de su vida. Y que es para salvarse de la muerte. Nada menos. Ni una menos. Ni una más. Nunca Más.
Las crónicas de los últimos tiempos están repletas de muerte y sangre. Una violencia de género cargada de un odio sin límites que extermina incluso a familiares o amigos en lo que se llama técnicamente «femicidios vinculados”.
Es tan grande el horror que la información parece inventada o salida de las novelas de la crueldad.
Hay que combatir a esos criminales que matan a sus seres queridos. A sus esposas o novias, a sus hijos a los familiares y a los amigos. Pretenden dinamitar todo vestigio de esas mujeres que no quieren ser propiedad de nadie. Saben que hace mucho se acabó la esclavitud. Todos los que rodean a una mujer amenazada tienen que hacer la denuncia y no dejarla sola. Estar cerca, acompañarla, protegerla y estar alertas, siempre con la guardia alta.
El dato más terrible es que hoy, pese a toda la lucha en las calles y en los medios hay un femicidio cada 30 horas. Y el 20 % había realizado las denuncias correspondientes antes de ser asesinada. ¿Escuchó bien? No me entra en la cabeza que algún animal que no merece ser llamado hombre pueda cometer semejantes aberraciones.
¿Que nos está pasando? ¿Cuál es el nivel de cobardía y de salvajismo de andar matando mujeres? ¿Cuántos casos por día hay de maltratos, de golpes brutales que terminan con la muerte femenina?
La Asociación Civil La Casa del Encuentro dice que pese a las marchas de ni una menos, a las campañas de concientización en los medios y a las nuevas leyes que son buenas, los femicidios siguen creciendo.
Insisto con la pregunta original que no tiene respuesta: ¿Qué nos pasa? ¿Alcanza con prohibir que el criminal se acerque?¿ Los botones de pánico y las tobilleras electrónicas pueden ayudar? ¿La policía actúa con la rapidez que corresponde?
Hay 55 denuncias por día. Esta opinión intenta ser un alerta y un aporte al combate contra semejante horror y a aumentar la condena social. Todo el que sea víctima de violencia de género o conozca a alguien puede hacer la denuncia al teléfono 144 durante las 24 horas.
Son mujeres asesinadas por machos que, insisto, no merecen llamarse hombres. Son infames varones que avergüenzan al género y a la condición humana.
Estos energúmenos por lo general están cortados todos por la misma tijera. Responden al mismo patrón criminal. Primero les gritan a sus esposas, novias o amantes. Se sienten sus propietarios y no sus compañeros de afecto. Después les pegan, las humillan, las castigan con ferocidad, y les provocan un pánico que las paraliza. Muchas veces, los golpeadores se descontrolan con el alcohol o la droga. No los frenan ni los hijos en común ni los embarazos.
Todo el tiempo están mintiendo para justificar al tipo que tienen al lado. Les da mucho pudor confesar la verdad.
Ya están cansadas de mentir diciendo que se cayeron por la escalera, que un día resbaló, o de esconderse fingiendo que tiene depresiones los lunes y los martes hasta que se le vayan las marcas más visibles de los golpes.
Parecen películas de terror pero son realidades repugnantes y horrorosas. Debemos unirnos en la exigencia de juicio, castigo y condena a los culpables. Hoy es un día de lucha. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: «Basta. Nunca más un femicidio».
Mac Allister, la familia fútbol – 7 de marzo 2018
El colorado Mac Allister es millonario. Pero no porque sea hincha de River ni porque haya acumulado fortunas en su vida deportiva. Es millonario porque pudo concretar la utopía de tantos padres: tiene a sus tres hijos jugando al fútbol en el mismo equipo. Hoy Mac Allister es el apellido de la familia fútbol. Yo soy bostero y no me gustó que nos ganaran el otro día. Pero me resultó maravillosa y luminosa la historia de un regalo de cumpleaños que no tiene precio. Carlos Javier Mac Callister es el Secretario de Deportes de la Nación y fue un marcador de punta que raspaba con fuerza y salía jugando con energía. Pasó por Argentinos Juniors (un colorado en los bichos colorados), uno de los potreros que abastecen al mundo de grandes jugadores. Mac Allister jugó en Boca y se ganó el afecto de la hinchada por la actitud combativa que en la cancha se dice: “poner huevos”. Era de esos que se tiran a los pies y pelean la pelota hasta el final. Con mi querida azul y oro ganó dos títulos de campeón, el Apertura 92 y la Copa de Oro Nicolás Lehoz. Cuando se retiró merodeó el periodismo deportivo, la dirección técnica y la representación de jugadores. Mal no le fue. Pese a que en su momento, había discutido muy fuerte con Mauricio Macri, hace dos años fue elegido diputado nacional por Cambiemos en La Pampa. Le hacía honor a su viejo llamado Carlos José que fue fundador del Movimiento Federal Pampeano y que le inoculó el bichito de la política. Murió muy joven y no pudo ver a su hijo como funcionario nacional ni a sus tres nietos jugando en Argentinos contra Boca. Justo cuando el Colorado cumplió 50 años. No debe haber mejor regalo para un padre. Alexis, que tiene 19 años, fue el autor del primer gol que desarmó a Boca y encima fue el que dio el pase en el segundo. Kevin, que tiene 20, le puso un candado al mejor jugador de Boca y prácticamente anuló a Pavón.Y Francis, el más grande de 22, entró en el segundo tiempo en reemplazo del capitán del equipo.
En esta historia que tan bien narró el periodista Daniel Avellaneda, hay que ver la sonrisa del padre. Los chicos, que cenan todas las noches en la casa de los padres, le regalaron un mate con el escudo familiar y un vale para un día en un spa. Pero el colorado sintió que su alma estaba plena y sus ojos húmedos cuando pudo abrazar a los tres después de apagar las velitas. Parecía ese scrum que arman los jugadores en el túnel antes de salir a la cancha. Se dan aliento y hay una arenga que motiva a dejar hasta la última gota de sudor en la cancha.
Los Mac Allister son la familia fútbol. El padre, como todo padre le contaba cuentitos para que se durmieran por las noches. Había dos historias recurrentes. La famosa de los tres chanchitos y la de los tres hermanos futbolistas que terminaban jugando juntos en el Real Madrid. El colorado, también como todo padre, se dormía antes que los chicos y antes del final del cuento. Los pibes a la mañana, con el desayuno lo primero que le preguntaban era como terminaba la historia del Real. Argentinos Juniors no es el Real Madrid, pero por algo se empieza.
Son chicos dedicados al deporte. Y eso es muy sano. Necesitan hacer una vida ordenada, sin excesos, de disciplina y sacrificio en los entrenamientos. Deben aprender a superar todo tipo de dificultades. La personalidad es clave en cualquier ámbito de la vida pero mucho más en el futbol profesional. Kevin se rompió dos veces los ligamentos. Otro se tuvo que ir a un equipo chico del interior porque no tenía lugar en primera. Otro parece que tiene una oferta de Estados Unidos pero quiere disfrutar un tiempo más de este presente. Juegan juntos como lo hacían en el potrero del barrio. En La Pampa hay un club que se llama Deportivo Mac Allister. Y ellos jugaron en el Club Social Parque, esa fábrica de estrellas de donde salieron Fernando Redondo, Juanpi Sorin, Juan Roman Riquelme, Cambiasso, Gago, Insúa y tantos otros.
El deporte en general y el fútbol en particular pueden ser instrumentos maravillosos para educar a los hijos. Enseña a jugar en equipo, a superar las adversidades, a tener coraje para jugar de visitante en canchas terribles, a superarse todos los días. Estos pibes juegan a la play y escuchan música como todos los pibes. Pero juegan al fútbol juntos y eso es una gloria. Para ellos y para su viejo. En los 70 estaba muy de moda un poema de Khalil Gibrán que solía estar hecho afiche en las paredes de cualquier casa. Dice así:
Tus hijos no son tus hijos,
Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No vienen de ti sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen.
Puedes darle tu amor pero no tus pensamientos.
Pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes hospedar sus cuerpos pero no sus almas. Porque ellas viven en la casa del mañana que no puedes visitar ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos pero no procures hacerlos semejantes a ti. Porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Tu eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación de tu mano de arquero sea hacia la felicidad.
Todos los padres aprendemos a ser padres por ensayo y error. Mi experiencia es que hay que darles muchas libertades pero con responsabilidad y ayudarlos a cruzar los puentes pero no cruzar por ellos. Transmitirle el amor por la verdad y la familia, la energía de la pasión por tu oficio y la luz de la honradez para todas las cosas. No se puede educar sin curiosidad por todas las cosas. Es el primer paso de todo aprendizaje. Querer saber. Y sobre todo hay que enseñarles a tener coraje y a ser humildes. La cobardía y la soberbia son dos de los peores disvalores de la condición humana.
No es fácil pero tampoco es difícil. Se trata de ejercer en plenitud la máxima felicidad del hombre que es ser padre.
El fútbol y el deporte nos hace amigos para toda la vida. Les pone la misma camiseta aunque después vayan a jugar a otro lado.
La pasión de multitudes sin fanatismos violentos ni locuras barras bravas es una forma de ser argentino y de ver la vida. No digo la única. Pero somos futboleros y es parte de nuestra identidad nacional. Por eso creo que a todos se nos llena el corazón de alegría y de gol al conocer la historia de los Mac Allister.
La marcha del deporte dice por ahí:”
Una insignia en el corazón.
Un emblema como ilusión.
Y en el alma un deseo de honor y de gloria que vibra y es siempre… emoción.
Caballeros del juego hay que ser, al campo a salir / con fe y con valor/ adversarios que van a ofrecer/ en brega gentil/ ejemplo y vigor.
La confianza y la inspiración.
El amor a una institución.
Ha de darnos aliento y hacer que el esfuerzo, corone de gloria a un campeón
Los Mac Allister son un ejemplo. De felicidad y esfuerzo para lograr un objetivo. Una familia alguna vez puede ser un país. Una Argentina que salga campeón de la vida y donde nadie se vaya al descenso. Con la felicidad en la cara. Como los Mac Allister.
No parar la educación – 6 de marzo 2018
Si el plan jurásico e ideologista de Roberto Baradel y compañía era parar la educación, se pueden dar por ampliamente satisfechos. El daño que les hicieron a los chicos más pobres que más necesitan la escuela, es atroz. Cada paro tiene menos adhesión pero eso solo les interesa a los verdaderos demócratas y no a los manipuladores de asambleas ni eternos ganadores con listas únicas. Cada paro empuja más y más chicos a la escuela privada, pero eso no les interesa a los que se llenan la boca defendiendo la educación pública pero en realidad están defendiendo sus privilegios y su quintita. Eso no es progresismo. Es conservadurismo corporativo. Porque no quieren premiar a los mejores, a los que se capaciten, a los que no falten, a los más creativos y comprometidos con los chicos en cada clase.
Y ojo que no estoy hablando mal de los maestros. La inmensa mayoría de los docentes son héroes sociales imprescindibles para cambiar este país. Hablo de los dirigentes, de las burocracias anquilosadas. ¿Hace cuantos años que Hugo Yasky es dirigente docente?
El ministro Alejandro Finocchiaro dice que en educación estamos atrasados 30 años por culpa del “ceterismo”, en comparación con Chile y Uruguay. ¿Escuchó bien? Atrasados con respecto a Chile y Uruguay. No respecto a Finlandia.
Le doy un solo dato: hay 300 mil docentes en Buenos Aires contando los auxiliares. En el 2017 hubo 115 mil licencias mensuales. Un despropósito. El estado, es decir todos los argentinos, pagamos 19 mil millones de pesos en licencias.
Esta debe ser una discusión de funcionarios y sindicalistas. Pero con los chicos en el aula. Sacan el pecho cuando hablan de derechos pero le sacan a los chicos el derecho a estudiar y formarse como corresponde. Hay mucho por hacer. Escolarización más temprana, mas jardines de infantes, planes pedagógicos modernos que involucren a la vida cotidiana y el trabajo, alfabetización digital. Hay mucho por hacer pero es mucho lo que se está haciendo. El plan de becas Progresar es el más grande de la historia para fomentar carreras estratégicas.
Es absolutamente cierto que miles de maestros ganan mucho menos de lo que merecen y necesitan. Eso está fuera de discusión.
Pero el boletín de calificaciones de la educación argentina es un verdadero desastre. Está lleno de aplazos que demuestran el fracaso del instrumento más importante para lograr una sociedad igualitaria. Supimos ser vanguardia educativa, ejemplo en el mundo y hoy somos retaguardia, ejemplo de lo que no se debe hacer.
Tenemos el calendario escolar para chicos que van a escuelas estatales más corto del planeta. ¿Escuchó bien? Nuestros hijos son los que menos días y horas de clase tienen. Los que padecen feriados extra large o ausentismo feroz entre docentes y también entre alumnos y paros que baten todos los records. No existen antecedentes de gremios docentes que hagan tantos días de huelga. Ciento diez en diez años. En el Ecuador de Rafael Correa, presidente bolivariano al que admiran los militantes de Baradel, está prohibido que los sindicatos docentes protesten con un paro que deje sin clases a los chicos. En Cuba ni hablar. No hay paros en ninguna actividad y menos en la educación que es muy superior a la nuestra. Por eso nuestro sistema educativo, ya no incluye ni integra, a los sectores más humildes. Todo lo contrario. Los excluye y los desintegra. Los obliga a soportar que la brecha entre los que van a escuelas privadas se amplíe ferozmente con los que van a escuelas estatales. En lugar de igualar con el milagro de la educación pública tanto sabotaje potencia las desigualdades y expulsa a los chicos hacia los colegios privados. Una verdadera irracionalidad.
Los resultados del plan Aprender 2016 confirmaron la hecatombe. Son desesperanzadores, diría. Le doy algunos datos duros.
La mitad de los chicos no comprenden textos ni logran resolver cálculos matemáticos simples. Estamos fabricando burros o chicos que no están capacitados para entrar en el mundo laboral.
Necesitamos una viga maestra para edificar una nueva educación para los tiempos que vienen. Con excelencia y tecnología, con vocación y profesores bilingües, con la epopeya de parir una generación de argentinos que nos ayude a salir del pozo y nos siga generando prestigio internacional.
Hay que encontrar consensos básicos para que todos los sectores políticos lo llenen con sus propuestas y salga un proyecto de todos, una gesta de estado y no la iniciativa de un gobierno. En esto debemos estar todos unidos.¿O hay algún grupo político que no quiera mejorar la calidad educativa de esos 3.300 colegios que más dificultades tienen y que mayor atención y ayuda necesitan? En esto si: todos unidos triunfaremos.
Todo el arco plural de la política pero articulado con los gremios y los docentes, con los alumnos, con las empresas y, por supuesto con las familias y la sociedad civil que tiene que dejar de mirar para otro lado.
¿Quién se puede negar a que los docentes se capaciten y adquieran destrezas en informática e idiomas? Y que transmitan eso a sus alumnos. ¿Quién se puede negar a abrir los miles de jardines para la educación inicial que faltan? ¿Quién se puede negar a combatir el ausentismo y la repitencia?
Hay que revolucionar la educación. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Esa es la definición de la locura de Albert Einstein.
Un dato duro: durante el kirchnerismo se fueron 433 mil alumnos de la escuela primaria pública y se sumaron 265 mil a las escuelas privadas.
Todos queremos que los maestros ganen mucho más. Por supuesto. Estoy seguro que no es posible mejorar la educación con docentes mal pagos. Pero tampoco se puede capacitar a nuestros chicos con paros a cada rato y por cualquier cosa. Un paro docente tiene que obligar a reflexionar mucho tiempo antes de ser decretado. Porque 12 millones de alumnos en general y los más pobres en particular, son los más perjudicados. No se puede tomar a los chicos como botín de guerra. Cada vez hay más deserción. El chico que abandona la escuela empieza una carrera hacia el delito.
Estamos tocando fondo educativamente. Le doy los datos más brutales y preocupantes de la herencia kirchnernista de la cual Baradel y Hugo Yasky y varios de sus compañeros fueron partícipes necesarios. Más del 50% de jóvenes que entran en secundario no lo logran terminar en tiempo y forma. Y de los que van a la universidad solo se reciben 20 de cada 100. Argentina es el país con mayor ausentismo de alumnos de los 65 países medidos. Y sospecho que entre los docentes pasa lo mismo. ¿Se da cuenta? Estamos consolidando un país cada vez más fracturado y desigual. Más pobreza, más exclusión social, más penetración de los narcos y menos futuro. La falta de educación es la madre de todos los problemas, pero que además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones. No es ninguna novedad que nuestros mejores años fueron los mejores años de la educación argentina. Tenemos 5 premios Nobel, tres de ellos en ciencias y que Brasil, por ejemplo, no tiene ninguno. Fuimos ejemplo en el mundo. Cuando los maestros y los profesores empezaron a perder prestigio social, o el respeto de los gobernantes, o fueron manipulados por dirigentes sin escrúpulos, la Argentina se vino a pique. Hay que volver a poner de pie a los maestros para que se conviertan en pilares del país que viene. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel. Ya en su época, Sarmiento decía que si no se educa a la gente por una razón de estricta justicia, por lo menos, se la debería educar por miedo. Es casi un teorema: lo que se dilapida en educación se multiplica en inseguridad. Un ex ministro dijo que mantener a un chico preso un año en un instituto es más caro que pagar los 13 años de escolaridad
No hay debate ni desafío más importante. Nuestro sueño colectivo debe ser el de iluminar tanta oscuridad. Convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene. Albert Einstein dijo: “Si la educación les parece cara, prueben con la ignorancia”. Don José de San Martín decía que la educación era el ejército más poderoso para pelear por nuestra soberanía. Por lo tanto se necesita una revolución educativa con los docentes como abanderados y los padres como escolta. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene. Ese color blanco de los guardapolvos es el color de la esperanza.